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noviembre 08, 2009

No nos volverá a salir cola

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

La evolución es un ciego guiado por el tuerto azar. Luego, deberíamos encontrar casos en los que regresa a etapas anteriores: un caminante que realmente vaga sin rumbo puede volver sobre sus pasos; el dado que cae al azar puede dar la secuencia inversa. El restablecimiento de condiciones previas podría producir involución, el retorno de formas ancestrales. No es así: ningún mandril moderno regresa a su etapa Fernández Noroña.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Oregon ha encontrado el motivo: la evolución no puede nunca volver hacia atrás porque los caminos hacia genes de nuestros ancestros quedan para siempre bloqueados. Estos hallazgos aparecieron en Nature del 24 de septiembre.

“Los biólogos evolutivos han estado hace mucho tiempo fascinados por la pregunta de si la evolución puede volver hacia atrás, pero el asunto ha quedado sin resolver porque pocas veces sabemos cómo fueron exactamente los rasgos de nuestros ancestros, o los mecanismos por los que evolucionaron hasta las formas modernas. Resolvimos esos problemas estudiándolos en su nivel molecular, donde podemos resucitar proteínas ancestrales tal y como existieron hace mucho y usar manipulaciones moleculares para disecar el proceso evolutivo tanto hacia delante como hacia atrás”, dice Joe Thornton, al frente del estudio.

El equipo resucitó el gen de un receptor hormonal tal y como existió en nuestros primeros ancestros vertebrados hace más de 400 millones de años. El receptor al cortisol, GR, que regula respuestas al estrés, inmunidad y metabolismo, evolucionó de un receptor ancestral sensible también a la aldosterona. El equipo se preguntó si podría regresar el receptor GR a su función ancestral. “Obtuvimos una proteína completamente muerta y no funcional”, comenta Thornton. Al parecer, otras mutaciones ocurridas durante la evolución temprana del GR actuaron como engranes de retén, trinquetes evolutivos que hicieron a la proteína incapaz de tolerar rasgos ancestrales.

“Suponga que está usted redecorando su habitación: primero mueve la cama, luego pone la cómoda donde estaba la cama, si luego decide regresar la cama a su lugar, no puede hacerlo a menos de que mueva primero la cómoda. Las mutaciones restrictivas en el GR evitan la reversa evolutiva de igual manera.”

El descubrimiento de esta quema de naves evolutiva implica que las versiones de vida hoy imperantes sobre la Tierra no son inevitables, dice Thornton. Esto tiene consecuencias enormes: “Si pudiéramos regresar el reloj y dejar la historia correr otra vez, ocurrirían diferentes conjuntos de mutaciones, en apariencia sin importancia, pero que abrirían caminos potenciales y bloquearían otros, incluyendo el que condujo al presente. La biología que tenemos es apenas uno de los posibles tiros del dado evolutivo”.

Contacto: Jim Barlow, jebarlow@uoregon.edu

El Muro de Berlín/I

Llegué a Berlín en la primavera de 1990, a pocos meses de abierto el Muro, todavía no tirado sino en grandes avenidas. Me detuve unos días en la última colonia del Imperio Romano: Colonia Claudia Ara Agrippinensium: Colonia, donde nació Agripina, esposa del emperador Claudio. Y donde hace siglos se hace un agua perfumada, agua de la ciudad de Colonia, o agua de colonia. En la Edad Media, la perfumería estaba en el número 4711 de una calle céntrica. Allí sigue. Así entendí el curioso nombre de la colonia usada por mi papá cuando yo era niño, un número: 4711. Me compré un frasco.

Al término de la guerra, la ciudad fue reconstruida con amor y paciencia infinitos: en algunas calles se puede ver la fotografía anterior a la guerra, luego la de los restos en 1945: montones de escombros y tierra de donde los habitantes, reducidos a unas decenas de miles, sacaron un pedazo de cornisa aquí, un trozo de columna allá, un capitel más allá… y reconstruyeron su ciudad. No pude evitar el recuerdo de México, donde la afanosa piqueta ha destruido todas nuestras alguna vez hermosas ciudades. No las bombas enemigas arrojadas en vuelos nocturnos. No: nosotros las hemos acabado, piedra por piedra. Los alemanes levantaron piedra por piedra y hábiles picapedreros copiaron en canteras y mármoles la antigua ciudad que marcara el límite de Roma.

Desde el tren de Colonia había visto campos cultivados y granjas florecientes, bosques de pinos, pueblos de tarjeta postal; amplias carreteras de cuatro y seis carriles, llenas de señales, con fuertes divisiones para cada sentido, como recién estrenadas, puentes enormes sobre las vías del tren. Leí un rato y cuando volví a levantar la vista… una nube gris como de ceniza vieja lo cubría todo: árboles tristes y granjas maltrechas, hasta las verjas de madera estaban a medio caer: Habíamos entrado a la hoy desaparecida República Democrática Alemana, apellido que parecía puesto por un genio travieso, un Till Eulenspiegel, duende retozón.

(Continúa mañana en Acentos).