junio 23, 2009

Avalan en Francia decisión de México sobre caso Cassez

Milenio

El sondeo del diario más longevo de Francia realizó una encuesta en el sentido de que si entienden la decisión de México de no extraditar a Florence Cassez y respondieron 16 mil 908 personas, de las cuales 72.14 por ciento se pronunciaron por el "Sí" contra 27.86 por ciento por el "No".

Ciudad de México.- La mayoría de los franceses entiende la decisión de México de no trasladar a Florence Cassez a su país, según se estableció en la encuesta electrónica del diario "Le Figaro".

El diario más longevo de Francia preguntó este martes en su portal electrónico: ¿Entiende la decisión de México de no extraditar a Florence Cassez?.

El sondeo fue respondido por 16 mil 908 personas, de las cuales 72.14 por ciento se pronunciaron por el "Sí" contra 27.86 por ciento por el "No".

El lunes pasado el gobierno mexicano negó el traslado de Cassez a su país, con el argumento de que no existen las condiciones para que se cumpla de manera íntegra en Francia la pena impuesta de 60 años de prisión por su participación con una banda de secuestradores.

En un mensaje a la nación el presidente Felipe Calderón recordó que la ciudadana gala solicitó auxilio del gobierno de su país, que se pronunció por reservarse para sí la competencia de decidir la eventual suspensión o reducción de la pena o sobre los medios para hacerla cumplir.

"Esto abría la posibilidad de que Florence Cassez no pagara su condena de acuerdo con la sentencia que las autoridades judiciales mexicanas han determinado o que la pagara en un plazo significativamente menor. Para México, esto resulta inaceptable", subrayó.

Azucena Olivares. Contribuyente responsable en Naucalpan, Estado de México.

Las opciones

Germán Dehesa
german@plazadelangel.com.mx
Gaceta del Ángel
Reforma

Rosario Castellanos fue mi maestra de Teoría Literaria y muchas de sus enseñanzas viven en mí. La recuerdo siempre muy bien arreglada, con sus pies menudos como de geisha y su rostro ovalado. Parecía un Modigliani maya. De todo, lo que más recuerdo es su talento verbal que igual le servía para explicarnos conceptos más bien oscuros y elevados, que para hacer irrisión del mundo en el que ella se incluía. A ella, la autora de "Balún-Canán", le encantaba que le preguntaran los alumnos despistados que si ella era la autora del "Popol-Vuh".

Hace poco, en el aquelarre que aquí reseñamos, vino a la conversación Rosario Castellanos a quien alguna de las presentes mencionó como ejemplo de esa intelectual mexicana de los años cincuenta y sesenta que todavía se sentía en la obligación de mitigar esa condición intelectual con el cumplimiento escrupuloso de las tareas del hogar. A las mexicanas pensantes de hoy estas tareas domésticas las intuyen en la lejanía. Ya se los habré contado, pero vale la pena repetirlo aquí: una joven poeta le dice a su marido: quiero que me lleves a un lugar que yo no haya conocido nunca. El marido sin titubear le contesta: ¿te parece bien que te lleve a la cocina?. Bueno, pues Rosario sabía de la cocina y sabía del pensamiento. Sin sus enseñanzas, yo no habría llegado a conocer la teoría literaria de Georg Lukács, el filósofo marxista de origen húngaro que, en aquellos años, estaba en boca de toda la fauna que pastábamos en Filosofía y Letras. Todos lo nombraban, unos cuantos lo leían, casi ninguno lo entendía. Rosario Castellanos era una experta en el pensamiento literario de Lukács. Fue ella la que con ejemplar paciencia nos explicó la teoría de las opciones degradadas que hoy quiero compartir con ustedes, intrépidos lectores.

