julio 17, 2009

Banorte por internet

La cohabitación mexicana

Francisco Martín Moreno
fmartinmoreno@yahoo.com
Excélsior

El gabinete de Calderón podría llegar a estar integrado por representantes de los más influyentes partidos políticos que controlan las cámaras de senadores y de diputados con todas sus ventajas.

La parálisis legislativa que afectó con tanta severidad al gobierno de Fox y, por ende a nuestro país, debida a la ausencia de eficientes operadores políticos, se repite en la administración del presidente Calderón y por las mismas razones. México ha resentido diversos daños en diferentes aspectos de la vida nacional en razón de que las reformas estructurales que demanda el país no se han podido instrumentar en tiempo y forma. Resulta inaplazable una reforma energética de fondo, no una insustancial modificación corporativa de Pemex como la que se promulgo el año pasado. De la misma suerte, se ha convertido en una exigencia inaplazable la ejecución de la reforma del Estado, la eléctrica, la laboral, así como la tributaria, entre otras más.

La experiencia legislativa del presidente Calderón es incuestionable, por lo que resulta aún más difícil de entender que no haya podido destrabar los escollos políticos para estimular el desarrollo de México. Víctima de una patética inseguridad, el Presidente se hizo rodear de colaboradores incondicionales, quienes tenían que reunir obligatoriamente un requisito mucho más importante que el de la eficiencia: el de la lealtad. Calderón se rodeó de aduladores que le hicieron perder el contacto con la realidad. ¿Cómo olvidar cuando precisamente el año pasado se llevó a cabo un brindis espectacular en Los Pinos con la idea de festejar la emisión de una ley que reformaba los estatutos y la estructura de Pemex, cuando el propio Calderón había mandado una iniciativa completamente diferente de la resolución final emitida por el Congreso de la Unión? Este y otros casos deberían haber llamado la atención del presidente Calderón para cambiar este ruinoso estado de cosas que prevalece en sus relaciones con el Congreso de la Unión. El golpe frontal, demoledor y humillante se lo llevaron los panistas cuando el electorado los castigó la semana pasada con notable dureza en relación con su gestión pública.

De acuerdo a todo lo anterior, resulta una exigencia la formación de un gobierno en el que se le dé cabida a la cohabitación política. De la misma manera en que el actual gobierno israelí ha tenido que convocar a políticos de ultraderecha que cuentan con la representación de un nutrido grupo de diputados en la Kneset para no caer en la parálisis legislativa y política, en México, como en otros tantos países, se debe invitar a legisladores de diversos sectores del espectro a formar parte del gabinete de Calderón, de modo que la promesa encerrada en esta decisión pueda justificar de alguna manera la estancia de tres años más del jefe del Ejecutivo federal en Palacio Nacional. ¿De qué sirve un Presidente de la República que se encuentra maniatado en el Congreso, en donde no cuenta, ni mucho menos, con el apoyo necesario para cumplir con sus planes de gobierno? El gabinete de Calderón podría llegar a estar integrado por representantes de los más influyentes partidos políticos que controlan las cámaras de senadores y de diputados con todas sus ventajas.

Una cohabitación, en donde el Presidente llegue a perder la mitad o más de sus colaboradores para ser sustituidos por representantes de la oposición, necesariamente constituye una novedad política en nuestro país. Se requiere un gran valor civil y una poderosa confianza personal para ejecutar semejante proyecto, que implicaría la aceptación del desastre en la gestión de Calderón, desastre que ya quedó evidenciado en los comicios del pasado 5 de julio. El voto de desconfianza popular calificó a la actual administración con una nota abiertamente reprobatoria. El gobierno de Calderón carece, por lo visto, de mecanismos y de capacidad negociadora en el Congreso para sacar adelante al país. Baste imaginar que la aceptación de una estrategia de cohabitación política se pudiera traducir en la existencia de diversos, y no menos eficaces, interlocutores en el Congreso de la Unión, casi diríase cabilderos, convencidos de la necesidad de instrumentar las reformas que el país requiere, siempre sobre la base de pensar alguna vez, por lo menos alguna vez, en México.

