enero 14, 2009

Paco Calderón

En lo que México es prioridad

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Mientras que en la prensa de México la reunión de Calderón con Obama fue una de las noticias principales, en los medios estadunidenses apenas se reportó y de pasadita. En el sitio de internet de The New York Times, se publicó una nota de la agencia Associated Press el domingo que daba cuenta de la reunión que se llevaría a cabo al día siguiente. El énfasis era en la guerra de México en contra del crimen organizado. Decía que el Departamento de Justicia de EU consideraba a los cárteles mexicanos como la mayor amenaza del crimen organizado para ese país. La nota también hablaba del tema migratorio. Los expertos consultados afirmaban que una reforma migratoria sería impensable para Obama en el actual clima económico.

Ayer, mientras los principales diarios mexicanos le dedicaban páginas completas a la reunión Calderón-Obama con una precisión meticulosa en los detalles, busqué en el mismo sitio de The New York Times cómo había reportado este medio dicho evento. Sólo encontré una nota que afirmaba que Obama iría al Capitolio a empujar su plan de rescate. En un párrafo intermedio decía: “Después de reunirse con el presidente de México el lunes, Obama dijo que los 350 mil millones de dólares serán críticos para…” Una frase, así, de pasadita, para concentrarse en el tema económico que es el prioritario en el vecino del norte.

El sitio del Washington Post fue más generoso con la reunión. Incluyó una nota de la agencia Associated Press. Se informaba que Obama discutió el Tratado de Libre Comercio, la seguridad fronteriza, la migración y, en general, el hemisferio occidental. Sobre Calderón, enfatizó la frase que dijo en inglés de que “entre más seguro esté México, más seguro estarán los EU”. Y aunque se mencionaba que se comió sopa de tortilla, no se señalaba el sinfín de datos que la prensa mexicana sí reportó como el agua de jamaica que tanto gustó a Obama, las obras de arte que vio y hasta la manera en que saludó al Presidente mexicano. El Washington Post publicó una foto de Obama cuyo pie informa que el presidente electo “habló con los reporteros durante su reunión con el presidente mexicano, que no aparece en la imagen, este lunes en Washington”.

Esto en cuanto a la reunión Calderón-Obama. De la demás agenda del presidente en Washington, no encontré ninguna nota periodística en ambos diarios, los de mayor influencia en EU. Parecería, entonces, que México ni fu ni fa para su vecino del norte. Todo indicaría que habrá una relación, como dicen en inglés, de business as usual, es decir, sin grandes cambios estratégicos. Que las burocracias de cada país se dedicarán a resolver los problemas de la compleja agenda de los dos vecinos, y nada más.

Ahora bien, esta percepción contrasta con las historias que están apareciendo casi cotidianamente en todos los medios estadunidenses acerca de la violencia en México. Ahí sí que hay una cobertura amplia y fuerte, sobre todo por las verdades que muchas veces no queremos escuchar en nuestro país. Y también están los reportes de las agencias gubernamentales de EU que empiezan a hablar con preocupación de México. Por ejemplo, de acuerdo con una nota en El Universal, para el Departamento de Defensa de EU, nuestro país “junto con Pakistán son los países del mundo en donde podría darse un colapso rápido y repentino que requeriría intervención militar”. Como lo dijo Enrique Krauze el otro día, en los pasillos de Washington comienza a permear la idea de que México podría convertirse en un Estado fallido por la presencia tan poderosa del crimen organizado.

La conclusión es triste: México es prioridad en EU sólo cuando se habla de violencia e inseguridad. La visita de nuestro Presidente merece poca cobertura. Pero, cuando se habla de secuestros, armas o drogas vean la cantidad de notas que aparecen en el sitio de The New York Times. Sólo tienen que poner la palabra México en su buscador de noticias.

El espíritu de ‘Casablanca’

Jorge Chabat
jorge.chabat@cide.edu
Analista político e investigador del CIDE
El Universal

No es difícil imaginar al presidente mexicano, Felipe Calderón, y al presidente electo estadounidense, Barack Obama, caminando en medio del frío de Washington, enfundados ambos en negras gabardinas, en una escena que recuerde el final de la película Casablanca: Calderón diciéndole a Obama “Creo que este es el inicio de una larga amistad”.

