agosto 11, 2009

Necios triunfadores

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Una señora, en el correo de los lectores de algún diario, escribió una carta para pedir que derribaran los árboles de Coyoacán porque le molestan cuando sale a caminar. Imaginen ustedes que le hagan caso a esta tipa y que, en efecto, las autoridades dejen las calles del barrio peladas, sin vegetación alguna. No hay que desestimar la capacidad destructora de nuestros gobernantes —digo, ya perpetraron barbaridades como quitar la asignatura de Civismo de los programas escolares y han cometido infinitas tropelías— pero, a decir verdad, los soberanos del DeFectuoso se ha dedicado, más bien, a plantar árboles que a talarlos.

Otro lector, más razonable, envió un mensaje a un periódico proponiendo, por el contrario, que los jefazos de las delegaciones sembraran plantas y arbustos en los terrenos desocupados de las ciudades, en las aceras, en las esquinas y en todos esos espacios terregosos que abundan en un país que se cree exuberantemente tropical y que no se entera todavía de que es semidesértico.

En fin, es muy interesante, en el primer caso, constatar que un mero antojo puede transmutarse en una petición formal, una demanda concreta para que sea atendido el capricho de una persona como si éste mereciera la respuesta que se debe, digamos, a un derecho constitucional. La peticiones de la gente suelen ser desmedidas y pueriles pero lo más asombroso es que el “sistema” se sienta obligado, muchas veces, a cumplirlas. Pero no sólo eso: si una de estas demandas ha sido ya satisfecha, entonces adquiere el rango de un privilegio absolutamente innegociable, de una prerrogativa a perpetuidad. Miren, si no, la enorme resistencia a la reforma a la ley del ISSSTE propuesta por el supremo Gobierno: los cambios a la edad de la jubilación y otras transformaciones cuyo propósito no era otro que asegurar la viabilidad futura del Instituto, fueron rechazados a pesar de que no iban a aplicarse en el caso de los actuales trabajadores sino que se impondrán a los de nuevo ingreso. Otro ejemplo: en algún momento, la Universidad Nacional quiso cobrar colegiaturas —previo estudio de su situación económica— a los estudiantes que sí podían pagarlas y, encima, siempre y cuando ellos mismos quisieran pagarlas. El dinero ganado, además, se utilizaría para ayudar a los estudiantes pobres. ¿Qué paso? Pues que una minoría de fundamentalistas cavernarios se impuso y cerró por la fuerza el campus de la UNAM. Cuando los necios ganan perdemos todos.

Gobernante y estadista

María Amparo Casar
Reforma

Hace casi tres años, el Tribunal Electoral aprobó por unanimidad el dictamen relativo al cómputo final de la elección presidencial y emitió la declaración de validez. El Presidente electo pudo por fin concentrarse en la toma de decisiones respecto al gobierno que encabezaría: la conformación del gabinete, la agenda legislativa a impulsar y los aliados a buscar.

Pasada la elección y la renovación de la dirigencia del PAN Calderón se encuentra en una coyuntura similar. Es un buen momento, quizá el último, para lanzar una renovación. Para decirle a los mexicanos si seguirá actuando como hasta ahora o intentará un nuevo camino, si las lecciones de los primeros años fueron aprendidas, si sabe leer las necesidades y puede imaginar las soluciones.

No hay evidencia sólida de que los sexenios terminen pasada la elección intermedia. Las segundas mitades pueden ser muy productivas: Salinas concretó el TLC en 1992; el desempeño de la economía mexicana fue mucho mejor en el segundo trienio de Zedillo. Calderón tiene tres años por delante. Urge una definición: bien trazada, bien operada y bien comunicada.

Tiene restricciones insoslayables: una recesión económica de enormes proporciones, finanzas públicas muy disminuidas, necesidades sociales cada vez mayores y una composición adversa en la Cámara de Diputados.

También hay ventajas: tres años de experiencia, conocimiento puntual de los límites del poder pero también de sus potencialidades, comprensión de las debilidades y fortalezas de su equipo, discernimiento sobre aliados y adversarios y su grado de compromiso. Sabe también que la popularidad no es instrumento de gobierno ni mucho menos garantía de éxito electoral. Este conocimiento puede ser ignorado o aprovechado a sabiendas de que son muchas las cosas que dependen de la voluntad y habilidad del Presidente: la agenda a impulsar, los cambios en el equipo y los aliados a escoger.

