junio 08, 2009

Progreso económico, legisladores y voto en blanco

Arturo Damm Arnal
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

La campaña a favor del voto en blanco crece, de la misma manera que se multiplica el número de gente a favor, multiplicación que se debe al descontento de la ciudadanía, con los políticos en general, y con los legisladores en particular. De acuerdo, ¿pero cuántos de los descontentos pueden señalar un par de razones, ¡ojo: razones!, por las cuales habría de castigar a la clase política con el voto en blanco? ¿Qué es lo que los legisladores, en particular, han hecho mal o dejado de hacer? Y de entre el conjunto de los legisladores, ¿quiénes son los que han, o dejado de hacer lo que deberían haber hecho o hecho mal lo que deberían haber hecho bien?¿Cuántos de los descontentos pueden señalar una razón?, ¡ya no dos!, relacionada con la economía, por la cual partiendo de lo que los legisladores hicieron mal o dejaron de hacer se deba votar en blanco, como muestra de que no estamos de acuerdo con lo que dejaron de hacer o hicieron mal?

¿Cuántos pueden responder correctamente esta pregunta, sin caer en lugares comunes como lo son la caída en la producción, el repunte en el desempleo o la inflación, que hoy es mayor que hace un año? No que todo esto, desde la caída en la producción hasta la mayor inflación, no sea una realidad, ¡claro que lo es!, y todo ello apunta en la dirección equivocada, razón por la cual se debe corregir. La pregunta es ¿cómo?, y, sobre todo, ¿qué es lo que los legisladores deben hacer para contribuir a la corrección? ¿Promulgar leyes que obliguen a los productores a no producir menos, aunque su demanda no dé para más? ¿O que prohíban a los comerciantes subir los precios, aunque ello se traduzca en pérdidas y quiebras? ¿O que prohíban a los empleadores despedir gente al tiempo que los obligue a contratar más obreros, aunque ese trabajo sea improductivo?

¿Qué es lo que los legisladores deben hacer para, atendiendo lo urgente, contribuir a la solución de los problemas ocasionados por la recesión y, considerando lo importante, fortalecer los cimientos de la economía mexicana para que, una vez superada la recesión, las posibilidades de progreso económico sean más y mejores?

¿Cuántos de los promotores del voto en blanco saben qué se requiere del marco jurídico de la economía, leyes que son responsabilidad de los legisladores, para lograr el mayor progreso económico posible, definido, no en términos de redistribución del ingreso, y por lo tanto de igualdad, sino de productividad y competitividad, de producción de mercancías, de generación de ingresos, definido como la capacidad para producir más y mejores bienes y servicios para un mayor número de gente?

Pero todavía más importante: de quienes aspiran a un puesto en la Cámara de Diputados, ¿cuántos saben qué se requiere del marco jurídico, que a partir de la nueva legislatura será su responsabilidad, para lograr el mayor progreso económico posible?

Por lo propuesto, desde precios justos hasta aumentos salariales de emergencia, ninguno

Anudemos el voto

Agustín Basave
abasave@prodigy.net.mx
Excélsior

Los partidos de las democracias maduras afrontan consecuencias políticas, si no legales, cuando se destapa alguna cloaca y hay sospechas fundadas de la corrupción de alguno de sus militantes. En México no. Aquí hay muchos personajes impresentables que siguen siendo presentados.

No es cierto que los partidos estén desvinculados de la sociedad: son su producto. Algunos de los nuestros premian o solapan políticos corruptos porque el hacerlo no les acarrea un castigo en las urnas. En cambio, los de las democracias maduras afrontan consecuencias políticas, si no legales, cuando se destapa alguna cloaca y hay sospechas fundadas de la corrupción de alguno de sus militantes. Si no va a la cárcel, su carrera se trunca. Se le remueve de su puesto en el gobierno o en la dirigencia de su organización política y no se le vuelve a postular a un cargo de elección popular. La decisión no se toma necesariamente por un prurito ético sino por conveniencia: el votante pasa facturas. Claro, eso ocurre en el primer mundo, donde la excepción italiana confirma la regla europea, o gringa o canadiense o australiana o japonesa. En México no. Aquí hay muchos personajes impresentables que siguen siendo presentados. Pueden hacerlo porque el electorado lo tolera.

