enero 29, 2009

Discurso de Denisse Dresser en el Foro "México ante la Crisis"



México es un país privilegiado.

Tiene una ubicación geográfica extraordinaria y cuenta con grandes riquezas naturales. Está poblado por millones de personas talentosas y trabajadoras.

Pero a pesar de ello, la pregunta perenne sigue siendo: ¿por qué no crece a la velocidad que podría y debería? ¿Por qué seguimos discutiendo este tema año tras año, foro tras foro?

Aventuro algunas respuestas, y les pediría que me acompañaran en un ejercicio intelectual, recordando aquel famoso libro de Madame Calderón de la Barca llamado "La vida en México", escrito en el siglo XVII, en el cual intenta describir las principales características del país.

Si Madame Calderón de la Barca escribiera su famoso libro hoy, tendría que cambiarle el título a "Oligopolilandia". Porque desde el primer momento en el que pisara el país, se enfrentaría a los síntomas de una economía política dusfuncional, con problemas que la crisis tan solo agrava.

Aterrizaría en uno de los aeropuertos más caros del mundo; se vería asediada por maleteros que controlan el servicio; tomaría un taxi de una compañía que se ha autodecretado un aumento de 30 por ciento en las tarifas, y si tuviera que cargar gasolina, lo haría sólo en Pemex.

En el hotel habría 75 por ciento de probabilidades de que consumiera una tortilla vendida por un solo distribuidor, y si se enfermara del estómago y necesitara ir a una farmacia, descubriría que las medicinas allí cuestan más que en otros lugares que ha visitado.

Si le hablara de larga distancia a su esposo para quejarse de esta situación, pagaría una de las tarifas más elevadas de la OCDE. Y si prendiera la televisión para distraerse ante el mal rato, descubriría que sólo existen dos cadenas.

Para entender la situación en la que se encuentra, tendría que recordar lo que dijo Guillermo Ortiz hace unos días: no hemos creado las condiciones para que los recursos se usen de manera eficiente; o tendría que ller el libro "Good Capitalism/Bad Capitalism", que explica por qué algunos países prosperan y otros se estancan; por qué algunos países promueven la equidad y otros no logran asegurarla.

La respuesta se encuentra en la mezcla correcta de Estado y mercado, de regulación e innovación. La clave del éxito -o el fracaso- se halla en el modelo económico: en la decisión de promover el capitalismo de Estado o el capitalismo oligárquico o el capitalismo de las grandes empresas o el capitalismo democrático.

Hoy México es un ejemplo clásico de lo que el Nobel de Economía Joseph Stiglitz denomina crony capitalism: el capitalismo de cuates, el capitalismo de cómplices, el capitalismo que no se basa en la competencia sino en su obstaculización.

Ese andamiaje de privilegios y "posiciones dominantes" y nudos sindicales en sectores cruciales -telecomunicaciones, servicios financieros, transporte, energía- que aprisiona a la economía y la vuelve ineficiente. Una mezcla de capitalismo de Estado y capitalismo oligárquico.

Hoy, México -inmerso en la crisis- está aún lejos de acceder al capitalismo dinámico donde el Estado no protege privilegios, defiende cotos, elige ganadores y permite la perpetuación de un pequeño grupo de oligarcas con el poder para vetar reformas que los perjudican.

Al capitalismo en el cual las autoridades crean condiciones para los mercados abiertos, competitivos, innovadores, que proveen mejores productos a precios más baratos para los consumidores. Para los ciudadanos.

Hoy, México carga con los resultados de esfuerzos fallidos por modernizar su economía durante los últimos 20 años.

Las reformas de los 80 y 90 entrañaron la privatización, la liberalización comercial.

Pero esas reformas no produjeron una economía de mercado dinámica debido a la ausencia de una regulación gubernamental eficaz, capaz de crear mercados funcionales, competitivos.

En vez de transparencia y reglas claras, prevaleción la discrecionalidad entre los empresarios que se beneficiaron de las privatizaciones y los funcionarios del gobierno encargados de regularlos.

