agosto 31, 2009

Felipe ya no es espurio; ni Andrés, legítimo

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Carlos Navarrete dialogará con Calderón
En Oaxaca, lista alianza de AMLO con AN


El tiempo, dice el refrán popular, “pone a cada quién en su sitio”. Y eso parece ocurrir entre el “espurio” y el “legítimo”, quienes antes y después de julio de 2006 llevaron al país a la más cruenta polarización que se recuerde en tiempos de democracia electoral.
Y es que ahora resulta que Felipe Calderón ya no es “espurio” y que López Obrador ya no es “legítimo”. ¿Qué tal? Bueno, para entender el galimatías en el que se han metido tanto azules como amarillos, vale recordar otro clásico de la cultura popular. A Rubén Blades y su éxito “Pedro Navajas”. Se acuerdan del estribillo que se hizo famoso en todo el mundo. “¡la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida!”.

Viene a cuento el tema porque ayer lunes se confirmó que Carlos Navarrete fue electo presidente del Senado —lo que por cierto adelantamos aquí el 17 de agosto pasado—, con lo que el guanajuatense ya está en la historia política mexicana al ser el primer senador surgido de un partido de izquierda que llega a tal cargo.

De larga trayectoria en la izquierda mexicana, Navarrete se dedicó a la política desde sus mocedades estudiantiles, en el extinto PST —partido que junto con otros era motejado como paraestatal—, y que fue pilar del nacimiento del PRD y de la corriente de Los Chuchos. Guste o no a sus detractores, Navarrete es uno de los políticos mas serios, congruentes y de los pocos autocríticos de la izquierda amarilla.

Y como la vida da sorpresas, al hablar de su nueva responsabilidad legislativa, Carlos Navarrete dijo sin tapujos que reconoce a Felipe Calderón como presidente constitucional, que en tanto presidente del Senado acudirá a los actos protocolarios de rigor y que impulsará el diálogo entre la representación del pacto federal en el Congreso y el jefe del Ejecutivo. Es decir, que Felipe Calderón ya no es espurio.

Pero la actitud de Navarrete no es novedosa y tampoco única. Su activismo político fue determinante para que el 1 de diciembre de 2006 se abortara la intención delirante de no pocos fanáticos de AMLO que intentaron meter bombas molotov al recinto de San Lázaro, lo que de no haber sido por el hoy jefe del Senado, pudo terminar en una verdadera tragedia.

Más allá del discurso bélico que todos o casi todos los amarillos exhibieron en la plaza pública contra el gobierno de Calderón —luego de julio de 2006—, no pocos legisladores del PRD entendieron que no podían romper el diálogo con el gobierno, y por lo bajo mantuvieron un diálogo permanente y fluido. Uno de ellos fue Navarrete. Está claro que los fanáticos de AMLO dirán que Los Chuchos y otros brebajes son traidores “al movimiento” de AMLO.

Pero seguro cerrarán “el pico” cuando sepan que por iniciativa de AMLO, está lista una alianza entre PRD y PAN —junto con otras empresas familiares como PT y Convergencia—, para impulsar la candidatura de Gabino Cue como gobernador de Oaxaca. El objetivo es impedir que Ulises Ruiz imponga sucesor. ¿No que el PAN era el diablo y los panistas lo más cercano a Satán? ¿O acaso ya no es el partido que se robó la elección? ¿O será “Juanito” el nuevo espurio?

En Oaxaca, AMLO no ve incongruencia, tampoco deshonestidad. Lo único que le importa es ganar. ¿Para qué? Porque en Iztapalapa se le pude caer la fuente de recursos públicos para su “movimiento”. Quiere asegurar otro “cochinito”, a costa de lo que sea, incluso aliado con el PAN, por sobre principios y doctrina. Pero tampoco esa deshonestidad es nueva. Ya AMLO intentó lo mismo, cuando ordenó que el PRD se aliara a la panista yucateca Ana Rosa Payán. La alianza estaba pactada, pero se fue a la basura cuando aquí advertimos la incongruencia de AMLO de aliarse a la ultraderecha azul. Hoy pretende hacer lo mismo en Oaxaca.

AMLO ya no es el legítimo, porque sus otrora mecenas no sólo le han retirado el financiamiento, sino que denunciado que desde la 60 Legislatura se le financió con millones de pesos. En el Itinerario Político de ayer dimos el dato, y los fanáticos soltaron el insulto fácil.

Ayer mismo, la ex diputada Ruth Zavaleta confirmó que desde la bancada del PRD se aportaban recursos públicos al “gobierno legítimo” de AMLO, como lo denunciaron legisladores amarillos que calcularon la desviación de dinero en cien millones de pesos. Otros legisladores de la saliente 60 legislatura pidieron transparencia en lo relativo a ese dinero. ¿Y saben cuándo se transparentará el cochinito de AMLO en San Lázaro? Nunca, porque la honestidad valiente fue demagogia. Por lo pronto muchos de los perredistas ya no lo ven como el presidente “legítimo”.

