junio 02, 2009

Anulo porque puedo, quiero y ya no creo

Gabriela Warkentin
El País

"¡Voy a anular el voto para que sepan que no me representan!"

Cuando varios millones de mexicanos consideran la posibilidad de acudir a las urnas para anular el voto, algo está sucediendo.

"Luego se hacen como que nada pasa, ¡voy a anular mi voto para que les quede claro que estoy hasta la madre!"

Cada sociedad encuentra sus formas de protesta, de mostrar su hartazgo, de articular un ¡ya basta! Y la mexicana parece estarlo haciendo acorde con la realidad en la que vive. Anular el voto no es lo mismo que abstenerse, y si los tomadores de decisión en este país estuvieran escuchando, se darían cuenta. Pero no sé si eso es mucho pedir.

"Te invito a meditar sobre la diferencia existente entre anular el voto y permanecer en casa rascándose la panza. Si tú estás satisfecho con alguno, adelante. Yo voy a anular."

El 5 de julio se celebra en México el equivalente a elecciones intermedias en las que contienden candidatos a diversos cargos federales y locales. Salvo por algunos estados del país, en los que la elección de gobernador despierta el interés local (y el nacional por la proyección que ese resultado pueda tener a nivel federal), las elecciones intermedias no suelen provocar las mismas pasiones que, por ejemplo, la votación sexenal por Presidente. En esto no hay sorpresa: recordemos la imagen deteriorada de los políticos, la desconfianza de los electores y la poca vinculación entre legisladores y ciudadanos. Encuestas de los últimos años muestran que para los mexicanos, son los diputados, los partidos políticos y la policía quienes tienen la peor imagen. Resulta por tanto casi obvio que la elección de legisladores no sea del interés generalizado de una sociedad de por sí agraviada, aunque también cada vez más afirmada.

"Sí voy a ir a votar, precisamente porque me importa. Pero voy a anular mi voto, porque todos son una bola de corruptos. ¡No hay a quién irle!"

Las elecciones de este 2009 se están agitando más que las de algunos periodos anteriores. La posibilidad de que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) triunfe muy por encima del gobernante Partido Acción Nacional (PAN); el desplome en las preferencias electorales del Partido de la Revolución Democrática (PRD) tras la gran cantidad de votos que cosechó apenas en 2006 (con un candidato presidencial que se quedó a un palmo de la grande); la reforma electoral que desterró de radio y TV los contenidos "negativos" y la posibilidad de terceros de adquirir espacios; la irrupción más abierta de Internet como escenario de batallas (y el lodazal de campañas negativas burdas, poco ingeniosas y revanchistas). Esto sin contar el enfrentamiento del gobierno con el crimen organizado, la influenza A N1H1 y su impacto en la de por sí ya debilitada economía, etc. Ese es el México del 2009 que deberá salir a votar en unas semanas.

"Emitir un voto responsable e informado es imposible en este país, no votes con el 'corazón'. ¡ANULA!"

Sí se preveía ya una elevada abstención, por ser las elecciones intermedias, pero también porque partidos y candidatos simplemente no "prenden". Comenzó ahora a cobrar fuerza y a hacerse visible un movimiento a favor de la anulación del voto: no la abstención, sino la abierta anulación como forma de protesta. La encuesta más reciente, publicada por el diario Reforma para medir la intención electoral, coloca ya en un 10% el número de quienes consideran la posibilidad de anular el voto. Internet y sus mundos albergan múltiples manifestaciones en esta línea: jóvenes estudiantes que circulan viralmente vídeos youtuberos; discusiones apasionadas en Facebook; cadenas de correos electrónicos que invitan a sí acudir a las urnas, pero a anular el voto; sitios y movimientos como DHP* (Dejemos de Hacernos Pendejos, alguno de cuyos integrantes arguye que el voto nulo es propuesta más que protesta). Por supuesto los medios tradicionales (radio, TV y prensa escrita) han retomado esta discusión (y hay quienes dicen, no sin algo de razón, que la han alentado para cobrarle las facturas correspondientes a los políticos de siempre). Pero también en las sobremesas de quienes ni siquiera usan Internet con regularidad, la posibilidad de anular el voto es tema ya de debate.

