agosto 03, 2009

La ilusión presidencial

Jesús Silva-Herzog Márquez
Reforma

El sistema presidencial es una trampa para ilusos. Despliega en sus normas un abultado aparato de permisos, facultades, poderes pero produce un enjambre de impedimentos. El lienzo constitucional pinta la imagen de un monarca republicano: representación del Estado, cabeza del gobierno, jefe del Ejército, aventajado legislador, cúspide de la administración pública. Es símbolo de solemnidad estatal y de motricidad gubernativa. Sus títulos son incomparables: es electo por toda la ciudadanía, representa al Estado, su poder es indiviso, decide la composición de su gabinete, tiene un periodo fijo de gobierno y se encuentra en tranquilo resguardo frente a las agresiones de sus antagonistas. Tras su elección, el Presidente ejerce un poder autónomo y bien guarecido. Resulta casi imposible deponer constitucionalmente a un Presidente. Lo dicho: la institución presidencial ha sido vertida del molde monárquico.

Valdría recordar que el rasgo básico del sistema presidencial no es la prominencia del Ejecutivo sino la separación de las instituciones políticas. El sistema presidencial no es el régimen del Presidente sino un arreglo que constituye dos poderes legitimados democráticamente que son mutuamente independientes. Congreso y Ejecutivo nacen del voto y expresan la voluntad democrática. El artefacto es extraordinariamente complejo y requiere, para volverse funcional, de un diseño sensato y una conducción juiciosa. En todo caso, es importante distinguir la apariencia del poder. En otras palabras: la debilidad presidencial se disfraza como poder. Aferrarse a la ilusión del poder presidencial es renunciar a la tarea de fortalecer la Presidencia.

La pintura de la potencia presidencial no es más que un señuelo. El sistema presidencial arregla las instituciones de tal modo que el Ejecutivo requiere de la colaboración del Legislativo. No hay reforma importante en el país que no pase por ese acuerdo entre instituciones. Para que la envoltura de las facultades presidenciales se convierta en eficacia es indispensable el diálogo fructífero con un poder independiente: el Congreso. Eso se sabe desde hace tiempo: ganar la Presidencia es ocupar una oficina pero no es ganar el poder. Ganar la Presidencia es hacerse de una institución fundamental pero no es conquistar la capacidad para gobernar. Pero la humana disposición al autoengaño atrapa en primer lugar a los presidentes que siguen consolándose con la imagen de su poder y los amuletos de su reputación para no frustrarse con las múltiples evidencias de su ineficacia. Pensemos en el caso del gabinete presidencial. Se puede pensar que la libertad del Presidente para decidir la conformación de su equipo consolida su autonomía y lo fortifica. El Presidente no necesita recibir el respaldo de nadie para nombrar a sus secretarios. Por su parte, los miembros del gabinete sólo requieren conservar el apoyo de su jefe para permanecer en sus puestos. La opinión que el Congreso tenga de un colaborador del Presidente puede tenerlo, justificadamente, "sin cuidado".

Se insiste que ese rasgo clásico del sistema presidencial es una de las fortalezas institucionales del Presidente. El Ejecutivo, al tener total libertad para nombrar y remover a su equipo de colaboradores, arraiga su autonomía y se resguarda de posibles imposiciones o chantajes. Al ser capaz de integrar un grupo coherente, lograría coordinación interna y concentraría el poder del Ejecutivo. Ésa es la expectativa pero vale preguntar si, en efecto, esta libertad se traduce en fuerza para conducir la agenda presidencial. Vale preguntar igualmente si la aplicación de ese principio ha fortalecido al Ejecutivo. Sospecho que no. El arreglo imperante, lejos de fincar el poder del Presidente, alimenta la ilusión de su poder y puede, incluso, contribuir a su debilitamiento. Mientras el Presidente no requiera consultar con nadie la formación de su equipo se verá tentado a conformar un gabinete de aislamiento. En lugar de que el gabinete ayude a proyectar una política, la acordona y la retrae. El Presidente crea así un círculo que lo aísla de la complejidad política de su partido, primero, y de la pluralidad en el Congreso, después. La Presidencia se recluye así en una consoladora burbuja de impotencia. El despropósito es efecto del autoengaño. Lejos de fortalecerse a través de la corpulencia de su gabinete, asienta ahí su debilidad inicial. En lugar de integrar un equipo para el acoplamiento con el Poder Legislativo, el gabinete sirve apenas como refugio.

