enero 07, 2009

Paco Calderón

Los partidos, enredados en su propia trampa

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Debería ser parte del sentido común el comprender que todo partido político en el poder en un proceso electoral defenderá las acciones del gobierno que impulsó, para que éstas sean valoradas por el electorado, al mismo tiempo que sus oposiciones buscarán sus fallas con el fin de criticarlo. Es el ABC de la política: en última instancia, los partidos son un instrumento para llegar al poder y en su caso mantenerlo. La competencia entre ellos resulta inevitable y toda elección termina siendo, en este sentido, plebiscitaria.

No veo por qué tendríamos que asombrarnos de que el PAN pida al apoyo para su partido en las elecciones del 5 de julio a base de destacar los logros del Seguro Popular o el número de la construcción de viviendas del gobierno federal ni que ayer el gobernador Enrique Peña Nieto, del PRI y principal aspirante a la candidatura presidencial en 2012, haya contratado espacios en los periódicos para que se viera su foto, caminando por delante del presidente Calderón, en la inauguración del tren suburbano que construyó con recursos privados y federales, o que Marcelo Ebrard haya comenzado, según ya lo hicieron los dirigentes del Partido Socialdemócrata y el Verde, entre otros, una campaña publicitaria, en el caso del primero con sus objetivos para 2009 (esta vez no hubo galletas) y los segundos con sus propuestas legislativas. Puede ser aburrido y nos pueden mentir mucho los partidos en esos spots (y tendrán millones de ellos en este año), en sus desplegados o mantas, pero es lo que hacen para tratar de ganar una elección.

Como lo dijo el consejero electoral Virgilio Andrade no hay ley alguna que prohíba a un partido respaldar las acciones de los gobiernos que apoya y hacer publicidad sobre ellas. Como tampoco está prohibido criticarlas. En todo caso, lo prohibido y que, sin embargo se ha hecho y se hace hasta la saciedad, es utilizar esos programas sociales y esas acciones de gobierno para comprar votos: cuando, como ocurre en la Ciudad de México, y en varias otras del país, se entregan recursos en efectivo a la gente sin padrón que regule a sus beneficiarios, sin auditores externos, y se condiciona ese apoyo al voto por el partido en el poder, ahí sí se está violando la ley. Y eso no es publicidad: es simplemente coacción y corrupción electoral.

El problema con la publicidad es que los partidos, con la reforma de 2007, se han metido en un campo minado del que no podrán salir. Han establecido por una parte tantas limitantes absurdas (la mayor de ellas la “prohibición” de que se realicen “campañas negativas” y el dejar a la libre interpretación de las autoridades qué se entiende por un concepto absolutamente subjetivo) y se han tratado de apropiar, simultáneamente, de una parte tan grande del pastel político, que resulta casi imposible regular todo ese flujo de publicidad y hacerlo al gusto de los partidos. Si a eso sumamos la mayor de las inconsecuencias de la reforma: la de excluir del proceso electoral a la ciudadanía, prohibiéndole expresamente contratar espacios para emitir sus opiniones sobre los partidos, los candidatos y sus propuestas, estamos en el peor de los mundos posibles.

El pecado del PAN y del gobierno en todo esto fue haber avalado una reforma que iba contra los principios democráticos y la historia de ese mismo partido en estos temas. Lo hicieron como una concesión sobre todo al PRD, pero también al PRI, que se alió con éste en la búsqueda de impedir que los grupos sociales pudieran tener voz y participación en los comicios, como una revancha a las oposiciones que sufrieron en 2006, al mismo tiempo que se instauraba un régimen de partidos rígido, donde sólo a través de ellos se podía disputar el poder político, pero en los cuales, también, las dirigencias tienen el control casi absoluto de las militancias. Si a eso sumamos las condiciones cada vez más gravosas para conformar un nuevo partido, mantener el registro de los mismos, la imposibilidad de que existan candidaturas independientes, la disparidad evidente en la distribución de recursos, y si todo eso se desea que sea regulado por un Instituto Electoral Federal que nace condicionado y con un presupuesto que no le permite cumplir con esas labores, las cosas se ponen aún peor.

