junio 28, 2009

Alejandro Martí para presidente

Alvaro Cueva
alvarocueva@milenio.com
Ojo por ojo
Milenio

Momento, momento. Entre la avalancha de estímulos noticiosos que usted y yo hemos recibido en los últimos días, acaba de pasar algo importante e inesperado.

¿Qué? Se consolidó un líder, se fortaleció un nuevo personaje en la escena política nacional: Alejandro Martí.

¿Y? ¿Qué tiene esto de especial? Que en cuestión de semanas don Alejandro consiguió devolverle la esperanza a miles de mexicanos, algo que ningún político había podido hacer en años.

Lo veo y le juro que me acuerdo de esos instantes en los que personajes tan carismáticos como Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador evolucionaron de políticos a héroes de la nación.

La gran ventaja del señor Martí es que él no es político. ¿Y de qué está hasta el gorro buena parte de la sociedad? De los políticos, independientemente de si son rojos, verdes, azules, amarillos o de cualquier otro color.

Alejandro Martí es el líder perfecto porque no representa los intereses de ningún partido, representa los intereses de la gente común y corriente, de la que quiere resultados.

Si le hacemos un análisis de imagen, don Alejandro cumple con todos los requisitos de los grandes personajes que mueven a las multitudes: su tamaño, su voz, su edad, su estilo, sus canas.

Por si esto no fuera suficiente como para adorarlo, el señor Martí es un hombre sano, no tiene ninguna necesidad ni de dinero ni de poder, los analistas lo respetan, los medios no lo pueden bloquear porque es un estupendo anunciante y es algo así como la representación del mártir mexicano del siglo XXI.

A él la delincuencia le ha hecho lo mismo que a la gran mayoría de los habitantes de este país: le han quitado algo, le quitaron lo que más amaba.

Su historia la conocen todos, su frase “si no pueden, renuncien” ha sido repetida por millones de personas a lo largo y ancho de todo México y su organización SOS goza del mejor de los posicionamientos.

¿Puede haber una celebridad más perfecta que Alejandro Martí en este momento histórico?

Como usted sabe, ante el patetismo de las campañas políticas y la propuesta del voto en blanco, a don Alejandro se le ocurrió lo de “mi voto por tu compromiso”.

La idea es que pedirle a la ciudadanía que vote sólo por personas que cumplan con determinados requisitos, uno de ellos consiste en que los candidatos firmen su promesas ante notario público a manera de garantía.

Qué tan buena no habrá sido esta estrategia que, más allá de la cantidad de candidatos que se apuntó o que no se apuntó, desató un nuevo escándalo en la opinión pública.

Que si lo de esas firmas es exactamente igual a lo que hizo, en su momento, Enrique Peña Nieto; que si eso es un atentado contra el IFE, que si quién es Alejandro Martí para convocar a los candidatos, que si no va a funcionar, que si todo esto es la mano negra de alguien que está manipulando al señor Martí para acabar con el voto en blanco.

Lo más significativo ha sido ver y escuchar la reacción de muchos políticos que quisieran detener a don Alejandro, pero que, ante su movimiento, su poder, su carisma y su biografía, no pueden. ¡No pueden!

El enemigo de los políticos ya no está en otro partido, ya no está en otro nivel de poder; está en la sociedad, se llama Alejandro Martí y es peligroso.

Se imagina usted lo que pasaría si el señor Martí se quisiera lanzar como candidato a la Presidencia de la República en 2012 o si decidiera apoyar a algún candidato en particular.

¿Quién le diría que no? ¿Quién le impediría acceder a las tribunas más populares de la nación? ¿Quién lo atacaría? ¿Quién se atrevería a meterse con el fantasma de su pérdida?

Sí está como para ponerse a pensar. SOS suena bien hasta como nombre de partido político en un país tan desesperado como el nuestro.

¿Cómo fue que pasó esto? ¿En qué momento la carrera de Alejandro Martí dio un giro tan radical? ¿Se lo propuso él o se lo propusieron? ¿Quién se lo propuso? ¿Algún político escondido o la misma presión de una sociedad abandonada?

Haya sido como haya sido, aquí ya pasó algo. Alejandro Martí se ha convertido en un símbolo y su Sistema de Observación para la Seguridad Ciudadana, en otro poder.

Vamos a ver qué pasa con ellos en las elecciones de la próxima semana pero, sobre todo, vamos a ver qué pasa con ellos después. Se va a poner bueno. ¿A poco no?

¡Atrévase a opinar!