"Votar por el menos malo es como comprar la fruta menos podrida del mostrador."

2009 encuentra en México una ciudadanía implicada de formas diferentes. Cuando alrededor de una cuarta parte de la población tiene acceso regular a Internet; cuando las problemáticas son crecientes; cuando los liderazgos formales parecen atrapados en la coyuntura y con poca perspectiva de futuro; y cuando los jóvenes y ciertos segmentos urbanos comienzan a alzar la voz, podrían estar sucediendo cosas nuevas. Aunque, podría también no suceder nada.

"Es muy congruente ser ciudadano y anular el voto.Todos los que no nos sentimos representados por ningún candidato, deberíamos ser escuchados, y tenemos el derecho consciente y pensado de anular nuestro voto."


El sistema mexicano tiene la maleabilidad suficiente para asimilar este tipo de disensos. Si quienes abogan por anular el voto lo ven como un fin en si mismo, si no se articula un movimiento civil a favor de una renovación integral, si no surgen liderazgos que brinden perspectiva, si el día de las elecciones el conteo no refleja la dimensión del voto nulo, la propuesta no será más que un chispazo de inconformidad manifiesta. Hay por supuesto también quienes rechazan la anulación del voto como solución: desde quienes apelan a la responsabilidad ciudadana, hasta quienes simplemente se decantan por la abstención ante una situación "que ya no tiene salida".

Esto de anular el voto es una moda que dejará muy mal sabor de boca, ya que muchos de la izquierda ilustrada, por jugar a la contracultura, le dejarán el juego completo a la derecha otros tres años....

Sea como fuere, cuando varios millones de mexicanos consideran la posibilidad de acudir a las urnas para anular el voto, algo está sucediendo. Pero tal vez no muchos estén escuchando. O no todavía.

Votar, abstenerse o anular

Alberto Aziz Nassif
aziz@ciesas.edu.mx
Investigador del CIESAS
El Universal

En un clima de mucho desencanto ha crecido el fenómeno del desafecto ciudadano por la política y las urnas. No es un fenómeno exclusivo de nuestro país; en América Latina crece la insatisfacción democrática y en las viejas democracias también existen estas expresiones.

En México, la relación de los ciudadanos con las urnas ha sido complicada. Desde finales de los años 80 una de las demandas más importantes de la sociedad fue el respeto al voto. El cambio constante de reglas electorales ha sido, quizá, la estrategia más visible para lograr una democracia electoral y dejar atrás un régimen autoritario. Pero la historia no va en un solo sentido ni siempre corre hacia delante; muchas veces está plagada de regresos, cambios de ruta y desviaciones. En nuestro país hay dos procesos sociales que se han empalmado: por una parte, la transición democrática y la llegada del neoliberalismo; por la otra, la llegada de la alternancia política y el crecimiento de la abstención electoral.

Cada proceso electoral se construye con características singulares y el actual no es la excepción. La memoria nos remite a que 1988 se caracterizó por el fraude, la ruptura del cardenismo, la inauguración de la competencia tripartita, la caída del voto priísta. La de 1994 fue una elección dentro de un clima de miedo, con un altísimo nivel de participación, la ruptura de los límites políticos y una marcada desigualdad en las condiciones de la competencia. En 1997 se estrenaron organismos autónomos, el DF eligió a sus autoridades. El 2000 fue la alternancia presidencial; 2003 fue la elección más cara y abstencionista de la historia y en 2006 regresó el conflicto y hubo una grave polarización política. Una de las novedades más importantes de 2009 es la corriente de opinión que plantea la anulación del voto como una respuesta ciudadana ante el descontento con los partidos políticos.