Lo cierto es que no sabemos si la amistad del filme se mantuvo con el paso de los años, pero esta escena se ha visto ya en varias ocasiones cuando hay un nuevo presidente en Estados Unidos. Pasó con Bush y Fox, cuando el presidente estadounidense visitó el rancho San Cristóbal, lo cual dio pie para que algunos analistas, imbuidos por el espíritu de la película Casablanca, auguraran el surgimiento de una “amistad vaquera” entre los presidentes de los dos países. Sin embargo, esta amistad no duró mucho y en 2003 hubo ya serios enfrentamientos con motivo de la invasión a Irak.

Con la visita de Calderón a Washington resurge el espíritu de la película Casablanca: ahora sí México va a contar con un buen amigo en la Casa Blanca, valga la redundancia, y la relación va a ser miel sobre hojuelas. Y ciertamente la gran cordialidad mostrada por Obama hacia Calderón podría dar pie a tal especulación.

Sin embargo, la historia muestra que una cosa es ser cortés y otra tener la capacidad para solucionar los problemas.

Finalmente, el presidente de Estados Unidos está sujeto a muchas presiones externas e internas, y aunque realmente haya una gran simpatía hacia su colega mexicano, estas presiones al final harán que no sea tan fácil complacer en todo al vecino. Y en ese sentido, el peor error que podría cometer el gobierno mexicano sería confundir la cordialidad con la capacidad para satisfacer las demandas mexicanas.

Hay ciertamente temas que interesan a EU, como la situación de inseguridad en su frontera sur, y ello puede dar tal vez pie para negociar concesiones en los temas que interesan a México, como un mayor control a la venta de armas y una reforma migratoria. Pero pensar que ahora sí ya el “acuerdo migratorio” —cualquier cosa que eso signifique— está a la vuelta de la esquina sería repetir la equivocación del gobierno de Fox.

La entrevista Calderón-Obama es sin duda algo que celebrar para el gobierno mexicano. Esta reunión hará que México esté en el radar de Obama, pero esperar grandes cambios en la relación bilateral es ilusorio. El nuevo presidente de Estados Unidos estará muy ocupado los siguientes meses en solucionar la crisis financiera internacional y, si tiene éxito en esta tarea, tal vez comenzará a dedicar algún tiempo a la relación con México.

Así pues, la entrevista en Washington debe ser motivo de satisfacción para la diplomacia mexicana pero no para echar las campanas a vuelo. Puede ser el inicio de una relación cordial entre ambos presidentes, pero pensar que con ello se resolverán todos los problemas en la relación bilateral es simplemente un error.

El libro de Ahumada

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Conversé en los primeros días de enero con Carlos Ahumada en su casa de San Ángel. Estaba preparando el regreso a Buenos Aires. Me dejó una copia de su libro: “Aquí está, le faltan unas 20 páginas; velo y ojalá quieras escribir el prólogo”.

Las 150 páginas que leí son trepidantes. No entiendo la pasión de Ahumada por las sobredosis de adrenalina. Me consta lo que sufrió entre 2004 y 2007. Lo escuché arrepentirse y, sin embargo, aquí viene de regreso con un libro que cuenta todo, todo, sobre los videoescándalos. Y que va a volver a tocar famas y prestigios y, sin duda, revivirá a sus enemigos y enfurecerá a otros que hoy, todavía, no lo son.

Ahumada preparó un formato para bloquearse las salidas fáciles: el de las preguntas y respuestas. Preguntan 13 periodistas (Carlos Marín, Luis González de Alba, Óscar Mario Beteta, Manuel Feregrino, Jorge Fernández Menéndez, Pablo Hiriart, Adela Micha, Ricardo Alemán, Carlos Ramírez, Nino Canún, Ricardo Pascoe, Carlos Ramos Padilla y Guadalupe Rincón), sus tres hijos, su esposa Cecilia y su cuñada Beatriz.

Las respuestas son minuciosas y muy generosas. Va al detalle. Se fijó como objetivo no gastar papel y tinta a lo tonto: “Escribo el libro para contarle y explicarle a mis tres hijos cómo fueron los hechos, quiénes participaron, qué hicieron y por qué lo hicieron”, dice con la convicción del que se prepara para una segunda Cruzada. “Es una promesa que les hice a mis hijos y estoy cumpliendo”.

