agosto 04, 2009

Las tres grandes mentiras de Chávez a Jorge Ramos

México, ¿una percepción fallida?

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Muchas veces son lo que critican; o peor. Florestán

Madrid, España. A la distancia, y en el contraste, cada día es más difícil aceptar aquel sofisma que para revalorizar el triunfo electoral de Vicente Fox en 2000, lo equiparó con la transición española de la dictadura franquista a la democracia, cuando lo de México fue una alternancia que no alcanzó la dimensión del tránsito que esta sociedad española, a tiros y tirones, ha sabido consolidar para desde ahí crear un amplio estado de derecho, de bienestar y de justicia.

El resultado electoral de 2000, siendo un precedente histórico, fue a menos por la incapacidad de gobierno.

Hablando aquí con periodistas y políticos españoles, se les dificulta entender, y a uno explicar, cómo el tránsito mexicano a la democracia no se tradujo en la solución de las grandes asignaturas pendientes que el panismo, desde la oposición discursiva, aseguraba que alcanzaría, fallo que llevó a una gran decepción que se tradujo en el regreso del priismo al rango de primera fuerza política nacional, plano desde el que ya mira su desembarco a la Presidencia de la República que perdió hace casi una década.

Pero no sólo es ese eje, el que de este lado del mar ven con inquietud, el retrato que a la distancia hacen de nosotros resulta preocupante: un México en el que la violencia y la inseguridad aparecen como un problema irresoluble y el crimen organizado se presenta como una fuerza imbatible que impone sus reglas desde su poder económico, de fuego y de corrupción, a pesar de la magnitud del combate, que aquí registran, pero cuya dimensión dibuja la del enemigo al que se enfrenta; un México con una crisis económica que lo ha golpeado con un impacto muy superior al anunciado y cuya magnitud nunca se previó; un México donde las reformas indispensables no avanzan ni aun sumidos en la más grave crisis económica que se recuerde; un México en el que los partidos y los liderazgos políticos se desmoronan en medio de sus luchas internas por el poder; un México en el que el estado de derecho y la seguridad jurídica sólo existen en el discurso; un México que, a decir del color del cristal con el que desde aquí nos miran, cambió para seguir igual.

Un México que, sin embargo, es querido y añorado desde esta distancia donde se le sigue con preocupación; un México, pues, complicado que por aquí ven igual a como nosotros veíamos a otros países de los que no entendíamos cómo en medio de su caos, podía vivir la gente.

Un México que más que querer cambiar la percepción tiene que cambiar la realidad, que ya se encargará de modificar las apreciaciones.

Y no es que como México no haya dos, es que sólo tenemos uno y entre todos lo tenemos que arreglar, porque el tiempo corre en nuestra contra y a favor del iluminismo político.

Nos vemos mañana, pero en privado.

Vacaciones en Oaxaca

Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
El Universal

Oaxaca vuelve a ser cruce de caminos. En dos días fue escenario de un autodestape presidencial y de las vistosas vacaciones de un ex presidente. Dos actores antagónicos, Andrés Manuel López Obrador y Carlos Salinas —que aunque eviten referirse uno al otro por su nombre no dejan de pensarse—, eligieron el mismo escenario, los mismos días y el mismo momento político para mandar mensajes a sus partidos, a sus adversarios y la opinión pública; ambos con la mira en 2012.

De AMLO es claro que el mensaje al destapar su intención de buscar por segunda vez la Presidencia fue directo a Los Chuchos y al resto de las tribus que se desgarraban en el Consejo Nacional de PRD en Morelia. Sabe que la debilidad de Nueva Izquierda y Jesús Ortega, tras la debacle electoral perredista, abre el momento preciso para relanzar su liderazgo y asumirse de nuevo como el hombre que puede llevar a la izquierda al poder en 2012. O al menos eso cree él.

Salinas, en cambio, aprovecha unas vacaciones familiares para seguir en su nuevo objetivo político: el regreso del PRI al poder. No fue a Oaxaca sólo a disfrutar de la cultura oaxaqueña. No sólo por la sucesión local, que se define en unos meses, sino porque la próxima bancada oaxaqueña será la cuarta fuerza en la fracción priísta en San Lázaro.

