febrero 13, 2009

¿Perdón a Maciel? ¿Perdón a un pederasta?

Francisco Martín Moreno
fmartinmoreno@yahoo.com
Excélsior

La confesión católica nos ha convertido en un país de cínicos desde el momento en que un tercero, una supuesta autoridad espiritual, se erige como juez ante el pecador arrodillado y arrepentido, para poder ser exonerado de las faltas cometidas mediante la imposición de una serie de penitencias irrelevantes, mismas que bien pueden reducirse por medio de una generosa entrega de dinero. Cuando el sacerdote concluye la ceremonia con un “ve con Dios”, el creyente deberá rezar los “Padre Nuestro” ordenados o cumplir con los deseos del “representante del Señor” para poder conquistar de nueva cuenta la paz espiritual. Una vez tranquilizada su conciencia podrá repetir una y otra vez la conducta perniciosa o prohibida para recibir el mismo “castigo” que bien puede ser irrelevante, según el importe de la limosna depositada en las urnas clericales, en los cepillos o en las cuentas de cheques de los altos jerarcas, todo depende de la gravedad de la infracción… La putrefacción no sólo se da en el gobierno, sino también en el interior de las iglesias católicas a las que desgraciadamente asiste la inmensa mayoría de la población mexicana.

Si se le habla a Dios de tú, ¿por qué entonces no prosternarse frente a Él en la intimidad de una habitación de acuerdo a un código personal de conducta sin depender del juicio de un tercero que tal vez pudiera tener costumbres y vicios depravados como el padre Maciel?, un “padre”, ¿qué padre, no..?, pervertido, corrupto, prostituido, desencaminador de almas, inmoral, degenerado, maligno, violador de niños y niñas, un endiablado sujeto desnaturalizado, vicioso, ignorante del menor sentimiento de pudor y de piedad, un representante de Dios, un depredador de vidas inocentes como las de aquellos chiquillos que fueron obligados a masturbarlo y a quienes después penetró villanamente destruyendo para siempre cada vida, de lo cual se consoló pidiéndole perdón al Señor…

Si el sacerdote es una persona que ejerce como intermediario entre el ser humano y la divinidad, ¿cómo esperar que semejante autoridad espiritual se utilice para penetrar analmente a chiquillos inocentes que están naciendo a la vida? El “padre”, el miserable padre Maciel, debería haber sido juzgado y condenado con todas las agravantes consignadas en la ley: premeditación, alevosía y ventaja, pero además por haber abusado sexualmente de menores con arreglo a su supuesta figura divina en lugar de “servir a todo el pueblo de Dios en su búsqueda de la santidad y en su empeño apostólico por anunciar el Evangelio…”

Ahora resulta que el director general de los Legionarios de Cristo no duda “en pedir perdón por todo este sufrimiento” desde que se conoció que, además de los ultrajes cometidos en contra de chiquillos inocentes, este desalmado sujeto llamado Maciel, un delincuente en toda la amplitud de la palabra, había engendrado a una hija violando ya no sólo sus votos de pobreza, ¿cuál pobreza?, sino también los de castidad, ¿cuál castidad..? El señor Álvaro Corcuera propone el perdón… Perdón, ¿y ya..? Es falso que quien la hace la paga. El “padre” Maciel murió en la cama reconfortado con todas las bendiciones del caso sin haber pagado absolutamente nada. ¿Qué tal que hubiera podido fallecer lapidado, sí, a pedradas, lanzadas por todos los hombres, sus víctimas, hoy ya adultos, los primeros en tener un derecho más que legítimo para lanzar sus piedras, todas las que hubieran deseado, del tamaño y la consistencia que hubieran escogido, contra un paredón improvisado en el atrio mismo de la Basílica de San Pedro, en cuyo centro hubiera estado de pie el monstruo católico..? ¿Y la pira, una similar a la que instalaba la Santa Inquisición para quemar vivos a los herejes poderosos, cuyas riquezas ambicionaba la Iglesia? ¿Y el potro o el descuartizamiento sujetando piernas y brazos a cuatro caballos que salían a todo galope en diferentes direcciones a la orden del verdugo o el aplastacabezas o el tormento de la rata o las jaulas colgantes, torturas, todas ellas, creadas y ejecutadas eficazmente por la Iglesia católica en la que se formó Maciel?

Si se llegó a descubrir la paternidad del “padre” Maciel fue porque en la actualidad existe una división interna producto de las luchas por el poder económico de la orden y, en ningún caso, porque los legionarios hubieran decidido motu proprio confesar semejantes crímenes cometidos por un hombre de la Iglesia. Que quede claro: la verdad se supo gracias a la quiebra financiera mundial que debió haber afectado igualmente a los legionarios que hoy luchan por controlar el inmenso poder de la orden. El surgimiento repentino de una de las hijas de Maciel, no pasará mucho tiempo antes de que aparezcan más aberraciones como la presente, es parte de la guerra sucia que se libra entre los legionarios, sin que la divulgación de la nota responda a un proceso de purificación de la orden manchada ya de por vida urbi et orbi…

fmartinmoreno@yahoo.com

Cuando el sacerdote concluye la ceremonia con un “ve con Dios”, el creyente deberá rezar los “Padre Nuestro” ordenados o cumplir con los deseos del “representante del Señor” para poder conquistar de nueva cuenta la paz espiritual.