agosto 21, 2009

Todo sea por la causa

Denise Maerker
Atando Cabos
El Universal

Aunque están de moda los vampiros, los políticos no se imaginan a sí mismos como muchos los ven: con afilados colmillos, mirada turbia y una insaciable sed de dinero público. Y es que cuando se trata de gastar del erario todos tienen buenas razones para hacerlo. Salvo unos cuantos cínicos que no se engañan, pero sí pretenden hacerlo con nosotros, los demás tienen “causas”.

Ayer en Excélsior Andrés Becerril revelaba que la saliente fracción parlamentaria del PRD tomó del presupuesto para trabajos legislativos, originalmente destinada para labores de gestión social, la friolera de 50 millones de pesos para entregárselos directamente al movimiento de López Obrador. Esto sin contar con las aportaciones mensuales que cada uno de los 127 legisladores perredistas dio de su dieta para apoyar el financiamiento del gobierno legítimo.

Esto es posible por los pavorosos huecos que persisten en la cámara respecto del manejo de los recursos. Además de lo que gana cada legislador, las fracciones reciben dinero del que dispone con mucha libertad el coordinador de cada bancada. Antier, a la hora de hacer cuentas y ver por qué les faltaba dinero para liquidar a los trabajadores del PRD en la cámara, salió el dato. Los 50 millones que debieron servir para robustecer el trabajo de los diputados perredistas se fueron para financiar un movimiento político. Otros 10 millones para apuntalar las finanzas del PRD.

Nada se puede decir de lo que cada uno decida hacer con su sueldo, es cosa de ellos, pero lo otro es un abuso. Si de financiar la diversidad política se trata, ya gastamos suficiente dinero a través del IFE, en partidos y asociaciones políticas. El gobierno legítimo de López Obrador no es ni una cosa ni la otra.

Indigna que mientras se dan golpes de pecho, prometen ser austeros y honestos, contritos justifican estos desvíos. Las razones las hemos escuchado muchas veces: en 2006 hubo un fraude electoral y sólo López Obrador podía encauzar de forma pacífica el enojo popular, o había que darle recursos para que recorriera el país y, en el fondo, nos salió barato. En suma, lo hicieron por el movimiento, por una buena causa, por el país.

Urge ponerle límites a los diputados. Cada fracción tiene una idea diferente de lo que necesitamos y está visto que no dudan en ensuciar su reputación por el bien de todos. Pretenden no verlo, pero salta a la vista que la gran causa sorprendentemente termina siendo siempre su causa.

Entre la crisis tributaria y la financiera

Francisco Martín Moreno
fmartinmoreno@yahoo.com
Excélsior

En el Presupuesto de Egresos en el año 2006, 86% correspondió al gasto corriente, es decir, al pago de sueldos y honorarios de millones y más millones de burócratas, uno más ineficiente que el otro, al servicio del Estado.

Es bien sabido que las empresas mexicanas monopólicas o cuasi monopólicas pagan impuestos escandalosamente bajos si se toma en cuenta el nivel de ingresos obtenidos de fuentes nacionales e internacionales. ¿Evasión fiscal? No, por supuesto que no…, se trata de una bien urdida estrategia de elusión tributaria para pagar cantidades insignificantes de impuestos de cara a la ley… Si además de lo anterior tomamos en cuenta que existen 12.5 millones de mexicanos en la economía informal y que, por lo mismo, escasamente contribuyen al financiamiento del gasto público, sin olvidar a las decenas de miles de empresas pequeñas o medianas que practican a gran escala una abierta evasión fiscal, es claro que los impuestos recaudados por México en proporción al PIB son alarmantemente bajos si se les compara con algunos países del Cono Sur. La base de contribuyentes ha registrado crecimientos insignificantes en los últimos años, lo cual evidencia una falta de controles administrativos para detectar los ingresos obtenidos por contribuyentes, registrados o no, como acontece en otros países en donde cada operación comercial es captada por sofisticados sistemas administrativos de control de obligaciones fiscales, que anteriormente existían en México hasta que los técnicos fueron sustituidos por políticos ajenos a la carrera civil hacendaria.

Lo anteriormente expuesto adquiere tintes de verdadera preocupación si a la insignificante recaudación tributaria, se suma el hecho de la incapacidad del gobierno para gastar inteligentemente los escasos ingresos recaudados. Baste dejar en claro que en el Presupuesto de Egresos en el año 2006, 86% correspondió al gasto corriente, es decir, al pago de sueldos y honorarios de millones y más millones de burócratas, uno más ineficiente que el otro, al servicio del Estado. “Es evidente que el gasto no se canaliza a los llamados bienes de capital, es decir a las obras de construcción y al aumento y mejoramiento de la maquinaria y el equipo esenciales para alcanzar un mayor crecimiento económico” (ver México, crisis social de un modelo económico. José Luis de la Cruz Gallegos, Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México). ¿Cómo hablar de crecimiento económico cuando el Presupuesto federal de Egresos es consumido por el gasto corriente, por las aberrantes prestaciones burocráticas y por la deuda pública que reclama aproximadamente el uso de 182 mil millones de pesos (el doble del presupuesto de ingresos estimados para el Distrito Federal en 2006), de los cuales 172 mil millones corresponden a intereses, mil 700 millones a comisiones y siete mil 800 millones a gastos? Aún hay más, “debe puntualizarse que más de 16 mil millones de dólares anuales del presupuesto federal se están destinando tan sólo al pago de los intereses de la deuda, es decir, con 182 mil millones de pesos al año ni siquiera se espera una reducción del monto del endeudamiento: esos recursos financieros únicamente cubren los intereses.” (ídem) ¿Cuándo acabaremos de pagar sobre esta base? ¿Y la construcción de obras de infraestructura y la inversión de bienes de capital..?

