agosto 08, 2009

Aprieta Chávez mordaza en Venezuela

Cristina Marcano
Reforma

El universo de potenciales infractores, según la ley impulsada por el Mandatario, va desde propietarios, editores, periodistas, hasta locutores.

Temen que Gobierno ordene 'ciudadanizar' hasta la mitad de frecuencias privadas


Caracas, Venezuela (8 agosto 2009).- Todo aquel que use un medio de comunicación será un potencial delincuente mediático y podría terminar en prisión, de acuerdo con un proyecto de ley propuesto por la fiscal Luisa Ortega, a quien el Presidente Hugo Chávez emplazó a actuar sobre los medios de difusión o renunciar.

La Ley de Delitos Mediáticos, entregada al Parlamento la semana pasada, plantea prisión de dos a cuatro años por lo que se diga o lo que no se diga.

Según el artículo 4, son delitos "las acciones u omisiones que lesionen el derecho a la información oportuna, veraz e imparcial, que atenten contra la paz social, la seguridad de la nación, el orden público, la estabilidad de las instituciones del Estado, la salud mental o moral pública, que generen sensación de impunidad o inseguridad, y que sean cometidas a través de un medio".

El universo de potenciales infractores, según establece el artículo 3, va desde propietarios de medios, editores, periodistas, productores y locutores hasta conferencistas, artistas y cualquier persona que se exprese a través de algún medio de comunicación.

La propuesta fue presentada el jueves 30 de julio, un día antes de que el Gobierno ordenara el cierre de 34 emisoras de radio por presuntas irregularidades en sus concesiones.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) consideró que se trata de un devastador golpe contra lo que queda de democracia en Venezuela.

En tanto, la Asociación Internacional de Radiodifusión (AIR), que agrupa a más de 17 mil emisoras de radio y televisión, pidió activar los mecanismos de la OEA para defender los derechos fundamentales.

El repudio internacional hizo que el Gobierno postergara, por ahora, la discusión de la ley en la Asamblea.

¿Por qué tan serios?

Andrés Pascoe Rippey
apascoe@cronica.com.mx
La Crónica de Hoy

Alegan los opositores a Obama que, además de inofensivo, el póster tiene un comentario político acertado: el presidente es un payaso, ultraizquierdista y peligroso. Es un tipo que, como el Guasón, quiere destruirlo todo.

Cuando éramos niños mi hermano Luciano y yo teníamos conflictos porque él insistía en que él era Batman y yo Robin. Tenía razón, en parte (él ES Batman), pero me negué siempre a ser Robin porque, aparte de afeminado, era un segundón sin personalidad. Siempre me identifiqué más con los personajes más intelectuales, como el Inspector Gordon. O alguien misterioso y exótico, como Piglet.

Esa fascinación con la mitología de Batman no es anormal: algo parecido está pasando ahora en Estados Unidos desde que miles de pósteres con el rostro de Obama retocado como el Guasón, archienemigo del superhéroe, han aparecido en Los Ángeles con una palabra —aterradora, al parecer— debajo: Socialismo.


El póster viajó por la red como un virus y ha motivado un agitado debate. Los republicanos y sus aliados conservadores están felices disfrutando el mensaje y diciendo: “¿Por qué tan serios? (why so serious?) ¿Qué, no aguantan un chistecito?”

Alegan los opositores a Obama que, además de inofensivo, el póster tiene un comentario político acertado: el presidente es un payaso, ultraizquierdista y peligroso. Es un tipo que, como el Guasón, quiere destruirlo todo.

Thomas Lifson, un conservador que es parte de un grupo de derecha, escribió que el póster “es sorprendente. Una burla abierta a Barack Obama, nacido junto a la decepción con el hombre, sus políticas y su falsa imagen de combatir el racismo, de ser brillante, académico y centrista”.

En efecto, los liberales están más o menos conmocionados con el póster, alegando que es racista y reaccionario. Earl Ofari Hutchinson, simpatizante del presidente, dijo que presentarlo como “demoníaco y socialista va más allá de la sátira política: es grosero y peligroso. Retamos públicamente a los responsables del póster a dar un paso adelante y explicar por qué usan esta imagen ofensiva para ridiculizar al presidente Obama”.

En lo personal, me pongo del lado de los que consideran que, en términos de sátira, se permite casi todo. Creo que el póster no es ni tan fuerte ni tan impactante como para indignar a nadie y que los demócratas no deberían escandalizarse. Eso sí, lo que me parece cobarde es hacerlo de forma anónima. Los republicanos dicen, con razón, que a Bush lo ridiculizaban poniéndolo como Hitler o Drácula. En efecto, pero eso solía tener un autor que daba la cara. Ahora no.

