Horizonte político
Excélsior
La comedia protagonizada por Juanito (alias Rafael Acosta), y cuyo desenlace no conocemos aún, es un fiel reflejo del grado de descomposición en que se halla la izquierda mexicana, y en buena parte también el sistema político en general. Este episodio de surrealismo (es decir, de costumbrismo mexicano), arroja por lo pronto algunas lecciones a considerar. A) Juanito es producto directo de las intermitentes pugnas del PRD. Es parte de los enormes costos del conflicto que viene arrastrando desde, al menos, 2006, y que se enfocó en la jugosa (política y económicamente) delegación de Iztapalapa. Si esa es la forma de dirimir sus naturales diferencias (que todos los partidos tienen), pues los costos políticos, de imagen y de credibilidad necesariamente tienden a elevarse exponencialmente.B) La ley debiera acotar los alcances del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en las elecciones internas de los partidos. Una cosa es que pueda y deba atender derechos políticos de los militantes, y otra muy distinta que les imponga candidatos y dirigentes. Es imposible no sospechar que hubo una intencionalidad política al nombrar a Jesús Ortega como dirigente, en lugar de simplemente anular la elección y dejar al partido resolver el asunto. Lo mismo con Clara Brugada y Silvia Oliva: el Tribunal debió devolver el proceso al partido, dejando a éste reponer el proceso como mejor le conviniera. La ley debe precisar los alcances del Tribunal para, en lo futuro, evitar que provoque estragos en la dinámica interna de los partidos.
C) Ante la intromisión dolosa del Tribunal, los obradoristas no se resignaron a renunciar al botín de Iztapalapa, que quedaría en sus acérrimos enemigos, los “traidores” de Jesús Ortega. Por lo cual, Andrés Manuel López Obrador hizo una apuesta temeraria: poner en manos de un agitador profesional del PT la posibilidad de recuperar ese bastión. Cuando se apuesta mucho y se gana, se gana mucho, pero cuando se pierde, se pierde mucho. Y las probabilidades de que salieran las cosas bien eran muy bajas, como cualquiera que haya leído a Maquiavelo (o a Hobbes) lo hubiera sabido. Pensó López Obrador que Juanito, como hijo del pueblo, era prototipo del noble salvaje de Rousseau: con una prístina virtud e inocencia inmaculada.
D) Se queja López Obrador, para minimizar su responsabilidad en este desfiguro político, de que fueron sus adversarios, la mafia que gobierna el país y las televisoras, las que pervirtieron a Juanito. No debe extrañar, en todo caso, que los detractores del tabasqueño estén a la caza de cualquier error para magnificarlo y utilizarlo. Pero ellos no sembraron a Juanito, sino fue López Obrador quien le abrió las puertas, dando con ello un enorme obús a sus adversarios. Los políticos deben asumir los costos de sus jugadas de 10 bandas, cuando éstas resultan fallidas.
E) El PRD, en su desesperación por haber salido Juanito de control, y para recuperar el botín de Iztapalapa, puede caer en la tentación de removerlo sin un sólido sustento jurídico, forzando una o varias de las causales que la norma dispone para la destitución de un jefe delegacional. De ser endeble el fundamento jurídico de dicha deposición, el costo político para el PRD y la Asamblea Legislativa será todavía mayor, pues quedará exhibido que lo mismo que condena en sus adversarios (el desafuero, por ejemplo) no tiene empacho en practicarlo a conveniencia. He oído varias aberraciones jurídicas como argumentos para defenestrar a Juanito, por ejemplo el hecho de que sabemos que la intención de los electores era votar por Clara Brugada, con lo cual estarían dando validez legal al acuerdo de palabra (por tanto, en el aire) de Juanito con López Obrador. O la razón de la ingobernabilidad, que los adversarios de Juanito están creando primero, para después justificar su remoción. O que nombró a una panista como directora jurídica, como si no fuera, ésa, una facultad de un jefe delegacional. Nueva señal de que al PRD le cuesta distinguir entre el ámbito político y el estrictamente legal.
F) Los diputados locales del PT se suman a la pretensión de que Juanito no tiene capacidad de gobernar, cuando fue ese partido el que lo nombró candidato justo para gobernar Iztapalapa. Si con tales criterios el PT designa a sus candidatos, habrá que tener mucho cuidado con sus futuros abanderados (incluido el presidencial). Mejor no votar por sus candidatos, pues por lo visto al designarlos no aplica ningún control de calidad ni filtro político seguro.
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