julio 31, 2009

La historia detrás de la expulsión de Zelaya de la presidencia de Honduras

José de Córdoba
Dow Jones Newswires
Sentido Común

Tegucigalpa, Honduras, 27 de julio — Durante la celebración del día de la independencia de Honduras, el pasado 15 de septiembre, el entonces presidente Manuel Zelaya, apareció en una ceremonia tradicional en pro de la unidad del país, pero en vez de dar el tradicional grito “¡Viva la república!”, se dirigió a los líderes políticos, civiles y empresariales con una diatriba de 15 minutos contra el capitalismo.

“Los hombres de negocios y la oligarquía corrupta son los responsables de dos siglos de miseria en nuestro país, porque apoyan un modelo económico neoliberal injusto, que explota a los seres humanos y a nuestros recursos naturales”, dijo Zelaya, portando su típico sombrero blanco stetson, mientras la multitud empezaba a gritar “¡Fuera, fuera, fuera!”

Expulsado del país el mes pasado por los militares, Zelaya regresó el viernes 24 de julio temporalmente. Seguido por reporteros y hablando por el celular, Zelaya cruzó la frontera con Honduras desde su exilio en Nicaragua. Caminó hacia la cadena oxidada que limita la frontera, la levantó y caminó unos cuantos pasos en su suelo.

“No venimos armados. Vengo en paz”, dijo Zelaya al saludar a un oficial del ejército hondureño, antes de retirarse a Nicaragua, bajo la amenaza de arresto por el gobierno provisional de Honduras. La secretaria de Estado de Estados Unidos Hillary Clinton, calificó la incursión de “imprudente”.

Este es el último acontecimiento notable en una creciente crisis regional mucho más complicada de lo que parece. El episodio parecería un regreso a la época tragicómica de la historia latinoamericana, cuando los presidentes eran derrocados con regularidad en golpes de estado; no obstante, un vistazo más de cerca al régimen de Zelaya revela una fuerte tendencia antidemocrática.

Él se colocó a si mismo en el conjunto de presidentes latinoamericanos electos, que han intentado permanecer en el poder después de su periodo, a fin de implementar una agenda populista de izquierda.

Estos líderes, empezando por Hugo Chávez, de Venezuela, han utilizado la histórica pobreza y desigualdad regionales para obtener el apoyo de las clases bajas, pero han creado grandes divisiones en sus sociedades, al concentrar el poder en sus propias manos e incrementar el control gubernamental de la economía, los medios y otros sectores.

Zelaya, un agricultor de 56 años, se unió a dicho grupo que incluye a Chávez, a Rafael Correa de Ecuador, a Evo Morales de Bolivia y a Daniel Ortega de Nicaragua. La semana pasada, Ortega difundió planes para un referéndum que modificaría la constitución y a fin de reelegirse indefinidamente, algo que Chávez ya logró en Venezuela.

Una medida similar fue la que metió en problemas a su vecina Honduras. Durante el año pasado, Zelaya dirigió una iniciativa para cambiar la constitución a fin de abolir los periodos presidenciales. El día de su expulsión, planeaba un referéndum para convocar una asamblea constitucional, aunque dicha votación se hubiera declarado ilegal por la Suprema Corte de esa nación.

Los antecedentes de Zelaya revelan muy poco que él se convertiría en el símbolo internacional del líder democráticamente electo expulsado de la administración.

Zelaya es originario de Olancho, un estado violento y machista en el centro de Honduras, dominado por terratenientes, que siempre portan armas, dueños de enormes propiedades. Su familia, dedicada a la maderería y la agricultura, ha sido una de las fuerzas dominantes en esa entidad durante décadas.

Uno de cuatro hijos, Zelaya creció con privilegios en su medio rural y sólo se distinguía por su amor a la guitarra, a las motos Harley Davidson y a los caballos. En 1975, cuando tenía 23 años, su padre, también llamado José Manuel, fue enjuiciado por ayudar a oficiales del ejército a torturar y matar a 14 activistas rurales, incluyendo a dos sacerdotes.

Procesado y sentenciado a 20 años de cárcel, el padre de Zelaya pasó menos de un año ahí antes de ser liberado con una amnistía general.

El encarcelamiento del padre de los Zelaya afectó mucho a su hijo, dijeron sus amigos. Zelaya abandonó la universidad después de un periodo irregular de estudios en ingeniería industrial y regresó a Olancho para cuidar del negocio familiar.

El joven visitaba a su padre con frecuencia e incluso a veces dormía en prisión, dijo Víctor Meza, el último ministro del Interior de Zelaya. “Eso lo formó”.

En su juventud, Zelaya no tenía firmes tendencias ideológicas. Dirigía las operaciones madereras de la familia y finalmente llegó a ser director de la principal organización empresarial de Honduras.

También logró subir de rango en el Partido Liberal, el más antiguo e importante del país, primero como diputado y luego como jefe del fondo para inversión social del país.

De acuerdo con sus colegas, Zelaya es desorganizado y carece de educación formal, pero tiene un instinto político innato. “Su origen es ordeñar vacas y de repente se encuentra hablando ante las Naciones Unidas”, dijo Meza. A pesar de la falta de estudios, aprende rápido.

En poco tiempo logró ascender en el Partido Liberal y se postuló sin éxito para la presidencia en 2001. En 2005 fue nuevamente candidato y ganó con un margen muy reducido. En su toma de protesta, desechó el discurso ya preparado e improvisó, con numerosos errores.

“Era una señal de la forma en que llevaría su gobierno”, dijo el analista político de Honduras, Miguel Calix.

En su primer año, Zelaya no parecía muy ideológico y dedicó mucho tiempo a viajar. Era un gran derrochador. En un notable viaje a Washington, llevó a una comitiva numerosa, incluyendo a miembros de su familia. En una ceremonia en la Casa Blanca puso en brazos del asombrado presidente George W. Bush, a su nieta de meses de nacida.

