agosto 18, 2009

Manos de tijera

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy

El gobierno federal —de hecho la clase política en su conjunto— encara la responsabilidad de que la crisis económica no genere inestabilidad social. Ésa es su tarea para los próximos meses, comenzando con el diseño del Presupuesto de Egresos del año que entra. Desde luego, nuestros políticos no generan dosis altas de optimismo pero si no sacan las castañas del fuego ellos mismos pueden quedar fuera de la jugada ante el desencanto popular con respecto a la democracia y sus protagonistas.

La crisis internacional afecta a todos los países, pero con México se ensaña, nos tiene en shock. El riesgo de acciones disolventes se incrementa. No hay dinero. Para 2010 habrá muy poco qué repartir. Los legisladores que comenzarán a trabajar el primero de septiembre llegarán a San Lázaro armados con filosas tijeras para recortar por aquí y por allá, hasta que las cuentas cuadren, con el objetivo de no castigar demasiado los programas sociales y proteger aquellas actividades que generan empleos, como el turismo y la construcción, que en estos momentos resultan vitales. Mandar a la gente a las calles a buscar un trabajo que no encontrará, o ponerla a competir por un empleo en la informalidad, deteriora el tejido social y pavimenta el camino para aventureros de la política. Los focos amarillos tintinean. Nadie puede desatenderlos, mucho menos los políticos.

Realeza burocrática

Se impone, por principio de cuentas, un severo programa de austeridad en el gobierno. Los poderes de la Unión, comenzando por el Ejecutivo, deben poner el ejemplo. La idea es achicar el gasto corriente cancelando de inmediato gastos no necesarios o superfluos. Cabe incluso un ajuste a la baja de los ingresos de la burocracia, de mandos medios para arriba. En las actuales circunstancias resulta ofensivo y peligroso el sueldo y las prestaciones de que gozan los magistrados de la SCJN y del TEPJF, que conforman una verdadera realeza del servicio público. Y qué decir del patrocinio público a los partidos políticos, organismos que actúan como se estuviéramos en Jauja, cuando en realidad la mitad de la población del país se debate en la pobreza y en ciertas dependencias públicas se obliga a la gente a renunciar para recontratarla pero con menos sueldo.

El riesgo de la inestabilidad social, de ingobernabilidad en áreas rurales por problemas de sustento vital, y en las urbanas por el colapso de los servicios públicos, aumenta por el hecho de que la crisis económica se agudizó en un entorno de violencia, lo que dificulta su manejo. Desde el inicio del sexenio miles de soldados dejaron los cuarteles y se encuentran en las calles, en la primera línea de combate contra las bandas del crimen organizado e incluso haciendo, con resultados disparejos, labores policiacas que no les competen. A pesar de esto la sensación de inseguridad, en lugar de atenuarse, se acentúa y la cifra de bajas mortales se incrementa sin cesar. Violencia y pobreza conforman un coctel letal.

¿Que sucederá si un grupo de narcos lee correctamente la situación y resuelve presentarse como benefactor en comunidades donde impera el desempleo? ¿Si un municipio se declara en quiebra recurrirá al financiamiento de los narcos? ¿Es verdad, por citar un ejemplo, que Cananea y localidades sonorenses aledañas se convirtieron en semillero del crimen organizado como consecuencia de la inactividad económica por la prolongada huelga en la mina de cobre?

Queda planteado el desafío. La cancelación de las expectativas como consecuencia de la crisis económica abre las puertas de la ingobernabilidad, en particular en una nación donde los tiroteos son cotidianos y las muertes violentas se cuentan por miles. La nueva legislatura tiene sobre sus hombros una responsabilidad monumental. De las decisiones que tomen los partidos políticos ahí representados dependerá en buena medida que salgamos de la barranca y retomemos el camino, o que nos precipitemos hasta el fondo. Cuidado.

Casitas

Si se hubiera tomado la molestia de leer con atención las notas que publicó La Crónica de Hoy sobre Casitas del Sur, como parte de una red internacional de tráfico de menores, el procurador capitalino, Miguel Mancera, se hubiera ahorrado muchos problemas. Ni cómo ayudarlo.

Fuego de virutas

Marcelino Perelló
bruixa@prodigy.net.mx
Excélsior

En el centro del centro de América se encuentra Honduras. Muy probablemente el país más atrasado, en todos los aspectos, de la región.