En su labor actual, Salinas es algo así como el artífice de que el PRI no se desgaste en su ruta de regreso al poder. Y para eso el ex presidente lleva de la mano a Enrique Peña Nieto y hace de puente entre el mexiquense y los sectores más duros de la nomenklatura priísta. Convertido en algo así como el condotieri, Salinas usa sus buenos oficios para las negociaciones con la parte más impresentable del PRI —entre la que se encuentra Ulises Ruiz—, la parte más porril del priísmo que, aunque sea un lastre en términos de imagen, necesitan para ganar. Así que en el caluroso verano oaxaqueño muchas cosas se movieron este fin de semana.

NOTAS INDISCRETAS… Para confirmar que no todo fueron vacaciones, el “chofer” que Ruiz asignó a Salinas fue nada menos que el secretario de Salud, Martín Vázquez, a quien ya mencionan en Oaxaca como “caballo negro” para la candidatura priísta a gobernador, luego de que a Eviel Pérez, ex secretario de Obras, le han empezado a sacar faltantes y escándalos familiares, y que del senador Adolfo Toledo el propio Ulises comentara en corto que “no creció”. Fue la presentación del delfín ante el padrino… La enérgica protesta de la Conferencia del Episcopado Mexicano, tras la detención de Miguel Ángel Beraza La Troca en el interior de un templo católico, en misa, hizo recordar una pregunta que un compañero de gabinete hacía hace poco a Genaro García Luna: “¿No se te está pasando la mano, Genaro?”. La respuesta del secretario fue que está seguro de que así se debe combatirlos… Paran los dados. Tocó serpiente.

Desaire al Peje

Francisco Garfias
www.elarsenal.net
Arsenal
Excélsior

Andrés Manuel López Obrador no es profeta en Oaxaca. “Lo tenemos medido; sus actos promedian 40 personas. El mejor ha sido de 150 personas”, dice el gobernador Ulises Ruiz. Hay comunidades donde ni siquiera lo reciben. Es el caso del municipio de Santo Domingo Tepuxtepec. Al Peje le argumentaron que no era tiempo de elecciones y que se iban a celebrar las fiestas del pueblo.

El tabasqueño adelantó que vivirá en Oaxaca los próximos meses, para ayudar al senador de Convergencia, Gabino Cué, aspirante a gobernador de la entidad. “Si ya está allí, nadie lo ha visto”, ironizó Carlos Flores Rico, dirigente del Movimiento Territorial del PRI, en alusión a lo reducido de los actos del legítimo.

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Ulises, por cierto, no descarta ir por la presidencia del PRI, una vez que termine su sexenio. “Sí, me gustaría”, admite el gobernador de Oaxaca, a pregunta expresa. Sabe, sin embargo, que el camino es largo y sinuoso; que promoverse desde ahora podría resultarle contraproducente. Así que, calladito, sin salir en la foto, buscará avanzar para concretar su objetivo en marzo de 2011.

Pero mucho tendrá que trabajar para suplir a Beatriz Paredes. Su imagen quedó maltrecha a nivel nacional desde el conflicto con la APPPO y la desaparición de los eperrristas Edmundo Sánchez Amaya y Gabriel Cruz Sánchez, vistos por última vez en Oaxaca hace más de dos años.

El mandatario estatal, eso sí, está preocupado de que el PRI pueda caer en exceso de confianza tras su triunfo en las elecciones intermedias. Está convencido de que la derrota del PAN tiene más que ver con la crisis económica que con cualquier estrategia electoral. “El que piense que somos muy chingones porque ganamos en el 2009, se equivoca. Nadie gana elecciones en recesión”, advierte.

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En la recta final para la coordinación de los diputados del PRI aparecen en punta Francisco Rojas y César Augusto Santiago. El comentario generalizado es que Beatriz se queda en la presidencia del PRI.

Tanto el ex contralor como el cinco veces diputado federal cumplen con las condiciones básicas: no compiten con la tlaxcalteca como fue el caso de Elba Esther Gordillo y Roberto Madrazo en los tiempos de Fox y han sido leales al partido. Falta ver qué dicen los gobernadores y Manlio Fabio Beltrones, coordinador de la bancada del tricolor en el Senado.

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En la Suprema Corte de Justicia modificaron la lista de asuntos, para dar prioridad al tema de la guardería ABC de Hermosillo. El proyecto que elaboró el ministro Salvador Aguirre Anguiano ya se repartió. Es un documento voluminoso, más de 200 páginas. “Quiso dar todos los elementos para una discusión amplia sobre si se investiga o no”, dicen en Pino Suárez.

