enero 13, 2009

Paco Calderón

Ventisca

Germán Martínez Cázares
Presidente nacional del PAN
El Universal

La semana pasada cayó una nevada “histórica” en Madrid, España. Fue tal la cantidad de nieve que colapsó las carreteras, cerró el aeropuerto y sembró el caos entre los ciudadanos madrileños.

De inmediato el partido que gobierna Madrid criticó al del presidente Rodríguez Zapatero, que gobierna al país, y este último hizo oposición al Partido Popular en la capital. Se reprocharon mutuamente no tomar las medidas pertinentes ni prevenir con eficacia el meteoro. Disputaron la pertinencia de las medidas tomadas para recuperar la vida cotidiana después del alud, criticaron los planes de contingencia y la secretaria encargada del tema comparecerá ante el Congreso a rendir su informe.

En una palabra lisa y llana: el gobierno y la oposición “politizaron” la avalancha de nieve que atrapó a miles de ciudadanos en Madrid y sus alrededores. Disputaron en radio, televisión y prensa el desempeño de sus gobiernos. Aprovecharon la oportunidad para criticar (los que están en la oposición) y defender (los que están en el gobierno) las medidas de protección civil contra ese fenómeno natural.

Nadie se quejó de que se estaba “haciendo política”. Porque evidentemente eso es lo que debe hacerse frente a una medida gubernamental: criticarla, apoyarla o sugerir modificarla, y cuando se critica, se apoya o se busca modificar una decisión de gobierno, se está haciendo política. Se está llamando a los ciudadanos a “tomar partido” en las cosas públicas, en los asuntos de la polis.

Dicho lo anterior, en México, en algunas ocasiones, cotidianamente se hace política y se niega, también, sistemáticamente, que se haga política. El término “política” tiene mala reputación, pero indudablemente la política es la gestión del interés general.

Las medidas que toma el Presidente, un gobernador o un alcalde son medidas públicas y, por tanto, políticas; y pueden ser criticadas o avaladas por los actores políticos, para que los ciudadanos se formen una opinión de soporte o de rechazo a esas medidas decididas por sus gobernantes. ¿Qué hay de malo en apoyar o enfrentarse, pacífica y democráticamente, a un acto de gobierno?

Frente a la crisis económica es claro que no hay los problemas inflacionarios como cuando gobernaba el PRI. La inflación anual promedio de 1970 a 2000 fue de 34%, de 1980 a 2000 de 39%, en los 90 de 17.5%. Desde que gobierna el PAN es de 4.6%.

El PRI, desde 1972 hasta 1999 (casi 30 años), entregó en el Infonavit 2 millones de créditos para vivienda.

Sólo Fox, en seis años entregó esos 2 millones de casas. Calderón lleva ya en sólo dos años más de un millón y medio de créditos para vivienda. Decir esos datos y apoyar desde un partido al gobierno del Presidente y sus programas de gobierno, ¿qué tiene de malo?

El PRI apoya a sus gobernantes. Incluso en el estado de México apoya, en anuncios de calle, la construcción del Tren Suburbano del presidente Calderón, en el que el gobierno mexiquense no tiene ninguna participación significativa.

Rechazar que el PAN pueda apoyar las medidas del presidente Calderón sería tan antidemocrático como rechazar que el PRI las pudiera criticar. El proceso electoral es y será la ocasión propicia para ese debate. Lo demás es ventisca de temporada.

***

Después del encuentro Obama-Calderón, se demostró que la nueva página en las relaciones entre México y Estados Unidos se puede escribir sin Jorge Castañeda, pero no se debe dejar de escuchar la inteligencia de Jorge Castañeda para redactarla.

El libro que hoy calló

(Comentarios sobre un libro, que aún no he leido, de Martha Anaya. ¿Pensará el señor Salinas que lo que él diga es más confiable que lo que muchos vivimos?

• Salinas no ganó, pero tenía que ganar.
• Cárdenas no ganó, pero dijo que ganó, qué más da.
• Clouthier gano, pero como no había manera de demostrarlo, pidió nuevas elecciones que lo confirmarían)



Carlos Salinas de Gortari
El Universal

El pasado 1 de enero, en estas páginas, el señor Manuel Bartlett comentó el reciente libro de Martha Anaya, 1988: El año que calló el sistema. En ese texto se hacen algunas afirmaciones desconcertantes.
A partir de la supuesta versión de una reunión entre quien esto escribe y miembros del PAN en agosto de 1988, Bartlett asegura que se selló un pacto por el cual, una vez en la Presidencia, yo implementaría “el programa de la derecha panista con miras a rectificar —afirma— las leyes de Reforma” y acabar “con principios esenciales de la Revolución”.

