mayo 17, 2009

Mario Benedetti 1920 - 2009

"La muerte es una traición de Dios"
Mario Benedetti

'Un genoma en cada hijo te dió' por Paco Calderón

En el primer billonésimo de billonésimo...

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

En el primer billonésimo de billonésimo de segundo, luego del Big Bang, el universo creció a velocidad todavía incalculable. Para medir esa fase, conocida como “gran inflación”, se llevará a cabo un experimento, dentro de aproximadamente un año, en el desierto que se encuentra el norte de Chile, el Atacama, famoso por ser el lugar más seco del planeta.

Se tiene un buen mapa de las “cenizas” de la creación, una radiación proveniente de todos los puntos del espacio o CMB (cosmic microwave background). Muestra, como era de esperarse, anomalías, ligeras variaciones de temperatura que, de no haber existido, no estaríamos aquí para contarlo. Si el Big Bang hubiera sido una explosión de energía perfectamente regular, la energía no se habría condensado en partículas atómicas, éstas en átomos, los átomos en moléculas, que son los constituyentes de estrellas, planetas, robles, pulpos y humanos. Ese período de inflación fue propuesto por Alan Guth y Andrei Linde.

Para explicar esas irregularidades en la explosión primigenia se ha echado mano principalmente de la física cuántica, en la que el principio de incertidumbre permite establecer que sin importar cuán perfecta sea una bola de energía en expansión, siempre habrá ondulaciones que producirán grumos. De esos grumos tenemos galaxias y cerebros que las estudian.

En este nuevo experimento, conducido por el National Institute of Standards and Technology (NIST) de Estados Unidos, se buscarán las huellas de las ondas gravitacionales primordiales, que debieron producir ondulaciones en el tejido mismo del espacio-tiempo hace algo más de 13 mil millones de años. Los científicos suponen que esas primeras ondas de gravitación debieron dejar su impronta en la radiación de fondo (CMB) y ser detectables todavía si el equipo empleado tiene sensibilidad suficiente. “Este es uno de los más grandes retos en medición enfrentados por la comunidad científica para los próximos 20 años, y también uno de los más excitantes”, dice Kent Irwin, físico que encabeza el proyecto.

Si pudieran localizarse esos rastros de las primeras ondas gravitatorias, serían la evidencia más clara en apoyo de la teoría que propone un brevísimo período de gran inflación. ¿Cómo se demostraría la existencia de esas ondas gravitatorias en el principio del tiempo? Su marca, calculan los astrofísicos, debe ser una polarización de la radiación de fondo CMB. Se conocen las irregularidades en su temperatura. Ahora falta establecer que tengan una cierta polarización.

Esos datos también darán sustento a la teoría de las cuerdas. Ésta propone que todas las partículas subatómicas: electrones, quarks, etc., son diversas formas de vibración de cuerdas idénticas. Así volveríamos a tener una física de extraordinaria sencillez y elegancia que propondría: no hay una infinidad de partículas, hay una sola, que es una cuerda, y según vibre nos da un quark top, un electrón, un quark charm, un gluón. Esas cuerdas vibran en más direcciones que las tres conocidas: exigen al menos diez dimensiones, quizá más. Lo más interesante es que hace de la gravitación también una cuerda que vibra y nos da la unidad gravitatoria o gravitón. Si la unidad de luz es el fotón, la de gravitación es el gravitón y logramos, al fin, la unificación de la física de partículas, o cuántica, con la física de las galaxias, la relatividad, hasta ahora renuentes luego de 70 años de intentos.

Se calcula que las partículas y los campos electromagnéticos fueron, al comenzar la inflación, unos 10 mil millones de veces más calientes que las energías alcanzables con los más poderosos colisionadores de partículas, como el recientemente puesto en actividad por el CERN en la frontera franco-suiza. A esas escalas de temperaturas, se predice que las fuerzas fundamentales, cuatro o quizá cinco, se mezclan en una sola.

Estudios recientes de la radiación de fondo han medido variaciones de temperatura que ocurrieron sólo 380 mil años después del Big Bang, esto es, mucho antes de que se formaran las primeras estrellas. Esos patrones de radiación permiten explicar la evolución del Big Bang, primero separándose en materia y energía, luego constituyendo el universo como lo conocemos.

Los detectores del nuevo experimento medirán no sólo la temperatura, lo cual ya se ha hecho, sino la polarización de la radiación de fondo. Y las señales de la polarización pueden ser más de un millón de veces más débiles que las señales de la temperatura. Esto significa que los científicos estarán trabajando con grados de precisión ni siquiera pensados hace tan solo diez años.