De cara al futuro Calderón puede hacer dos apuestas. Una como gobernante y otra como estadista. Como gobernante urge un cambio de ruta, la reconsideración de los criterios para conformar su equipo y la revisión de las alianzas.

Tres sugerencias para la ruta: a) sin abandonar la lucha contra el crimen, dar prioridad al fomento económico; b) replantear el equilibrio entre la agenda legislativa y la "administrativa" concentrándose en esta última; c) abandonar la idea de que es mejor una reforma pobre en contenido pero rica en votos que una de gran alcance, aprobada con apenas los votos necesarios.

Una sugerencia respecto al equipo. Preocupan los rumores de que hay que empanizar al gobierno en todos sus niveles. La conformación del equipo gobernante no debe atender a un solo criterio. La facultad de nombramiento es un instrumento que sirve para diversos propósitos: fortalecer la unidad del partido, pagar favores, comprar lealtades y hacer alianzas. Que no se olvide el principal, gobernar con eficacia en función de los propósitos trazados.

Dos más para la política de alianzas. Por todas sus desventajas el presidencialismo tiene la ventaja de que las alianzas no son necesarias para formar gobierno. Esto quiere decir que el Presidente y su partido no tienen por qué casarse con un solo aliado, que hay flexibilidad en función del asunto que se quiere negociar. No vendría mal usarla. Además, un Presidente no tiene por qué ceñirse a las alianzas políticas. Hay vida más allá de los partidos. La diversificación de alianzas debe incluir a sectores de la sociedad cuya cooperación puede ser mucho más productiva para el crecimiento y desarrollo económicos que un puñado de reformas de dudosa utilidad.

La segunda apuesta es la de estadista. Aquí sí habría que ser más ambicioso. Asumirse como líder, reunir a las fuerzas políticas y sociales mínimas indispensables e intentar convencerlas y comprometerlas con una agenda de reformas de fondo para que el país dé el paso adelante o, al menos, no se siga rezagando. Trabajar en las reformas de fondo que se juzgan indispensables y de las cuales el Presidente ya no será beneficiario.

Apostar por las dos pistas tiene sentido. Si nada más se avanza en la primera estaremos mejor que ahora y no seguiremos lamentándonos de que la falta de colaboración ha llevado a la parálisis. Si se avanza en la segunda, los partidos repartirían los supuestos costos electorales de reformas necesarias pero impopulares y quien quiera que gane en el 2012 tendrá un país más gobernable y un Estado más fuerte.

Consejo Nacional panista

Javier Corral Jurado
Profesor de la FCPyS de la UNAM
El Universal

El empeño por la unanimidad, la institucionalidad y la disciplina, como únicos antídotos posibles para resarcir nuestra imagen pública frente al deterioro electoral, no tuvo en la conciencia del Consejo Nacional del PAN la obsecuencia esperada. Sobre todo en el debate que, a regañadientes, se abrió antes de la elección. Y fue simplemente irrebatible el tema de la supeditación política que, en distintos ámbitos del partido y no se diga en el gobierno, se ha tenido hacia el duopolio de la tv. Porque la tv que se ha erigido en poder impune, corruptor de la política y disruptor de la democracia, fue tema de discusión en nuestra sesión del fin de semana.

El consejo que votó mayoritariamente por César Nava como nuevo presidente del CEN del PAN tampoco se cuenta mentiras a sí mismo. Separados los asuntos, reflexión y elección, se manifestó en ambos a favor de manera muy clara. De ahí la validez de la exigencia que propuso dar pie primero a la discusión, y luego escoger un dirigente al tamaño de nuestros problemas y retos. Pero también de ahí que, fabricando de última hora una jugada alevosa —lástima de despedida—, Germán Martínez decidiera abrir a los medios de comunicación sólo su respuesta a algunos de nuestros argumentos en ese debate, pero no a nuestras intervenciones completas. Por el bien del derecho a la información que tienen todos los miembros del partido, la nueva dirigencia debe orear todas las intervenciones para que se contrasten las ideas.

La respuesta de Germán distorsionó el sentido de las preocupaciones presentadas en la tribuna del partido, y las colocó de nueva cuenta en la todavía insuperable disputa interna que para la candidatura presidencial de 2006 se libró entre Felipe Calderón y Santiago Creel, no obstante la brutal derrota entonces y la vergonzosa defenestración después que ha sufrido este último. Esa contienda sigue y no la alivian ni la épica gesta de esa victoria ni la remota posibilidad de la revancha.