Tal vez se refiere a la reforma que aprobaron todos los partidos políticos, la del articulo 130 constitucional, que supuso el reconocimiento legal de todas las iglesias ante el Estado mexicano y la reanudación de relaciones diplomáticas con el Vaticano. Además, mantuvo la educación pública laica, gratuita y obligatoria.

En cuanto a “acabar con principios de la Revolución”, ¿quién puede sostener que los principios de la Revolución se oponen a hacer reformas electorales, a modernizar el campo o a tener una banca mixta en lugar de estatizada?

Más aún, ¿desde cuándo es “de derecha” reconocer los triunfos de la oposición, como sugiere el señor Bartlett? En cambio, en materia de lealtad partidista, cabría aquí recordar el llamamiento que hizo el señor Bartlett el 27 de mayo de 2006 para votar por un candidato presidencial contrario a su partido, el PRI, en el cual todavía milita y que lo hizo su secretario general, gobernador de Puebla y legislador federal.

Más interesante resulta el reconocimiento que el señor Bartlett hace en la entrevista que se reproduce en el citado libro de Martha Anaya. Porque allí destaca que cuando el sistema cibernético supuestamente “se cayó” sólo estaba contabilizado 0.5% de las casillas, unas 200 o 300. O su encuentro en aquellas jornadas con los candidatos presidenciales del PAN, el FDN y PRT. “Nunca hablaron de la información, ni del sistema, ni de la caída, nunca fue tema”, recuerda Bartlett.

El libro de Martha Anaya ofrece un título sugerente. Pero adolece de serias deficiencias. ¿Por qué callar la información disponible sobre aquellas elecciones? ¿Por qué el libro y el comentario de Bartlett callan que las 55 mil actas electorales, correspondientes a todas las casillas instaladas en el país, se encuentran en el Archivo General de la Nación? La de 1988 es la primera elección totalmente documentada que existe en el archivo y confirma que los datos de esa elección están completos. Ahí se pueden verificar, casilla por casilla, los votos que recibió cada candidato; se constata que el PRI tuvo representantes en 71% de las casillas, y que los partidos de oposición tuvieron representantes en 72% de ellas.

¿Y qué hay de las encuestas? Éstas ya anunciaban el triunfo del candidato del PRI con resultados muy similares a los que se verificaron el 6 de julio. Tomemos la encuesta de La Jornada de la segunda semana de junio, similar a la de Gallup-Eco: arrojaba 50% para el PRI, 27.6% para el FDN y 18.3% para el PAN. El resultado del día de los comicios resultó similar. Ello, como bien apunta Bartlett, en el marco de las elecciones más vigiladas de la historia hasta ese momento.

Una de las deficiencias más serias del libro es publicar como ciertas versiones que no lo son. En particular el contenido de la reunión entre el presidente electo Salinas y el candidato Clouthier: durante esa reunión se habló a fondo de la necesidad de dar certidumbre al sistema electoral (lo que se logró con la creación del IFE dos años después y su control por ciudadanos a partir de 1994). No surgieron como temas la banca ni el campo ni la relación con las iglesias. Esas reformas obedecieron a hechos posteriores, como la caída del Muro de Berlín en 1989 y la mayoría constitucional del PRI en la elección de 1991. Quien le haya contado a la señora Anaya una reunión con ese contenido le mintió, o la autora lo inventó. En cualquiera de los dos casos, se trata de un relato falso que pone en entredicho la calidad de la obra referida.

Otro problema muy serio del libro de la señora Anaya es que calla la mitad de la historia y calla la conclusión obligada de los principales testimonios que la autora presenta: que, en cualquier escenario, incluso tomando sólo 72% de las casillas en que había representantes de oposición, resultó clara la victoria del candidato presidencial del PRI, como lo prueban las actas en el Archivo General de la Nación (y que ella no consultó). En efecto, una reconstrucción de los dichos y hechos de los actores, como propone la autora, evidencia que los otros candidatos terminan reconociendo que los votos no les dieron la victoria.

