agosto 06, 2009

'En Honduras' por Paco Calderón

Legítimo Zelaya

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"Una élite económica intenta sostener sus privilegios impidiendo que el pueblo se organice en una democracia directa". Manuel Zelaya

Manuel Zelaya, el depuesto presidente de Honduras, logró en su visita a México algo inusitado: unir al Presidente, al jefe de Gobierno de Distrito Federal y al Congreso de la Unión en una misma causa.

Zelaya, quien arribó a México en un avión venezolano, fue recibido en Los Pinos con todos los honores de un jefe de Estado por el presidente Felipe Calderón. Ayer el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, le rindió homenaje en el Salón de Cabildos del Antiguo Edificio del Ayuntamiento: lo llamó presidente "legítimo y legal de Honduras" (¿oíste espurio?) y le entregó las llaves de la ciudad. La Comisión Permanente del Congreso de la Unión lo acogió también con honores usualmente reservados a un jefe de Estado.

Zelaya se sintió sin duda muy bienvenido en México, más bienvenido ciertamente que en Honduras. La verdad es que si súbitamente llegara un hada madrina y les cumpliera a nuestros políticos su deseo de colocar a Zelaya nuevamente en la Presidencia de Honduras, el resultado sería un desastre para su país. ¿Por qué? Porque Zelaya ha perdido los apoyos necesarios para gobernar.

Zelaya no tiene el respaldo de la Suprema Corte de Justicia de Honduras. Los ministros ordenaron su destitución por traición a la patria después de que violó reiteradamente la Constitución y se colocó en desacato ante los fallos del tribunal.

No cuenta tampoco con apoyo del Congreso. No sólo se opone a su retorno el Partido Nacional, conservador, sino también el Liberal, el otro gran partido del país, el cual postuló a Zelaya como candidato en 2005. Sólo unos cuantos diputados de izquierda radical lo respaldan, pero son muy pocos para lograr algo en el Congreso.

Zelaya no tiene el apoyo de las Fuerzas Armadas. Destituyó al comandante del Estado Mayor Conjunto, el general Romeo Vásquez Velásquez, cuando éste se negó a repartir las boletas de una consulta para la reelección presidencial que la Suprema Corte, la Fiscalía General y el Tribunal Supremo Electoral declararon inconstitucional. Posteriormente la Corte Suprema determinó de manera unánime que la destitución del general Vásquez había sido ilegal. El general mantiene su cargo con el respaldo de los demás comandantes de las Fuerzas Armadas.

No cuenta tampoco Zelaya con el respaldo de los hondureños. Si bien su destitución puede haberle generado una nueva popularidad en la izquierda radical, ésta es una minoría en el país. Una encuesta de la empresa CID-Gallup señaló que la aprobación de Zelaya cayó de 45 por ciento en enero de 2007 a 7 por ciento en febrero de 2009.

¿Quiénes apoyan entonces a Zelaya? Los dictadores cubanos Fidel y Raúl Castro, convertidos en fieros defensores de la democracia (la hondureña, por supuesto, no la cubana); Hugo Chávez de Venezuela, quien financia las actividades de Zelaya; Daniel Ortega de Nicaragua, quien le da cobijo en su país; los políticos mexicanos; los presidentes de los países de la OEA; y virtualmente todos los gobiernos extranjeros.

Con la anuencia de Zelaya, los gobiernos de otros países y las organizaciones internacionales han tomado medidas de presión para obligar a Honduras a aceptar nuevamente al depuesto mandatario, aunque con ellas afectan económicamente a los más pobres. Pero ni siquiera estas acciones serán suficientes para devolverle el poder a Zelaya. Para ello se necesitaría una intervención armada extranjera. Sólo así, violando la soberanía y la voluntad del pueblo de Honduras, podría "restablecerse la democracia" en ese país.

Guarderías seguras

A pesar de toda la cobertura negativa en los medios, un sorprendente 87 por ciento de los padres con niños en guarderías del IMSS dice que éstas son seguras. Ésta es la opinión de quienes más cercanos están a los servicios de las guarderías.

PRD: irredimible

Alfonso Zárate
Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario, SC
El Universal

A la deriva y haciendo agua por todos lados, así va la que sigue siendo la mayor formación política de la izquierda mexicana. Lo ocurrido el pasado fin de semana en el cónclave en Morelia simplemente remacha su condición de aparato descompuesto, de coro desafinado, de caja destemplada.

