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diciembre 10, 2009

La Iglesia no entiende de sexo

Rafael Álvarez Cordero
raalvare2009@hotmail.com
Excélsior

Los purpurados mexicanos no están solos, el cardenal Edward Egan, obispo de Bridgeport, EU, ocultó por años más de 12 mil folios de abusos sexuales contra menores cometidos por decenas de sacerdotes.

Al maestro Huberto Batis, con mi afecto.

La Iglesia católica no entiende de sexo. De entrada, la Biblia nos dice con amor “creced y multiplicaos”. ¡Viva el sexo! Pero llegó San Pablo, se horrorizó del sexo y de ahí en adelante, entre prohibiciones y galimatías, la Iglesia ha dado tumbos por 20 siglos.

La razón por la que los sacerdotes católicos no pueden casarse es más terrenal que espiritual: sus bienes pasarían a poder de la viuda y mermarían la fortuna de la Iglesia. Por eso el celibato obligatorio es la primera regla “contra natura” impuesta a los sacerdotes sanos, aquellos con hormonas y sentimientos normales.

Las consecuencias de eso han sido desde siempre la abundancia de “sobrinos” de los sacerdotes, que “se parecen mucho a usted, padrecito”, y los abusos y las violaciones a niños y adolescentes, que han existido siempre, pero ahora se conocen con más detalle.

Los lamentables casos como el de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, o Nicolás Aguilar, Carlos López Valdés o Rafael Muñiz López, son sólo ejemplos, ya que según las estadísticas cerca del 30% de los 14 mil sacerdotes católicos que existen en México comete algún tipo de abuso sexual con su feligresía, y como la Iglesia no sabe qué hacer con el sexo, los prelados ocultan el asunto y muchos de estos pederastas siguen oficiando misa y administrando los sacramentos. Pero, además, con el mayor cinismo, el portavoz de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Leopoldo González, tras la detención del sacerdote pederasta Rafael Muñiz, dijo: “Entre más humanos nos vean, más nos van a apreciar”. Sin comentarios.

Los purpurados mexicanos no están solos, el cardenal Edward Egan, obispo de Bridgeport, Estados Unidos, ocultó por años más de 12 mil folios de abusos sexuales de decenas de sacerdotes contra menores, hombres y mujeres, y con un desparpajo increíble, comentó: “No sé mucho de esos alegatos… parece cosa de abogados… pero es maravilloso pensar que hay cientos y cientos de sacerdotes y sólo algunos son acusados… y aun así no se les puede probar nada”. Sin comentarios.

Insisto, la Iglesia católica no entiende de sexo, y ahora tenemos las declaraciones del cardenal Javier Lozano Barragán, toluqueño, presidente emérito del Pontificio Consejo Pastoral para la Salud y que declaró: “Los transexuales y los homosexuales no entrarán nunca en el Reino de los Cielos, ya que todo lo que va contra la naturaleza ofende a Dios”.

Y yo pregunto: ¿los homosexuales no entrarán al cielo y los sacerdotes pederastas sí?

Ni hablar, la Iglesia no entiende de sexo, y la condena a quien tiene orientaciones sexuales diferentes no sólo es una idiotez sino una violación a los derechos humanos, así de simple.

La Iglesia debe reconocer que el sexo es bueno, es parte de nuestra naturaleza, y que las reglas que impone, en especial el celibato obligatorio, “van contra la naturaleza”, y esa es la razón por la que sacerdotes, monjas y demás se saltan las trancas, tienen hijos ocultos o abusan de los menores de edad.

No, la Iglesia no entiende de sexo, nunca entenderá.