Mi hermano el pez

Pedro Ferriz
El búho no ha muerto
Excélsior

El Mati, querido y fiel amigo, insistió en que lo llevara. Mi mirada se quedó cautiva en el aparador instalado a la salida de un hotel en Ciudad Juárez. Entre trilobites, caracoles, restos óseos y expresiones de vida primitiva fosilizada montada en trozos de madera, mi imaginación se clavó en un pez Knigthia Coccana, que arrebató mis sentidos. Un “proyecto” primitivo de animal acuático. Bisabuelo de lo que hoy son los peces que surcan nuestros mares. Lo tomé entre mis manos y pasé mis dedos por su calcárea figura. De inmediato viajé 55 millones de años atrás en el tiempo. Si ese lapso fueran mil metros, la distancia que hoy nos separa del nacimiento de Cristo, resultarían 3.6 cm. Me clavé en lo que habrá vivido este animal y en un devaneo mental nado como si fuera él en las procelosas aguas de Chihuahua. Mar que dividía a América en dos. Desde Guerrero hasta los Grandes Lagos. Mi circunstancia era convulsa en la época del Máximo Térmico del Paleoceno Eoceno, en la era Cenozoica. La India se clavaba en Pakistán, Nepal y Bangladesh. Los Himalayas y el Everest estaban en plena gestación. Groenlandia e Islandia se moldeaban con voraces erupciones que engrosaban la atmósfera y el agua marina en el Polo Norte, allá por la Isla de Ellesmere, era de 20 grados centígrados. Vivíamos una especie de “calentamiento global”. Los insectos se adueñaron del planeta y su apetito voraz subió la temperatura. Por fortuna pululaba —yo, pez en un medio distinto. Variedades de seres raros nadaban en mi entorno. Animales de largos y delgados tentáculos. Medusas de descomunal tamaño. Eternos tiburones (prácticamente los mismos desde hace 200 millones de años). La abundancia de dióxido de carbono en la atmósfera enrarecía el ambiente. Mi visión era turbia… indefinida. Aguas rebotadas y pletóricas de helechos de un planeta joven e inquieto. Nadie sabemos lo que hacemos aquí. No hay nada racional en el planeta. Nadie. ¡Ni yo! La naturaleza cumple su función de ser… Callada, no nos participa. La naturaleza cumple su función de ser… sus intenciones. Los que estamos aquí, sólo percibimos la extraña sensación de estar vivos. Pesa la evidencia de que la Tierra con sus vacilantes continentes y mares, es un sitio destinado para alojar vida. Vida en forma animal y vegetal. Organismos sujetos a oxidación y envejecimiento. Conjuntos celulares que nacen para después morir. Infinitas veces morir. El obstinado proceso de la fecundación deja una huella inconsciente y a la vez… prometedora.

Pasó tanto tiempo para que me tomaras en tus manos. Del anonimato y una vida aparentemente inútil, de repente me ves y te veo. El encuentro es brutal. Todo lo vivido, así como la espera, valieron la pena. Un ser racional pensante escudriña en mi figura lo que fui. La evolución de todo llega a su meta. El hombre se adueña del planeta. Desplaza peces, anfibios, aves, dinosaurios. Vertebrados e invertebrados. Mamíferos y herbívoros. El resumen de todo se aloja en la mente del hombre. Llega quien comprende mi vida vagabunda. La de un aparente sinsentido como todos los demás. Sobre la Tierra ya no hay solo vida en su capricho. Surge el talento. La inteligencia. El concepto. Es el hombre que me toma entre sus manos… 55 millones de años después de cumplida mi misión de ser.

Aquí junto a mí tengo ahora en mi escritorio los restos fósiles de mi hermano “el pez”. Ya no le quitaré la mirada de encima. Trataré siempre de entender que si fue, fue para que yo fuera. Que sin él, yo tampoco hubiera sido. Que no hay prisa en los afanes de la evolución.

Pero ahora mi viaje es al futuro. ¿Qué pasará dentro de 55 millones de años? ¿Quién estará consciente de mi paso por la vida? ¿Cómo será entonces el ser que me tome entre sus manos? ¿Justificaré mi existencia en su trascendencia?…No hay prisa para entonces. Cuando esto sea, todo habrá de pasar y seguro que tendrá un porqué.

Nadie sabemos lo que hacemos aquí. No hay nada racional en el planeta. Nadie. ¡Ni yo!

¿Elegimos diputados o constituyentes?

