agosto 27, 2009

¡Ternurita! por Paco Calderón

México: país de liberales minoritarios

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Si se fijan ustedes, a cada afirmación sobre cualquier cosa se puede responder con un par de feroces refutaciones. Tú pensarías, por ejemplo, que el café es perjudicial para la salud. Pues no. Resulta que contiene sustancias que, según el especialista de turno, te ayudan a la digestión o te flexibilizan las arterias o te neutralizan las espantables consecuencias de los “radicales libres” o te evitan la oxidación. Pero, justamente en el momento en que, con la fanática determinación del converso, te dispones a agenciarte dos tazas cada mañana del Señor, lees en un diario que el café, por el contrario, hace subir las famosas bilirrubinas y, encima, provoca incómodas inapetencias sexuales. Esto, en lo que se refiere a los productos que los angustiados ciudadanos de la modernidad pueden consumir y que, por cuenta de una frenética búsqueda de remedios para evadir las durezas de la realidad, han alcanzado, en esta sociedad del entretenimiento forzoso, el rango de auténticos talismanes. Tenemos así cofradías que practican la religión del aguacate y otras que rinden pleitesía a la cebolla cruda. Pero, como les decía, en cuanto se funda una secta de adoradores de las verduras, aparece por ahí una nueva congregación de devotos de la carne de vaca. Y sí, alguna vez leí, en un semanario viejo del consultorio del dentista, que los aminoácidos de la chuleta son insustituibles y que no los suplantas aunque te atices medio kilo de nueces.

Es en el terreno de las ideologías, sin embargo, donde se manifiestan de manera más inquietante las divergencias. Porque las ideas, cuando se trasmutan en preceptos obligatorios —es decir, de forzado acatamiento— dejan de ser meras entelequias y determinan fatalmente la realidad. El comunismo pretendía encarnar la más hermosa de las utopías y terminó siendo un infierno terrenal donde murieron millones de personas perfectamente inocentes. Hoy, el capitalismo salvaje de Rusia es insultante e injusto (aunque mucho menos mortífero). Ambas doctrinas, la colectivista y la del libre mercado, llevadas a los extremos, se sustentan en la negación absoluta del contrario. No hay, por lo tanto, espacio para retomar, así fuere por mera curiosidad, ningún elemento ajeno que pueda modificar mínimamente una sectaria concepción del mundo.

Aquí vivimos, a diario, el consabido enfrentamiento entre dos bandos rivales. Los liberales, con todo, son una minoría que no logra hacer oír su voz. No hay equilibrio. Por eso, tal vez, este país no cambia
verdaderamente.

Dos códigos postales en AL

Jorge G. Castañeda
jorgegcastaneda@gmail.com
Reforma

El aparente fracaso de una solución negociada a la crisis hondureña seguramente va a servir como catalizador de nuevas divisiones en la región y de la región con Estados Unidos y Canadá. Como se sabe, el gobierno de facto se niega a cualquier acuerdo que implique el retorno, por efímero que sea, de Zelaya. La unión -con mayor o menor convencimiento- de todo el hemisferio a favor de un arreglo basado en ese retorno, aunque fuera de pisa y corre, no ha bastado para alcanzar una salida aceptable para todos. A menos que uno crea las insensateces de Chávez a propósito de la complicidad de Washington con el golpe del 28 de junio y con la negativa de Micheletti a toda propuesta, probablemente la única respuesta a ¿por qué no se ha podido? es la que ofrecía un Presidente latinoamericano hace unos días: porque Zelaya simplemente carece de apoyo interno.

Todo esto conduce a un callejón sin salida, o a una posible trampa montada por Chávez y el ALBA en la que parecen haber caído ya España, Argentina, México y otros. Si no hay solución a finales de noviembre cuando se celebrarán las elecciones, incluyendo las denuncias de Human Rights Watch, la comunidad internacional va a verse ante una disyuntiva diabólica: o bien acepta la tesis de sentido común, aunque absurda, de que un gobierno ilegítimo no puede organizar elecciones legítimas; o bien se resigna y el próximo presidente de Honduras, democráticamente electo y reconocido, será el que emane de esas elecciones y el derrocamiento funcionó.