Las declaraciones de Agustín Carstens el martes pasado, en torno a la necesidad de combatir los monopolios en telefonía, son bienvenidas. Lamentablemente, se dan 18 años tarde. Y allí están los resultados de reformas quizás bien intencionadas, pero mal instrumentadas: una economía que no crece lo suficiente, una élite empresarial que no compite lo suficiente, un modelo económico que concentra la riqueza y distribuye mal la que hay.

Hoy, México está atrapado por una red intrincada de privilegios y vetos empresariales y posiciones dominantes en el mercado que inhiben un terreno nivelado de juego.

Una red descrita en el famoso artículo de la economista Anne Kruege: "The Political Economy of the Rent-Seeking Society" ("La Economía Política de la Sociedad Rentista").

Una red que opera a base de favores, concesiones y protección regulatoria que el gobierno ofrece y miembros de la cúpula empresarial exigen como condición para invertir.

¿Quién? Alguien como el dueño de una distribuidora de maíz o el concesionario de una carrera privada o el comprador de un banco rescatado con el Fobaproa o el principal accionista de Telmex o el operador de una Afore.

Estos actores capturan rentas a través de la explotación o manipulación del entorno económico en lugar de generar ganancias legítimas a través de la innovación o la creación de riqueza.

Y los consumidores de México contribuyen a la fortuna de los rentistas cada vez que pagan la cuenta telefónica. La conexión a Internet. La cuota en la carretera. La tortilla con un precio fijo. La comisión de las Afores. La comisión por la tarjeta de crétido. Ejemplo tras ejemplo de rentas extraídas através de la manipulación de mercado.

Y el rentismo acentúa la desigualdad, produce costos sociales, dilata el desarrollo, disminuye la productividad, aumenta los costos de transacción en una economía que -ante el imperativo de la competitividad- necesita disminuirlos.

Para extraer rentas, los "jugadores dominantes" han erigido altas barreras de entrada a nuevos jugadores, creando así cuellos de botella que inhiben la innovación y, por ende, el aumento de la productividad.

Estos cuellos de boetella inhiben el crecimiento de México en un mundo cada vez más globalizado y competitivo, y son una razón clave detrás de la persistente desigualdad social, como lo sugiere el reporte dle Banco Mundial sobre México titulado: "Más allá de la polarización social y la captura del Estado".

La concentración de la riqueza y del poder económico entre esos "jugadores dominantes" con frecuencia se traduce en ventajas injustas, captura regulatoria y políticas públicas que favorecen intereses particulares.

Peor aún, convierte a representantes del interés público -muchos de los diputados y senadores sentados aquí- en empleados de los intereses atrincherados. Convierte al gobierno en empleado de las personas más poderosas del país.

Y lleva a las siguientes preguntas: ¿Quién gobierna en México? ¿El Senado o Ricardo Salinas Pliego cuando logra controlar los vericuetos del proceso legislativo? ¿La Secretaría de Comunicaciones y Transportes o Unefon? ¿La Comisión Nacional Bancaria o los bancos que se rehúsan a cumplir con las obligaciones de transparencia que la ley les exige? ¿ La Secretaría de Eduación Pública o Elba Esther Gordillo? ¿La Comisión Federal de Competencia o Carlos Slim? ¿Pemex o Carlos Romero Deschamps? ¿Ustedes o una serie de intereses que no logran contener?

Porque ante los vacíos de autoridad, la captura regulatoria y las decisiones de política pública que favorecen a una minoría, la respuesta parece obvia.

México hoy padece lo que algunos llaman "Estados dentro del Estado", o lo que otros denominan "una economía sin un gobierno capaz de regularla de manera eficaz". Eso -y no la caída de la producción petrolera- es lo que condena a mëxico al subdesempeño crónico.

Una y otra vez, el debate sobre cómo promover el crecimiento, cómo fomentar la inversión y cómo generar el empleo se encuentra fuera de foco.

