junio 22, 2009

Digan por que

Martí: el caballo de Troya

José A. Crespo
Horizonte político
Excélsior

Desde que se ponderó el potencial de la protesta anulista (y de cuya magnitud real sabremos hasta el 5 de julio), varios académicos y comentaristas que apoyaron la reforma electoral de 2007 (en particular, su modelo de comunicación política basado en tiempos oficiales) llamaron la atención sobre el uso que los grandes consorcios mediáticos podrían hacer de aquel movimiento para desprestigiar la reforma electoral. Cierto, ese riesgo afloró muy pronto. Y sigue utilizándose como persuasivo argumento de quienes no coinciden con el voto nulo como mecanismo de protesta y presión a los partidos políticos. Ante lo cual, y aclarando que a mí me convence el nuevo modelo de comunicación política (pero no su aterrizaje ni la prohibición de las campañas negativas), cabe puntualizar lo siguiente:

1) La reforma electoral estaba ya en estado de coma aun antes del movimiento anulista. Fueron justamente los partidos los primeros en dejarla a la deriva. Una vez pasada la euforia de haberla aprobado, los partidos de inmediato se arrepintieron y, cada uno por su lado (unos más que otros), empezaron a “limar asperezas” con las televisoras. Incluso, ante las infracciones cometidas por éstas, el PRI y el PAN no levantaron un dedo para defender la reforma, mientras el PVEM —ariete de las televisoras en el IFE— dirigía brutal embate contra los consejeros que pretendían sancionar a las televisoras, según lo estipula el Cofipe. Es, pues, buen diagnóstico el que al respecto hizo Jorge Alcocer, artífice de la reforma, al calificarla como “huérfana”. Para entonces, el movimiento anulista ni siquiera estaba en el radar.

2) Vino el turno del IFE que, por mayoría de sus consejeros, no quiso sancionar las infracciones de las televisoras (porque éstas ya habían prometido no volver a cometerlas) y, sobre todo, el Tribunal aceptó como válida la propaganda pagada que hicieron los legisladores del Partido Verde y abrió con ello un enorme boquete a la ley electoral. Y eso lo reconocieron, mucho antes de palparse el potencial del anulista, quienes ahora temen que esa expresión sea utilizada por las televisoras para darle la puntilla a una reforma desahuciada.

3) Entre quienes se han sumado al voto de protesta (nulo o independiente), hay cuatro o cinco voces que pertenecen al grupo que desde siempre se opusieron (en todo su derecho) al nuevo modelo de comunicación política, al considerarlo una violación a la libertad de expresión e incluso interpusieron un recurso legal. El resto de ese grupo defiende el voto partidista. Fuera de esos cuatro o cinco colegas anulistas pero que militan contra la reforma electoral, no he encontrado en los blogs ni en páginas web de la corriente anulista un solo comentario (uno sólo) que aduzca al nuevo modelo de comunicación política como razón de su voto nulo. Se quejan, más bien, del despilfarro publicitario de los partidos, probablemente creyendo que aún opera el antiguo modelo de comunicación, ese que las televisoras desean revivir.

4) Pese a todo lo cual, muchos detractores del voto nulo insisten en que la expresión anulista podría ser el “caballo de Troya” de las televisoras para rematar la moribunda reforma electoral. Las televisoras siguieron con atención la evolución de la propuesta anulista, y, por momentos, parecía que la respaldaban. En todo caso, no le dieron mayor atención de lo que cualquier otro medio ha hecho, en virtud de lo peculiar de este fenómeno electoral (producto de un caldo largamente cocinado por los partidos, así como por los gobernantes y los legisladores).

5) Pero he ahí que la semana pasada ocurrió un evento que dio un viraje de 180 grados en este tema: Alejandro Martí, con su proyecto de “Mi voto por tu compromiso”, incluyó, entre otras propuestas, justamente la de echar abajo el actual modelo de comunicación política, ese que tanto afecta los intereses de las televisoras. Martí exige, para dar y promover el voto a los candidatos, “reintegrar a los ciudadanos su derecho a expresarse libremente durante los procesos electorales, los cuales fueron limitados por la reciente reforma al artículo 41 constitucional”. Acto seguido, Televisa enfocó sus baterías contra el voto nulo, promoviendo con gran despliegue el proyecto de Martí como más productivo y sensato. Baste ver el viraje sobre el tema, en las barras de opinión institucionales de las televisoras. Los partidos políticos, sus coordinadores legislativos y otros jerarcas dieron de inmediato la bienvenida a la propuesta de Martí, cuya firma notariada implicará su disposición a echar abajo la reforma electoral. A cambio de algunos votos efectivos, partidos y candidatos están dispuestos a firmar lo que se les ponga enfrente. Claro, una promesa notariada es quizá menos eficaz que el “cheque en blanco” que se supone es el voto nulo, según Martí. Pero es un hecho que las televisoras se encargarán de que los nuevos legisladores cumplan al menos su compromiso en torno a la reforma electoral (los demás puntos, probablemente, les tendrán sin cuidado). Así pues, Televisa, con la difusión y el cobijo a la opción de Martí, intentará sacarle a los partidos las castañas del fuego… y después les cobrará el favor, sin duda alguna.

