mayo 24, 2009

A mes y medio

Francisco Valdés Ugalde
ugalde@unam.mx
Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM
El Universal

Falta mes y medio para el 6 de julio. Nubarrones preocupantes se ciernen sobre la elección, especialmente el fantasma del abstencionismo.

Antes del escándalo del libro de Carlos Ahumada y de las declaraciones y arrepentimiento de Miguel de la Madrid sobre la corrupción de Salinas de Gortari y su familia, las encuestas reportaban la probabilidad de un alto abstencionismo. María de las Heras el 27 de abril lo calcula en 65% (contra 41% en 2006), al igual que proyecta la intención de voto de una mayoría relativa de 40% para el PRI, 34% para el PAN y 19% para el PRD. En otro ejercicio, Consulta Mitofsky recoge una intención de voto de 40%, 33% y 19% en el mismo orden.

Estas apreciaciones consideran la preferencia de los votantes identificados con dichos partidos. Comparativamente al 2006, el cambio favorece al PRI, perjudica al PRD y mantiene al PAN casi igual que en la elección previa. Este dato es llamativo: el PAN mantiene mayor estabilidad en la intención de los votantes, mientras que los otros dos grandes atraen preferencias más volátiles.

Las cifras pueden variar. Ninguna encuesta predice lo que pasará en un mes y medio. Máxime cuando hay dos asuntos muy relevantes que se han atravesado desde el levantamiento de estos indicadores: la emergencia epidemiológica y la exhibición de tres ex presidentes priístas (Zedillo incluido) que han mostrado la potente crisis de esa costra de poder en el partido otrora dominante. Esta exhibición de podredumbre y la llamada del jefe de la fracción priísta en el Senado para que guarden silencio no atraerán, al menos inmediatamente, mejorías en los pronósticos para ese partido.

El PRD, además de su grave división interna que ha alejado a sus simpatizantes demócratas, enfrenta ahora un escándalo que seguramente le perjudicará: el “descubrimiento” de 14 toneladas en la bodega de la empresa de un hermano del senador con licencia Ricardo Monreal. Esta coyuntura ha dado prominencia al conflicto por el control tribal del gobierno de Zacatecas y ocasión para exhibir al PRD como parte de una clase política corrupta que abona a su desprestigio.

En cambio, la apreciación pública de buen manejo de la crisis epidemiológica puede beneficiar al PAN en los próximos comicios, no obstante la “ahumada” que recibieron varios personajes suyos.

También puede atraer un “copeteo” de votos para el PRD en el Distrito Federal, especialmente para los candidatos identificados con el jefe de Gobierno, de quien se aprecia un buen desempeño en el control de la emergencia por la influenza humana.

Los datos de ambas encuestas ofrecen un panorama de más de lo mismo en la composición de la Cámara de Diputados, si bien con la inversión de los términos entre el PAN y el PRI. Empero, los escándalos que raspan el prestigio de los partidos, principalmente los de oposición, podría alterar los pronósticos.

Tampoco debe perderse de vista la alta calificación que aún recibe el presidente Felipe Calderón (62% en abril, según Mitofsky). Probablemente, esta aprobación crecerá por el manejo de la emergencia sanitaria y los golpes recientes (y quizás crecientes) al narco.

Esa aprobación pública podría endosarse al PAN, favoreciendo su repunte en un momento en que buscará intensamente conseguir mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, objetivo que se antoja inviable pero que será tenazmente perseguido. Nada indica que se romperá el ciclo de gobiernos sin mayoría, pero en política no hay nada escrito de antemano. El hartazgo puede traer sorpresas. Veremos.

La farsa de YouTube

Alvaro Cueva
alvarocueva@milenio.com
Ojo por ojo
Milenio

Apenas puedo creer lo que está pasando entre el IFE, nuestra clase política, los medios y YouTube. Y no, no es censura, no nos dejemos engañar. Es algo peor, un insulto.

Le voy a explicar: internet es el medio de medios, el único lugar donde lo mismo pesa una noticia publicada por la más profesional de las agencias que la fantasía erótica de una adolescente deprimida.