Una parte importante de la discusión electoral de 2009 se ha centrado en la pregunta de qué hacer frente a las urnas. Tradicionalmente las opciones han sido votar por una opción o abstenerse. Las opciones por el voto tienen diversas lógicas, desde la compatibilidad de proyecto y programas, pasando por la cercanía ideológica, hasta las opciones más pragmáticas que ven hacia el mejor candidato o la opción menos mala. En el 2000 se usó el voto útil para cambiar de partido gobernante. Al final están las opciones del clientelismo, el corporativismo y la compra del sufragio. La abstención tiene también varias expresiones, desde el que nunca pasa por las urnas porque no está convencido de participar, el abstencionista sistemático. Pero también está el ocasional, que no vota por desidia o desinterés, es el ciudadano desconectado de las urnas. Otro grupo es el que lo hace como una expresión pasiva de inconformidad y descontento. La novedad ahora es que se ha formado un movimiento que reivindica el derecho ciudadano de ir a las urnas, pero para anular el voto. No se trata de una abstención pasiva, sino de un ejercicio ciudadano activo y muy razonado. Algunas consignas que circulan son: “yo anularé mi voto”; “tache a todos”; “para políticos nulos, votos nulos”.

Los “anulistas” forman un universo muy heterogéneo de personas que se han desencantado —con razón— de los partidos políticos porque: no ven diferencias importantes en la forma de enfrentar problemas de corrupción y de impunidad; porque les parece que hay abusos de poder y excesos en el uso de los recursos públicos; porque hay una desvinculación entre las élites dirigentes y la ciudadanía; porque la rendición de cuentas es muy débil; porque la eficacia para gobernar deja mucho que desear; porque la labor legislativa representa mayoritariamente los intereses particulares de los grupos de poder. Se trata de un abanico de inconformidades cada vez más amplio que se ha agudizado con las múltiples crisis por las que atraviesa el país. Una medición reciente ubica en 10% a este sector que está por la anulación (Reforma, 29/V/2009). Si a ello le sumamos que la participación estará en un rango que sólo llegará a 30% o 35%, algo grave sucede en nuestro sistema político.

Las diferentes opciones tienen supuestos compartidos, como la importancia de los partidos para la democracia o la relevancia del voto libre como una conquista reciente en nuestro país. Pero también hay diferencias sobre la eficacia en las estrategias. Los que dicen que es mejor votar indican que su voto decidirá la conformación del gobierno, y los abstencionistas y los “anulistas” dejarán en manos de otros la decisión. En cambio, los que quieren anular confían en que se podrá dar una señal, una llamada de atención a los partidos para que cambien sus rasgos partidocráticos, su autismo político y reconstruyan una representación democrática de calidad. Un resultado es que los altos niveles de abstención y de anulación jugarán contra la legitimidad de los candidatos electos. En suma, 2009 se caracterizará por ser una elección en la que una parte importante del voto se anule, como un instrumento legítimo y democrático. ¿Votar, abstenerse o anular?

No votar es un derecho supremo

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Un derecho es algo que se ejerce de manera plenamente voluntaria; es una opción, no una obligación. Los guardianes de la pureza ciudadana acostumbran gruñir que los súbditos de la democracia tenemos “derechos y obligaciones”, dos rubros bien apartados y definidos. Entendemos, pues, que no es posible disfrutar de las bondades de la civilización sin fastidiosos deberes. Al mismo tiempo, gozamos de garantías nunca vistas antes en la historia de una humanidad que ha estado abundantemente salpicada de abusos, esclavitudes, suplicios y atrocidades.

Muy bien, pero dejemos el tema de las aplastantes servidumbres para concentrarnos en el asunto de las deliciosas prerrogativas que nos asegura un sistema confeccionado para que los alegres ciudadanos de la modernidad vivamos una existencia de eterno agradecimiento: tenemos derechos que cubren prácticamente la totalidad del inventario de necesidades reales; entre ellos, justamente, el de elegir a nuestros gobernantes y a nuestros representantes “populares”. Esta facultad, con perdón, me parece un auténtico lujo en el sentido de que podemos utilizarla para mostrar, de manera paralela, un descontento del tamaño de una casa; un cabreo colosal que vendría siendo, en estos tiempos, el síntoma más visible de nuestra inconformidad ante la corrupción de la política estadounimexicana. No hay otra manera, creo yo, de expresar nuestro enfado ante el avasallamiento de la partidocracia. No hay tampoco razón alguna por la cual debamos ser, nosotros, mucho mejores que ellos mostrándoles, a los politicastros, un civismo que no merecen. Dejémonos, pues, de jeremiadas y, este 5 de julio, acudamos a las urnas para, ahí sí, mostrar nuestra infinita disposición de ejercer un derecho pero, al mismo tiempo, nuestra incuestionable facultad de expresar el repudio a la clase política llenando la famosa boleta electoral de garabatos, consignas, tachones, majaderías y gracejadas. Todo, menos un voto a favor de ningún partido. Pues eso.