No nos costará trabajo imaginar un lugar en donde todo lo que hay y todo lo que se ofrece no es precisamente lo que dice ser: la calle no es tan la calle, la leche no es tan la leche, el alcalde no es tan alcalde y la ciencia no es tan la ciencia. Éste es el universo de las opciones degradadas. Aquí se impone una pregunta interesante: el hombre que pretende ejercer su libertad en un universo así ¿lo podrá hacer?. Si escoges esto, no es exactamente lo que querías; si escoges aquello, te ocurrirá lo mismo. En efecto, tú eres supuestamente un ser libre, pero qué queda de tu libertad al ejercerla en estos universos. Lukács y yo opinamos (¡ay, sí!) que en estos casos la libertad padece y propiamente no se ejerce. ¿Qué se hace entonces?. Ésta es una pregunta de muy difícil respuesta. Yo, lector febril, imagino una biblioteca a donde han ido a parar todos los libros mediocres, malos y muy malos que se han creado en el mundo. A sus puertas, un bibliotecario me dice: pásele y con toda libertad escoja el libro que quiera y, si así lo desea, puede llevárselo consigo. Lo que no me dice es que no hay un solo libro bueno. De nuevo, las opciones degradadas. Lea el libro que lea, me conducirá a la frustración. A lo que quiero llegar es a plantear que la libertad también se ejerce absteniéndose.

Se aproximan unas elecciones. Las opciones han sido enormemente restringidas por un sistema tramposo y anacrónico. Ninguno de los partidos, ni grandes ni chicos, dejan de ser opciones degradadas, condición de la que se contagian sus candidatos. Yo por eso me abstendré y acabo de dar mis motivos. No se trata, señor Fox, de una "jalada"; para jaladas su beso en el Vaticano y su complicidad con el PRI. Ésas son jaladas.


¿QUÉ TAL DURMIÓ? MDLXXVIII (1578)

¿Dormirá bien Don Bours con el triste rumor de los gritos lejanos de Julio César Márquez y los otros pequeños que, por pura imprevisión, murieron quemados en Hermosillo?.

Cualquier correspondencia con esta columna que se abstiene, favor de dirigirla a dehesagerman@gmail.com (D.R.)

Asamblea virtual

Federico Reyes Heroles
Reforma

La distancia es parte central del problema, esa distancia abismal entre los partidos, sus dirigencias y lo que ocurre en la vida cotidiana de los mexicanos. ¿Recuerda usted el nombre de su diputado federal saliente? ¿Tuvo usted algún contacto con él o ella? ¿Es capaz de recordar alguna acción memorable de su representante? Bajemos el rasero, no exijamos que haya sido memorable, simplemente recordable. ¿Sabe usted cómo votaron en las principales modificaciones legislativas? Y viendo al futuro, ¿qué le dice a usted la carita o carota -dependiendo del tamaño de los promocionales, poste o espectacular- de los candidatos en turno? Claro, siempre podemos remitirnos a la imagen de los partidos, pero ello quiere decir que no hay ningún contacto con las personas. Ahí está la distancia.

La idea de representación, de que una parte de nosotros está sentada en su curul estudiando las leyes que deben regirnos, simplemente se desvanece. Votar por la imagen de un partido es una versión disminuida del voto a la cual no debemos acostumbrarnos. Voto nulo, voto en blanco, voto por independientes y por supuesto voto por el "menos malo" o a regañadientes son todas expresiones del mismo problema: distancia, lejanía. Todas tienen bemoles pero todas están tratando de decir algo. Cómo cambian las cosas, hace un par de décadas la pelea era por garantizar la secrecía, ese gran invento de Occidente que nos permite, en silencio y en soledad obligada, inclinar la decisión atenidos sólo a nuestra conciencia. Vigilancia cruzada entre partidos, observadores, prensa, se hizo uso de todos los instrumentos para garantizar esa condición básica de la democracia. No se ha ganado del todo, el voto a mano alzada sigue siendo una realidad sobre todo en zonas indígenas, ese voto quiebra un principio básico de la convivencia democrática. Pero en el 2009 la lucha es otra.