Es un universo tan amplio que no ha habido manera de legislarlo.

¿Resultado? Libertad absoluta para contar cosas, contactar gente, iniciar relaciones y hasta para quitarse la ropa so pretexto de que puedes cambiar de nombre, de rostro y hasta de dirección.

Como usted sabe, YouTube es una plataforma particularmente fascinante dentro de internet donde cualquier persona puede ver y subir videos, y perderse en ellos durante semanas.

El caso es que con el cuento de la reforma electoral, el IFE se ha visto obligado a intervenir en el caso de ciertos videos que se supone que atentan contra la dignidad de algunos políticos, que distorsionan las campañas y que representan una especie de guerra sucia.

¿Por qué el IFE no habría de intervenir en YouTube si antes ya había intervenido en otros casos de internet como la famosa sopa de letras contra el PRI? ¿Se acuerda?

¿Porque la sopa de letras iba firmada y los videos de YouTube son anónimos? ¿Entonces sólo se va a sancionar a los que tengan el valor de dar la cara y no a los que utilicen seudónimo? Es un temazo.

¡Pobre IFE! Viene de escándalo en escándalo. Que si los sueldos de sus consejeros, que si los spots, que si las multas y ahora esto que, por la carga emocional que YouTube representa en nuestras vidas, invariablemente nos enciende.

No hay manera de salir limpio aquí. Entre que la reforma electoral está tan rara, entre los rencores que se han ido sembrando y entre que el desprestigio de nuestra clase política es tan grande, quien no piense que lo de YouTube es un acto de censura, piensa en provocaciones perfectamente bien diseñadas para victimizar a ciertas personas y a ciertos partidos.

La verdadera bronca alrededor de esta nota, insisto, no es nada de esto, es el insulto.

Para empezar, el nivel editorial y de producción de todos esos videos es tan lamentable o más que el de los spots de las campañas políticas que millones de televidentes estamos padeciendo a diario en este país.

Me parece grave que consumamos galones de tinta y de saliva atacando los spots de los partidos y que cuando hablamos de los videos de YouTube se nos llene la boca como si se tratara de algo nuevo, insólito y sagrado cuando no lo es.

Ahí está el insulto, pero también en suponer que quienes navegamos por internet carecemos de criterio para diferenciar entre un mensaje estructurado, una mala onda y una ocurrencia de temporada.

Los que hemos visto, por ejemplo, el video de “Yo te vi, yo te vi robando” lo hemos visto y nos hemos reído, como hemos visto y reído con muchos otros videos, pero nada más.

Sería muy estúpido suponer que por culpa de ese seudochistorete una manifestación de 2 millones de personas enardecidas saliera a las calles para linchar a Fidel Herrera.

Que si atenta contra la dignidad de don Fidel, pues sí, como miles de otros videos atentan contra la dignidad de otros miles de personas alrededor del mundo.

Es parte del show y que un político se queje de esto es tan ridículo como cuando las estrellas del corazón se quejan de que los medios se meten con su vida privada. ¡Pero si son estrellas del corazón! ¡Pero si son políticos!

Recibir cuestionamientos rudos, parodias, ataques e incluso padecer guerras sucias y campañas de desprestigio es parte de la carrera de cualquier político del mundo.

¿Por qué tendría que ser diferente en nuestro país, donde, para acabarla de amolar, los políticos no se distinguen precisamente por su elegante posicionamiento?

No somos tontos. Pensamos. Internet es importante en cualquier democracia, pero hasta en internet existen las diferencias y quienes navegamos por sus redes sociales las conocemos y no nos dejamos llevar por cualquier material.

Esto de YouTube es otra piedrita estratégicamente sembrada en el camino del IFE. Una farsa. Es tan obvio. Allá sus consejeros si caen en la trampa y se enredan solos, pero a usted y a mí, que no nos insulten, por favor.

¡Atrévase a opinar!

