enero 06, 2009

Paco Calderón

Lo que el vocero quiso decir

José A. Crespo
Horizonte político
Excélsior

Al finalizar el año pasado, Rubén Aguilar, ex vocero oficial de Vicente Fox, levantó gran estruendo con sus declaraciones al diario Frontera, de Tijuana. Hasta donde entiendo, lo dicho y aclarado por Rubén se refiere a una estrategia frente al narcotráfico, distinta de la seguida por Felipe Calderón, que no tiene buen rumbo. Rubén parte de la premisa, a mi parecer correcta, de que al narcotráfico no se le puede derrotar por la vía policiaca o la militar, por más que el gobierno lo repita como mantra sagrado y los ciudadanos nos hagamos ilusiones al respecto. Se puede apresar o incluso matar a algunos capos, que otros los sustituirán de inmediato. Se pueden expropiar miles de armas —incluidos aviones y submarinos— que muchas más quedarán sin ser localizadas. Se pueden decomisar millones de dólares en efectivo, que muchos más seguirán en los bolsillos de los capos y de sus socios y cómplices en las diversas agencias del Estado y en el sistema financiero. Se puede desarticular incluso uno o más cárteles, que otros llenarán ese vacío. Por ejemplo, la desarticulación de poderosos cárteles de Colombia y la prisión o muerte de importantes capos no impidió que ese país siga siendo el mayor productor de cocaína. El narcotráfico es como el Ave Fénix: resurge una y otra vez de sus cenizas.

Pensar que eso puede acabarse con la violencia del Estado es ingenuo; más bien, los capos responden a la guerra con mayor violencia, con terrorismo, como un avispero al que se le ha dado de palos. No se trata —creo entender a Rubén— de pactar con los capos de manera formal, con documentos firmados y festejados en un acto público, sino de establecer los límites de acción de ambas partes o simplemente “hacer la vista gorda”, como en mayor o menor medida lo hicieron varios gobiernos del PRI —y por eso la inseguridad y la violencia asociadas al narcotráfico eran menores que hoy—. El ex vocero parece proponer en México reflexionar sobre la estrategia de pactar informalmente ciertos límites con los capos, dada la imposibilidad de derrotarlos, por un lado, y la dificultad política para legalizar las drogas, por otro.

Sus declaraciones han generado airadas reacciones: incluso lo han tachado de loco o irresponsable. Pues loco e irresponsable tendrán también que considerar a un futuro presidente —de cualquier partido— cuando, ante el fracaso de la irracional estrategia actual —que genera miles de muertes inútiles—, tenga que modificarla. Y, desde luego, la pregunta que de inmediato surgió con la declaración de Aguilar es si entonces Vicente Fox pactó con los narcos. Para quien sepa algo del tema, es evidente que no. Es cierto que Fox estaba consciente de que uno de los mayores obstáculos para combatir a los capos era su enorme infiltración de las estructuras del Estado: “El narcotráfico no puede separarse totalmente del Estado mexicano; si ha podido desarrollarse y crecer a estos niveles es porque existe corrupción y colusión con los funcionarios públicos; jamás se podrá ganarle la batalla al narco si el enemigo forma parte del propio gobierno y la policía” (A Los Pinos, 1999). Una visión más precisa que la que tuvo Felipe Calderón al iniciar sus operativos contra los capos. Pero eso no significa que Fox haya pactado con los narcos; por el contrario, les declaró de inmediato una “guerra sin cuartel”. Cuando así lo anunció, escribí un artículo señalando que, de tomárselo Fox en serio, terminaría su sexenio en medio de gran descontrol y violencia, producto de esa guerra, como en efecto ocurrió. Comenté el tema con Adolfo Aguilar Zinser, entonces consejero de Seguridad Nacional. Nunca supe lo que pensaba Adolfo al respecto, pero me quedó claro que Fox sí hablaba en serio. Y por eso terminó su sexenio con una mayor inseguridad y violencia en el territorio nacional de las que nunca habíamos visto por esa razón (aunque ese récord ya fue superado por Calderón). Dice ahora Fox: “Cuando fui elegido en 2000, inmediatamente atacamos a los narcotraficantes… Pero cuando se enciende la luz en las esquinas, las cucarachas huyen. La presión que aplicamos dio por resultado una terrible oleada de violencia entre los jefes de los cárteles” (La revolución de la esperanza, 2008). Así fue. La macabra danza de las cabezas cercenadas se inició en la última etapa del gobierno de Fox.