A dos años en la presidencia, Zelaya reorganizó su gobierno y convirtió su gabinete a un cuadro de ministros de mano dura dominados por Patricia Roda, la ministra de Relaciones Exteriores. Hija de un famoso líder de derecha del Partido Liberal, Roda tiene fama de marxista radical y doctrinaria desde sus días en la universidad.

Aun cuando los partidarios de izquierda aumentaron su influencia en Zelaya, la economía mundial también lo impulsó hacia ese lado. En 2007, Honduras fue afectada duramente por los elevados precios del petróleo. Ese país importa todo el hidrocarburo que requiere y además no tiene capacidad de refinación.

Lo anterior significó que cuatro compañías —Chevron, Exxon Mobil, Royal Dutch Shell y la local Dipsa—, controlaran el mercado: Importaban el combustible directamente y lo distribuían en sus propias estaciones de servicio.

Al subir los precios del crudo, Honduras, cuyas plantas de energía lo necesitan para operar, fue obligada a incrementar los precios de la electricidad y a racionar la energía.

Al principio Zelaya, desesperado por ayuda, trató de bajar el costo de las importaciones al comprar productos derivados de petróleo a granel, pero el plan falló porque el gobierno no tenía sus propias instalaciones de almacenaje.

Así que, en 2007, decretó un recorte en los precios del combustible, pero su medida generó escasez, mientras los importadores se quejaban de que los recortes mermaban sus ganancias. Para mediados de 2008, las compañías petroleras amenazaron con frenar nuevas inversiones en el país.

Su vecina Nicaragua, que obtenía petróleo a tasas reducidas de Caracas desde 2005 bajo un programa llamado Petrocaribe, no tenía esos problemas. Este programa, creado por Chávez, vende petróleo venezolano a precio de mercado, pero permite a sus 18 naciones miembro financiar parte del petróleo a tasas de interés muy bajas.

Desde 2007, Petrocaribe proporcionaba 1,200 millones en financiamiento, lo cual era similar a los préstamos del Banco Interamericano de Desarrollo en esa época.

Cuando Zelaya peleó contra las petroleras extranjeras, Chávez le ofreció crudo barato. Muy pocos se opusieron al pacto venezolano cuando el Congreso lo aprobó en marzo de 2007. “Yo apoyé mucho a Petrocaribe”, dijo Adolfo Facusse, director de la cámara de industriales de Honduras y ahora opositor de Zelaya.

Desde entonces, Petrocaribe contribuyó a que el gobierno hondureño ahorrara casi 126 millones de dólares, de acuerdo con las autoridades.

Zelaya, quien al principio mantuvo su distancia de Chávez, rápidamente se acomodó en el abrazo cálido de Venezuela. “Se llevan muy bien e intercambian bromas”, agregó Meza. “En un viaje a Caracas, Chávez dijo a Zelaya, Mel, ¿dónde dejaste el caballo?”

El mandatario hondureño pronto copió la retórica venezolana. En agosto, Zelaya se unió a ALBA, un pacto político y comercial entre nueve naciones, que Chávez diseñó para contrarrestar la influencia de Estados Unidos en la región. Sus otros miembros incluyen a Bolivia, Cuba, Ecuador y Nicaragua.

Como Chávez, Zelaya pronto enfrentó a la mayoría de las instituciones de Honduras. Obligado por la constitución a enviar el presupuesto al Congreso para el 15 de septiembre, se rehusó y alegó diversas razones, incluyendo que la crisis financiera global le imposibilitaba calcular las cifras.

Nadie quedó más decepcionado de Zelaya que su exmentor, el cardenal de Honduras Óscar Rodríguez, un candidato importante para remplazar al papa Juan Pablo II luego de su muerte.

Rodríguez culpa a Zelaya de usar fondos públicos para promover su referéndum, en vez de gastarlo en los pobres. A principios de año, las cámaras de seguridad del banco central de Honduras captaron a funcionarios del gobierno retirando casi 2 millones de dólares de la bóveda en una maleta, presuntamente para financiar la iniciativa del referéndum.

Tres de los principales funcionarios de Zelaya, y él mismo, fueron acusados de mal uso de recursos públicos en dicho caso. Las autoridades niegan los cargos y argumentan motivos políticos.

“Éramos buenos amigos, pero él cambió drásticamente”, dijo el cardenal. “Fue Chávez. Fue Chávez”.

Lo que realmente enfrentó a Zelaya con la mayoría de los grupos que defienden el estado de las cosas, fue eso que muchos hondureños consideraron como un osado impulso de perpetuarse en el poder, al pretender que se modificara la constitución y poder reelegirse, lo cual está prohibido en el país.

En las semanas previas al referéndum, la Suprema Corte declaró ilegal la votación por dos razones: En primer lugar, sólo la dependencia electoral del país puede llamar a un referéndum. En segundo, el artículo de la constitución que prohíbe la reelección es intocable, tanto, que incluso intentar modificarlo es motivo de destitución del cargo.

Cuando los militares, bajo una orden judicial, se negaron a distribuir las boletas días antes del referéndum, el presidente despidió al jefe de personal del ejército, el general Romeo Vásquez, y aceptó la renuncia de los comandantes del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea junto con la del ministro de Defensa.

“Le dije al presidente que no podíamos actuar contra una orden judicial. Si lo hiciéramos, sería cometer un delito”, dijo el exministro de Defensa, Edmundo Orellana, amigo cercano de Zelaya.

Las tensiones aumentaron dos días después, cuando el mandatario, desafiando a los tribunales, dirigió a la multitud a tomar las boletas en una base de la Fuerza Aérea. “Eso fue impactante para las fuerzas armadas”, dijo Orellana, refiriéndose al ingreso de las masas por la fuerza. “En ese momento todos dijeron este hombre está loco. Tenemos que sacarlo de aquí”.

La Suprema Corte respondió con la orden de que Zelaya debía dejar la presidencia y lo arrestó. Los militares obedecieron, pero temían que la detención incitaría a la violencia.

