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noviembre 10, 2009

Sindicatos independientes y fascismo

Ricardo Pascoe Pierce
Analista político
ricardopascoe@hotmail.com
Excélsior

Los Cuerpos Combatientes son una estructura de choque ligada al Estado dentro de las fábricas.

Los sindicatos independientes del control gubernamental en Venezuela se oponen a las recientes medidas militaristas del gobierno de Chávez en materia laboral. A través de un acto del Ejecutivo, Chávez modificó la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Bolivariana, el 21 de octubre recién pasado, y dio nuevas funciones a las llamadas Milicias Bolivarianas. Les otorga responsabilidades para detectar posibles sabotajes, desórdenes o amenazas que supuestamente pondrían en peligro a la nación bolivariana. Lo significativo de este decreto es que las Milicias Bolivarianas son una estructura popular, a través de la cual sus integrantes espían al pueblo y reportan sus “hallazgos” a las autoridades, para “lo conducente”. Es decir, se crea una estructura de espionaje dentro del pueblo.

Pero, junto con estas nuevas funciones de las Milicias Bolivarianas, se crea una nueva estructura militar-popular: los Cuerpos Combatientes. Estos Cuerpos operarán dentro de las fábricas, empresas y en todos los lugares de trabajo, con el propósito de detectar actividades subversivas que pudieran atentar contra el buen funcionamiento de la empresa. Por ejemplo, una huelga o una protesta contra políticas de las autoridades de una empresa. Recientemente, Chávez declaró a los trabajadores electricistas saboteadores, pues amenazaban con estallar una huelga nacional, por las políticas de la empresa estatal que los trabajadores consideraban contrarias a sus intereses.

En empresas estatales como PDVSA (la petrolera venezolana), la empresa eléctrica y la acerera SIDOR, entre otras, contingentes de trabajadores muchos de ellos de confianza llegan al trabajo uniformados en verde olivo, realizan prácticas y ejercicios militares en los espacios de las empresas, laboran con sus uniformes puestos y se dedican a integrar listas de posibles saboteadores o “alteradores del orden” de entre sus compañeros de trabajo. De esta forma, su función principal es asegurar la integridad y operatividad de las empresas, identificando a la organización sindical (especialmente aquella cuya dirección es independiente de las agrupaciones oficialistas) como un blanco a espiar cuidadosamente.

Los Cuerpos Combatientes son una estructura de choque ligada al Estado dentro de las fábricas, cuya función será, finalmente, impedir la expresión libre de los sindicatos y restringir o coartar completamente el derecho a la huelga e impedir la expresión de la protesta obrera. La mayoría de los trabajadores rechazan estas formas de control.

El sistema político venezolano se asemeja, cada vez más, a las propuestas y forma de organización del fascismo propuesto por Benito Mussolini en Italia, desde los años treinta. La oferta fascista de diseñar la economía, para satisfacer necesidades populares cuando la crisis económica genera más y más indigencia, sólo se resuelve con la imposición de un modelo político de control autoritario en toda la estructura de poder, desde abajo hasta arriba. El constatar la presencia de “trabajadores militarizados” dentro de los lugares de trabajo no sólo habla de la militarización de la sociedad venezolana en general, sino también de los instrumentos de control sobre la sociedad misma, aspirando al absurdo último: la uniformidad de pensamiento. Expresa, además, los mecanismos a través de los cuales el autoritarismo se mueve dentro de los circuitos capilares de la sociedad hasta apoderarse completamente de ella.