Una irritada opinión pública deturpa cotidianamente a los partidos. Existen dos tipos de irritaciones: la de quienes no se sienten representados por ninguno y los rechazan a todos por sus corruptelas y la de quienes quieren un nuevo sistema político o partidista. Los medios electrónicos difunden profusamente ambas en su afán de revertir la reciente reforma electoral, que con la prohibición de comprar tiempos para propaganda les hizo perder mucho dinero y un poco de poder. Los medios no crearon la indignación social, ciertamente, pero la alientan y la esparcen. Y magnifican los defectos de la reforma. Las voces que por convicción protestan contra lo que consideran una limitación a la libertad de expresión, o contra lo que juzgan censura, caen como lluvia de hastío en la tierra fértil de una ciudadanía predispuesta contra nuestra carísima partidocracia.

Esa combinación de búsqueda de representatividad y reformismo está resultando fecunda. El resultado es una serie de manifestaciones de inconformidad que coinciden, en su mayoría, en la idea de anular el voto. La lógica es correcta: hay que mostrar a los partidos que estamos decepcionados de ellos. Hay que ir a la casilla el 5 de julio y dejar en blanco o cruzar toda la boleta para que un alud de votos nulos mande el mensaje. El problema es que nuestro sistema electoral no es absoluto sino relativo —se basa en los porcentajes de votación y no en la cantidad de votos— y no penaliza el abstencionismo. Un ejemplo: si en un distrito hubiera 100 mil votantes registrados y 99 mil 994 anularan su sufragio pero tres votaran por el PRI, dos por el PAN y uno por el PRD, el candidato priista sería diputado con todas las de la ley y cada uno de los partidos abonaría a la misma cantidad de diputaciones plurinominales y acabaría recibiendo el mismo dinero en prerrogativas que si el resultado hubiera sido 50 mil votos para el PRI, 33 mil 333 para el PAN, 16 mil 666 para el PRD y una abstención. Aunque a mi juicio debería haberlo, nada hay en el Cofipe que supedite la validez de la elección a un nivel mínimo de participación o que les quite a los partidos representación o recursos por una baja afluencia de electores.

Se puede argumentar que si los líderes de los partidos son sensibles entenderán la señal. Pero yo tengo serias dudas sobre la eficacia de la estratagema, porque creo que les basta con conservar su voto duro y con él sus privilegios. Pero el debate de cómo cambiar ha soslayado el de qué hay que cambiar. Y hay que empezar por eso. Aunque pienso que la mediocracia y la partidofobia son más peligrosas que la partidocracia, considero que los partidos deben limpiarse y que el establishment partidario tiene que transformarse. Sin dar marcha atrás al modelo de acceso a radio y televisión y de financiamiento, en mi opinión la próxima reforma electoral debe incorporar varias cosas: desburocratización del IFE y del TFPJF y disminución de subsidios a los partidos, desespotización por la vía de debates televisados, precisión de las restricciones a las campañas negativas para que prevengan la calumnia más que la difamación, reelección consecutiva de senadores y diputados, candidaturas independientes, y referéndum, plebiscito e iniciativa popular.

Ahora bien, ¿cómo podríamos inducir lo antinatural? ¿Cómo presionar a los partidócratas para que actúen contra sus propios intereses y legislen para debilitarse? Solamente con la movilización de la sociedad civil. No me refiero a meras marchas y protestas sino a la construcción de un gran movimiento ciudadano que unifique a las diversas expresiones de desencanto con los partidos existentes y que, en alianza con el que acepte las enmiendas o mediante la creación de uno nuevo y más allá de intereses mediáticos, impulse la reforma a cambios de votos. Quizá a los dirigentes partidistas no les asusten los sufragios nulos, pero sin duda tendrían miedo de que un partido emergente les gane las elecciones. Y sobre todo, le temen a una sociedad participativa y vigilante, a un electorado con buena memoria capaz de dejar de votar por cualquiera que defienda el statu quo o proteja a corruptos. Por eso no propongo que anulemos sino que anudemos el voto. Que lo amarremos a una agenda consensuada y se lo demos a quien la suscriba, atando en una sola a las corrientes que hoy convergen en el propósito de forjar un nuevo sistema de partidos. Y mientras tanto, que cada quien decida qué debe hacer el día de la elección pero que todos demos seguimiento a quienes ganen para que les quede claro que tendrán que rendir cuentas si quieren llegar más lejos.

