mayo 08, 2009

Analizando el spot del PRI

Influenza: impacto en las urnas

Francisco Garfias
Arsenal
Excélsior

Roberto Madrazo está convencido de que el gobierno federal tiene recursos suficientes para resistir los dos meses que nos separan de los comicios.

En el PRI se extiende la preocupación por el rebote de la influenza en las elecciones del 5 de julio próximo. No ignoran que, tanto el presidente Calderón como el jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard, han incrementado su popularidad. Saben también que la amplia ventaja que antes de la pandemia llevaban en todas las encuestas —alrededor de ocho puntos— es cosa del pasado.

César Duarte, presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, no se anduvo por las ramas con el tema. Elocuente, el legislador priista advirtió que, si el gobierno de Calderón logra neutralizar el impacto económico negativo, por lo menos hasta julio, “ya nos chingaron.”

Roberto Madrazo, ex candidato presidencial del PRI, está convencido de que el gobierno federal tiene recursos suficientes —hay reservas por 75 mil millones de dólares— para resistir los dos meses que nos separan de las urnas, sin que la caída en los indicadores económicos (recaudación, petróleo, remesas) se refleje en las preferencias electorales.

David Colmenares, quien fue enlace del régimen de Fox con los gobiernos de los estados, sabe algo del tema. Cuenta, porque lo vivió, que en 2006 fueron estranguladas financieramente las entidades no panistas.

El reconocido consultor asegura que el régimen calderonista ya dio color. Las participaciones a los estados han caído de manera estrepitosa y la SHCP no quiere compartir los recursos del seguro contra la baja en los precios del petróleo. Los Carstens boys alegan que el seguro se pagó con dinero federal. “El tema puede estallar en estados y municipios”, advierte.

La preguntamos a Duarte sobre la estrategia del PRI para encarar el asunto.

“Desde el Poder Legislativo vamos a fiscalizar el gasto, a generar contrapeso y a exigir cuentas”, adelantó. Dijo también que, en caso necesario, la Comisión Permanente citará a comparecer a los responsables de Hacienda, Desarrollo Social, Economía, Energía y al del Banco de México.

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El espacio que ha logrado en los medios el libro Derecho de réplica, de Carlos Ahumada, rompió el monopolio que la epidemia de influenza ejerce desde hace más dos semanas en los principales espacios de información. Súbitamente, todos los involucrados en el escándalo de los videos que sacudió al gobierno de AMLO se pusieron a opinar.

El jefe de Gobierno del DF en la época en la que Brozo dio a conocer los videos donde aparecía René Bejarano, mano derecha de López Obrador, metiendo los fajos de billetes en un portafolios, jura que no ha vuelto a ver al Señor de las Ligas desde antes de que estallara el escándalo. “Me enteré con Brozo”, asegura.

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Fidel Herrera está en campaña para desterrar la idea de que el famoso virus de la influenza A H1N1 tiene su cuna en tierras veracruzanas. Por lo pronto, el gobernador ya logró que el rector de la UNAM, José Narro Robles, se comprometiera a que, por conducto del Instituto de Biotecnología de esa institución, se realice un estudio epidemiológico integral de la zona conocida como el Complejo Valle y Cofre de Perote.

“La Universidad Nacional Autónoma de México está en la mejor disposición de participar en el estudio solicitado. Una vez definido el protocolo, se lo haremos llegar, a fin de coordinar dicha actividad”, dice la carta que le fue enviada por el rector al mandatario.

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Nos cuentan que el gobernador de Hidalgo, Miguel Osorio Chong, anda que no lo calienta ni el sol. La negociación con el fin de comprar los terrenos para construir la nueva refinería en Tula se vino abajo. Fuentes de Pemex aseguran que los ejidatarios ya habían aceptado vender a 200 mil pesos la hectárea, pero de última hora se encarecieron y ahora quieren 500 mil pesos por cada una.