No es cierto que hubiera por aquellos tiempos la más mínima exigencia pública de explicación sobre el actuar del entonces secretario de Gobernación, que ha pagado caro sus errores a manos de los propios beneficiarios. Al menos no de quienes dijeron que aún esperan explicaciones sobre las concesiones que Creel otorgó en materia de casinos a Televisa. Fui entonces el más crítico de esa conducta, y no vacilé en negarle mi apoyo para la candidatura y otorgárselo a Felipe Calderón. El tema fue crucial para la decisión que tomaron en esa disputa muchos miembros del partido. Aun cuando ya en la campaña constitucional —una vez usado internamente— se haya consentido, en un solo acto, uno de los mayores intentos de despojo al Estado y a la nación que fue la ley Televisa.

Creel ha tratado de corregir, a su manera y a su estilo; pero los privilegios, las canonjías, las cesiones y el disimulo en la aplicación de la ley han continuado. También uno de los efectos más perniciosos de aquella reforma legal de marzo de 2006 subsiste, no obstante la declaratoria de invalidez que a varias de sus normas dictó la SCJN: la mayoría de la Comisión Federal de Telecomunicaciones, el órgano regulador, está en manos de las dos televisoras; por eso pueden desafiar al gobierno, al Congreso, a los partidos, violar la Constitución, formar su propia bancada legislativa, usar los canales espejo para la digitalización como les da su gana, adjudicarse a sí mismos señales multiplex, burlar los horarios y tiempos de publicidad, no transmitir la propaganda electoral, eliminar candidatos de la pantalla, linchar a ministros, gobernadores, diputados o senadores de la República, y apostarse abiertamente con el gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, y demostrarle al PRI, y luego a todo el país, que si se lo proponen ellos pueden imponerlo como candidato, y luego hacerlo Presidente de la República.

Por eso me parece absurdo que a estas alturas, tras los resultados del 5 de julio, nos rasguemos las vestiduras de esa manera, cuando estamos viendo esa coalición triunfante no sólo sobre el PAN, sino sobre el estado de derecho, la democracia, la pluralidad, la competencia, las instituciones del país, incluido el Presidente de la República. La pregunta clave es qué papel queremos jugar como partido y gobierno sobre el actual proceso de reversión democrática, en el que la tv es punta y lanza.

En cuanto a la elección de César Nava, el segundo presidente más joven que tendrá el partido en su historia, debemos abrir la oportunidad a que cumpla lo ofrecido. No me voy de bruces como hace un año y medio, en el que desbordado, auguré incluso la vuelta al solidarismo. Pero no es menor lo que dijo: “Les pido que no me instruyan a ganar a costa de lo que sea. Ni me instruyan ni aceptaré. Vamos a ganar siendo fieles a lo que somos y a nuestra identidad”. Si ese eje discursivo se convierte en ruta de trabajo, en hechos, podremos empezar a recuperar la confianza de quienes nos han visto asemejarnos a nuestros adversarios, metidos en una mera disputa del poder por el poder mismo. Es hora de reencontrarnos con los intereses ciudadanos, y dejar atrás compromisos oprobiosos y alianzas indebidas. Claro que se puede, si se quiere.

Zelaya: ni es ni parece ser

Mario Melgar
Puntos suspensivos
Excélsior

Cuando escribo estos párrafos, Calderón conversa con Obama en Guadalajara. El tema de Honduras está en la agenda. Esperemos que Calderón baje el tono de apoyo al derrocado Zelaya. Muchos pensamos que para apoyar a Honduras podía hasta violarse la Constitución. Sustentamos la peregrina interpretación de que apoyar a un depuesto presidente constitucional no era intervenir en los asuntos internos de otro país. Así lo creyeron gobiernos, la Unión Europea, el Congreso, la OEA, Chávez, los chavistas y hasta los conservadores de América Latina. Zelaya estuvo a punto de convertirse en el gran mártir del siglo XXI. Después de visitarnos se convirtió en la gran bestia, como dice Germán Dehesa.

La visita de Zelaya confirmó que nos equivocamos. Debimos haber seguido el texto de la Constitución y no intervenir.