Decía también Virgilio Andrade que, al no existir normas generales para atender asuntos como el de la publicidad panista, entonces el IFE tendrá que analizar caso por caso para ver si se está o no cumpliendo con la ley. Insisto en un número: habrá 22 millones de anuncios trasmitiéndose simultáneamente en todo el país durante este 2009. ¿Quién puede estar en condiciones de realizar ese control y de establecer en cada uno de los 300 distritos electorales si se cumple o no con la norma?

Los partidos deberían tener mayor entereza y responsabilidad con la ciudadanía. Deben asumir y dejar en claro que apoyar o criticar la labor de un gobierno emanado de sus filas es parte consustancial de cualquier democracia; que la publicidad negativa no puede ser entendida como un blindaje para evitar las críticas (y que si se miente se cae en el delito de difamación que conlleva otras consecuencias, incluso más duras); que no se puede tener una ley mordaza que impida que la ciudadanía opine y contrate espacios para expresarlo, sobre la política, el poder, los partidos, los candidatos y sus propuestas. Se encuentran a tiempo de hacerlo y de evitar que los comicios de 2009 estén desde ahora, destinados al conflicto poselectoral. Y de paso a respetar no sólo el juego democrático sino también la participación ciudadana en él.

Coches que nadie quiere

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Oldsmobile, Saturn, Buick, Cadillac, Chevrolet, GMC, Pontiac… por ahí, se me olvida alguna de las marcas de la mastodóntica General Motors. Era la empresa más grande del mundo y ahora está al borde de la quiebra, limosneando ayudas públicas como si fuera la más ineficiente de las paraestatales. A Toyota, la hora de trabajo en sus factorías de Estados Unidos (de América) le cuesta algo así como 33 dólares. Los fabricantes americanos de Detroit, mientras tanto, tienen que desembolsar el doble para producir coches que ya nadie quiere por ineficientes, antediluvianos, estorbosos y mal ensamblados.

El auto más yanqui de los japoneses, fuera de esas pick-ups que también fabrican (y que supongo no se venden en Japón sino exclusivamente en México, Venezuela, Canadá y los USA; jamás he visto un vehículo parecido en Europa ni en la Argentina), es probablemente el Camry, un coche comodísimo y silencioso que se comporta razonablemente bien siempre y cuando lo conduzcas en línea recta. La diferencia con un automóvil de diseño norteamericano (los inventan allá y los fabrican aquí, a mucho menor costo, lo que significa que México les ha salvado la vida; digo, hasta ahora) es la calidad misma del coche, los gastos de mantenimiento, la atención en los talleres y, finalmente, el precio salvajemente competitivo de los vehículos orientales. Han pasado años enteros para que los ingenieros estadounidenses nos ofrezcan un sedán familiar como el Chevrolet Malibu, perfectamente comparable a sus rivales de Honda, Mazda, Nissan y Toyota –y más barato, encima—, pero su llegada ocurre justo cuando la economía comienza a desplomarse. En cuanto a la competencia de los coches europeos, ¿ha fabricado Detroit algo siquiera similar al Golf GTI? ¿Se compara un Lincoln con un BMW? ¿Se puede vender un muscle car en Inglaterra o en Francia? ¿Cabe una Suburban en un aparcamiento de Monte Carlo?

Nada exhibe tanto la arrogancia del imperio como el desplome de su industria automotriz.

Todos somos Televisa

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

El título de esta columna puede causar cólicos a más de un colega, y seguramente tendrán sus razones, pero lo ocurrido anoche en Monterrey fue contra todos los medios de comunicación.

Fue contra todos los comunicadores del país.