El desfile de personajes es opulento. De más de uno me cuesta creer lo que Ahumada narra. Voy a releer el texto el fin de semana antes de aceptar la invitación.

Él quiere que esté circulando a principio de la primavera.

Calderón, Obama y las alianzas estratégicas

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

La visita del presidente Calderón a Washington ha sido mucho más exitosa de lo que se esperaba, ha logrado pasar de la formalidad protocolaria a establecer algunos puntos de inicio muy importantes en el relanzamiento de la relación bilateral. Es verdad que, en muchas ocasiones, en este tipo de encuentros se dicen muchas cosas que al final no se cumplen, pero ahí quedan para el registro algunos compromisos que no son menores: Barack Obama dijo, a una semana de que asumirá el poder, que la interlocución con América Latina va a pasar en buena medida por la relación con México, lo que hace más importante aún la reconstrucción de relaciones que la cancillería ha logrado con varios países de la zona, sobre todo con Cuba, donde se hará imprescindible una intermediación de cara a la transición que más temprano que tarde tendrá que realizarse en la isla. Obama ha destacado también la necesidad de profundizar las políticas de seguridad y de lucha común contra el narcotráfico, incluida una revisión mucho más estrecha de la venta de armas de Estados Unidos a México, y habló, también, de actualizar el TLC.

Prácticamente lo mismo planteó Calderón: una estrategia nueva, conjunta, contra el crimen organizado, insistió en el tema de las armas, y tanto en la reunión con Obama como con los congresistas (e incluso en el encuentro de despedida con George Bush), habló de la profundización del TLC, a base de incluir, dijo, temas laborales y ambientales. Pero fue más allá Felipe Calderón e insistió, durante el encuentro en el Instituto Cultural Mexicano (la antigua embajada de México, antes de que fuera trasladada a unas cuadras de la Casa Blanca, en la avenida Pennsilvania), con la propuesta de una “alianza estratégica” entre México y Estados Unidos.

No es un tema menor: si realmente se piensa avanzar en una alianza estratégica, se debe retomar el camino que, por distintas razones, se perdió después del 11 de septiembre de 2001, por responsabilidad de Estados Unidos y también de México. Allí el daño más grave no estuvo solamente en que Washington enfocó desde entonces todas sus baterías hacia combatir al terrorismo y luego en su catastrófica aventura en Irak ni tampoco, en sí, en que México, como muchos otros países, no apoyara esa intervención militar en la ONU. El error más grave se cometió el 11 de septiembre y en las horas posteriores, cuando, pese a la insistencia del entonces secretario Jorge Castañeda, el gobierno de Vicente Fox no se decidió por ofrecer el respaldo y el apoyo incondicionales que se requería ante un ataque terrorista de las dimensiones del 11-S. Desde entonces la relación perdió rumbo, se agudizó con el tema Irak, la violencia en la frontera, el incremento geométrico de la venta de armas desde Estados Unidos a México y el reblandecimiento de la lucha contra el narcotráfico en varios lugares del país. México cumplió escrupulosamente en ese periodo y, después, con las medidas de seguridad global que fue implementando Estados Unidos y en ello ha habido antes y ahora un amplio reconocimiento, pero no fue sino hasta el encuentro de Calderón y Bush en Mérida, cuando se trató de colocar la relación sobre proyectos estratégicos que fueran más allá de los acuerdos puntuales. De ahí salió la Iniciativa Mérida, la primera desde 2001 con una visión de largo plazo y de colaboración real, pese a todas sus limitaciones, pero con la administración de Bush ya no había mucho más que construir. Había que esperar.

Ahora, con el inicio del gobierno de Obama, se pueden hacer muchas cosas y deben, como lo dijo Calderón, orientarse hacia la construcción de una verdadera alianza estratégica con Estados Unidos y Canadá. Ello no debe debilitar ningún otro lazo diplomático (como el papel que juega España en la Unión Europea no debilita sus lazos con Latinoamérica, al contrario, los fortalece) y debería consolidar la posibilidad de una visión común. Ella hoy no termina de existir ni en México ni en Estados Unidos, y se debe reconstruir.