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Cada tres años elegimos diputados. En su gran mayoría no son retrasados mentales, pero sí limítrofes. ¿Les pondríamos en sus torpes, incultas, barbajanas y ladronas manos la redacción de una nueva Constitución? ¡Jamás! Para eso deberíamos citar a elecciones específicamente ordenadas con ese fin. Pero en la práctica ocurre que los diputados nos imponen las reformas constitucionales que se les viene en gana. El resultado son modificaciones tan aberrantes como las pergeñadas en 2007 por quienes al ignorar hasta la diferencia técnica, legal, entre “electo” y “elegido”, introdujeron confusiones en el texto de la Constitución.

El procedimiento que siguieron fue tan atropellado, urgido por imponernos bozal, por acallar las voces que señalan el magno negocio en que se han convertido los partidos, la corrupción del Verde y el PRD, la insidia del PRI, la torpeza del PAN, que volvieron ilegal decir que la tajada de presupuesto que se sirven es insultante, ilegal señalar que una candidata tiene cinco actas de nacimiento, que un candidato fue acusado de malversación de fondos públicos en su último cargo, ilegal todo lo que no les guste. Los ciudadanos dejamos de tener derecho a estar informados acerca de la calaña de quienes nos quieren representar. Sólo podemos oír lisonjas. Y eso, así de aberrante, pasó a la Constitución.

Varios amparos se levantaron contra ese asalto en despoblado y todos fueron siendo desechados, uno a uno, porque los legisladores se habían blindado: al subir sus prohibiciones a la Constitución quedan a salvo de ser declaradas anticonstitucionales (palabra que la maestra Gordillo ha de contemplar con terror creciente y mortal pánico escénico: antituni… anitocio… antiticio… gulp). El lazo de lógica que nos tendieron parecía perfecto: la Constitución no puede ser anticonstitucional. ¡Ole!

Pero no vieron que en sus ansias por cancelar la libertad de información acerca de sus turbios pasados y pillerías presentes, la libertad de expresión y el derecho a votar y ser votado, habían dejado un tiradero en la cocina que delataba el asalto al refrigerador de donde se sirvieron a sus anchas. Un gran abogado, Fabián Aguinaco, señaló, no el atraco mismo, sino el incumplimiento de procedimientos para el atraco. Así elaboró un amparo que el Tribunal Colegiado correspondiente resolvió, por unanimidad, poner a disposición de la Suprema Corte para revisión del caso.

El promotor del amparo, Federico Reyes Heroles, considera que “se trata de una espléndida oportunidad para que la Suprema Corte de verdad se sitúe como una Corte Constitucional.”

Como conclusión de este caso, la Corte debe plantear a los legisladores no el robo sino el tiradero. No los 3 mil 600 millones que se repartieron sin tener que pagar ya ni radio ni TV, no los millones que nos cuesta su seguro médico privado (ellos, defensores del IMSS), el cuidado de sus cabelleras, de sus uñas, y los boletos en primera clase para ir una vez por semana a sus hogares, las notas de consumo en El Cardenal, teléfonos celulares y secretarias. No ese atraco, sino el desaseo e incumplimiento del procedimiento para reformar la Constitución a su antojo y perpetrar el atraco.

La Constitución, han señalado grandes constitucionalistas (aguas, maestra…), tiene ordenamientos inatacables. Uno es la igualdad de todos los mexicanos, abolida por la prohibición a ser candidato sin partido; otro es la libertad de expresión y la de información, también bloqueadas por cacos que volvieron ilegal llamarlos cacos.

Es la oportunidad de la Corte.

Crisis, influenza, sequía… y Jackson

Por si algo le faltara al presidente Calderón que torea crisis económica mundial, agotamiento de yacimientos de petróleo y baja en los precios, agujero fiscal, oposición de mala fe, influenza de nueva cepa, la peor sequía en 60 años… luego de sus declaraciones sobre la juventud que sin dios pierde el rumbo y se mata con drogas, Michael Jackson resulta asesinado por su médico. Cuide bien el Estado Mayor que no se le acerque un perro…

El PAN posee una inmensa habilidad para meterse en honduras. Hasta el gran Carlos Castillo Peraza, que tantos admiramos y quisimos, metió su peor pata cuando publicó aquellas cuentas de los miles de kilómetros que cubrirían condones alineados y el consiguiente daño ecológico… e imagen por demás cachonda. Ya no digamos cuando sonrojó a púdicos reporteros con la palabrota “chingaderas”.

Los 500 parásitos

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Está claro que cuando se habla de “los 500”, la referencia es a los diputados federales, cuya popularidad en todas las encuestas está en los últimos lugares, junto con los policías judiciales.