En Salamanca ya se frotan las manos. Saben que Osorio ya se comió un tercio de los 100 días que el gobierno le dio de plazo para conseguir los terrenos. Este escenario puso a trabajar la mente de los sospechosistas. Andan diciendoque “es plan con maña” para llevarse la refinería al estado más azul de la República. ¡Pero qué desconfiados!

http://panchogarfias.blogspot.com

Súbitamente, todos los involucrados en el escándalo de los videos que sacudió al gobierno de AMLO se pusieron a opinar.

'Compló incomploto' por Paco Calderón

¡Es un complot!

Nicolás Alvarado
El Universal

¿Cómo no va a serlo si lo dice todo mundo? Ingreso, por ejemplo, al blog en que participo y me topo con expresiones variopintas que lo postulan sin ambages. “Farsa.” “Simulacro.” “Nos quieren ver la cara.” (Falta ahora saber cómo habrían de vérnosla si la llevamos cubierta la mayor parte del tiempo por un tapabocas.) “Imagínate las risas de quien orquestó esto.” (Y, claro, las imagino —o cuando menos imagino imaginarlas a quienes las imaginan—, roncas y lúgubres pero paroxísticas, a medio camino entre Bela Lugosi y su epígono, el Conde Contar de “Plaza Sésamo”.) “Es un golpe proyectado por el ejército de EU para mitigar el efecto de la crisis financiera y reducir la población.” (Entre menos burros más olotes: he aquí toda una teoría de la administración pública en tiempos de vacas flacas. ¡Y pensar que el secretario de Defensa gringo, Robert Gates, tuvo que chutarse un bachelor of arts, una maestría y un doctorado en Historia para llegar a tan fosforescente conclusión!) Y la mejor, a manera de demostración irrefutable: “Estamos en México, señores, país de la mediocridad y de la falsedad.” (Sigo sin comprender cómo se puede ser tan eficazmente falaz y trapacero como para engañar a la población entera de un país —salvo, claro, a los pocos iluminados que nos comparten el producto de sus epifanías críticas vía internet— y al mismo tiempo merecer la calidad de mediocre. Lo que no me asombra, en todo caso, es el recurso al vocativo “señores”, misteriosamente empleado por los paranoides siempre que penan por términos suficientemente poderosos para la arenga popular.)

Total que, a juicio de unos que no son muchos pero ah-cómo-se-las-dan-de-machos, la epidemia de influenza que viven México y parte del mundo no es tal, sino una mentira urdida para ampliar el poderío del gran capital (hipótesis heredera de la Gran Conspiración Judía) o para embrutecer a la población (hipótesis heredera de la Teoría de las Industrias Culturales de la Escuela de Frankfurt) o para distraer la atención de “algo muy feo” —la cita es otra vez textual—, ignoto, sí, pero seguro terrible (hipótesis heredera de… ¿el más reciente capítulo de “Lost”?). Falta ahora saber quién la urde. Muy fácil: ellos. ¿Y quiénes son ellos? Los Malos (o, regreso a “Lost”, Los Otros). ¿A saber? El presidente de la República y el jefe de gobierno del Distrito Federal (que no se dirigen el saludo ni cuando asisten a la misma reunión pero ¡ah, cómo conspiran la misma conspiración!), los medios de comunicación (Televisa y Azteca, duopolio malvado ya-se-sabe, pero también los periódicos, en un espectro amplísimo —más amplio acaso que el de los antivirales de amplio espectro— que va de Reforma a La Jornada y pasa por éste que el lector tiene en sus manos), la Organización Mundial de la Salud y, qué novedad, el gobierno de los Estados Unidos.

Formulémonos una mejor pregunta: ¿por qué se empeñan algunos en leer este u otro suceso como producto de una conspiración? Rebusco en mi biblioteca y doy con un volumen notable, titulado justamente Conspiraciones y firmado por Julio Patán, que ofrece una explicación psicosocial harto plausible. Imaginarse víctima de una conspiración, aventura Patán, es “terrible, sí, pero también tranquilizador y, por qué no, cómodo […] Una teoría de la conspiración es retorcidamente consoladora, porque en ella cualquier forma de incertidumbre es sustituida por la mancha incuestionada de una lógica operativa de validez universal, una lógica sin cuarteaduras, perversa, pero que sirve también para librarnos de responsabilidades, individuales y colectivas.”

