agosto 26, 2009

La feroz venganza de Ebrard

René Avilés Fabila
La Crónica de Hoy

Pocas veces he visto tanto encono como en el caso de Demetrio Sodi. El PRD ha logrado eliminar sus pugnas internas y enfocar las baterías en su contra. Los medios, no todos, desde luego, cooperan con entusiasmo porque en el DF, asiento de esos mismos medios, gobierna el temible y vengativo PRD. A Sodi lo veo abrumado por enemistades, pero ¿de dónde surge tanto odio? Hace muchos años, Demetrio Sodi convocó a un plebiscito ciudadano para dar un primer paso a favor de la libertad del DF para elegir autoridades. No más regentes impuestos. ¿Alguien conserva la memoria de aquel hecho inusual y valeroso? Al parecer nadie.

El asunto fue complicado, lo recuerdo porque me tocó participar como activista de tal suceso memorable. ¿Quiénes estaban en el poder? Si usted me responde que Manuel Camacho y su escudero Marcelo Ebrard, ha atinado. La pataleta de ambos personajes fue memorable. El exitoso acto para lograr independizar al DF se hacía contra la voluntad del regente capitalino Manuel Camacho, quien llegó a ese alto cargo merced a la designación de Carlos Salinas. Es obvio que aparecieron los actos de corrupción y autoritarismo del equipo que gobernaba el DF. No imaginé que, luego de tanto tiempo, el odio de Ebrard permaneciera vigente. Pareciera que Camacho y su leal escudero Marcelo hubiesen perdido la Presidencia de México a causa de aquella acción ciudadana que encabezó Demetrio y que fue apoyada por miles y miles de capitalinos. A ese grupo se le escapó la candidatura presidencial por su voracidad desmedida: Camacho jugaba en todos los frentes, era excesivamente visible en sus intenciones políticas, en todo estaba presente y nada le salía bien. Eran mayores sus ambiciones que su talento político. En tanto, Colosio trabajaba con discreción, como eran las reglas de aquellos tiempos. El resto es una trágica historia. Nadie debería dejar de lado la reacción brutal de este grupo que ahora presume su pluralidad, sus posturas “izquierdistas” y su amor por la democracia. No sugiero que haya asesinado a Luis Donaldo, pero la brutal rabieta de Camacho y su equipo contribuyó a enrarecer el ambiente político al grado de empujar a un demente a disparar contra el candidato presidencial del PRI.

Mucho después, vino la salida de Sodi de un partido que heredaba los peores vicios del PRI, ninguna de sus virtudes, que se corrompía ante los ojos de la ciudadanía y su paso a la candidatura ciudadana contra el invencible PRD capitalino que ganó Marcelo Ebrard. En estos tres años han sucedido muchas cosas. El jefe de gobierno necesita urgentemente mostrarle a López Obrador, a Juanito y a muchos más que él es el mejor aspirante presidencial del PRD y anexas. Por lo tanto, requiere un control absoluto de la capital, su principal y casi única fuerza real. Por ello la desesperación por quitarle al PAN Cuajimalpa y Miguel Hidalgo. De lograrlo, con un dócil IEDF, en verdad lacayuno, Marcelo tendría posibilidades de liderar al menos a una buena porción de lo que resta del PRD.

Del lado del PAN, imagino su preocupación, aunque Demetrio Sodi no sea panista, Los Pinos, la casa donde habita Felipe Calderón, quedará como una isla en medio de amarillos. Miguel Hidalgo es la joya de la corona. De hecho, Fox y especialmente Calderón han estado “presos” en un islote que los perredistas consideran como de su propiedad: la capital. En realidad, la lucha comenzó contra Gabriela Cuevas y continuó ferozmente contra Sodi. Pensaron que Ana Gabriela Guevara y su equipo de “expertos” sería útil para ganar la delegación, pero se equivocaron. Ahora los perredistas al servicio no de la militancia sino de los intereses personales de Marcelo, van con todo su poder contra Carlos Orvañanos y principalmente contra Demetrio Sodi. Sin escrúpulos mienten, utilizan al lamentable y patético IEDF como punta de lanza. Si el PAN fuera más aguerrido, tendría que hacer lo mismo en Coyoacán, donde los perredistas no sólo rebasaron los gastos de campaña, sino que a duras penas lograron retener la delegación y por muy modesto margen. Por muchos más votos ganó Sodi en Miguel Hidalgo.

Pero, pregunto, ¿y todos los votos que obtuvo Demetrio Sodi? ¿No serán considerados?, ¿nada valen?, ¿son ciudadanos que no merecen respeto? ¿En verdad el PRD está seguro de que sus gastos en esa zona no rebasaron los topes de campaña al invertir en programas televisivos donde mostraban a la corredora ahora como política? No cabe duda que Sodi es víctima de una guerra sucia por una sola razón, no tanto por el odio que le despierte a Ebrard y a Manuel Camacho, sino porque necesitan un control férreo de la capital. De lo contrario, ya podrían despedirse de las ambiciones presidenciales. O, en todo caso, dejárselas al célebre Juanito, quien ahora merced a los medios de comunicación ya es una figura de primer nivel, superior al Peje, inventor del monstruo.