Los nuevos sensores de radiación fueron descritos el pasado 2 de mayo en el congreso de la American Physical Society en Denver, Colorado. Colaboran en el proyecto también la Universidad de Princeton, la de Colorado en Boulder y la Universidad de Chicago.

Contacto: Laura Ost, laura.ost@nist.gov

Hay canallas en todos los puntos cardinales

Francisco Javier Acuña
fjacuqa@hotmail.com
Excélsior

Defensores del anciano barbado de Las Antillas, a pesar de su inflamado nacionalismo (mexicanista), hacen piruetas para no fustigar las irresponsables invectivas que nos lanza lo que queda del temible y a la vez irresistible Fidel Castro.

Es lamentable que siga siendo apreciado y admirado ese que se hizo viejo aferrando a la isla su poder total, él que la paralizó en el tiempo al extraerle la savia de la libertad. Cual vampiro, Castro ha transformado a Cuba en una Transilvania tropical. La isla es hoy un museo vivo de la miseria humana y la insoportable opresión que, sin embargo, se atenúa por la inagotable energía y el incansable duende de su gente.

Cuba es —a pesar de su verdugo— un edén que espera con impaciencia que su tirano, el que la eclipsa, por fin se le muera, aunque no sea como Ceaucescu (apedreado por una turba) —y perdón por insinuarlo— ya no importa el como, sólo que finalice su mandato: inclusive acostadito en la cama o colgado en su hamaca, tal vez estrangulado por un torpe movimiento (un extraño atorón de las barbas con un impertinente lazo suelto). Es preciso reconocer que la gente que eso deseaba se fue yendo a Miami y ya se ha muerto casi toda, pero también en la Habana —claro, a hurtadillas— la gente lo piensa y con enorme cautela lo murmura: “¡Ya es hora, ya nos toca!” Ojalá que el sádico abuelo tenga la caridad de dar a su sufrido pueblo la maravillosa y alegre noticia, que se apiade y los deje descansar. De seguro llorarán, de dicha, pero llorarán. Los masoquistas ideológicos, lo extrañaran.

El gobierno de Calderón tendrá que entender la lección. Sin el desparpajo de Fox ni la densidad antipática y agresiva de Jorge Castañeda, la diminuta encargada de la cancillería mexicana ha dado tumbos frente al gobierno de La Habana, ha sido lastimoso saber que paisanos han sido apresados allá con la acusación de portar la influenza humana. Es desesperante ver a la ingenua canciller pegar a la piñata autoritaria —del hermanastro Fidel— con la vara equivocada. Ahora ya lo saben, con esos no se puede. Uno se emociona con la posibilidad de vivir para ver el desenlace del “icono de la rebeldía latinoamericana”, el ocaso del otrora invencible comandante, un promontorio andante que calzaba botas, vestido de boina verde olivo y casaca militar, un capataz abusivo que fumaba su gran Cohiba, un embaucador histórico que se queja del embargo comercial del que se ha beneficiado; es y será, para algunos, encantador, empero es una bestia rapaz similar en sus fechorías despóticas al tremendo Franco y al pérfido Pinochet.

Es inevitable recitar la obra del gran Benedetti —que para bien de la humanidad ha recuperado su salud— y, de entre esas composiciones poéticas musicalizadas, una denominada Habanera, en la que fustiga con tan elegante rima la utopía de esa revolución: “Hay mulatas en todos los puntos cardinales”. Lo anterior, en respuesta y denuncia a la justificación de rescatar a Cuba de las manos sucias de Batista que la hizo un prostíbulo de los yanquis. Tras 50 años de cautiverio sabemos que para eso quería Fidel a Cuba, para volverla un prostíbulo del comunismo virtual, negocio del proxeneta que expende las afrodicias al servicio del mejor postor capitalista (Fidel es el socio del inversionista español).

Acá las cosas van peor, los canallas afloran en todos los frentes y salen de sus madrigueras por los cuatro puntos cardinales. Los más temidos, los del crimen organizado, hacen de las suyas en completa inpunidad . Urge reconducir el desamparo frente al narcoterror, en cada ciudad se requiere un Alberto Capella, ese intrépido luchador social bajacaliforniano, héroe de nuestro tiempo, abogado audaz que supo movilizar a la sociedad tijuanense para exigir: “¡Basta ya!” Sin duda hay canallas en todos los puntos cardinales o pregúntenle a los deudos del abogado guatemalteco que fuera asesinado como acá lo fue en 1985 Manuel Buendía, lo único diferente es que allá la cohesión de la indignada población pude hacer que caiga el impresentable gobierno del mustio señor Colom.

No hay cura para el PRI