¿Necesitamos entonces una conspiración? A ver si nos satisface ésta: ¿no será éste un complot de la naturaleza, conciliábulo de virus y bacterias para la destrucción? En su Sexual Personae, la polémica Camille Paglia describe a Madre Natura como “un avispero supurante de agresión y devastación”. Y yo, que sé que los humanos somos también naturales, le doy la razón.

De la epidemia y la fe

Fran Ruiz
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

Aprovechando la mesa redonda global que es internet, el astrofísico Stephen Hawking lanzó hace unos años a la red una afirmación: “El mundo es un caos social, político y medioambiental”; y una pregunta: “¿Cómo puede la especie humana sobrevivir los próximos 100 años?”

La respuesta ganadora fue la de un internauta que identificó tres peligros: la guerra nuclear, el cambio climático o una catástrofe biológica. Cualquiera de estos peligros, reflexionó, son amenazas que podríamos no controlar, ya que “el caos siempre ha estado con nosotros”. Sin embargo, recordó que “si Europa pudo sobrevivir a la peste negra del siglo XIV, que se llevó por delante a un tercio de la población, “el ser humano logrará superar cualquier catástrofe que pueda ocurrir”. Y finaliza diciendo que su optimismo se apoya “en la fe que tiene en la humanidad”.

Sabiendo que esta fue la respuesta que eligió Hawking, sorprende que el científico, que saltó a la fama por sus conocimientos sobre la grandeza inconmensurable del Universo, se sienta derrotado y atemorizado por lo que se oculta en ese otro universo de lo infinitamente pequeño: los virus. Ni guerras químicas ni nucleares ni el calentamiento global, al autor de Una breve historia del tiempo lo que le aterra es la amenaza biológica.

La respuesta a su propia pregunta está cargada de pesimismo y la remata con una extravagante utopía: “El peligro es que, accidental o voluntariamente, se cree un virus que destruya a la raza humana”, pero espera que el hombre sea capaz de trasladarse a vivir fuera de la Tierra, en una especie de “éxodo extraterrestre”.

Pese a su reciente hospitalización, a estas alturas Stephen Hawking debe estar enterado de que el mundo está al borde de una pandemia tras la misteriosa aparición en México del virus AH1N1, un virus de la influenza humana con variantes híbridas aviar y porcina. Y dado que no es posible aún trasladarnos a otro sistema estelar, como es su deseo, tendremos que confiar en esa “fe en la humanidad” de la que hablaba el internauta para que salgamos de esta crisis sanitaria.

Fe muy diferente al “arrepentíos, pecadores” de los que proclamaban el fin del mundo en la asolada Europa medieval, y desde luego, radicalmente opuesta a la de los que confunden a la población, haciendo creer que no existe tal epidemia y que forma parte de una conspiración montada por el gobierno ilegítimo, sin calibrar el gravísimo daño que puede ocasionar. Mi fe la deposito en el esfuerzo conjunto de los gobiernos y de la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de los poquitos organismos de la ONU competentes, al frente de la cual Margaret Chan no duda en advertir de la amenaza que se cierne para la humanidad, un tercio de la cual podría quedar contagiada por el nuevo virus de la influenza.

Ante este nuevo virus una nueva fe, que una a gobiernos, ciudadanos y laboratorios en el combate a un enemigo común, que no distinguen entre frontera, razas o poder adquisitivo. Cada uno que ataque con sus propias armas, desde un simple jabón para lavarse las manos a fondo para fabricar una ansiada vacuna. La alarma es seria y no será la única, pero como decía el internauta, si con apenas recursos se venció en siglos pasados a pestes y epidemias, ¿por qué no podría ahora la humanidad doblegar a este enemigo por muy infinitamente pequeño que sea?

Bajo la influenza ¿Por qué los muertos?