Y fue, también, contra el gobierno.

Un grupo de pistoleros disparó ráfagas contra la sede de la televisora e hizo estallar una granada en el estacionamiento, en el área de camarógrafos.

Afortunadamente nadie padeció heridas, pero eso no fue porque los gatilleros fallaran en su ataque, sino porque se trataba de mandar un mensaje a todos los medios de comunicación.

El mensaje es que los medios, por poderosos e influyentes que sean, no están a salvo de la violencia del narcotráfico.

Si los agresores quieren los balean, les ponen granadas. Por ahora, donde no hay nadie. Si no entienden el mensaje, no es difícil imaginar lo que va a ocurrir.

Lo primero que hay que mencionar es que el Estado tiene la obligación de garantizar la libertad de expresión en el país.

Y garantizarla es dar seguridad a los medios y a los comunicadores para que puedan informar libremente sin que les pase nada.

Esa tarea del Estado es indispensable, no sólo como un deber en cualquier democracia o en cualquier país que aspira a llamarse civilizado, sino que es doblemente importante en México, donde se lleva a cabo una batida frontal contra el narcotráfico.

Las ráfagas contra Televisa Monterrey fueron un ataque terrorista.

Terrorista, porque uno de los objetivos del hecho fue atemorizar a los comunicadores y medios de comunicación del país, para que presionen al gobierno a cambiar la estrategia de lucha contra el narcotráfico.

Ya lo habían intentado el pasado 15 de septiembre en la plaza de Morelia, cuando hicieron estallar un par de granadas entre la multitud que festejaba la ceremonia del Grito de Independencia.

Sin embargo, lejos de atemorizar a la población, lo que hubo fue un cierre de filas en torno a las instituciones nacionales y condena unánime contra el terrorismo en nuestra patria.

No nos equivoquemos: estas acciones de los grupos armados no son una señal de fortaleza, sino de desesperación.

Van perdiendo.

Llegarán a más, como en Colombia.

Allá también atacaron medios de comunicación, mataron a inocentes, volaron autobuses con personas adentro, y realizaron más actos de sangre para aterrorizar a la población con el objetivo de que la sociedad presionara al gobierno a retractarse con las extradiciones de narcotraficantes a Estados Unidos.

Aquí se le han dado golpes durísimos al narcotráfico.

Les han quitado a informantes a los que les pagaban medio millón de dólares al mes.

Toda una estructura del narco en el gobierno ha comenzado a desmantelarse.

Eso no es poca cosa.

Otra parte del mensaje dejado por los atacantes de Monterrey, fue que la televisora “también transmita de narcomandatarios”.

Otra vez Colombia.

Pablo Escobar Gaviria metió al narco a muchos políticos, a los cuales luego exhibió, cuando no le pudieron cumplir.

A un presidente de la república, Ernesto Samper, le metieron cocaína en el avión y desde entonces le quitaron la visa para entrar a Estados Unidos y lo retiraron de la política.

Si aquí hay mandatarios, algún precandidato a gobernador, o políticos en general que han tenido o tienen cercanía con el narco, deben estar temblando después de lo ocurrido anoche.

Los van a exhibir. O amagan con ello, para que sean esos políticos los que empujen para que el gobierno cambie su estrategia antinarco.

El hecho, sin embargo, es que el golpe duro fue contra las instalaciones de Televisa. Un medio de comunicación. El más fuerte del país.

El mensaje, pues, es contra todos los comunicadores de México.

Nos guste o no, en esta ocasión todos somos Televisa.

Amanecer con otra conciencia

Mauricio Merino
Profesor investigador del CIDE
El Universal

Al comenzar 2009, sería deseable volver a las rutinas con una conciencia distinta. El año nace con amenazas de toda índole: hay una crisis económica en curso, la inseguridad y la violencia seguirán siendo parte de nuestro entorno y las batallas electorales entre partidos y dirigentes políticos darán noticias todos los días.