Jesús Ortega es el síndico de la quiebra; una quiebra moral, política, económica, que se expresa electoralmente en el lastimoso cuarto lugar en la primera y segunda circunscripciones (después del PVEM). En Sinaloa, Nuevo León y Aguascalientes, el PRD quedó atrás del Verde y del Panal, y en Campeche, en sexto lugar.

Pero ante tal desastre, la simulación: Jesús Ortega no entrega su renuncia ni se atreve a expulsar a quien en la elección del 5 de julio le hizo más daño a su partido que nadie. López Obrador hizo labor de zapa, una verdadera contracampaña que contribuye a explicar la dura derrota perredista en el estado de México.

La carta del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas estableciendo las condiciones para refundar al partido que contribuyó a fundar: la expulsión de López Obrador y la renuncia de Jesús Ortega, sólo recibió las descalificaciones desde ambas trincheras, pejes y chuchos.

Una de las facciones de Nueva Izquierda, la que dirige René Arce, quiere cobrarse la afrenta en Iztapalapa y exige la expulsión de Andrés Manuel y Clara Brugada.

En 1987, la corriente democrática del PRI —portadora de reminiscencias de esa izquierda nacional-populista que fue el cardenismo— aglutinó a una mezcla variopinta de cascarones partidistas (el PARM, el PFCRN y el PPS) a los que se agregaron grupúsculos de distinto origen. Luego del fraude en la elección presidencial de 1988, Cuauhtémoc Cárdenas llamó a crear un nuevo partido. El Partido Mexicano Socialista (PMS) cedió su registro para que naciera el Partido de la Revolución Democrática. Han pasado 20 años desde entonces y los saldos son patéticos.

La conversión de los partidos en “entidades de interés público” los dotó de enormes recursos que han sido manejados al arbitrio de las camarillas que controlan los aparatos. Hoy los jefes de las izquierdas partidistas —lo mismo del PRD que del PT y Convergencia— se parecen tanto a los “campesinos nylon” de los años 50: con chamarras de piel, camionetas de lujo, reuniones en los restaurantes y hoteles más caros… y todo con cargo a las prerrogativas o a las cuotas de los negocios “negros” que protegen. Por eso las disputas internas por una candidatura a jefe delegacional, presidente municipal o diputado suelen ser más feroces y costosas que las constitucionales.

Como ocurre en otras formaciones, el trabajo partidista se recompensa con cargos públicos (allí está Juanito exigiéndole a Clara Brugada 50% de los puestos delegacionales para quienes lo apoyaron en su campaña). Los jefes de las redes clientelares y aun “paracaidistas” y golpeadores son hoy funcionarios del Gobierno del DF o de las delegaciones; otros ostentan fuero constitucional y disfrutan de una jugosa dieta.

López Obrador denuncia a “la mafia”, pero se sostiene en otras mafias. Parece no haber opciones: la izquierda burocrática, pragmática y acomodaticia de Los Chuchos no es mejor que la redentora y justiciera de Andrés Manuel.

Por eso nada pasó en el pleno del séptimo Consejo Nacional en Morelia, ni siquiera se pusieron de acuerdo sobre la elección del coordinador parlamentario. En el estado de confusión que vive el perredismo, Los Chuchos proponen a Encinas, aparentemente distanciado del círculo íntimo de Andrés Manuel, pero sectores de Izquierda Unida de Bejarano no lo quieren; su “gallo” es Agustín Guerrero, porque es de los suyos.

El partido del sol azteca se ha convertido en una amalgama de sectarismos, simulaciones y oportunismos y no aparecen los liderazgos de relevo. Los líderes sociales o quienes parecían representar una izquierda más fresca se han automarginado, otros fueron arrumbados y otros más están quemados, por no decir ahumados.

El problema es que ante el vaciamiento perredista y el descrédito de los partidos de izquierda, los grupos sociales lastimados por una pobreza que se acentúa no encuentren un referente partidario y decidan actuar por la libre; la oclusión de la vía electoral puede llevar a desbordamientos sociales como los que protagonizó la APPO en Oaxaca.