Zelaya vino a México, las puertas se abrieron generosamente. Fuera del presupuesto, como lo pusieron sus paisanos en Honduras, los gastos del viaje los pagó el erario mexicano. Calderón sentía reencarnar en el nuevo Lázaro Cárdenas de la derecha. El mismo Hugo Chávez declaró su admiración a México y en particular a Calderón: “Digna la actitud del Presidente de México, del presidente Calderón al recibirlo como tiene que recibirse a un jefe de Estado que representa de manera legítima y digna al pueblo de Honduras,” declaró el venezolano.

Zelaya hizo todo menos portarse dignamente. Intervino en política mexicana. Es imposible e indebido controlar las declaraciones de cualquier persona. Lo que no lo es tanto y es una responsabilidad oficial, es fijar y controlar la agenda de un invitado de Estado. La agenda de un jefe de Estado es motivo de negociaciones y acuerdos. La agenda del visitante la fija el anfitrión. ¿Cuándo se ha visto que un jefe de Estado que visite Colombia se entreviste con las FARC? ¿Cuándo se ha visto que un jefe de Estado visite a Chávez y se entreviste con sus opositores? ¿Cuándo se ha visto que en un jefe de Estado que visite oficialmente a Cuba, se entreviste con los opositores del castrismo?

Varias organizaciones sociales en el Teatro Ciudad de México, al que asistieron alrededor de 500 personas, señaladamente perredistas y opositores de Calderón,le organizaron un homenaje. En ese teatro, Zelaya mencionó a Calderón, lo que provocó una sonora y mexicana rechifla. Para enmendar su imagen frente al coro fácil, Zelaya alabó a López Obrador al decir que es mejor parecer que ser presidente. La referencia no pudo ser más torpe, pero le aplaudieron y él estaba feliz.

Esa noche, Ciro Gómez Leyva recibió en el estudio de televisión una llamada en la que Zelaya negó haber dicho lo que dijo. Fue solamente una referencia a un poeta peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del Partido Aprista Peruano, sin ninguna intención, se le escuchó decir. La facha de Zelaya es parecida a la del Góber precioso con su frase inmortal: “Sí es mi voz (la de las grabaciones del caso de Lydia Cacho), pero no soy yo”.

Para convertir esta comedia en algo más grotesco, la Secretaría de Relaciones Exteriores, que junto con Gobernación debió haber cuidado la agenda del visitante derrocado, emitió un comunicado en el que señaló que Zelaya “conversó anoche con la canciller mexicana, Patricia Espinosa, y rechazó de manera contundente dichas declaraciones”. Por si esto fuera poco, según el comunicado de la cancillería de México, el gobierno agradeció a Zelaya, quien ayer abandonó territorio mexicano, “sus gestiones para aclarar estas afirmaciones, y le reiteró la disposición del gobierno de Calderón para contribuir a lograr una solución que permita el pronto restablecimiento de la democracia y el orden constitucional en Honduras”.

Zelaya fue derrocado y ahora se entiende por qué lo echaron de su país. No solamente es malagradecido sino rajón. Si dijo lo que dijo es su responsabilidad, pero decir que no mencionó lo que todos oímos es cobardía. La Secretaría de Relaciones Exteriores nunca debió agradecer a Zelaya que haya dicho que no dijo lo que dijo. Son galimatías como los de nuestro gobierno que no tiene rumbo. Energía es lo que esta vez faltó y decirle lo que todos los mexicanos, salvo los del coro fácil, pensamos de Zelaya y su ridículo sombrerito. Zelaya y su poeta peruano están equivocados, es mejor Ser que Parecer. Si no me creen, pregúntele a Zelaya que no es ni parece.

Subiendo la mira

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

¡Cómo se atreven a decir que la historia los absolverá! Florestán

Guadalajara, Jalisco. A lo largo de los sexenios, años, siempre se ha escuchado, nunca comprobado, de una serie de atentados contra el Presidente de la República en turno.

De eso se habló en tiempo de Luis Echeverría, cuando a lo más que llegó fue a una leve descalabrada en una accidentada visita a la UNAM. También con José López Portillo, al igual que en la Presidencia de Miguel de la Madrid, y ya no se diga en la de Carlos Salinas, alentada por el trágico asesinato de Luis Donaldo Colosio, el miércoles 23 de marzo de 1994.

Vicente Fox tampoco escapó a ese ejercicio nacional. Quizá el más documentado fue el que por una coincidencia se evitó contra Ernesto Zedillo, en un paraje del Estado de México, acompañado por sus hijos al que no llegó aquel día.