¿Sería más débil un Presidente forzado a negociar con el Congreso los asientos de su gabinete? ¿Sería más frágil un gobierno nacido de un pacto parlamentario? No lo creo. En la medida en que se institucionalicen los mecanismos de colaboración, los gabinetes podrán ser plataforma para el acuerdo político y no solamente claustro de la soledad presidencial.


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¿Será Marcelo?

Denise Maerker
Atando Cabos
El Universal

En Morelia no pasó nada: ni expulsaron a López Obrador ni le exigieron la renuncia a Jesús Ortega por el catastrófico resultado del 5 de julio. Puras amenazas y un extraño final que pareció dejar satisfechos a todos. Dicen que de aquí a diciembre van a refundar al partido, y pues mientras se repartieron los centros de poder: Nueva Izquierda se queda con la dirigencia nacional, nadie toca a Ortega; a AMLO no lo expulsan, al contrario, le prometen a Encinas la coordinación de los diputados perredistas y, en el DF, Ebrard se queda con el control de la Asamblea Legislativa a través de Alejandra Barrales.

Era de esperarse, el PRD está huérfano y, por lo tanto, condenado al inmovilismo y a la posposición. Y es que lo que ha mantenido unido al PRD nunca han sido las ideas compartidas ni un bien definido proyecto de país, en eso difieren las corrientes de forma apasionada y casi irreconciliable, al PRD lo que lo une es un líder que ofrezca posibilidades de acceder al poder. Hoy todavía no lo tienen.

Hay que hacer memoria, el PRD surge de la exitosa alianza de las izquierdas en torno de un líder aceptable para todos: Cuauhtémoc Cárdenas. Con él se juntan, por fin, las izquierdas reformistas (priístas y socialdemócratas) y los herederos de posiciones más radicales, revolucionarias incluso. Gracias a su nombre, cargado de simbolismo y nostalgia, a su figura hierática y escueto discurso, Cárdenas unifica generando la esperanza de un triunfo. Las izquierdas se unen pensando en el poder.

De 1987 al 2000 Cárdenas es el engrudo de ese proyecto. Pero después de tres derrotas consecutivas en elecciones presidenciales (1988, 1994, 2000), su liderazgo se diluye. Le sucede como aglutinador de las izquierdas, López Obrador. Desde la jefatura del Distrito Federal, Andrés Manuel se opone a la derecha y se impone dentro del PRD. Es el nuevo eje en torno al cual se disciplinan las corrientes y gracias al que se matizan las diferencias. Hay nuevamente una esperanza de ganar.

El resultado de las elecciones del 2006, y sobre todo las decisiones posteriores, el plantón y la presidencia legítima, erosionan rápidamente el acuerdo en torno a él. Hay grupos que disienten con la estrategia diseñada por AMLO por considerarla democráticamente inaceptable pero también se distancian de él porque saben que es una estrategia que hace que disminuyan día con día las posibilidades de que López Obrador pueda nuevamente aspirar con éxito a la Presidencia de la República.

Desde entonces, el PRD aplaza decisiones y espera. ¿A quién? ¿Será Marcelo? Por lo pronto en Morelia su gente operó para que no se decidiera nada irremediable.

México y el conflicto de Honduras

Ana Paula Ordorica
Brújula
Excélsior

Ya ha pasado un mes desde que Zelaya saliera en pijama de Honduras.

Un mes en que Micheletti se sigue afianzado en el poder. Quién sabe si firmemente por aquello de la posible aceptación de los militares con partes del Plan Arias.

De este plan que logró sacar adelante el presidente de Costa Rica, Óscar Arias y que, entre otras cosas, establece la restitución de Zelaya, su renuncia a reformar la Carta Magna, amnistía para los golpistas, un gobierno de unidad nacional y el adelanto de las elecciones del 29 de noviembre.

En estos días veremos si así logra Honduras salir del limbo en el que se encuentra.

Pero suceda lo que suceda en Honduras, en México se ha dado un importante viraje en la política exterior a partir de la postura que ha asumido el gobierno en este conflicto.

En un primer punto se ha condenado la ruptura del orden constitucional. Pero, contrario a la costumbre mexicana asentada en la Doctrina Estrada, México ha pedido, ha exigido que vuelva Zelaya al poder y ha establecido el no reconocimiento del gobierno en funciones de Micheletti.