Voto nulo

Germán Martínez Cázares
Presidente nacional del PAN
El Universal

“Mal tiempo para votar”, así comienza la novela Ensayo sobre la lucidez del escritor, premio Nobel de Literatura 1998, José Saramago.

La espectacular prosa de Saramago retrata, en un pequeño municipio sin nombre, a ciudadanos, también anónimos, que deciden votar “en blanco” y repudiar o castigar su propio sistema democrático.

Más allá de la política, que en este “ensayo” le gana la pluma a la literatura, el escritor portugués enjuicia y sentencia al sistema de partidos, a la rutina democrática y al ejercicio del sufragio.

La escuela en la que se hace apología del abstencionismo es peligrosa porque no construye responsabilidad social de los ciudadanos frente a la comunidad, como afirma Saramago, ni es fruto de la “virtud cívica” (para usar el término de Maquiavelo) y tampoco es desobediencia civil.

El movimiento del voto nulo puede ser entendido como un genuino rechazo a la democracia representativa (que busca formas más directas de gobierno), a la labor de los diputados (que requiere una mayor rendición de cuentas) e incluso a todas las opciones partidarias (por que quisieran una que hoy no existe); todo eso es válido, pero el peligro radica en el momento en que algunos actores políticos o económicos buscan con ese abstencionismo activo debilitar aún más al Congreso de la Unión.

La pregunta es: ¿a quién beneficia una representación política débil? ¿A quién beneficia una cámara deslegitimada? ¿A favor de qué y de quién juega el discurso del voto en blanco?

Los más furibundos defensores de la abstención dirán que todos los partidos les causan hartazgo, que no hay diferencias entre ninguno y que todos los candidatos ofrecen lo mismo. Yo, sin embargo, tengo una sospecha.

El voto nulo está movido por los mismos que antes de la alternancia con Vicente Fox gritaban a los cuatro vientos que en México habría un “choque de trenes” que haría volar en pedazos a la nación. También me temo que son los que, luego de la victoria del presidente Calderón, clamaban un presidente interino. No sé por qué motivos o razones, pero pienso que después de la crisis sanitaria de la llamada influenza y cuando se les acabó el cuento del “Estado fallido”, son ellos mismos los que ahora traen el voto nulo.

Pues ni “choque de trenes” ni “interino” ni “Estado fallido”, y no advierto participación electoral baja en ningún estado de la República donde se renovarán las alcaldías o las gubernaturas. Siempre habrá en la elección llamada intermedia un menor número de ciudadanos en las urnas que cuando se trata de una elección presidencial.

El abstencionismo le hace un enorme favor a la falta de rendición de cuentas, genera apatía, no de los ciudadanos frente a sus gobernantes, sino algo peor: apatía de los gobiernos frente a sus electores.

Quienes abrieron la caja de Pandora con ese discurso del voto en blanco, al estilo de Saramago, mañana pueden organizar no pagar impuestos, después engrosar las filas de los que en Nuevo León piden la salida del Ejército mexicano y más tarde el “que se vayan todos los partidos”.

Muy bien, ¿y después? Una vez que todos los partidos nos vayamos, ¿qué sigue? ¿Ya pensaron a qué dictador autoritario quieren los abstencionistas? ¿Acaso son ellos mismos los que aventaban incienso a López Obrador y ahora, sin cara ni ánimo para votar por el PT, piden mejor anular el voto? No sé por qué, pero me da la impresión de que son ellos.