En el caso de Felipe Calderón, unos conocían y otros intuían. Se sabe que uno de los jefes del narcotráfico lo ha sentenciado y las instancias de seguridad e inteligencia militar trabajan en ello.

Pero no deja de sorprender que ayer por la mañana, minutos antes del inicio de los trabajos de la Cumbre de los Líderes de América del Norte, en el Hospicio Cabañas de esta ciudad, la Secretaría de Seguridad Pública federal anunciara la captura de un capo del crimen organizado que había planeado atentar contra el presidente Calderón, quien, al saberlo, le restó peso decisorio dos veces.

Primero en la conferencia de prensa conjunta con el presidente Obama y el premier canadiense Harper; luego en la entrevista que dio a Noticieros Televisa, donde dijo que ésta “no era la primera ni la última vez que se hablaba de un intento de atentado en su contra” y que lo leía como un expresión no de fuerza, sino de debilidad del crimen organizado.

“Si no les afectara la acción del gobierno —dijo— no se tomarían la molestia de andar buscando cómo me quitan del camino.”

No recuerdo un caso así.

Retales

1. Y ACEITE. En la cena que el presidente Calderón ofreció en Guadalajara con motivo de la cumbre, César Nava se presentó en sociedad ya como presidente del PAN. Lo sentaron al lado de Jesús Murillo Karam, número dos del PRI. En otra estaban Agustín Carstens, Gerardo Ruiz y Elba Esther;

2. JOSEFINA. Este viernes, en Sumiya, será la designación de Josefina Vázquez Mota como coordinadora de la próxima bancada del PAN en la Cámara de Diputados. El otro aspirante es Francisco Ramírez Acuña, que quedará en la burbuja azul. El jueves, Nava escuchará a los futuros legisladores. Pero el nombramiento es facultad exclusiva del presidente del PAN; y

3. PATO. Carlos Pascual, que aún no protesta el cargo, fue presentado como nuevo embajador de Estados Unidos cuando el domingo el presidente Obama lo invitó a bajar con él la escalerilla del Air Force al arribar a Guadalajara. Ésa es política.

Nos vemos mañana, pero en privado.

Hipocresías

Federico Reyes Heroles
Reforma

La hipocresía no sólo es una desagradable actitud personal. Las naciones también pueden ser hipócritas. El TLC sufre de esa hipocresía. Cada dos años, cuando Estados Unidos va a elecciones, surgen allá voces populistas que alegan sobre el desempleo provocado por el TLC entre otros múltiples males. Los candidatos a la Presidencia de uno y otro partido tratan de evitar el tema y si han de abordarlo no dudarán en ponerse del lado de los críticos. Fue el caso de Obama y Clinton. En México el asunto no anda mejor. Hablar bien del TLCAN remite al innombrable Salinas de Gortari, que ha sido condenado por la opinión pública por las fechorías que brincaron al terminar su periodo. Por si fuera poco fueron priistas los que impulsaron el acuerdo y eso en épocas de alternancia no es muy popular. Para terminar de arruinar el cuadro resulta que el TLC es la criatura de los "tecnócratas", vistos ahora como personajes cercanos al demonio mismo.

Pero la realidad se impone. La idea rectora del Tratado era el carácter complementario de las tres economías, en particular la de México y Estados Unidos. Más allá de la voluntad de los mandatarios o de su simpatía hacia el libre comercio, el TLC ha sido un buen negocio. Las cuentas salen bien porque ese carácter complementario es real. De entrada está la demografía. La hipocresía estadounidense no admite la evidente necesidad de trabajadores jóvenes que presenta su pirámide poblacional. Estados Unidos "importa" mano de obra de manera legal pero también ilegal porque los niveles de productividad en varias ramas -agrícola, automotriz y en general manufactura- no podrían sostenerse sin esa mano de obra. Gracias al TLC y al superávit con Estados Unidos, los mexicanos podemos seguir comerciando con las otras áreas del mundo -Europa, Asia y la propia América Latina- con las cuales tenemos déficits.