La crisis, paradójicamente, es una oportunidad histórica para transitar por ese camino: son demasiadas las cosas que tendrán que cambiar, en la Unión Americana y en su relación con el mundo, para sobrellevar la crisis y regresar a un sendero de recuperación. En su comparencia para la confirmación ante el Senado, apenas ayer la próxima secretaria de Estado, Hillary Clinton, que conoce México y fue la que llevó el voto latino para Obama, insistió en que se debe hacer un esfuerzo “más profundo” en establecer una alianza contra el narcotráfico con México, porque el mismo constituye un “peligro común”, y también sostuvo que se debe asumir que hoy “Estados Unidos no puede resolver los problemas más apremiantes por su cuenta y el mundo no puede resolverlos sin Estados Unidos”. En esa lógica, la posibilidad de establecer acuerdos mucho más profundos, alejándose, como también lo pidió Hillary Clinton ante el Senado, de las decisiones rígidamente ideológicas, para establecer una suerte de “matrimonio de principios y pragmatismo”, puede estar el espacio para avanzar en esa alianza estratégica.

La pregunta no es si resulta necesaria (es imprescindible y es el destino lógico de México en la conformación de grandes bloques regionales), sino si la clase política está dispuesta a asumirla a ambos lados de la frontera. No habrá, no puede haberlos, pasos extraordinarios y que establezcan esos acuerdos de un día para el otro. No es posible ni deseable: pero sí es posible tener la visión estratégica de hacia dónde se puede y debe marchar y, a partir de allí, establecer los lazos, los acuerdos, los pactos, que permitan avanzar hacia ese objetivo. Y el momento para hacerlo es ahora. Es verdad que la administración de Obama tiene que resolver muchos problemas, de todo tipo, en muchas partes del mundo. Por eso México, para Obama (y su gobierno para México) debe ser parte de la solución y no del problema.

Honestamente no es así

Mauricio Merino
Profesor investigador del CIDE
El Universal

Es verdad que en México no se está masacrando a la población civil, pero es falso que en las calles se viva un ambiente de paz y tranquilidad.

Ambas afirmaciones las hizo el presidente Calderón al instruir al cuerpo diplomático a divulgar una buena imagen del país en el extranjero. Les ordenó decir que México no tiene un Estado fallido y que estamos lejos del caos. “Honestamente no es así”, añadió el Presidente. Y ordenó divulgar que estamos viviendo un proceso de recomposición institucional, en medio de una guerra contra y entre bandas de delincuentes. Pero nada más: el resto de la vida nacional está en paz.

Sabemos que el gobierno de Calderón le ha otorgado una alta prioridad a su imagen. Si para algunos gobernar es seleccionar y solucionar (o gestionar con éxito) los problemas públicos, para el gobierno de la República parece que lo fundamental es más bien persuadir: convencer a propios y extraños de la buena marcha de las políticas emprendidas desde Los Pinos.

Y en esa lógica, gobernar equivaldría a decidir y comunicar: a decir una y otra vez que las cosas están bien y que los problemas más apremiantes de México son, acaso, el costo temporal que debe pagarse por haber tomado las decisiones correctas. El costo de la limpieza y el cambio, y no la causa del deterioro y el desgobierno.

No soy el primero en observar que el entorno hermético de Los Pinos está medrando sobre la visión cotidiana del Presidente. Esto ya les había sucedido a varios de sus antecesores: la distancia que los separaba de entrada del ciudadano común y corriente se fue ensanchando conforme avanzaba el sexenio hasta acabar, en algunos casos, en el paroxismo.

Una visión construida a modo de sus deseos, que terminó por desmentirse con la dureza implacable de la realidad: Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo, Carlos Salinas y Vicente Fox han sido los casos recientes más elocuentes.

No estoy diciendo que el Presidente mienta de manera deliberada. Por el contrario, lo grave es que parece convencido de su propia verdad.

Da la impresión de estar seguro, de veras, de que la gente puede caminar por las calles de México sin temores de ninguna índole, y de que los mexicanos vivimos en paz y tranquilidad. Parece persuadido de que las preocupaciones sobre la inseguridad física (y económica) del país han exagerado sus enemigos con el propósito de causar daño. De modo que hay que contrarrestarlos.

Pero si la vida en las calles de México le parece apacible, con mayor razón debe parecerle la capacidad de su gobierno para sacar adelante las decisiones que ha puesto en marcha: todo es cuestión de tiempo.