Más importante que eso, sin embargo, son los dos mensajes que conlleva el póster. El primero es que responde al reciente elevamiento del tono de la oposición. Los republicanos, después de unos meses de marasmo tras la derrota electoral, han despertado y quieren venganza. Se han convertido en una oposición virulenta y hostil, rechazando categóricamente las propuestas del presidente.

El campo de batalla más rudo —e importante— ha sido la reforma al sistema de salud pública. Actualmente su sistema es muy deficiente y gran cantidad de personas viven sin cobertura de ningún tipo. Eso es normal en países subdesarrollados, pero uno pensaría que la mayor economía del mundo tendría la capacidad de garantizarle a sus ciudadanos un mínimo de salud. No es así, y la reforma de Obama, que en Europa sería vista como muy light, está bajo fuego republicano constante.

En ese escenario de creciente polarización, este póster marca el inicio de un nuevo tipo de hostilidades, anónimas y suavemente subversivas.

El segundo mensaje del póster es la absoluta ignorancia de los gringos respecto a lo que es el socialismo. La idea de que cualquier política pública tendente a redistribuir la riqueza, reducir la pobreza, cobrar impuestos a los que más tienen o crear una sociedad un poco solidaria es inclinarse hacia el “peligroso” socialismo muestra el fondo de la campaña: no es sólo difamar a un presidente, es sembrar la polarización ideológica. El problema gringo es que el péndulo político está tan arrastrado a la derecha que ser vagamente progresista despierta una escalada puritana dramática.

Con todo, los liberales no deben preocuparse demasiado por el póster, ya que no será algo más que una anécdota. Pero sí es importante verlo como una primera llamada: Barack tendrá que enfrentar una progresiva y creciente violencia ideológica. Los republicanos no sólo combatirán su gobierno sino su esencia política con todas las armas posibles. Y sabemos de sobra que no juegan limpio.

La capacidad de Obama de sortear la presión de los ultras, sin traicionarse, demostrará su verdadero tamaño como político y como líder. Como Batman.

Los “BRIC”, México y clases medias

Julio Faesler
juliofelipefaesler@yahoo.com
Excélsior

Goldman Sachs, consultoría financiera, considera que, dentro de pocos años, México podrá figurar entre las cinco economías más importantes.

Mientras el mundo en general sigue profundamente afectado por la recesión que la globalización dispersó, Brasil, Rusia, India, y China, los países “BRIC”, están esperando para este año tener un crecimiento positivo.

El crecimiento de la India se espera de 7% este año. China espera que su economía aumente al ritmo de al menos seis por ciento. Brasil y Rusia, por su parte, aumentan actividades a ritmos de 4% y 6%, respectivamente.

En dos casos, una explicación de dicha energía podría estar relacionada con los excepcionales mercados internos que poseen China e India. Brasil y Rusia, con poblaciones de 188 y 150 millones, también tienen perspectivas de importancia.

Goldman Sachs, consultoría financiera internacional, que creó el término BRIC, considera que, dentro de pocos años, México, con más de 100 millones de población, undécima en el mundo, podrá figurar entre las cinco economías más importantes.

Los tiempos actuales, empero, no nos ayudan a alcanzar esa meta. La recesión norteamericana arrastró a la nuestra y el año actual puede acabar en 7% de desaceleración nacional. Desde hace tiempo sabíamos de la crítica desventaja de vincularnos estrechamente al mercado de Estados Unidos. Ni los empresarios mexicanos ni las autoridades hicieron caso. Por el contrario, el TLCAN de 1994, firmado después de una consulta preorientada en el Senado, fue saludado como la gran expectativa de un crecimiento económico sin precedentes.

Es ya un lugar común decir que los principales beneficiarios del TLCAN fueron la agricultura comercial de frutas y legumbres y las industrias que dependen de insumos para ensamble. Las actividades comerciales crecieron en los últimos diez años sustituyendo a las de producción física. Los servicios, como los de la informática, aumentaron sin que nadie advierta a los jóvenes que se inician en ellas que su suerte depende del crecimiento de las actividades físicas básicas agrícolas, agroindustriales y manufactureras. Ningún caso es más claro que las consecuencias que estamos pagando por la alta concentración en el sector automotor, cuyas exportaciones se han desplomado.

Las consideraciones anteriores corren en paralelo al tema de la participación de las clases medias como motores del desarrollo general. Es en ellas donde se organiza el empuje económico y social. Las clases medias surgen y se consolidan en infinidad de actividades productivas que conforman una comunidad sana y dinámica. En ellas los países BRIC encuentran una fuente vigorosa de su economía. En India y China las clases medias han venido subiendo en importancia. En la India, algunos mercadólogos la calculan en unos 300-350 millones de personas. En China, en unos 250 millones, en claro crecimiento. En Rusia, en cambio, las clases medias ocupan sólo 20-22% de la composición socioeconómica actual. El gobierno brasileño declara que la clase media llega a la mitad de la población económicamente activa.