Y en el resto del mundo, la pobreza y la violencia nos están recordando ya que los calendarios también pueden cambiar hacia atrás: en la Franja de Gaza, por ejemplo, hemos vuelto de lleno a los peores momentos del siglo XX.

Por eso sería deseable cobrar una nueva conciencia de los problemas que afrontaremos y, sobre todo, de la forma y de los medios que tenemos para vencerlos. Sería absurdo suponer que las cosas pueden seguir igual. Si algo nos está diciendo ese conjunto ominoso de amenazas reunidas es que las soluciones que nos habíamos dado fallaron completamente. De un lado, el Leviatán aflojó los músculos y la mano invisible no consiguió regular el egoísmo rampante que construyó monopolios, favoreció la especulación y generó una acumulación depredadora.

Durante 2008 quedó claro que la empresa privada es un motor poderoso que, sin embargo, necesita un vehículo y un conductor: frenos, volante y cinturón de seguridad. De lo contrario, su potencia puede matar y matarse.

No obstante, dejamos al Estado en manos inexpertas, corruptas o ajenas. Tanto en el mundo, como en México, nos hemos equivocado creyendo que lo más importante es la fuerza para contener, detener y castigar a quienes se ponen violentos, y nada más. La pobreza intelectual del discurso de George W. Bush se volvió universal, pero responde a una vieja filosofía.

Todavía esta semana, el presidente de Estados Unidos seguía diciendo que la guerra en la Franja de Gaza no se resolverá sino hasta que los palestinos estén totalmente inertes, rendidos y sometidos. Es decir, nunca.

Y en México, tanto el Ejército como la PGR siguen diciendo que la clave para solucionar la violencia en las calles está en el poder de fuego de las Fuerzas Armadas. Esa filosofía afirma que quien dispare más, durante más tiempo y con mayor capacidad destructiva ganará la guerra e impondrá finalmente sus reglas. Es la misma lógica que condujo, en su propio terreno, a la quiebra de los mercados: destruir, imponer, someter. Que gane el más fuerte.

En cambio, esa filosofía tiene muy poco que decir sobre la pobreza y la desigualdad. Casi nada sobre las condiciones sociales que han generado el caldo de cultivo de la violencia y que han empujado a miles de personas, arrinconadas, decepcionadas y sin expectativas de ninguna índole a responder con la misma lógica, en sus propios entornos.

Y 2009 no promete nada que permita suponer que esas condiciones podrán cambiar. Excepto la conciencia que pueda cobrarse para impedir que la espiral de violencia social, política y económica siga convirtiéndose en violencia física, a secas.

No será fácil, pero habrá que estar alerta y activos para impedir que esa filosofía del más fuerte, del mejor armado y del más poderoso siga imponiendo su impronta.

La gran mayoría está del lado de los más débiles y su única defensa posible está en la recuperación del sentido completo de la democracia: derechos fundamentales garantizados, derechos sociales igualitarios y honestos, defensa de los espacios públicos, rendición pública y completa de cuentas y votos realmente libres.

En 2009 ya no habrá alternativa: o cobramos conciencia de la capacidad de la democracia o nos hundimos en la inercia de la filosofía bélica.

¿Narcomandatarios?

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Anoche, uno de los reporteros de Televisa Monterrey que dieron la nota del narcoatentado contra su casa de trabajo sintetizó de manera impecable una definición de los mejores periodistas.

Imaginando que los autores del granadazo, los disparos y el mensaje intimidatorio lo estarían escuchando, dijo más o menos esto:

“No queremos nada contra ustedes. Somos periodistas, nos dedicamos a informar (...). Nunca nos ponemos del lado de nadie, ni de mandatarios ni de la delincuencia organizada...”

Y es que algunos delincuentes (como sucede con la generalidad de los políticos) nada más toleran a periodistas que traicionan el oficio para graduarse de compinches.