Cree con sinceridad (o eso parece) que las policías serán purgadas con éxito, que su administración ejercerá el gasto anticíclico con eficacia y honestidad y que la crisis económica será temporal. Da la impresión de que confía de verdad en que todo eso sucederá. Pero resulta que afuera y abajo, en las calles y entre la burocracia de carne y hueso, las cosas son mucho más difíciles.

Comprendo que no puede pedirse que el Presidente se vuelva en contra de sí mismo. Entiendo de sobra que debe defender la eficacia de su gobierno y de sus políticas. Lo que preocupa es que siga creyendo, como lo dice, que la vida del país está bien y que la sociedad debe ser paciente para celebrar el producto de sus decisiones.

Eso, en definitiva, no es cierto: la gente está preocupada y la sociedad fracturada, las calles nos amenazan todos los días, las burocracias no están funcionando y el futuro es incierto. Honestamente es así.

Todo un compromiso para... Dios

Marielena Hoyo Bastien
producciones_serengueti@yahoo.com
Animalidades
La Crónica de Hoy

Para mucha gente, como menos, resultó un total disparate la personalísima decisión que tomó Rogelio Andrei Vargas Berroeta cuando sin más armas que su fe, una Biblia y su teléfono celular, saltó al interior del exhibidor abierto de los tigres de Bengala en el Zoológico de Chapultepec -justo hace ocho días- mientras hacía gala de su recinto, en solitario, la hembra Girindra que procedente del zoológico de Tlaxcala llegó por intercambio hasta el Alfonso L. Herrera de la capital mexicana hace apenas 4 años, seguramente para rellenar el vacío que dejó la muerte y falta de reproducción de una hermosísima pareja de tigres blancos para los que expresamente se diseñó el lugar y cuya muerte, por supuesto, se mantuvo convenientemente callada a pesar de que apuesto a que los ineptos encargados de ese triste y cuestionable inmediato pasado de la Institución se la cargaron a la edad. Pero… será asunto del que me ocuparé en otra ocasión para seguir por ahora sobre el que estaba y que también levantó sospechas de que el joven, con 23 años de edad, hubiera actuado bajo los influjos de alguna sustancia prohibida. Pero no, los resultados toxicológicos que por examen de orina y sangre se le realizaron durante su breve hospitalización, indicaron que no había consumido ningún producto que lo hubiera trastornado. Por otra parte, su madre y el mismo Andrei me confirmaron no tener determinada profesionalmente ninguna enfermedad psiquiátrica. ¿Entonces?

Resulta simplemente que la noche anterior a los hechos y según el mismo chico me relató, recibió un llamado para probar su fe en Dios que le pidió ponerse frente a los tigres y que por ello acudió a Chapultepec, donde el exhibidor abierto le permitiría cumplir su mandato. Tal cual lo hizo. Y es que…

Entender estos asuntos de los mandatos divinos difícilmente puede comprenderse por el común de las mentes. Generalmente son sucesos que se registran, dentro de nuestro estrecho y convencional círculo de ¿normales?, como resultado de un trastorno mental. Que no dudo pudo haberse dado de forma aguda o… qué se yo. Habrá qué ver. Y aunque a fin de cuentas el hecho no pasó a mayores y hasta el momento el Gobierno del D. F. no ha determinado ninguna acción legal en contra Vargas Berroeta, situación que bien pudo darse puesto que el Zoológico ninguna responsabilidad tuvo en los hechos y sí los padeció, ello no debe omitir la obligación de atender debidamente al citado que, convencido de que tiene una misión, habrá de encausársele positivamente para que la satisfaga sin daño a él mismo o a terceros. Se está a tiempo pues…

Por ahora el chico está tranquilo. Sí, consciente del peligro que corrió y no se qué tanto del riesgo en que puso al personal y resto de visitantes del Zoológico y, del dolor y preocupación que seguramente padecieron sus padres y hermanos, pero…

Más que nunca sorprendido gratamente por la respuesta de Dios a su fe. Para más, está teniendo una rapidísima recuperación no sólo de las heridas físicas que pudiendo haber sido fatales no lo fueron, sino también de la rudísima experiencia espiritual que vivió y que me aseguró no intentará retomar porque…