Ex presidente de México

El talento de Margarita

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Los hay tan egoístas, que ni alma gemela tienen. Florestán

Cuando la semana pasada llegó a Los Pinos la versión de que el alcalde priista de San Felipe del Progreso había impedido, “por falta de autorización del gobernador del Estado de México”, que la esposa del Presidente de la República distribuyera regalos a los niños de ese municipio, pareció romperse la buena relación cultivada entre Felipe Calderón y el gobernador Enrique Peña Nieto.

A ello siguió una irascible reacción del Comité Ejecutivo del PAN, calificando al priista de “excluyente, cacique y primitivo”, adelantando la lucha electoral, no de 2009, sino de 2012, al afirmar que “es en el ejercicio del gobierno en el que se conocen las formas y conductas públicas de los gobernantes y el (no) evento de ayer (jueves 8) manifiesta una absoluta conducta caciquil”.

A la respuesta de Peña Nieto, la misma tarde del viernes, calificando el boletín panista de una declaración de guerra electoral y muestra de su desesperación, y diciéndoles a los del partido en la Presidencia que no deberían utilizar a la esposa del Presidente en un proceso electoral, siguió un ajuste silencioso del primer comunicado del PAN para eliminar las palabras “caciquiles y primitivas” con que había calificado las actitudes del mexiquense, que vio también cómo la cúpula de su partido lo dejó solo hasta el domingo, cuando se conoció la postura del Comité Ejecutivo Nacional priista, vía Beatriz Paredes, que ya para entonces sobraba: Margarita Zavala, con su talento político, había dado por totalmente superado el incidente, al igual que Peña Nieto, que la misma tarde del jueves había estado en Los Pinos con el Presidente y hablado dos veces con Margarita, para darle una explicación y decirle que esperaba que el malentendido no alterara sus buenas relaciones.

De este incidente, destaco la inteligencia política de Margarita Zavala, la torpeza del PAN, la pereza y egoísmo del CEN priista, y la intervención de diputados como interlocutores partidistas de Los Pinos, lo que resulta inaceptable, y más en tiempos electorales.

RETALES

1. PAGOS. La elección de Guillermo Ortiz como presidente del Banco Internacional de Pagos podría mantenerlo por otro periodo en el Banco de México a partir del próximo 1 de enero, si es que antes Calderón lo propone y el Senado lo ratifica. Todo ante la necesidad de factores de certidumbre, como lo es Ortiz, en medio de la crisis;

2. RECORTE. Este viernes, el Banxico haría un primer recorte a las tasas de interés, hoy en la banda de 8.25 por ciento. Para empezar podría ser hasta de medio punto; y

3. ALTURA. Arturo Sarukhán inicia el año como un reposicionado embajador en Washington, donde operó con efectividad el encuentro Calderón-Obama, ayer, y la visita de despedida a Bush, hoy, en la Casa Blanca.

Nos vemos mañana, pero en privado

El PAN, más allá de Germán y Espino

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Las declaraciones de Manuel Espino, la dura respuesta de Rodolfo Elizondo, las aguas turbulentas que parecen vivirse en sectores del panismo, están relacionadas, directamente, por una parte, con la evidente lucha interna para la obtención de las candidaturas a la Cámara de Diputados y de las 12 entidades que tendrán elecciones, seis de ellas para gobernador en julio próximo. Y, de la mano con ello, se relacionan con la lucha interna que se está librando en los sectores más conservadores del partido, que van desde una posición anticalderonista hasta quienes apoyan al Presidente pero prefieren un PAN ubicado mucho más a la derecha.

Las fracciones que se disputan el panismo son muchas, mas el eje de este conflicto se vive en los medios de la capital y se escenifica, sobre todo, en el Bajío. Cuando Germán Martínez habló de guanajuatizar el PAN no utilizó la expresión más adecuada, aunque el mensaje, para los panistas, era bastante claro: en Guanajuato, Jalisco, San Luis Potosí, Querétaro, el PAN tiene, con todas las diferencias lógicas de un partido en el poder, una estructura sólida que le garantiza gobernar pero también ganar elecciones. Eso es lo que quieren los panistas, sin embargo, el mensaje iba más allá: esa es la tierra de los que muchos llaman El Yunque o de los sectores más conservadores del PAN. Independientemente de cómo se califique a esos grupos, lo cierto es que tienen una estrecha relación con la Iglesia católica, peso político propio y siempre han mantenido un espacio de autonomía importante en el partido blanquiazul.

