agosto 10, 2009

Detienen a sicario que planeaba atentado contra Calderón

Carlos Avilés
El Universal

Dimas Díaz Ramos, presunto operador financiero del cártel del Pacífico, fue detenido ayer en Culiacán, Sinaloa

La Secretaría de Seguridad Pública Federal detuvo y presentó a Dimas Díaz Ramos, presunto operador financiero del cártel del Pacífico, a quien, reportó, se le había encargado planear un atentado en contra del presidente Felipe Calderón.

El jefe de la sección III de la Policía Federal, Ramón Eduardo Pequeño García, dio a conocer que en este caso la investigación inició hace un año "por una amenaza en contra del Presidente de la República a raíz de la guerra declarada en contra del crimen organizado, luego de una serie de detenciones y aseguramiento de grandes cantidades de dinero en efectivo a la organización del El Mayo Zambada".

El funcionario dijo que derivado de los reportes de inteligencia del gobierno federal "tuvo conocimiento que la amenaza fue realizada por el cártel del Pacífico encomendando a Dimas Díaz Ramos los pormenores para un posible atentado".

El Dimas o El Seis, como también se le conoce a este presunto delincuente, fue detenido ayer en Culiacán, Sinaloa. Las líneas de investigación que maneja la Policía Federal señalan que Dimas Díaz era el encargado de realizar parte del recibo de drogas siguiendo la ruta que abarcan los estrados de Michoacán, Colima, Nayarit, Sinaloa, Baja California sur, Baja California, Sonora, hasta llegar as las ciudades fronterizas de Mexicali, Baja California y San Luis Río Colorado en Sonora.

Como parte de la estrategia del área que comandaba el dimas en el cártel del Pacífico, estaba la transportación de cargamentos de mariguana ocultos en los neumáticos de traileres y camiones con cargas de aguacate y chile.

La droga la cargaba en Michoacán, en la Sierra de Variguarato, en Sinaloa, así como en Tamazula, Durango.

Díaz Ramos, de acuerdo con la información proporcionada por la Policía Federal, también comercializaba ice y cocaína.

La información recabada por la policía, informó el encargado del área antidrogas, Ramón Eduardo Pequeño García, les permite establecer que después de la muerte de José Lamberto Verdugo Calderón, operador financiero del cártel del Pacífico, registrada el 22 de enero de este año, Dimas asumió parte de esta tarea en la organización.

Narco-clérigos

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

La mala fe siempre pondrá objeciones a lo que hagan las fuerzas de seguridad. Voces insospechables de catolicismo radical claman por la irrupción de la policía federal en una narco-misa de 15 años en Apatzingán. Pero, cuando se difundió la noticia de que uno de los Arellano Félix, sospechosos de haber asesinado al cardenal Posadas en Guadalajara, había estado en la nunciatura, la mismita “izquierda” puso el grito en el Cielo porque el entonces procurador, Jorge Carpizo, teniendo conocimiento del hecho, no lo hubiera aprehendido. Carpizo respondió que la nunciatura es la embajada del Estado Vaticano y por ende territorio inviolable; pero más importante aún: que una operación precipitada, dispuesta en diez minutos, contra un número desconocido de narcos, de seguro avisados por filtraciones en la PGR, habría fracasado.

Súbitos estrategas policiales le ofrecieron a Carpizo decenas de alternativas que pudo emplear para detener al narco recibido por el nuncio Prigione y a la banda que de seguro lo resguardaba. El caso era no dejarlo ir, se le gritó en todos los tonos.

Hoy, cuando la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) sabe que capos del narco oyen misa, y no siendo las iglesias territorio extranjero como la nunciatura, actúa en consecuencia, los mismos de ayer vuelven a poner el grito en el Cielo por la irrupción de policías poco amables en un recinto sagrado. El cardenal Rivera habla de sacrilegio.

La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) expresó su “enérgica protesta” ante la falta de respeto y violencia ejercida por los agentes federales al detener a Miguel Ángel Beraza, La Troca, durante la misa por los 15 años de su hija, pero no han condenado a este presunto responsable de secuestros, ejecuciones y tráfico de drogas sintéticas por ir a misa con un fusil AMP-5, una granada de fragmentación, cartuchos y paquetes de psicotrópicos. Con él fue detenido su jefe de escoltas y otros cabecillas. La SSP cometió el enorme error de disculparse ante el reclamo de la CEM. En fin: los obispos suponen que las iglesias deben dar refugio a maleantes y la SSP reconoce una falta que no cometió.