El gobierno cree que para lograr estos objetivos, basta con tenderle la mano al sector privado para que invierta bajo cualquier condición. Y el sector privado, por su parte, piensa que la panacea es que se le permita participar en el sector petrolero, por dar un ejemplo.

Pero ésa es sólo una solución parcial a un problema más profundo. El meollo detrás de la mediocridad de México se encuentra en su estructura económica y en las reglas del juego que la apuntalan.

Una estructura demasiado top heavy o pesada en la punta de la pirámide; una estructura oligopolizada donde unos cuantos se dedican a la extracción de rentas; una estructura de complicidades y colusiones que el gobierno permite y de la cual también se beneficia.

Claro, muchos de los miembros del gobierno de Felipe Calderón, y muchos de los presentes en este foro, hablarán de crecimiento como una prioridad central.

Pero más bien lo perciben como una variable residual. Más bien parecería que buscan -y duele como ciudadana reconocerlo- asegurar un grado mínimo de avance para mantener la paz social, pero sin alterar la correlación de fuerzas existente. Sin cambiarl la estructura económica de una manera fundamental.

Y el problema surge cuando ese modelo comienza a generar monstruos; cuando ese apoyo gubernamental a ciertas produce monopolios, duopolios y oligopolios que ya no pueden ser controlados; cuando las "criaturas del Estado" -como las llamal Moisés Naim- amenazan con devorarlo.

Sólo así se entiende la devolución gubernamental de 550 millones de dólares a Ricardo Salinas Pliego, por interses supuestamente mal cobrados, un día antes del fin del sexenio de Vicente Fox.

Sólo así se entiende el comunicado lamentable de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes hace un año celebrando la alianza entre Telemundo y Televisa, cuando en realidad revela una claudicación gubernamental ante la posibilidad de una tercera cadena.

Sólo así se comprende que nadie levante und edo para sancionar a TV Azteca cuando viola la ley al rehusarse a transmitir los spots del IFE o se apropia del Cerro dle Chiquihuite.

Sólo así se entiende la aprobación de la llamada "Ley Televisa" por la Cámara de Diputados y la de Senadores en 2006.

Sólo así se entiende la posposición ad infinitum en el Senado de una nueva ley de medios para promover la competencia en el sector.

Sólo así se comprende que la reforma de Pemex deje sin tocar el asunto del sindicato.

Sólo así se entiende la posibilidad de dar entrada a Carlos Slim a la televisión sin obligarlo a cumplir con las condiciones de su concesión original.

Síntomas de un gobierno ineficaz. Señales de un gobierno doblegado. Muestras de un gobierno coludido.

Con efectos cada vez más onerosos y cada vez más obvios que la crisis pone en evidencia, porque no logramos reformarnos a tiempo.

Mucha riqueza, pocos beneficiarios. Crecimiento estancado, país aletargado. Intereses atrincherados, reformas diluidas. Poca competencia, baja competitividad. Poder concentrado, democracia puesta en jaque. Un gobierno que en lugar de domesticar a las critaturas que ha concebido, ahora vive aterrorizado por ellas.

¿Cuáles son las consecuencias del mal capitalismo mexicano? Donde las élites tradicionales son fuertes, la gobernabilidad democrática es poco eficaz, los partidos políticos tienden a ser minimalistas.

En México, el incrementalismo de la política pública puede ser atribuido a élites tradicionales que usan su poder para bloquear reformas que afectan sus intereses, o asegurar iniciativas que protejan su situación privilegiada.

Si ustedes verdaderamente quieren que México crezca, tendrán que crear la capacidad de regular y reformar en nombre del interés público.

Tendrán que mandar señales inequívocas de cómo van a desactivar esos "centros de veto" que están bloqueando el crecimiento económico y la consolidación democrática: Los monopolistas abusivos, los sindicatos rapaces, las televisoras chantajistas, los empresarios privilegiados y sus aliados en el gobierno.