La estabilidad o crecimiento de la “clase media” está vinculado directamente con los niveles de la ocupación productiva. La Comisión Económica para América Latina (CEPAL), dice que la clase media ha bajado en la mayoría de los países del área. El Instituto de Investigaciones Sociales de México, por su parte, detectó este fenómeno entre nosotros en el período 2000-2006, cuando, de 33% de la población que conformaba este segmento, se redujo a 24 por ciento.

Toda reducción de las oportunidades de empleo daña a las clases medias. La producción nacional, fuente primordial de ocupación, debe defenderse contra los factores que puedan afectarla negativamente, como son las políticas de comercio exterior que no maticen los compromisos internacionales conforme a los intereses de la clase media trabajadora que es, lo sabemos todos, la veta de consumo que sostiene toda la estructura económica. Las políticas desacertadas de propiciar, sobre la producción realizada por agricultores y obreros mexicanos, la importación de artículos que producimos o podemos producir en México, han agravado los efectos de la recesión mundial.

Es el momento de reflexionar seriamente si debemos continuar con la nociva estrategia de sustitución de producción por favorecer lo importado. La consecuente pérdida de productividad nos está debilitando a nuestra clase media y, con ello, dejándonos débiles e impreparados para enfrentar el rudo golpeteo de la recesión y el aprovechamiento de los mercados del exterior.

De no corregir nuestra política de comercio exterior, seguiremos viendo cómo nos rebasan nuestros otros colegas “de economías emergentes”, que saben fortalecer las energías de sus clases medias y cosechar los éxitos que nosotros en México también tenemos derecho a realizar si lo queremos.

Zelaya y los preciosos ridículos

Hugo García Michel
hgarcia@milenio.com
Cámara Húngara
Milenio

Lo que se vivió el pasado miércoles en el seno de nuestra clase política fue todo un vodevil, una farsa esperpéntica en la que perredistas, panistas y priistas quisieron elevar al depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya a la altura de un Salvador Allende. El espectáculo fue de pena ajena, desde el recibimiento de jefe de Estado que le dio Felipe Calderón (yo sé que formalidad obliga, ¿pero qué necesidad había de otorgarle ese trato de excelencia a un personaje tan poco presentable y que esa misma tarde iba a reconocer en el Teatro de la Ciudad a Andrés Manuel López Obrador como virtual y “sentido” presidente?) hasta la recepción que le brindó el jefe de Gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, quien llegó al extremo de entregarle las llaves de la ciudad y declararlo huésped distinguido. Eso para no hablar de su visita al Senado de la República, donde habló desde la máxima tribuna, y de su ya referida intervención en un Teatro de la Ciudad pletórico de frenéticos pejemaniacos. Fue una jornada redonda para Zelaya y un día realmente penoso para los políticos mexicanos, rendidos ante el anticarisma del bigotudo catracho.

Todo sucedió como en una serie de sketches escritos no por Molière (autor de Las preciosas ridículas), sino por Manuel Rodríguez Ajenjo o Mauricio Kleiff. Fue una verdadera ensalada de locos, un revoltijo de delirantes polivoces, un torneo de torpezas bananeras que situaron a México no como el gigante, sino como el enano de la Concacaf. ¿A qué viene esta absurda pleitesía disfrazada de democratismo y que en el fondo no hace sino buscar la complacencia de Hugo Chávez y sus compinches sudamericanos? ¿Qué necesidad había de convertir a Zelaya en mártir de la democracia, sin tomar en cuenta el contexto histórico en el cual se dio su derrocamiento? Que los perredistas le besen los pies se entiende; que el gobierno mexicano haga lo mismo, resulta bochornoso.

Para Óscar Lewis éramos los hijos de Sánchez, ¿para nuestros políticos somos los hijos de Chávez?

http://twitter.com/hualgami

¡Ah!

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma

El presidente Calderón debió acogerse a la Doctrina Estrada para evitar intervenir en el conflicto que viven en Honduras, era lo más simple y correcto

Manuel Zelaya cortó orejas y rabo en Los Pinos. El presidente Calderón lo recibió con la pompa y ceremonia que corresponden a un jefe de Estado. Luego, en el Teatro de la Ciudad, el presidente depuesto dio la estocada. Ante una multitud de lopistas rindió homenaje "al rayito de esperanza": en estos países, dijo, es más importante sentirse Presidente que ser Presidente, como bien lo sabe López Obrador que me está escuchando. La faena terminó con ovación y vuelta al ruedo.

Zelaya es un tipo que se pinta solo, tanto en la política como en su vida privada. En Honduras es famoso porque le prohibió a su hija tener novio hasta que cumpla 30 años y deberá esperar hasta los 32 para pensar en casarse. Igual de cierto es que el presidente depuesto cuenta con el apoyo abierto de Hugo Chávez, no oculta su admiración por el autócrata venezolano y se proponía imitarlo reeligiéndose Presidente una y otra vez. De ahí el movimiento y el golpe en su contra.