Quizá hubo excesos de los agentes federales, pero fue una aprehensión de narcos, usualmente bien armados y la fuerza pública es, en primer término eso: fuerza. Si la SSP hubiera procedido con debilidad tal que permitiera a los sospechosos recuperarse de la sorpresa y responder, con las correspondientes pérdidas de vidas, las mismas voces se levantarían ahora para llamar ingenua, torpe e inepta a la SSP. El hecho es que la fuerza pública tiene obligación de actuar con sigilo, rapidez y eficacia. Y, sin duda alguna, las narcolimosnas, deben ser requisadas, como lo fueron a pesar de la queja del señor párroco.

Un hecho no puede negarse: fue una operación limpia, incruenta y precisa. Fue detenido La Troca y otros mandos de La Familia, organización acusada por la policía federal de ejecuciones, secuestros y extorsiones como el cobro de derecho de piso y protección previa: “Para que nada te pase…”

Los líos de la Iglesia Católica con el narcotráfico han dejado rastros de dinero y de sangre: siendo Juan Jesús Posadas obispo de Tijuana, quien sería cardenal en Guadalajara construyó un seminario pasmosamente lujoso e impagable con limosnas de la charolita en la no muy pía Tijuana. Un caso de riqueza inexplicable.

Luego, ya en Guadalajara, Posadas se dirige al aeropuerto para recibir al nuncio Prigione, llega en un Grand Marquis blanco, idéntico al del Chapo Guzmán, con cristales oscuros de narco, y es acribillado. Hay dos versiones: 1. Que los Arellano lo confundieron con el Chapo, su objetivo en la guerra de bandas. 2. Que esperaban al cardenal y no se equivocaron. ¿Y el motivo? Apunta hacia Tijuana: no únicamente un seminario de opulencia inexplicable, sino el curita Gerardo Montaño que se apresura a falsificar un acta de bautizo donde certifica que los Arellano Félix, en el momento de la balacera contra el cardenal, se encontraban apadrinando un bautizo en la remota Tijuana. Cuando se demuestra la falsedad del acta de bautizo, el curita huye a California y, caso notable, ninguna autoridad pide su extradición. Montaño logra que Prigione reciba a Benjamín Arellano Félix en la nunciatura. Luego le revuela la sotana al nuncio para llegar a Los Pinos, a media noche, y pedir audiencia presidencial para los narcos…

Quizá es verdad: las iglesias son refugio de maleantes.

Destilando hedor

Roberto Zamarripa
tolvanera06@yahoo.com.mx
Reforma

La unción de Enrique Peña Nieto a la categoría de Próximo Presidente de México (PPM) provoca confusiones. Algunos locutores de la radio y la TV no saben si en cada mención a cuadro sobre las fiestas de La Gaviota deben anteponer el PPM cuando se refieran a su novio y si por ello recibirán una paga extra o si en la edición de los denominados publirreportajes al lado del nombre del gobernador del estado de México debe anotarse el acrónimo PPM en lugar de Lic. En el ámbito político preguntan: ¿Cuándo te invitan a una reunión del PRI en el estado de México vas de extra a la grabación o como delegado del partido? ¿Cuando la invitación dice todo incluido a quién se le piden las llaves de la suite y los pases al spa? ¿A Alejandro Quintero de Televisa o a David López, el vocero del PPM? ¿Cómo será justificada la precampaña electoral de Peña? ¿Como pago por evento?

A propósito del cumpleaños número 39 de la señora Angélica Rivera (a) La Gaviota, la conductora Maxine Woodside comentó: "Le hizo fiesta sorpresa el góber precioso -ése sí es precioso no como el de Puebla. La Gaviota celebrando 39 añitos, con 180 invitados (...) Sirvió el banquete Eduardo Kohlmann, un banquetero de muchas polendas y el show estuvo organizado, bueno toda la fiesta la organizaron, ya sabes, todo el equipo de Peña Nieto, fiesta sorpresa para su Gaviota. Y la variedad fue Yuri, Gilberto Gless, el Mariachi Gama Mil y una estudiantina... Y al final de la fiesta fuegos artificiales que decían: Felicidades mi amor (...) Los invitados se quedaron hospedados en este hotel también porque incluía hospedaje y Spa... era paquete completo (...) ¿Les gusta La Gaviota para primera dama? Porque él va que vuela para Presidente".