No sobra recordar que desde cualquier punto de vista (legal, ético, periodístico), un señalado, un detenido por las autoridades, mientras no sea procesado y juzgado en tribunales, sólo es “probable responsable”, y esto incluye a los “presuntos narcomandatarios”, de quienes los que sepan algo debieran aportar indicios o, mucho mejor, las evidencias.

2009, ¿entre malo y catastrófico?

Arturo Damm Arnal
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

La opinión generalizada es que el 2009 será, en materia de economía, un año entre malo y catastrófico, opinión que los medios de comunicación no se cansan de repetir una y otra vez, siendo que lo repetido no pasa de ser eso, una opinión, la mayoría de las veces hecha por personas que, teniendo acceso a las páginas impresas, a las cámaras de la televisión, o a los micrófonos de la radio, no saben de economía, ignorancia que se debe, o a no haber estudiado economía, o a haber estudiado las teorías económicas equivocadas, mismas que se encuadran dentro de lo que se conoce como neoclasicismo que, dicho sea de paso, es lo que, en la gran mayoría de los casos, se enseña en las escuelas y facultades de economía, neoclasicismo que es el culpable de las malas políticas económicas, desde monetarias, pasando por comerciales, hasta llegar a las fiscales.

(Una excelente vacuna contra el neoclasicismo, a la vez que oportunidad excelente para entender lo que está pasando, es la lectura del libro Money, Bank Credit and Economic Cycles, de Jesús Huerta de Soto, editado por el Ludwig von Mises Institute: www.mises.org)

La opinión generalizada es que el año que comienza será entre malo y catastrófico, afirmación que no pasa de ser eso, una opinión, ante la cual hay que preguntar: ¿cómo se sabe? Por lo general, la respuesta es “porque el 2008 fue malo”, respuesta que supone, uno, que en el 2009 se mantendrán las tendencias negativas del 2008 y que, en algunos casos, como el de la producción y el empleo, se agravarán, lo cual puede ser así, pero no tiene que ser. Si en economía el futuro resulta la continuación del pasado, hoy los seres humanos seguiríamos siendo nómadas, sobreviviendo de la recolección y la caza, sin ningún progreso económico, algo que, ¡obviamente!, no es así.

Centro la atención en el crecimiento de la producción, mismo que, según la opinión generalizada, este año será entre cero (visión optimista) y negativo (visión pesimista), lo cual supone el empeoramiento de la tendencia registrada el año pasado que dio como resultado un menor crecimiento con relación al 2007, lo cual no quiere decir que, a lo largo del 2008 (por ejemplo: trimestre tras trimestre), las condiciones, en materia de crecimiento, no hayan mejorado, y a las pruebas me remito.

Durante el primer trimestre del 2008 la producción de bienes y servicios decreció, con relación al trimestre anterior, el cuarto del 2007, 0.21 por ciento. A lo largo del segundo trimestre, respecto al primero, creció 0.21 por ciento. Durante el tercer trimestre, comparado con el segundo, la producción registró un crecimiento de 0.63 por ciento, lo cual quiere decir que sumamos dos trimestres consecutivos de crecimiento cada vez mayor, lo cual apuntó en la dirección correcta.

Es cierto, la fase crítica del problema económico se inició a partir de la segunda quincena de septiembre, que abarcó el último tramo del tercer trimestre, por lo que tendremos que esperar hasta el 20 de febrero (fecha en la cual el INEGI dará a conocer el crecimiento del PIB del cuarto trimestre del 2008), para saber qué efectos tuvo esa fase crítica sobre la producción de bienes y servicios en México, sobre todo a través de las exportaciones hacia los mercados estadunidenses, mismas que, sin contar las petroleras, y según datos oportunos sujetos a revisión posterior, en noviembre registraron una caída anual de 8.0 por ciento: menos 13.9 por ciento las exportaciones automotrices, menos 6.0 por ciento el resto.