Germán Martínez, al hablar de guanajuatizar estaba enviando un mensaje a esos sectores con los que ha tratado de trabajar y establecer un acuerdo desde cuando asumió la presidencia del partido. La relación se había deteriorado sobre todo con la salida de Francisco Ramírez Acuña de Gobernación y la debilidad manifiesta de otros funcionarios de la zona en el equipo federal, quienes no están dando el ancho que sus responsabilidades requieren. Pero cuentan con peso e influencia en el ámbito local. En los hechos, entre los sectores con los cuales el calderonismo tenía diferencias estaban, por una parte, las corrientes netamente foxistas, con el ex mandatario y quizá con Manuel Espino como uno de sus exponentes más poderosos. Se encuentran los grupos o militantes que siguen sintiendo que Santiago Creel puede ser una opción en 2012 y quienes ahora están buscando un punto de encuentro con Creel y Jorge Castañeda, en una suerte de reedición (las segundas partes nunca han sido buenas) del Grupo San Ángel; están los panistas, como decíamos, del Bajío, calificados por algunos como El Yunque.

El equipo de Germán Martínez ha puesto distancia con las corrientes de Espino; se ha diferenciado, aunque sin tanta virulencia, con Creel, y ha buscado una alianza con las corrientes conservadoras, incluso, fuera del PAN, con los grupos sinarquistas. Ese papel, desde la toma de posesión en el partido de Martínez, lo jugó Carlos Abascal, quien hubiera podido ser, si no se lo hubiera impedido su enfermedad, secretario general del partido, en la nueva fórmula. Abascal estaba en condiciones de dialogar y mantener lazos con todos los grupos que no eran de la corriente calderonista.

Primero su enfermedad y luego su muerte obligaron a modificar las posiciones y los interlocutores. En Los Pinos juega un papel importante en la relación, sobre todo con esos sectores del PAN, el secretario particular del Presidente, Luis Felipe Bravo Mena, quien ha retomado muchas de las interlocuciones que tenía Abascal. Al mismo tiempo, César Nava fue al CEN panista para jugar una suerte de papel similar de cara a la campaña. Pero la confrontación más clara se da en otro ámbito: Manuel Espino quiere convertirse y tiene argumentos para ello, en el interlocutor, el representante de todas esas corrientes conservadoras que se aglutinaron en el foxismo, por la vía los amarres realizados desde la época electoral. La actual confrontación se ha dado porque la dirección del PAN no lo reconoce como tal y ha buscado entre los gobernadores a quien cumpla ese papel. Dos eran fundamentales en ese sentido, por una parte, Juan Manuel Oliva, de Guanajuato y, por la otra, Marco Antonio Adame, de Morelos. Fuentes panistas de primer nivel sostienen que Adame se ha convertido o va en camino de convertirse en el referente de esa corriente y quien está estableciendo los lazos con el CEN para las candidaturas del partido.

El mecanismo adoptado por el PAN y que tendría que haber sido ratificado en la reunión de anoche, no es diferente del que ya adoptó, con mayor disciplina, el PRI: en los estados con gobernador panista, lleva mano en las designaciones, el gobernador, aunque hay excepciones derivadas de los acuerdos o las distancias generadas en el pasado, un ejemplo es Marcelo de los Santos en San Luis Potosí; en los estados donde el PAN no gobierna es el CEN quien decide y, en las plurinominales, el CEN tiene la última decisión, no obstante acepta las propuestas de las otras corrientes para integrar una lista equilibrada. Los conflictos se están dando ahora con las gubernaturas, sobre todo en Nuevo León (o antes en San Luis Potosí), mas se podrán agudizar en las listas de candidatos a diputados.

Por eso Espino ha alzado la voz, debido a ello, la gente de Santiago Creel ha marcado diferencias, por eso vino la respuesta tan dura de Rodolfo Elizondo, los cuales todos, no por casualidad, fueron parte del equipo original del foxismo.