Tan ha sido así que la embajada de Honduras en México ha vivido un pequeño pedazo del conflicto que vive el país centroamericano cuando el embajador enviado por Micheletti a nuestro país quiso ocupar la sede, perpetrándole un pequeño golpe de Estado a la embajadora de Zelaya, la señora Bueso.

El tema acabó involucrado al policía local que, sin deberla ni temerla, recibió regaño hasta del jefe de Gobierno Marcelo Ebrard por estar en el lugar incorrecto: cuidando la entrada de la embajada, en el momento incorrecto: cuando Honduras vive una crisis sin precedentes.

México, así, ha permanecido todo menos ajeno a lo que ocurre en Honduras.

Todo esto mientras se dio el anuncio de la embajada canadiense de establecer visas a los turistas mexicanos. Anuncio que algunos hemos dicho proviene de un descuido por nuestras relaciones con el norte y un exceso de atención hacia el sur.

Quizás algunos en la cancillería crean que es necesario tener fuerza y poder hacia el sur para que en el norte nos hagan caso.

Pero hasta ahora esta tesis carece de sustento, como lo muestra, una vez más, el tema de las visas canadienses.

La verdad es que lograr el balance de una buena diplomacia es sumamente complejo. Lo es aún más para un país como México que a veces no sabe si concebirse como del norte o como del sur.

En ese sentido nos parecemos sólo a un país del mundo, a Turquía. Ambos vivimos en la dicotomía de ser o no desarrollados y de pertenecer o no a dos regiones del mundo. En el caso turco, a Europa o a Asia; en el mexicano a Norteamérica o a América Latina.

En ocasiones como analistas nos hemos quejado de la falta de liderazgo que muestra México ante la comunidad internacional. Y ahora que el gobierno de Calderón parece empeñarse en recuperar parte del terreno perdido en el sur, su condena absoluta al golpe contra Zelaya nos lleva totalmente del otro lado: del lado injerencista.

¿Existe un balance para la diplomacia mexicana?

Creo que ese podría estar en abogar por la negociación con el apoyo de otros grandes de América Latina como Brasil, Chile y Argentina que en este conflicto han brillado por su ausencia. Esto sin condenar precipitadamente a los dos poderes (la Suprema Corte y el Congreso) que en Honduras quisieron ponerle un alto a las aspiraciones chavistas de Zelaya.

Nostalgia por la mano dura

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

El daño más grande que ha producido la coalición de todos los partidos contra los ciudadanos sin partido ha sido el de revivir el deseo de un despotismo ilustrado: un dictador sabio y benévolo que saque al país de discusiones interminables guiadas por el egoísmo partidario y el afán de meter zancadilla al contrario, aun a costa del país. Aquellos gritos de: “¡Que se hunda Pemex! ¡Nada a su favor! ¡Ya lo rescataré Yo cuando sea presidente!” (mayúscula de yo mayestático), y arrebatos similares han producido un desánimo que los argentinos supieron resumir en un grito: ¡Que se vayan todos!

Pero si se van todos, o los mata un terremoto, alguien debe gobernar, y el ciudadano más apolítico, puesto al frente de la nación, por eso mismo se transforma en político: el giro es ineludible. Y aún peor, será un político inexperto, ingenuo y convencido de que lo único que hace falta al país es gente de buena voluntad, trabajadora y honesta (como él). Para comprobar la falsedad absoluta de ese postulado ingenuo y bobo ya tuvimos seis eternos años de Fox y sus foxadas.

Por otra parte, México en particular ya ha empleado la receta del Mesías salvador de la Patria que gobierna sin estorbos: es lo que hemos tenido de forma casi única durante 200 años: en el siglo XIX, Santa Anna por 30 años con interrupciones y con la pérdida de medio territorio nacional (para gozo de los que quedaron de aquel lado de la raya), Porfirio Díaz otros 30 años (y al menos dejó las líneas férreas que todavía son casi las únicas, un siglo después), y por último tuvimos al dictador que lo sucedió: un autócrata que vivió 70 años con rostro y nombre variable, pero siempre el mismo personaje que ordenaba “¡hágase!” y se hacía sin discusiones desesperantes en Cámaras ni manifestaciones callejeras en contra.