Lo novedoso es el adjetivo de “parásitos”, que muchos acreditan a diputados federales. Fuerte, sobre todo si se recurre a la Real Academia: “Parásito. Que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él y depauperándolo sin llegar a matarlo”. Sin duda enojará a muchos de los nuevos diputados federales a la 61 Legislatura —de todos los partidos—, pero lo cierto es que tienen bien ganado el adjetivo.

Díganlo si no las siguientes perlas. El semanario Emeequis documentó que la saliente 60 Legislatura gastó —de 2006 a 2009— 12.72 millones de pesos en galletitas, café y leche; 6.8 millones en botellas de agua; 126 millones en comidas en eventos y vales de alimentos; 613 millones en boletos de avión; 670 millones de seguros médicos; 190 millones en teléfonos fijos, y 32 millones en celulares. Además, cada diputado recibe vales para gasolina, tarjeta IAVE para pasar gratis las carreteras, 45 mil pesos mensuales por asistir a su trabajo, 28 mil mensuales para ayuda ciudadana. Una perla de perlas. El diputado Francisco Javier Calzada, del PRD, pidió baño propio en su oficina de vicecoordinador, que costó 200 mil pesos. ¿Son o no parásitos?

No es todo. Excélsior documentó opacidad en 12% del presupuesto. Es decir, de los 5 mil millones que cuesta la Cámara de Diputados, los coordinadores apartan 600 millones, cuyo gasto no revelan a nadie, conocido como “asignación a grupos parlamentarios”. Y como —son ciudadanos “de otra especie”—, los diputados no sólo tienen fuero, sino que no pagan impuestos. Reciben ingresos limpios. ¿Son o no parásitos?

Pero existen más datos que ofenden a todos. ¿Sabe usted cuánto gana un diputado? Bien a bien, nadie lo sabe. ¿Por qué? Porque depauperan el dinero público hasta para pagar peluquero, dentista, y enfermedades de ex esposas, como ocurrió con un perredista. Por eso, Milenio calculó las horas trabajadas por sesión, de martes y jueves. Concluyó que ganan mil 869 pesos por hora laborada. Es decir, 160 veces el salario mínimo. ¿Son o no parásitos?

Los diputados de la 60 y ahora la 61 Legislatura son —igual que senadores, jueces, gobernadores, alcaldes y funcionarios federales—, la casta divina del Estado. Parásitos azules, amarillos y tricolores. ¡Basta!

EN EL CAMINO Perlas. ¿Saben qué cargo tendrá el diputado Noroña? De risa, velará por el orden del pleno. Y sí, también AMLO se llevó casi 100 millones de pesos de la 60 Legislatura. Ordeñó la vaca de las ubres de oro.

Edward Kennedy

Carlos Fuentes
Reforma

Hace tiempo, recibí en mi casa de la ciudad de México a Edward Kennedy. Un grupo de intelectuales y políticos mexicanos le interrogó y todo procedía con fluidez hasta que un inteligente y provocador amigo mío hizo una pregunta que criticaba directamente, no a la política de los EE.UU., sino a la nación norteamericana. En ese momento, Kennedy interrumpió la sesión y me dijo: -Vamos a cenar.

Entendí sus razones. Una cosa era criticar las políticas de los EE.UU. y otra muy distinta criticar a la nación: a lo largo de sus casi cincuenta años de actividad pública, Kennedy se gobernó por esta divisa. Atacó, revisó, propuso numerosas iniciativas de ley y políticas tanto exteriores como interiores pero jamás puso en duda la integridad nacional de los EE.UU. Criticó, en cambio, actos de gobierno que le parecían contrarios a la Constitución y las leyes, considerando que éstos eran el alma del país. Nunca cometió, en otras palabras, el error de considerar que la crítica política era contraria al país, sino que le era indispensable.

Esto explica, por ejemplo, que Kennedy fuese uno de los veintitrés senadores que votaron en contra de la decisión de George W. Bush de invadir Irak. El tiempo le dio la razón. La guerra contra Irak era una guerra por el petróleo y por la hegemonía, no parte del combate a Al-Qaeda, razón espuria, entre otras igualmente inválidas, de la invasión: Al-Qaeda no se encontraba en Irak porque el dictador Sadam no lo permitía. Ahora, Al-Qaeda sí opera en Irak.

Se opuso, también, a la venta de armas al dictador chileno Augusto Pinochet y favoreció las sanciones al régimen fascista del apartheid en África del sur (régimen apoyado por Dick Cheney). Las iniciativas de ley del Senador Kennedy se refieren a los derechos civiles, los refugiados, el derecho al voto, la educación pública, el salario mínimo, el poder judicial, la seguridad social y la capacitación laboral.