Por tanto, el ejército lo expulsó con lo que violó otro artículo constitucional, el cual estipula que un ciudadano no puede ser obligado al exilio. El hecho generó una imagen: La de un presidente en pijama exiliado a la fuerza; esto hizo que casi todo el mundo concluyera que la irrupción se trataba de un golpe de estado.

Orellana, quien dimitió días antes porque creía que Zelaya infringía las leyes, también piensa que la acción del ejército constituyó un golpe. “Es lo peor que pudo haber pasado”, dijo.

Traducido por Alejandra Díaz Alvarado
Editado por Pedro de la Garza

'Changuito trepador' por Paco Calderón

Mi vecino Marcelo

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"Es más fácil amar a la humanidad en general que a tu vecino". Eric Hoffer

Tengo un vecino de esos latosos. Se llama Marcelo. Usted conoce al tipo, sin duda. Quizá le haya tocado vivir cerca de alguno también. Es de esos que hacen fiestas ruidosas. Pero no en su casa, sino en las áreas comunes.

Para una gran fiesta este próximo domingo, 2 de agosto, el vecino ha empezado a montar un templete en medio de la calle. Ahí va a presentar a algunos grupos musicales y cantantes. Y son muy buenos. A Nelly Furtado la ha traído desde Los Ángeles. A Juan Luis Guerra de la República Dominicana. La fiesta que está preparando va a ser, a todas luces, enorme.

Para montar el templete, el vecino incómodo ya ha empezado a cortar el tránsito en la calle. Aunque la fiesta es el domingo, la experiencia nos dice que los grupos musicales estarán haciendo pruebas y ensayos días antes. La circulación en el vecindario estará restringida todo el fin de semana para que el vecino pueda hacer su fiesta cómodamente. De hecho, ya hay problemas de tránsito provocados por el templete.

Yo puedo quizá escaparme de la ciudad este fin de semana. Muchos vecinos, sin embargo, no cuentan con esa posibilidad. Tendrán que aguantar los problemas de tránsito y de ruido.

El domingo por la tarde o noche, sin embargo, tendré que regresar a la ciudad. Al contrario de mi vecino, yo no estoy de vacaciones. Tengo que trabajar este lunes. Pero no sé siquiera si podré llegar a mi casa, porque la fiesta estará en pleno auge. Parece difícil, por otra parte, que pueda yo dormirme temprano para despertar fresco a las cuatro de la mañana y llegar a trabajar a las cinco como hago cotidianamente. Al vecino poco le importa.

Hace años tuve un problema similar pero en Canadá. Otro vecino ruidoso hacía fiestas cuando se le antojaba con música a un volumen muy alto. No hacía las fiestas en la calle, porque a ningún canadiense se le hubiera ocurrido aprovechar un área pública como su propiedad personal. Cansado del ruido, sin embargo, un día llamé a la policía y minutos después llegó una patrulla. Los agentes obligaron al vecino a bajar el volumen de su música de forma tal que ya no molestara a los demás.

Me dicen que en la Ciudad de México hay una ley similar que impide a los bares, centros de diversión o fiestas privadas tener música a un volumen que moleste a los vecinos. Sólo que en México esa regla, si existe, no se aplica. En algunos casos, porque las autoridades no se molestan en hacerlo. En otros, porque los responsables de violarla reciben una gratificación de los ruidosos. En algunos más, porque quienes violan la ley son influyentes.

Éste es el caso de mi vecino Marcelo. La policía, en vez de impedirle poner su templete en la calle, lo está apoyando. El vecino es un hombre muy importante. Tiene un cargo elevado en el gobierno de la ciudad y está tratando de conseguir uno todavía más alto en la administración federal. Por eso hace estas fiestas. Piensa que la gente que invita lo apoyará para conseguir el nuevo puesto que ambiciona.

Lo que más coraje da es que antes organizaba esas fiestas en una plaza amplia, el Zócalo, donde molestaba a menos gente. Pero pensó que en esa plaza no se le prestaría atención a su fiesta, por lo que ha decidido tomar la calle.

Todos tenemos vecinos incómodos, cierto. Pero el que a mí me ha tocado tiene mayor capacidad para molestar a los vecinos que cualquier otro.

Bravatas

Otra vez unos sicarios han matado a un comandante policial. Se trata de José Antonio Romero Vázquez, subcoordinador de la policía intermunicipal de Veracruz-Boca del Río. Lo mataron junto con su esposa mientras ambos dormían en su domicilio. Después incendiaron la casa y quemaron vivos a cuatro niños, de siete a 15 años de edad. Romero Vázquez, un policía de toda la vida, había asumido el cargo hace menos de un mes. ¿Quién asumirá ahora la responsabilidad? ¿Tendrá el secretario de Gobernación que lanzar más bravatas a los criminales para retarlos a atacar a las autoridades?

La importancia del caso Sodi

Benito Nacif
Consejero Electoral del IFE
Opinión del experto
Excelsior

El candidato del PAN a la jefatura delegacional de Miguel Hidalgo, Demetrio Sodi de la Tijera, protagonizó la entrevista más polémica de las pasadas campañas electorales. Lo que dijo fue intrascendente, pero el medio utilizado y el contexto generaron una ola de críticas.

Sodi apareció en TV en la transmisión del partido Pumas-Puebla celebrado en Ciudad Universitaria el 23 de mayo.

Un reportero se le acercó micrófono en mano para preguntarle, “¿Qué haciendo por aquí? ¿Le gusta el futbol?” Sodi se declaró fan de los Pumas y aprovechó para hablar de lo que haría de ganar la delegación. La entrevista dio lugar a una queja ante el IFE.

En particular, se presentaron tres acusaciones: contra Sodi por “contratar o adquirir” tiempo en televisión; contra Televisa por difundir propaganda política “ordenada por personas distintas al IFE”, y contra el PAN por “no conducir sus actividades dentro de los cauces legales”.

El IFE resolvió declararlas infundadas el pasado 22 de julio. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) emitirá una sentencia definitiva en las próximas semanas. Su resolución trascenderá la contienda por el cargo de jefe de la delegación Miguel Hidalgo, porque definirá el estándar de prueba que se requiere para mostrar que una entrevista difundida en radio o TV deja de estar bajo el amparo del derecho de la libertad de expresión y se convierte en propaganda política ilegal.