Así que la mano dura es casi lo único que hemos probado. Y no salimos del atolladero, aunque con frecuencia la política del déspota haya sido ilustrada y hasta correcta. Los ejemplos abundan: el TLC que nos convirtió en exportadores y nos dio por primera vez en 200 años una balanza comercial favorable con respecto a Estados Unidos no lo habría aprobado ninguna legislatura posterior a 1997, tampoco habría ganado un referéndum, y es de lo poco que nos ayuda a sortear la crisis mundial; la revisión del pernicioso ejido, la relación civilizada con las iglesias, fueron temas ganados sin la oposición que hoy los detendría. Pero también tuvimos los doce enloquecidos años de Echeverría y López Portillo, “la docena trágica” que nos dejó endeudados y con el peso convertido en milésimas a causa del gasto superior a nuestra capacidad de pago y el populismo de tener a todos contentos a base de dinero a manos llenas, dinero que, cuando llegó el cobro, se nos hizo polvo y tuvimos crisis económicas sexenales hasta la excepción del presidente Zedillo.

A España no la sacó de la pobreza centenaria el dictador Francisco Franco, sino la democracia con el acuerdo sensato entre partidos conformados por adultos y no por niños, unos verdes, otros colorados, pero todos berrinchudos y que terminan por llevarse su pelota.

Los anulistas del voto fuimos la tercera fuerza electoral, la demanda más compartida por fuerzas tan heterogéneas fue la reducción del presupuesto público entregado a los partidos, y a las tres semanas en Jalisco los partidos recortaron gasto público en educación, salud, infraestructura, como es necesario ante la caída en la recaudación… y se subieron un 10 por ciento su rebanada de presupuesto.

Bien: si en tres años no tenemos inversión privada en energía, reestructuración del sistema educativo, reforma fiscal a fondo y nuevas reglas para la relación obrero-patronal, el nuevo presidente recogerá escombros: sin petróleo, con precios bajos para el poco petróleo que nos quede, con disminución de turismo por falta de seguridad y falta de inversión en infraestructura, sin un fisco eficiente que cargue el consumo y premie el ahorro, con sindicatos que pueden paralizar minas y rechazar la instalación de refinerías, ¿de dónde obtendrá recursos para las políticas sociales que nos prometerá?

Lo único cierto es que o permitimos la inversión privada en todo o nos endeudamos. El camino de la deuda ya lo seguimos con “los últimos presidentes de la Revolución” que, en el año de 1982, añorado por dinosaurios dentro y fuera del PRI, dejaron a México hundido en su peor crisis y aumento de la miseria.

Priistas

Roberto Zamarripa
tolvanera06@yahoo.com.mx
Tolvanera
Reforma

A fuerza de votos (y botox) el PRI gobierna de manera anticipada. La pregunta es qué va a hacer con el cogobierno ejercido desde el Legislativo y en las entidades que domina.

Como se sabe, los gobernadores priistas son el Consejo de Notables, el Soviet Supremo, que mandata y aprisiona. Los gobernadores priistas están envueltos en dos obsesiones: ser estrellas de la televisión y construir maquinarias electorales con sello personal para ganar contiendas en sus entidades gobernadas y en descarados involucramientos en otros estados. Ambos propósitos, su lanzamiento estelar y su poder electoral, los fincan en el recurso público en detrimento de la obra de gobierno. Por ello su interés en lograr sus propias mayorías en la Cámara de Diputados, en vista a los procesos electorales del 2010 y la urgencia de engordar su "cochinito" para el maquillaje personal.

Dos rebrotes delatan sus descuidos: el de la influenza y el de la violencia. Los estados del sureste o del norte del país bajo gobiernos priistas repuntaron súbitamente en julio como entidades descontroladas en la expansión del virus de influenza A H1N1. El colmo es Coahuila, que reportó dos casos en la entidad cuando los estados vecinos eran azotados por la maldita gripe. Increíble esa isla de sanidad moreiriana.

Los gobiernos estatales no comprueban sus gastos en salud y es presumible que las caravanas médicas recetan pastillas para la multiplicación de votos.

El rebrote de la violencia criminal en entidades como Veracruz, estado de México, Durango y Chihuahua apenas concluyó el proceso electoral también llama la atención. O los poderes criminales ejercieron su conciencia democrática para declarar una veda en su cacería o -algo impensable pero inevitablemente registrable- habrían participado de una suerte de entendimientos para no calentar las plazas con fuego y sangre para, conocidos los resultados, repuntar en su actividad.

Lo interesante es cómo los priistas asimilan su triunfo. Sin duda que en un segmento de priistas notables debe permanecer el escozor por la dependencia mediática de sus figuras y de su votación. Y es que el PRI aparece ya como un partido intervenido, como le sucedió al PRD de Rosario Robles o al gobierno de Vicente Fox en el 2002.