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

La pregunta que sigue pendiente es por qué una epidemia tan contagiosa como la del H1N1, pero de un virus tan benigno, ha tenido tantos muertos en México y prácticamente ninguno en otros sitios.

La respuesta del secretario de Salud ha sido hasta ahora: porque los enfermos que murieron llegaron tarde a los centros de salud cuando había poco que hacer por ellos.

La pregunta a esa respuesta es por qué llegaron tarde. Una respuesta general, pero penetrante fue ensayada por el corresponsal de El País en México, Pablo Ordaz: por los hábitos de los mexicanos ante la enfermedad.

Es decir, porque nadie va al médico en México por una gripe, porque la gente en México, y en particular la gente pobre, prefiere aguantar que reconocer la enfermedad.

“Nadie va al médico a las primeras de cambio. Y, desde luego, nadie va al médico por una gripe más o menos fuerte. Ir al médico supone casi siempre una pérdida considerable de tiempo y de dinero” (El País 3/5/09).

La observación alude por igual a un hábito y a una desconfianza: el hábito muy mexicano de no ir al médico sino en un grito y la desconfianza de los mexicanos sobre las calidad o la eficacia de sus médicos y de su sistema de salud, a lo que hay que agregar el hábito paralelo de la automedicación y el pobre control médico de lo que se vende en las farmacias.

Difícil decir si la desconfianza creó los hábitos o los hábitos la desconfianza, pero ambos caracterizan las actitudes mexicanas ante la enfermedad, las medicinas, los médicos y el sistema de salud pública.

La queja por la baja calidad de las instituciones de salud se oye en cada usuario. Es un hecho que nadie en México acude al centro de salud pública sino cuando la enfermedad lo obliga y no puede pagar la consulta privada.

No sé si hay una encuesta sobre las actitudes de los usuarios ante la enfermedad y los servicios de salud. O una valoración de la calidad de esos servicios con arreglo a normas internacionales, como existen para la educación.

Sabemos que en el sistema público de salud conviven las más altas calidades de la medicina del país y las carencias más agudas.

La influenza que nos ha encerrado en nuestras casas debiera dar paso a una evaluación exigente de nuestros hábitos médicos y nuestras instituciones de salud.

Es posible que una perniciosa combinación de automedicación y desconfianza esté produciendo cada año muchas más muertes curables de las que ha producido hasta ahora la pandemia porcina.

El secretario de Salud

Francisco Martín Moreno
fmartinmoreno@yahoo.com
Excélsior

Resulta inexplicable que cualquier ciudadano enfermo tenga que enfrentarse a los comerciantes de medicinas que lucran sin control legal alguno y sin el menor pudor con las dolencias de los mexicanos.

Creo que una buena parte del gasto del Seguro Social y de otras instituciones públicas y privadas de salud, está orientado a la curación de males gástricos, cuyo origen debe encontrarse, en el porcentaje que se desee, en la ingesta de productos tóxicos, saturados de diferentes parásitos, virus y cualquier número de familias de bacterias.

¿Que habrá aprendido el secretario de Salud de esta temeraria amenaza de influenza porcina que pudo tener un desenlace catastrófico? De toda experiencia se debe extraer un conocimiento, ¿cuál habrá adquirido el secretario de Salud..? Creo que es prematuro hacer un balance de su actuación para combatir la “epidemia”, pero en principio existe una opinión general de aprobación en torno a su manejo de la presente crisis sanitaria que va en etapa decreciente. La primera enseñanza que tal vez yo extraería, es la ausencia de los instrumentos para la detección oportuna del problema, así como los de captura de datos confiables a nivel nacional tan pronto se empezó a presentar este devastador fenómeno. Cuando se dio la primera cifra de muertos y se tomaron las decisiones drásticas que el caso ameritaba, se descubrió posteriormente que muchos de los lamentablemente fallecidos no habían perdido la vida como consecuencia de esta espantosa enfermedad. La cifra de muertos “demostrados” fue disminuyendo hasta llegar a la cantidad que todos conocemos al día de hoy. El tiempo dirá si la decisión se tomó o no midiendo correctamente las dimensiones de la peste...