Allí están los jugadores y sus oposiciones internas en el PAN donde, por cierto, se incorpora al equipo calderonista Héctor Villareal, quien fue director del IMER, antes director de Comunicación de Creel en Gobernación y antes aún un cercano colaborador de Juan Ignacio Zavala y de Felipe Calderón. Ayudará en mucho al manejo de medios de Germán Martínez .

“Obama latino”: mexicanos en campaña

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Triunfa con métodos de comunicación comunitaria de César Chávez
Se estudia y exporta la tecnología electoral ganadora


Una explicación al gesto diplomático de Barack Obama hacia México y su gobierno pudiera localizarse en el arrollador voto latino expresado el 4 de noviembre pasado.

Y es que si bien todos saben que el voto latino determinó buena parte del triunfo de Obama en las presidenciales de Estados Unidos, también es cierto que detrás de ese inédito voto hispano se movió —por tierra y por la red de redes— una estrategia de comunicación comunitaria diseñada por lo menos hace cuatro décadas por personajes mexicoestadounidenses como el legendario César Chávez.

Esa es una de las primeras conclusiones a las que llega el periodista Wilbert Torre —ex corresponsal de EL UNIVERSAL en Washington— en su libro: Obama latino: mexicanos que inspiraron una campaña imposible —de próxima aparición—, en el que a partir de una “narración detrás de escena” documenta la influencia de mexicoestadounidenses en el diseño de un innovador concepto de campaña política que analizan especialistas de todos los continentes “ante la expectativa de que se convierta en el modelo de campaña del futuro”, no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo.

El triunfo de Obama —dice Wilbert Torre— significó distintos hechos inéditos para el voto latino: “Votaron 10 millones de hispanos —casi 10% del total de los votantes que acudieron a las urnas el 4 de noviembre—, y 25% más que los hispanos que votaron en 2004. Obama ganó con un porcentaje histórico: 67% de los votos latinos. El apoyo de los hispanos al Partido Demócrata aumentó en 14% comparado con 2004, cuando favorecieron a George Bush”.

¿Cómo fue posible que Obama ganara de manera contundente el voto latino? ¿De qué manera venció en estados con larga tradición republicana como Florida y en otros como Colorado, Nuevo México y Nevada? ¿Cómo pudo despertar a comunidades latinas adormecidas o insospechadas como las de estados como Virginia o Indiana?

Obama diseñó una “campaña imposible” a partir de dos plataformas. Un ejército formado por millones de voluntarios a través de herramientas tecnológicas como Facebook, MySpace, Hi5 y mybarackobama.com. Y la decisión de poner en práctica las teorías de organización comunitaria empleadas hace cuatro décadas por César Chávez, en la defensa de los mexicanos que cultivaron los campos de California.

El encargado de construir los ejércitos de Obama fue Cuauhtémoc Figueroa, mexicoestadounidense miembro de una familia de activistas de origen mexicano. Primero como director nacional de trabajo de campo electoral y después como director del voto latino en la campaña, Figueroa fue el responsable de entrenar a miles de organizadores y voluntarios que se trasladaron a todo el país para promover el espíritu de lucha y los valores proclamados por Obama.

Figueroa sacó de las aulas de Harvard a luchadores como Marshall Ganz, que fue director de Organización del movimiento de Chávez, con el propósito de preparar a miles de latinos en los llamados “campos de entrenamiento Obama”, que después se movilizaron a estados de fuerte presencia hispana del país para tocar puertas y llamar por miles. Inédita y arriesgada, la estrategia buscó tratar a los vecindarios latinos igual que a otros.

Eso requería reclutar y entrenar a miles de hispanos que entendieran a la comunidad. Es lo que hizo Figueroa durante casi dos años. Carlos Odio, un cubanoestadounidense que es la mano derecha de Figueroa, fue invitado en diciembre por el PSOE de España para impartir un taller de dos días para enseñar de qué manera es posible crear a un líder de masas a partir de mensajes directos y el empleo de las redes sociales en internet.

EN EL CAMINO

En los programas oficiales para paliar la crisis global, los gobiernos federal y del DF parece que acuden a la pasarela de las vanidades. Disputan dudoso mérito: ¿quién hace el mayor ridículo?