El criterio que se fije definirá los límites y alcances de la libertad con la que los medios electrónicos cuentan para difundir entrevistas a personajes políticos, incluidos precandidatos, candidatos, dirigentes y simpatizantes de partidos, ciudadanos con la aspiración de ocupar un cargo de elección popular y servidores públicos.

Afectará no sólo a concesionarios de la radio y televisión, sino también el trabajo de periodistas, reporteros y conductores.

Un estándar de prueba es un conjunto de reglas o criterios sobre la calidad de la evidencia que una autoridad requiere para decidir si alguien violó la ley. En derecho penal, los estándares de prueba son más estrictos que en el civil. No es lo mismo quitarle a alguien su dinero que su libertad.

Un estándar de prueba afecta directamente el número de casos que se presentan ante la autoridad y la probabilidad de ser encontrado culpable. Si bajan los estándares de prueba, aumenta el número de denuncias, pero también la probabilidad de que la autoridad termine sancionando inocentes.

Con estándares altos, tendrás menos casos, asimismo la probabilidad de exonerar a culpables aumenta. En delitos cometidos mediante actos de expresión sobre asuntos de interés público, la Constitución promueve estándares de prueba altos.

En su artículo 6 incorpora la presunción de libre manifestación de ideas: la autoridad está obligada a respetar todo acto de expresión, a menos que se pruebe de forma clara y convincente que viola ley. Así, la carga de la prueba cae en quien busca declararlo ilegal.

En el caso Sodi, el IFE concluyó que no había pruebas suficientes para determinar que se había violado la ley. Desde luego, las declaraciones vertidas tuvieron un carácter propagandístico. Pero el acusado negó haber contratado la entrevista.

Televisa declaró que había sido un ejercicio de libertad periodística. La única evidencia “incriminatoria” que se presentó fue la página de internet del propio Sodi, en la que consta que la entrevista se concertó con antelación.

Aún persiste en la opinión pública la sospecha razonable de que hubo alguna suerte de entendimiento entre Sodi y la televisora. Este estándar de prueba puede ser suficiente para iniciar una investigación.

Pero, para sancionar la duda no basta, sino evidencia clara de que se violó la ley. Pero los estándares de prueba pueden relajarse. La ley prohíbe a partidos y candidatos contratar o adquirir tiempo en radio y televisión. La pregunta clave es qué significa “contratar” y “adquirir”.

El IFE optó por una definición convencional: un acuerdo de voluntades que genera derechos y obligaciones. No basta con mostrar que hubo acuerdo. Hay que probar que el acuerdo generaba la obligación a transmitir la entrevista y el derecho a que se transmitiera.

Claro que en este caso hubo un acuerdo de voluntades, pues que se sepa, a nadie lo entrevistan a la fuerza. Sin embargo, con un estándar de prueba tan relajado, la sospecha de ilegalidad se extendería a todas las entrevistas a personajes políticos difundidas en radio y TV.

El nuevo criterio generaría no sólo una ola de denuncias, sino también un pernicioso efecto silenciador sobre asuntos que son necesariamente de interés público. Los perdedores podrían ser no sólo los inculpados, sino la sociedad entera.

Cruzaditos de brazos mientras México se hunde

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Hemos visto, todos y en primera fila, la decidida respuesta de los Gobiernos de este país —los estatales, los municipales y el Federal— cuando se decretó la emergencia sanitaria: se cerraron los cines, se celebraron partidos de futbol sin espectadores, se cancelaron las clases en las escuelas, etcétera. Pues bien, ahora mismo tenemos una auténtica emergencia económica y nadie parece estar haciendo nada. Los únicos que se dan cuenta de este problema de terroríficas dimensiones son los damnificados directos, esos miles de mexicanos que, de la noche a la mañana, se han quedado sin trabajo.

Sepan ustedes, amables lectores, que muchos estados de nuestra Federación no tienen ya los recursos para pagar siquiera los sueldos de sus empleados. Algunos van a prescribir una cura muy drástica: los trabajadores se quedarán en casa —a la manera de esos obreros que no laboran por cuenta de los “paros técnicos” decididos por la empresa— y, naturalmente, no recibirán la paga que les tocaría. Pero no sufre únicamente la burocracia de los Gobiernos estatales: hay historias desgarradoras de comerciantes que no venden mercancía alguna y de ingenieros industriales que terminan barriendo los pasillos de una factoría a cambio de unos cuantos pesos.

Podríamos llenar páginas enteras reseñando las desdichas de las víctimas económicas. Lo más apremiante de consignar, sin embargo, es lo siguiente: no parece haber, en nuestra clase política, ningún sentimiento de urgencia. El Congreso, para empezar, vive un compás de espera —muy a la manera de esos señores ministros de la Tremenda Corte que invocaron las más constitucionalísimas de las disposiciones para justificar sus vacaciones sin que los cadáveres de los niños quemados les quitaran el apetito— mientras toma posesión, el primero de septiembre, la nueva Legislatura. Las colosales y tan cacareadas inversiones de dineros públicos para construir infraestructuras y contrarrestar así el brutal desplome de la actividad económica no se han realizado por culpa de la tramitología, auténtica plaga nacional. Pero, no hay un gran acuerdo, no hay reuniones aceleradas, no hay llamados de alerta y, en consecuencia, no hay acciones concretas.

El Congreso y el jefe del Ejecutivo, por ejemplo, podrían celebrar un encuentro urgentísimo —invocando una situación de excepción y, por lo tanto, ignorando los calendarios que imponen recesos legales— para emprender un gran plan que, entre otras cosas, permitiera la inmediata construcción de las cinco refinerías que requiere el país o una moratoria para eximir a los contratistas de los agobios burocráticos. Pero nada de esto pasa: hay que ir a la guerra y estamos de vacaciones. Es patético.