6) De lo que se colige que es el proyecto de Martí —y no los movimientos anulistas— el verdadero “caballo de Troya” de las televisoras. ¿Es casual que los candidatos del Partido Verde —defensor a ultranza de las televisoras—, hayan sido los primeros en signar la propuesta de Martí? Irónicamente, quienes sufraguen por los candidatos que signen la agenda de Martí —debidamente notariada— estarán también votando por la extinción de la reforma electoral. Quizás a quienes desean (como yo) que el modelo de comunicación se renueve, en lugar de desaparecer, les convendría mejor anular su voto, en vez de sufragar por alguno de los candidatos o partidos que se hayan comprometido con Martí a darle el tiro de gracia a la “reforma chapista”.

Claro, una promesa notariada es quizá menos eficaz que el “cheque en blanco” que se supone es el voto nulo, según Alejandro.

Juzgan a AMLO traidor al PRD

Alejandro Cruz
BGC, Ulises Beltrán y Asociados, SC
Excelsior

Como traidor al PRD juzga la opinión pública a Andrés Manuel López Obrador por apoyar al candidato del PT a delegado en Iztapalapa. Se reprueba su estrategia de solicitar el voto para el petista a fin de que, si gana, ceda el cargo a Clara Brugada, abortada candidata perredista por decisión del Tribunal Federal Electoral.

En general, la población cree que López Obrador merece ser expulsado del PRD por hacer proselitismo en favor de otros partidos, según se observa en la reciente encuesta BGC Excélsior.

La revocación de la candidatura perredista de Clara Brugada para la elección de jefe delegacional de Iztapalapa en el Distrito Federal fue medianamente conocida (enterados, 40%). La mayoría de la población nacional con teléfono (58%), dice la tabla 1, cree que se trata de una decisión del Tribunal Electoral basada en una investigación seria sobre irregularidades denunciadas y sólo 27% (tabla 1) piensa que se trata de una maniobra para debilitar al PRD.

Cae mal la decisión de Andrés Manuel López Obrador de llamar a votar por el candidato del PT para que gane y posteriormente renuncie para ceder el cargo a Brugada. 65% (tabla 2) está en desacuerdo con semejante estrategia. No se cree que la postura de López Obrador se deba a que considere injusta la resolución del Tribunal (21%), sino más bien a que quiere imponer como delegada a una de sus seguidoras más importantes (68%). La inconformidad con las posiciones de López Obrador no sólo se observa a escala nacional, sino también en Iztapalapa, centro del conflicto y principal bastión perredista en la capital del país.

En el intercambio de acusaciones de deslealtad que provocó el affaire Iztapalapa entre López Obrador y el dirigente perredista Jesús Ortega, el tabasqueño es el más visto como traidor. Efectivamente, 51% (tabla 3) a escala nacional cree que AMLO es el infiel al PRD al apoyar al PT, mientras que 25% (tabla 3) apunta a Ortega como quien traiciona al partido por colaborar con el Presidente y el PAN. Destaca que en Iztapalapa, 21% (tabla 3) de los entrevistados considera que ambos traicionan al PRD.

Los señalamientos de autoritarismo que le endilgó Ortega a AMLO son compartidos por la población nacional y la de Iztapalapa. Más de la mitad cree que impone sus decisiones a sus seguidores (tabla 4).

La mitad de la población se ha dado cuenta de que López Obrador apoya a candidatos de varios partidos para diputados. Se menciona al PT (74%), seguido de Convergencia (56%) y sólo una cuarta parte menciona al PRD.

Para la opinión pública nacional, López Obrador merece ser expulsado del PRD. Su decisión de apoyar a los candidatos del PT y Convergencia en casi todo el país provoca que 45% (tabla 5) crea que por ese motivo debería ser sacado del partido del sol azteca. Sólo 29% se inclina por que se respete su respaldo a otros partidos (tabla 5).