Mago negro, hermandad blanca

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy

La foto con Obama le viene bien, de maravilla, a Felipe Calderón. La imagen del apretón de manos y la sonrisa de anuncio de pasta de dientes, es la que buscarán muchos líderes mundiales, en particular de América Latina, que anhelan aparecer junto a la nueva estrella de la política estadunidense, a unas cuantas horas de que se lleve a cabo el rito comunal que encumbrará al primer mago del siglo 21.

La única destreza de Obama que se puede documentar hasta el día de hoy, es que creamos que puede hacer prodigios. No es poco. “Voy a cambiar al mundo”, dijo en pleno trance proselitista y, lo que es verdaderamente inusitado, mucha gente, comenzando por comunicadores profesionales que deberían escépticos, le creyó. Si hubiera dicho: “levitaré el día de mi toma de posesión”, seguramente algunos, acicateados por la cobertura mediática, que lo presenta como nuevo mesías, le hubieran creído. Obama es como un hechicero cuya tribu confía en que sus poderes traerán prosperidad a un pueblo que se encuentra sumido en la recesión y el desprestigio.

El encanto de Obama no se transmite por ósmosis, de manera que no hay riesgo de que Calderón regrese de Washington convertido en un tipo carismático, a pesar de su sangre de plomo. Dirán que me gusta sufrir, pero prefiero mil veces a un político profesional, serio y pragmático, a otro que asegure que puede apaciguar vientos salvajes con decir algunas palabras mágicas a través de la web.

¿Quién ganó?

Sostienen expertos en relaciones internacionales que la reunión Obama-Calderón fue un triunfo de la diplomacia mexicana que logró arrebatarle hora y media al valioso tiempo del presidente electo de Estados Unidos. Tal vez. Podría leerse al revés. La oportunidad, me parece, fue para Obama que sabe poco de lo que sucede en la frontera sur del vetusto imperio del que se hará cargo dentro de una semana.

Si de verdad la seguridad es la prioridad de la política exterior de Estados Unidos, creo que Obama, una vez que tome posesión del cargo, debe solicitar que Calderón lo reciba en Los Pinos durante el tiempo que sea necesario para que lo ponga al tanto. Para que le explique que, a unos cuantos kilómetros de importantes ciudades de Estados Unidos y de instalaciones estratégicas militares en Nuevo México, está en curso una guerra entre el Estado mexicano y las bandas del crimen organizado que el año pasado dejó un saldo superior a las cinco mil ejecuciones. Los pistoleros de la mafia, que son miles, están pertrechados por una variedad escalofriante de armas largas, cortas y municiones procedentes de armerías de Estados Unidos, creando una zona de ingobernabilidad que debería tener francamente preocupados a los líderes norteamericanos.

En poco tiempo, el mago Obama deberá demostrar que tiene muchos trucos en sus alforjas, pues de otra manera antes de que termine el verano se confirmará lo que la historia nos ha enseñado: en Estados Unidos la magia se restringe a Hollywood y en Washington brotan halcones, no palomas, de las chisteras.

A las cosas por su nombre

El regreso de Carmen Aristegui al cuadrante radiofónico es una buena noticia. Lo es por las circunstancias ingratas en las que hace un año dejó el sistema Radiópolis, sin relación con los niveles de audiencia o la facturación comercial, sino con lo que se llamó en su momento “el modelo editorial”, que fue una forma, digamos light, de reconocer que la periodista resultaba incómoda para los dueños españoles y mexicanos de ese negocio. Lo que los radioescuchas podemos esperar de Aristegui es que nos ofrezca un punto de vista diferente sobre las noticias del día, pero también y sobre todo que ponga a consideración de la ciudadanía temas que en otros espacios no aparecen. La uniformidad de la agenda informativa en la radio mexicana exaspera y genera suspicacias. Queda la impresión de que hay asuntos que más vale dejar en paz y no ventilarlos en público. La enhorabuena es para Carmen pero también para todos los integrantes de su equipo y para los directivos de la empresa que la contrató, pues la confección de un programa noticioso es, por definición, una tarea colectiva. Sintonizaré con frecuencia el 102.5 de FM.

Carlos Salinas y la señora Anaya

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Algo le falló esta vez a Carlos Salinas de Gortari al rematar su texto en MILENIO con la afirmación de que “quien le haya contado a la señora Anaya una reunión con ese contenido, le mintió, o la autora lo inventó”.

