mayo 21, 2009

'Cajón desastre' por Paco Calderón

Pegarle al Presidente

Carlos Loret de Mola
Historias de un reportero
El Universal

Fue una catarsis. Una reunión a la que cada convocado llegó a saludar a tres aliados, a tres enemigos y a tres de quienes le habían dicho que traicionaron la causa.

La tarde de antier en Metepec, estado de México, 14 gobernadores priístas, dos coordinadores parlamentarios y una dirigente nacional se vieron las caras a seis semanas de las elecciones.

El móvil del encuentro fue la sospecha. Beatriz Paredes citó a los personajes porque le informaron sus allegados que entre los más altos círculos priístas corría la versión de que ella se había arreglado con el presidente Calderón para que al PRI no le fuera tan bien en la elección (pero a ella sí, por el reparto de candidaturas a su gente), y por eso ante los ataques del panista Germán Martínez, el PRI pusiera la otra mejilla y bajara en las encuestas.

Según relataron asistentes a este reportero, el debate fue subiendo de tono hasta que reventó cuando tomó la palabra el gobernador de Oaxaca. Ulises Ruiz preguntó directamente a Paredes si se había arreglado con Calderón, y si no, que explicara por qué no ha salido en la prensa a defender al PRI. Luego volteó la mirada hasta encontrarse con Natividad González Parás, gobernador de Nuevo León, a quien exigió que respondiera si es verdad que había negociado con el panismo local abandonar a su candidato Rodrigo Medina.

Ulises Ruiz le puso voz a lo que todos estaban pensando. Natividad González se comprometió a respaldar más fuerte a su candidato y Beatriz Paredes contestó con una disyuntiva: si quieren que nos peleemos con Calderón lo hacemos, pero el Presidente está muy bien evaluado y a lo mejor el electorado se nos viene encima; mejor ser moderados.

La respaldaron Natividad, Ismael Hernández de Durango y Andrés Granier de Tabasco. Planteaban, en todo caso, atacar la estrategia contra el narco, los pocos resultados en el empleo y máximo confrontar a Germán Martínez.

Casi todos se pusieron del otro lado. Manlio Fabio Beltrones incluso condenó los ataques de Germán Martínez a Enrique Peña Nieto “hasta por la corbata”. Y exigió que la respuesta fuera “contra su jefe”, el Presidente. Lo respaldó luego, luego Humberto Moreira, de Coahuila, solidarizándose también con un Peña que lucía cabizbajo. Y se fueron sumando.

Al final, el acuerdo fue que el PRI se irá ahora, con todo, directamente contra Calderón: el presidente del desempleo, el de la crisis, el que no puede contra el narco al grado de que su candidato al gobierno de Nuevo León plantea negociar con los cárteles. En síntesis, pegarle al Presidente. Y así enfrentar las seis semanas que quedan.

SACIAMORBOS

Sería ridículo que, en sus actos, un narco instalara el equipo de sonido.

De jotos, priistas, panistas y zacatecanos

Jairo Calixto Albarrán
jairo.calixto@milenio.com
www.twitter.com/jairocalixto
Política cero
Milenio

Para Sergio Bernal

El mejor slogan de campaña que he escuchado en toda mi vida proviene de la fuente más inesperada, el PRI veracruzano: “Para el PAN eres un joto, para nosotros eres más que un voto”. No sé qué opine la comunidad lésbico-gay, por principio les parecerá meramente efectista o, como a mí, terriblemente sospechosista; digo, un priismo veracruzano inclusivo, democrático y open mind, encabezado por Fidel Herrera, es casi casi como una señal del advenimiento del fin del mundo.