Destaco dos temas. La última vez que conversé con Kennedy fue durante los funerales de nuestro común amigo, el gran novelista William Styron, en la Catedral de San Patricio en Nueva York. Estaba preocupado por el destino de la legislación protectora del trabajo migratorio, toda vez que la iniciativa más razonable, la ley Kennedy-McCain, había sido archivada por el Congreso. Pero el tema persistía y Kennedy no cejaba en buscar una solución que beneficiara tanto a la economía de los EE.UU. como al propio trabajador migratorio. La posición de Kennedy consistía en legalizar a los trabajadores mexicanos presentes ya en los EE.UU., imponerles obligaciones a los empleadores y sujetar a los futuros solicitantes de trabajo a estrictas condiciones jurídicas de ingreso. Nada se gana, opinaba Kennedy, con penalizar a los trabajadores que ya están en los EE.UU. Se trataba más bien de ofrecerles caminos a la legalización y eventualmente a la ciudadanía. Yo insistía en otra obligación: la de ofrecerles trabajo en México para que no se vean obligados a emigrar. En mi concepto, enviar trabajadores a los EE.UU. para que a su vez envíen remesas a México es una práctica explosiva cuando el trabajador no puede emigrar y no encuentra trabajo en México.

Otro importante tema destacado por Kennedy fue el de la cobertura de salud en los EE.UU. Al contrario de casi todos los estados europeos, los Estados Unidos de América carecen de protección médica universal para sus ciudadanos. Ésta, que fue preocupación central de Kennedy, es atacada por los intereses privados que, con virulencia creciente a raíz de las iniciativas del Presidente Obama, hablan de "socialismo" y, a instancias de la inefable Sarah Palin, de "asesinatos de ancianos". Todo ello oculta los grandes intereses de las aseguradoras que cancelan los seguros de alguien que se enfermó de cáncer: veinte mil pólizas canceladas en California en los pasados cinco años, ahorrándoles a las compañías aseguradoras trescientos millones de dólares. El aumento exorbitante del precio de las primas a compañías con un solo empleado mortalmente enfermo. La eliminación de miles de derechohabientes por razones "técnicas" a fin de ahorrarse el pago de gastos médicos. Y un largo etcétera.

Obama y Kennedy se han preguntado por qué motivo los EE.UU. no pueden tener un sistema de seguridad sanitaria comparable a los de Francia, Alemania o Escandinavia -seguramente naciones "comunistas" bajo el fleco de Sarah Palin-. La arbitrariedad terrorista ("Obama es Hitler"), la agitación pagada y provocada, los llamados al odio del lamentable líder de una derecha derrotada, el locutor Rush Limbaugh, adquieren un tinte sombrío a la luz de las iniciativas modernizantes de Obama y de la trayectoria de Kennedy. Ojalá que la desaparición de éste sirva para despertar el ánimo de demócratas y republicanos libres de brujerías ultraderechistas.

Y queda en mi ánimo el recuerdo no sólo de un gran político demócrata, sino de un hombre sonriente, activo, que veleaba con una mezcla de riesgo y seguridad y que gustaba de jugar un fútbol recio y echarse de cabeza a una piscina helada, amén del disfrute de un martini, igualmente frío.

Descanse en paz.

La eficaz convicción

Jesús Silva-Herzog Márquez
Reforma

Edward Kennedy salió del hospital para pronunciar su discurso en la convención demócrata. De ahí, de regreso al hospital. Al cáncer se había sumado un repentino ataque renal. Le quedaba un año de vida y estaba dando su penúltima batalla: lograr que Barack Obama ganara la Presidencia de Estados Unidos. Había intervenido en el proceso de primarias en un momento decisivo de la contienda demócrata. Todo el prestigio de un hombre y todo el peso de un nombre llamaban a votar por el joven senador de Illinois cuando todavía el aparato estaba de lado del clan Clinton. La presencia del legendario senador en el Pepsi Center de Denver encendió al auditorio. Miles coreando un solo apellido: Kennedy. Rendían tributo a una familia, pero sobre todo a su último representante. Atestiguando el homenaje de los demócratas, me percaté que un partido ha de ser un banco de orgullos comunes. Orgullos que se nutren de ideales y realizaciones. La presencia de Kennedy en el evento era incierta. Su enfermedad era grave. Unas semanas antes había recaído. En la víspera no era seguro que pudiera dirigirse a la convención. Finalmente logró imponerse a sus médicos y escaparse a la fiesta. Se sabía que su discurso no era solamente una celebración del abanderado del partido sino, en buena medida, su despedida. Su mensaje fue, en efecto, un testamento: el patrono del liberalismo norteamericano entregando la estafeta a una nueva generación.