Si ustedes verdaderamente quieren que México prospere, tendrán que tomar decisiones que desaten el dinamismo económico, que fortalezcan la capacidad regulatoria del Estado y contribuyan a construir mercados, que promuevan la competencia y, gracias a ello, aumenten la competitividad.

En pocas palabras, usar la capacidad del Estado para contener a aquellos con más poder en el gobierno, con más peso que el electorado, con más intereses que el interés público.

¿Qué hacer? Los conmino a leer textos tan influyentes como "The Growth Report" y "The Power of Productivity".

A estar conscientes de lo que todo país interesado en crecer y competir debe hacer para lograrlo.

A saber que ello requiere una economía capaz de producir bienes y servicio de tal manera que los trabajaodres puedan ganar más y más.

A entender que ello se basa en la expansión ráída del conocimiento y la innovación; en nuevas formas de hacer las cosas y mejorarlas; en técnicas que aumentan la productividad de manera constante.

A reconocer que las economías dinámicas suelen ser aquellas capaces de promover la competencia y reducir las barreras de entrada a nuevos jugadores en el mercado.

A entender que esa tarea del gobierno -a través de lar egulación adecuada- crear un entorno en el cual las empresas se vean presionadas por sus competidores para innovar y reducir precios, y pasar esos beneficios a los consumidores.

A comprender que si eso no ocurre, nadie tiene incentivos para innovar. En lugar de ser motores de crecimiento, las empresas protegidas y/o monopólicas terminan estrangulándolo.

En pocas palabras, la competitividad -factor indispensable para atraer la inversión y con ella remontar la crisis, como sugería Sanguinetti- Está vinculada a la competencia.

El crecimiento económico está ligado a la competencia. La innovación y, por ende, el dinamismo y la creacion de empleos se desperenden de la competencia.

La inversión que se canaliza hacia nuevos mercados y nuevas oportunidades es producto de la cometencia. No es una condición suficiente pero sí es una condición necesaria. No bastará por sí misma para desatar el crecimiento, pero sin ella jamás ocurrirá, por más dinero público que se inyecte a la economía mediante políticas contracíclicas.

Y, ¿cómo empezar a empujar eso? Con una tercera cadena de televisión; con el fomento de la competencia en banda ancha a través de la red de la Comisión Federal de Electricidad; con el fortalecimiento de los órganos regulatorios, con la sanción a quienes violen los términos de su concesión; con la reación de mercados funcionales, como ya se logró con las aerolíneas de bajo costo; con medidas que se empiecen a desmantelar cuellos de botella y a domesticar a esas "criaturas del Estado".

Tiene que ver con la inauguración de un nuevo tipo de relación entre el Estado, el mercado y la sociedad.

Porque si la clase política de este país no logra construir los cimientos del capitalismo democrático, condenará a México al subdesempeño crónico. Lo condenará a seguir siendo un terreno fértil para los movimientos populares contra las instituciones; un país que cojea permanentemente debido a las instituciones políticas que no logra remodelar; los monopolios públicos y privados que no logra desmantelar; las estructuras corporativas que no logra democratizar.

Será lo que Felipe Calderón llama "un país de ganadores" donde siempre ganan los mismos.

Un lugar donde muchas de las grandes fortunas empresariales se construyen a partir de la protección política, y no de la innovación empresarial.

Un lugar donde el crecimiento de los últimos años ha sido menor que en el resto de América Latina debido a los cuellos de botella que los oligopolios han diseñado, y que sus amigos en el gobierno les ayudan a defender.

Un lugar donde las penurias que Madame Calderón de la Barca enfrentó con los aeropuertos, los maleteros, los taxis, las gasolineras, la telefonía y la televisión son las mismas que padecen millones de mexicanos más.

Ese consumidor sin voz, sin alternativa, sin protección. Ese hombre invisible. Esa mujer sin rostro.

Esa persona que paga -mes tras mes- tarifas telefónicas más altas que en casi cualquier parte del mundo.

Esa compañía que paga -mes con mes- servicios de telecomunicaciones que elevan sus gastos de operación y reducen sus ganancias.