Lo que sí quedó evidenciado es la pasión y el celo que mostró el secretario en el combate a este flagelo que tanto ha costado y costará, sin duda, a la nación, en los diferentes terrenos de la economía.

Aprovechando esta energía combativa me permitiría sugerir dos rubros para defender la salud de los mexicanos con el mismo empeño demostrado en la presente crisis:

Resulta inexplicable que cualquier ciudadano enfermo tenga que enfrentarse a los comerciantes de medicinas que lucran sin control legal alguno y sin el menor pudor con las dolencias de los mexicanos. El caso se demuestra al adquirir una medicina que exhibe un precio máximo al público, mismo que se encuentra tachado con plumón negro para ocultar al consumidor la realidad. La cantidad máxima a pagar se encuentra, acto seguido, cubierta por tres o cuatro diferentes etiquetas con diversos incrementos de precios con los que enajenan finalmente los medicamentos violando la norma en perjuicio de los enfermos. Existe la evidencia de que el proceso de reetiquetación puede elevarse hasta 150% o más del precio máximo fijado por la autoridad. Dichos atentados en contra de los consumidores, implican también un atentado en contra de su salud si no se olvida la inicua capacidad adquisitiva del salario mínimo vigente en el país. Los enfermos, por ende, tienen que adquirir medicamentos pirata o apócrifos con las amenazas consecuentes para su salud. ¿Dónde está la Procuraduría del Consumidor? ¿Dónde está la Secretaría de Salud que establece un precio de venta máximo al público que no se respeta? Si la salud es prioridad, como sin duda lo es, valdría la pena someter al imperio de la ley a estos abusivos comerciantes que lucran con la salud de la nación. La eficiente gestión del secretario de Salud se vería reflejada, aún más, si iniciara una campaña de clausuras masivas de farmacias que ignoren los precios máximos al público. Recibiría otro aplauso masivo, ensordecedor y también muy justificado…

En estos días de alerta sanitaria, pude advertir que se seguían vendiendo productos alimenticios en plena vía pública, al aire libre, a pesar del fecalismo, además de otras partículas suspendidas, existentes en el DF. Dichos comerciantes ambulantes vendían sus productos, eso sí, con la cara cubierta por un tapaboca como una medida preventiva para evitar la contaminación de influenza. Bien, muy bien, sólo que dichos vendedores cobraban con las mismas manos sucias con que servían los alimentos expuestos a la intemperie. Creo que una buena parte del gasto del Seguro Social y de otras instituciones públicas y privadas de salud, está orientado a la curación de males gástricos, cuyo origen debe encontrarse, en el porcentaje que se desee, en la ingesta de productos tóxicos, saturados de diferentes parásitos, virus y cualquier número de familias de bacterias que se enajenan en la vía pública sin contar con los instrumentos de control higiénico más elemental para velar por la salud pública. El hedor mefítico que despiden dichos alimentos debe ser proporcional a los males intestinales que deben causar y al costo en que incurre el país para curar a los enfermos que consuman productos infectados. ¡La sorpresa que se llevaría el señor secretario de Salud si las brigadas de doctores que ahora se dedicaron a controlar la influenza, en un futuro cercano, tomaran muestras de las carnes que se enajenan en la vía pública y se llevaran a un laboratorio que demostrara los niveles de toxicidad con los que se envenena a diario a la gente!

Bien por la gestión del secretario de Salud en este combate a la influenza. Demostró que no hay un Estado fallido, bravo, bravísimo, y que se supo imponer el orden sanitario. Sigue ahora cuidar la salud de la ciudadanía al controlar los precios de los medicamentos, así como los venenos que se consumen en plena vía pública.

