septiembre 02, 2009

Más hipótesis de por qué Calderón no baja

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

En mi columna de ayer presenté los resultados de la popularidad del Presidente de acuerdo con la última encuesta de Consulta Mitofsky. Dije que era muy sorprendente que la crisis económica no estuviera afectando tanto las tasas de aprobación presidencial. Mencioné tres hipótesis que se me ocurrían de por qué estaba sucediendo este fenómeno de opinión pública. Uno, porque, a diferencia de la crisis de 1995, la mayoría de la gente creía que la mala situación actual vino de fuera. Dos, porque el Presidente ha encontrado un tema que lo ha vuelto muy popular: la guerra contra el crimen organizado. Y tres, porque la crisis actual ha sido como una larga pelea de muchos rounds donde, poco a poco, se han desgastado. En el blog que acompaña mi columna en el sitio de Excélsior aparecieron otras hipótesis más de por qué Calderón se mantiene como un Presidente relativamente popular a pesar de la crisis económica. Menciono algunas de ellas:

Hipótesis de la inflación: “Otra variable que hizo la diferencia es la inflación; en esta ocasión no se disparó como en el 95. Por tanto no se resiente tanto en los bolsillos de quienes tienen aún empleo”. Me parece una hipótesis muy sugerente. Si algo ha cuidado el gobierno es que los precios no suban en la actual crisis. Ayuda, también, tener un banco central verdaderamente autónomo.

Hipótesis mediática: “La aprobación proviene de su guerra de comerciales. Igual que un jabón para el acné, [el Presidente] se vende en las pantallas a las que el pueblo sigue ciegamente”. También me parece sugerente. Calderón ha gastado una fortuna en tiempos del Estado y en presupuesto de la Presidencia para promocionarse en la radio y la televisión. Y es cierto: la gente tiende a creer lo que ve y escucha en los medios sin mucho razonamiento.

Hipótesis del Congreso: “La gente se da cuenta que el problema real de la falta de respuestas adecuadas a esta crisis es responsabilidad de un Congreso inútil, inoperante, que solamente se ha dedicado a ponerle obstáculos a las propuestas de Calderón, actitudes que sólo han perjudicado al bienestar y a la calidad de vida de los mexicanos, mientras ellos viven en la opulencia y en el abuso del dinero del pueblo de México”. Muchos comentarios en el blog eran similares, lo cual me da mucho gusto. La gente en México ya se está dando cuenta que el Congreso también es responsable del deterioro económico en el país.

Hipótesis presidencialista: “El mexicano tiende a ser magnánimo con la figura presidencial sencillamente porque es el Presidente”. Efectivamente, las tasas de aprobación suelen ser altas en México. Sin embargo, cuando la crisis de 1995, sólo 31% estaba de acuerdo con la manera de gobernar del presidente Zedillo. Así que no siempre los mexicanos son generosos con el mandatario.

Hipótesis de la rendición de cuentas: “El pueblo de México no está acostumbrado a exigir a sus gobernantes y que aunque éstos sean unos ineptos, la opinión pública siempre generosa los califica bien. Nada más hay que ver lo que opinan los mexicanos sobre el grado de satisfacción de la educación (pública y privada). Sin embargo, en las pruebas internacionales salimos siempre mal. Por eso es que Calderón no sale peor”. No me convence esta hipótesis. De acuerdo con las mismas encuestas, los mexicanos son muy duros con otras instituciones públicas a las que califican muy mal; el Congreso y las policías, por ejemplo.

Hipótesis estadística: “No ha caído en las encuestas porque están manipuladas”. Estoy completamente en desacuerdo. La industria de las encuestas en México es una de las mejores del mundo y Consulta Mitofsky es una de las firmas con mayor reputación. Además, todas las encuestas serias coinciden en que el Presidente sigue siendo popular. Antes de descalificar al instrumento de medición —las encuestas— entendamos con seriedad un fenómeno interesante de opinión pública.

Entre lo importante y lo periodístico

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Lo más atractivo de ayer en San Lázaro no estuvo en las previsibles y herrumbrosas intervenciones de los oradores de siete partidos, sino en los calambres que provocó el rijoso (diputado ahora) Gerardo Fernández Noroña, quien (sin tirarse esta vez al piso) le dijo a Fernando Gómez Mont que no quería “recaderos” de la Presidencia, y le insistió en la necia petición de que Felipe Calderón renuncie.