Los mexicanos insistimos en considerarnos parte de América del Norte. Y queremos que los otros nos consideren así. No se acaba de entender este deseo compulsivo de pertenecer al septentrión ni qué ventajas podría reportarnos. Al formar parte de Norteamérica nos convertimos automáticamente en cola de león. Si nos asumiéramos centroamericanos seríamos cabeza de ratón. La disyuntiva no es sencilla, lo reconozco. Pero yo prefiero la cabeza, cualquier cabeza, que la cola, cualquier cola.

Desde la perspectiva estrictamente geográfica, México estaría dividido entre los dos subcontinentes. Hasta el Istmo de Tehuantepec (que tampoco acaba de ser un istmo, pa’acabarla de enredar) llegaría América del Norte; de ahí pal’real es América Central hasta el Tapón del Darién, al sur de Panamá. Ahí comienza Sudamérica.

En una óptica histórica las cosas son parecidas pero no idénticas. Mesoamérica, como estructura cultural, se inicia más al norte, en el Pánuco, y termina también antes, en la Sierra la Esperanza y el río Sico en Honduras. Finalmente, en la geografía humana actual, obviamente, la América wasp, rica y angloparlante, llega tan sólo hasta el Bravo y el Colorado. Al sur todo son cardos. Cuando se produce en España el derrocamiento de Fernando VII y el ascenso al trono del hermano de Napoleón, Pepe Botella, gran número de fuerzas insurgentes en las colonias americanas se solidarizan con el borbón y proclaman su independencia de la casa de los Bonaparte. En la Nueva España, que comprendía desde el norte de California hasta el sur de Nicaragua, se instituye el 16 de septiembre de 1821 como la fecha canónica de su nacimiento como Estado independiente.

Ahí están, por supuesto, las que hoy son las repúblicas centroamericanas, a excepción de Panamá, que seguirá su curso y acabará incorporándose a la Colombia bolivariana. La vieja Nueva España es un territorio demasiado extenso para las escuálidas posibilidades de los nuevos gobiernos, y las fuerzas centrífugas, tanto hacia el norte como hacia el sur, acabarán desmembrándolo.

Rápidamente, Costa Rica y Granada se escindirán del Imperio Mexicano. Poco después, con el derrocamiento de Iturbide, se funda la Unión Centroamericana, que a la postre se convertirá, en 1824, en la efímera República Federal de Centroamérica. Los cacicazgos herederos de las viejas encomiendas harán estallar el proyecto en mil pedazos. En fin, en nueve.

En el centro del centro de América se encuentra Honduras. Muy probablemente el país más atrasado, en todos los aspectos, de la región. Honduras es el prototipo de lo que durante muchos años se llamó “república bananera”. Las dictaduras militares y los golpes de Estado se sucedían uno tras otro, con una frecuencia cuasi periódica, mientras los auténticos dueños del país, la United Fruit, la Standard Fruit Company y la Cuyamel Fruit Company, permanecían incólumes. Del viejo sueño libertario del gran Francisco Morazán, padre de la patria hondureña, no acabó quedando nada. Ni crea que hoy, 200 años después, ya bien entrado (ya bien metido) el siglo XXI, las cosas han cambiado mucho. A lo mejor el plátano ya no juega el papel de hace cien años, pero la atormentada Honduras sigue siendo presa de los intereses mezquinos e inconfesables de fuerzas ajenas.

¿Qué sucedió en realidad esa madrugada de este 28 de junio? Lo que sabemos, lo sabemos. Y lo que ignoramos, lo ignoramos. Es un buen inicio. Perspicaces sí somos. Informados, no. Sabemos que el ejército irrumpe en casa del presidente Constitucional de la República de Honduras. Lo detienen, o lo secuestran. Es ahí donde empezamos a ignorar. Lo suben a un avión que lo depositará en San José, Costa Rica, sin mayores contratiempos. Dorso contra palma, palma contra dorso. Misión cumplida.

La prensa del mundo entero hablará de golpe de Estado. No, pos sí. Cuando el ejército depone a un mandatario civil legítimamente elegido, se trata de un golpe de Estado. Eso sabíamos nosotros. Y lo sabíamos bien; la historia de tan entretenidas peripecias es, en nuestro continente, larga, ancha y exuberante. Pero aquí empiezan a moverse los tapetes. Cuando los tapetes se mueven con todo y suelo, no hay de qué preocuparse. Es un temblor. Pero cuando el tapete se mueve y el suelo no, la angustia ha lugar. Algo fuera de control está pasando.