Han de perdonarme, pero si no se cree en milagros, aquí definitivamente puede reconocerse uno pues… además de la rapidísima y muy eficiente respuesta del personal del Zoológico que resultó indispensable y puntual instrumento celestial para la salvación de Andrei, debe reconocerse la reacción nada común en un individuo perteneciente a una de las especies más poderosas de la creación, hembra para más, que pudiendo ejercer todas sus facultades y atributos como hábil e implacable depredador, sólo propinó al intruso algunos leves mordiscos después de haberlo estudiado cuidadosamente, rodeándolo, olisqueándolo, colocándose tranquilamente en momentos junto a él; imprimiéndole una mirada que delataba el ejercicio mental que el animal estaba realizando para reconocer como familiar el aroma que desprendía esa presa y que al no tenerlo registrado como algo amistoso la obligó a responder como tigre soltando un fuerte manotazo que de inmediato mandó al joven a la lona y que igual de rápido lo desvistió de la chamarrilla con capucha que traía puesta y que para el animal no representaba más que un enemigo con colores no perceptibles al ojo felino, pero suficientemente contrastantes en claroscuros como para informarle peligro. Por ello decidió jalar con el hocico y de los pies a su presa hasta lugar ¿seguro? donde fue enfrentada por sus cuidadores lo suficiente como para alejarla del chamaco, para entonces, aterrado ante su segura muerte. Aquella figura una vez en pie, decidida a dar cumplimiento a su mandato de obediencia, ya no se no se vislumbraba concentrada en su reto. Ya no escuchaba. Ya no sentía. Estaba en shock y… ese pequeño que alguna vez participó en los cursos de verano que en mi tiempo como titular del Zoológico de Chapultepec se organizaban; ese niño que muchas veces nos escuchó hablar de la bondad y nobleza de “las fieras”, no sólo quedó convencido de la bondad de Dios sino que pudo comprobar que no le mentimos sobre los animales, solo que habrá de hacérsele entrar en razón.

Sabrán los lectores, lectoras queridos todos, por qué lado toman la historia. Si como un acto de locura o de extrema fe o las dos cosas. Pero de que obró milagro… ni duda.

EN OTROS ASUNTOS… la radio vuelve a respirar con la presencia no sólo de Carmen Aristegui al frente del noticiario estelar de la frecuencia 102.5 de FM, sino que para más, siguiéndola está mi admiradísimo Enrique Ganem digiriéndonos muy acertadamente la ciencia y a luego se abre el espacio de mi queridísima e inteligente, siempre dinámica, Susanita Moscatel, TAL CUAL es. Como postre se inauguró en TV mi también queridísimo Mariano Osorio, de corazón entero para el humano y ¡enorme! para los animales. A todos, la mejor de las suertes.

Reunión

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

He buscado en la prensa de Estados Unidos la noticia del encuentro de los presidentes Obama y Calderón, que ocupa la primera plana de nuestros diarios. No encontré la nota en la primera plana de The New York Times ni en la de The Washington Post. Tampoco en las páginas interiores, aunque sólo revisé la versión digital.

El trato periodístico no resume las prioridades de Obama, desde luego, pero sí el interés de los medios.

La primera plana del Times está ocupada por la efigie de George W. Bush en varias expresiones durante una conferencia de despedida. “Errores, tuve algunos”, dice Bush. La noticia destacada sobre Obama es que instruirá desmantelar la prisión militar de Guantánamo.

El próximo secretario de Prensa de la Casa Blanca, Robert Gibbs, emitió un comunicado de dos páginas resumiendo las conversaciones tenidas durante la reunión de los presidentes.

Según Gibbs, Obama propuso a Calderón “actualizar” el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, “para fortalecer las medidas laborales y ambientales que reflejen los valores que son compartidos ampliamente en nuestros países”. Es parte de la vieja agenda demócrata en el TLCAN: los bajos salarios y la falta de normas ambientales suponen condiciones de competencia desventajosa para Estados Unidos, dice el argumento, porque facilitan la pérdida de empleos de calidad allá y la creación de empleos de baja calidad acá.

Obama ha propuesto formar un grupo consultor para trabajar asuntos de interés común, entre ellos el TLCAN, la energía y la infraestructura.