Un soldado estadunidense combate a Talibanes en calzoncillos rosas y chanclas

El secretario de Defensa de los Estados Unidos , Robert Gates, elogió al soldado.


Un militar estadunidense combatió en calzoncillos y chanclas después de recibir fuego desde las posiciones talibanes en el valle de Korengal, la provincia de Kunar en el este de Afganistán.

El joven Zachary Boyd de 19 años y oriundo de Texas- quien salió corriendo para apoyar a sus compañeros- no tuvo tiempo de ponerse los pantalones ni sus botas, así que salió a combate con unos boxers rosas en los que podía leerse 'I love New York' ('Amo a Nueva York').

Esta imagen ha dado la vuelta al mundo; en ella puede verse al soldado de espaldas vistiendo calzoncillos rosas y sandalias junto a dos compañeros (que si portan el uniforme completo) apuntando a un supuesto objetivo talibán.

El secretario de Defensa de los Estados Unidos , Robert Gates, elogió al soldado.

"Cualquier soldado que va al frente de combate contra los talibanes en calzoncillos rosas tiene un valor especial", dijo el secretario en una rueda de prensa esta semana en Nueva York.

`Toda una vida`por Paco Calderón

Elecciones: un matón en campaña

Pascal Beltrán del Río
Bitácora del director
Excélsior

La enfermedad de nuestro régimen es la ambición lucrativa de hacer carrera en un medio donde debiera predominar la vocación de servicio.

Para Ivonne, por sus agallas y valor cívico.

Cada vez se comprueba más que la reglamentación del uso de los medios electrónicos en las campañas electorales —impulsada en 2007 por el Legislativo— tenía más la intención de frenar las ambiciones de algunos gobernantes con grandes recursos y, simultáneamente, cerrar la puerta del selecto club de aspirantes a la Presidencia en 2012, entre los que están algunos miembros del Congreso de la Unión.

No se crea usted el cuento del fortalecimiento del sistema democrático de partidos o que se haya buscado meter en cintura a los llamados poderes fácticos que, llegada la hora, jalarán de todos modos con el candidato presidencial de su conveniencia, porque los cambios aprobados son como un gruyer que sólo sirve de botana.

Las reformas electorales de 2007 no han frenado las campañas negativas. Tan no lo han hecho, que son las únicas que llaman la atención. Las otras actividades de promoción, las de propuestas, prácticamente no existen y las que hay están basadas en ideas descabelladas o que repiten los clichés del México anclado en su historia poca gloriosa.

Por el avezado reportero y columnista Francisco Garfias nos enteramos ayer que el PRI responderá ojo por ojo a los “ataques” del PAN —o “campaña de contraste”, como prefieren llamarle los blanquiazules— y que para ello han contratado a un estratega publicitario que identificarán sólo con el seudónimo de Anton Chigurh, el sicario psicópata protagonizado por Javier Bardem en la película No Country for Old Men (Sin lugar para los débiles), de los hermanos Coen.

De acuerdo con las fuentes consultadas por Pancho, el señor Chigurh hará aparecer a su equivalente del PAN, el consultor español Antonio Solá, como un perro faldero. “Lo van a soñar los panistas, será su pesadilla”, advierten los del PRI.

Vaya altura de debate: las campañas se pelean con matones.

Había un tiempo en que las ideas importaban, aunque la maquinaria priista se encargara de resolver los comicios en su favor. Ahora tenemos el derecho al voto, pero no hay por quién votar porque no sabemos lo que piensan estos candidatos, si es que piensan algo.

De ellos sólo conocemos la basura que exhiben los contrarios o sus apellidos de abolengo o sus fotos posadas y arregladas con Photoshop o, el colmo, la pose de bailarina exótica con que se promueve en un cartel una candidata del centro del país.

Antes uno sabía qué posturas defendían el PAN y la izquierda, y cuál era la posición de moda en el PRI. Ahora, salvo las excepciones que en todos lados existen, da un poco lo mismo votar por cualquiera… o por ninguno.