Durante el cuarto trimestre del 2008, en materia de producción, ¿cambió la tendencia observada entre abril y septiembre?

Germán: Todo yo, todo…

Enrique Aranda
De naturaleza política
Excélsior

Este lunes, cuando el Comité Ejecutivo Nacional del blanquiazul valide, o eventualmente modifique, la decisión que en lo relativo al método de selección de candidatos a seguir en todos y cada uno de los 300 distritos federales propuso la Comisión (partidista) de Elecciones, estará definiendo también el tamaño y la gravedad de la “apuesta” que, en julio, estará haciendo Germán Martínez, su presidente.

En su primera sesión ordinaria de este año que apenas iniciamos, efectivamente, el comando de Acción Nacional dejará debidamente claro en qué grado estará en riesgo el liderazgo de quien hoy lo encabeza dado que, más que en ningún otro caso y momento en los últimos años, su suerte y futuro políticos serán determinados por el número de diputados de mayoría relativa, y plurinominales en consecuencia, que logre para la causa del partido en el gobierno.

Y esto, en razón de que, si se mantiene la decisión que en materia de método de selección de sus candidatos asumió, presentó y validó ya con el Instituto Federal Electoral, el pasado 15 de diciembre, la comisión estatutaria especial que encabeza José Espina tocará designar a Germán —“de manera personal, sólo, independientemente de que tome opinión o intervengan otros…”— a cuando menos un tercio de quienes habrán de representar al blanquiazul en los próximos comicios: en 195 de 300 distritos electorales federales, para ser exactos.

La dimensión de la “apuesta” que va a realizar Martínez Cázares, en primera instancia, parece excesiva. Más, cuando de sobra se sabe que, durante el año que recién concluyó —primero en su cuenta como jefe nacional panista—, Acción Nacional ganó sólo tres de los 115 escaños legislativos (locales) disputados en media docena de entidades, amén de perder 180 de las 198 contiendas en que, por otras tantas alcaldías, participó.

En su momento, el pasado diciembre, Germán asumió la absoluta responsabilidad por tal descalabro electoral —lo que le fue debidamente reconocido— y ofreció revertir los resultados en próximos procesos, de los que el más cercano no es otro sino el de julio venidero, con sus 300 distritos federales de mayoría y seis gubernaturas, por sólo mencionar lo más relevante en disputa y que, en opinión de los más, se presenta como el más reñido y complejo de las últimas décadas…

¿Podrá Martínez Cázares consolidar su liderazgo con un resultado ampliamente positivo? ¿Le alcanzará la fuerza y sus alianzas? ¿Y, de no hacerlo, de perder la mayoría relativa —y quizá la absoluta— en la Cámara de Diputados, podrá mantenerse en la primera posición de un panismo —ahora sí ya— en franco retroceso electoral? ¿Soportaría esto el presidente Calderón que, en su momento, le impulsó a la posición que hoy ocupa? Son preguntas.

Asteriscos

* Al margen lo que de irónico tiene el que, “invitado” por panistas a desalojar su anterior domicilio, Manuel Espino haya abierto ayer a los medios las puertas de la nueva sede de la Organización Demócrata Cristiana de América —¡en la misma casona que tanto Vicente Fox como Felipe Calderón ocuparon en su respectiva campaña y periodo de transición!— lo único cierto es que son las fotos (monumentales) de ambos panistas, las que saludan a quienes arriban a Sacramento y California.

* No será sino hasta la próxima semana cuando, en el marco de varios cambios considerados “estratégicos” por el procurador Eduardo Medina-Mora —los que ya luego comentaremos—, Fernando Castillo deje Comunicación Social de la PGR para integrarse al equipo de Maricela Morales en la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO). ¿Políticas públicas?