Porque resulta que los milicos actúan bajo órdenes expresas de la Corte Suprema de Justicia, que ha colocado al presidente fuera de la ley. Que el ejército, en un golpe de mano, deponga a un mandatario, y que a eso le llamemos “golpe de Estado”, pase. Pero que sea el máximo tribunal de la nación el que lo dé, eso ya es más complicado.

Para más inri, al día siguiente el Congreso Nacional de Diputados aprueba por unanimidad (leyó usted bien, enredado lector: por unanimidad) la renuncia del presidente. Lo del golpe de Estado se va difuminando como dona de humo. En sesión plenaria se lee una carta de resignación del presidente. Éste, desde San José, niega haberla escrito. ¿Tiene usted elementos, sabueso lector, si sí o si no? Yo no. Pero no tiene demasiada importancia.

En cualquier caso se trataría de un “golpe de Estado” perpetrado desde dos de los tres poderes de ese Estado. Y eso de plano ya no checa. Está sucediendo algo que ya no está en los esquemas. Como no está en ningún esquema que el presidente depuesto implore la intervención de Estados Unidos para restablecer el orden constitucional. Eso checa menos. Buena parte de todo este merequetengue lo explica la pintoresca personalidad del presidente depuesto: Manuel Zelaya. Uno como Fox, pero tantito más rústico. Si es que eso fuera posible. Por lo visto a Zelaya no le gustó la idea de que a finales de este año, cuando su mandato terminaba, tuviera que regresar a su respectivo rancho San Cristóbal, pero sin Martita. Y con más plátanos que caballos.

Y entonces se saca de la manga un referéndum para modificar la Constitución. La Corte Suprema le dice que no. El Congreso Nacional le dice que no. Y él dice que sí. Por sus pistolas (alardea que porta tres, que no le sirvieron de mucho el día que lo detuvieron; y es que andaba en pijama) ordena colocar una urna más en las casillas para los comicios que tendrían lugar ese día. Y ello desencadena los acontecimientos.

Zelaya es un hombre de derecha. Lo ha sido toda su vida. Caudillo latifundista. Bananero. Pero, una vez investido, en un desplante de frivolidad, decide coquetear con Hugo Chávez y su Alba. Vaya usted a saber por qué. Entre otras cosas porque quién sabe dónde quedó la izquierda. Cualquiera puede ser de izquierda. ¿Será por el petróleo venezolano? No creo. Sería demasiado sensato. Más bien por las feromonas. Es más sicología que política. Se identifica, de alguna manera, con ese estilo pour épater le bourgeois, que se ha impuesto últimamente en la izquierda latinoamericana, grotesca y vociferante a la Chávez o López Obrador. No hay nada serio ni consistente ahí.

De ahí esa insólita alianza mundial contra natura, que va desde Raúl hasta Barack, en defensa del payaso de Tegucigalpa. Esto, créame usted, no va a ninguna parte. Es fuego de virutas.

Siempre fue candidato

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio


Ahora buscará interpretarse a sí mismo. Todo un reto. Florestán


Cuando ocupó el cargo de jefe de Gobierno del Distrito Federal (2000-2005), Andrés Manuel López Obrador construyó la más formidable candidatura presidencial de oposición de la que haya registro, a partir de un engaño, Que me den por muerto, contestaba cada vez que le preguntaban sobre sus aspiraciones. Su respuesta era una mentira calculada para ocultar su principal proyecto: llegar a esa Presidencia de la República, en lo que trabajó con denuedo, atando todas sus decisiones y abstenciones de gobierno, a su proyecto de poder.

La obsesión de Vicente Fox de eliminarlo vía el desafuero se convirtió en la palanca que lo impulsó en el momento en que el calendario electoral lo permitió, línea de partida en la que se había colocado años atrás.

Así, de repetir que no pelearía con Cuauhtémoc Cárdenas, que antes se iría a La Chingada, su rancho en Tabasco, peleó con él y mandó a ese destino a todos, incluida la ventaja que parecía irremontable y que sólo uno, él, podía tirarla, como la tiró.