Los once ministros llegarán al pleno el jueves próximo con una postura al respecto. Si resuelven que no se investiga, lo que parece poco probable, allí concluye el asunto. De lo contrario, deberá crearse una comisión investigadora. Sus miembros serían designados conforme al párrafo segundo del artículo 97 de la Constitución, que faculta a la Corte para designar a uno o varios comisionados especiales con el fin de que averigüen algún hecho que constituya violación a las garantías individuales.

La comisión tendría un plazo de hasta seis meses para investigar, prorrogable seis meses. Al término, rendiría un informe al pleno de la Corte, que se turnaría al ministro Aguirre Anguiano. Éste tendría que elaborar un proyecto para que diga si la investigación fue suficiente. El proceso es largo y complicado. No es para mañana, pues. Los familiares de los niños fallecidos y de los quemados deberán armarse de paciencia para que se les haga justicia.

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La bronca entre la dirección nacional del PT y los integrantes del movimiento obradorista ya tronó. La mecha es la pretendida imposición de Adolfo Orive como coordinador del grupo en la Asamblea Legislativa por el dueño de ese partido, el senador Alberto Anaya.

“Sabemos que Orive tiene antecedentes que no lo hacen una personan fiable para muchos de los compañeros del Partido del Trabajo y de la izquierda de este país. Tiene vínculos muy estrechos con Carlos Salinas de Gortari; ha participado en espacios de contrainsurgencia”, acusa el diputado federal electo y obradorista declarado Jaime Cárdenas.

No hay duda de que la Legislatura que empieza será larga y tormentosa para Beto Anaya.

El tabasqueño adelantó que vivirá en Oaxaca los próximos meses para ayudar a Gabino Cué.

El relativismo mexicano

León Krauze
Epicentro
Milenio

La escena, que ya ha sido contada muchas veces, ocurre en Paquistán en febrero del 2002. Daniel Pearl, periodista del Wall Street Journal, acepta, en una grabación, ser no sólo estadunidense sino judío. Lo rodean varios terroristas, entre ellos Khalid Shaikh Mohammed, jerarca de Al-Qaeda y principal estratega detrás de los ataques del 11 de septiembre. Pearl había sido secuestrado unos días antes por una célula islamista en la ciudad de Karachi. Después de la “confesión”, Shaikh Mohammed decapita al muchacho; sin piedad, sin dudarlo un segundo. El calibre de la maldad de la acción no permite matiz alguno. El asesinato de Daniel Pearl permite establecer, sin lugar a dudas, la estructura ética no sólo del asesino sino de las ideas que defiende.

Un lustro después de la muerte de Pearl, el cineasta inglés Michael Winterbottom filmó la historia. Pero la lectura de la cinta no fue necesariamente la deseada. El propio Winterbottom fue el primero en caer en una trampa lamentable. En una entrevista con el Washington Post, el cineasta comparó a lo ocurrido a Pearl con el centro de detención de Guantánamo: “Hay extremistas en ambos bandos”, dijo. La declaración provocó la reacción inmediata de Judea Pearl, padre del reportero asesinado. En una pieza publicada en la revista The New Republic, Pearl criticó la tentación a incurrir en uno de los vicios más claros del mundo moderno: el relativismo moral; la idea de que no existe un juicio moral absoluto sino sólo uno relativo. Es decir, que es posible trazar una equivalencia moral entre un crimen como el de Pearl y lo que ocurre con los presuntos terroristas de Guantánamo. Aunque ambos son lamentables, diría Judea Pearl, “no puede haber comparación entre los que se enorgullecen en matar a un periodista desarmado y aquellos que juran terminar con actos así”.

La triste historia de Daniel Pearl viene a cuento en el México actual. En el marco de una batalla no menos cruenta que la que robó la vida a Pearl, la sociedad mexicana corre el riesgo de enfermar de relativismo moral. Está de trazar una equivalencia entre las acciones de las autoridades y las de la delincuencia, decir que “son lo mismo”. El caso más evidente es el que enfrenta el Ejército mexicano. Sobra decir que las fuerzas armadas no están libres de culpa. Durante el conflicto contra el narcotráfico han incurrido en excesos y abusos que deberán ser dirimidos de manera contundente. Pero hay un largo trecho entre exigir justicia en esos casos de arbitrariedad y ceder al impulso del linchamiento de los hombres y mujeres que, como diría Judea Pearl, dan la vida por terminar con quienes amenazan a la sociedad y al Estado.