Y, por cierto, eso de que “estamos ganando aunque no lo parezca” no es una aportación teórica de Eduardo Medina-Mora; así lo sostuvo también el gobierno de Fox, justo a través de su vocero. Sin arrepentirse de su estrategia, el ex presidente terminó reconociendo que perdió esa batalla: “A fin de cuentas, mi gobierno fue insuficiente en esta área”. Y expresó su confianza de que a su sucesor le fuera mejor: “Calderón tiene la gran capacidad de lidiar con los asuntos que yo no pude resolver, como la seguridad y la lucha contra el crimen” (12/feb/07). Eso no se ha visto aún. Pero, a diferencia de Fox, Calderón difícilmente reconocerá su probable fracaso, incluso si fuese rotundo y flagrante. Hay quienes piensan que el Estado debe enfrentar a los cárteles sin importar el costo, para después pactar con ellos sobre una base de fuerza; pero no estoy seguro de que esta guerra esté afectando letalmente al narcotráfico. Los debilitados, en cambio, parecen ser el Estado y sus aparatos de seguridad. La Secretaría de la Defensa Nacional sostiene correctamente que: “El narcotráfico ha puesto en riesgo la viabilidad del país” (28/nov/08). Sí, pero no por el consumo de drogas, sino debido al combate militar y policiaco a su oferta. Aguilar dice hoy —creo que con razón— que con la estrategia de guerra frontal no se llegará a ningún lado, como no sea a un mayor nivel de inseguridad pública, violencia callejera y debilitamiento del Estado. Al menos, es lo que a mi juicio en realidad quiso decir el ex vocero de Fox.

Otro año, ¿más de lo mismo?

Alberto Aziz Nassif
aziz@ciesas.edu.mx
Investigador del CIESAS
El Universal

Ahora que ha iniciado el año habrá que contener la respiración y sumergirnos en los próximos 365 días, que se anuncian complicados y llenos de incertidumbre.

Tres áreas serán particularmente importantes para entender las directrices de 2009: los efectos de la crisis económica, las elecciones intermedias y el destino de la seguridad pública.

A diferencia de los años recientes, en esta ocasión las variables de la economía se han movido completamente y los efectos críticos de la crisis en la vida cotidiana de las familias serán una dura realidad. La política estará marcada de forma importante por las elecciones intermedias, en las que se pondrá a prueba la reforma electoral. El resultado electoral formará el nuevo escenario legislativo que, junto con las elecciones locales, empezará a generar los primeros cálculos de la sucesión presidencial. La seguridad pública será un termómetro con el que se medirá el cumplimiento de promesas gubernamentales. El año empezó temprano en la materia con las nuevas reglas del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que fueron publicadas al despuntar el año. Dejaremos para otro momento lo que pueda suceder en la economía y sólo esperemos que el gobierno de Calderón se ponga en sintonía con las transformaciones que habrá en Estados Unidos bajo la batuta de Obama.

Es muy pronto para especular sobre qué pasará con las directrices de este nuevo año, por lo cual se puede hacer un ejercicio que contraste los buenos deseos con la realidad. No se trata de plantear acciones imposibles, sino de escuchar lo que piden muchas voces de la calle. Cambios con mayúsculas, como los que vimos el año pasado en las elecciones en Estados Unidos, están muy lejanos en México; sin embargo, algunos cambios políticos con minúsculas pueden resultar significativos para la vida pública del país.

No se trata de terminar de un golpe con la partidocracia —ese nuevo régimen de autismo en el que los partidos gozan de mucho dinero público, acceso a medios y poca vinculación con la ciudadanía—, pero sí se puede pedir que los partidos se comprometan a hacer unas elecciones diferentes a las de 2006. Se trata de darle un poco de oxígeno y viabilidad a un proyecto democrático que ha sido castigado severamente hasta el grado de esparcir un amplio desencanto ciudadano.

Si partimos del hecho de que la democracia mexicana ha sido vulnerada, lo menos que se puede pedir a los partidos y candidatos es un acercamiento a la ciudadanía. Se trata de que se comprometan con un proyecto mínimo de reformas que pueda abrir nuevas oportunidades, por ejemplo en materia de derechos humanos y de nuevas reglas que regulen a los medios masivos.