Respecto de la migración, dijo que arreglará primero su enredo interno, el “descompuesto sistema de inmigración” estadunidense, para “fomentar la migración segura, legal y ordenada”; sostuvo que los migrantes deben ser tratados con dignidad, y convocó a México a trabajar juntos “para detener el flujo de la inmigración ilegal a los Estados Unidos”.

El tema de la seguridad ocupó un lugar central, desde luego, con la promesa de Obama de que no dejará a México solo en su lucha contra el crimen organizado.

La visita, dice The Wall Street Journal en una nota de interiores, continúa la tradición de que los presidentes encuentren poco antes o poco después del cambio de gobierno en Washington.

Nada nuevo bajo el sol, pues, ni grandes caminos para el futuro, pero está bien que se hayan conocido y saludado.

Misericordia (sic)

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

La ley de Dios es muy tajante, condena a quien no cumple sus preceptos. Perdona sólo si hay un castigo de por medio y limpia conciencias si se paga con arrepentimiento porque la Iglesia católica cree en el perdón. Es la ley de la misericordia.

La ley del hombre es distinta. Es también tajante pero no condena fácil, en teoría, el castigo va para el culpable, siempre que se logre demostrar su acto. En la práctica, el peso de la ley cae para quien logre demostrar mejor su papel, no importa si se es culpable o no, mientras se logre convencer de que se tiene la razón… y las pruebas.

Y cuando alguna de estas leyes falla, la otra hace su labor; cuando se logra escapar de una, la otra siempre alcanza. O al menos es lo que la misma Iglesia ha pretendido enseñarnos desde que la evangelización llegó a nuestro territorio.

Pero hay casos en que ambas son insuficientes, en que los hechos que las llaman nos preguntan si con su peso basta, si son justas.

Resulta siempre impensable, abominable, que alguien sea capaz de acabar con la inocencia de un niño, de volver sus noches pesadillas y sus juegos un castigo. Más atroz se vuelve todo, cuando el ejecutor forma parte de esas autoridades religiosas que, para una gran mayoría, son quienes les dictan cómo interactuar con el mundo.

Un sacerdote de muchos —que no son todos, afortunadamente— y que usa esa autoridad para saciar sus instintos de la única manera que cree tener a su alcance, porque en algún momento decidió que era mejor seudodedicarle su vida a Dios, aunque con eso se lleve de paso la integridad y el futuro de uno, dos, tres o diez niños y niñas que se cruzaron por su camino. Leyenda urbana, secreto a voces o simple mito, pero mucho se escucha de lo que pasa dentro de los seminarios; no en todos, por fortuna.

Lo de Veracruz, los cuatro casos de pederastia, nos revuelve de nuevo el estómago y no sólo por los hechos, también debido a la posición que toman los encargados de hacer efectivas estas leyes, la de Dios y la del hombre. El lunes pasado, cuando entrevisté en la primera emisión de Cadenatres Noticias a Víctor Díaz Mendoza, vocero de la Diócesis de Veracruz, la Iglesia se quiso lavar en salud y aunque entendemos, y repetimos, no todos los sacerdotes que integran esa institución son pederastas, como se “presupone” lo es el padre José de Jesús Sandoval González (porque la ley marca que hasta la sentencia, todos son “presuntos” responsables), no puede limitarse con su ley para castigar este delito porque, según ellos, si se arrepiente, la cuenta queda saldada.

Pero tampoco nos podemos quedar con la postura de una autoridad, como Salvador Mikel Rivera, procurador de Justicia del estado donde se cometieron los abusos, a quien también entrevisté y quien pretendió culpar a los medios de siempre alertar a los criminales de las investigaciones que hay sobre ellos. Su trabajo es aplicación de justicia; el nuestro, informar. Insistía, “por eso, porque se filtran las averiguaciones a los medios, los criminales escapan”. Y le cuestioné sin ambigüedades: “¿Se está usted curando en salud, me está diciendo que el ‘padre Chucho’ se les puede ‘pelar’, que no serán suficientes los policías que la Procuraduría a su cargo debe haber puesto para vigilar al sacerdote?”