Muchos de los mexicanos que se inclinan ahora por alguna de las expresiones de inconformidad crecieron después de esas batallas. En el 2009 ellos, por voluntad propia, hacen público su voto porque quieren expresar su hartazgo con el sistema de partidos. Muchas de las respuestas que han recibido son verdaderamente infames. No son ni traidores ni atentan contra la democracia. Simplemente han decidido moverse en el margen que la propia ley les da para expresarse. Merecen por ello respeto y no sólo eso: hoy constituyen el único ingrediente que nos ha llevado a discutir cuestiones de fondo. El asunto no se puede reducir a una versión binaria, a favor o en contra. Me parece que quien ha asumido una de esas opciones -nulo, blanco o independiente- o ir por una versión parcial, es decir votar sólo en una de las boletas (federal o local), está ejerciendo su derecho. En otros países como Ecuador el voto nulo es una opción contabilizada precisamente para encauzar la inconformidad del votante con la oferta política.

La asamblea virtual de todos estos mexicanos reunidos -podría alcanzar 4.5 millones- transformada en mensajes precisos y con números como sostén podría convertirse en el fenómeno social más relevante en muchos años. Pensemos que, a diferencia de la alternancia en el 2000, esos mexicanos no están reaccionando a la convocatoria de un partido, no cuentan con aparato ni con presupuesto ni con tiempos oficiales, tampoco siguen a un gran líder ni caben en una coincidencia ideológica. Eso es quizá lo más asombroso y notable del caso. Los grandes tropiezos recientes de México -68, 85, 88, entre otros- se han presentado cuando no ha habido capacidad y disposición para entender y leer el mensaje que manda una sociedad siempre cambiante.

Las cúpulas partidarias tienen una enorme responsabilidad al haberse apropiado de un proceso que pertenece a la ciudadanía. Lo hicieron llevando al exceso la representación proporcional en la Cámara de Diputados y en el Senado. Son ellas las que designan al 40 por ciento de nuestros representantes, ése es el resultado final, de ahí la distancia. Lo hicieron al no permitir la reelección inmediata que les quita poder a las dirigencias y lo traslada a la ciudadanía. Y finalmente remataron al cerrar la válvula de escape de las candidaturas independientes. Si a ello se le suma que la controversia constitucional de nada sirve al ciudadano y que la vía del amparo para asuntos electorales languidece, pues no debería haber asombro por el hartazgo. Como condimentos están los insultantes presupuestos (el Partido Verde tiene 10 veces más presupuesto que el Centro de Detección Epidemiológica que sirve a 105 millones de habitantes, Leo Zuckermann dixit). ¿Algún asombro del por qué del hartazgo?

Arrinconaron a la ciudadanía al usar a los partidos y los dineros del causante como franquicias. Basta con mirar lo que ocurre en Iztapalapa. Convirtieron el proceso electoral en una burla. A ver cómo explican el abstencionismo con 23 millones de spots. Nulo, blanco, independiente y voto de inconformes, ya nadie para la asamblea virtual del 5 de julio.

Campañas evasivas

Rodrigo Morales Manzanares
Excelsior

La contienda que está por concluir será recordada por todo menos por el debate en torno a lo que realmente vamos a decidir el próximo 5 de julio.

Están por concluir las campañas electorales y hemos asistido a todo tipo de debates públicos menos al fundamental: el Congreso. Hemos discutido en torno al voto, las reglas, los árbitros e incluso los jugadores; pero el debate ha omitido una cuestión central: ¿qué significa la renovación de la Cámara de Diputados en un entorno de crisis económica, qué podemos esperar?