El asunto no permite relatividad moral alguna. No debe haber ninguna duda de quién es el auténtico enemigo del Estado mexicano y de sus ciudadanos; quién el que abusa de la población y la considera dispensable. A pesar de sus fallas, el Ejército mexicano y el resto de las autoridades federales que están librando la batalla contra el crimen organizado son aliados del México de la legalidad y el orden. Los narcotraficantes defienden otras causas, esas sí ajenas al bien común. Son, en un sentido casi etimológico, delincuentes despiadados: actores fallidos de la sociedad. Por eso sorprende que, acarreando traumas dolorosos pero antiquísimos, una parte de la opinión pública insista en rasgarse las vestiduras ante los abusos del Ejército, la “militarización del Estado mexicano” y demás exageraciones que no hacen más que minar la legitimidad de la autoridad en un momento en que, más allá de toda metáfora, la seguridad del país está en severo riesgo.

De cara al 2010 y nuestro futuro como nación, México necesita erigir un Estado moderno. Un país que, entre muchas otras cosas, comprenda que son las autoridades quienes cuentan con la prerrogativa exclusiva del uso de la fuerza dentro del marco legal y que ese uso no implica, a priori, ninguna conflagración. Un país que aprende a distinguir los niveles del mal, no a igualarlos y a relativizarlos.

Nuevo dictador

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"Qué afortunado para los líderes que los hombres no piensen". Adolf Hitler

En la madrugada del 4 de mayo se registró un sismo en Venezuela que generó pánico entre la población. La televisora Globovisión suspendió su programación para dar a conocer lo acontecido. Citó al Servicio Sismológico de Estados Unidos para señalar la intensidad, de 5.4 grados en la escala de Richter, y el lugar del epicentro. Difundió también información de reporteros sobre los daños. Ninguna otra televisora dejó de retransmitir el maratónico programa Aló Presidente de Hugo Chávez.

Tras un exhorto de la Asamblea Nacional, la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) inició un proceso contra Globovisión y su director Alberto Federico Ravell. La acción se basaba en un artículo de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión que sanciona a quienes "promuevan, hagan apología o inciten a alteraciones del orden público". La televisora no debió haber informado sobre el sismo, se dijo, en tanto el gobierno no lo hiciera público de manera oficial.

Son ya cinco los procesos que el gobierno de Hugo Chávez ha iniciado en contra de Globovisión, la única televisora independiente que queda en Venezuela. Como la actual legislación requiere sólo de tres de estos procesos administrativos para suspender las transmisiones de una emisora, todo parece indicar que el gobierno de Chávez se está preparando para incautar Globovisión, como lo hizo con RCTV, la televisora con mayor público del país, el 27 de mayo de 2007. Por lo pronto ayer, 3 de agosto, un grupo de simpatizantes de Chávez asaltó con gases lacrimógenos las instalaciones de Globovisión.

Este domingo 2 de agosto el gobierno venezolano tomó el control "temporal" de las dos mayores empresas productoras de café. ¿Por qué lo hizo? Porque hay escasez de café. ¿Y por qué hay escasez? Porque desde hace años el régimen mantiene congelados los precios a pesar de que el país sufre una inflación de cuando menos 30 por ciento al año. Chávez, de hecho, parece haber provocado la escasez con el propósito de confiscar las empresas. Es lo mismo que ha hecho con una amplia gama de compañías en la cada vez más maltrecha economía venezolana.

Un día antes, el sábado 1o. de agosto, la Conatel retiró la autorización de transmisión a 34 radiodifusoras privadas. Su gobierno ha anunciado que el retiro de permisos alcanzará a 240 de las 285 emisoras de radio y televisión que existen en el país. Con esto el Presidente tendrá un control absoluto de la radio y la televisión. Las únicas emisoras que no están siendo incautadas son aquellas que obedecen ciegamente al régimen.

El pasado 30 de julio el gobierno de Chávez presentó una iniciativa de Ley Especial de Delitos Mediáticos para establecer una censura generalizada en todos los medios de comunicación del país, tanto electrónicos (incluido el internet) como impresos. La nueva ley convertirá en un crimen, con pena de hasta cuatro años de cárcel, la difusión de información que atente contra la estabilidad de las instituciones del Estado, la paz social, la seguridad e independencia de la nación, la salud mental o moral pública y el orden público. Se sancionará también a quienes publiquen "noticias falsas" que generen sensación de impunidad o de inseguridad. El gobierno decidirá qué información es falsa y cuál no.