Anular para exigir

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

He leído un buen número de opiniones en el sentido de anular el voto como medio para protestar contra la legislación que nos asestaron los partidos y subieron a la Constitución para que fuera inatacable. Lo que más indigna son los miles de millones de pesos que se distribuyen sin que sea posible pararlos en ese asalto en descampado, la prohibición de candidaturas fuera de los partidos y la censura que prohíbe señalar las lacras de los candidatos. De entre las opiniones publicadas, la de Jaime Sánchez Susarrey con diez puntos en Reforma es la más amplia.

¿Qué exigimos muchos de quienes anularemos en protesta nuestro voto? En esencia, libertades ciudadanas conculcadas en actos legislativos no consultados. Para reconquistarlas, debe cambiar la legislación al menos en estos aspectos:

1. Reducción del escandaloso gasto público que los partidos, desde el Congreso, se regalan a sí mismos. Los militantes inscritos en cada partido deben ser su principal fuente de fondos. Si ya sus spots en radio y tv son gratuitos, no se justifica el saqueo de miles de millones que arrebatan los partidos a la educación y a la creación de infraestructura.

2. Derogación del párrafo, en el artículo 41 de la Constitución, y cualquier otro mandato que atente contra el derecho a la información y a la libre expresión al respecto de candidatos, más aún si es negativa. Los electores están en todo su derecho de saber a quién eligen. El derecho a la libertad de expresión y el derecho a la información, plena y sin reservas, no pueden ser cancelados por reglas modosillas que evitan gritarle ladrón al ladrón y narco al narco, o, sencillamente inútil al inútil demostrado. Quien incurra en difamación o calumnia responde ante la ley y punto. Pero los partidos se han dado un fuero previo contra opiniones negativas.

3. Derogación del monopolio partidario a presentar candidatos a puestos de elección popular. Monopolio que infringe el artículo 1 de la Constitución porque hace ciudadanos desiguales ante la ley. La ciudadanía mexicana debe bastar para votar y ser votado.

4. Eliminación de los diputados y senadores de representación proporcional. Esa bolsa de curules que no se someten al voto y a las que se llega por la gracia de la oligarquía de cada partido son cadenas de control dentro del partido e imposiciones a la ciudadanía. Los diputados deben ser los 300 elegidos y los senadores dos por entidad federativa elegidos por mayoría. Si ya hemos igualado la competencia en los comicios, deja de tener sentido la dádiva que el poder concedía a la oposición en forma de cuotas de legisladores.

5. Reelección consecutiva de legisladores y presidentes municipales. La no reelección obliga al legislador a ser fiel con la oligarquía de su partido y no con sus electores, de los que se desentiende porque nunca deberá darles cuentas para pedir de nuevo su voto.

6. Definición del fuero. El fuero sólo resguarda al legislador para que no pueda ser perseguido por sus expresiones en la Cámara. Pero en la práctica ha servido para que legisladores y autoridades cometan desde infracciones leves hasta graves desacatos al amparo ciudadano otorgado por un juez, o llanos delitos. El fuero debe ser lo que fue: un escudo para la libre expresión al legislar y gobernar.

7. Recuperación de la autonomía del IFE, ahora cancelada a gusto de los partidos con la imposición de un contralor nombrado por la Cámara de Diputados, figura que debe desaparecer porque fue diseñada con el objetivo de someter el IFE a los deseos de los partidos políticos so pena de fulminante despido. En el mismo sentido, debe modificarse la elección de los consejeros del IFE. “Los partidos los eligen discrecionalmente y por cuotas. Por eso descartan a los mejores, más independientes y mejor capacitados”, señala JSS.

Tenemos una política envilecida por la rapiña del dinero público y por la trivialidad: nada importante puede expresarse en spots de unos segundos que nos abruman el día entero con cantaletas similares. El resultado es que oímos lo mismo: frases huecas dictadas por la mercadotecnia, y vemos las mismas sonrisas colgadas de postes: basura.