En efecto, la contienda que está por concluir será recordada por todo menos por el debate en torno a lo que realmente vamos a decidir el próximo 5 de julio. Desde antes del inicio del proceso, el debate fue sobre las bondades o los excesos de la reforma electoral; muy pronto, estas discrepancias tuvieron ocasión para expresarse en lo de aplicar la ley. De modo que, a cada paso que iban dando las autoridades administrativas o jurisdiccionales, se actualizaba el debate, al grado que aun cuando la jornada electoral no se lleva a cabo todavía y estamos aún lejos de concluir el proceso electoral, ya se habla de la reforma que viene. Nuevas reglas, proceso inconcluso.

Por otro lado, en las últimas semanas hemos asistido a un prolongado debate en torno al voto (anularlo, votar por un candidato no registrado, intercambiarlo por compromisos firmados ante notario, etcétera), debate que tampoco se hace cargo frontalmente de lo que habremos de votar el 5 de julio. Es decir, los partidos han sido incapaces de poblar el nuevo modelo de comunicación política con imaginación; hay quienes implícitamente dicen que son prescindibles; pero las discusiones están cada día más apartadas de lo que está en juego, y el entorno en el que se da la contienda escasamente ocupa la reflexión de los jugadores y de los observadores.

Hoy nadie discute la existencia de una severa crisis económica, acaso el debate discreto se centra sobre la magnitud y la profundidad de la misma. Mi punto es que, cuando terminemos de contar los votos, la crisis económica seguirá ahí y la nueva Cámara de Diputados ineludiblemente va a ser instalada. Y acaso lo que dejamos de discutir es cómo imaginar el Congreso en época de crisis económica. Pareciera que la política ha conseguido nublar, al menos en el debate, a la economía.

Pero lo alarmante no es sólo la cantidad de oportunidades perdidas, las distorsiones que han acompañado este singular proceso electoral, sino lo que se ha sembrado en todo este tiempo y se cosechará al día siguiente de los comicios. Dos ejemplos.

Si el combate al crimen organizado de suyo ha tenido dificultades de todo tipo, la campaña del partido en el gobierno poco abona para transitar hacia la confección de una verdadera política de Estado. Sobran evidencias para acreditar las enormes dificultades que tiene el pretender políticas unitarias y esquemas mínimos de coordinación y seguimiento en medio de un enjambre institucional en el que coexisten diversos niveles de gobierno (y de responsabilidad) y muchas instancias que presuntamente concurren a un mismo objetivo. Si eso ya es así, partidizar una política de Estado mínima (garantizar la seguridad de sus habitantes) no es el mejor camino. En otros países con amenazas parecidas, cuando el Estado se siente emplazado, todos y cada uno de los líderes políticos cierran filas, no en torno al gobierno en turno, sino en torno a la razón del Estado. El PAN parece entenderlo de otra manera.

Otro ejemplo. Cualquier proyección con respecto al nivel de recaudación fiscal es alarmante. Y, sin embargo, todos los partidos evaden el tema y, aún más, prometen que no van a hacer lo que inevitablemente van a tener que hacer: revisar el régimen fiscal. Esto sin duda querrá decir impulsar o, al menos aprobar, medidas poco populares. Sin embargo, en la simplificación de las campañas, los partidos no alertan sobre la magnitud de la crisis y las medidas que habría que ir discutiendo para paliarla. Las campañas aquí congelan ese debate.

En resumen, en una democracia madura, en época de contienda electoral, lo deseable es que el debate público no se centre en las reglas del juego, en la capacidad de los árbitros, en la anulación del voto, etcétera, sino que se aboque, en primer lugar, a lo que realmente está en juego (la composición de la Cámara de Diputados) y lo que ello significa y, en segundo lugar, en la posibilidad de impulsar verdaderas políticas públicas que superen los naturales diferendos partidistas. Jugar con el tema de la seguridad pública para especular sobre los rendimientos electorales o ignorar el de la crisis económica no es lo más responsable. Insisto, cuando terminemos de contar los votos, los partidos (éstos) seguirán ahí y la crisis acaso será menos amigable.