Chávez, quien originalmente accedió al poder en una elección, continúa el proceso de establecer una dictadura en Venezuela. Mucha gente argumenta que un régimen es legítimo sólo porque fue electo. Olvida, quizá, que Adolf Hitler llegó al poder en Alemania en 1933 por un proceso democrático.

Zelaya en México

El presidente Felipe Calderón recibe hoy con brazos abiertos al depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya, quien con el respaldo de Hugo Chávez había iniciado también un proceso para establecer una dictadura en Honduras. Mientras tanto, calla ante el establecimiento de una dictadura en Venezuela.

www.sergiosarmiento.com

¿Reelección legislativa inmediata?

José Ramón López Rubí
Analista
El Universal

En 2005, la reelección legislativa inmediata (RLI) fue rechazada en el Senado. Hoy es propuesta de una parte del movimiento anulacionista; otras partes no la incluyen o aun la desprecian. El grueso de la opinión social sigue en su contra, pero pensamos que es necesaria.

Según todas las encuestas, la mayoría de los mexicanos se opone a la RLI, porque la literalidad, “reelección inmediata”, confunde. Esa confusión la han aprovechado las élites partidistas para no aprobar la RLI. En 2005 argumentaron: “La gente no quiere esta reelección, la rechazamos”.

Los legisladores mexicanos son súbditos de los líderes de sus partidos, no buenos representantes de ciudadanos. En general, son congresistas de ocasión, políticos sin compromiso democrático ni ética de las responsabilidades (Weber) cobrando sueldos inmerecidos, “grillos-chapulines”. Por eso hasta 90% de la ciudadanía los reprueba, no confía en ellos.

En ese contexto, ¿hay que reelegirlos? No. Pero precisamente por lo que son —y no son— es necesaria la RLI, que no significa que por ley los legisladores actuales o posteriores vayan a reelegirse forzosamente. No porque ella exista ellos van a continuar en sus cargos; no es igual a “legisladores garantizadamente reelegidos tras un periodo”. No limita u obliga al ciudadano a votar por “los mismos”.

Democráticamente, la RLI es una posibilidad legal: que los representantes no dejen de serlo para periodos sucesivos por decisión de los electores. Pueden competir por mantenerse en su puesto, pero que lo logren depende de que votemos por ellos, o de que castiguemos o premiemos su desempeño. RLI es el nombre de una regla que permite votar contra “los mismos”. Surge la rendición de cuentas entre representantes y representados y se crea para los primeros un incentivo para trabajar mejor y poder ganar la reelección efectiva. No se volverán legisladores perfectos pero tendrán que ser mejores. ¿No es lo que deseamos?

La actitud y la conducta actuales de los “representantes populares” tienen que ver con su cultura política (forjada en la ausencia de experiencia institucional democrática plena), pero también con el hecho de que son posibles, convenientes y no individualizadamente sancionables por el elector. Ellos siguen siendo como son porque no tienen que ser distintos, porque no hay reglas ni incentivos en sentido contrario. De ahí que haya que instituir la RLI.

Otro ángulo: tu diputado —federal o local— es X. Tú, lector, no sabes quién es ni lo conoces personalmente, pues nunca regresó al distrito para tratar contigo o nunca lo buscaste ni “molestaste”. Él es un mal representante, pero, como todo político, es ambicioso (lo cual no es necesariamente malo), y quiere seguir en “el servicio público”. Con la RLI ya aprobada, y al no querer dejar el cargo, X buscaría su reelección. Si no sabes quién es, no te preocupes: los candidatos opositores y los medios te avisarán del intento. Sabiendo quién y qué es X, y que no quiere dejar de ser diputado, ¿votarías a su favor o lo castigarías no votando por él para impedir que continúe en el cargo?

Si votas por X eres un “votante duro” o uno bastante irracional. Pero tienes el derecho de errar y reelegir incluso a quien no lo merece. Si piensas que votarías por X si los demás candidatos son peores, obvias que la derrota de X sería un mensaje-amenaza para los que le sigan: “No mantendrán la chamba”. Que pierdan los X es el antecedente que puede condicionar a los otros a no ser como X e invita a participar a los “no X”.