La señora Anaya es la periodista Martha Anaya, autora del libro de reciente aparición 1988: el año que calló el sistema, sobre aquellos accidentados comicios.

La reunión es la descrita en la página 98: “El 27 de agosto de 1988, Carlos Salinas de Gortari se reunió con Manuel J. Clouthier y el presidente del PAN, Luis H. Álvarez. El encuentro, al igual que el del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas un mes atrás, se realizó en secreto. Tuvo lugar en la casa del empresario Juan Sánchez Navarro y asistió también Manuel Camacho. Esa noche, el PAN y el PRI pactaron el arribo de Salinas al poder”.

Quien cuenta el episodio en el libro es José Luis Salas Cacho, coordinador de la campaña del candidato del PAN Manuel Clouthier. Lo hace en detalle y on the record. Es una fuente autorizada y varios de los personajes entrevistados por Martha Anaya le agregan verosimilitud al relato.

—¿Leyó mal el libro Salinas, señora Anaya?

—Yo no sé si lee mal o si no lo leyó. Yo tengo la grabación de Salas Cacho. Le mandé el texto y lo revisó para que no hubiera malos entendidos. Hoy platiqué con él y me dijo que cómo podía Salinas negar eso. Me dijo que refrenda la versión del pe al pa.

Sería interesante escuchar la reconfirmación de los hechos en voz de Manuel Camacho, entonces embajador político plenipotenciario de Salinas, con quien rompió públicamente en septiembre de 1995 y al que desde entonces combate de alguna forma.

Para aclarar la historia.

Se acabó el disparate

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

Los pesimistas dirán que la reunión celebrada ayer entre el presidente de México, Felipe Calderón, y el presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, fue protocolaria y no arrojó resultados concretos. Falso.

Para empezar, ya hay otra vez relaciones entre México y Estados Unidos a nivel de mandatarios.

¿Qué más concreto que eso?

La relación Fox-Bush terminó hecha un desastre y la de Calderón con el presidente saliente simplemente no existía.

Ese lujo no se lo pueden dar dos países que comparten más de tres mil kilómetros de frontera, poseen el récord de cruces de personas a través de la línea divisoria, tienen un Tratado de Libre Comercio y están vinculados por lazos familiares como pocas naciones en el mundo.

Si la culpa era de allá o de acá, es lo de menos. El caso es que ese disparate ya se acabó.

Calderón y Obama están dispuestos a un relanzamiento de las relaciones entre los dos países, lo que implica un regreso a la sensatez.

Luego, el planteamiento de Obama en el sentido de que buscará estrechar los vínculos con América Latina a través del liderazgo del presidente Calderón, es un hecho concreto de valor político.

El interlocutor latinoamericano por excelencia del próximo gobierno de Estados Unidos, no será Brasil ni Colombia, sino México.

De nuevo las cosas vuelven al lugar de donde nunca debieron haber salido.

Lo dijo Felipe Calderón en la comida con embajadores y cónsules en Palacio Nacional el pasado viernes. Cuando tomó posesión estábamos mal con Cuba y con Estados Unidos.

Ese otro disparate también se acabó.

El encuentro de ayer fue cálido, fue en territorio mexicano (el Instituto de la Cultura de México en Washington) y se dio un paso firme para ordenar las relaciones y acometer las tareas comunes.

Lo que viene ahora es construir. Y para ello es preciso evitar los errores del pasado reciente.

Ahora los presidentes Calderón y Obama tienen la oportunidad de concretar una nueva relación, y dejar atrás más de una década perdida en las relaciones México-Estados Unidos.

Ayer el Presidente de México habló a Obama de una “alianza estratégica” entre los dos países.

Eso es precisamente lo que se necesita. Y desde hace tiempo.

Con Estados Unidos no hay más camino que entendernos, porque nos conviene a ambos.

“Entre más seguro esté México, más seguro será Estados Unidos”, dijo Calderón en Washington.

Ahí hay terreno para una alianza estratégica, que beneficie a los dos países.

El problema del crimen organizado no es únicamente de México, sino también de Estados Unidos que tiene parte de la responsabilidad del crecimiento de las bandas criminales en nuestro país, que llevan la droga a las calles de la Unión Americana.