La clave de los "éxitos" de sus gobernadores parece fincarse en el derroche de recursos públicos en la promoción televisiva, incrementando su dependencia y sujeción a los intereses de concesionarios que si bien en algunos casos pueden ser convergentes con los afanes priistas en otros simple y sencillamente castrarán la acción política de sus dirigentes.

Francisco Labastida y Roberto Madrazo, los dos ex candidatos presidenciales tricolores derrotados, atisbaron el riesgo de división interna (Enfoque, 2/08/09. Entrevistas de Karla Garduño).

Labastida fijó en la labor de conciliación de Beatriz Paredes y en el deterioro económico del país las razones del triunfo del PRI. Madrazo no hizo concesiones. El PRI, dice, "ganó por la misma razón por la que perdió en la intermedia de 1997: por un voto de castigo de la sociedad a un partido que se perdió en el poder absoluto, se alejó de los ciudadanos e implementó una política centrada en una visión de negocios y mercados, en desmedro de la agenda social".

Ambos advierten sobre las divisiones en ciernes. El sinaloense dice que hay aprendizaje. El PRI "aprendió que no debemos estar separados... y que no ayuda tener una relación friccionante con el Ejecutivo".

Madrazo señala: "En política no hay vacuna contra la deslealtad, contra la traición... Es tan fuerte el poder que tienen hoy algunos gobernadores y ciertos líderes sindicales, que la amenaza está ahí".

El senador no ve a Enrique Peña como candidato seguro al 2012.

"Hay muchos priistas buenos que pueden seguirse promoviendo porque tienen méritos suficientes para ser candidatos".

Madrazo no duda: "El PRI puede sentirse orgulloso de tener un gobernador que ha sido capaz de generar en un muy corto tiempo, las bases de un modelo de gobierno responsable (sic)".

Ambos dibujan la bifurcación en ciernes y también ignoran o se engañan en la artificialidad del repunte tricolor derivado de los costos de convertir a sus figuras "poderosas" (los gobernadores) en marionetas de la televisión.

Narco y gobierno: la batalla mediática

Jorge Chabat
jorge.chabat@cide.edu
Analista político e investigador del CIDE
El Universal

Desde que el gobierno de Calderón desató su ofensiva contra el narco a 11 días de inaugurada su gestión, se ha venido repitiendo en círculos oficiales que lo que se libra es una guerra en la que el narcotráfico utiliza todo tipo de armas, como en cualquier guerra.

El argumento del gobierno es que la batalla no sólo se libra en las calles con armas de alto poder sino también en los medios y que el narco tiene una estrategia mediática a través de la cual busca deslegitimar la acción gubernamental. Y la verdad es que hay mucho de cierto en este argumento. Si no, ¿cómo explicar los desplegados en los periódicos de La Familia michoacana, las narcomantas en las cuales se acusa al gobierno de favorecer a un cártel en detrimento de otro, o las narcoprotestas en Monterrey contra la participación del Ejército en esta lucha? En esta estrategia del narco también se pueden incluir las violentas ejecuciones de integrantes de bandas rivales que buscan amedrentar al contrario pero también generar un ambiente de zozobra en la población que eventualmente lleve al gobierno a cambiar la política de combate al narcotráfico.

En este tenor, la Secretaría de la Defensa lanzó hace unos días una acusación preocupante en el sentido de que la delincuencia utiliza a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos para desprestigiar la lucha contra el narco mediante la presentación de quejas sin fundamento por violaciones a los derechos humanos. Esta acusación de parte del Ejército se da en un contexto de crecientes críticas a los abusos de derechos humanos cometidos por las fuerzas de seguridad mexicanas en su combate al narco por parte de organizaciones no gubernamentales como Human Rights Watch y del anuncio de parte de la secretaria de Estado Hillary Clinton, de que se emitirá un reporte sobre el desempeño del gobierno mexicano en este tema.

Es probable que, en efecto, el narcotráfico esté utilizando el tema de los derechos humanos para minar la legitimidad de la estrategia antinarco del gobierno mexicano. No obstante, creer que todas las quejas al respecto son producto de la guerra mediática del narco contra el gobierno es querer tapar el sol con un dedo.

Pensar que el narcotráfico es capaz de manipular no sólo a la CNDH sino también a Organizaciones No Gubernamentales internacionales y al propio Departamento de Estado de EU suena inverosímil. Hay un problema real de derechos humanos que debe ser atendido con todos los recursos del Estado mexicano.