Si hoy eres anulacionista para castigar a los malos políticos, mañana podrías aprovechar la RLI; si aun con ella vigente prefirieras anular tu voto, estarías en otra confusión. Los malos representantes tendrían dos opciones básicas: o compiten de nuevo y pueden ser rechazados o ni siquiera vuelven a competir (porque suponen que vamos a rechazarlos). Si X es candidato a la reelección y no lo reelegimos, bien. Si no presenta su candidatura, bien.

Dado todo lo anterior, la RLI no significa necesariamente perpetuación de legisladores, ni anquilosamiento ni oligarquización del Congreso. Sí, en cambio, la posibilidad de profesionalización y especialización legislativas, lo que actualmente no se puede lograr pasando de una cámara a otra porque cada una tiene atribuciones y responsabilidades diferentes.

Sólo los buenos legisladores, profesionales y con alguna especialización, que rinden cuentas, son los que merecen la reelección inmediata literal.

¿Quién le teme al documento de identidad?

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

En 1977 llegué a Suecia, primero a estudiar sueco en un pequeño poblado llamado Alvesta. Al día siguiente de mi llegada, una joven funcionaria del municipio apareció por la que sería mi casa provisional durante los siguientes tres meses y me dio una cita para que, al otro día, fuera a tomarme una foto para mi documento de identidad. Recuerdo que pregunté cuál era la prisa y me contestó que sin él no podría hacer absolutamente nada. Efectivamente, a las 48 horas de estar allí, ya tenía mi documento de identidad, que es expedido por la oficina central de impuestos y servía para acreditar identidad, edad (en esa época no se vendía alcohol a los menores de 21 años), comprar medicinas en una farmacia, votar (los extranjeros residentes podían, entonces, no sé ahora, sufragar en los comicios locales) y, por supuesto, pagar impuestos. El documento de identidad era un instrumento indispensable para moverse en cualquier lugar de Suecia.

Tiempo después, ya en México, recuerdo que me tocó entrevistar, creo que por primera vez, a Jorge Alcocer, entonces representante del Partido Comunista ante la Secretaría de Gobernación. Y el tema fue el documento nacional de identidad, que se quería impulsar desde el gobierno y no lo quería permitir la oposición porque consideraba que sería un instrumento para la represión. Me pareció, y me parece, un capítulo más de la paranoia nacional. La verdad es que casi todos los países relativamente desarrollados tienen un documento de identidad que resulta cada día más útil en todo tipo de trámites y actividades. Para mi asombro, el anuncio de la Secretaría de Gobernación, entonces en manos priistas, hoy panistas, respecto a la expedición de ese documento, suscita una oposición similar a la de entonces: han pasado casi tres décadas y se sigue diciendo lo mismo, con argumentos tan vacíos como los de entonces.

Hay quienes se preocupan porque el documento será utilizado como un instrumento en políticas de seguridad. Por supuesto que esa es una de sus funciones más importantes. Hoy no sólo no tenemos un padrón completo de la sociedad e, incluso, muchas veces, no existe la certeza del nombre de un detenido o sospechoso o de una víctima. No hace mucho arrestaron en México a un ciudadano español que está acusado de un fraude millonario al Banco Santander, perpetrado años atrás. Este señor, cuando huyó de España, vino a México y cuenta, en una entrevista con el periódico El País, que se instaló en Morelos, allí se inscribió en un torneo de futbol llanero, le dieron una credencial y con esa identificación terminó sacando una credencial de elector y así vivió, como mexicano, durante años, en nuestro país. Fue detenido porque se confió tanto que fue a solicitar una visa a la embajada de Estados Unidos, donde le tomaron sus huellas y señas personales. Y como la base de datos del gobierno estadunidense sí está actualizada, se le identificó con sus datos reales y se le detuvo cuando pasó a recoger la visa. El caso demuestra la vulnerabilidad de todo el sistema y la necesidad imprescindible de contar con un documento de identidad moderno y eficiente.

Otros aseguran que la existencia de ese documento tarde o temprano dejaría sin efecto a la credencial de elector y entonces nuevamente los datos electorales quedarían en poder del gobierno. En realidad, la credencial de elector que solemos utilizar para identificarnos, más que con el fin de votar, es un instrumento a todas luces insuficiente, comenzando por el hecho de que es voluntario empadronarse y sacar ese documento y que, ante la necesidad de cubrir el mayor espectro posible de electores, termina siendo un instrumento relativamente vulnerable pero que, además, en términos de seguridad y control, de cruce con la información fiscal, no sirve absolutamente de nada, empezando por el hecho de que los datos están en manos del Registro Federal de Electores.