Los partidos y sus liderazgos podrían dejar atrás al menos una parte de sus inercias más notorias; por ejemplo, los panistas tendrían que hacer un esfuerzo importante para dejar de repetirse como los nuevos priístas, suspender sus alianzas con lo peor del viejo corporativismo y abandonar la actitud de simples administradores del caos actual. El perredismo tendría que detener el proceso de fractura que va en contra de la tendencia unificadora de los últimos 20 años. López Obrador podría dejar atrás su gastado discurso de “espurio” y “legítimo” y concentrar fuerzas en torno a una defensa de la economía para las clases subalternas, desde una oposición más incluyente. El priísmo tendría que abandonar su autosatisfacción y dejar de sentirse el próximo ganador sobre las ruinas y el fracaso del PAN y del PRD, y realmente jugarse el voto desde un mínimo compromiso democratizador.

Estos cambios nos podrían llevar a unas elecciones diferentes, con debate sobre las agendas de políticas públicas como condición para obtener el voto ciudadano.

Pero como esto no sucederá, lo más probable será ver otra vez el peso contundente de las inercias y las maquinarias partidistas, aceitadas con mucho dinero público y un permanente bombardeo mediático, que impondrán una dinámica de spots que posiblemente alejará a los ciudadano de las urnas. Promesas sin sustancia ni cumplimiento real será lo dominante de este año electoral. Empezamos…

La entrevista de Raúl Castro

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

El diario Juventud rebelde publicó el 3 de enero pasado la entrevista a Raúl Castro hecha por la periodista Talía González Pérez, del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, el 31 de diciembre de 2008. MILENIO dio cuenta de un pasaje de esa entrevista en su edición del domingo 4 de enero.

El texto total de la entrevista es de 6 mil 442 palabras, lo cual quiere decir que habrá durado una hora y media. En todo ese tiempo la entrevistadora hizo seis preguntas, dos de las cuales fueron protocolarias, al final de la emisión, una para felicitar al presidente por sus logros en Brasil y otra para felicitarlo por la fecha que conmemoraban, el 50 aniversario de la Revolución Cubana.

La respuesta de Raúl Castro a la primera pregunta de la entrevistadora tuvo 3 mil 815 palabras, unos 40 minutos, más de la mitad del tiempo de la entrevista. Fue un resumen de la historia del pleito de Cuba con Estados Unidos hasta la invasión de Playa Girón.

La segunda pregunta de la entrevistadora fue ésta: “Constituye un hecho inédito en la historia de la humanidad que los principales líderes de un proceso revolucionario puedan ver después de 50 años del triunfo los frutos de las ideas por las que se luchó y continúen trabajando para seguir consolidándolas. ¿En el plano personal qué sentimientos experimenta usted hoy?”

Raúl Castro contestó lo siguiente:

“Cuántas cosas, sentimientos, sensaciones, vivencias han pasado en estos 55 años desde el Moncada. Nos ha tocado vivir esta época, la más gloriosa en la historia de esta nación, la de la gran tensión, y hoy somos respetados. El pueblo de Cuba se siente orgulloso de sí mismo, se siente seguro de sí mismo, está orgulloso de su Revolución, con un sentido de pertenencia de su Revolución”.

La respuesta a la tercera pregunta fue de mil 315 palabras, unos 20 minutos. Se refiere a los esfuerzos hechos por Cuba para vencer el bloqueo. Se encuentra ahí la única revelación de la entrevista, algo de lo que al menos yo no había oído hablar nunca, a saber: que hay en Cuba “miles de kilómetros de túneles” con equipo militar.

¿Miles de kilómetros de túneles? Miles. “Menos los barcos de guerra”, explicó Raúl Castro, “todas las unidades están bajo tierra. Eso cuesta, eso da seguridad. Por mucho que puedan bombardear un día, por mucho que puedan bloquearnos, el problema es que para resolver el problema de Cuba hay que desembarcar, y ahí, cuando estemos de igual a igual, soldado a soldado, la cosa es diferente”.

Eso sí que no se me hubiera ocurrido nunca. Ni la existencia de los túneles ni las razones de su existencia.