Miles de personas con comisiones por servicios financieros que no logran entender, con cobros inusitados que nadie puede explicar, parados en la cola de los bancos. Allí varados. Allí desprotegidos. Allí sin opciones. Allí afuera.

Víctimas de un sistema económico disfuncional, institucuionalizado por una clase política que aplaude la aprobación de reformas que no atacan el corazón del problema.

Presidentes, secretarios de Estado, diputados, senadores y empresarios que celebran el consenso para no cambiar.

Aunque se agradece que este foro finalmente acepte la magnitud de la crisis, si de aquí no surgen medidas concretas para mirar más allá de la coyuntura, revelará nuevamente nuestra incapacidad para encarar honestamente los problemas que México viene arrastrando desde hace décadas.

Revelará la propensión de los sentados aquí a proponer reformas aisladas, a anunciar medidas cortoplacistas, a eludir las distorsiones del sistema económico, a instrumentar políticas públicas a pedacitos, para llegar a acuerdos que sólo perpetuan el statu quo.

Mientras tanto, la realidad acecha a golpes de 327 mil despedidos, crecimiento negativo, el lugar 60 de 134 en el índice Global de Competitivdad y una nación que dice reformarse mientras evita hacerlo.

México no crece por la forma en la cual se usa y se ejerce y se comparte el poder. Ni más ni menos.

Por las reglas discrecionales y politizadas que rigen a la república mafiosa, a la economía "de cuates".

Por la superviviencia de las estructuras corporativas que el gobierno creó y sigue financiando.

Por un modelo económico que canaliza las rentas del petróleo a demasiadas clientelas.

Por un sistema político que funciona muy bien para sus partidos pero muy mal para sus ciudadanos. Un sistema de "extracción sin representación".

Creando así un país poblado por personas obligadas a diluir la esperanza; a encoger las expectativas; a cruzar la frontera al paso de 400 mil personas al año en busca de la movilidad social que no encuentran aquí; a vivir con la palma extendida esperando la próximoa dádiva del próximo político; a marchar en las calles porque piensan que nadie en el gobierno los escucha; a desconfiar de las instituciones; a presenciar la muerte común de los sueños porque México no avanza a la velocidad que podría y debería.

'Para el alhajero' por Paco Calderón

El ajuste de Calderón

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

No hay felicidad completa, pero sí infelicidad. Florestán

Una de las acusaciones más repetidas al equipo del presidente Calderón, es la de la juventud, como si en la vida el problema fuera de edad y no de capacidad.

Lo que pasa es que con esos jóvenes, Calderón llegó a ser precandidato y candidato por encima de la pareja Fox-Marta que tenía en Santiago Creel a su gallo, y presidente de la República, superando al entonces inalcanzable Andrés Manuel López Obrador.

Cuando Calderón llegó a Los Pinos, la visión de la edad de su equipo, poca, comenzó a cambiar por la de su capacidad de gobierno, escasa.

Ese primer círculo calderonista comenzó a romperse, no por estrecharse, si no por dilatarse, cuando los comenzó a colocar en posiciones clave de gobierno: Germán Martínez al PAN; Ernesto Cordero, a la Sedesol; Juan Camilo Mouriño a Gobernación; y Gerardo Ruiz a Economía.

La muerte trágica de Mouriño y el agotamiento de la relación con César Nava, lo llevó a dos designaciones que por no surgir de su primer círculo, son relevos que vienen de extramuros, pueden ser decisivos en su gestión de gobierno: Fernando Gómez Mont como secretario de Gobernación y Luis Felipe Bravo Mena a su secretaría particular, dándole a ésta un nuevo e influyente rol.

El arribo del ex embajador de México ante la Santa, cuyo relevo está pendiente, recupera para esa secretaría particular, clave en el quehacer presidencial, la función estratégica, hacia dentro y hacia afuera, que habían extraviado.

