René Avilés Fabila
La Crónica de Hoy
Nada ha puesto al desnudo al PRD como el caso Iztapalapa. Allí lo vemos con su total miseria, sus altos niveles de corrupción y dueño de pugnas interminables entre sus mafias. Nunca un partido político había llegado a tal podredumbre, cinismo y capacidad para mentir. Lo más grave es que la farsa parece interminable. ¿El pueblo de esa amplia y olvidada zona estará conciente del juego perverso al que el PRD lo ha sometido? Ojalá. Para que en lo sucesivo sepan seleccionar mejor a sus gobernantes.
Pero, ¿cuáles son las enseñanzas del caso Iztapalapa? En primer lugar, pensemos en Juanito o como se llame. Era un tipo que venía de muy abajo, un vendedor ambulante, golpeador, un exhibicionista completo. Su ventaja era la audacia y esta cualidad le ha dado una inmerecida celebridad que hoy, sin ser jefe delegacional, disfruta plenamente. La noche en que la izquierda lo anuló, él debutaba como actor en una obra ridícula. Habrá Juanito por muchos años. Es una muestra de la movilidad política que el PRD, PT y Convergencia les concede a sus militantes: la posibilidad de ascender y hacer fortuna. Para eso sirve la ingenuidad de los arrogantes capitalinos.
En segundo lugar, vimos de cerca a Clara Brugada. Igual que Juanito, venía de los bajos fondos políticos, de las cloacas. Pero tenía una cualidad: era muy tramposa y nada ingenua. Como López Obrador, Clara llegó al cargo luego de violar multitud de reglas. Su descalificación como candidata a delegada de Iztapalapa era justa y correcta. Pero vino el caudillo López Obrador y dijo que no podía ser Silvia Oliva porque pertenecía a un grupo que no lo obedecía sin chistar. Iba Juanito e instruyó a Marcelo Ebrard para que, luego de una compleja y tortuosa maniobra, la que se sentara en el trono fuera Brugada. Pero Juanito se les salió del guacal, decidió que no sería más el pelele de AMLO, de Ebrard y de todos aquellos que lo veían con desprecio a pesar de ser uno de los suyos. La farsa tuvo, entonces, más actos y más actores. El PAN capitalino se entrometió porque está (y hace bien) desesperado por quitar al PRD del DF. López Obrador desapareció para evitar más ridículo, desde lejos vociferaba órdenes inconexas, regañaba y mantenía sus pretensiones de nuevamente ser contendiente presidencial con el PT como eje de una alianza sucia entre las tres mayores fuerzas de la desprestigiada izquierda.
Pero Rafael Acosta decidió estrenar su filme El retorno de Juanito y la armó. Clara Brugada salió al exilio a buscar la protección de AMLO, Ebrard y la Asamblea Legislativa. Con este sólido apoyo, consiguió quitar a su enemigo, quien ya actuaba como delegado. A estas alturas el torneo de vulgaridad y bajezas había llegado a límites inauditos. Todos metían la mano: unos para quitar al pelele, otros para sacar algún provecho. Fue entonces cuando Marcelo Ebrard se dio un tiempo y dejó de lado sus ridiculeces de hacer parecer al DF un poblado norteamericano con nieve falsa, derroche de agua para pistas de hielo y playas artificiales, árboles descomunales, casitas tipo alpino, y poner en orden a Iztapalapa.
Ignoro de dónde algunos colegas sacan la idea de que Marcelo es un estadista, un hábil político, cuando es un pobre diablo incapaz de una maniobra talentosa o inteligente. Entonces recordó la orden de su jefe actual, López Obrador: quitó a Juanito y puso a Clarita. El resultado es que el dignísimo político que gobierna la ciudad capital cumplió con su papel. Hoy, no es más que el pelele legítimo de López Obrador.
Si nos tomamos la molestia de hacer una guía del mal funcionario, de los políticos más corruptos y perversos, de aquellos que carecen de escrúpulos y a cambio están llenos de ambiciones, bastaría con tomar el directorio de los militantes del PRD, de Convergencia y del Partido del Trabajo. Es posible que allí encontremos algún inocente, una persona digna, alguien que se equivocó de buena fe al ingresar a una de esas mafias, los demás cumplen con las normas de calidad, con las exigencias de pillerías, su avidez por el dinero. Mucho me temo que pese al historial de Juanito, es más víctima que victimario. Clara Brugada violentó normas, alteró documentos, engañó a las autoridades responsables de observar la actuación de los partidos políticos y nada pasó. Como antes AMLO para llegar a jefe de gobierno, obtuvo la silla de la delegación. Dentro de tres años, veremos completos los fracasos. Por fortuna, ahora la capital ya sabe quiénes la manejan, cómo la conducen, qué pretenden los que se llaman a sí mismos izquierdistas o fuerzas progresistas. Una sola cosa: medrar desde el poder, obtener las mayores ganancias antes de regresar a sus ratoneras. Desde ahora, sabemos que el único candidato presidencial por esos partidos, no importan cuántos nombres sean barajados, es el inimitable López Obrador.
Narrar la noticia… vivir la noticia
Hace 2 días









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