Es probable que se esté atendiendo más de lo que parece. Al menos eso sugieren los informes recientes de la Sedena sobre los casos en proceso de ser castigados. Pero no basta con hacer las cosas bien: también hay que darlas a conocer. Si, en efecto, lo que tenemos es una guerra del narco sobre la opinión pública, el gobierno y el Ejército deben dar esa batalla con tanto o más énfasis que la batalla que libran a diario en las calles de nuestro país. Quedarse callados esperando que la población, los medios de información, las ONG y el gobierno de Estados Unidos crean en la palabra del gobierno es de una ingenuidad pasmosa. Si no se gana la batalla de la opinión pública con información veraz y oportuna, la otra batalla, la del combate al narco, se puede en efecto perder de manera irremediable.

Ebrard se sacude de su gabinete las fuentes de dinero del Peje

Víctor Sánchez Baños
sanchezb@metropipe.net y vsanchezb@gmail.com
La Crónica de Hoy

Engañar al que engaña es doblemente entretenido. Jean de la Fontaine (1621-1695), escritor y poeta francés.

Curiosamente en el asunto de los negocios es donde se ven más claramente los síntomas de descomposición del PRD. Ahí se aprecia cómo Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador han roto sus lanzas.

En el fondo, las posiciones estratégicas de poder y dinero han sido trastocadas por quien tiene el poder administrativo y coquetea a Juanito para que no entregue la delegación a la pejista Clara Brugada.

La purga stalinista en el PRD abarca ahora al gabinete ebrardista.

El despido de Jesús Arturo Aispuro Coronel, secretario de Desarrollo Urbano y Vivienda, pejista a morir enquistado en el grupo de Ebrard por apoyo de Manuel Camacho para cuidar y aumentar los intereses inmobiliarios en Santa Fe, marca el tamaño de la sacudida.

Hijo político de Jorge Gamboa de Buen, director general del Grupo Danhos patrocinador del fracasado proyecto de la Torre Bicentenario en Lomas de Chapultepec, fue coordinador de Reordenación Urbana del gobierno capitalino de Camacho y se ligó a varios grupos constructores que hicieron grandes negocios inmobiliarios para la reconstrucción del DF después de los sismos de 1985.

Así se relacionó con grupos como el Francisco Villa, Dolores Padierna y otros invasores de edificios y casas en el DF, que posteriormente bajo los auspicios del gobierno capitalino, se apoderaron impunemente. Gamboa, durante esa época tuvo como director de desarrollo urbano a Aispuro, hasta la semana pasada secretario de Desarrollo Urbano y Vivienda de Ebrard.

Para aquellos que creen que el gobierno socialista del DF está peleado con los empresarios, les platico que Aispuro es también constructor y fue vicepresidente de desarrollo de Reichman Internacional, la empresa que edificó la Torre Mayor de Reforma pasando por encima de regulaciones. Claro, también hay capital del principal administrador de fondos de inversión del mundo, George Soros.

Aispuro es el promotor de la expropiación de predios en el DF con el pretexto del narcotráfico y venderlos a grupos de desarrolladores inmobiliarios. Asambleístas han aprobado varias leyes que le despojan el derecho a los mexicanos de defender su propiedad ante la ambición de los políticos.

Como en las "sólidas" cofradías le juró lealtad al Peje y Ebrard aceptó tenerlo en su gabinete, a pesar de servir a los intereses de Grupo Danhos, de David Daniel Kabbaz. Incluso a su hija, Elvira Daniel, la nombró directora de Transportes Eléctricos. La corrió por incompetente. El grupo pejista sale del gabinete de Ebrard y le cierra las fuentes de financiamiento al mesías tropical.

El gobierno de los pobres y para los pobres, siempre se ha entregado a los intereses de los ricos. Hoy bajan del barco a los pejistas.

PODEROSOS CABALLEROS.- El venezolano Hugo Chávez ordenó la creación de la Corporación Socialista de Cemento después de robarse el 90% de las empresas cementeras en ese país, como Cemex de Lorenzo Zambrano Holcim, Lafarge, entre otras. Por cierto, las cementeras expropiadas todavía no reciben los pagos de las expropiaciones.

RSC.- La Fundación MetLife en México, que encabeza Luis Banck apoya el programa Impulsa. Ha beneficiado a tres mil 169 niños con la ayuda de colaboradores voluntarios que imparten cursos de educación empresarial a niños en escuelas primarias públicas.