Y es, también, un mensaje para aquellos de los suyos en ese excluyente, y a veces arrogante, primer círculo, que dicen merecer estar donde están por méritos propios y que Felipe les está pagando servicios de campaña, lo que se agotó hace tiempo y hoy, todos ellos, están pagados, y más que pagados.

Negarlo es suponer que no conocen a su jefe.

Retales

1. EL TIGRE.- En la ODCA, solo hay un partido que gobierna, el PAN, que ha visto como Manuel Espino, utiliza ese membrete como ariete contra la dirigencia partidista y Felipe Calderón. Para los panistas el que los golpea no es Espino, sino los partidos que dice agrupar. Y por eso la dirigencia panista estaría considerando salirse de esa ODCA a la que, además, le dan techo, cobijo y sustento;

2. AJUSTE.- Algo ocurrió que no explicaron, pero en Nuevo León, a 45 días de designar candidatos, el de gobernador incluido, el CEN priista removió a su delegado general, Pedro Joaquín Caldwell, y mandó al ex gobernador de Hidalgo, Manuel Angel Núñez; y

3. TIEMPOS.- En una de las reuniones que tuvo en México, el ex presidente del gobierno español, Felipe González, comentó que a lo mejor fue un error haber estado tanto tiempo en el gobierno, trece años, a lo que el ex premier italiano, Romano Prodi, comentó que a lo mejor su error fue haber estado ¡tan poco tiempo!

Nos vemos mañana, pero en privado.

Las reformas que no se hicieron

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Para nadie es un secreto que entre Agustín Carstens, secretario de Hacienda, y el gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, existen diferencias de criterio sobre cómo manejar ciertos capítulos de la política económica. Pero son pocos los que dudan que ellos, con todo y sus diferencias, son, en muy buena medida, los responsables de la cierta estabilidad que ha logrado la economía mexicana en los últimos años, aun ante la durísima crisis que nos ha tocado vivir.

Por eso, más importante que destacar las diferencias sobre el porcentaje de decrecimiento de la economía mexicana, de si será de menos 0.8% o de 1.8% o si habrá (vaya eufemismo) un crecimiento cero (cifras que además no dicen nada porque nadie, con certidumbre, puede predecir cómo evolucionará en el corto plazo la economía mundial y, tampoco, por lo tanto, hacer previsiones realmente sustentables), lo más destacado de la participación de ambos en el foro convocado en el Senado sobre la crisis y luego en el Foro Mundial de Davos, es la coincidencia que mostraron en un punto: para poder sortear y salir de la crisis se requieren reformas de fondo en empleo, sistema de licitaciones, simplificación administrativa, inversiones, recaudación fiscal, que el Congreso ha ido postergando año con año sin otorgarle al Estado los instrumentos que éste requiere para crecer y afrontar las situaciones difíciles como las que estamos viviendo.

Los ex mandatarios de España y Uruguay, Felipe González y Julio María Sanguinetti, lo dijeron con toda claridad: sin inversión (pública y privada, nacional y extranjera) simplemente no habrá crecimiento. Y un Estado debe buscar e implementar todas las medidas posibles, sobre todo en una crisis, para incentivar las inversiones. Y no lo estamos haciendo. Crear un empleo es demasiado costoso, establecer regímenes especiales de contratación, una opción que prácticamente no existe, como la contratación de tiempo parcial. Por supuesto que todo eso ocurre, pero en la informalidad o con sistemas que ni protegen a los trabajadores ni le otorgan a las empresas la flexibilidad que necesitan sobre todo en épocas como las actuales. Hoy sería más importante para los trabajadores conservar los empleos, aunque sea a tiempo parcial, en vez de perderlos. Y hoy para las empresas existen más estímulos con el fin de deshacerse de sus trabajadores que con el objetivo de conservarlos.