Otra nota, de Televisa Espectáculos, dijo que la sede de la fiesta "estuvo fuertemente custodiada por elementos de la policía estatal". En esa misma nota, la propia Yuri declara que firmó un contrato de ¡confidencialidad! por su actuación.

La pachanga "sorpresa" fue en el "Hotel Real Hacienda de Santo Tomás", municipio de Villa Victoria, donde la suite cuesta entre 3 mil y 6 mil pesos por noche y el spa se cobra aparte. Si la mayoría de los invitados se quedó ahí luego de la fiesta "el equipo de Peña Nieto", como dice Woodside, tuvo que pagar una centena de cuartos, el desayuno, las mimosas para la cruda y otros suplementos alimenticios más.

En el programa radial Así lo dice Lamont se llegó a decir que la fiesta costó "un millón de dólares", pero cómo saberlo si Yuri declaró que su contrato es confidencial y el de Gless, como es cómico, seguramente lo pactaron muertos de la risa. Además del pago del Mariachi Gama Mil o de la estudiantina y el banquete de Kohlmann. El fuerte operativo policiaco, vigilancia que no tiene ninguna fiesta de cumpleaños en Chimalhuacán, conlleva un costo para los contribuyentes mexiquenses. Qué detallazo si el señor Enrique Peña Nieto pagó un millón de dólares de su bolsa para la fiesta de su novia que, si era sorpresa, para qué le avisa a toda la jefatura de la policía estatal. Salió más millonario que Montiel. Ahora bien, si quien pagó fue PPM, pues es un oneroso gasto de precampaña. Pero si pagó el gobierno del estado de México, debería aclarar el rubro presupuestal.

No fue la única fiesta sorpresa de cumpleaños que organizó Peña (PPM). El jueves 6 en el Hotel Sheraton del Centro Histórico convocó a los gobernadores del PRI para celebrar, les dijo, el cumpleaños de la gobernadora yucateca, Ivonne Ortega. La comida fue anodina y muchos gobernadores ni masticaron un pan. En realidad, fue un desplante de los gobernadores para decirle a Beatriz Paredes, la presidenta del PRI, que el poder de decisión priista estaba en esa mesa y con esos comensales.

Antes Peña recibió en su despacho de gobernador pero en calidad de PPM, a varios legisladores federales electos quienes acudieron a Toluca en agradecimiento por el dinero que el mexiquense aportó a sus campañas. Un diputado de Guerrero participante dijo que Peña "comentó que lo obvio no se puede ocultar y que si las cosas seguían como hasta ahora a él le interesaría encabezar un proyecto nacional y contar con nuestro respaldo" (Reforma, 6/08/09).

Así anda Peña, sin aclarar el uso del dinero público para fiestas particulares o grillas partidistas. Anda destilando hedor.

Ingenuidad perdida

Denise Maerker
Atando Cabos
El Universal

En unos cuantos años de democracia los políticos mexicanos, todos, han descubierto que les disgustan los controles externos, que prefieren a los sumisos que a los capaces, que los órganos autónomos son un fastidio, que la transparencia es incómoda y que la independencia de los ministros, por ejemplo, es un auténtico peligro.

No lo sabían de cierto, nunca lo habían experimentado. Pero ahora ya lo saben y por eso cuando se disponen a nombrar a alguien para los grandes cargos de la República se lo piensan muy bien. La tendencia reciente nos dice que eso significa que cada vez proponen y aceptan para esos puestos a gente menos capaz, menos reconocida, menos libre. Esto viene a cuento porque en los próximos meses el Presidente y el Senado tendrán que elegir a dos ministros de la Suprema Corte, al nuevo presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y a dos nuevos comisionados del IFAI. El caso del gobernador del Banco de México es distinto porque ahí sí prefieren a alguien que sepa; el miedo a una crisis económica es enorme.