Ni siquiera importan sus antecedentes como legisladores, cuando los tienen. Como no hay reelección, la memoria de lo que hicieron los reincidentes, en su paso por cámaras locales o federales, es casi nula. A menos, claro, que hayan participado en algún escándalo mediático reciente, con lo que volvemos a lo mismo.

Tampoco concuerdo con quienes abordan las reformas electorales —que ahora se ponen a prueba a nivel nacional— como un simple asunto de libertad de expresión. Estoy de acuerdo con ellos en que los legisladores no deben volverse censores, pero la enfermedad que padece nuestra democracia no son las campañas negativas (o “sucias” como les llaman algunos), sino una más grave.

Sin ánimo de señalar democracias perfectas —que no las hay, por el carácter imperfecto de la democracia— cabe recordar la estrepitosa derrota que sufrió el Partido Conservador canadiense en 1993, luego de que puso al aire, durante sólo 24 horas, un spot de campaña en el que se mofaba de una deformidad facial del entonces candidato a primer ministro Jean Chrétien.

Los conservadores no sólo perdieron el gobierno. El electorado los castigó al dejarles sólo dos bancas en el Parlamento. La derrota fue tan dura que el partido tuvo que ser refundado antes de regresar al poder, 12 años después. El autor del spot, John Tory, nunca pudo rehacer su carrera.

Es decir, hay sociedades que sin necesidad de censura rechazan las campañas negativas (o por lo menos existe ese riesgo para quien las usa), porque el debate político está regido por otros conceptos.

Por eso, el abuso de las campañas negativas que ahora vemos en México es un simple síntoma de algo peor. Y no es verdad que un intercambio más libre de “contrastes” nos daría, por sí mismo, una mejor democracia.

La enfermedad de nuestro régimen es la ambición lucrativa de hacer carrera en un medio donde debiera predominar la vocación de servicio y las ideas y las propuestas tendrían que ser las armas para acceder al poder (lo cual, por cierto, es un objetivo legítimo en la política).

La enfermedad es la convicción de la gran mayoría de esos candidatos de que la carrera política sirve, ante todo, al interés personal.

Si no, que me digan cuál es el tema de interés público que domina en esta campaña. Ya nos dijeron todos los partidos que no es la reforma fiscal, porque ninguno de ellos quiere arriesgar votos al proponer una medida impopular como recaudar más, algo que nos urge. Tampoco es la seguridad, un asunto en que todos los partidos, por la actuación de los gobernantes surgidos de sus filas, tienen un déficit. ¿Entonces?

Hubiera sido diferente que los legisladores aprobaran cambios que forzaran a los partidos a contrastar ideas, en lugar de ese conjunto de reformas que no han servido para evitar que los ataques se conviertan en el centro de la campaña para renovar la Cámara de Diputados.

Por quién votar es una pregunta difícil de contestar para quien sufraga por ideas antes que por partidos y candidatos. Y las ideas, no cabe duda, no están de moda.

Hay dudas sobre Ida

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

Fue noticia mundial la localización de un fósil 95 por ciento completo en Messel, Alemania, con rasgos claramente primates, hembra joven del tamaño de una ardilla, todavía con restos de comida en donde estuvieron sus intestinos y con 47 millones de años. Acto seguido pasó a ser “el” eslabón perdido entre los primates primitivos y el humano, el abuelo de gorilas, chimpancés, monos araña y de su majestad la reina Isabel.

En una semana ya se han acumulado críticas severas a quienes lo presentaron como primer eslabón de todos los humanos. La nota de Ann Gibbons en ScienceNOW las plantea con claridad. “El más antiguo antropoide indisputado vivió en Egipto hace unos 32 o 35 millones de años. En los últimos 15 años, los investigadores han encontrado fósiles más antiguos, entre ellos el género Eosimias, que vivieron hace 45 millones de años en China e India”. Los antropoides son el grupo de primates superiores que incluye a monos y humanos.