CHIQUILLERÍA.- A partir del sábado los dominios MX costarán miles de pesos anuales. En otras naciones valen unos 30 dólares a lo máximo. Pero a los mexicanos nos ven la cara de tarugos porque muchos comprarán esos dominios para evitar que los pirateen. Claro, todo ello con la complacencia de la SCT, de Juan Molinar

Atados al capricho del líder

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Mal fin de semana para el PRD que ha visto, una vez más, cómo el lopezobradorismo termina avasallándolo aunque no le ofrezca nada a cambio. Y cómo, además, los sectores opuestos a esa corriente no tienen la entereza para luchar por su sobrevivencia.

El encuentro de Morelia puede ser definido como la síntesis de que la legalidad es un tema menor para el PRD. Primero, la carta del medio hermano del gobernador Leonel Godoy, el diputado electo Julio César Godoy, preguntándole a su partido si quiere que se presente ante la justicia que lo reclama o no. Y el partido designando una comisión para que indague, en el expediente que entregó el propio Julio César, para decidir qué debe hacer, sin comprender que la obligación del hermano del gobernador es asumir sus responsabilidades y presentarse ante el Ministerio Público, salvo que espere a ser detenido. Los testimonios en su contra son reales y sólidos: su defensa incondicional resulta absurda. Algunos se han preguntado por qué la PGR no se presenta ante el Tribunal Electoral para bloquear su designación como diputado. Primero, no creo que sea necesario si existe una orden de consignación y, segundo, porque deben ser el PRD y Godoy quienes deben demostrar de qué están hechos, si van a intentar defender con el fuero a un presunto delincuente o si van a colocarlo en manos de la justicia. Hasta ahora, con su actitud, el PRD sólo asume costos.

Como lo hace al desconocer sus estatutos y no aplicarlos a quienes boicotearon al partido en las pasadas elecciones. El caso de López Obrador termina siendo en este sentido paradigmático: nadie, ni los partidos opuestos al PRD, hizo una campaña tan dura y tan sucia contra los candidatos del partido del sol azteca como López Obrador. Tuvo éxito en tumbar la votación perredista, pero fue muy escaso el rédito que obtuvo con sus partidos bonsai: ni el PT ni Convergencia dieron lo que se esperaba de ellos. Y ahora López quiere quedarse de una vez con el PRD: como no lo ha podido hacer en forma directa, lo está haciendo como siempre lo ha hecho, llevándolo a una situación de hecho. En el Congreso, mientras el PRD no puede, por sus divisiones internas, designar un coordinador parlamentario, él ya ha puesto a trabajar a los del PT y Convergencia y ha dado instrucciones de tomar la tribuna, como se hizo en la reforma energética, para evitar la aprobación de “nuevos impuestos”. Lo que piensen la bancada del PRD y la dirigencia del partido no importa: él sigue diciendo que el PRD es “su partido” pero no se ha molestado en seguir jamás la línea que el mismo pudiera dictar.

Un ejemplo lo tuvimos este fin de semana en Oaxaca: en la pasada elección estatal, Gabino Cué estuvo muy cerca de ganar la gubernatura del estado porque contendió con una alianza de toda la oposición, básicamente del PAN y el PRD, además de su partido, Convergencia. Nadie podría decir que Gabino no apostó por López Obrador desde entonces hasta ahora, sin embargo, para los comicios del año próximo Cué quería reeditar la alianza de 2004, con el dato importante de que en la última elección el PAN tuvo un crecimiento significativo en el estado, a diferencia del PRD, que vio disminuir sus números electorales. Supuestamente para “ayudar” a Gabino, López Obrador dijo que se iría “a vivir” a Oaxaca. Pero lo primero que hizo fue reventar la posibilidad de esa alianza (la única forma que tendría la oposición de derrotar al PRI en el estado) al acusar al PAN de ser parte de “la mafia” y rechazar cualquier acuerdo con el partido blanquiazul. El priismo local aún festeja el regalo que le ha hecho López Obrador. Ya no importa si la dirección del partido insiste en la alianza o incluso si el PAN está dispuesto a aceptarla o no después de ser descalificado en forma absoluta. El hecho es que ya saben que, si se diera esa alianza, López Obrado hará campaña en contra del supuesto candidato de unidad. ¿Entonces, para qué hacerla?