El PRI, que siempre se da a conocer por las revelaciones de sus ex presidentes, las transas varias de sus mefistofélicos miembros, por el salinazo-gordillazo- o beltrónico show del momento, o debido a la naturaleza voraz de sus líderes sindicales, de pronto aparece con un slogan que parece sacado de las marchas contra la homofobia. Casi tan asombroso como la reaparición, digo, en la resurrección de Fausto Zapata a manera de candidato del tricolor por la delegación Coyoacán en el DF. O sea, ¡Fausto Zapata!, personaje del que ya no se acuerda nadie, ni siquiera Echeverría del que fuera secretario particular (bueno, si don Luigi no se acuerda de las matazones estudiantiles que organizó, menos de Fausto Zapata, claro), mucho menos la gente de San Luis Potosí, estado que más bien desgobernó. Y aunque fue asesor de Carlos Salinas, ni siquiera lo menciona en sus libros.

Supongo que a Bety Paredes le vendieron la idea de que si Fausto Zapata vive, la patria sigue. Se comprende que los dinosaurios tiren pal’ monte y que entre ellos se protejan, reproduzcan y promuevan, pero no sean gachos, hasta en diplodocos del PRIcámbrico temprano hay clases.

Los choznos de don Plutarco tendrían que reclutar personajes frescos como la candidata panista Dania Ibett Puga, quien fuera apañada con las manos en la masa queriéndose robar unos cosméticos. Ya se sabe, los blanquiazulinos se parecen tanto al PRI, que no pueden engañarnos.

Como quiera que sea, cabe apuntar que todo esto tiene más tumbao que el neurótico episodio Kramer vs. Kramer que se da en la hermana república de Zacatecas entre Amalia García y Ricardo Monreal. Con táctica eminentemente Lavolpista, el senador petista pide permiso por veintiún días para que le investiguen sus supuestos narconexos, mientras que con la virilidad que acostumbra la gobernadora no acepta el reto de abandonar ni un segundo el blindaje gubernamental para darse de topes con su interpelador, no le vaya a dar el chiflón.

Tres a uno a que antes de las elecciones se dan el abrazo de Acatempan.

Guerra sucia de los priistas contra el PRI

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

El antimadracismo militante de antaño me parece tan vacío como las recriminaciones que hace ahora Madrazo al sistema.

¿Recuerda cuando hace dos años los partidos aseguraron que realizaban una reforma electoral porque no querían repetir una guerra sucia como, dijeron, se había producido en 2006? Pues bien, quienes criticamos esa reforma y dijimos que de lo que se trataba en realidad era de obtener mayores espacios y recursos para las dirigencias de los partidos y de acotar todas formas la participación ciudadana, advertimos que ello generaría una guerra más sucia aún, pero ahora patrocinada por los contribuyentes. Lamentablemente, acertamos.

Pero en verdad no creí que el deterioro fuera tan evidente como lo que estamos viendo, sobre todo en torno al PRI: acusaciones entre ex presidentes de la República, dirigentes partidarios y ex candidatos, personajes que han girado en torno al poder, funcionarios y legisladores que se acusan recíprocamente de ser cómplices del narcotráfico. Si le creemos a todos, tendríamos que concluir que el sistema político está podrido y el PRI es insalvable.

Y probablemente no llega a esos límites pero, como consecuencia de la contrarreforma electoral, lo que ha sucedido es que el sistema político en general se ha asfixiado a sí mismo: no puede oxigenarse, impide la llegada de nuevas figuras e ideas, se encierra en los debates del pasado y, como no son confrontados más que por ellos mismos, ni siquiera se obliga a esos dirigentes a reflexionar sobre lo que dicen. Los síntomas parecen ser más graves en el PRI. Los ejemplos resultan innumerables: ¿a poco acaba de descubrir Miguel de la Madrid que se equivocó al designar a Carlos Salinas? Si tenía información de su sucesor con respecto a malos manejos presupuestales o de relaciones del hermano con el narcotráfico, ¿por qué no lo denunció en su momento y aceptó seguir ejerciendo un cargo público durante todo ese mismo gobierno? Si como lo dice Manuel Bartlett, Salinas es la cabeza de una mafia que se adueñó del país y sigue gobernando hasta ahora, ¿por qué Bartlett aceptó durante tres años ser secretario de Educación Pública de Salinas y luego aceptó también la gubernatura de Puebla y nunca durante esos seis años dijo una palabra al respecto? ¿Por qué, si Miguel de la Madrid está tan gravemente enfermo, pudo ofrecer una entrevista de hora y media, haya sido o no manipulado en el transcurso de la misma? ¿Por qué es el ex presidente Salinas quien presenta el diagnóstico clínico de su antecesor y no el médico que lo trata?

