Juegos de Poder
Excélsior
Si los partidos cotizaran en una Bolsa para medir su valor político-electoral, la “acción” del PRD llevaría casi cuatro años a la baja. En marzo de 2006, el PRD llegó a su punto máximo. Todo indicaba que ganaría las elecciones de julio. Sin embargo, ese mes hubo un punto de inflexión y comenzó la tendencia a la baja. Como era previsible, el PAN y el PRI empezaron a atacar al candidato presidencial perredista, quien no contestó las campañas negativas en su contra. Además, López Obrador decidió no participar en el primer debate presidencial y se peleó con los empresarios. Todos estos errores le costaron puntos al PRD, que finalmente perdió la elección por un pelito.Vino, entonces, el conflicto postelectoral. La radicalización bajó aún más la “acción” del PRD: las marchas, la toma de Reforma, el cuestionamiento a las instituciones, la promesa de que Calderón no tomaría posesión y la autoproclamación de AMLO como presidente legítimo. Luego el PRD se empeñó en desconocer al Presidente. De esta forma, le entregó el monopolio de la negociación política al PRI. Al PAN no le quedó otra más que negociar con el tricolor. Nada ganaron los perredistas al rehusar acordar con Calderón. El PRD se convirtió en un partido insulso, lo cual tiró aún más su “acción”.
Afloraron, entonces, las perennes divisiones internas. Primero hubo una lucha feroz por la dirigencia nacional. Los dos grupos dominantes hicieron fraude electoral. No se sabe quién ganó. Sin embargo, Jesús Ortega se convirtió en el presidente del PRD gracias a una mejor estrategia legal que la de Alejandro Encinas. El resultado del cochinero electoral hizo que las “acciones” del PRD siguieran a la baja.
La división se profundizó con la elección de 2009. Cada una de las tribus quería quedarse con la tajada del león en las candidaturas. Hubo desprendimientos. Una parte del ala radical lopezobradorista migró al Partido del Trabajo. El propio AMLO hizo campaña a favor de este partido en detrimento del PRD. El resultado electoral fue desastroso. El PRD pasó de ser la segunda fuerza en la Cámara baja con 25% de los diputados, a la tercera fuerza con 14 por ciento.
Para colmo, la gran historia perredista de 2009 fue la elección en Iztapalapa. Todavía hoy, un bufón insiste en gobernar esta delegación. Los perredistas ya no saben qué hacer para remover a Juanito de la jefatura delegacional. Iztapalapa es un dolor de cabeza para el principal gobernante perredista de la actualidad: Marcelo Ebrard. El jefe de Gobierno capitalino tendrá que arreglar este aprieto producto de una ocurrencia de AMLO. Mientras tanto, el affaire Juanito tiró más la “acción” del PRD.
Este fin de semana, el PRD celebró su XII Congreso que llamó “Refundacional”. No participaron ni Cuauhtémoc Cárdenas ni López Obrador. El que sí operó abiertamente fue René Bejarano, quien supuestamente había sido expulsado del partido por corrupción. De acuerdo a los reportes de la prensa, el PRD, lejos de refundarse, continuó por la senda del divisionismo. En vez de aceptar métodos alternativos para elegir candidatos y dirigentes, continuarán las elecciones directas. Al respecto, Alfonso Ramírez Cuéllar dijo: “Que lejos de quitar derechos nos enseñemos a no robar urnas, que lejos de quitar derechos no aceptemos dinero de los gobiernos de los estados del PRI y el PAN que se meten a los consejos electorales internos”. La confesión es una perla.
La “acción” del PRD va en picada porque este partido ha dilapidado su valor político desde marzo de 2006. Y así seguirá porque, hoy, el PRD carece de un proyecto del tipo de izquierda que quiere ser: ¿Lula, Chávez, Castro o Echeverría? Además, el partido no tiene un liderazgo notorio como en su momento lo hubo con Cárdenas y López Obrador. Mientras tanto, lo que vemos del PRD son divisiones, cochineros electorales, corrupción de algunos de sus cuadros e historias ridículas como las de Juanito. El PRD, en definitiva, no se ve bien. Parece extraviado en un laberinto sin salida. Y, de seguir así, su “acción” continuará a la baja.
La “acción” del PRD va en picada porque éste ha dilapidado su valor político desde marzo de 2006. Y así seguirá porque, hoy, el partido carece de un proyecto del tipo de izquierda que quiere ser: ¿Lula, Chávez, Castro o Echeverría?
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