Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy
Está mal que el Ejército aparezca un día sí y otro también en los medios de comunicación. El protagonismo mediático es contrario a la naturaleza del instituto armado. En el caso de los soldados, la ausencia de noticias son buenas noticias. De manera que si los noticiarios abren sus espacios con reseñas de episodios violentos protagonizados por soldados, o críticas de organismos internacionales que descalifican su desempeño, es señal inequívoca de que algo está mal.
Su lugar, el de los soldados, son los cuarteles o los campos de batalla, no las calles. Están entrenados para usar fuerza letal en defensa de la soberanía del país bajo amenaza de un enemigo externo. No están entrenados para entrar en contacto con los ciudadanos, salvo en los desfiles, en lo que hasta hace poco recibían aplausos unánimes.
Hace tres años
Felipe Calderón resolvió hace tres años sacarlos de los cuarteles para dar la batalla en las calles a las bandas del crimen organizado. Fue la decisión que marcará su sexenio. Lo hizo porque las policías estaban infiltradas, mal capacitadas y mal equipadas. Ya pasaron tres años, la violencia de los cárteles se recrudeció. El país ha atestiguado episodios de violencia no vistos desde la Guerra Cristera. Los soldados siguen en las calles y las policías siguen infiltradas. La sensación de inseguridad en lugar de atenuarse, se agudiza. El miedo campea. La mayor parte de los grandes capos sigue en libertad. El gobierno no ha podido recapturar al Chapo Guzmán, que se ha convertido en símbolo internacional de la corrupción a la mexicana.
Pedir revisar la estrategia no es un destello de ingenuidad, sino de realismo. Empeñarse en seguir con un camino que conduce a ningún lado no es persistencia, sino terquedad e incluso soberbia. Nadie habla de bajar los brazos. No se trata de dejar de dar la pelea, sino de buscarle por otros lados. Acelerar la formación de las nuevas policías e intensificar, por ejemplo, las acciones contra el patrimonio de los cárteles, tanto en el lavado de dinero como en la reducción del mercado de consumidores. Cortar los flujos de efectivo y procesar a los empresarios que están metidos en el blanqueo de capitales mal habidos; y emprender una campaña de grandes dimensiones para combatir el consumo, que incluya castigo severo a los dueños de antros donde circule droga, ya sea en el DF, Cancún o Acapulco. Tres años después del inicio de operaciones militares ningún empresario importante ha sido detenido y el consumo en lugar de castigarse se premia, autorizando portar dosis personales. El consumo no tiene, ni siquiera, costo social. Es bizarro: está más mal visto fumar tabaco que ingerir pastillas sintéticas.
El otro flanco es el externo. Los Estados Unidos, con Bush o con Obama, tienen una sola política de narcóticos: quieren que los surtamos de droga, pero sin violencia. Quieren cocaína en cada condado de la nación, pero que no haya balaceras en su frontera sur. Buscan entrometerse en el diseño de las políticas públicas del gobierno mexicano en materia de drogas, para reforzar su cinturón de seguridad, incluso con marines en territorio nacional, y dosificar el paso de drogas de acuerdo a sus intereses. A Obama hay que exigirle con voz firme, no pedirle autógrafos.
Amnistía
Si los soldados en el cumplimiento de su deber incurren en violaciones a los derechos humanos deben ser castigados en juicios que todos podamos presenciar, no detrás de los muros de los cuarteles donde nadie sabe bien a bien qué pasa. No es necesario que organismos internacionales vengan a corregirnos la plana: si un soldado delinque que sea presentado ante la ley. Las denuncias de entidades como Amnistía Internacional caen en terreno fértil y tienen resonancia en la prensa de varios países porque hay impunidad. Si no queremos que nos exhiban, hay que sancionar a quien cometa un delito. No se trata de ensañarse con los uniformados, por su puesto que no, están a la mitad de una tarea en la que se dirime la viabilidad del Estado mexicano, pero el Ejército será más fuerte, tendrá mayor respaldo popular, si los soldados que se equivoquen se atienen a las consecuencias y no se salen con la suya.
Narrar la noticia… vivir la noticia
Hace 2 días









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