Pasó toda una vida en el Senado. Llegó en 1962 cubierto por el descrédito. Tenía 30 años, era el hermanito del Presidente, lo habían corrido de la universidad por haber hecho trampa en un examen, se le veía como un muchacho inexperto que usaba su apellido para trepar. Al morir se le reconoció como uno de los más eficaces senadores del siglo XX en Estados Unidos. Su vida estuvo marcada por la tragedia pero también por el escándalo. Sufrió el asesinato de dos hermanos y la muerte prematura de tres sobrinos. Fue también responsable de la muerte de Mary Jo Kopechne, ahogada en su coche sin que él le prestara ayuda ni reportara el accidente. Ganó todas las elecciones en las que participó para el Senado pero fracasó en su único intento por ganar la Presidencia. Esa mezcla de heridas del destino y cuchilladas a mano propia alejó la tentación de la Presidencia en el último tramo de su carrera. Sus fiascos fueron una bendición (uso palabras suyas): eliminaron la obsesión por la política singular y lo concentraron en labores de asamblea. Se convirtió así en el gran maestro del oficio legislativo. No fue, como sus hermanos, héroe ni mártir: fue un gran político, el mejor de los tres.

El homenaje al "león del Senado" desborda a su partido. Sus adversarios se han unido a la celebración del estadista legislador. Conservadores y liberales reconocen sus grandes talentos, su abundante producción legislativa, su disposición a cruzar la línea de la ideología, su calidez personal, su capacidad para reírse de sí mismo, su resistencia vital. Entre los elogios que se han escuchado en días recientes se destaca, por una parte, su fidelidad ideológica y, por otra, su genio para la negociación. Unos alaban al mejor exponente del progresismo demócrata, otros al político eficaz. Fue siempre leal a esa versión norteamericana de la izquierda comprometida con el ensanchamiento de los derechos y la promoción de la justicia a través del brazo del Estado. De los tres Kennedy, Edward fue, sin duda, el más izquierdista. No creyó en el fin de las ideologías; no sucumbió al imperio de la era conservadora. No aceptó nunca la divisa de Reagan de que el gobierno era el problema, no la solución. Resistió a la marea reaganthatcheriana; vio la acción del poder público como la gran palanca de transformación social. Pero no lo han honrado solamente quienes compartieron su credo. Los republicanos se han unido a la celebración porque vieron muchas veces en Ted Kennedy al profesional de la legislación con el que podían tejerse acuerdos sustanciales. Ahí radica la grandeza política de Edward Kennedy, su gran legado. Fue un político de convicciones sin dejar de ser un político de resultados. No fue un hombre de grandes ideas. Nunca compitió con el encanto de sus hermanos. Fue el amo de la minucia legislativa. En ese territorio del estatuto, el procedimiento, el párrafo y el inciso reinó como nadie: ahí, en el detalle de los bocetos, en la aparente trivialidad de los enunciados legales supo pactar con los adversarios para defender su proyecto.

Se ha sugerido que la política de la convicción se opone a la política de la responsabilidad. Se ha dicho que la congruencia es el precio que se paga por la eficacia. El senador Edward Kennedy encarna la excepción: el gran representante de la izquierda demócrata fue, simultáneamente, el gran senador del Congreso norteamericano. El fecundo legislador no renunció a sus ideales, los impulsó vigorosa y eficazmente. Desistió, eso sí, de la política del paisaje para entregarse a la política del detalle.

El retorno de los brujos

José Antonio Crespo
Horizonte político
Excélsior

La elección de Francisco Rojas como coordinador de la bancada priista vuelve a sugerir lo que de tiempo atrás se viene especulando; que la influencia de Carlos Salinas de Gortari dentro del PRI sigue fuerte, y que está operando para alcanzar la nominación tersa de su gallo, Enrique Peña Nieto, como candidato presidencial. Hay varios elementos que pueden inferirse del nombramiento de Rojas. Cabe pensar que la indecisión que Beatriz Paredes mostró durante semanas no respondía (o no exclusivamente) a un dilema estrictamente personal para elegir entre ser coordinadora de la diputación tricolor o concluir su ciclo como lideresa del PRI. Más bien parece que estuvo sondeando entre la cúpula priista si contaría con la mayoría de los votos legislativos. La decisión última no radicaba en Paredes, sino en sus pares, es decir, los diputados. Puede colegirse que Paredes no tuvo el respaldo necesario, precisamente porque hay alguien con más poder, e interesado en mover sus fichas para amarrar su propia candidatura: el gobernador mexiquense. Y ese personaje cuenta con el respaldo y los buenos oficios para operar ese propósito dentro del PRI: Salinas de Gortari. Por ello se le vio a éste en Oaxaca, negociando con Ulises Ruiz a nombre de Peña Nieto, la designación del también mexiquense Rojas, pues el candidato del oaxaqueño era César Augusto Santiago. Para inferir que Rojas es aún un salinista en activo (lo cual no es una “acusación”, sino una descripción) no basta con ubicarlo como director de Pemex en ese gobierno, sino por un suceso más reciente; Rojas fue un emisario de Salinas en la casa de Miguel de la Madrid para obtener de éste su propia descalificación como una persona senil, cuyas declaraciones no habrían de tomarse en serio.