Tras el conflicto poselectoral, se declaró presidente legítimo, mandando el mensaje de que las urnas ya no eran su vía para llegar a la Presidencia de la República, al tiempo que repetía el eje de su anterior campaña presidencial, pero actualizado: que me den, otra vez, por muerto, ahora, claro, para 2012.

Unas semanas más tarde comenzó a dar pruebas de vida al decir que el mejor posicionado en las encuestas, él o Marcelo Ebrard, sería el candidato presidencial, todo por decisión suya.

Listo que es, construyó su plataforma vía PT-Convergencia, llevándolo al rompimiento del frente con el PRD, que ya no controlaba como en 2006.

Dejó pasar un mes después de las elecciones del 5 de julio, y de visita en Oaxaca, el 3 de agosto, ya resucitó y se destapó del todo, despojándose de la túnica de luchador social y anunciar su candidatura presidencial para 2012.

Se acabaron encuestas y evasivas.

Ya no podía más.

Retales

1. SODI. El que Demetrio Sodi haya rebasado su tope de campaña como candidato a jefe delegacional en Miguel Hidalgo coloca al PAN en una situación inédita: de prosperar lo que pospuso anoche, sería la primera vez que pierden esa delegación emblemática;

2. OPERACIÓN. Instancias políticas federales operan ya para que, de llegar, el caso sea resuelto a su favor por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. De lo contrario, si el tribunal local anula la elección y el TEPJF lo ratifica, habría que llamar a otro proceso pero ya sin candidato del PAN, sería sólo entre PRI y PRD; y

3. SODI. Y sería la segunda vez que Sodi pierde una elección con el PAN. La primera fue cuando hace tres años compitió por el gobierno del Distrito Federal y Marcelo Ebrard lo derrotó en toda la línea.

Nos vemos mañana, pero en privado.

Se va Medina Mora

Carlos Loret de Mola
Historias de un reportero
El Universal

Se va Medina Mora


Noé, te está esperando un vehículo abajo para llevarte a declarar —le dijo, seco, su jefe.

Había sido un hombre de su confianza. Lo puso en el cargo clave para romper con el grupo político-policiaco de José Luis Santiago Vasconcelos, que se sentía dueño de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, la SIEDO. Pero Noé Ramírez Mandujano traicionó a Eduardo Medina Mora.

Cuando le llegaron al procurador los primeros indicios de que su zar antidrogas recibía millonadas de los cárteles del narcotráfico, lo mandó de representante de la PGR a la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, con base en Bruselas, Bélgica.

Armó el expediente, y para traerlo a México sin levantar más sospechas de las que ya se tenían por su sorpresivo exilio, la PGR organizó una reunión de sus enviados a misiones de corte diplomático. Los juntó a todos en el DF, pero en realidad sólo quería tener a uno.

Sin chistar, como sabiendo que ese momento llegaría, Noé abordó el vehículo que le ofreció el procurador y lo siguiente fue saber públicamente de la acusación.

Dicen sus cercanos que ese ha sido el momento más duro de la gestión de Medina Mora. Cuando uno de los suyos se cambió de bando. “No podemos subestimar el poder corruptor del crimen organizado”, suele repetir al recordar la amarga anécdota.

Medina Mora y Genaro García Luna, el secretario de Seguridad Pública Federal, chocaron siempre en sus visiones sobre cómo enfrentar la guerra contra los delincuentes. Los pleitos abiertos se ventilaron en público, así como el respaldo de Felipe Calderón al segundo: él sí era su hombre de confianza. Alguien cercano a Los Pinos alguna vez tomó prestado el término a George Lucas en la Guerra de las Galaxias y definió: “Genaro es el jedi del Presidente”. Bajo estas sombras tuvo que operar tres años el titular de la PGR.

Eduardo Medina Mora está por dejar la Procuraduría General de la República. El destino, que deberá aprobar el Congreso, será la embajada en Gran Bretaña. El que nombre el Presidente debe acumular vistos buenos en el Ejército, Gobernación, Seguridad Pública… y claro, la Casa Blanca y el Senado mexicano.

SACIAMORBOS

Indignado por el resultado de la votación, con su habitual estilo bronco, exigió al dirigente nacional de su partido que le mostrara las boletas de una elección cuyos resultados suelen guardarse en secreto para no herir susceptibilidades. Demandó un recuento voto por voto, chepina por chepina… y así le fue: 122-20.