Pero la integración apenas comienza. Los logros industriales eran los más previsibles pero no necesariamente serán los más importantes. El envejecimiento poblacional de Estados Unidos y también de Canadá, así como el incremento en la esperanza de vida están generando una enorme demanda de servicios personales que la mano de obra poco calificada de México puede atender. Además está el factor invierno que, gobierne quien gobierne, empuja a millones de personas a buscar un clima más benigno que México puede ofrecer. No es fantasía imaginar un corredor de viviendas para los millones de personas de la tercera edad y jubilados que buscan apoyos baratos para su vida cotidiana y buen clima. Entidades como Campeche, Yucatán, Quintana Roo, pero también Nayarit, Jalisco, Michoacán o Guerrero, entre otros, pueden ofrecer servicios personales básicos y médicos a un costo muy inferior al de las zonas alternativas del norte del continente.

Lo mismo ocurre con la agricultura. A pesar de que no ha habido incentivos especiales ni una reforma que dé garantías patrimoniales plenas a la propiedad agrícola, a pesar de la falta de tecnificación, las exportaciones mexicanas de frutas y legumbres han crecido como nunca antes. El consumidor en el norte se ha beneficiado de los productos agropecuarios mexicanos. Para muestra está el aguacate que, saltando todas las barreras inimaginables que le han sido puestas, ha logrado conquistar un mercado lógico. Mirado desde una perspectiva de largo plazo los cambios apenas comienzan.

George Friedman, uno de los futurólogos más reconocidos en Estados Unidos, publicó hace poco tiempo un libro que ha generado revuelo: The Next 100 Years. Los escenarios planteados por el autor en lo esencial no dejan demasiadas dudas: a pesar de las hipocresías de uno y otro lado la integración del norte del continente continuará. Dado que la tasa de crecimiento poblacional de México ha caído sensiblemente, en el mediano plazo Estados Unidos tendrá que buscar brazos jóvenes en otras latitudes. Los estados sureños de la Unión Americana llevarán una relación muy estrecha con México. La migración mexicana es atípica en tanto que mantiene los lazos hacia el sur. El impacto del envío de remesas será enorme. La integración podría ir mucho más lejos por ejemplo en lo que se refiere a energías alternativas como la eólica y solar, dado que el tema de los hidrocarburos es tabú en México.

Los retos son enormes, quizá el mayor sea la disparidad para la cual se deben buscar soluciones como ocurrió con la Unión Europea. Para Friedman el norte y centro de México se aproximarán en bienestar a los niveles promedio de EU, no así el sur de la República que necesitará fuertes impulsos en infraestructura, educación, salud, etcétera para poder detonar un proceso de desarrollo que abata la pobreza. Pero hay otro reto menos tangible, el cultural. Mientras en Canadá, Estados Unidos y México, sus ciudadanos, sigan negándose a admitir un destino común, regional, inevitable en un mundo global, las hipocresías seguirán dominando a la política. Somos esclavos de nacionalismos pedestres.

Matar a Calderón... ¿Matar a un muerto?

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Fusiles del crimen apuntan a lo más alto
Calderón, presidente políticamente muerto


No pudo existir mejor momento que la Cumbre de Líderes de América del Norte para que la Policía Federal detuviera y presentara a Dimas Díaz Ramos —operador financiero del cártel del Pacífico—, a quien, según sus declaraciones, le habrían ordenado matar a Calderón. ¿Por qué es el mejor momento?

Porque el Presidente mexicano es reconocido dentro y fuera como el mandatario que le declaró la guerra a los poderosos cárteles de la droga. Y, claro, porque era el anfitrión de la cumbre que reunió a los mandatarios de Norteamérica. Calderón sortea amenazas de muerte en su lucha contra el narcotráfico, reportó la prensa extranjera que se acreditó para la cobertura de la cumbre de los presidentes Calderón y Obama, de México y EU, y del premier de Canadá, Harper.

Todos saben que en política no existen casualidades, que la captura y exhibición pública de Dimas y sus planes de matar a Calderón no son casualidad. Para efectos prácticos, habrían coincidido el hambre y las ganas de comer; la captura de Dimas en plena cumbre, con los bonos que ello reporta al Presidente mexicano.

Pero si volteamos la mirada al otro lado de la increíble casualidad, salta una interrogante elemental. ¿Por qué un cártel mafioso intentaría matar al presidente Calderón? Está claro que entre mafias toda diferencia se paga con la vida. Una pelea, discusión, deuda, rencilla, venganza, afrenta, insulto, apuesta, falla y hasta traición amorosa, se paga con la vida. ¿Qué debe el presidente Calderón a cárteles como el del Pacífico, como para que éste ordene su muerte?