En un país en el que lamentablemente la mitad de la población económicamente activa se encuentra en la informalidad, resulta, tan inaplazable como conveniente, instrumentar una reforma tributaria orientada a gravar el gasto y el consumo, restándole peso específico a los impuestos al ingreso, cuya recaudación ha sufrido un notable desplome. La caída de los ingresos por remesas, por exportación de crudo, por turismo y por inversión extranjera arroja datos alarmantes que podrían anunciar, en el corto plazo, una nueva catástrofe monetaria y financiera. Calderón no podrá sacar al país adelante sin una cohabitación política, salvo que se convierta en un firmón de las iniciativas priistas o que se oponga a ellas por una única ocasión a través del veto, antes de convertirse en leyes de seguir el PRI trabando alianzas con otros partidos políticos no afines al PAN en escandaloso declive…

Cuauhtémoc Cárdenas: puro sentido común

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

¿Qué dijo Cuauhtémoc Cárdenas en su alegato publicado ayer? Que carente de autoridad moral, la dirigencia de los Chuchos está desacreditada para convocar a nada. Y que se tienen que ir del partido todos los que trabajaron abiertamente en contra del PRD. Es decir: un texto de puro sentido común.

Pero ni los Chuchos, ni los gobernadores amarillos que presumen, ellos sí, haber ganado, ni los viejos parlamentarios, ni los perredistas enemigos del PRD, se dan por enterados.

Unos se escudan en el argumento ramplón, burocrático, de que lo mejor ¡surgirá siempre de la unidad!: Ebrard, Amalia, Pablo Gómez. Otros, los Chuchos, arman el sofisma de que, si renuncian, le dejan la mesa servida al lopezobradorismo. Y los otros, ¡ah!: López Obrador, sus segundos, lacayos, payasos y blogueros: esos no dan razones, porque son la izquierda legítima que vive y muere por y para el pueblo bueno.

—¿No debiste haber puesto nombres y apellidos en el texto, Cuauhtémoc?

—No hace falta. Son los 600 o más que compitieron por otros partidos y es la dirigencia nacional.

—Jesús Ortega y los suyos dicen que no se van.

—Será una dirección a la que no voy a reconocer en su legitimidad, porque si no aplica el estatuto, quiere decir que no tiene ni capacidad, ni valor para hacerlo.

—Ni las figuras del PRD, ni el lopezobradorismo parecen interesados en seguirte en este empeño.

—Yo voy a caminar con quien quiera caminar para recuperar la autoridad moral en el PRD, no para formar otra corriente o secta. Yo quiero trabajar por un proyecto de país. Si somos sólo dos personas, que creo que sí podré yo convencer a uno más, pues por ahí empezamos. No hacen falta muchos más.

Felicitaciones a los ganadores, ahora viene lo bueno…

Ana María Salazar
salazaropina@aol.com
Analista política
El Universal

Felicidades a todos los candidatos, y a sus equipos, que ganaron la contienda electoral del 5 de julio. No quiero ser aguafiestas, pero la realidad es que es fácil ganar en comparación con lo difícil que es gobernar. Ahora sí empieza lo difícil: ¿cómo ejercer un liderazgo moderno en un ambiente político anacrónico y en el que continúa reinando un estilo de liderazgo jurásico? Este es el gran reto.

Me tomé varios años para redactar mi Manual de liderazgo para no ser un líder jurásico, y entre las cosas que pude reconocer es que el liderazgo es algo que se aprende y hay que hacer un esfuerzo real por estudiarlo.

Por supuesto, si una persona tiene talento natural, el proceso de aprendizaje será más fácil. Pero lo que resulta crucial es que los líderes deben ser conscientes, sean innatos o no, de la preparación que requieren para ejercer un buen liderazgo. Habrán de reconocer que para ser un buen líder es necesario prepararse como para cualquier otra profesión. Deben entender que no se harán líderes de la noche a la mañana y que el proceso de aprendizaje nunca termina.

Parte de este aprendizaje incluye leer sobre el tema y aprender de los miles de libros y biografías de los grandes líderes.

Probablemente una de las características más importantes de un líder que se subraya en todos estos libros y manuales es la importancia de tener y compartir una visión.

Cuando hablamos de visión, en su acepción más simple, nos referimos a un plan de acción que incluye objetivos y los pasos para cumplir con esos objetivos. Para un líder moderno, los objetivos deberían incluir una serie de actividades cuyo objetivo es buscar una mejor calidad de vida para las personas que gobierna o que representa. La visión es el mapa que el líder político comparte con los demás y con ella traza un rumbo para él o ella, y para su equipo.