Sólo leyeron “política” en Saramago, no leyeron “literatura”. Se saltaron Ensayo sobre la ceguera. Basta leer esa hermosísima novela para aprender que cuando uno cierra los ojos no aparece la nada.

Obra “inviable”, el Viaducto elevado

Martín Espinosa
Desde cabina
Excélsior

Menudo problema, la construcción del segundo piso del Periférico Norte, de El Toreo de Cuatro Caminos, al entronque con la Autopista México–Querétaro, por Cuautitlán Izcalli. La empresa constructora del Viaducto Bicentenario, la española OHL, ganadora de la licitación a la que convocó el Edomex, ha incumplido una serie de compromisos que lo han vuelto, según los líderes vecinales de la zona por donde pasará gran parte de la construcción, “inviable” por la falta de acuerdos con las comunidades a las que ya afecta en los primeros kilómetros de los 23.5 planeados para una primera etapa.

He aquí una serie de denuncias vecinales y de automovilistas que amenazan con “echar por tierra” la utilidad de la que tanto se habló cuando fue presentada la obra el año pasado por las autoridades mexiquenses:

1. OHL y las autoridades del Edomex se comprometieron a realizar las obras de 11 de la noche a 5 de la mañana. Bueno, pues ya se ha vuelto costumbre que todas las mañanas la vialidad se reabra hasta después de las 6, en una zona tan importante como el Periférico Norte. No hay día que los automovilistas no reporten problemas severos a lo largo de las obras iniciales y hasta hoy ninguna autoridad “da la cara” ante las miles de quejas ciudadanas por lo incumplido de la empresa constructora.

2. Hace unas semanas, OHL reveló que por cuestiones económicas no había podido cumplir otro compromiso: tener maquinaria especial para “recorrer” un carril las estructuras de concreto que separan ambos sentidos del Periférico y darle uno adicional en “horas pico” al de mayor circulación. El congestionamiento cuesta ya importantes horas-hombre perdidas, en detrimento de miles de personas que viajan del Edomex al DF y, por la tarde noche, regresan a sus hogares.

3. El gobierno del Edomex se había comprometido a inaugurar la obra el año próximo. Sin embargo, ante las protestas ciudadanas, que cada día van en aumento, sobre todo en el tramo de las Torres de Satélite, municipio de Naucalpan gobernado por el PAN, al igual que en otros tramos importantes de Tlalnepantla, Atizapán y Cuautitlán Izcalli (el llamado “Corredor azul”), las autoridades que encabeza Enrique Peña Nieto ya hablan de “terminar” una primera etapa, de El Toreo a la Ave. Lomas Verdes, para concluir un primer descenso justo en donde se encuentra el Hospital de Traumatología, donde hoy —de por sí— ya se hace un caos vehicular ante las obras de otro puente que edifica la autoridad estatal.

4. Finalmente, los vecinos de Satélite desconocen hasta hoy qué va a suceder con las famosas cinco torres, emblema de su comunidad, levantadas a finales de los 50 por el escultor Mathias Goeritz, el arquitecto Luis Barragán y el pintor Jesús Reyes Ferreira. Hay tres opciones: un paso subterráneo que libre el monumento; que el segundo piso se desvíe y las rodee o que, definitivamente, ese piso las tape por completo. Obviamente, esta última opción ha sido rechazada de modo tajante por los vecinos, quienes se inclinan por la primera. Sin embargo, las autoridades mexiquenses recibieron recientemente la instrucción de “no moverle”, porque están en juego las elecciones en uno de los municipios considerados “clave” por el gobernador Peña Nieto para sus aspiraciones presidenciales. La versión de los vecinos es que, finalmente, después de julio las autoridades estatales retomarán el proyecto y, de manera “unilateral”, adoptarán la decisión sobre cómo van a edificar el segundo piso en la zona de Ciudad Satélite.

El riesgo está en que, cada día, la obra se politiza más y amenaza con convertirse en tema de “disputa política” entre el PAN y el PRI.

El riesgo está en que, a cada momento, el tema se politiza más.