Lo primero que rompe toda lógica es que las mafias de la droga y el crimen organizado levantaron hasta lo más alto sus fusiles: hasta Felipe Calderón. Si la amenaza directa es ya contra el Presidente, ¿qué les espera a los ciudadanos en general? Esa situación explica, por cierto, el perturbador crimen de la abogada Raquenel, en Monterrey, que por increíble que parezca sorprendió a muy pocos. “Se había salvado de muchas”, dicen conformistas. Como si eso fuera atenuante.

Cuando una sociedad pierde la capacidad de asombro ante hechos como el crimen de la abogada de narcos, o ante la amenaza de muerte al Presidente, es porque las cosas han llegado a niveles de verdadera preocupación. ¿Qué sigue? ¿Quién sigue?

Pero pervive la interrogante. ¿Por qué un cártel intentaría matar a uno de sus enemigos, como el presidente Calderón? Se puede argumentar todo lo que se quiera, pero nadie puede negar que el de Calderón es el gobierno que más les ha pegado a los cárteles de la droga. En todos los rubros: incautación de droga, armas, dinero; detención de narcos de primer nivel, secuestradores y bandas desmembradas… Todas las marcas han sido rotas por el gobierno azul. Y claro, también la de mayor número de muertos en las peleas entre bandas. Algunos calculan en 50 mil los muertos. Bueno, hasta se abultan las quejas contra violaciones a los derechos humanos.

Esas acciones podrían explicar que un cártel pretendiera matar al presidente Calderón. Pero lo que no parece tener explicación es que pocos —incluidos los cárteles— hayan entendido que Felipe Calderón es un presidente políticamente muerto. ¿Por qué? Porque luego de la derrota electoral del PAN en las pasadas elecciones, luego de que el PRI se convirtió en el partido hegemónico en San Lázaro, es muy poco lo que le queda por hacer al gobierno de Calderón.

¿Qué iniciativas, cambios, proyectos, reformas… podrá impulsar un Presidente cuya minoría en el Congreso es patética, cuyo partido está fracturado, cuyo gabinete ha sido incapaz hasta de lo elemental: producir un presidenciable?

El problema es que todos o casi todos —sean narcos, sean los partidos opositores, sus líderes; sean los malquerientes de Calderón y hasta los rabiosos que por puro odio lo quisieran muerto— equivocan la estrategia. El enemigo a vencer —salvo, claro, las venganzas enfermizas— no es el presidente Calderón, que para bien o para mal ya hizo lo que pudo o le dejaron hacer, y que levitará en los próximos tres años en su cargo. El problema está en la construcción del presidente que viene. Pero para ver y entender eso, hace falta quitar las telarañas.

EN EL CAMINO

¿Cómo les quedó el ojo a los adoradores gratuitos del presidente Obama —esos que le reclaman que apoye con más fuerza al hondureño depuesto Zelaya— que les haya dicho incongruentes? Sí, siempre gritaron que EU saliera de Centro y Sudamérica, y hoy piden que intervenga. ¿Qué tal con la congruencia?

Los tres caballeros

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

Pues somos tres charros,

los tres caballeros,

¡y nadie es igual a nosotros!

Felices cantamos,

los tres caballeros,

donde va el primero

van siempre los otros.

Así cantaba el Pato Donald en 1949, acompañado de dos personajes más que fueron elaborados según la coyuntura de la época, una manera de reforzar los lazos de amistad entre los países latinoamericanos y Estados Unidos en años consecutivos a la Segunda Guerra Mundial.

Hoy, aunque lejos de toda intención de guerra, en Guadalajara otros tres caballeros, los de América del Norte, se reunieron con una finalidad que, realmente, nunca acabamos de entender. La Cumbre de Líderes, que tuvo como sede la tierra de los charros, se efectúa en medio de un ambiente lleno de interrogantes. ¿Por qué es necesaria esta cumbre? ¿A qué vienen?

Y es que, si bien la justificación, la de ese TLC al que no le han pasado ni el trapeador a fin de hacerle la más ligera reforma, hay otros temas que para los países convocados deberían ser prioridad. Pero, claro, apenas sirven como llamarada para acaparar un par de minutos los reflectores y hacer como-que-se-está-haciendo-algo.

