enero 08, 2009

La ética, la moral y los políticos

Rafael Álvarez Cordero
raalvare@infosel.net.mx
Excélsior

¿Por qué un indignado ciudadano, con todo el peso de su fuerza moral, les pidió hace unos meses “que renuncien”?, porque ustedes no han dado respuesta a lo que todos los mexicanos queremos: paz, orden, justicia, educación, trabajo.

No, señores políticos, ética no es una mujer enflaquecida y enferma, moral no es un árbol que da moras. No, señores políticos, la ética y la moral son cualidades inherentes a las personas bien nacidas, que desde la primera infancia reciben de sus padres educación y ejemplo, como se dice comúnmente, “maman” los valores humanos y todos sus actos en la vida son éticos y morales.

Y les pregunto, ahora que entre sonrisas inician el año (no necesariamente trabajando, porque eso de trabajar parece que no se les da), ¿cómo andan en ética y en moral? Leyeron a Aristóteles en Ética a Nicómaco o los Proverbios de Salomón en la Biblia o a Fernando Savater en Ética para Amador? Ética y moral van de la mano: un individuo es moral cuando sigue las normas de la ética. Dicho esto, les pregunto:

¿Es ético que muchos de ustedes hayan llegado a donde están, no por sus méritos o sus estudios o al ser expertos en temas de interés nacional, sino debido al compadrazgo y las componendas, muchas veces gestadas en un restaurante o en una mesa de cantina?

¿Es ético que se digan representantes del pueblo mexicano si nunca han escuchado o han dado oídos a los reclamos de la sociedad, como transparencia en sus acciones, eficiencia administrativa, reelección de diputados, cárcel a funcionarios corruptos, etcétera?

¿Es ético y moral que mientras millones de mexicanos trabajamos todos los días del año, ustedes estén ociosos más de seis meses, tengan congeladas las iniciativas de ley que todos demandamos y, sin embargo, perciban sus sueldos como si trabajaran el año entero, que además participen en asesorías y comisiones por las que reciben sumas elevadísimas, que se aumenten sus sueldos de manera ofensiva y encima de esto se asignen bonos y aguinaldos de cientos de miles de pesos, que pagamos nosotros con nuestros impuestos, mientras millones de compatriotas viven con salario mínimo?

¿Es ético que, en sus actividades, en el Ejecutivo, el Legislativo o el Judicial ignoren los legítimos reclamos de los ciudadanos para que haya buenas leyes, la transparencia sea una realidad y castiguen a los funcionarios corruptos? ¿Es ético que estén más pendientes de las encuestas de popularidad que en los problemas que deben resolver?

¿Por qué un indignado ciudadano, con todo el peso de su fuerza moral les pidió hace unos meses “que renuncien”? Porque ustedes no han dado respuesta a lo que todos los mexicanos queremos: paz, orden, justicia, educación, trabajo.

¿Y por qué otro ciudadano, doliente como el anterior y digno también, les gritó desde el fondo de su pena que “no tienen madre”? Porque no sólo no han sabido combatir y eliminar la inseguridad, sino son cómplices de los delincuentes. ¿Es esto ético y moral?

El principio del año está lleno de buenas intenciones. Yo sólo tengo una: que en todos sus actos procedan en forma ética y moral, así de simple. Sé que les costará trabajo, porque no pocos de ustedes han vivido al margen de esos principios, pero creo que llegó el tiempo de cambiar. Para comenzar, ¿qué opinan sus padres y cómo juzgarán sus hijos su desempeño de funcionarios en términos de ética y moral? Se los dejo de tarea.

…y para usted, estimado lector, salud, paz y bienestar en este 2009.

Los primeros choques de corrupción

Juan María Alponte
alponte@prodigy.net.mx
México y el mundo
El Universal

A la espera de que llegue el día 20 y se instale en la Casa Blanca, Barack Obama vive ya en un hotel de Washington y ha iniciado la despedida mañanera de sus hijas que estrenan sus primeras clases en un colegio de la capital de Estados Unidos.
El encuentro con la ciudad del Capitolio y el monumento a Lincoln no ha sido fácil. Si la biografía de los banqueros le ha proporcionado, con la catástrofe de Wall Street, una idea clara de su irresponsabilidad, codicia e inmoralidad, la política no le ahorra tampoco destemplanzas.

En efecto, el caso del gobernador de Illinois, subastando el cargo de senador que abandona Barack Obama, ya presidente electo, ha perturbado con la miseria del vivir sus primeros días washingtonianos. Abraham Lincoln, que sufriera también las agonías de la política estatal de Illinois podría consolarle, pero no evitar hoy una reflexión dura sobre los comportamientos de banqueros y políticos. Para Barack Obama la crisis de Illinois, ausente de ella y apostando por la dimisión inmediata del gobernador, le ha alcanzado por otro camino. Pocas semanas, después de Illinois, el presidente electo ha tenido que prescindir de uno de sus secretarios, el designado para la cartera de Comercio, Bill Richardson, un hispano, por el descubrimiento de un grave problema de corrupción económica en su etapa como gobernador de Nuevo México. El hecho cierto es que Barack Obama ha tenido que hacer la frase consagrada: “with deep regret” para romper el compromiso con el gobernador y buscar un nuevo secretario.

La cuestión no es menor, porque el presidente electo había incorporado a su gabinete rostros y figuras como la de Richardson, que representaban ese nuevo continente que la tradición define en EU como hispanos y que, en el caso de Bill Richardson (“uno de los mejor conocidos políticos latinos”, subraya The New York Times) no sólo representaba la integración de un sector poblacional importante, sino que implicaba algo más que The New York Times destaca: “Eran amigos muy estrechos tanto como aliados políticos”.

La identificación, en la escala de la corrupción, de los principales banqueros del país —abandonando, algunos de ellos, sus cargos con impresionantes subvenciones económicas— con la clase política plantea, sin duda, problemas éticos serios que en México, con la sátira popular incendiada de indomable astucia, se resuelve con una frase ya célebre: “¡Que regresen los corruptos y se vayan los pendejos!”. Al leerla, en letra impresa, la añado a la pronunciada por Obama ante la irremediable despedida de Richardson: “Con profunda lamentación”. Cabe esperar que los otros dos latinos incorporados al gobierno, Hilda L. Solís de California y el senador Ken Salazar de Colorado, tengan mejor fortuna.

El caso de Nuevo México era emocional y políticamente importante, porque según el último censo, la población hispana en ese estado representaba 43.4% del total y el PIB per cápita del estado, en el 2006, se elevaba a 29 mil 673 dólares. No es California con 38 mil 956 dólares, pero era y es Nuevo México, representativo, como estado, de una relativa prosperidad que incluye a un notable número de mexicanos. En California (con alrededor de 37 millones de habitantes) los hispanos conforman el 35.2% de la población.

El hecho es que, en estos momentos, Obama ajusta ante el Congreso su programa de recuperación que incluye 300 mil millones de reducción de impuestos, lo cual implica una medida de apoyo a trabajadores y negocios para la recuperación, pero, al tiempo, supone una ineludible visión correctora del gasto público. En síntesis, momentos muy delicados que requieren la excelencia gubernamental para Obama y su equipo. Nada es simple.