Lo que viene para el PRD es el deslizamiento por la pendiente; aparentemente no pasa nada (ni expulsiones ni renuncias) pero se “agudizan las contradicciones”, se acentúa la descomposición y la lucha sin reglas por el control del aparato. La situación financiera inmanejable —con una deuda descomunal y prerrogativas disminuidas— hace más difícil la situación y acelerará la desbandada: el rompimiento del grupo de René Arce con Los Chuchos, si no prospera su reclamo para que López Obrador sea expulsado, acentuará el debilitamiento de Ortega… Y vuelta a empezar.

Ni cambia ni se extingue, este PRD es irredimible.

Asunto: el Zelayazo del Teatro de la Ciudad

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Minuta para el aprendizaje

1. El lunes previo a las elecciones federales, el presidente Calderón, en su carácter de presidente pro témpore del Grupo de Río, acepta gustoso ser el moderador del circo de Hugo Chávez. La función es en Managua. La consigna: subrayar con aire indignado el discurso antigolpista. Y dejar en claro que México también está incondicionalmente con el presidente depuesto de Honduras, Manuel Zelaya.

2. El viernes 31 de julio, Zelaya me informa en entrevista (y se lo agradezco) que el martes 4 se reunirá en México con el presidente Calderón. A la cancillería mexicana no le queda más que confirmar la noticia un par de horas más tarde.

3. Zelaya llega a México y recibe trato de “excelentísimo presidente de la hermana república de Honduras”. En el protocolo oficial no hay diferencia: Zelaya es como Obama, como Bachelet.

4. Hugo Chávez celebra el “trato digno” que el presidente mexicano le está dando a Zelaya.

5. Zelaya acepta sin desdoro una invitación del mundo filolopezobradorista en el Teatro de la Ciudad. ¿No sabía adónde se estaba metiendo? Parecería que no. Obvio, cuando dice “el presidente Felipe Calderón…”, la grada suelta un bochornoso abucheo y una rechifla clase gobierno legítimo.

6. Lejos de pedirle serenidad al graderío iracundo, Zelaya afirma: “En estos países hay veces que es mejor sentirse presidente, que serlo. Lo digo por Andrés Manuel López Obrador”. La grada lo celebra como un gol en la Concacaf.

Observaciones

Ver si el gobierno mexicano se da por enterado.

Ver si el gobierno mexicano le exige a Zelaya una aclaración.

Ver si el gobierno mexicano la deja pasar.

Código postal

Jorge G. Castañeda
jorgegcastaneda@gmail.com
Reforma

La odiosa expresión, de uso entre jóvenes y no tan jóvenes, sobre el código postal ("no es del mismo código postal") es racista, clasista y ofensiva. Pero no deja de ser útil para ilustrar una disyuntiva, no entre personas -que rara vez tienen a su alcance la posibilidad de cambiar de "código postal"- sino a propósito de países, que a veces sí pueden proponérselo. Es obvio que para la gran mayoría de las naciones la opción no existe. Los países del sureste asiático seguirían perteneciendo al sureste asiático; los de África, a África; los del Medio Oriente, con la posible excepción de Israel y de un futuro Estado palestino, seguirán formando parte de esa convulsa parte del mundo.

De vez en cuando acontece que a determinadas sociedades efectivamente se les presenta una posibilidad de cambio. Fue el caso de los países de la Europa mediterránea en los setenta, cuando Grecia, Portugal y España dejaron atrás sus dictaduras y buscaron un firme anclaje en la entonces Comunidad Económica Europea. Muchos recordarán los dos referenda a los que convocó Felipe González: sobre la permanencia de España en la OTAN y el ingreso a Europa. Incluso hoy, países como Polonia, Bulgaria y algunos de la ex Yugoslavia han tomado una decisión semejante. En lugar de pertenecer a Europa del Este, buscan pertenecer a Europa a secas.

En el mundo de hoy, con alguna excepción que se me escapa, sólo veo a dos países grandes que cuentan con el privilegio de escoger, es decir, de decidir más o menos voluntariamente en qué código postal quieren vivir. Disponen de esa opción porque se trata de países geográficamente bisagra; se encuentran entre dos mundos, y pueden elegir, con limitaciones por supuesto, de cuál de ellos desean ser parte: México y Turquía.