“No fue injurioso en sus gestos, quizás en sus palabras, pero reconozco que hubo respeto”, comentó con alivio el secretario de Gobernación.

El bautizo de lengua de la nueva legislatura no incluyó un solo planteamiento específico, viable ni confiable para superar la crisis económica, política, de seguridad y de valores por la que atraviesa el país.

Fuera de San Lázaro, sin embargo, la mejor nota la provocó una pregunta periodística:

–¿Te equivocaste, Andrés Manuel? –preguntó ayer Carlos Puig en la W Radio, en alusión a Juanito.

–No –le respondió categórico Andrés Manuel López Obrador.

Felipe Calderón

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"El que está fuera del poder, siempre parece mejor". Will Rogers

Cuando Felipe Calderón asumió la Presidencia de la República el 1o. de diciembre de 2006, en medio de un tumulto en el Palacio Legislativo de San Lázaro, parecía que se iniciaba un gobierno cuya legitimidad sería constantemente cuestionada. No ocurrió eso. Muy poco tiempo después Calderón era ya ampliamente aceptado como Presidente no sólo constitucional sino legítimo incluso por muchos de quienes votaron por Andrés Manuel López Obrador. Sólo un grupo pequeño de activistas, encabezado por el hoy diputado del PT Gerardo Fernández Noroña, ha mantenido las protestas contra el Presidente.

Lo que nadie esperaba, sin embargo, es que a mitad de sexenio se registrara no sólo una nueva crisis económica sino una incluso superior en intensidad que la de 1995.

La popularidad personal del Presidente se ha mantenido a pesar de esta crisis. La encuesta trimestral del periódico Reforma mostraba ayer una aprobación del mandatario de 68 por ciento, apenas un punto porcentual menos que en junio y seis puntos arriba de lo registrado en septiembre de 2008. El que un Presidente pueda mantener estos niveles de popularidad en un año de enorme violencia y después de una contracción económica de 9 por ciento en el primer semestre es poco menos que milagroso. El deficiente desempeño electoral del PAN en los comicios del 5 de julio, sin embargo, nos ha demostrado una vez más que la popularidad personal del Presidente no se traslada fácilmente al partido en el poder.

Conforme a las nuevas reglas del juego político, el Presidente ha aprovechado estos días para someter al país a una verdadera avalancha de anuncios que buscan convencer a los mexicanos de las virtudes de su gobierno. La propaganda no se ha limitado a la radio y la televisión. Se están realizando llamadas a teléfonos de línea y a celulares. La técnica es arriesgada, ya que mucha gente se siente molesta ante un gobierno que importuna incluso por teléfono.

En términos de avances reales, estos tres primeros años de gobierno han sido mixtos. El gobierno ha concentrado buena parte de su atención y recursos en la lucha contra el narcotráfico. Los presupuestos del Ejército, la Marina y las policías han aumentado de manera muy importante. Las detenciones y los decomisos han sido más numerosos que nunca, pero no hay indicios de que se hayan reducido los flujos de droga. De hecho, el consumo de enervantes en México se ha elevado, mientras que la violencia del narco ha alcanzado niveles inusitados.

El presidente Calderón logró al principio de su gobierno, con el apoyo de los legisladores del PRI, una importante reforma en las pensiones del ISSSTE, que puede terminar siendo la más importante de su sexenio. Las reformas fiscal y energética resultaron mucho más limitadas, aunque como consecuencia de las decisiones de los legisladores del PRI. La reforma electoral fue en cambio, a mi juicio, un lamentable retroceso.

La crisis económica ha afectado todos los demás esfuerzos del gobierno. Si bien el gasto social ha aumentado, la pobreza se ha disparado. El que debió haber sido el Presidente del empleo ha presidido el país en un periodo de destrucción de puestos de trabajo. Los proyectos de infraestructura más importantes, como los nuevos aeropuertos y el puerto industrial de Punta Colonet, se han detenido.

El Presidente no es culpable de todo lo que le ocurre al país. Los mexicanos parecen darse cuenta de esta realidad, lo que explica que le den un alto grado de aprobación al tiempo que consideran que el país está en problemas. La buena noticia para el Presidente es que las circunstancias de este 2009 han sido tan difíciles que el camino en los tres años que faltan debería ser más fácil.