Lo esencial deben callarlo porque hace ganar unos votos y perder otros: reformas de fondo en lo fiscal, energético, educativo y laboral. Todos ofrecen, pero ninguno dice cómo obtendrá los fondos para cumplir lo ofrecido. Y en eso, en el cómo, está el meollo, está la diferencia entre un partido y otro.

La marejada abstencionista

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

La ola abstencionista toma rumbo de marejada y empieza a preocupar a las autoridades, a los partidos y al IFE, que arranca esta semana foros para debatir, en realidad para combatir, la idea de la abstención en julio.

Ya eso está bien: que los autores de la reforma electoral pasada y sus beneficiarios tomen nota de que algo serio se desarregló con ella en el corazón mismo de la confianza ciudadana.

Distintos observadores ven en la marejada una típica equivocación de medios y fines: los abstencionistas darán el poder a quienes menos quieren dárselo, a los candidatos y partidos con mayor posibilidad de movilizar su voto duro, en una contienda que, dada la abstención, se parecerá más al acarreo y el clientelismo de viejo cuño que a la fiesta democrática de electores libres.

Creo que la ola abstencionista podría ser constructiva, y hasta catártica, si adquiere banderas y encuentra la forma de ponerlas en la agenda nacional.

Una manera de hacer esto sería que los distintos focos de promoción abstencionista escogieran consignas precisas, de preferencia no más de tres, y diseñen un mecanismo para hacerlas visibles el día de la elección.

Tres consignas podrían ser: 1.Terminar con las candidaturas plurinominales, 2. Instaurar la reelección, 3. Establecer candidaturas independientes.

Respecto del mecanismo para hacerlas visibles, pienso que pudiera emitirse por internet una convocatoria para que el mismo día de la elección se reúnan físicamente, en los puntos canónicos de cada ciudad, los ciudadanos abstencionistas, con sus pancartas exigiendo lo que exigen.

Es probable que esos mítines horizontales, hechos en cada ciudad a partir de la simple concurrencia ciudadana, se vuelvan la noticia del día de la elección, y establezcan así, en los medios, el principio de una agenda legislativa para los políticos electos ese día.

Si todo esto sucediera, el abstencionismo activo adquiriría la forma de una demanda política clara y tendría una expresión física en calles y plazas, una presencia tangible que pudiera resultar abrumadora, aun si no son muchos los que se reúnen en cada lugar. Serán una multitud sumada plaza por plaza.

A los mítines podrían acudir también los no abstencionistas, los ciudadanos que creen su deber votar o que juzgan ingenua y aun peligrosa esa práctica, pero comparten las demandas de los abstencionistas y su mensaje de fondo: quitarle poder a los partidos y darle poder a los votantes.

Ex panistas y pejistas, tras el voto en blanco

En decenas de blogs y páginas de internet es evidente el apoyo de integrantes del blanquiazul y simpatizantes de López Obrador a esta campaña, aunque también destacan intelectuales y comunicadores

Milenio

México.- El voto en blanco se convirtió en la estrategia de campaña de ex panistas y pejistas para la elección intermedia del próximo 5 de julio. Es una estrategia idéntica de la derecha española contra la candidatura de José Luis Rodríguez Zapatero.

Representantes de PRI, PRD y PSD aseguraron que el voto nulo se transformó en sufragio azul, debido a que el gobierno federal y el PAN aplican desde febrero pasado esta estrategia con base en recomendaciones del publicista de origen español Antonio Solá.

Sin embargo, en decenas de blogs y páginas de internet se advierte que son ex militantes panistas, como Tatiana Clouthier y Gabriel Hinojosa, y pejistas los que impulsan la campaña para anular el sufragio o votar en blanco.

El ejemplo más claro es la página votaenblanco.org.mx, que dirige Luis Manuel Pérez de Acha, quien participó en la campaña de Andrés Manuel López Obrador (entre noviembre de 2005 y julio de 2006) como cabeza de equipo para elaborar la plataforma fiscal.

Pérez de Acha contrató a Luis Alberto Bolaños, quien trabajó como director de internet de Presidencia de la República con Vicente Fox.

Bolaños ha señalado que tuvo dudas de participar en este movimiento, pero cuando se enteró de quiénes serían los candidatos del PAN, partido por el que siempre ha sufragado, decidió votar en blanco. “Uno nefasto y otro incompetente”, sostuvo.