La gente no compra el argumento de López Obrador sobre su obligación moral y política con el PT y Convergencia para evitar que desaparezcan. Únicamente 17% lo cree. 71% opina que el respaldo que da a esas fuerzas deriva de que su poder en el PRD se ha debilitado.

Esta pugna perredista profundiza la percepción de división en el partido en la óptica de la opinión pública: 78% cree que está dividido internamente, el nivel más alto de los últimos tiempos.

Pese a su decisión de apoyar a la mayoría de los candidatos del PT y Convergencia, la mayoría de la población sigue identificando a López Obrador como perredista (60%). Sólo 16% lo liga al PT y 4% a Convergencia.

Se apuntala la imagen de liderazgo de Andrés Manuel López Obrador sobre los simpatizantes perredistas en detrimento de Jesús Ortega. Mientras en noviembre la mitad de la población pensaba que el perredismo le hacía más caso a Ortega que a López Obrador en las posturas sobre los asuntos nacionales o partidistas, ahora pasa lo contrario: 47% (tabla 6) cree que toman más en cuenta al “Presidente legítimo”.

Con todo, la presencia de López Obrador en la campaña parece contribuir a mejorar en algo su deteriorada imagen. Si bien 44% (tabla 7) juzga mal o muy mal a este ex candidato presidencial, a 34% le causa una impresión buena o muy buena, su punto más alto desde julio de 2007. Incluso, ahora se dividen las opiniones sobre su seriedad como líder opositor, en contraste con la época de la discusión petrolera, momento en que prevalecía claramente la percepción de que AMLO era un peligro para la estabilidad del país.

¿Qué tanta calumnia tendría que tolerar, Andrés Manuel?

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Ayer en la tarde fui a una farmacia de Coyoacán. En la cola de la caja noté que dos tipos de unos 25, 30 años y una mujer poco más joven me miraban y secreteaban. Camino al estacionamiento, se me acercaron a un par de metros. Uno espetó: “¡Ciro, hay que estar con Obrador, cabrón!”.

Sonreí, subí al auto, salí y ahí seguían. Uno traía un refresco de manzana en la mano. Frené. Fintó que iba a golpear la ventanilla. Nos mentamos la madre, pero ni él, ni yo, ni el otro ni la mujer nos atrevimos a ir más allá. Retrocedieron chantando injurias lopezobradoristas. Las valientes juventudes legítimas a las que el líder acaba de dar cuerda. Otra vez.

Me había propuesto dejar pasar el enésimo insulto, la enésima calumnia de López Obrador, que el jueves afirmó, así porque sí, que yo le hago funciones de “achichincle” a la “mafia”. Befa ganada por criticar su miserable teatro de Iztapalapa, por cuestionarlo a él y a su pueblo bueno. Pero después de lo de ayer…

¿Por qué un político profesional que se financia con recursos públicos puede calumniar con esa levedad a un periodista y salir impune? ¿Qué tal que Germán Martínez dijera que Carmen Aristegui engaña a las primeras de cambio, que Manlio Fabio Beltrones afirmara que Denise Dresser miente para subir sus bonos en el extranjero, que Fernando Gómez Mont usara esos calificativos con un columnista de La Jornada? Sería un escándalo. ¡Un atentado criminal, fascista, a la libertad de expresión! ¡Dios!

Pero como se trata de López Obrador, pues a bajar la cabeza y aguantar vara.

No, ya no. Voy a documentar los hechos del 2006 a la fecha ante quien sea necesario, porque, hasta donde entiendo, yo soy un periodista y él un político poderoso, muy, muy poderoso.

Que se hace pasar por pobre y desvalido.

Firmar ante notario no basta: la Iglesia

Cuestiona ¿quién se encargará de exigir el cumplimiento de las promesas?

Milenio

La Arquidiócesis de México consideró que “mañosamente” los candidatos y políticos aceptaron la propuesta de notariar sus compromisos, “es tan sólo un show mediático, lleno de hipocresía y cinismo”, porque en el fondo saben que no existen mecanismos para que los cumplan y se les pueda revertir su falta.

En el semanario Desde la fe, en su editorial “Revolución ética”, se menciona que “actúan con ingenuidad quienes piensan que el esquema político puede cambiar pidiendo que los candidatos a cargos de elección popular firmen ante notario” sus compromisos.