Qué necesidad tenía Felipe Calderón de meterse en Honduras. Ninguna. Cualquier persona con tres dedos de frente hubiera esquivado el problema. Más aún cuando la Doctrina Estrada predica la no intervención evitando el reconocimiento o desconocimiento de gobiernos en otros países. El presidente de la República podía y debería haberse acogido a esa tradición diplomática. Porque más allá de la pertinencia de revisar la Doctrina Estrada, sería imposible encontrar otro caso en que la no intervención fuese la estrategia más simple y correcta.

A ello hay que agregar que los hondureños están profundamente divididos. Los que repudian a Zelaya lo hacen por buenas razones. Pero además, el golpe y el conflicto se dan en el contexto de la política expansionista y agresiva de Hugo Chávez. Sus amenazas de intervenir mediante la fuerza en Honduras no deben ser tomadas a la ligera. Porque es un hecho que Venezuela está jugando en todos los países de la región. El apoyo que les brinda a las FARC en Colombia va de la mano de la alianza con Daniel Ortega en Nicaragua y la defensa a ultranza de Manuel Zelaya en Honduras, así como del pacto estratégico con los Castro en Cuba.

En esta perspectiva vale rememorar otro antecedente. Cuando el presidente Álvaro Uribe visitó México, después del bombardeo del campamento de las FARC en Ecuador, bajo el mando de Raúl Reyes, denunció la participación de Lucía Morett y alertó sobre los vínculos de la guerrilla colombiana con organizaciones mexicanas. Felipe Calderón salió al quite: no se podría concluir nada, dijo, hasta que finalizaran las investigaciones. El patrón entonces fue similar a lo que sucede hoy: negar la realidad de lo que incomoda o no encaja en el esquema mental del presidente de la República.

No se trata, en consecuencia, de un simple error de cálculo o de una ingenua valoración de quién es Manuel Zelaya. Se trata de una falta de visión y de la ausencia de una estrategia. Porque los intereses de México no pueden estar del lado de Hugo Chávez, Daniel Ortega, Fidel (Raúl Castro) y Manuel Zelaya. El fortalecimiento de Chávez y su alianza con las FARC se traducen en el debilitamiento de las democracias en la región y se acompañan de la intención de reeditar el populismo venezolano en otros países -como ya está ocurriendo con el Frente Sandinista en Nicaragua.

Atribuir la responsabilidad de lo que está ocurriendo a la Cancillería, particularmente a Patricia Espinosa, sería simplista. La responsabilidad mayor es de Felipe Calderón. Sin embargo, lo más grave no está en los errores que ya se cometieron, sino en la incapacidad del Presidente de pensar y trazar una estrategia de política exterior. No es la primera vez que así ocurre. Luis Echeverría y José López Portillo fueron un desastre en esa materia. El mismo Vicente Fox no cantaba mal las rancheras. Sus desaciertos fueron muchos. Sobre todo porque no entendía gran cosa ni acertaba a fijar prioridades.

En el caso de Felipe Calderón lo que preocupa es su visión del mundo y de la historia. Formado en una tradición conservadora, que tiene sus raíces en el catolicismo y el pensamiento conservador del siglo XIX, profesa un antiyanquismo primario. Desde esa perspectiva, casi todos los males de México provienen del vecino del norte y no son ajenos ni al protestantismo ni al libre examen de conciencia. Amén de la política expansionista que sufrimos en el siglo XIX y del desarrollo del imperialismo estadounidense en el siglo XX. De esa amalgama de tradiciones y experiencias se nutre la aversión de Calderón por el vecino del norte.

Ese temple le permite y le lleva a estrechar la mano de Fidel Castro, Hugo Chávez o Daniel Ortega. Porque todos ellos profesan, también, un antiyanquismo primario. Es cierto que sus fuentes y sus orígenes son distintos. En el caso de la izquierda la influencia de la tradición marxista-leninista es fundamental. Tanto por la crítica de la democracia formal y el liberalismo-individualista cuanto por la desconfianza frente a la economía de mercado. Sería absurdo equiparar el pensamiento conservador con el socialista, pero no se puede negar que ambos coinciden en la crítica de la modernidad capitalista.

Finalmente, hay una anécdota reveladora. Hace aproximadamente 10 años, se levantó una encuesta entre líderes políticos de diversos partidos y corrientes. A pregunta expresa: ¿cómo se sitúa usted en la geometría política? Felipe Calderón dio una respuesta sorprendente: en el centro-izquierda, dijo. Y ¡ah!, digo yo.

Lo que Calderón debería entender ahora es que el antiyanquismo no es un proyecto de política exterior. Y que ni Chávez ni Ortega ni los Castro son de izquierda.