Hablar bien de México

Armando Román Zozaya
armando.roman@anahuac.mx
Excélsior

En invierno patinamos en una enorme pista de hielo mientras que, en verano, disfrutamos de playas artificiales.

Dice Felipe Calderón que muchos hablan mal de México. Esto resulta en que la imagen del país en el exterior se ha vuelto muy mala. No es la primera vez que el mandatrio reclama a aquellos que señalan nuestras carencias y limitaciones. En concreto, en febrero pasado, a quienes piensan que estamos mal, los llamó “catastrofistas” que se dedican a, “deliberadamente, falsear, dividir o enconar”. De esto se desprenden dos cuestiones que preocupan: 1) un Presidente autoritario y, 2), una alarmante incapacidad, de parte de él mismo y de su equipo, para darse cuenta de qué país gobiernan.

Si la imagen de México en el exterior es mala porque hay quienes eso comentan, lo que debe hacerse para cambiarla es, simplemente, callar tales voces: a partir de ahora, hablemos bien de México. Y ya está. No es necesario resolver ninguno de nuestros problemas. Por ejemplo, en vez de destacar que 20 millones de mexicanos no tienen ni siquiera para comer, debe resaltarse que un pequeño porcentaje de la población cuenta con una enorme cantidad de recursos: las oportunidades de negocios son evidentes. Otro ejemplo: en vez de quejarnos y pedirle a las autoridades que hagan algo respecto a los cotidianos secuestros y asaltos, mejor subrayemos que, al menos en la Ciudad de México, en invierno patinamos en una enorme pista de hielo mientras que, en verano, disfrutamos de playas artificiales. Uno más: en vez de exigir y reclamar porque vivimos sumidos en redes de corrupción y extorsión en las que están involucrados quienes, se supone, nos deberían proteger, mejor celebremos que somos un país al que le va tan bien que hasta nos damos el lujo es un premio bien merecido, por su estupenda y digna laborde que nuestros legisladores ganen una fortuna, disfruten de maravillosas prestaciones y hasta se queden con el dinero correspondiente a viajes por avión que no hayan utilizado mientras ocuparon sus cargos. Otro más: no exijamos justicia por la muerte de 50 niños en una guardería; mejor celebremos que, en términos reales, los ministros de la Suprema Corte de Justicia son probablemente los funcionarios públicos mejor pagados del mundo, cuestión que refleja que en nuestro país la justicia funciona perfectamente. Por último: no nos fijemos en que la presidenta vitalicia del Sindicato de Trabajadores de la Educación no sabe leer adecuadamente y ni siquiera se entera de lo que ocurre en el país. Tampoco notemos que 75% de los maestros que acaban de concursar por una plaza reprobaron el examen. Mejor destaquemos que, en México, los salarios son más bajos que en otros países, lo que ayuda a atraer inversionistas extranjeros. Del hecho de que el nivel salarial sea bajo porque la productividad es poca y esto ocurre porque nuestro sistema educativo es patético, no digamos nada; no seamos aguafiestas.

Si hacemos lo anterior, los inversionistas de otros países, los turistas, los gobiernos de las demás naciones, las empresas transnacionales, los organismos internacionales, las ONG también internacionales, y cualquier persona, sabrán que México es un país donde la gente se siente segura, se invierte y se produce sin problemas. Una vez que la imagen de la nación haya cambiado, todo será diferente: ya no habrá secuestros ni violaciones ni trata de personas ni robo de menores ni funcionarios corruptos ni legisladores inútiles ni partidos políticos que nada más estorban ni sindicatos que no permiten la modernización de la educación y de la economía ni una empresa petrolera que antes era líder en su ramo y ahora está cerca de quebrar, ni finanzas públicas en crisis estructural porque dependen desde hace mucho tiempo de dicha empresa, ni nada malo. Lo mejor de todo es que nuestros problemas se habrán solucionado, literalmente, de un plumazo, sin hacer nada de fondo al respecto, sin esfuerzo alguno.

Caray: ¡qué brutos son quienes piensan que el país está mal! Mejor que no se alarmen, ya no mientan deliberadamente, ya no enconen ni dividan, que hablen bien de México y disfruten del país en el que viven el señor Calderón y sus colaboradores. Si usted insiste, amigo lector, en que las cosas no están bien, no se apure: el Presidente le hará ver que es usted un catastrofista, un sicótico y le quitará la venda de los ojos. Pero no porque sea autoritario y lo quiera obligar a ver el país que él ve, sino porque le está haciendo el favor de aclararle la visión: no sea usted, pues, malagradecido y, como comentábamos, a partir de ya, hable bien de México: en eso, y no en la solución real de nuestros problemas, radica la ruta a un país mejor: obvio.