Algo similar sucede con el sistema de licitaciones: es tan tortuoso y lento que puede tomar meses decidir por una opción, provoca que los inversionistas se desalienten y busquen otros mercados y terminan postergándose, según ha ocurrido con el ambicioso proyecto de Punta Colonet. Como ocurre con el empleo, esa burocratización y complejización del proceso genera un fenómeno aún más dañino: el abuso de muchos gobiernos, sobre todo estatales y municipales, incluido el DF, en la adjudicación directa de tramos de obras para no tener que pasar por las licitaciones, agilizar las cosas en algunos casos y beneficiar a empresas amigas en otros y, finalmente, encarecer todo el proceso a costa de los contribuyentes.

Con motivo de la crisis se ha vuelto a hablar del IETU, un impuesto que nunca le ha gustado a los empresarios, así como de la posibilidad de reducirlo para impulsar la economía. Podría ser posible, aunque en esta coyuntura muchos coinciden en que es más importante impulsar el gasto que reducir la recaudación, sobre todo cuando buena parte de ese gasto tendrá que provenir del sector público. Pero la verdad es que el IETU y muchos otros impuestos o regímenes especiales podrían ser eliminados si se tuviera mayor sensatez y se apelara al impuesto al consumo, el que norma la economía de todos los países que tienen una recaudación eficiente, sin excepciones. En otras palabras, si se generalizara el IVA, entonces sí se podría reducir el ISR o el IETU y eliminar los regímenes especiales. Durante la pasada reforma hacendaria el tema fue satanizado y se tuvo que crear toda una estructura fiscal para compensar los ingresos que requiere el Estado, cuando la única forma real de universalizar el compromiso fiscal en un país como el nuestro, donde son más los que no pagan impuestos que quienes sí lo hacen, es a través del consumo. Si además se está en una estrategia de tratar de impulsar el gasto y facilitar las inversiones, todos esos capítulos: flexibilización y reforma laboral, sistema de licitaciones, regímenes fiscales simplificados, podrían ser casi imprescindibles, como de una u otra forma lo expresaron tanto Carstens como Ortiz, y los principales invitados al foro que convocó el Senado.

Si nuestros funcionarios viven en una zona de confort sin comprometerse demasiado, lo mismo puede decirse de nuestros legisladores. Es verdad que cada país tiene una forma de hacer sus cosas, de acomodar sus acuerdos políticos y que en nuestro caso tenemos que alegrarnos, aunque parezca poco, con que por lo menos se hayan logrado acuerdos legislativos luego de una década de parálisis. Pero lo cierto es que esos acuerdos, en muchos temas, como el fiscal o la reforma del Estado (que quedó en sólo un esbozo de lo que había propuesto Beltrones), se han quedado en lejanas aproximaciones a lo que realmente requiere el país, a las reformas de las que tanto se ha hablado y sobre las que tan poco se ha hecho. O que cuando se concretan, como la educativa, sufren todo tipo de agresiones (sin tomar en cuenta, por ejemplo, que la educación, desde los maestros y los sistemas hasta la infraestructura, será uno de los pilares del plan de reactivación económica, por ejemplo, de Obama). Y allí hay responsabilidades compartidas. Es prácticamente imposible ahora hacer todo eso, pero por lo menos se tendría que realizar un esfuerzo para sacar en estos meses, en el periodo que comienza el lunes, algo de esa interminable lista de pendientes.

PRD: la corta luna de miel

Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
El Universal

‘Los Chuchos’ e Izquierda Unida, donde están las corrientes que apoyan a AMLO, volverán a chocar cuando tenga que elegirse al líder de la bancada en San Lázaro

La reciente e inusual imagen de unidad y entendimiento que salió a dar el PRD, cuando sorprendieron a todos con el civilizado reparto que lograron en las candidaturas federales, podría borrarse en unos meses cuando, ya definida la elección parlamentaria, tengan que elegir al coordinador de la próxima bancada perredista en la Cámara de Diputados.

Los Chuchos que encabeza Jesús Ortega y los de Izquierda Unida, donde se aglutinan las corrientes que apoyan a Andrés Manuel López Obrador, volverán a chocar cuando tenga que elegirse al líder del grupo parlamentario en San Lázaro, posición estratégica y codiciada por los dos bloques perredistas.