La enfermedad y sus políticas

Nicolás Alvarado
El Universal

Yo no duermo y no voy al baño. Nunca. O al menos eso me gustaría que pensaran los demás. No me gusta imaginarlos imaginarme en tales trances. No quiero que se hagan una idea de mi aliento al despertar o de mi recurso vano a la linaza y al yogurt Activia. Y, sobre todo, me horroriza rozar tan sólo la idea de que puedan tenerme por lo bastante vulnerable –lo bastante humano, pues– como para precisar de tales prácticas. Con mi mujer, la cosa es otra. Ella sabe, por fuerza –es irremediable testigo de ello–, que ronco (un poco) y que a veces me encierro con un libro en el baño (no que eso genere los resultados esperados con demasiada frecuencia). Y tanto es mi amor por ella que incluso estoy dispuesto a darle todos los días tan humillada visión de mi persona.

Tales confiancitas, sin embargo, tienen un costo para ella: la prohibición de revelar que estoy dormido o en el baño cuando alguien me busca al teléfono. Debe decir, pues, que estoy en la ducha (me gusta que se sepa que soy pulcro) o en otra llamada (con lo que me procuro el estereotipo mucho más respetable del profesional eternamente ocupado). Y así lo hace. No que le crean, desde luego: alguna vez me ha confesado que, cuando esgrime tales excusas, a menudo recibe por respuesta un “¡Ah, está dormido!” o un “O sea que está en el baño…”. Aún así, le he pedido perseverar en la estrategia. Estoy dispuesto a lo que sea –a la farsa, incluso – con tal de garantizar que nadie salvo ella tenga la certeza absoluta de mis intimidades vergonzantes y que nadie, ni ella, las pronunciará con todas sus obscenas letras.

¿Neurótico? Lo concedo. Pero he aquí mi atenuante: por alguna extravagante razón, no tengo el menor pudor en que se divulguen y discutan mis enfermedades (a menos, claro, que la cosa vaya de infección intestinal o de narcolepsia), del síndrome de Ritter –horrible mal que me mantuvo semanas en cámara de oxígeno– que casi me mata a los 3 meses de nacido a la fiebre del jején que hace poco me traje en tanto souvenir indeseable de un fin de semana en Cuernavaca. ¿Exhibicionista? A lo mejor. Pero es mi derecho. Como también es mi derecho ocultar mis necesidades fisiológicas –o cuando menos hacer lo posible por ello– si me viene en gana.

Todo esto para hablar de Beatriz Paredes. Que ganó los pasados comicios para el PRI –con una ayudadita, hay que decirlo, del estridente PRD y del incompetente PAN–, pero de la que a últimas fechas se habla en razón no de su éxito político sino de su crisis de salud. La especie corrió de súbito: estaba internada en tal habitación de tal hospital, a saber por qué. Y la prensa que insistía. Y Beatriz que callaba. Y la prensa que insistía (más). Y el vocero del PRI que salía a desmentir la información, a decir que la presidenta del Partido no había sido sometida a estudio alguno ni mucho menos estaba hospitalizada y que de un pre infarto ni hablar. Falso, como sabemos ahora que la propia Paredes ha concedido la práctica de un cateterismo (a saber si diagnóstico o terapéutico, pues de ambos hay).

En mi afectuosa opinión –no tengo empacho en consignar que Beatriz me es querida y que incluso que alguna vez trabajé para ella–, el manejo mediático del incidente fue desastroso. Justo la semana en que tanto se especulaba sobre su salud leía yo, en la edición británica de la revista GQ, un artículo en el que el periodista Matthew d’Ancona diagnosticaba el anuncio de los padecimientos cardíacos del entonces Primer Ministro Tony Blair –quien reveló en 2004 que se sometería a una cirugía para corregir un soplo y que en virtud de ello se postularía para un tercer periodo pero no para un cuarto– como “un ejemplo brillante de manejo informativo”. Cierto. Y de trabajar ahora para Beatriz le habría recomendado seguir idéntica estrategia. Lo que, sin embargo, jamás me llevaría a cuestionar su derecho personalísimo a hacer exactamente lo que hizo.

Todo ser humano tiene derecho a hablar de su salud tanto o tan poco como le plazca. Y eso incluye a los políticos, sobre todo cuando no son jefes de Estado y la estabilidad de la República no pende de sus aptitudes. Así, condenar a Beatriz Paredes por haber ocultado información sobre un hecho íntimo resulta no sólo absurdo sino inmoral. En cuanto a sugerir, como algunos han osado, que sacó raja de su padecimiento para seguir ocupando las primeras planas, tal aseveración no me merece sino un adjetivo: enferma.

La mala racha de México

Andrés Oppenheimer
El Informe Oppenheimer
Reforma

Pobre México. Como si no tuviera suficientes problemas con la violencia de los carteles del narcotráfico, la epidemia de gripe porcina y la crisis económica, ahora llega Bruno

Vi la película unas noches atrás y salí moviendo la cabeza, sin saber claramente si acababa de ver una repugnante diatriba racista, o una comedia irreverente que sólo hay que tomar como tal.

Su personaje central, un modelo gay austríaco convertido en periodista televisivo, interpretado por el comediante británico Sacha Baron Cohen, se burla prácticamente de todo el mundo, pero es particularmente brutal con los mexicanos.

En su show televisivo ficticio, Bruno convida a sus invitados a sentarse sobre hombres que están en cuatro patas, mirando el piso con una mezcla de aburrimiento y resignación, y que tienen todo el aspecto del estereotipo de los migrantes mexicanos, bigotes densos incluidos.

"Adelante, tome asiento en uno de nuestros maravillosos sillones", le dice Bruno a su atónita invitada, la cantante pop Paula Abdul. "Son nuestros sillones humanos mexicanos. Demi Moore tiene dos en su casa".

Todo el cine estalló en carcajadas. Una parte de mí se unió al coro de risas y otra parte pensó: "esto es de mal gusto".

La mayoría de los mexicanos no lo ven con mucha gracia.