Cuando inició la transición a la democracia, en la segunda mitad de los 90, había un ánimo muy constructivo. El PRI votó la reforma electoral en 1996 y los partidos eligieron a un primer consejo general de calidad presidido por José Woldenberg. Privaba ese espíritu: buscar a las grandes personalidades, sumar a los talentos del país. Pero ese espíritu duró poco. La clase política empezó a sentir el rigor de la independencia de esos cuadros. El PAN y el PRI aborrecieron a los consejeros luego de las multas por los casos Amigos de Fox y Pemexgate. Fox fue inmediata y continuamente exhibido a través de los mecanismos de la nueva transparencia. La decisión de la Suprema Corte de investigar presuntas violaciones a los derechos humanos se le atragantó al PRI por los casos de Oaxaca, del Góber Precioso y el operativo de Atenco. Y desde luego la CNDH no ha caído nada bien con sus recomendaciones.

Puede ser que a nosotros el resultado de esos controles nos hayan parecido insuficientes, pero a la clase política le han parecido excesivos.

Despojados ya de cualquier ingenuidad democrática los políticos han empezado a cobrar facturas. El IFE fue primero, no ratificaron a ninguno de los primeros consejeros y nombraron en su lugar a un grupo en calidad y conocimientos muy por debajo del primero. Así ha seguido. Y no es solamente Calderón y su preferencia por los chiquitos y leales, son todos. Lo de hoy es el control. ¡Tan joven la democracia y ya sentimos nostalgias!

“Proyecto Elba”

Pedro Ferriz
El búho no ha muerto
Excélsior

El 6.7% de la población del mundo tiene veladas expectativas de llegar a avanzar en el entendimiento de sus objetivos comunes. Esa es la proporción de la humanidad que representa la población sumada de los tres países que conformamos América del Norte. 34 millones de Canadá con 3.4 habitantes por kilómetro cuadrado. Estados Unidos con sus 310 millones de habitantes. 31 por kilómetro cuadrado. Y México con 110 millones de personas. O sea 55 ciudadanos por cada kilómetro cuadrado. Propongo como dato a la concentración poblacional, porque a través de la densidad podemos entender el esfuerzo que cada uno de nuestros pueblos tiene que hacer para convivir. Es decir, que mientras que en Canadá, en un terreno de un kilómetro por un kilómetro tendrían que verse las caras, poco más de tres personas. En México, en ese mismo palmo de terreno, somos 55 mexicanos los que compartimos las bondades y adversidades que ese territorio nos ofrece. Entiendo que para los canadienses, mucha de su tierra está punto menos que congelada. Equilibra pensar que para los mexicanos, considerable es la proporción de suelo ardiente, que no lo hace más habitable. Realmente el país que tiene la “media” de condiciones para la coexistencia es Estados Unidos, sin olvidar que 2 millones de kilómetros cuadrados de lo que son, es territorio de Alaska, con todos sus retos y circunstancias. Pensando en el futuro del hombre, uno de los indicadores que marcarán su viabilidad será su concentración poblacional. Baste con decir que a territorios equivalentes, China encierra 145 seres humanos por kilómetro cuadrado, lo que propone a ese pueblo, desafíos ininteligibles —para nuestro entender—. Por consecuencia, si yo fuera uno de los tres sentado en Guadalajara, ¿qué llevaría en mi agenda de inquietudes? Sin duda, la convivencia. Presente y futura. En un sinnúmero de temas que afectan y tocarán mañana a nuestro bienestar. Tan preocupante es la pobreza creciente de los mexicanos, como la polarización de objetivos de la sociedad en Estados Unidos. Difícil enfrentar una reducción de más del 30% de nuestro comercio trilateral, como un aumento similar de la violencia de nuestras sociedades. Nuestro suelo padece de una aguda contaminación. Mientras que Estados Unidos aloja la mayor concentración de armas nucleares de todo el planeta. Para su defensa… es cierto. Pero también para su deterioro.

Cada quién con su carga. A Felipe Calderón lo que más le debe preocupar del país que gobierna, es la aguda ineducación del pueblo mexicano. Se puede ser pobre, pero no salvaje. Las carencias se enfrentan con dignidad. La dignidad se adquiere con educación. Penetrar en la problemática de una familia depauperada en México, es emprender un viaje de calamidades en el timón de la ignorancia. Y ésta, es el hilo conductor del resto de nuestra historia y perspectiva.