Como si faltara algo, se aparece Roberto Madrazo con un libro, El Despojo, que pareciera escrito por un lejano observador llegado de Sri Lanka para descubrir el sistema político mexicano. El antimadracismo militante de antaño me parece tan vacío como las recriminaciones que hace ahora Madrazo a un sistema del que dice que no formó parte y que le dio todo, desde carrera hasta fortuna personal y política. Madrazo fue desde dirigente juvenil del PRI hasta delegado en el DF; desde funcionario federal hasta gobernador de su estado; desde líder nacional de su partido hasta candidato presidencial. ¿Cómo puede decir que él no es parte del sistema?, ¿cómo no puede reconocer que la suya fue una campaña desastrosa, en la forma y en el fondo?, ¿cómo explicar su desempeño en aquel primer debate? Pero, además, si no es parte del sistema y está interesado en profundizar la transición democrática, ¿cómo puede decir que no sabe quién ganó la elección del 6 de julio?, ¿mintió en 2006 o lo está haciendo ahora?, ¿y por qué si Madrazo opina que en los sexenios de Zedillo y Fox se negoció con el narcotráfico, no lo denunció en su momento, cuando fue gobernador (en un estado con fuerte presencia de esa actividad); cuando fue precandidato presidencial; presidente de su partido y luego candidato a la Presidencia?, en todos esos años, 12 en los primeros espacios del poder público en el país, tenía todas las armas, los recursos, los espacios y hasta la seguridad personal para hacerlo, ¿por qué lo descubre tantos años después?

Llegó el ex presidente Zedillo y ofreció, sin que nadie pudiera hacerle una sola pregunta, una conferencia. Dijo algo que es una verdad y él mismo lo planteó en su sexenio aunque no supo o no pudo concretarlo: es necesaria una reforma fiscal de verdad y la misma debe pasar por los impuestos al consumo, la única forma de generalizarlos. Se puede o no compartir la posición de Zedillo, quien además comete, nuevamente, el error de no defender sus ideas y pelear por ellas, sino limitarse a recetarlas, sin embargo, el priismo lo descalifica como si fuera casi un apestado. Zedillo, para bien o para mal, sigue siendo un ex presidente que no genera antipatía y, en ciertos sectores, sobre todo empresariales, se le considera muy respetado. Y el PRI termina descalificando a su ex presidente y lo suma a la lista de descalificaciones que ya se hicieron entre sí los otros dos que continúan vivos.

El priismo está demostrando en estas semanas que su aparente fortaleza no es tal, que es un gigante con pies de barro. Que sin duda conserva amplias franjas del poder y le han servido para ganar la mayoría de los comicios locales en los últimos años y tiene cuadros experimentados, pero no puede procesar ningún impulso de renovación real porque sus dirigentes, sus fobias, sus desafíos y sus enfrentamientos, son los mismos desde hace años. No están debatiendo y proponiendo el futuro, sino el pasado, persisten en ajustar cuentas entre ellos. Paradójicamente, si bien el PAN fue el que comenzó su campaña con la bandera del antipriismo, han sido los más prominentes hombres y mujeres de ese partido quienes en realidad, mucho más de lo que hubiera podido hacer Acción Nacional, han atizado la campaña en contra de sí mismos. Claro, en el PRD las cosas tampoco son muy diferentes. Es verdad, pero resulta que los principales protagonistas de esa historia son, ellos también, genéticamente, priistas puros.

El priismo está demostrando en estas semanas que su aparente fortaleza no es tal, que es un gigante con pies de barro.