Afortunadamente, el sacerdote retirado está hoy preso, la investigación que realizó la Procuraduría de Justicia de Veracruz dio resultado y el padre José de Jesús ya está esperando por sus juicios. Él y nosotros sabemos que, al menos de uno, el que más le pesa, no se podrá librar. Pero ahora también nos preguntamos qué más hará la Iglesia para asegurarnos que quienes la integran trabajan a favor de ella, predicando los buenos principios de los que tanto hablan. Porque la misericordia no se paga con el diezmo y menos con arrepentimiento… Para la ley de los hombres, es muy claro. Para la ley divina, vale preguntar: ¿qué tan misericordioso se puede ser con un hombre pederasta?

Crisis, en la crisis y la anticrisis

Juan María Alponte
alponte@prodigy.net.mx
México y el mundo
El Universal

Platón, al analizar la función ética del hombre, del antropos, dijo que su tarea es mirar lo que una vez vio, es decir, el antropos es el hombre que reflexiona sobre lo que ve y, finalmente, el antropos explica filosóficamente su mirada, y con ello repiensa, reflexiona con el otro.

El plan anticrisis —para la mirada reflexiva— no ha sido el antropos pensando, reflexionando, sino el que asume un consenso inexistente o, en el mejor-peor de los casos, un consenso debilitado porque era la aceptación sin opciones sociales o culturales.

El presidente, en esa situación real, ha asumido el plan anticrisis en un país que no crece económicamente, a niveles eficientes para el desarrollo —desarrollo es el tránsito de un pueblo de un nivel a otro más alto del desarrollo histórico— desde hace decenios y que, desde hace decenios ha aceptado que la mayor parte de los empleos de la nación (casi 500 mil puestos de trabajo anuales) se creen al otro lado de la frontera y que esa frontera sea el denominador de la economía nacional. En un modelo, además, que el tratado ha exaltado: el del ensamblaje. Ensamblaje caracterizado progresivamente por una exportación gravitando sobre los insumos importados y que ha aceptado, como regla normal, la disminución permanente del valor añadido y la pérdida de dimensiones competitivas. En otras palabras, dependencia que no ha sido superada por una revolución científico-tecnológica que hoy llamamos la sociedad del conocimiento, inseparable de la prioridad en la investigación.

El plan anticrisis —el más retrasado cuando la evidencia de la recesión estadounidense era un hecho universal— es la proposición presidencial sin la voz de su partido que está disperso, como los demás, en paraísos, en un paraíso autista: reproducir el poder personalizado en las elecciones de la anticrisis, dejando al pairo —no en el limbo, porque los nuevos papas dicen que no existe lo que se festejaba ya en el tiempo— los problemas de una res publica, de una república con definiciones, aún, por su fenomenología, pre-estatales.

El plan anticrisis olvida que la estructura fundamental del desarrollo es indisociable de un proyecto real de res publica eficiente. El último informe del World Economic Forum (The Global Competitiveness Report 2008-2009) dice que el principal problema para hacer negocios en México no es la corrupción, como apresuradamente aventuraría el apresurado, sino la ineficiencia de la burocracia gubernamental. La corrupción ocupa el segundo lugar. Ahora bien, ¿es disociable de la primera definición? Ineficiencia promete lo segundo. Por esa causa, en competitividad el informe 2007-2008 ha colocado a México en el lugar 60. Era el 52 de 134 países evaluados. Lo más grave es que en eficiencia de las instituciones (el fundamento mismo del estado de derecho), México ocupa el lugar 92. Sin instituciones fiables los planes asumen antropológicamente una dimensión inevitablemente declarativa. Por ello, en infraestructuras es el país 68; en educación superior el 74; en eficiencia del mercado laboral el 73.

Sería injusto decir que algunas de las proposiciones del plan, a corto término, no serán positivas. La congelación de los precios de las gasolinas reduce la inflación y otras apoyan un empleo precario. Pero, en el fondo, es un plan electoral para pasar un mensaje a los diputados (no a los electores) de que después de la “renovación” se irá a lo “esencial”. Se retrasan, desde hace decenios, las bases mismas, institucionales, políticas, económicas, del desarrollo. No se crece y, sin embargo, se concentra la riqueza y las instituciones pre-estatales de la res publica no pueden transformarse porque su meta no es el cambio real. Se deja todo, como siempre, para después. Ahora nos “arreglamos”… para el duro 2009.