Do quiera que vayas en Canadá o Estados Unidos, a donde voltees, el edificio más hermoso y estimable, siempre será una escuela. Yo propondría a mis contrapartes, una “Alianza para la Educación”, como el proyecto de largo plazo, más visionario entre nuestros pueblos. Si no es así, no tengo dudas de que en el futuro, estas Tri nacionales, serán binacionales con la exclusión de un México postrado en la ignorancia de su gente. Para esto, Felipe, habrá que liberar a México de las aves de rapiña que con avidez devoran los recursos que son para educar a nuestros hijos. A todo esto le llamaría, lacónicamente, “El Proyecto Elba”.

6.7% de la población mundial tiene veladas expectativas de avanzar en el entendimiento de sus objetivos.

Impunidad clerical

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Quizá con mordacidad, María de las Heras “confiesa” que ha sido “la primera sorprendida al enterarme que seis de cada diez entrevistados opinaron que estuvo bien que se interrumpiera la celebración de la misa para detener al delincuente, y que (los policías) no se esperaran al final de la ceremonia para hacer la captura, como hubiera sido lo ideal para las autoridades eclesiásticas”.

En su encuesta de hoy sobre el operativo federal de hace diez días en una parroquia de Apatzingán para capturar a La Troca, María descubre que cinco de cada diez entrevistados piensan que un sacerdote no puede negar a nadie los servicios religiosos, pero también que los ministros de culto están obligados a denunciar a probables delincuentes ante las autoridades.

“Eso nos habla de una sociedad cansada de complicidades entre la delincuencia y las autoridades, sean civiles o eclesiásticas”, infiere la sensata María.

La protesta del Episcopado Mexicano pareció sofocada con la cobera disculpa de la SSP federal, y este sábado, en el mismo templo en que irrumpieron los policías, se realizó un acto de “desagravio” durante seis horas, culminado con una misa obispal.

Durante la semana pasada, el autor de estas líneas abordó el tema desde la perspectiva de que bien vale una misa el combate a la sanguinaria criminalidad, y el secretario ejecutivo de la Conferencia del Episcopado, Manuel Corral Martín, escribió para señalar (con razón) que fue ofensivo emplear el término narcomisa.

Los obispos, indicó, “siempre han colaborado con las autoridades en la lucha contra los narcotraficantes (…). La voz ha sido alzada porque en el acto de culto más sagrado para los católicos, que es la Santa Misa, se haga un operativo con todo lujo de violencia, aún robando las alcancías...”.

Afirma que “la Iglesia nunca se opone ni se opondrá a la captura de los delincuentes, aunque sea dentro de un templo (...)”, que nunca “será refugio de delincuentes (que) deben ser atrapados, aun en los templos, pero con formas y en respeto a la fe de los feligreses”.

Entendido el sentido del reproche, quedaba la incógnita de cómo diablos (perdón) pueden ser atrapados los delincuentes “aun en los templos”, pero la despeja el sacerdote José de Jesús Aguilar, vocero de la Arquidiócesis de México: que se le avise al ministro que esté oficiando la misa para que haga un paréntesis, capturen al delincuente y pueda reanudarse la celebración litúrgica.

Todo, pues, aparentemente aclarado … hasta el sábado reciente, cuando el obispo de Saltillo, Raúl Vera López, dio una muestra de lo que, a diferencia de la Policía Federal, puede hacer un dignatario eclesiástico en el terreno laico:

Entrevistado en el Centro Miguel Pro (vale la pena volverlo a ver en MILENIO Tv), soltó como quien estornuda que el de México es una “caricatura de Estado” y que lo cierto es que “ya tenemos un Estado narco…”.

Es indefendible la arbitrariedad policiaca pero, ¿y la clerical?