No hubo nada sobre políticas migratorias cuando Calderón se reunió con Barack Obama, el segundo encuentro de ambos en tierras mexicanas en menos de cuatro meses. Sólo una promesa de que, ahora sí, para finales de año habrá un proyecto sobre el tema que salga de la Casa Blanca. Obama lo justificó debido a que gringolandia está sanando tras la crisis financiera y le ha dado al tema migratorio el cuarto lugar de sus prioridades, después de las reformas en materias de salud, energéticas y financieras. Además dejó claro que no posee una varita mágica para solucionar el problema. ¡Uuuups!

Tampoco hubo nada en cuanto a la política canadiense que exige visa a los mexicanos para entrar a su territorio. Aunque se reconoció que la postura era necesaria debido a que, prácticamente, los mexicanos nos pasamos de lanza con las solicitudes de refugio. El primer ministro canadiense, Stephen Harper, dijo que esa medida fue la primera que tuvo a su alcance el gobierno de su país; después vendrán reformas legislativas que podrían facilitar el tránsito a Canadá. Y ya mejor no insistimos porque sabemos que tampoco hay varita mágica para ese tema.

Y, claro, menos hubo acuerdos concretos sobre el supuesto protagonista de la Cumbre, el TLC. O sea que, en realidad, este encuentro se convirtió en un número más de los presidentes y representantes de gobierno. Un par de comidas, un par de desayunos, un par de encuentros por separado y en grupo frente a la prensa, un par de chistines para romper el hielo, un par de exigencias para-no-perder-poder-y-lugar y hasta un par de malos o, inesperados, eventos ocurridos en las calles.

Y es que estas cumbres no sólo sirven a los asistentes invitados, sino también a los que aprovechan el reflector para girarlo por momentos sobre ellos. Manifestaciones con mediana convocatoria que se realizaron en las calles tapatías y con varias inspiraciones: ecológicas que pedían un alto al gobierno de Canadá por la matanza de focas que permite en el norte del país, reclamos a Obama por la política antiterrorista utilizada durante el gobierno de Bush y hasta un intento de atentado contra el presidente FelipeCalderón que, aunque no en Guadalajara, planeaba efectuarlo un sicario detenido por autoridades federales, el operador financiero del cártel del Pacífico, Dimas Díaz Ramos, capturado el domingo en Culiacán, Sinaloa.

O sea que la Cumbre de Líderes de América del Norte cumplió con todos los protocolos, los oficiales y los que se dan por costumbre, para considerarse exitosa. Claro, sólo faltó una conclusión concreta que justificara su realización.

En la reunión sólo faltó una conclusión concreta para justificar su realización.

Obama, Calderón y las “dos pendejadas” de Zelaya

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Había unanimidad. Al menos entre funcionarios, asesores y legisladores con quienes platiqué la noche del domingo en el viejo Hospicio Cabañas de Guadalajara, en la Cumbre de Líderes de América del Norte: el depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, cometió “dos pendejadas” en la Ciudad de México.

“Megapendejadas”, recalificó uno de ellos.

Las dos habrían sido respondidas ayer. La primera, por Barack Obama. Zelaya pensó que era buena idea usar a México como plataforma para reclamar que Estados Unidos no había hecho lo necesario para ahogar el golpe de Estado. Usó la muletilla de que 70 por ciento de la economía hondureña depende de la estadunidense. Por eso, dijo, retrotrayendo sin querer a Vicente Fox, que Washington podía resolver el asunto en cinco minutos.

Obama le contestó mostrándole dulcemente los colmillos: a él, y también a Hugo Chávez, a Raúl Castro. Y con el argumento de que esos que se la han vivido criticando las, reales o ficticias, injerencias de Estados Unidos, hoy claman por el big stick. ¡Zoc!

Calderón se hizo cargo de la segunda. En vez de ofenderse por el entusiasta elogio de su huésped Zelaya a Andrés Manuel López Obrador el miércoles pasado, se tomó cuatro días para pensarla bien. Al quinto, es decir ayer, dejó en claro que había mandado al diablo la solicitud del hondureño para que intercediera por él ante el poderoso Obama. Con el entusiasmo con que Zelaya habló en el Teatro de la Ciudad, Calderón se sumó al exhorto de la Cumbre para rechazar cualquier intervención directa en el país centroamericano. ¡Zoc, zoc!

“Que lo defienda Óscar Arias, nosotros ya hicimos lo que teníamos que hacer”, me dijo un funcionario. “Y ya vimos quién es: un malagradecido, o un loco”.