Por si lo anterior fuera insuficiente, el presupuesto contempla 37 mil millones de pesos al año destinados al rescate bancario derivado del quebranto económico de 1995, miles de millones que, por supuesto, no están canalizados al sector productivo ni impulsarán el crecimiento económico ni se destinarán a la construcción y el equipamiento de tecnológicos a lo largo y ancho del país, estrategia que fue una de las claves del meteórico desarrollo económico asiático. El Presupuesto de Egresos no está diseñado para crecer económica y culturalmente, sino para sepultarnos en el inmovilismo y, por ende, en la desesperante mediocridad…

En síntesis, si la recaudación es insignificante en relación con el PIB, y la crisis tributaria que se acentúa porque el Congreso se niega a universalizar e incrementar el IVA con todas sus evidentes ventajas y, por otra parte, 95% del presupuesto se destina a gasto corriente, al sueldo de los burócratas, incluidas las escandalosas prestaciones de los legisladores, a la deuda externa y la interna, ¿de dónde vamos a sacar los recursos para generar el crecimiento económico que el país demanda a gritos cada día más audibles y desesperados?

Una de las soluciones se encuentran en la apertura audaz e inteligente de la industria petrolera y la eléctrica. Los estudios actuales confirman que con la sola apertura petrolera, como acontece en 99.99% de los países del orbe, se captarían 600 mil millones de dólares en tan sólo ocho años, con lo cual se podrían amortizar las deudas y utilizar el Presupuesto federal de Egresos en una herramienta colosal para rescatar de la miseria a millones de mexicanos y cancelar la posibilidad de una efervescencia social previsible en el corto plazo.

De un presupuesto devorado por la deuda, por los salarios burocráticos, por los subsidios, por el IFE, por el costo de las campañas electorales, sólo podemos esperar la inmovilidad económica y de ahí todas las consecuencias sociales de las que nadie quiere acordarse…

El cinismo legislativo

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

La degradación de la verdad es parte
de nuestra democracia, pero también
parte de su degradación. Florestán


Hace unos días, el diputado de Acción Nacional Gerardo Priego anunció la devolución de un millón de pesos en vales de boletos de avión no utilizados.

Este legislador tabasqueño, con su decisión, ponía en evidencia a sus otros 499 pares legislativos que se guardaron, o clavaron, el sobrante.

La decisión del panista puso también de manifiesto la opacidad y el despilfarro en el que viven los legisladores cuando son capaces de gastarse, entre todos, cerca de mil millones de pesos en tres años de pasajes de gorra a costillas de todos los demás mexicanos.

Pero si le decía que la revelación y devolución de esos excedentes por parte del diputado Priego exhibió a los diputados, la reacción de éstos desnudó su cinismo, caradura y complicidad.

El que llevó la voz cantante fue su paisano y compañero de partido, el ex priista Juan José Rodríguez Pratts quien, indignado, afirmó que “no tenía autoridad moral para devolver dinero”. ¡Sí!, así como lo lee usted, lector, lo que los retrata a todos.

¡Cómo que un diputado no tiene autoridad moral para devolver un sobrante de un millón de pesos que no usó! ¿Es que se necesita autoridad moral para regresar lo que no es suyo?

El mismo Rodríguez Pratts, indignado, acusó a Priego de denigrar al Congreso “toda vez que hizo aparecer a todos los legisladores como personas que cobran mucho dinero y no trabajan”.

Y, ciertamente, la devolución de esos gastos no utilizados evidenció la opacidad y derroche del Congreso, pero más los evidenció las reacciones de crítica como la de Rodríguez Pratts, a quien habría que pedirle cuentas de sus gastos, al igual que a todos los demás legisladores que consideran que la transparencia es un asunto de los demás y el fuero, tapadera.

Retales

1. DISIDENCIA. César Augusto Santiago no está de acuerdo con la decisión de que Francisco Rojas sea el coordinador de los diputados priistas y, con el respaldo de Ulises Ruiz, busca esa posición que se decidirá el lunes en el PRI;

2. IR O NO IR. El presidente Calderón irá a San Lázaro, el 1 de septiembre, a entregar su tercer informe, de acuerdo con la reforma constitucional. El sector duro del PRD quiere que vaya para decirle desde la tribuna lo que el legítimo le grita en las plazas. El año pasado tuvieron que negociar hasta qué tipo de micrófono usaría Calderón para decir que entregaba el documento y desde dónde, la escalera o la tribuna; y

3. DIFÍCIL. Fernando Gómez Mont, como secretario de Gobernación, responde a los reclamos populares en materia de seguridad y pide, sobre todo a los familiares de las víctimas, lo que llama un juicio justo y sereno, demanda injusta para quienes son víctimas de la inseguridad y de la impunidad. ¿Y como abogado?

Nos vemos el martes, pero en privado.