"No hay memoria de una percepción mundial más depresiva de México", escribió el ex vocero del Gobierno mexicano José Carreño Carlon en el periódico El Universal del miércoles. "No más mexicanos altivos, románticos ni ingeniosos en el estereotipo mundial. No más el México de las modernizaciones de principios de la década de 1990 ni la nueva era de la democracia mexicana (...) Sólo imágenes de mexicanos rotos, dispuestos a ser utilizados como cosas".

Según cifras oficiales del Gobierno mexicano, solo la epidemia de H1N1 le costará este año al país alrededor de 4 mil millones de dólares en turismo e ingresos comerciales perdidos. México ha lanzado una campaña publicitaria internacional de 100 millones de dólares para volver a estimular el turismo en el país.

Curioso por saber cómo responderá México a esta película, llamé a Bruno Ferrari, director de Pro-México, la agencia gubernamental mexicana a cargo de mejorar la imagen del país en el exterior.

Ferrari me dijo que el filme todavía no se ha exhibido en México, y que él no lo ha visto, pero que tiene sentimientos encontrados sobre la manera en que deberían reaccionar los funcionarios oficiales.

Por un lado, cualquier cosa que ofenda la dignidad de un pueblo, independientemente del pueblo de que se trate, es racista y debe ser denunciada como tal por quienes representan al país. Por otro lado, hablar sobre la película sólo ayudará a que vaya más publico a verla, dijo.

"Habrá que evaluarlo muy bien," dijo Ferrari. "Creo que habrá que hacer un análisis profundo para ver cómo reaccionar".

Simon Anholt, el experto británico en "marca país" que publica cada año el Ranking de Marca País Anholt-GFK Roper - una encuesta realizada con más de 20 mil personas de todo el mundo, que les pregunta cuál es su percepción de otros países- me dijo en otra entrevista telefónica que no cree que el filme haga mella en la imagen de México en el exterior.

"La imagen general de un país no cambia mayormente por algo como esto", me dijo Anholt. "Ni siquiera acontecimientos como la fiebre porcina destruyen la imagen de los países. Si México tuviera enfermedades infecciosas durante 20 años, eso sí afectaría su imagen. Pero cosas como estas ocurren todo el tiempo, y la gente lo entiende. La gripe aviaria no destruyó la imagen de Asia".

En cuanto a cómo debería reaccionar México ante la película, Anholt dijo: "Sólo hay una respuesta posible ante una comedia, y es reírse. Este es un filme cómico: o bien uno lo ignora, o se ríe con él".

Agregó que "si uno responde con seriedad, pasa a convertirse en objeto de la burla. Eso es lo que ocurrió en el caso de Borat (el filme anterior de Sacha Baron) y Kazajastán. Ellos [Kazajastán] se comportaron exactamente como su propia caricatura: dijeron que el filme era un insulto contra el glorioso estado nación de Kazajastán. Tendrían que haber dicho: Es un filme muy divertido. Y, a propósito, vengan a visitar Kazajastán".

Mi opinión: Estoy de acuerdo. Lo mejor que puede hacer México es tomar la película con una sonrisa. El Gobierno podría incluso considerar la idea de fabricar bancos de madera con la imagen de Sacha Baron Cohen en cuatro patas, ponerlos en las plazas públicas e invitar a los turistas a descansar en ellos.

Luego, podría aprovechar la atención mundial que traería esta noticia para desviar la atención de la violencia de los carteles de la droga y la epidemia H1N1, y para presentarse como un país espectacular donde la gente la pasa muy bien, algo que sigue ocurriendo a pesar de sus problemas actuales.

¿Qué tiene que festejar ETA en su medio siglo de terrorismo?

Fran Ruiz
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

La banda terrorista vasca ETA cumple hoy 50 años y en su desesperado intento de ser noticia intentó el miércoles una matanza indiscriminada con 200 kilos de explosivos dirigidos contra guardias civiles y sus familias (entre ellos 41 niños), mientras dormían en un edificio de viviendas de 14 pisos que no se desplomó de milagro. Como no logró su objetivo —una carnicería para demostrar que sigue viva— lo intentó un día después, esta vez matando a dos guardias civiles en Mallorca.

A esto se reduce su medio siglo de historia, a matar por inercia, porque es lo único que saben hacer después de tantos años, aún sabiendo que no sirve para nada su lucha, dada la promesa firme del presidente Zapatero de no intentar nunca más cualquier diálogo con la banda, al igual que en su día hizo el otro gran partido español, el PP.

ETA ataca ahora arrinconada y más aislada que nunca, porque si alguna vez tuvieron apoyo social en el País Vasco, éste se reduce ahora al de una minoría fanatizada, mientras que las simpatías que alguna vez cosechó en el exterior se esfumaron totalmente tras el rechazo mundial al terrorismo a partir del 11-S.

Tampoco han logrado, y esto sí que son malas noticias para esa organización separatista, ni uno sólo de sus objetivos en su carrera sangrienta. Ni han logrado imponer a la fuerza la creación de un Estado independiente, que abarque las tres provincias del País Vasco español, las tres del País Vasco francés y la región española de Navarra, ni ha logrado imponer un Estado socialista ni desde luego han forzado una amnistía general para que sus presos salgan a la calle.

Nada qué festejar, pues. ETA es una organización patética y fracasada que nunca ha doblegado al Estado español y que no despierta el más mínimo interés fuera de las fronteras españolas, sencillamente porque nadie, mínimamente informado, se cree la falacia de que los vascos están tan oprimidos como los kurdos, los tibetanos o los palestinos, de que tienen negados sus derechos democráticos y que ni siquiera pueden estudiar en su lengua propia.

El último intento de llamar la atención de la comunidad internacional fue la querella que puso Batasuna, el brazo político de ETA, ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, denunciando que el Estado español había ilegalizado esa formación radical, atropellando de esta manera los derechos democráticos de miles de votantes. El fallo fue demoledor para la organización proetarra: No sólo fue acertada la ilegalización de Batasuna por la justicia española sino que hacerlo era un “imperativo”, porque ese partido amenazaba de muerte a sus adversarios políticos, muchos de los cuales cayeron asesinados por ETA.