Pérez de Acha señala que invirtió 100 dólares en el dominio de la página de internet y pagará otros 50 mil pesos más a Luis Alberto Bolaños de aquí al 5 de julio. También expresó satisfacción por el trabajo con el ex colaborador de Vicente Fox, “porque eso nos abrió las puertas en los medios”.

Ochenta parientes

Otro personaje que está en el centro del debate es Gabriel Hinojosa Rivero, primer alcalde panista de Puebla (1995) y primo hermano del presidente Felipe Calderón.

El director del movimiento Tache a Todos aseguró: “Sí, soy primo de Felipe Calderón, pero hay como 80 parientes con ese grado consanguíneo y eso no quiere decir que todos compartan el mismo proyecto político, ya que en la familia hay priistas, perredistas y panistas”.

Recordó que desde 2004 renunció al PAN, aunque trabajó en la campaña del actual Presidente, porque “por ética y genética” está con Calderón, aunque eso no significa que milite en ese partido.

El debate sobre el voto en blanco comenzó en el ciberespacio, específicamente en los blogs. De ahí pasó a ser tema de politólogos, columnas, editoriales y mesas de análisis en radio y televisión.

La campaña del voto nulo inició en febrero de este año en Puebla y Guadalajara. En la primera entidad Gabriel Hinojosa destapó la organización Tache a Todos y en la segunda Margarita Sierra presentó Voto Nulo para Políticos Nulos.

A esos esfuerzos siguieron artículos periodísticos, en los que se criticaba a partidos y gobiernos por la falta de apertura política hacia los ciudadanos. También se señalaba que ningún partido se hace cargo del malestar de la población.

Entre estas voces destacan Luis González de Alba, José Antonio Crespo, Francisco Cárdenas y Jaime Sánchez Susarrey, además de personajes vinculados con ex presidentes, como Esteban Moctezuma Barragán (secretario de Gobernación con Ernesto Zedillo) y Rubén Aguilar (vocero de Vicente Fox).

El pasado 1 de abril José Woldenberg, ex consejero del IFE, se preguntó: “¿De qué sirve echar más leña a la hoguera de la abstención? ¿Queremos desfondar lo poco que hemos construido hasta ahora (en materia de democracia)?”

Ya hay propuesta

La propuesta de anular el voto permite a la ciudadanía mostrar su inconformidad con el sistema de partidos, aseguró Pérez de Acha, y añadió que no corresponde a los ciudadanos elaborar una nueva propuesta de país, porque ellos no cuentan con presupuesto ni con el equipo para hacerlo.

Gabriel Hinojosa explicó que ya tiene un borrador con las propuestas que vendrán después de la elección, entre las que destacan candidaturas ciudadanas, partidos municipales y distritales, segunda vuelta electoral, reelección legislativa, disminución de diputados y ciudadanización del IFE.

Dirigentes de PRI, PRD y PSD aseguraron que la propuesta del voto nulo es obra del gobierno federal, específicamente de Antonio Solá, quien encabezó la campaña presidencial del PAN en 2006.

Graciela Ortiz, secretaria de elecciones del PRI, subrayó que “no es tolerable que traigan a un extranjero (Solá) a manipular a través de estrategias mezquinas”, mientras Jesús Zambrano, candidato del PRD, señaló que la campaña está vinculada con la Presidencia.

Héctor Villarreal, vocero del PAN, consideró “una ridiculez y aberración” culpar de este campaña a su partido. En tanto, David Razú Aznar, dirigente del PSD en el Distrito Federal, dijo que así se demuestra el amasiato entre la ultraderecha y el gobierno.

Simuladores de la democracia

Ricardo Raphael
Analista Político
El Universal

En estos días de hastío, vapuleado como la gran mayoría de mis compatriotas por la necia y desafinada descarga de mensajes electoreros, mi memoria ha sido varias veces visitada por el señor Miguel de Cervantes Saavedra. No trae bajo el brazo su monumental Quijote, sino uno de sus más ácidos entremeses: El retablo de las maravillas.