Un líder moderno también debe saber por qué es importante esa visión. En su libro El arte de liderar, Francesco Alberoni señala la diferencia entre los líderes con visión de los que ejercen el liderazgo por otras razones:

“Los hombres y las mujeres que disponen de este tipo de visión son completamente distintos a los hombres y mujeres ambiciosos que tienen necesidad de acumular riquezas y honores para sentirse alguien. Son distintos a los fanáticos que intentan imponer al mundo entero su credo y su régimen político mediante la violencia. Ellos no quieren dominar, quieren crear. El impulso de crear no pertenece a la dimensión de tomar, sino a la de dar, no a la del egoísmo, sino a la del altruismo. Y en ese caso, incluso el poder no es más que un instrumento para poder dar. El creador, el constructor, la persona que alberga un sueño no dirige, no exige obediencia por el simple placer de ver a la gente inclinándose delante de su poder, sino para edificar, conjuntamente, algo que concierna a todos. De ahí que entienda el acto de liderar como una llamada, y la obediencia como un consenso”.

Esta descripción podría considerarse un tanto ingenua; no obstante, los líderes a los que debemos aspirar son como los que describe tan bellamente Alberoni, ya que tener una visión con las intenciones correctas no basta. La visión tiene que ser el gas de la flama de la motivación pues la única forma de lograrlo es dándoles esperanzas porque, a final de cuentas, “lo único que importa, que mueve y da fuerza a las personas, lo que las arrastra, es un sueño”.

Por eso en mi Manual de liderazgo para no ser un líder jurásico sugiero el siguiente ejercicio. Durante los primeros días después de haber tomado posesión del cargo, y si es posible antes, el gobernante deberá hacer el primer borrador del discurso que dará el último día de su gestión. Sí, leyó correctamente: debe tener listo desde el primer día el discurso que dictará a su salida. Incluirá los proyectos prioritarios, el tipo de ambiente en que le gustaría gobernar, cómo desea que lo recuerden y cómo espera que lo juzgue la historia. ¡Presto! Esta es tu visión.

Claro que con el paso del tiempo este discurso puede cambiar, pero nunca se deberá olvidar lo que prometió, porque esto será probablemente el termómetro más importante para evaluar su efectividad como líder.

¿Es verde el Verde?

Alberto Morales
alberto.morales@eluniversal.com.mx
El Universal

La identidad ideológica del PVEM se ha desdibujado y cambiado de tonalidad, advierten analistas

Para politólogos y ambientalistas el pasado proceso electoral y el desempeño del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en los últimos años parecen haber afectado la tonalidad de la agrupación.

En el PVEM, sin embargo, insisten en que están comprometidos con el ambiente, a pesar de que en los últimos meses promovieron la instauración de la pena de muerte y el otorgamiento de vales para adquirir medicinas o para estudiar.

“No hemos descuidado el tema ambiental; 95% de la legislación ambiental en las dos cámaras ha sido a propuesta del Verde”, mencionó el senador Jorge Legorreta en defensa de su partido. “Somos tan verdes como cualquier agrupación de Europa”, agregó.

Para Patricia Arendar, directora ejecutiva de Greenpeace México, el PVEM es un “camaleón” que retoma iniciativas ambientales y las impulsa en la Cámara de Diputados, pero al final se pierden por falta de seguimiento.

“Tenemos un partido que se mueve con un discurso verde, que se apropia de iniciativas de las organizaciones no gubernamentales, pero no lleva hasta las últimas consecuencias la pelea ambiental porque está muy comprometido con alianzas políticas”, aseguró.

Expertos coincidieron en que es una “franquicia familiar” supeditada a los intereses de sus aliados electorales y cuestionaron que en la pasada elección, el PVEM eludiera propuestas ecológicas y basara su estrategia de comunicación en pena de muerte, vales de medicinas y educación. “‘Si el Estado no tiene para darte educación o salud, entonces que te lo pague’ es una propuesta demagógica”, señalaron.

La propuesta para aplicar la pena capital a delincuentes le costó al PVEM, el 10 de febrero, el desconocimiento del Partido Verde Europeo.