Listas mentirosas de López Obrador

Ubaldo Díaz
ubaldodiazmartin@hotmail .com
La Crónica de Hoy

Un dirigente perredista nos comentaba que sí le ofrecieron un número de candidaturas a diputados federales a Andrés Manuel, pero no en lugares “fáciles” sino en aquellos lugares en donde van disputar, a hacer campañas con posibilidad de triunfo, aunque de antemano saben que las rechazará públicamente, pero por debajo de la mesa las aceptaran, porque saben que ni el PT, ni Convergencia ni algún otro engendro van ganar en el DF.

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López Obrador quiere las posiciones para diputados, y al mismo tiempo conservar el liderazgo de su movimiento por la economía popular. Públicamente rechaza a los chuchos, pero nos aseguran que sí busca negociar posiciones para la asamblea de representantes y para las diputaciones en la Cámara baja.

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Todo sigue en el PRD sin cicatrizar completamente las heridas provocadas a lo largo de 2008, y en medio de una severa crisis interna por las posiciones irreconciliables entre amlos y chuchos, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) inaugurará el intenso año electoral con la realización de un Consejo Nacional (16 y 17 de enero), en el que tentativamente se integrarán las listas de candidatos del partido del sol azteca para una diputación federal, por el principio de representación proporcional. La ruta crítica de ese instituto político en el proceso de selección de aspirantes a una curul en San Lázaro también prevé que ese órgano partidista será el encargado de definir a los candidatos externos.

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Desde Veracruz nos comentan que Acción Nacional interpuso el pasado 26 de diciembre ante la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (Trife), un juicio de revisión constitucional electoral en contra de la convocatoria emitida por el Congreso del estado para presentar propuestas ciudadanas, a fin de renovar el Consejo General del Instituto Electoral veracruzano, y en un acto de congruencia renunció temporalmente a participar en el proceso.

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Esta posición la hicieron saber Víctor Manuel Salas Rebolledo, acompañado por el asesor jurídico Eloy Barojas, quien destaca que los tres principales hechos impugnados son la partidización del IEV, una consulta acotada, y la omisión referente a la profesionalización de los futuros consejeros.

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Al respecto, Barojas explicó que la convocatoria impugnada impide participar en el órgano electoral a secretarios y subsecretarios de Estado; oficial mayor, y procurador en las administraciones públicas federal y estatal, a menos que se separen del cargo 90 días naturales antes de su designación. “Ello implica que cualquier otro funcionario estatal o municipal, desde directores de área para abajo, pueda ser consejero electoral y está claro que la mayoría de los cargos en los gobiernos son partidistas”.

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El senador y uno de los más serios aspirantes al gobierno de Sinaloa, Mario López Valdez, propuso la creación de un registro que contenga los antecedentes sobre los procesos penales sustanciados y los egresos de condenados de cualquier jurisdicción del país. El Registro Nacional de Reincidencia y Estadística Criminal contribuirá al intercambio efectivo de información entre las diferentes dependencias de seguridad en los tres órdenes de gobierno, y a que se cierren las puertas a la reincidencia criminal.

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Un hecho que pasó casi inadvertido, quizá por darse entre los festejos del fin de año, fue el que un grupo de legisladores federales encabezados por el presidente de la Cámara de Diputados, César Duarte, presentaron ante la Comisión Permanente del Congreso de la Unión un punto de acuerdo para solicitar al jefe de la nación que la próxima refinería de Petróleos Mexicanos se construya en Tabasco, en razón a que “las ventajas comparativas que ofrece este estado se encuentran muy por encima de las demás entidades que la demandan”.

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Al respecto, es importante comentar que las gestiones del gobernador de Tabasco, Andrés Granier Melo, se han dado en las diferentes instancias del sector energético y la propia paraestatal, basando sus argumentos en un estudio técnico de viabilidad que realizó el reconocido Instituto Mexicano de Ingenieros Químicos (IMIQ), el cual destaca las bondades y elementos que posee esa entidad para ser considerada un sitio ideal y sede de ese nuevo complejo petroquímico, que tendría una capacidad de procesamiento de alrededor de 300 mil barriles diarios.