Aquel que trata de un grupo de taimados, aduladores y cándidos que coinciden —cada cual por sus propios intereses— en la cómica telaraña de un mismo embuste. Comienza con la historia de un sabio, cuya fama le corría desde la barba hasta la cintura, de nombre Tontonelo.

Entre sus hazañas, este señor confeccionó un retablo que sólo podía ser visto por personas poseedoras de cualidades muy especiales: hijos legítimos de padre y madre en cuyas venas corría vieja sangre cristiana. En revancha, judíos, moros y bastardos sólo mirarían en este artefacto un lienzo en blanco.

Los taimados hacedores de la broma logran conducir a un pueblo entero —incluidas las autoridades— a festejar los trazos, personajes, colores y figuras del inexistente retablo. Nadie preocupado por la realidad estuvo dispuesto a reclamar la mentira por temor a despertar sospechas sobre la pureza de su ascendencia, y por tanto, sobre su reputación.

La mascarada concluye cuando un jefe militar extranjero visita a la comunidad engañada y declara, con toda convicción, no ver nada de lo presumido por sus anfitriones. Los burladores reaccionan mofándose del hereje y este entremés cervantino concluye de la única manera como podía hacerlo: a palos.

De taimados y aduladores pareciera también la manufactura de los personajes involucrados en el actual reparto electoral mexicano. Al igual que Chirinos y Chanfalla hacen en El retablo, los diseñadores de las actuales campañas han puesto lo mejor de su ingenio al servicio de la farsa, han colocado lo superfluo por encima de lo importante y, sobre todo, han privilegiado sus rocambolescas ocurrencias sobre toda idea relevante.

Sospechoso es que las plataformas electorales hayan permanecido meticulosamente fuera de la discusión pública. Sea porque no contienen nada digno de llamar la atención, o porque normalmente nadie vuelve a hojearlas una vez concluidos los comicios, el hecho es que las agendas legislativas propuestas por los partidos se han convertido en el tema más despreciado del momento.

Curiosa también es la total ausencia de debate electoral. Mientras Germán Martínez dice que él “no habla con las Paredes,” el partido que lleva seis puntos de delantera prefiere no manchar su largo y espinoso plumaje en ociosas discusiones con sus adversarios. Mientras tanto, Jesús Ortega, del PRD, busca cómo colarse en la confrontación con el solo propósito de demostrar que su partido ha cambiado; ahora resulta que los perredistas sí disfrutan de los debates.

Mientras tanto, el lienzo de la disputa se presenta muy abundante en relieves anodinos y sin importancia: ¿Cuál es el partido de los buenos ciudadanos? ¿Cuál el menos corrupto? ¿Cuál el que tiene mejor actitud? ¿Cuál el que ha dejado atrás los malos modos? ¿Cuál el menos broncudo?

Siendo la realidad tan complicada, es muy enojoso que nos traten a los votantes cual cándidos personajes de Cervantes. Ya decía el cínico Napoleón Bonaparte que “la historia no es sino una fábula aceptada por todos,” pero a estas alturas no estamos los mexicanos como para tragarnos tanto cuento.

Son muchos los que se han lanzado en severa crítica contra quienes se atreven a desafiar la existencia de las maravillas de nuestro retablo electoral. Herejes de la democracia son llamados, por ejemplo, aquellos que proponen acudir a la casilla, mostrar su credencial de elector, sellar de negro su dedo pulgar, llevar la boleta a las urnas y votar en contra de todas las opciones.

Algo de razón han de tener estos analistas cuando ponderan que tal acto de rebeldía contra la pobreza y la superficialidad del actual sistema de partidos no podría ser aquilatado en toda su dimensión. Esto se debe a que, quien habría luego de sumar los votos, el IFE, no incluyó en su día las herramientas para reportar cabalmente el fenómeno.

Sin embargo, el solo hecho de que un reclamo generalizado se esté manifestando bajo la forma de un movimiento a favor del voto nulo, basta para concluir que el sistema de representación actual no está funcionando. Es un mensaje nítido dirigido hacia los taimados y aduladores, de parte de quienes han decidido abandonar el papel de cándidos y burlados. Oportuno aviso, quizá, para evitar la llegada al episodio final de los palos.

Denisse Maerker, el incumpliento de los partidos, el voto nulo y las candidaturas independientes