Hasta ahora, no he oído o leído a ningún analista negar que el nombramiento de Rojas refleje un paso más en la operación de Salinas en favor de Peña Nieto. En donde hay divergencia es en la forma de valorar que detrás de Peña Nieto esté Salinas (y muchos otros poderosos actores políticos y económicos). Muchos hacen un balance negativo del gobierno de Salinas, por las múltiples razones que lo llevaron a ser considerado como el “villano favorito” en estos años. Otros, en cambio muchos de ellos salinistas que salen de su madriguera o se quitan la capucha recuerdan y revaloran los logros y avances reales o ficticios alcanzados durante su gobierno. Tiendo a coincidir con los primeros más que con los segundos. Pero tanto la propaganda priista en general, como la salinista en particular, tendrán como telón de fondo el fiasco político y económico que representaron los gobiernos del PAN.

Que haya amplio acuerdo entre los analistas de que un eventual triunfo de Peña Nieto implicaría un retorno de Salinas, tiene un elemento positivo; en la medida en que se divulgue que detrás del mexiquense está el padrinazgo y respaldo de Salinas, por lo menos los electores no se llamarán a engaño en 2012. Eso no necesariamente es un obstáculo insuperable para el PRI. Baste recordar que los mexicanos del siglo XIX llevaron a la Presidencia a Antonio López de Santa Anna 11 veces. Por eso tan controvertido personaje es un espejo de lo que era México en esa centuria, aunque no nos guste reconocerlo. Y un eventual retorno del PRI al poder con o sin Peña Nieto como candidato, con o sin Salinas como sombra protectora reflejará también lo que somos los mexicanos del siglo XX y principios del XXI. Se dirá quizá que la comparación no vale por las enormes diferencias políticas y sociales que distinguen al siglo XIX mexicano del México de hoy. Pero justo por eso el regreso de Salinas no sería directo ni total, sino parcial y transversal. El sistema político no es el mismo, desde luego, pero no estoy seguro de que nuestra cultura política sea radicalmente diferente hoy que hace dos siglos.

Muchos ciudadanos todavía son muy proclives a decidir su voto a partir de criterios frívolos, como puede ser un físico atractivo o un romance de telenovela. Es cierto que eso es propio de los segmentos políticamente más desinformados de la población. Sí, pero son la mayoría. Y otros ciudadanos suficientemente informados han decidido devolver su voto al PRI por razones más sofisticadas: la falta de opciones eficaces en los partidos que enarbolaron la bandera democrática para dejarla caer apenas llegados al poder estatal o federal. ¿Cómo responder a quien ahora se inclina por el PRI cuando pregunta qué se ganó con los gobiernos del PAN, o qué se puede esperar de una izquierda fracturada? En su más reciente encuesta, el Gabinete de Comunicación Estratégica no sólo arroja una intención de voto superior para el PRI, sino que el tricolor es también la segunda preferencia de los simpatizantes panistas.

Se dirá que falta mucho para la elección presidencial como para dar un hecho, tanto la candidatura de Peña Nieto como su eventual triunfo en la elección constitucional. Es cierto. Pero los vientos soplan claramente a favor del mexiquense. Bastarán algunas encuestas más que confirmen la enorme distancia entre Peña Nieto y sus rivales internos, para que las fuerzas vivas del priismo se inclinen por el nuevo adalid. Ante lo cual, probablemente los propios rivales del gobernador terminen por pactar, para dar lugar a una nominación tersa, que eleve las probabilidades del retorno del PRI. En la misma lógica, otros actores y personajes no priistas pero sí gobiernistas, que no es lo mismo, harán lo propio elevando en esa medida las probabilidades de amarrar esa candidatura. Y más allá de los apoyos priistas y gobiernistas que logre congregar Peña Nieto, está el hecho de que no se ve a nadie que se le ponga enfrente, ni en el desgastado y desprestigiado PAN ni en la fragmentada y rijosa izquierda. Por lo que, para que tal ominoso suceso (el retorno de los brujos) no se concrete, tendría que ocurrir algo extraordinario. Algo que hoy no se vislumbra en el horizonte.

Muchos ciudadanos todavía son muy proclives a decidir su voto a partir de criterios frívolos, como un físico atractivo o un romance de telenovela.

El carnaval de Juanito

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Rafael Acosta, Juanito, delegado electo de Iztapalapa, la mayor demarcación del Distrito Federal (2 millones de habitantes, tres mil millones de pesos de presupuesto) es el personaje de la temporada mediática, el rey absoluto de sus 15 minutos de gloria.