Cuba, medio siglo sin aprender de ella

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Mientras Marcos se pelea con el PRD y con López Obrador; mientras para regocijo de algunos Lucía Morett regresa a México confirmando su participación en las FARC y defiende a este grupo de secuestradores y narcotraficantes con términos que ni siquiera Fidel Castro ha utilizado para ellos; mientras la caída de los precios del petróleo y la resistencia de amplios sectores le han hecho perder dos elecciones consecutivas a Hugo Chávez, por lo cual éste ha decidido tratar de perpetuarse en el poder; mientras que nuestra izquierda trata de dar algún tímido paso hacia la modernidad que es boicoteado por buena parte de sus dirigentes, casi nadie en esa corriente amplia, dispersa, poco sólida en lo ideológico y lo orgánico, pero imprescindible para el futuro del país, ha tenido una mirada crítica al hecho de que el primero de enero se cumplieron 50 años de que Fidel Castro tomó el poder en Cuba.

Medio siglo de poder unipersonal (Fidel simplemente le transfirió parte del mismo a Raúl Castro) es un récord en cualquier latitud y época: Porfirio Díaz gobernó desde 1984 hasta 1911, la mitad del tiempo que Castro. La dictadura argentina o la chilena duraron una década. El Doctor Francia, el dictador paraguayo que Roa Bastos inmortalizó en Yo el supremo, gobernó 30 años. El temible José Stalin estuvo también 30 años en el poder. Antes, prácticamente ningún monarca o Papa logró mantenerse medio siglo en el mando. Es verdad que todo lo sucedido en los primeros años 60, con Bahía de Cochinos y la crisis de los misiles, estableció la base para que Fidel y Raúl pudieran mantener un poder que en unos pocos años se fue transformando de la esperanza de liberación de América Latina, de un movimiento épico, en una dictadura cada vez más cerrada, con menores libertades, mayor rechazo a cualquier forma de disidencia desde la estrictamente personal hasta la política. Se ha justificado todo ello por los supuestos éxitos sociales, sobre todo en medicina y educación. Lo cierto es que, medio siglo después, los niveles de educación son altos, mas no acordes con las necesidades de un mercado y la calidad de la misma desde los 90 se ha resentido en forma constante: muchos jóvenes pueden asistir a escuelas técnicas o a la universidad, el problema es que luego no tienen dónde emplearse salvo, vaya paradoja, la industria del turismo financiada por capitales extranjeros. Hay muchos y buenos médicos, pero hoy Cuba los exporta para obtener divisas mientras la calidad de la salud pública desciende constantemente por falta de equipo. Hoy, la economía cubana está en peores condiciones que hace 20 o 30 años, aunque recibe, también hoy, más recursos directos del gobierno de Hugo Chávez que los que en su momento obtenía de la desaparecida Unión Soviética. El problema es sencillo: a Cuba le está pasando lo mismo que le ocurrió en su momento a la URSS. El costo del aparato de control y represión es tan alto, los gastos policiales y de defensa consumen tanto, en recursos y preocupación política, que en medio siglo el gobierno de los hermanos Castro no ha podido establecer un verdadero modelo de desarrollo en el país. Y no lo ha podido hacer porque más temprano o más tarde cualquier economía que quiera crecer deberá abrirse no sólo en términos económicos sino políticos. Y eso no es responsabilidad del bloqueo. Es el mismo tipo de fracaso que tuvieron todas las naciones del desaparecido bloque socialista: cancelaron la libertad y la democracia porque prometieron justicia social y progreso y al final no se tuvo ni una cosa ni la otra. Todo se lo terminó devorando una burocracia de incondicionales que no logran poner a funcionar a los países porque no se puede hacerlo sin la participación de las sociedades. Y participar implica tener la capacidad y el derecho de disentir, elegir, optar, viajar, irse.

Es verdad que pareciera que Raúl Castro está tratando de transformar esa realidad apostando a un modelo cerrado en lo político, pero mucho más abierto en lo económico, siguiendo los pasos de los chinos o los vietnamitas. También que diplomáticamente, desde hace algunos años, el gobierno cubano ha resultado ser más prudente en política exterior que algunos de sus socios. Se podrá decir que desde distintos espectros ideológicos hay países como China o Singapur que están logrando un crecimiento importante y no tienen nada de democráticos. Es verdad, pero no son Cuba, no están en América Latina, no tienen la misma historia ni tampoco están a menos de un centenar de millas de Estados Unidos o México.