A cualquier pueblo civilizado se le caería la cara de vergüenza si para ganar unas elecciones algunos candidatos “animaran” a grupos mafiosos a eliminar a sus adversarios literalmente. No es así para el conjunto del pueblo vasco, por eso ETA existe medio siglo después, porque sigue habiendo vascos que celebran los atentados cometidos por sus “soldados”, como el de ayer, y sigue habiendo vascos que votarían tranquilamente por el brazo armado de una organización terrorista de seguir siendo legal, aún teniendo la posibilidad de hacerlo por otros partidos independentistas, que sí son legales porque rechazan la violencia.

Esta es la triste diferencia entre el País Vasco y otras regiones con tensiones separatistas, como Québec, Escocia o Flandes, en la primera encontró apoyo social el terrorismo y en las otras no permitieron que esto ocurriera, por una razón básica: la vida de un ser humano vale más que cualquier ideal independentista.

Mientras haya vascos que admitan el asesinato como arma política existirá ETA, aunque se dé la paradoja de que cuanto más se prolongue la violencia menos posibilidades tendrá el País Vasco de ser independiente y más y más se irán llenado las cárceles de jóvenes que inocularon de su entorno un odio irracional a los españoles.

¡Debacle en Venezuela!

Francisco Martín Moreno
fmartinmoreno@yahoo.com
Excélsior

El marxismo-leninismo constituyó la mentira más grande del siglo XX. Cuando se desplomó la Cortina de Hierro dejó al descubierto la infamia y la tragedia contenidas en dicha filosofía económica y política que masacró a los “enemigos del sistema”, los encarceló, los recluyó en manicomios, postró en la miseria a millones de personas y sepultó en la orfandad política a miles de teóricos, hipócritas, la mayoría de ellos.

¿Usted invertiría la quinta parte de un centavo en Venezuela? Sin inversión desaparecen las empresas; sin empresas no hay empleos y sin empleos se atenta en contra de la estabilidad política y social de un país. Sin empresas no hay recaudación tributaria y sin recaudación el gobierno carece de recursos para satisfacer las necesidades fundamentales de la ciudadanía.

El marxismo-leninismo constituyó la mentira más grande del siglo XX. Cuando se desplomó la Cortina de Hierro dejó al descubierto la infamia y la tragedia contenidas en dicha filosofía económica y política que masacró a los “enemigos del sistema”, los encarceló, los recluyó en manicomios, postró en la miseria a millones de personas y sepultó en la orfandad política a miles de teóricos, hipócritas, la inmensa mayoría de ellos, unos connotados presupuestívoros, golosos consumidores del Armagnac XO…

Hugo Chávez, este acaudalado primate bajado a pedradas de una palmera de La Guaira, hoy ocupa explicablemente la primera magistratura de su país en razón del voto mayoritario de los venezolanos, los mismos que en su momento también reeligieron a Carlos Andrés Pérez con las consecuencias por todos conocidas. Los venezolanos reeligieron el caos, algo así como si los mexicanos hubiéramos reelegido a Echeverría… Si Chávez ganó las elecciones fue porque su pueblo demandó promesas porque ya estaba harto de realidades…

Este pintoresco mico del Orinoco olvidó, por lo visto, la catástrofe padecida por los soviéticos y sus satélites fundamentalmente europeos. Ni siquiera giró la cabeza hacia Brasil en donde una izquierda inteligente y lúcida ha disparado los índices de bienestar del país vecino. Socialismo el de Felipe González, el de Mitterrand, el de Lula, el de Lagos y el de la Bachelet. El pretendido socialismo de Chávez o el de Castro son fórmulas supuestamente progresistas que hunden en la pobreza a la población, además de mutilarla y orillarla a la rebelión, salvo que en cada manzana el ejército corrupto y cómplice controle cada casa, calle, manzana, colonia, pueblo y ciudad. Todavía no conozco elecciones transparentes y democráticas en las que se vote libremente por el comunismo: éste debe ser impuesto con la fuerza de las bayonetas.

Chávez y su gabinete “bolivariano” ya deberían haber aprendido que la nacionalización de los bienes de producción conduce al desastre. El Estado, por lo general, no ha sido un buen empresario. En nuestro caso ahí están Petróleos Mexicanos, la Comisión Federal de Electricidad, Luz y Fuerza y el Instituto Mexicano del Seguro Social: donde hay un burócrata hay un problema y donde hay cuatro millones de burócratas hay cuatro millones de problemas. El proyecto de Ley Venezolano de Propiedad Social provocará no sólo la quiebra de su economía, sino que, a la larga, propiciará un baño de sangre.

Chávez ha convertido a más de 12 mil firmas contratistas de Petróleos de Venezuela en “unidades de producción socialistas” dirigidas y financiadas por el gobierno. No es conveniente gobernar con reglas y principios extraídos del bote de la basura, por ello la nacionalización del sector eléctrico, de las telecomunicaciones, de la metalurgia, de la industria del cemento, de plantas procesadoras de alimentos y tierras para la siembra y la ganadería, además de algunos bancos clave en la economía, sólo se traducirán en ineficiencia, pobreza e injusticia social desde que los sindicatos y sus respectivos líderes se convertirán en sectores privilegiados que se enrollarán como sanguijuelas alrededor de la tráquea de la nación para absorber los últimos flujos de sangre fresca.