Hoy nadie discute la existencia de una severa crisis económica, acaso el debate discreto es sobre la magnitud y profundidad de la misma.

Agenda nula

Diego Petersen Farah
diego.petersen@milenio.com
Acentos
Milenio

El primer partido en integrar las propuestas del los anuladores a su agenda legislativa es el PRI. En su visita a Guadalajara el senador Manlio Fabio Beltrones planteó entre las reformas que propondrán los legisladores de su partido la ratificación de los miembros del gabinete, la reducción del senado a 96 miembros, y de la cámara baja a 400, la revocación del mandato y la reelección de diputados. Quitando la ratificación de los miembros del gabinete, un asunto que es al menos poco práctico, pues el gabinete podría quedar secuestrado por el Congreso, el resto de los temas son parte de la agenda que han planteado los promotores del voto nulo. La ratificación del gabinete no es la mejor fórmula. En países donde ya van en la tercera vuelta de tuerca democrática existen formas de equilibrio que implican que la Asamblea pueda disolver al gabinete, y el presidente pueda disolver la Asamblea. Supongo que no es lo que quieren los priistas y más bien buscan atarle al presidente el brazo que le queda suelto.

La revocación de mandato y la reelección de diputados son reformas que los promotores del voto nulo plantean como una manera de empoderar (la palabra es horrorosa, pero en este caso es correcta) a los electores frente a los partidos políticos. Se trata de darle armas al elector para castigar o premiar el desempeño de sus legisladores. Un diputado que tenga que regresar a su distrito a buscar la reelección va a cuidar la forma en que vota y lo que dice en tribuna. Las campañas se van a basar en la rendición de cuentas de quien busca la reelección y en la crítica al trabajo de quien busca desplazarlo. La revocación de mandato tiene que ver con la posibilidad de dar de baja a un gobierno que salió peor que lo esperado. Ninguno será bueno, eso ya lo sabemos (recordemos la quinta ley de la física de Newton: “pase lo que pase, sea quien sea, el próximo presidente será un pendejo”) pero la posibilidad de adelantar una salida en casos extremos ayuda a que se pierda menos tiempo.

La reducción del Senado es también fundamental. Se trata de recuperar el sentido original de la cámara alta. Como parte de las reformas electorales de los años noventa ésta terminó cooptada por los partidos y perdió su esencia: la representación de los estados como expresión legislativa del pacto federal. Los senadores deberían pues representar a los intereses de las entidades federativas y no los de sus partidos. Reducirlo a 96 implicaría, suponemos, eliminar la representación plurinominal y dejar sólo a los electos dos por mayoría y uno por primera minoría. En una cámara baja de 400, quedarían sólo cien diputados plurinominales. No es un mal comienzo.

¿Es posible otra democracia?

Alberto Aziz Nassif
aziz@ciesas.edu.mx
Investigador del CIESAS
El Universal

Sin la certeza que ha acompañado al movimiento altermundista, que se ha posicionado como una respuesta al neoliberalismo con la bandera de “otro mundo es posible”, podemos preguntarnos ahora que faltan 12 días para las elecciones: ¿es posible otra democracia en México?

La espiral de los últimos días de esta campaña electoral, como ya es una costumbre en nuestro país, nos muestra lo peor de la política: las expresiones más absurdas de los políticos, como la que vimos de López Obrador en Iztapalapa dando órdenes para darle la vuelta a una dudosa sentencia del Tribunal Electoral. Este caso será un clavo más en el complicado proceso de la fractura interna de la izquierda que ya parece irreversible. Las declaraciones —cada día más radicales— de los líderes políticos, que suplen el debate con una cadena de descalificaciones y adjetivos. Las ocurrencias, un tanto ingenuas, de condicionar el voto a que los candidatos firmen sus compromisos ante notario, como lo hizo Alejandro Martí, con una agenda que incluye la contrarreforma electoral; iniciativa potenciada por Televisa para llevar agua al molino de sus intereses como un poder fáctico que no ha dejado de litigar en contra de la reforma, que la dejó sin una parte del negocio televisivo de la política. El otro caso es Michoacán, en donde la acción penal ya contaminó la elección y estableció la sospecha de un uso electoral en la lucha contra el narcotráfico.

