noviembre 27, 2009

El caso Stiglitz y el Nobel de Economía

Arturo Damm Arnal
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

Si bien es cierto que ya pasó (las declaraciones que, en el marco de la Expomanagement 2010, realizó el economista Joseph Stiglitz, descalificando la respuesta del gobierno mexicano ante la recesión), las repercusiones siguen dándose, y muestra de ello es este artículo.

Lo primero que debo decir es que Stiglitz no es santo de mi devoción, y no lo es no por alguna razón visceral (por ejemplo: me cae mal), sino por un motivo cerebral (por ejemplo: su crítica ante la economía de mercado), ya que muchas de sus posturas (por ejemplo: su crítica al libre comercio), se refutan de la A a la Z partiendo de la corriente de pensamiento económico que va desde la Escuela de Salamanca, del siglo XVI, hasta la Escuela Austriaca, del siglo XX, pasando por buena parte de la Escuela Clásica, tanto inglesa como francesa, de los siglos XVIII y XIX.

Se me podrá decir, con aparente razón, que cómo es posible que critique a un economista que, en 2001, ganó el Premio Nobel de Economía, como si el Nobel, ¡sobre todo en economía!, fuera garantía de acierto en la materia. A veces lo es, a veces no, lo cual me lleva a cuestionar los criterios que siguen, para concederlo, quienes lo otorgan, criterios que, por lo visto, son sincréticos por no decir confusos.

Pongo de ejemplo lo sucedido en 1973 y 1974, años en los cuales el Nobel de Economía lo ganaron, respectivamente, Wassily Leontief y Friedriech Augusto von Hayek, resultando difícil concebir dos economistas tan distintos, con Leontief defendiendo el método empírico matemático (introdujo el álgebra matricial al tratamiento de los problemas del equilibrio general), y con Hayek (opositor de los economistas partidarios de la teoría del equilibrio general), abogando por el método lógico deductivo, siendo que los métodos, empírico matemático y lógico deductivo, son tesis y antítesis.

No es lógico premiar, por sus contribuciones a la ciencia económica, a Leontief y a Hayek, al menos que quien otorgue el premio no sepa nada de economía (tal y como sucede con muchos economistas, no pocos de ellos con doctorado en la materia, que no saben, ¡sí: no saben!, qué es un precio, lo cual equivale a que un médico no sepa lo que es la enfermedad, o a que el arquitecto no sepa lo que es la edificación, o a que un abogado no sepa lo que es el derecho, o a que el poeta no sepa lo que es la palabra).

No es lógico premiar a la tesis y la antítesis, premio que, en lo que a los Nobel de Economía se refiere, es el pan nuestro de cada día y a una muestra más reciente me remito: el Nobel de Economía 2008, otorgado a Paul Krugman, un keynesiano de hueso colorado, siendo que Hayek fue la quintaesencia del antikeynesianismo. Si Krugman tiene razón, Hayek no la tiene, y viceversa. Entonces, ¿cómo explicar la concesión del Nobel a los dos?

(¿Cual de los dos tiene razón? Hayek, por su puesto).