Por lo que se cuestiona: ¿Y quién se encargará de exigirles su cumplimiento?, ¿con base en qué mecanismos legales podemos pedirles su renuncia? y ¿dónde está el sustento institucional para hacer funcionar tales propuestas?

Para el órgano de difusión del Arzobispado México no necesita propuestas al vapor, entre ellas las del voto nulo, sino de una revolución ética y moral al interior de las instituciones políticas.

A México le urgen legisladores y funcionarios con principios, que volteen a los ideales que construyeron la base de los partidos a los que pertenecen; necesita de una clase política capaz de ejercer la autocrítica y la renovación que “le permita mostrarse a la sociedad con un rostro más limpio y servicial”.

La Arquidiócesis reconoce que el sistema democrático mexicano está apenas en crecimiento y consolidación, con muchas imperfecciones que se observan no sólo del lado de los políticos o de las leyes correspondientes, sino también del lado de la ciudadanía.

Al referirse a la legislación electoral vigente, consideró que es fruto de una reforma realizada a la medida para desagraviar a un grupo político: “ésta contiene decisiones muy polémicas y hasta erráticas, con la única finalidad de evitar un clima de confrontación entre los candidatos, algo que no se ha concebido”.

Sobre los partidos se menciona que no bastan frases bonitas, por un lado, y ataques al adversario, por el otro. “Éstos tienen que representar formas claras para orientar el desarrollo social y la convivencia política”, señala.

¡Es el sistema, estúpido!

Jorge Chabat
jorge.chabat@cide.edu
Analista político e investigador del CIDE
El Universal

Durante los últimos años hemos venido escuchando constantemente la discusión sobre la causa de que la transición democrática esté atorada. Y en esta discusión los argumentos terminan consistentemente en señalar a los actores de ésta como responsables del fracaso. Así, se culpa a las instituciones que tienen que ver con el proceso electoral (el famoso “¡al diablo con sus instituciones!” de López Obrador), se culpa a los partidos (la mugrosa partidocracia) o a los políticos a los cuales se les tacha, y con razón, de corruptos e irresponsables. Por ello, las “soluciones” propuestas se centran en cambiar o desaparecer a esos actores. En medio de la frustración colectiva, ha habido quienes proponen desaparecer al IFE y al Tribunal Electoral del Poder Judicial de lo Federación, en tanto que otros más imaginativos han propuesto desaparecer a los partidos y que el gobierno se entienda directamente con las organizaciones de la sociedad (cualquier semejanza de esta propuesta con el fascismo no es coincidencia). Algunos más con la borrachera de 10 tazas de café proponen encarcelar o desaparecer a todos los políticos, pensando ingenuamente que con eso se van a resolver los problemas. Estas propuestas equivalen a decir que hay que desaparecer a los equipos (o a los jugadores) en una liga de futbol con pésimo nivel en la que no hay ningún costo para el equipo que juega mal, pues de todos modos sigue jugando y sigue teniendo un patrocinador. En otras palabras, lo que está generando el pésimo funcionamiento del sistema político mexicano no son los actores del mismo, sino las reglas con las que éstos juegan; esto es, el sistema.

El sistema político que tememos es una herencia del que construyó el PRI para mantener su hegemonía. Para alcanzar ese objetivo el “partidazo” eliminó la posibilidad de la reelección inmediata para que diputados, senadores, presidentes municipales y gobernadores no pudieran desarrollar un poder propio que los hiciera independientes del partido. Este diseño ha beneficiado ahora a todos los partidos que se sienten muy cómodos con este aporte priísta al desastre que tenemos. La otra clave del sistema político era la impunidad y la discrecionalidad en la aplicación de las leyes. De hecho, para hacer carrera política era necesario entrar en este esquema ya fuera por acción o por omisión. De esa forma todos los políticos eran rehenes del sistema pues todos tenían cola que les pisaran. Evidentemente, esta forma de control político propició que lo que menos importara fuera el ciudadano. La figura del fuero, que equivale a una patente de corso para hacer lo que los políticos quiera, tiene su origen en esta regla del sistema.

Así pues, el origen de la increíble ineficiencia, irresponsabilidad y corrupción de nuestros políticos está en el sistema que tenemos que incentiva este tipo de conductas. La solución pues, está en cambiar las reglas del juego, no a los jugadores. Para ello todo el descontento social debe centrarse en demandas concretas que rompan este modelo perverso de hacer política, empezando por la regla que prohíbe la reelección inmediata. Sólo así podremos canalizar la energía ciudadana que hasta ahora, como el calor, se dispersa en el universo sin producir ningún cambio.