Chávez, es claro, no aprendió tampoco de la experiencia mexicana. Chávez nunca aprendió nada. ¡Pobres de los venezolanos que lo eligieron y lo reeligieron! Pobre de América Latina si no aprende del caso venezolano o del cubano. Honduras ya dio una lección, sombría por cierto. La violencia engendra más violencia. El rompimiento del Estado de derecho es una amenaza para la paz social. ¿Las expropiaciones o los robos “legales” y la tiranía legalizada no lo son? ¿Y la supresión de la libertad de expresión, además de las persecuciones políticas? ¿Qué falló en primera instancia? ¡La educación…! A más desesperación e ignorancia, más Chávez o más Andrés Manuel López Obrador…

A Raúl Castro, otro tirano, le asiste la razón cuando sostiene que “en Cuba no sobra nada, sólo problemas.” Agregó que “los frijoles en Cuba son un asunto de seguridad nacional” y que su país “no puede seguir gastando cientos de millones de dólares en importar alimentos que se pueden producir en la isla”. ¿Quién va a producir frijoles en Cuba y a cambio de qué si con las ganancias —¿cuáles…?— no es posible mejorar las condiciones de vida ni ahorrar para tener una vejez sin sobresaltos ante la ausencia de la propiedad privada?

La socialización del campo mexicano tendría que haber sido otra experiencia a investigar… ¿Cuándo se entenderá que el capitalismo de Estado es un embuste muy vendible en los países depauperados y sepultados en la ignorancia? Chávez estaba mejor trepado en su palmera en La Guaira

PRD: seguir haciéndole al güey

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Hoy sesiona en Morelia el Consejo Político Nacional del PRD. Los perredistas llegan derrotados, divididos, agraviados, sin liderazgo ni proyecto. Morelia 2009 parecería, por lo mismo, una de esas oportunidades que se presentan cada década, cada dos décadas, para sacudir las cosas y trazar un claro plan de vuelo para la próxima, las próximas décadas.

¿Qué es el PRD hoy? Una falsificación del partido que algún día fue. Un cuerpo desprestigiado. Una diminuta fuerza electoral. Una gavilla en trifulca por los restos del botín.

El PRD es también una historia llena de pasajes admirables, un puñado de gobiernos estatales y municipales, excelentes cuadros legislativos, el partido que manda en la capital. Y una esperanza para tres, cuatro millones de mexicanos.

El renacimiento pasa obligadamente por resolver el problema López Obrador. No hay posibilidad de pactar con él y los suyos, porque ¿quién volvería a confiar en su palabra, en que tienen un mínimo de honestidad política?

Ruth Zavaleta me dijo ayer que es la hora de sacar la casta y mandar al diablo a un hombre “que en el momento que se le dio la gana ordenó: ‘Voten en contra del PRD’, e hizo que perdiéramos mucho de lo que habíamos conseguido en años”.

¿A qué le tenemos miedo?, preguntó retóricamente Ruth: “Vamos a dejar de depender de él, vamos a trabajar en los municipios, a hablar con la gente, a informarle qué cosas abanderamos”.

Pero eso difícilmente ocurrirá. Los Chuchos y los otros y los otros jalarán el pretexto de la ficticia unidad para conservar espacios, chambas, sueldos. Protegiéndose burocráticamente dirán que protegen al partido, y a la izquierda, y a México.

Pobre PRD. Frente a una oportunidad histórica creo que optarán por seguir haciéndole al güey.

Asesinato

José Cárdenas
El Universal

¿Cuándo mataste a mi hija? Nelson Vargas, cargado de impotencia, disparó la pregunta a los ojos de Cándido Ortiz González, alias el Comandante Blanco, secuestrador y asesino de la joven Silvia Vargas Escalera. El líder de la banda de Los Rojos respondió sin conmoverse, con la frialdad de un criminal que ha cometido por lo menos 11 secuestros: “…desde el tercer día”.

Vargas sabe que su hija fue víctima de un shock anafiláctico. Intentaron anestesiarla para cortarle los dedos y se les fue. Los asesinos se deshicieron del cadáver en un terreno de Tlalpan. Los restos de Silvia fueron localizados 15 meses después. ¿Cómo se sufre tan prolongada agonía? ¿Cómo se soporta un golpe así? Ni siquiera podemos imaginarlo.

Desde septiembre de 2007 una llamada anónima señaló a Óscar Ortiz González, chofer de la familia Vargas, como el autor del secuestro de Silvia. La Procuraduría del DF no dio crédito a la versión. Tampoco la PGR ni la PFP. La investigación se atoró. En la desesperación, Nelson contactó con Ernesto Mendieta Jiménez, investigador y negociador privado, maestro y doctor en seguridad pública, ex jefe en la Unidad de Secuestros de la PGJDF, en el Instituto de la Policía Judicial Federal, en la Unidad Especializada en Delincuencia Organizada y gente muy cercana a Jesús Jiménez Granados, actual director de la Policía Judicial del DF.

El “experto” Mendieta participó en la negociación para la liberación del jesuita Wilfredo Guinea. Se pagó el rescate y lo mataron. Tuvo éxito en los casos del banquero Alfredo Harp y el comediante Adal Ramones.

Nelson Vargas se arrepiente, al igual que el empresario Alejandro Martí, por haber contratado a Mendieta. El “negociador” es sospechoso de haberlos defraudado. En los casos Martí y Vargas se pagaron los rescates. Las bandas criminales de Los Petriciolet y Los Rojos han declarado a la PFP que nunca recibieron pago alguno. Por eso mataron a Fernando y Silvia. Nadie sabe dónde quedó el dinero de los rescates. Nadie ha aclarado algo. Un negociador cobra entre 15% y 20% de la cantidad no pagada por un rescate. Entre la negociación y el pago se rompió el hilo. La PGJDF nos debe el testimonio de Mendieta. Debe aclararse si el “asesor” cometió delito al no recomendar la denuncia penal, en ambos casos. Necesitamos saber si Mendieta es un perverso o un estúpido. Ya es hora de que se diga, y si es en público, mejor. De lo contrario, es válido sospechar que a Mendieta, alguien lo protege.

En situaciones de secuestro, Nelson Vargas y Alejandro Martí recomiendan, por fatal experiencia, acudir a la autoridad y evitar a toda costa la intermediación de estafadores perversos, como Ernesto Mendieta Jiménez. La única manera de que las muertes de Silvia y Fernando no hayan sido en vano es romper la barrera del silencio judicial. Los casos aún no han cicatrizado. Son dos heridas infectadas.