Juanito es el último acto de la gran comedia de Iztapalapa, esa risotada de la vida real hija del afán de saltar por encima de las restricciones de la contienda democrática.

La mecánica es así: un candidato del PT (Juanito) se compromete a dejar en manos de una ex candidata del PRD (Clara Brugada) la delegación que él gana en las urnas gracias a la movilización encabezada por un líder (Andrés Manuel López Obrador), que pertenece por igual al PRD y al PT, y hace campaña por ambos y contra ambos partidos en distintos distritos electorales.

Juanito acepta en un mitin la maniobra propuesta por el líder de renunciar cuando gane, pero luego del triunfo empieza a pisar el palito de la fama, a poner condiciones y a desconocer lo pactado.

Se entiende que Juanito sea un espectáculo irresistible, entre otras cosas porque habla de sí mismo en tercera persona y se dice listo para ser no sólo delegado de Iztapalapa, sino jefe de Gobierno de la ciudad y hasta Presidente de la República.

Noticia es, desde luego, continua sorpresa y segura carcajada, cosas difíciles de rehusar para nadie. Lectores y entrevistadores acuden a él con un retintintín de burla, el guiño de complicidad que se hacen entre sí quienes atestiguan las ocurrencias de un loquito que profiere sin embargo, en su inconciencia, verdades de a kilo.

Juanito es el rey bobo de nuestro carnaval político, el tonto listo del pueblo. Hay algo irresistible pero también algo malsano en su consagración noticiosa.

El auge mediático de Juanito lo exhibe a él pero algo dice también como retrato involuntario de los medios y su disposición a crear, levantar noticias donde sea, incluso en el delirio de un personaje que linda con la condición de minusválido, ebrio como está, además, del licor adulterado de su notoriedad que le sirven a cubetadas los propios medios

No me olvido de que Juanito es también un golpeador al servicio de los políticos que lo han encumbrado, y a los que ahora desconoce en una regocijante reciprocidad en el arte bajo de usar y tirar: justicia poética.

Pero hablo de otra cosa: de la calidad del debate público que alimenta la elección de estas glorias mediáticas.

Una salida digna

Denise Maerker
Atando Cabos
El Universal

Hay una salida digna para la Presidencia luego de la derrota simbólica que le asestó el PRI al obligarlo a cancelar la ceremonia a la que convocó el 1 de septiembre en la mañana: Felipe Calderón debería presentarse en el Congreso a entregar el tercer Informe de Gobierno. Sería reparador no sólo para Calderón sino para una institución ridiculizada por tanta improvisación. Y es que fue por pura estupidez, aquí no hay malicia posible, que los mal llamados operadores del Presidente lo dejaron expuesto al convocar al (textual en la invitación) tercer Informe de Gobierno en Palacio Nacional a las 9:00 de la mañana del 1 de septiembre. Los priístas simplemente aprovecharon el banquete que les servían, y de entrada, sin mediar ni un día de la nueva Legislatura, demostraron dónde está la experiencia, el cuidado de los detalles, el poder. Y conste que no es un halago.
El error del equipo del Presidente es de una torpeza pasmosa: la hora es inadecuada —antes de que el Congreso se instale formalmente—, la convocatoria no estaba garantizada —no se planchó previamente la asistencia de las bancadas—, la redacción es provocadora —no se puede invitar al tercer Informe, a lo mucho a un mensaje con motivo de…—, y el envío insultante —vía internet.

Este es el tercer año en que el Presidente y su equipo no encuentran la forma de renovar el viejo rito del 1 de septiembre. Arrastran el pasado como un pesado bulto en vez de inaugurar nuevas formas. Las salidas han sido todas fallidas. El primer año, luego de una rápida entrega (12 minutos estuvo en la Cámara), el Presidente convocó en Palacio a una ceremonia de lectura del informe para los medios y en presencia únicamente de empleados suyos. Fue un remedo del rito priísta, un intento fallido de restauración de la grandeza presidencial, y se notó. El segundo año, mandó a Juan Camilo Mouriño a entregarlo, y ya. Y ahora, de entrada, la regaron.

Una ceremonia renovada que refleje los nuevos equilibrios democráticos y en la que una vez al año se reúnan todos los poderes de la República, sería saludable.

A la hora que escribo estas líneas, en Presidencia no han decidido qué hacer: si confirman la lectura en Palacio el día 2, si (penosamente) se abstienen de hacer algo, o si con un poco de audacia el Presidente sorprende encarando a los diputados. La verdad, esto último es poco probable, de buena fuente sé que lo llegaron a considerar pero les preocupa la presencia entre los diputados del petista Gerardo Fernández Noroña.

Increíble, pero en eso estamos.