* ¿Cuántos días más deberán transcurrir para que autoridades del sector pesquero —Alberto Cárdenas y Ramón Corral— tomen nota del paro que mantiene en muelles a miles de embarcaciones, con todo y su tripulación, en al menos media docena de entidades? Porque, hasta ayer al mediodía, ni una sola llamada de aquéllas se había recibido en la Cámara Nacional de la Industria Pesquera y Acuícola, que lidera Rafael Ruiz. Bueno, ¡ni siquiera para desear feliz año..!

Veámonos ahora también el viernes, con otro tema De naturaleza política.

2009: lo que está en juego

Lorenzo Córdova Vianello
Investigador y profesor de la UNAM
El Universal

Resulta casi una perogrullada señalar que los procesos electorales son los momentos en los que se ponen a prueba las instituciones y las reglas diseñadas para organizar y normar los comicios. Más todavía cuando, como es el caso de las elecciones de 2009, se aplicarán por primera vez muchas nuevas reglas que fueron introducidas por la reforma a la Constitución en noviembre de 2007.

Sin embargo, por obvio que parezca, recordarlo es indispensable para entender el gran reto que está implícito en el proceso electoral en curso.

El modelo de regulación de la comunicación política en radio y televisión (centrado en la prohibición de compra de publicidad y el uso de los tiempos del Estado para que los partidos desplieguen su propaganda), procedimientos fiscalizadores nuevos y un regenerado órgano para aplicarlos, la capacidad del IFE de instrumentar procedimientos administrativos expeditos para detener y sancionar los actos ilícitos cometidos por partidos y candidatos (incluida la controvertida atribución de controlar la publicidad negativa), la renovada fórmula de financiamiento público de las campañas, la regulación, control y vigilancia de los procesos partidistas internos de selección de candidatos, y el rediseño de la estructura y las competencias del Tribunal Electoral son algunas de las más importantes novedades introducidas por la reforma que verán aplicación por primera vez en el proceso electoral de este año, el cual será, por ello, su “prueba del ácido”.

Insisto en que no se trata de un fenómeno nuevo; en su momento, las elecciones de 1979, de 1988, de 1991, de 1994 y de 1997 implicaron también la puesta a prueba de las reglas introducidas por las reformas que las antecedieron. Sin embargo, existe una gran diferencia: en esta ocasión los opositores a las nuevas reglas son muchos y muy poderosos. En ese sentido las reformas anteriores nunca enfrentaron un ambiente tan adverso.

Hoy, varios grandes grupos empresariales y los consorcios mediáticos —que vieron afectados gravemente sus intereses con la reforma— se han manifestado abiertamente contra las nuevas reglas, se han amparado, operan y cabildean en su contra y apuestan por su fracaso.

He sostenido que la reforma, más allá de la necesaria adecuación de las normas electorales a las exigencias de la nueva y cambiante realidad política, constituyó un acto reivindicatorio de la soberanía del Estado frente al chantaje y el condicionamiento que los titulares de las concesiones habían llegado a ejercer sobre la política. Y eso es un logro que moralmente estamos obligados a defender.

Creo que las lecciones que nos dejen los comicios de este año deberán ser ponderadas y evaluadas para hacer los ajustes necesarios a la legislación de cara a futuros procesos electorales (el de 2012 será en muchos aspectos más complejo que la presente elección intermedia). Pero precisamente por ello habrá que estar atentos para que ese no sea un pretexto para tratar de instrumentar futuras reformas regresivas que deshagan el camino andado.

No se trata de meras advertencias agoreras; hay una creciente parte de la clase política (la misma que ha sido renuente a concretar los pendientes de la reforma, entre ellos la nueva Ley del Derecho de Réplica y los cambios a la Ley de Radio y Televisión) dispuesta a resarcir los agravios que provocaron entre los dueños de los medios electrónicos al aprobar la reforma. Habrá que estar alerta y crear un contexto de exigencia adverso a esos ánimos regresivos. Lo que hemos hecho vale la pena y merece al menos eso.