La cara de la crisis

Ana María Salazar
salazaropina@aol.com
Analista política
El Universal

De ser un secretario casi desconocido para la mayoría de los mexicanos, José Ángel Córdova Villalobos, en menos de 24 horas, se convirtió en la figura emblemática ante el país y la comunidad internacional de la peligrosa batalla en contra de la epidemia de AH1N1 que continúa afectando a México y al mundo. Hay que entender lo que estuvo en juego las últimas dos semanas: la vida de miles de mexicanos, la credibilidad y la reputación del país ante el resto del mundo. La capacidad de México de poder todavía aspirar a una “relativamente rápida recuperación económica”. Tal vez estaba en juego la misma gobernabilidad del país.

Y aunque a muchos les parecerán exagerados los anteriores comentarios, hay que considerar lo que podría haber sucedido si, en México, particularmente en la zona metropolitana, la sociedad no se hubiera convencido de que había que tomar pasos concretos y asumir sacrificios para detener el contagio. Además de los muertos y enfermos, podría haber surgido una fuerte crisis social de magnitud inimaginable.

A pesar del literal estado de excepción en que nos encontrábamos (no olviden que el Presidente le concedió poderes especiales al secretario de Salud, que le permitían detener o entrar en un domicilio sin orden judicial), la capacidad de represión del Estado nunca se tuvo que ejercer. ¿Se imagina qué hubiese pasado si la población hubiera desobedecido las rigurosas restricciones impuestas por el secretario Córdova? Ante este tipo de crisis, hubieran tenido que salir el Ejército y Seguridad Pública a imponer control de cuarentena.

¿Ustedes se pueden imaginar cuál hubiera sido la reacción de la población si la autoridad hubiese buscado someterlos, si es que no estaban convencidos de que México enfrentaba una grave amenaza?

La razón de que no hubo una revuelta social y más protestas tiene que ver con la credibilidad del secretario de Salud. Al describir el impacto del nuevo virus y las medidas que había que tomar, a José Ángel Córdova Villalobos no se le percibía como un ambicioso político, sino como un médico preocupado por nuestra salud. El secretario de Salud habla desde el púlpito de la experiencia, y no de los talking points preparados por sus subalternos. Ante las insistentes y exigentes preguntas de los medios de comunicación para que explicara las confusas cifras entre “casos confirmados” y “casos sospechosos”, mantuvo la calma y paciencia (con algunas y raras excepciones). De hecho, durante una conferencia de prensa el DF sufrió un terremoto de 5.7 grados en la escala de Richter. El secretario no se inmutó al temblar la ciudad ante las cámaras.

Repito lo que les he dicho antes en este mismo espacio: ante una emergencia, o una contingencia, la capacidad de liderazgo del gobierno es esencial desde una perspectiva de seguridad nacional. Ante una amenaza a la seguridad nacional, el que un país democrático sobreviva o se desmorone depende en gran parte de la calidad de sus funcionarios y políticos. En un Estado autoritario, el gobierno puede ejercer absoluto control sobre la población. Pero en una democracia, aun ante una crisis, la población se revela y rechaza la autoridad.

¿Qué lecciones de liderazgo debería aprender la clase política de esta experiencia? En primer lugar, hay que subrayar la importancia de la credibilidad del mensajero para impartir información difícil o que podía ser rechazada por la población.

En el caso del secretario de Salud, su credibilidad se deriva en parte de su experiencia, pero más que nada porque aparenta no tener aspiraciones políticas. Nos dio la información como médico, no como alguien que aspira a ser el siguiente presidente de la República o el siguiente gobernador. Además, hay que recalcar que la experiencia y la edad sí cuentan. Esto es la gran desventaja que siempre tendrán los secretarios jóvenes, por más talentosos que sean.

Unas últimas reflexiones:

1. Buscar entender la situación que se presenta lo mejor posible, pero también lo más rápido que se pueda; entre más se tarde en responder, mayor la incertidumbre y el daño que se tendrá que enfrentar.

2. Tomar decisiones e implementarlas rápidamente.

3. Comunicar efectivamente, evitando voces discordantes y buscando apoyos de otros actores. Esto dejará a un lado el “rollo político”.

4. Precisar los motivos de la crisis y cómo se les hará frente.

5. Comunicar constantemente lo que está pasando.

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