El caso más extraño, no por su libertad de acción sino por la decisión que tomó es, sin duda, Turquía. Como se sabe, es una nación de más de 80 millones de habitantes, miembro de la OTAN y de la OCDE, pero con una población de mayoría aplastante musulmana, con un PIB per cápita ligeramente menor al de México y un índice de desarrollo humano bastante inferior. Sin duda el secularismo militar fundado por Kemal Atatürk en los años veinte ha servido para mitigar los efectos del islam en Turquía, pero no debemos dejar de subrayar que es un país geográficamente asiático, religiosamente parte del mundo islámico, cuyo partido de gobierno es ya islamista aunque moderado, e incluso cuyo primer ministro lo es también. A pesar de todo ello, Turquía, de manera prácticamente consensual, optó por Europa: entre ser asiático, islámico y replegado sobre sí mismo, o europeo secular, democrático y globalizado, eligió la segunda. Lo hizo a sabiendas, primero, de que muchos europeos no quieren aceptarlos, y segundo, de que las condiciones para ingresar a la Unión Europea serían draconianas y difíciles de cumplir en plazos razonables.

México dispone de una opción semejante. Tuvo desde finales de los años ochenta un régimen audaz e ilustrado, pero autoritario, que impuso a una sociedad recalcitrante la opción de América del Norte a través del TLC, pero, por ello mismo, la sociedad y sobre todo sus élites, nunca terminaron de convencerse, ni de lo acertado de la imposición, ni de las consecuencias que entrañaba. Hoy, como en otros momentos de los últimos 15 años, asistimos a una versión azteca del freudiano "retorno de lo reprimido". La sociedad mexicana y sus elites no saben lo que quieren. Por ello parecería ya indispensable iniciar un debate sobre el código postal: a cuál queremos pertenecer: al de Zelaya y su sombrero, al de Chávez y su boina, al de Raúl y su senectud, al de Brasil que no nos quiere en el vecindario, o al de América del Norte cuyos jefes de Estado y de gobierno se reúnen este fin de semana en Guadalajara. ¿A dónde están los jóvenes turcos que, con Atatürk, apoyaron la decisión de Turquía de ir por Europa? No se ven, no se oyen.

Zelaya, el pragmatismo y los principios

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

La diplomacia entre naciones requiere, ni duda cabe, ejercer un sano y cotidiano pragmatismo que debe condimentarse, de acuerdo con las circunstancias, con una dosis de principios. Ejemplos sobran, apenas esta semana, el ex presidente Bill Clinton viajó a Corea del Norte para negociar la repatriación de dos periodistas estadunidenses detenidas por el régimen de Kim Jong Il y condenadas a doce años de trabajos forzados. Se sacó fotos con el dictador, platicó con diversos funcionarios y se trajo de regreso a Estados Unidos a las reporteras de la página de internet de quien fue su vicepresidente, Al Gore. Apenas llegó Clinton con las periodistas a Washington, su esposa, Hillary, ahora secretaria de Estado de la administración de Obama, declaró que la política de su país hacia Corea del Norte no se modificaría en absoluto y la gestión de su esposo había sido de carácter personal. No les debe haber gustado en Corea del Norte, pero se había logrado el objetivo: las dos jóvenes estaban en casa y no se había concedido nada a la dictadura norcoreana.

Todo esto viene a cuento por la visita que acaba de realizar a México el presidente depuesto de Honduras, Manuel Zelaya. Las naciones del continente, incluidos México y Estados Unidos, han condenado el golpe que derrocó a Zelaya, aunque existan diversas interpretaciones sobre las causas que llevaron al mismo. En México, Zelaya fue recibido por el presidente Calderón con honores de jefe de Estado; Marcelo Ebrard le entregó las llaves de la ciudad y pudo hacer uso de la palabra en el Senado de la República. ¿Lo merece? En términos estrictamente políticos, no. Zelaya dijo ante Ebrard que había sido derrocado por haber combatido la desigualdad en su país. No es verdad: primero, porque no existe prueba alguna de que esa desigualdad haya disminuido durante su mandato y, segundo, porque resulta evidente que la causa de su destitución fue la consulta que intentó implantar Zelaya para quedarse en el poder a través de una reelección prohibida en la Constitución de su país. Fue destituido, además, por un acuerdo de los otros dos poderes, el Judicial y el Legislativo, y ésta tuvo el apoyo del partido que había llevado a Zelaya al poder. ¿Qué falló? Que el Congreso y el Poder Judicial, en lugar de seguir todos los pasos legales para destituir a Zelaya, presionados por la consulta que éste había ordenado para esa misma semana, recurrieron al ejército y decidieron poner al mandatario, vestido aún con su pijama, en un avión, y enviarlo a Costa Rica.