Nueva Izquierda ya perfila a Jesús Zambrano como su hombre para ser el coordinador de los diputados, pero el gallo de Los Chuchos tendrá enfrente, otra vez, a Alejandro Encinas, el ex jefe de Gobierno e incondicional de AMLO, que ya dice abiertamente que buscará el liderazgo de la bancada, después de que no pudo ser dirigente nacional.

El dirigente perredista Jesús Ortega ha mostrado habilidad y disposición de su corriente para tender puentes y parar las costosas confrontaciones de las tribus perredistas para evitar que afecten más al partido en las próximas elecciones. Pero por encima de esos “puentes” y de los frágiles entendimientos, el jaloneo y las diferencias del grupo de Ortega con los lopezobradoristas se mantiene, por más que Ortega hable hacia afuera de “diferencias superadas”.

Los Chuchos ya cedieron mucho en aras de calmar a López Obrador y evitar la desbandada total del PRD, que había iniciado el tabasqueño con las renuncias de varios de sus cercanos al partido, y es posible que decidan hacer valer su mayoría y hacer a Zambrano el coordinador.

Si se diera, en cambio, una negociación, podría llegar a ocupar el cargo Encinas y así despuntar de una vez como un liderazgo real y con personalidad propia en el PRD; que mucha falta le hace a ese partido para terminar de romper con cacicazgos y caudillismos que le siguen pesando.

Alejandro Encinas necesita tener una personalidad y una fuerza propias, porque hasta el momento ha estado siempre bajo la sombra y el poder de Andrés Manuel López Obrador. Nada hace o deja de hacer Encinas desde que era jefe de Gobierno del DF, y después candidato a la dirigencia nacional, sin consultar primero al “dedito” de AMLO.

El PRD tiene muy pocas figuras nacionales y, en el previsible escenario de una importante reducción del perredismo en la Cámara de Diputados —que podrían pasar de 127 diputados a 70 u 80 en sus mejores cálculos—, los liderazgos y las figuras fuertes serán vitales para que el partido de izquierda mantenga su influencia en el juego de equilibrios del Congreso.

Porque en las votaciones de julio, muy lejos del fuerte impulso que les dio López Obrador en la elección presidencial y que permitió la llegada de tantos perredistas al Congreso, los “cochineros”, los eternos conflictos internos y el mismo lopezobradorismo, hoy convertido en carga negativa, harán que el PRD pierda votos y diputaciones que, así lo indican las encuestas, se transferirán directamente al PRI, que será el que capitalice el retroceso de los amarillos.

Veremos si el positivo entendimiento entre Chuchos y lopezobradoristas alcanza para definir civilizadamente al nuevo coordinador parlamentario o si en unos cuantos meses se acaba la luna de miel y vuelven a tirarse hasta los platos.

NOTAS INDISCRETAS... Contra las versiones que se han esparcido de que viene un dictamen condenatorio de la Corte contra el gobernador Enrique Peña Nieto por el caso Atenco, el abogado de un gobernador priísta que afirma haber visto ya el proyecto de dictamen que se conocerá la próxima semana asegura: “Es muy benigno con Peña y en ningún momento lo señala como responsable”. Ese mismo abogado ya no dice si es el mismo tratamiento para el procurador Eduardo Medina Mora… Por cierto que Peña Nieto estuvo ayer en la UNAM y fue notorio el cálido recibimiento del rector José Narro, que lo invitó a Rectoría y a recorrer los museos universitarios, donde varios estudiantes se acercaban a saludar al popular mandatario. Curioso que más bien sea un gobernador el que visite la Universidad Nacional, mientras el presidente Calderón sigue sin pisar Ciudad Universitaria… Después de ser una de las “favoritas” de este gobierno y sorprender a muchos por su meteórico ascenso, en la SCT dicen que a Purificación Carpinteiro se le acabó la suerte y que pronto será sustituida por Gabriela Hernández… Se detienen los dados. Los paró la serpiente.