Pero en el PRD siguen teniendo miedo de enfrentarse a un López Obrador al que el bejaranismo ya destapó, en voz de Dolores Padierna, como su candidato para 2012. Una vez más importa poco si el partido tiene otros prospectos o quiere hacer una apuesta diferente: Jesús Ortega y su dirigencia nacional ya deben saber que, si no apoyan a López Obrador desde ahora, no podrán contar con él. Y la historia se repite una y otra vez: se doblegan a los caprichos del ex candidato o éste los boicotea. Pero, salvo el grupo que encabeza René Arce y algunos sectores de Nueva Izquierda, nadie quiere ni siquiera oír hablar de la posibilidad de hacer cumplir los estatutos y deshacerse del chantaje de López Obrador.

El costo de esa decisión aumenta con cada día que pasa. Si la dirigencia del PRD hubiera respetado sus estatutos y hubiera actuado contra López al inicio de la campaña electoral, sus resultados no hubieran sido muy diferentes de los que obtuvo el 5 de julio, pero sabrían qué es lo que tienen en realidad y no tendrían que estar, como hoy, analizando cuántos de sus legisladores son realmente suyos, cuántos de Andrés Manuel López Obrador y viendo cómo hacer para que su línea política se respete. El acuerdo tácito para que Ortega conserve la dirigencia del partido a cambio de no tocar a López Obrador e incluso la decisión de no dar a conocer la lista de los miembros del partido “desafiliados” (ni siquiera se quiso utilizar la palabra expulsión) por haber sido candidatos de otros partidos, envuelto todo en un discurso de supuesta búsqueda de unidad, se contradice en los hechos, en las labores del Consejo Nacional y en los dichos de López.

Y con ello se está hipotecando, a los caprichos de un dirigente autoritario y mesiánico, el futuro de lo que alguna vez fue la opción de la izquierda en México. Por cierto, ¿Ortega sabe cuánto le costará a Nueva Izquierda la hipotética salida del partido de la corriente de Arce, Zavaleta y Círigo?

El PRD ha visto, una vez más, cómo el lopezobradorismo termina avasallándolo aunque no le ofrezca nada a cambio.

Fabricando culpables

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

La fabricación de culpables es una abominable especialidad de la justicia mexicana. Suele suceder que apenas la opinión pública levanta sobre la autoridad el clamor de que se aclare un crimen, la autoridad produce un culpable oportuno, oportunamente fabricado.

El caso de turno es el del asesinato del joven Fernando Martí. En el pico del clamor público de seguridad que convirtió al empresario Alejandro Martí en emblema de la queja ciudadana por el secuestro y asesinato de su hijo, la autoridad produjo un culpable, una banda al parecer deudora de otros crímenes, pero no del homicidio del joven Martí que le urgía resolver a la autoridad. Año y medio después de aquella solución aparece el autor del homicidio, miembro de otra banda, confesando su autoría del crimen.

Todos los casos de fabricación de culpables tienen un origen común. En nuestro sistema de procuración de justicia, los derechos del acusado son nada frente a los medios de la autoridad, que puede acusar y encarcelar sin haber probado su dicho, antes incluso de haber sometido sus pruebas a un juez.

Para todo efecto práctico, no existe en México la presunción de inocencia ni el respeto mínimo a los derechos del acusado, entre ellos, centralmente, el de un debido proceso judicial.

Apasionante puede resultar el periodo de sesiones de la Suprema Corte de Justicia que se inicia esta semana, pues incluye el desahogo de casos como los alcances del fuero militar, la constitucionalidad del aborto o el llamado “amparo de los intelectuales” contra la prohibición de comprar espacios en los medios para emitir mensajes políticos.

De todos los casos que desahogará la Corte, el que quizá pueda tener mayores alcances en los usos y costumbres de nuestra justicia es el amparo interpuesto por el caso Acteal, nombre del campamento chiapaneco donde el 22 de diciembre de 1997 tuvo lugar una matanza indígena cuyo saldo fue de 45 muertos, todos ellos mujeres, ancianos y niños.

Acteal fue un escándalo que obligó al gobierno federal a atraer el caso y hacerse cargo de la investigación. Fueron detenidas más de cien personas, la mayor parte de las cuales sigue presa al día de hoy.

La forma en que fueron detenidos y procesados estos supuestos responsables de la matanza de Acteal configura un notorio caso de violación de los derechos procesales de los detenidos, y una de las más rápidas e impunes fabricaciones de culpables de la historia reciente de México.

(Mañana: los detenidos de Acteal)