El calabozo temporal

Jesús Silva-Herzog Márquez
Reforma

El gobierno de Felipe Calderón es un muerto al que habrá que enterrar dentro de tres años. Empieza a oler mal pero no hay más remedio que convivir con él. La Constitución nos impone tan macabra obligación. Desde las elecciones de julio pasado, el Presidente encabeza una administración zombi. Deambula por el país y lo seguirá haciendo durante un larguísimo trienio pero su aliento le ha sido arrebatado a golpe de votos adversos y abdicaciones personales. Ejercerá con terquedad su derecho a vivir en casa ajena y a colocarse las insignias del poder pero sabe bien que carece de fuerza para conducir algún cambio, de impulso para la innovación, de fibra para transformar al país, de valentía para asumir riesgos.

Es interesante la reflexión que Jorge G. Castañeda y Manuel Rodríguez Woog hicieron recientemente a propósito de la segunda mitad de la administración. En su colaboración para Enfoque bosquejan una agenda ambiciosa que reinstale al Presidente en el terreno de los vivos y recupere para bien del país al combatiente dispuesto a las batallas. La agenda de Castañeda y Rodríguez Woog es más que pertinente pero lo que resulta notable es que invitan al Presidente a redactar un testamento. Más que convocarlo a cambiar, le piden que dedique los tres años que le restan a su gobierno a redactar una carta de deseos para el país. No importa que se realicen las reformas, hay que plantearlas. El Presidente como profeta inerme. No importa que la derrota esté anunciada, hay que llamar al cambio para que otros, en otro tiempo, lleguen al lugar deseado. Que la despedida de Calderón deje testimonio público del proyecto necesario.

Con épica testamentaria o sin ella, el futuro que nos aguarda es aterrador. México está condenado constitucionalmente a padecer la debilidad gubernativa en un entorno extraordinariamente amenazador. Padecemos los efectos de una de las peores reglas del régimen presidencial: la rigidez de su calendario. El politólogo español Juan J. Linz lo vio con gran claridad hace ya muchos años cuando analizó los problemas del modelo norteamericano. El periodo presidencial es una jaula que impone una cadencia irreal y frecuentemente perniciosa al tiempo de la política. Sea cual sea el entorno, el plazo sexenal queda trabado en la vida pública como un calabozo. El régimen presidencial no ofrece ninguna flexibilidad temporal: los ciclos no pueden concluir un minuto antes ni un segundo después del término de ley. En nuestro caso, la rigidez resulta especialmente gravosa: hemos fijado un periodo larguísimo para la gestión presidencial. México, el empecinado país antirreeleccionista, es uno de los países que se ata por más tiempo a sus Ejecutivos. El periodo de los seis años fue diseñado para dar fuerza a una Presidencia que no tenía oportunidad de una segunda elección. Seis años permitirían la maduración de las políticas. Se pensaba que en ese extenso plazo los presidentes serían capaces de arriesgar iniciativas y de sujetar los muchos hilos del poder gracias a que el reloj los guarecía. Porque su poder era estable y prolongado, sería imponente. De nuevo, la expectativa de los ingenieros contrasta con el funcionamiento de su máquina. En el contexto del pluralismo que hemos vivido en los últimos lustros, la debilidad presidencial se prolonga durante seis largos años y suele agudizarse en el último tramo de la gestión.

Es cierto que la rigidez del calendario presidencial imprime cierta regularidad a la política. Nos ofrece alguna seguridad el conocer la duración exacta de los ciclos presidenciales. Pero lo que nosotros tenemos es la seguridad de que la ineficacia se recicla puntualmente cada seis años. Perverso carrusel de la nulidad. El genio de los federalistas en Estados Unidos entendió que un gobierno fuerte necesitaba periodos de responsabilidad relativamente amplios. Los defensores de la Constitución norteamericana anticiparon que un relevo demasiado frecuente detendría la marcha gubernamental. Pero un periodo demasiado largo tendría también efectos siniestros. El secreto del diseño estaba en la determinación del plazo y la fijación de los estímulos. En ambas cuentas falla nuestro diagrama. Nuestro periodo es demasiado largo y carecemos de dispositivos para la eficaz rendición de cuentas.

El fetiche cronométrico del presidencialismo es costosísimo para México. El presidencialismo clásico instaura un calabozo temporal. En él estamos atrapados hoy y no hemos llegado siquiera al punto medio de la condena. Necesitados de un liderazgo enérgico y una administración eficaz, estamos forzados a padecer la nulidad de un cartucho quemado.