Digo tesis de sentido común pero absurda porque aquí yace la clave de la crisis y el meollo de la trampa. Nadie con un mínimo conocimiento de la historia de los últimos 30 años puede argumentar la ilegitimidad por una razón: por definición, el proceso fundacional de un régimen democrático que sustituye a uno autoritario proviene de elecciones organizadas por una dictadura o su equivalente, con mayores o menores niveles de negociación, supervisión internacional o unilateralidad del régimen saliente. En Chile, en 1988, Pinochet impuso el referéndum con sus propias condiciones; en España, en 1977, el rey Juan Carlos logró una importante negociación previa; y en varios de los países del este europeo las elecciones las realizaron los regímenes autoritarios salientes, cuyo mejor ejemplo fue el de Jaruzelski en Polonia. En 1994, en Sudáfrica, fue el régimen del apartheid el que administró el proceso electoral en el que triunfó Mandela. No hay otra manera de hacerlo cuando se trata de una transición pacífica a la democracia. Por ello la tesis de ilegitimidad carece de sentido.

Lo que sí importa en Honduras es que las elecciones de noviembre se realicen con muchos observadores internacionales, con una autoridad electoral independiente, con la plena participación de todos los grupos políticos y con acceso equitativo a medios, etcétera. Si en los próximos días se comprueba que no existe manera de imponerle a Micheletti el retorno de Zelaya, por lo menos algunos países del continente deberían desde ahora asegurar que las elecciones sean libres y equitativas, en lugar que seguir haciéndole el caldo gordo a Chávez.

En días recientes, voces inteligentes han sugerido que el dilema mexicano del Código Postal, aquí mencionado semanas atrás, no es tal. Se puede, dicen, residir en un c.p. en cuanto a la retórica (el de la nostalgia, de las hermanas repúblicas, etcétera) y en el c.p. de la sustancia (el de Norteamérica). Además de discrepar con el intento de mantener vivo cualquier componente de la simulación mexicana, el caso de Honduras muestra que no existe esa América Latina unida y cercana a nuestro corazón con la que debiéramos mantener relaciones retóricas, mientras nos concentramos en desarrollarnos gracias a nuestra relación con EU. Lo que existe es una profunda división entre dos grandes ejes, dentro de cada país y entre casi todos los países. O si se prefiere: en América Latina ya hay dos códigos postales.

Diputados dieron a AMLO 50 millones

Destinan presupuesto de la Cámara a AMLO
Andrés Becerril
Excélsior

En los tres años de la LX Legislatura, la fracción del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en la Cámara de Diputados aportó a las arcas de la “presidencia legítima” de Andrés Manuel López Obrador 50 millones de pesos del presupuesto de San Lázaro.

Según el arqueo final de los diputados perredistas salientes, que prácticamente ya abandonaron las instalaciones de ese recinto, su bancada entregó a la causa del tabasqueño esa cantidad proveniente del presupuesto para trabajos legislativos y que originalmente era para labores de gestión social (apoyo de los legisladores a sus distritos).

Esos 50 millones de pesos de los que dispuso el grupo perredista para dárselos a López Obrador son independientes de las cantidades que mensualmente aportaron a la “presidencia legítima” a través de sus sueldos los 127 integrantes de la fracción del PRD en la LXI Legislatura de San Lázaro, por lo menos hasta noviembre del año pasado.

Y es que a finales de 2008, el grupo de 60 legisladores de Nueva Izquierda, encabezados por Antonio Ortega, hermano del líder nacional perredista, Jesús Ortega, anunció que retiraban el apoyo económico al ex candidato presidencial.