Para empezar, el descubrimiento no es reciente: Jorn Hurum de la Universidad de Oslo, Noruega, y Philip Gingerich de la Universidad de Míchigan, han estudiado durante los últimos dos años a Ida, así llamada por la hija de 6 años de Hurum. Se encontró en 1983, pero fue partido en dos para venderlo. El debate es ahora técnico: que si Ida pertenece a los primeros antropoides o surgió de otros primates aún más antiguos llamados adápidos… Aquí es donde los creacionistas pegan el grito: ¡Ya ven! ¡No era el eslabón perdido ni comprobación de la evolución!

Siempre me ha desagradado el término “eslabón perdido” y no por una sino varias razones:

1. Los “eslabones encontrados” son millares, no uno ni dos. Están muy bien representados, en el registro fósil, los primeros dos millones de años de nuestros ancestros más directos y más que confirmada la aparición de los primeros Homo sapiens hace poco menos de 200 mil años, lo cual es un parpadeo en la historia de la vida: sólo recordemos que los dinosaurios, extinguidos hace unos 65 millones de años, llevaban sobre la faz de la Tierra más de 200 millones, y tan campantes… hasta que les cayó un asteroide. Nosotros no tenemos ni un millón, ni medio siquiera. Y nuestra historia escrita, el registro de ciudades y civilizaciones, no supera los 5 mil años… nada.

2. Cuando aparece otro fósil y lo etiquetan como “eslabón perdido” entre C y D, quienes sabemos que la evolución es un hecho comprobado por varias ramas de la ciencia: biología, geología, paleontología y otras, parecemos estar dando la prueba única, la comprobación que le faltaba a una ocurrencia que llamamos evolución.

3. Por eso, en cuanto los expertos dudan: para unos es nuestro abuelo, para otros es abuelo de nuestros primos y otros ni siquiera lo hacen pariente, los creacionistas se llenan de un torpe júbilo: si ya sabíamos: el hombre fue creado en el sexto día…

4. La discusión suele ser sofisticada y entre especialistas. Pero, aun si el fósil no es pariente (como le pasó hace dos decenios al Ramapiteco), eso no es prueba contra la evolución de las especies, incluida la humana, sino prueba de que es más compleja que el árbol genealógico de los cien años de nuestra parentela.

Veamos un símil: excavando un terreno en Egipto encuentro restos dispersos de una escultura. Los armo: un pedazo de frente, un pedazo de mentón, un pedazo de mano y unos dedos del pie. Con eso digo: Ah, es una escultura griega del siglo II a.C. Me rebaten: no es así, porque la encontraste en Egipto. Respondo que para entonces Egipto estaba gobernado por los Ptolomeos, griegos.

Analizo los trozos de escultura y digo: era un Poseidón de la escuela de Scopas ¿Cómo lo sé a partir de unos pedazos? La mano está cerrada sosteniendo algo tubular, como un tridente, el modelado del mentón es de Scopas. Me pueden rebatir: Es un Zeus de la escuela de Lisipo y lo que sostenía esa mano era un rayo. Y digo: quizá. Pero los conocedores saben, al menos, a) que la pieza no es egipcia ni mucho menos maya o inca, b) que no es una Afrodita ni un Apolo, c) que no es original de Scopas ni Lisipo, pero sí de sus alumnos.

Con los trozos armo la estatua completando con barro ese 90 por ciento faltante. Cuando localizo otro pedazo digo: va aquí, y lo pego. O digo: no pertenece a esta obra porque, para empezar, es de mármol y el nuevo trozo hallado es de granito.

Pero que ese pedazo no pertenezca a la escultura que estoy armando no significa que no se trate de un Poseidón o un Zeus, de la escuela de Scopas o de Lisipo y del siglo II a.C. Está desechado que se trate de un Tláloc o de un original de Fidias del siglo V a.C. o un Praxíteles del IV.

Lo mismo ocurre con la paleoantropología: el debate es si venimos de australopitecos afarensis o del robustus o del grácilis. Claro está, a ese primer Homo sapiens surgido en el Este de África, lo puedo llamar “Adán” para abreviar y medio bromear.