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noviembre 30, 2009

Tres años, ¿del gobierno de Calderón?

Arturo Damm Arnal
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

(Primera de tres partes)

Transcurrió la primera mitad del sexenio calderonista y, en materia económica, los resultados dejan qué desear, siendo la mejor muestra de ello la evolución de la producción de bienes y servicios, el PIB, y por lo tanto de la generación de ingreso.

En 2006, último año del foxismo, el PIB creció 4.8 por ciento. En 2007 y 2008 el crecimiento fue, respectivamente, de 3.3 y 1.3 puntos porcentuales. Para 2009 se proyecta (según los datos de octubre de la Encuesta sobre las expectativas de los especialistas del sector privado) un decrecimiento del PIB de 7.2 por ciento, con lo cual, de cumplirse dicha proyección, el crecimiento promedio anual de la producción, a lo largo de la primera mitad del sexenio, habrá sido de menos 0.9 por ciento, por debajo del crecimiento promedio anual del PIB de 1982 (año en el cual se perdió el crecimiento elevado y sostenido) a 2008 (año en el cual no se había recuperado el crecimiento sostenido y elevado), que fue de 2.4 por ciento (por debajo del que se registró durante la época del crecimiento elevado y sostenido, 1934–1981, que fue de 6.3 por ciento).

Es cierto, la causa de los malos resultados en materia de producción e ingresos, que comenzaron a darse en el cuarto trimestre de 2008, y continuaron presentes en el tercer trimestre de 2009, se encuentra en la recesión de la economía estadunidense. Pero también es cierto que dicha recesión alcanzó a la economía mexicana en malas condiciones, por obra y gracia de un marco institucional (reglas del juego) poco eficaz en términos de promoción del progreso económico, definido como la capacidad para producir más y mejores bienes y servicios para un mayor número de gente, comenzando por el tema de la competitividad del país, definida como la capacidad de la nación para atraer, retener y multiplicar inversiones, sobre todo directas, que son las que crean empresas, producen bienes y servicios, generan puestos de trabajo y, con ellos, la posibilidad de generar ingresos, tema en el cual la calificación de México, en escala del 5 al 10, es de 7.4, ocupando, entre 134 países, el lugar 60, resultados no malos, pero tampoco buenos, y por lo tanto mediocres, como mediocres han sido los resultados en la economía mexicana en materia de producción e ingresos, en los últimos 27 años.

También es cierto que los excesos y defectos del marco institucional de nuestra economía no son responsabilidad exclusiva, en primer lugar, del gobierno de Calderón ni, en segundo término, solamente del Poder Ejecutivo Federal. Es más, esos excesos y defectos no son, principalmente, responsabilidad de la administración calderonista sino de administraciones anteriores, sobre todo la zedillista y la foxista, ni lo son, de manera principal, del Poder Ejecutivo, sino del Legislativo. En todo caso la responsabilidad del gobierno de Calderón consiste, suponiendo que tengan claro lo que debe hacerse, en no haber sido capaz de negociar, con los legisladores, los cambios necesarios en las reglas del juego, en el marco institucional.