Uno de los puntos que pasó desapercibido en la más reciente reunión del Grupo de Río fue la aceptación en el mismo de Cuba. Es importante, pero existe un detalle que no se analizó: según sus respectivas normas, para ser parte del Grupo de Río se debe ser un Estado democrático. Y Cuba no lo es. La apuesta, más que el estúpido bloqueo que le ha dado justificación ideológica (en términos prácticos sólo ha servido para hacer millonarios a muchos vivales y darle justificación al gobierno), parece ser la de participar en la economía cubana, apoyarla en la apertura al mundo y en mejorar su calidad de vida, asumiendo que ello llevará inevitablemente a la apertura política, aunque sea gradual. Es una buena apuesta, que no tendría que estar reñida, al contrario, con posiciones ideológicas de grupos o partidos que exigen mucho más en términos políticos. No olvidamos que Cuba es nuestra frontera física en el Caribe y México debe jugar un papel en ese futuro. Paradójicamente, al no pensar en Cuba, al no criticarla, al no aprender de esa tragedia política que convirtió una revolución popular en una dictadura familiar, nuestra izquierda está perdiendo la oportunidad, no sólo de sacar lecciones provechosas para sí misma, sino también de jugar su respectivo papel en ese proceso. Y vaya que tendría espacio para hacerlo.

2009

Germán Martínez Cázares
Presidente nacional del PAN
El Universal

Todos los augurios son malos: la economía se desplomará, hay peligro de deflación, es incierto el panorama del combate a la delincuencia, no se crearán los empleos necesarios, ya regresó el subcomandante Marcos, Obama no cumplirá con las expectativas y un largo etcétera presagian, ya, el apocalipsis.

Frente a un pesimismo atizado para favorecer a los detractores del presidente Calderón, no cabe bajo ninguna circunstancia el optimismo ingenuo del que no ve la crisis económica mundial ni sus repercusiones desfavorables en México; pero, al mismo tiempo, la crisis llama al duro realismo y representa una oportunidad de oro para pensar en “lo básico”. El modelo económico que provocó la crisis permitió abusos y ventajas que favorecieron a unos en detrimentos de otros, y el modelo político, en ocasiones, no metió las manos.

A finales del año pasado Henry Kissinger sentenció: “Todo sistema económico —y esto es especialmente cierto en la economía de mercado— engendra ganadores y perdedores. Si las distancias entre estas dos categorías se hacen demasiado profundas, los perdedores se organizan políticamente e intentan refundar el sistema existente —dentro de cada país y entre ellos—. Este constituirá el tema principal del año próximo”.

El desafío está allí, justo allí, en reorganizar el mercado y reorganizar la política, y en acometer esa tarea radica la oportunidad enorme que tenemos frente a la crisis: regresar al principio básico. ¿Y cuál es el principio básico? El primado de la política.

Los participantes en el mercado buscan el interés particular. La falta de reglas y la débil supervisión generaron abusos en esa búsqueda del interés privado. El estafador Bernard Madoff es el emblema de esa impostura. Frente a un mercado de conquista individual, la pregunta es quién gestiona el interés general. Y el interés general sólo lo puede tramitar y resolver la política.

El año nuevo representa una oportunidad para la política. Sólo la política puede salvar la distancia entre ganadores y perdedores que ocasiona el mercado libre. Sólo la política ordena y jerarquiza las prioridades sociales que el mercado no ve. Sólo la política puede orientar el gasto público en la dirección correcta. Sólo la política está autorizada para corregir las usuras y los despotismos económicos. Sólo la política puede compensar esa idea que el mercado manda y el Estado obedece.

La crisis económica mundial, con efectos en México, es una crisis que no se resolverá sólo económicamente. Será necesario dar paso a medidas políticas, a acuerdos de gasto, a promociones de infraestructura, a comercio internacional justo, a protección de empleo, a gasto en educación, a tutelar el desarrollo económico. Esa crisis es una oportunidad para renovar la fe en el Estado, pero sobre todo en el fin del Estado: la persona, concretamente, en su empeño individual y en su deber social.

La política por encima de la economía, para promover a ésta por el derrotero del bien común, sin avasallar la libertad individual, es parte del pensamiento de un panista jalisciense, Efraín González Luna, y le llamó primado de la política. El 2009 es ocasión propicia para recordar esa idea y actitud básica.

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Ante diversas malinterpretaciones a mi artículo de hace unas semanas sobre Bernard Madoff, me permito aclarar lo siguiente: de ninguna manera fue mi intención hacer señalamiento alguno a la comunidad judía. Refrendo mi respeto a ese pueblo noble.