El argumento netamente electoral es el más vacío de todos. Cuando se creó la credencial de elector, la idea original era que fuera, como en buena parte del mundo, un documento nacional de identidad. Hubo oposición porque no se quería que esa información estuviera en manos del gobierno y terminamos, como en muchos otros capítulos de la vida nacional, creando un híbrido que se quedó a mitad de camino de todo. Con todo, desde entonces, las cosas han cambiado en forma notable, en el país y en el resto del mundo, comenzando por los sistemas para tener una capacidad de almacenamiento de datos enorme y por la posibilidad de incorporar, a ese documento de identidad, los datos biométricos de su portador, con el objetivo de hacerlo mucho más difícil de falsificar. Ello puede operar en beneficio del Estado, sin embargo, también de cada uno de nosotros en una sociedad donde el robo de identidades es cada vez más frecuente.

Se pierde, sí, un magnífico negocio para quienes de una u otra forma participan en el Registro Federal de Electores y en la expedición de muchos otros documentos que se utilizan en los ámbitos federal y locales. El costo es altísimo y, el beneficio, parcial: organizar las elecciones pasadas nos costó casi 13 mil millones de pesos. Se argumenta que con ello deberemos portar numerosos documentos: es verdad, pero si se trabaja con seriedad y utilizando los actuales sistemas informáticos, en realidad deberíamos ir concentrando todos esos documentos, como lo viví en aquella lejana experiencia sueca, en uno solo, que deberá servir para identificarse y votar (y todos sabemos que desde hace años las irregularidades que pudieran existir en las elecciones no pasan por las credenciales y el padrón), pero también con el fin de hacer cualquier trámite, pagar impuestos y tener los datos básicos en caso de un accidente. Lo demás es una suerte de paranoia de gente que sigue pensando que somos una sociedad singular que no puede aceptar lo que resulta una norma, en casi todos los países con cierto nivel de desarrollo, desde hace décadas.

Hay quienes se preocupan porque será utilizado como un instrumento en políticas de seguridad.

Un perro atropellado

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Domingo por la tarde. Mi hija favorita y yo salimos a caminar. Al poco, cruzamos una avenida y vemos a un perro, recién atropellado, que corre alocadamente por la vereda, tambaleante, con las patas rotas. Yo quiero irme de allí. Quiero seguir andando. No es asunto mío. No tengo nada que ver. Habíamos planeado una placentera caminata dominical por las tranquilas calles de la ciudad y luego iríamos al cine ¿o no? Pero Sofía tiene más corazón. Quiere hacerse cargo, auxiliar al animal, llevarlo a que lo atiendan. Hago un tibio intento de resistencia pero no deseo tampoco parecer demasiado descarnado; nos acercamos pues al perrito al tiempo que un coche se detiene también para ayudar; viaja una pareja joven y se organiza un conciliábulo para ver quién tomará la responsabilidad del herido. Ellos parecen bien intencionados pero, por más que yo deseo ardientemente que se lo lleven en el auto y sanseacabó, resulta que ya tienen dos perros muy peleones en casa. La perspectiva de que lo tengamos que cargar nosotros se vuelve cada vez más cercana. El hombre acaricia al perro, que se echa sobre el lomo y menea la cola; tiene un ojo ensangrentado pero no aúlla ni da muestras de dolor. Nos mira y nada más.

Finalmente es Sofi, en su condición de chica compasiva, a quien le toca cargar al animal. En el camino de vuelta a casa, el perro se acurruca en los brazos de mi hija como si la hubiera conocido de toda la vida. Los miro a los dos y se me llenan los ojos de lagrimas: ese animalito ha dejado de ser una mera representación —una figura lejana que se arrastraba frenéticamente por una carretera, un objeto del cual te podías desentender— y se ha vuelto casi una persona, un ser desvalido entregado incondicionalmente al calor de los humanos buscando escapar del horror.

Mi hija me ha dado una lección. Podemos, desde el egoísmo, mirar hacia el otro lado. Pero, a la vez, podemos actuar para que ese minúsculo rincón del mundo donde vivimos sea un espacio un poco mejor. Para los perros y para la gente.