Esta decisión obedeció a que un grupo de diputados de Izquierda Unida, afines al tabasqueño, había determinado que cada diputado del Frente Amplio Progresista entregara 20 mil pesos para dar aguinaldo a López Obrador

Además de los 50 millones que entregó la fracción perredista al ex jefe de Gobierno de la Ciudad de México, en el arqueo se conoció que el PRD nacional recibió de los mismos gastos de gestoría social diez millones de pesos de 2006 a 2009.

El martes por la noche un grupo de diputados del PRD se reunió en privado para hacer las cuentas de cómo habían quedado los gastos de su paso por el Legislativo, aparte de tratar el problema laboral de decenas de trabajadores al servicio de su fracción que podrían ser despedidos en las próximas horas.

Entre los trabajadores de base que reclaman los pagos hay quienes tienen desde 15 hasta tres años de labor en la Cámara de Diputados. Se supone que deberían recibir de 500 mil a 100 mil pesos, de acuerdo con su antigüedad.

En esa reunión, a la que asistió la diputada Sonia Ibarra, se conoció además que la fracción perredista en la Cámara de Diputados aún dispone de diez millones de pesos. Una de las propuestas fue que ese dinero se entregara de manera directa e inmediata a la causa de López Obrador, a lo que la mayoría de los asistentes se negó.

Según algunos legisladores perredistas que participaron en el arqueo interno, otro de las planteamientos fue que dispusiera de ese sobrante de diez millones de pesos el coordinador de la nueva bancada de ese partido, Alejandro Encinas, lo que tampoco fue aprobado.

También en ese encuentro, los diputados salientes acordaron que si esta cantidad no es utilizada para liquidar a los trabajadores mencionados, se divida en partes iguales entre todos los integrantes de la fracción parlamentaria que el sábado próximo, cuando rendirán protesta los nuevos legisladores, finaliza sus funciones.

Es decir que de aprobarse este último planteamiento, cada diputado del PRD se despediría de las labores de la LX Legislatura con alrededor de 80 mil pesos más.

“Juanito” está mareado

Carlos Loret de Mola
Historias de un reportero
El Universal

Le está gustando la fama. Se fascina al verse en la tele. Se regodea enlistando los países de donde le han llamado para entrevistarlo. Habla de sí mismo en tercera persona, como Hugo Sánchez.

Quiere quedarse con Iztapalapa, con el del DF, con la Presidencia y si alguien lo provoca —“¿por qué no, si el pueblo manda?”— a la Casa Blanca o la Secretaría General de la ONU. Está crecido, creído, Rafael Acosta Ángeles Juanito. Su caso no es sólo folclórico. Es conducto para retratar la pobreza de personajes e instituciones en la democracia mexicana:

Su “toma de posesión” exhibió al López Obrador más autoritario y déspota del que se tenga registro público (“El verdadero Andrés Manuel”, le dice Denise Maerker).

Su campaña demostró que el acarreo de los caciques y el uso de gobierno en la inducción del voto mandan en nuestra vida electoral: el PRD en Iztapalapa operó como el PRI en el estado de México o el PAN en Guanajuato. Con un grito, AMLO movió a la masa del PRD al PT.

Su triunfo amplio sobre Silvia Oliva desnudó al Tribunal Electoral y dejó a Los Chuchos como simples mapaches; demostró que tenían razón Clara Brugada y López Obrador: ellos eran apoyados por mucho más gente y los magistrados les quitaron injustamente la candidatura del PRD.

Su condición para dejar la delegación —recibir la mitad de los puestos para repartirlos entre sus petistas— confirmó cómo se manejan las cosas en la política y cómo el poder hace iguales a los que se claman distintos. Su nuevo hogar —un hotel de la colonia Juárez donde vive hace mes y medio por las amenazas de muerte de los lopezobradoristas de Brugada— resalta hasta de qué son capaces por un puesto.