Al paso que vamos, las vendettas, ejecuciones y decapitaciones llegarán a las ciudades de Estados Unidos.

Eso hay que atajarlo juntos.

El tema de la economía, que con razón consume gran parte del tiempo y de las preocupaciones de Obama, amerita respuestas conjuntas en muchas áreas.

Lo mismo en el terreno de la migración. Por poner un ejemplo: sería excelente que las granjas avícolas y porcícolas que operan con cien por ciento de empleados mexicanos en Estados Unidos, se instalen aquí.

¿Por qué no poner fronteras virtuales dentro de México, para facilitar el movimiento de nuestras exportaciones?

Aeropuertos binacionales, por ejemplo. Aquí y allá.

Que personal de migración de Estados Unidos opere en nuestros aeropuertos para facilitar la llegada de mexicanos al vecino país.

Y lo mismo al revés. Que personal de migración de México opere en aeropuertos de Estados Unidos a fin de que los turistas lleguen a nuestro país como si fuera un vuelo local.

Hay mucho por hacer. Desde esos temas hasta otros de mayor calado como el libre tránsito de personas y de inversiones.

En fin, el paso que se dio ayer fue positivo. Ordena las cosas y abre el futuro.

Ojo con despilfarrarlo.

¿Nos ama Obama?

Carlos Loret de Mola
Historias de un reportero
El Universal

¿Qué quiere México de su relación con Estados Unidos? Salinas quería un TLC, Zedillo un rescate financiero, Fox un acuerdo migratorio… ¿y Calderón?

Una noche antes de que el entonces presidente electo Calderón los anunciara públicamente, una muy respetada fuente del más alto nivel de Los (actuales) Pinos confió a este reportero quiénes integrarían el gabinete de Seguridad.
—…En Cancillería, Patricia Espinosa…

—¿La del Instituto de las Mujeres? —fue la réplica, pues así se llamaba la que encabezaba este organismo en tiempos de Fox.

—No. Ella era embajadora en Austria.

¿Por qué Calderón habría de colocar a alguien tan absolutamente desconocida en un puesto de tan alto nivel? La mañana siguiente, durante el discurso del mandatario electo, se despejaron las dudas: puntualizó que si bien Patricia Espinosa sería canciller, la relación con Estados Unidos la llevaría Arturo Sarukhán.

En la prensa se publicó pronto la respuesta al galimatías: Espinosa estaría dos años en Cancillería, en lo que Sarukhán se fogueaba en la embajada de México en Estados Unidos y luego él llegaría al relevo.

La ecuación política no reparó en que, en dos años de gestión, “la desconocida perfecta”, sin meterse en escándalos, reconstruyó la relación de México con Cuba, Venezuela y Bolivia, incluyó al país en el Consejo de Seguridad, también en el G-20, salvó el delicado expediente de Lucía Morett con la guerrilla colombiana en Ecuador; y sin dejarse dominar por la sagacidad de Sarukhán, fue clave para pactar la Iniciativa Mérida y contribuyó a conseguir que su jefe fuera el único mandatario al que recibiera el presidente electo estadounidense.

Sin embargo, hay algo que no ha dejado claro el gobierno: ¿qué quiere México de su relación con Estados Unidos? Salinas quería un TLC, Zedillo un rescate financiero, Fox un acuerdo migratorio… ¿y Calderón?

En contra de lo que piensa el mundo, Barack Obama no está interesado en rescatar al planeta, sino en salvar a su país. Él actuará por los intereses de EU. México no está en la agenda de prioridades del sucesor de Bush. Antes aparecen Irak, Irán, Afganistán, Israel, Palestina y todas las naciones que integran la Unión Europea. El presidente Calderón necesita encontrar una ruta de inserción en la opinión pública gringa para contrarrestar el efecto negativo que causan las cotidianas noticias de cruces ilegales masivos en la frontera y la narcoviolencia incontrolable, necesita “ser alguien” para el público estadounidense.

Se trata de dar el debate, ganarlo y entonces negociar en distintas condiciones lo que quiera. Y a ver qué consigue.

SACIAMORBOS

A veces, con tantos factores en juego, el hilo se quiebra por lo más delgado, lo menos espectacular, lo no conspirativo de la intratable burocracia mediana. No sólo me pasó. Vi que pasara. Bienvenida de vuelta.