Política de pantalla

Ezra Shabot
Línea directa
El Universal

Las estrategias mediáticas de los políticos son en muchos casos la causa de una victoria o derrota electoral

Las estrategias mediáticas de los políticos son en muchos casos la causa de una victoria o derrota electoral. El poder de los medios electrónicos para inclinar la balanza de la preferencia de los votantes a favor de uno u otro personaje es algo reconocido y, por lo tanto, vigilado por la autoridad.

Aparecer en televisión y en menor medida en la radio convierte al político en una estrella capaz de atraer simpatías si es que la campaña es manejada con profesionalismo y eficacia. Las limitaciones impuestas por la ley electoral para evitar que millones de pesos fluyeran a las arcas de las empresas de comunicación electrónica no lograron reducir el negocio de la política, sino que simplemente cambiaron la forma de operar.

Es este el caso del gobernador del estado de México, quien durante su campaña para la gubernatura hizo uso de estos instrumentos, y descubrió lo que una imagen joven y apuesta difundida masivamente puede generar en el terreno electoral.

Por ello consiguió establecer un acuerdo con Televisa para mantener su figura en los horarios de mayor audiencia, y con ello ampliar a nivel nacional ese perfil de político atractivo y galán. Además, recurrió a otro instrumento de difusión masiva a través de las revistas del corazón, en las que su vida privada se convirtió en un elemento eficaz para darse a conocer y aumentar su popularidad.

El resultado de la estrategia no podría haber sido mejor. Más de 80% de la población en el país lo conoce y expresa sobre él una opinión positiva. Además, haber barrido con el PAN y el PRD en la elección de julio fue otra muestra del éxito mediático.

Es por ello que ya desde hoy las baterías de panistas y perredistas se enfilan contra un casi seguro candidato a la Presidencia al exigir que se investigue la campaña televisiva del gobernador. Pocos son los errores que ha cometido Peña Nieto durante su gestión, y la parte más débil sigue siendo su relación con Arturo Montiel, de la cual nunca expresó rechazo o ruptura alguna.

También el hecho de que haya llevado su vida privada al mundo del espectáculo abre la puerta para una campaña de desprestigio al haber introducido voluntariamente sus asuntos particulares al ámbito público, en el que los golpes bajos se propinan sin piedad.

El góber de la tele podría perder la fuerza obtenida si durante los próximos tres años sigue apostando únicamente a una cara bonita, sin enfatizar su compromiso con un PRI diferente que hasta la fecha no ha dado muestras de surgir de su pasado autoritario.

Sí recaudan pero lo dilapidan criminalmente

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Les digo que, hasta ayer, mi cabecita no se había visto perturbada por la revelación, del tamaño de una casa, de que el supremo Gobierno de Estados Unidos (Mexicanos) sí ha estado embolsándose ingentes (he ahí una palabra, ingente, que en mi perra vida había utilizado pero que, vistas las circunstancias, merece figurar en este texto intrascendente), ingentes —repito— cantidades de dinero fresco que, visto que ese mismo supremo Gobierno no sabe, supuestamente, cobrar plata a los contribuyentes, las obtuvo de la manera más fácil y comodona, es decir, se dedicó a saquear las arcas de Pemex.

Si se fijan, como el monopolio petrolero del Estado nos pertenece a todos los mexicanos, pues realmente da igual que los recursos los aporte la empresa en vez de que seamos directamente nosotros quienes, al recibir los emolumentos que nos paga el patrón, le demos una sustanciosa tajada a doña Hacienda. Es más, es mucho menos doloroso pagar impuestos de esta manera.

El problema es que Pemex, justamente, anda mal. Muy mal. No tiene lana para explorar ni para invertir ni para modernizarse. Y, encima, los precios mundiales y nacionales y municipales de los hidrocarburos han caído estrepitosamente. Luego entonces, papá Gobierno ya no sabe qué hacer para cubrir los sueldos de sus empleados y para sostener esa entelequia llamada “gasto corriente” que, por lo visto, es la madre de todas las erogaciones y la mismísima razón de ser (raison d’être) de la cosa pública. Y, como la situación amenaza con devenir en quiebra pura y simple de todo el aparato oficial de la nación mexicana, entonces los responsables —y los irresponsables también— políticos de este sufrido país han intentado algunas acciones vagamente concluyentes para arreglar el problema: parieron un sucedáneo de “reforma fiscal” y tomaron otras medidas que en este momento no logro recordar. El propósito de todo esto era que los Gobierno de turno —priistas, panistas o perredistas— siguieran teniendo recursos para realizar acciones como otras tantas de las que, con perdón, tampoco me acuerdo.

Bueno, pues ésa es la gran cuestión. Porque, luego de recibir tanta plata, los resultados casi no se ven por ningún lado. Peor aún, las arcas del erario están vacías. Entonces no es un problema de recaudación. Sí recaudan. Pero gastan a tontas y locas. O, mejor dicho, dilapidan criminalmente los recursos de la nación. ¡Coño!