Desde entonces Zelaya, alumno aventajado de Hugo Chávez, ha tratado de hacer una demostración de fuerza en su país, que ha terminado siendo de debilidad y pasó, de apoyarse en el discurso del chavismo (que incluso amenazó con “invadir” Honduras para restituir a Zelaya), a buscar el respaldo de Washington y el de México. Pero ha quedado atrapado en su discurso: el punto central que podría permitir el regreso de Zelaya al poder es el plan propuesto por el presidente costarricense Óscar Arias que, entre sus varios puntos, propone el regreso al poder de Zelaya pero, también, en los hechos, frena sus intentos de forzar su reelección en los comicios de noviembre próximo. Zelaya no ha aceptado el plan de Arias: dice que lo aceptará cuando esté en Tegucigalpa, y sus adversarios manifiestan que, si no hay una aceptación previa de todo el plan, no accederán a permitir su regreso.

Muchos observadores consideran que lo sucedido con Zelaya es un duro golpe a la estrategia seguida por algunos mandatarios que han caminado hacia la dictadura utilizando métodos democráticos, siguiendo el ejemplo de Hugo Chávez. Allí están Venezuela (que acaba de confirmar con el estatuto de prensa que intenta aprobar en el Congreso que quiere convertir en ley restricciones a la libertad de expresión similares a las de cualquier dictadura sudamericana de los años 70, con la diferencia de que éstas tenían por lo menos el prurito de no convertirlo en ley), Ecuador y Nicaragua. Y a punto estuvo de integrarse Zelaya a ese bloque. ¿Cuál sería el éxito de la gestión diplomática de otros países ante el golpe en Honduras?: demostrar que se rechaza cualquier ruptura institucional del orden democrático y, al mismo tiempo, trasmitir la idea de que tampoco se pueden modificar desde el poder las reglas de la democracia. ¿Cuál es la falla de todo esto? Que el golpe en Honduras es condenable, pero no se hace nada ante la evidente violación a los derechos humanos y la abolición de las normas democráticas en el bloque chavista.

Porque allí es donde las dosis de pragmatismo y principios entran en contradicción. Por ejemplo, ¿cuál es la lógica de expulsar de la OEA a Honduras por el golpe de Estado y casi al mismo tiempo invitar al régimen cubano, que no tiene elecciones ni libertades públicas desde 1959, a que se reincorpore al organismo continental? ¿Alguien puede argumentar hoy que existen más libertades para la oposición en Cuba, Venezuela o Nicaragua que en Honduras? ¿No son condenables las modificaciones constitucionales para permitir una reelección indefinida de un presidente o las violaciones más brutales a la libertad de expresión, que resulta la base de cualquier sistema que se diga democrático?

Zelaya no es un presidente del agrado de muchos, incluido este autor, pero debería terminar su mandato e irse a su casa. En ese sentido, el golpe debe ser condenado. Pero ya es hora de que las verdaderas democracias de la región, incluido México, dejen también su cuota de pragmatismo, para asumir con una mayor firmeza sus principios.

El ministro en Facebook

Resulta incomprensible que un ministro de la Suprema Corte como Genaro David Góngora Pimentel divulgue en su página de Facebook el contenido de una propuesta de la Corte que aún no ha sido discutida. ¿No existen normas éticas y de secrecía básicas para quienes ostentan esas responsabilidades? Parece que no.

Muchos observadores consideran que lo sucedido es un duro golpe a la estrategia seguida por algunos mandatarios que han caminado hacia la dictadura...

El robo a Pemex

Carlos Loret de Mola
Historias de un reportero
El Universal

Pemex ya no tiene espacio para guardar sus derivados del petróleo, como diesel y turbosina, así como condensados del gas natural. De qué tamaño habrá sido el robo y durante cuánto tiempo, que ahora enfrenta un grave problema de almacenamiento, pues sus tanques no bastan desde que fue desmantelada la red de delincuencia organizada que ordeñaba los ductos y vendía los productos en EU.

La historia empezó en un helicóptero de la Marina. A bordo, investigadores de las secretarías de la Función Pública y de Seguridad Pública y la PGR. Desde el aire simularon el recorrido de un producto desde que sale de la refinería. Siguieron la ruta de los ductos, que si bien están enterrados, cuentan con señalamientos exteriores.