Mientras los partidos siguen a la caza del voto, vemos cómo se procesan en México las tragedias, como la de la guardería ABC de Hermosillo, Sonora. Esta tragedia, que ya cobró la vida de 47 niños, ha destapado redes de corrupción, deficiencias institucionales, falta de regulación y una débil responsabilidad que se pasa como una bolita entre los diferentes niveles de gobierno. Este caso trágico no es más que una pequeña expresión del país contrahecho, en donde lo único cierto es que para los ciudadanos no hay bienestar, seguridad y, mucho menos, justicia. Un Estado ineficiente, unas veces capturado (en este caso le dicen subrogado), otras veces fallido.

Nuestra democracia esta llena de deficiencias y huecos. La representación democrática se ha debilitado. Estamos insertos en una dinámica de elecciones, más o menos institucionalizadas, que conviven con dinámicas en las que no hay rendición de cuentas ni transparencia; dominan los monopolios en amplias zonas de la vida pública (sindicatos, televisión, telecomunicaciones); los poderes regionales vulneran a las instituciones; el crimen organizado reina en diversos territorios del país a pesar de la militarización; la concentración de la riqueza y la desigualdad son piezas que no se mueven; el sistema de impartición de justicia está podrido.

Ante este país, las élites políticas nos han colocado como ciudadanos en el grado cero de la participación, y sólo nos conceden elegir a candidatos que no seleccionamos, porque las listas las hicieron las burocracias partidistas. Una vez que estos candidatos son electos no los volvemos a ver nunca; en el Congreso lo que hacen es obedecer las directrices de sus líderes, y estos líderes a su vez siguen la línea de sus partidos. En la negociación, los grandes intereses tienen asegurada la aprobación de sus proyectos; en diversos casos los legisladores son voceros y representantes directos de esos intereses. Así, hemos esperado años a que se hagan las reformas políticas, las transformaciones constitucionales que necesita el país para tener mejores instrumentos, para poner al país a tono con un sistema democrático. Pero una vez que pasan las elecciones, desaparece la prisa, los compromisos se esfuman y empieza a reinar la política real de los intereses poderosos. Así ha sido una y otra vez, con nuestro voto, con nuestra confianza y con nuestras expectativas. Por eso hoy tenemos un movimiento por la anulación del voto.

¿Cómo cambiar esta dinámica? Es muy factible que si seguimos votando o en las filas abstencionistas, este sistema va a seguir igual. Por lo pronto, ya regresó la obsesión por ajustar de nuevo las reglas electorales, como si ello fuera la llave mágica que corrige los grandes problemas nacionales. A estas alturas ya se ha vuelto tan relativo el cambio de reglas electorales, única metodología que apasiona a nuestros políticos, que otra reforma como la que ya se anuncia no hará sino seguir la misma dinámica.

Nada garantiza que otro cambio de reglas vaya a modificar el desprestigio y la falta de legitimidad en la que se encuentra el sistema político. Nada lo garantiza si no se asume la crisis del sistema representativo, como lo postula el movimiento por el voto nulo. Es urgente un cambio de dinámica política, en el que haya reformas profundas que hagan de nuestra democracia un instrumento útil para la representación ciudadana, porque lo que tenemos hoy no funciona. Los partidos tienen que modificar sus privilegios; es necesario construir nuevos diseños institucionales que permitan una mejor gobernabilidad, rendición de cuentas, reglas que posibiliten una construcción de coaliciones más estables y un mecanismo de certidumbre en la relación entre Ejecutivo y Legislativo. ¿Es posible otra democracia?