Su mareo lo ridiculiza a él mismo: ¿en serio creerá que hubiera ganado sin la cargada y el dedazo de Andrés Manuel?

Su coqueteo con la posibilidad de no renunciar al cargo, como lo prometió a su presidente legítimo en aquel multicitado mitin, ha animado a la derecha, a los anti-AMLO a dejar de considerarlo “Juanito, el pelele del Peje” para convertirlo en una especie de don Rafael Acosta Ángeles, señor jefe delegacional electo, a quien conminan a entender “la misión que le ha confiado el pueblo con su voto”, no renunciar y con ello aguarle la fiesta al tabasqueño.

Sus dudas despiertan la avaricia de quienes quieren quedarse con Iztapalapa y sus casi 4 mil millones de pesos de presupuesto: ya lo buscaron enviados de Peña Nieto para consolidar el corredor priísta ahora que tiene en la bolsa Neza y de René Arce (Horacio Martínez se coló como su asesor) para recuperar lo que fue por años su dominio.

SACIAMORBOS

De Oaxaca y Veracruz llegaron las presiones internas al PRI: los “demócratas” querían aprovechar su mayoría con el Verde para agandallarse en la repartición de comisiones en la Cámara de Diputados.

Calderón, a pedir perdón

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

La pregunta típica ante el tercer Informe de Gobierno debía ser: ¿qué va a informar el Presidente? Sin embargo, la gestión de Calderón es atípica; escasean las buenas noticias y abundan los pendientes y las fallas, adversidades económicas globales, embates naturales y hasta pandemias.

Por tanto, más que informar de los escasos logros, el Presidente debe explicar dónde y por qué mudó el diseño original de su gestión, qué espera de los virajes y, sobre todo, dónde falló la estrategia, el diagnóstico o el equipo. Ante esa realidad, la pregunta es otra. ¿Reconocerá Felipe Calderón fallas? Otros creen que el asunto va más allá. Y preguntan: ¿pedirá perdón por esas fallas?

El único presidente que pidió perdón ante el Congreso —a políticos y gobernantes mexicanos no se les da la contrición ante los mandantes— es José López Portillo, quien al tomar posesión dijo en memorable discurso: “A los pobres si algo les pido es perdón, por no haber acertado a sacarlos de la miseria y la postración”. ¿Por qué muchos creen que Felipe Calderón debe pedir perdón a la mitad de su gestión?

Está claro que nadie pretende humillación y ridículo para el Presidente. Pero en democracia Felipe Calderón es el primer mandatario. Es decir, al que los mandantes —los ciudadanos— encomendaron la conducción del gobierno. El Presidente es depositario del mandato ciudadano. ¿Ejerció bien, mal o regular ese mandato? ¿Cumplió o no los objetivos trazados? ¿Se equivocó o no? ¿Por qué?

El Presidente no es Dios, tampoco infalible y menos todopoderoso como para no fallar. Y por eso mismo, porque es un mortal como todos los mandantes, debe reclamar el perdón de todos aquellos que con su voto lo llevaron al cargo, y a los que gobierna, por no haber cumplido sus expectativas. ¿Qué falló como para pedir perdón?

Poca cosa. El suyo no ha sido —a mitad del camino— el prometido gobierno del empleo, ni de la seguridad, menos de la prosperidad, y está muy lejos de ser el gobierno de oportunidades para los jóvenes, de la educación de calidad y suficiente para todos; y tampoco es el gobierno de la salud, de la calidad de vida, de la ecología, la protección de las aguas nacionales, los mantos acuíferos, los bosques y las selvas…

La crisis económica global, la caída en los ingresos petroleros, de la producción, de las remesas del vecino del norte, la sequía producto del calentamiento global, la influenza, la guerra contra el narco, la crisis educativa… todas las calamidades se dieron cita en la primera mitad de su gobierno, que no tiene la culpa, pero sí una elevada responsabilidad. Y esa responsabilidad falló. Por eso debe pedir perdón.