La tarea no fue complicada porque el delito se comete con flagrancia e impunidad: en medio de la nada, ubicaron bodegas sin nombre ni razón social, construidas justo sobre el paso del tubo de Pemex, que contaban en sus estacionamientos con decenas de pipas para el transporte de combustible. No les cupo duda: eran tomas clandestinas.

Su desmantelamiento se notó casi automáticamente en las finanzas de Pemex: sin “la competencia” de la delincuencia gracias al negocio de la “ordeña”, aumentaron las ventas y exportaciones. A partir de esos operativos, en menos de dos años bajó 95% el robo de ese tipo de combustibles.

Pemex ha informado oficialmente que “desde principios de 2007” solicitó al gobierno federal “atender el problema”, cuando el asunto de la ordeña había sido ventilado en la prensa desde por lo menos 2003. Fueron no menos de cinco años de robo de combustible sin que el gobierno federal atendiera el problema, si nos atenemos a lo revelado por la paraestatal en su boletín del 31 de julio pasado. Cinco años al grado que ya ni almacén había para todo el combustible, sino sólo para el que no se robaban.

Queda, sin embargo, un flanco abierto: el de la gasolina. Las indagatorias tocan la puerta de los gasolineros, pues existen no pocas estaciones de servicio que prácticamente no compran combustible a Petróleos Mexicanos, pero tienen altas ventas al público, y esto sólo se explica de una manera: lo que no les suministra la paraestatal se lo proveen los delincuentes “ordeñadores”.

La investigación está inconclusa. La dirigen la Función Pública por la parte administrativa (hay funcionarios públicos involucrados) y la PGR en lo que toca a los líderes de las bandas criminales y las sanciones penales. Dicen que llegarán hasta el fondo. Dicen que caiga quien caiga. Veremos.

SACIAMORBOS

Panista, el grotesco diputado que posó desnudo con sexys cubanas en un viaje a la isla. Hay que saber la fecha para determinar si fue en viaje oficial y con dinero del erario. Esa sería la diferencia entre un escándalo público o una diversión privada.

¿Y por qué no la izquierda?

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Ahora quieren llenar ausencias con vacíos. Florestán

Madrid, España.- Para los especialistas españoles es una incógnita que si el PAN, partido de derecha, fue el gran derrotado en el reciente proceso electoral, el PRD, partido de izquierda, no resultara el gran vencedor.

Desde su óptica bipartidista no hay más: o gana la derecha, cuando pierde la izquierda, o gana ésta, cuando pierde aquélla, como ocurrió en México en las presidenciales de 2006, cuando se enfrentaron dos proyectos de gobierno desde los extremos de esa geometría política.

Lo que les resulta difícil de entender es por qué a la caída del PAN, en lugar de subir el PRD lo hizo el PRI, partido en aparente etapa terminal.

A la distancia, la pregunta es válida y motivo de análisis: ¿por qué en una democracia en la que derecha e izquierda son protagonistas, cuando pierde una no gana la otra?

La respuesta tiene varios ejes, el fundamental, la división interna del PRD que lo rompió debilitando a toda la izquierda. Este partido tuvo la segunda votación más baja de su historia, 12%, y López Obrador, que hace tres años peleaba por la Presidencia y pensaba en la República, ahora lo hizo por Iztapalapa y por su jefe delegacional del PT, además.

La fractura del PRD y su incapacidad para mostrarse como un partido viable, y eso que gobierna seis entidades incluido su santuario del DF, reforzó su imagen de rijoso, quedando atrapado en su despiadada lucha interna de poder.

Y por eso el PRD no ganó al perder el PAN.

El triunfo del PRI pasó, esencialmente, por la operación electoral de sus 18 gobernadores que en sus estados obtuvieron 90% de los distritos.

La suma de todos estos factores dio como resultado que la derrota de la derecha no produjera la victoria de la izquierda, derrotada por sí misma.

Y contra la autodestrucción, no hay defensa.

Retales

1. DEBUT. Cuando el 1 de septiembre asuma la presidencia del Senado, Carlos Navarrete será el primer perredista en llegar a un cargo de dirección política en esa cámara alta; Gustavo Madero sería presidente de su Junta de Coordinación Política. ¿Y Manlio? Bueno, Manlio se reservará para los años de peso electoral: 2011 y 2012;

2. LIMBO. En el transcurso de hoy, la nueva refinería saldrá del limbo, en el que ha permanecido desde su anuncio, hace más de año y medio. Tula, en Hidalgo, será su destino a pesar de panistas que han querido hacer de un asunto de Estado, un tema de partido y han perdido; y

3. ENCUENTRO. El domingo por la tarde, en Guadalajara, el presidente Calderón tendrá un encuentro privado con el presidente Obama, y otro, antes con el premier canadiense Harper, el de las visas intempestivas. Los temas son la crisis, narcotráfico, con los obstáculos al plan Mérida, y medio ambiente.

Nos vemos mañana, pero en privado.

Quinceañeros

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

Justo ayer hablábamos de la niñez, de los menores que no tuvieron oportunidad de elegir su destino y fueron víctimas de la circunstancia de estar su país en guerra. Hoy nos toca hablar también de menores de edad, que lejos, muy lejos de esas otras víctimas que el sistema por sí mismo da, los ubican a ellos como los verdugos.

En los últimos dos días he presentado, en la Segunda Emisión de Cadenatres Noticias, un par de reportajes, realizados por mi compañero Omar Hernández, que dan cuenta de una banda de homicidas, ladrones y violadores ubicados en el municipio de Fresnillo, Zacatecas. Fidel deJesús Preciado González, de apenas 15 años de edad, al ser capturado se le identificó como el líder del grupo, que está involucrado en tres homicidios.

Al joven Fidel se le unían las hermanas Claudia y Adelaida Acosta Villagrana, ambas de 15 y 16 años; César Hernández Castañeda, de 17, además del único mayor de edad, Adrián Ojeda Acosta, de 21. Todos cumpliendo con funciones específicas para cometer los delitos. Sí, niños criminales, pero organizados.

Hoy se les acusa del asesinato de un joven de 18 años, así como de haber violado a su pareja, que se encontraba embarazada, condición que le salvó la vida, según lo narró a detalle Fidel:

“…entonces, decidimos matarlos a los dos, pero la chica salió llorando con que estaba embarazada, por eso la dejamos ir; y entonces bajamos nomás al bato, lo bajamos para las cuevas y le tiré dos balazos y lo maté...” Así, tajante, en frío y sin remordimiento alguno. Así, a los 15 años de edad.

A este crimen le suman la muerte de un taxista de nombre Florentino López Marín y el de un hombre aún sin identificar que fue encontrado en la presa Ramón López Velarde, en el municipio de Jerez.

La identificación y detención de estos individuos porque no se me ocurre otra forma para nombrarlos se efectuó gracias al testimonio de otro taxista, quien dijo que los detenidos le solicitaron un servicio y que, al llegar al destino, hicieron que se desnudara y se metiera a un estanque y, ya adentro, comenzaron a dispararle y lo dieron por muerto...

Estrujante, inquietante, inentendible, es cómo podemos ver que jóvenes de 15 años transiten por la vida con tal cantidad de saña y dolo. Que crezcan pensando en que la manera de desquitarse del mundo, por las injusticias que les han tocado vivir, sea vaciando la rabia (las balas y el semen) sobre alguien más.

Pero peor es que aun nosotros, la misma especie, no seamos capaces de juzgarnos con la vara exacta. Porque ayer hablamos del logro que tuvo una Comisión, comandada por mexicanos, frente a la Organización de las Naciones Unidas, para castigar a quienes usan a infantes en actos de guerra, pensando sólo en la facultad que ese órgano internacional tiene. Sin embargo, aunque reconozcamos la falta de políticas sociales afortunadas, entendemos que eso no depende del grupo del que hablamos ayer. También nos cuesta creer que la interrogante de “¿deberán ser juzgados como adultos o como menores?” no podamos responderla, porque es un hecho que cuatro de los de Fresnillo siguen siendo menores, pero eso no los excluye de un sentido común que se forma hasta en las peores condiciones de vida o de supervivencia, como quieran llamarlo.

Antes, anhelábamos legarles a los niños el futuro que merecían: hoy ellos parecen construírselo a balazos, porque eso es lo que han visto, ese es el sentido que están aprendiendo de la vida.

Estrujante, inquietante, inentendible, es cómo podemos ver que jóvenes de 15 años transiten por la vida con tal cantidad de saña y dolo.