Jimena caudalosa

Todo huracán trae tragedias, pero también dones. Jimena, que ayer por la noche golpeó las costas de Baja California Sur, ha bañado en lluvia la costa del Pacífico de nuestro país. Son lluvias que la tierra sedienta exigía.

Las razones de Sodi

Ricardo Pascoe Pierce
Analista político
ricardopascoe@hotmail.com
El Universal

La elección a jefe delegacional en Miguel Hidalgo, en el DF, se ha convertido en el gran conflicto postelectoral en el país. Ni la derrota del PRI ante la gubernatura de Sonora ni las derrotas de PAN en San Luis Potosí y Querétaro o la debacle perredista han logrado captar el imaginario social y el interés mediático como lo acontecido ahí. ¿Qué conjunción de factores se resumen en este reducido espacio del DF como para gestar un conflicto se esas dimensiones, y con esos reflectores nacionales?

Columnistas destacados han utilizado sus espacios para explicar las supuestas desviaciones de recursos de Sodi, mientras periódicos nacionales han dedicado planas enteras a cuestionar su personalidad. Sesudos abogados pendencieros han interpelado “jurídicamente” a Sodi, avalando los ataques en su contra.

En los últimos días, sin embargo, ha quedado al descubierto una operación mediática del GDF para financiar esta operación contra Sodi y los resultados electorales en la delegación Miguel Hidalgo. Con elementos precisos, columnistas de los mismos medios nacionales que atacaron a Sodi ahora parecen recapacitar y replantear el tema: no es un asunto de la personalidad de Sodi, sino una agresión artera instrumentada y financiada desde las oficinas del GDF.

Se ha acusado a Sodi de haberse aprovechado de una entrevista televisiva de 50 segundos, transmitido una sola vez en la tv, para ganar la elección con más de 8 mil 500 votos o 6% de ventaja. Se evade reconocer que su desaparecida contrincante del PRD produjo un programa de más de 5 minutos que se transmitió en ESPN repetidamente, y que, a pesar de esa ventaja televisiva, perdió por más de 6% la elección. ¿Quién puede afirmar que Sodi ganó por una entrevista de 50 segundos? ¿Acaso los abogados sesudos? ¿Los columnistas perspicaces? ¿Los candidatos desaparecidos? ¿Los funcionarios ocultos?

En todo el insólito ataque al electorado de la Miguel Hidalgo destaca algo que no sucede nunca cuando se acusa de “fraude electoral”. Los impugnadores de Sodi no cuestionan sus votos ni los resultados dados a conocer por el Instituto Electoral del DF. Dado el carácter de sus impugnaciones, dan a entender que Sodi efectivamente recibió la mayoría de votos. Tan es así, que no hay, por ejemplo, impugnación alguna a la elección en el Distrito 10 federal, donde la perredista perdedora, Guadalupe Loaeza, se resignó a escribir artículos amargos reclamándole al electorado del distrito el no haberla apoyado más. Y no hay asomo de “fraude electoral” tampoco en los dos distritos electorales locales correspondientes a la misma delegación. La impugnación tiene que ver con supuestos abstractos: concretamente, que la transmisión de una entrevista breve habrá, por su efecto, “sacudido” a los habitantes de la demarcación. Es decir, se reconoce que Sodi recibió la mayoría de votos y, para evitar que sea jefe delegacional, se inventa un pretexto ajeno para querer justificar la anulación del proceso y, por tanto, el desconocimiento del electorado.

La cortina de humo dispuesto en torno a este proceso electoral revela otra intencionalidad política. Tanto ruido mediático ha logrado ocultar un saldo esencial: en esta elección el PRD capitalino sufrió su peor derrota desde que ganó la ciudad en 1997. Nunca había perdido la mayoría en la ALDF. Menos en una elección intermedia. Y menos cuatro delegaciones, cuando en 2006 sólo perdió dos. Estas derrotas, sepultadas por el “escándalo” de Miguel Hidalgo y Cuajimalpa, tratan de evitar que el PRD y la opinión pública saquen una conclusión evidente: el jefe del GDF encabezó una estrategia electoral que fracasó, a diferencia de, por ejemplo, Cárdenas o López Obrador. La conclusión elemental que saca cualquier partido en estas circunstancias es que un personaje así no puede aspirar a puestos mayores, y menos a la Presidencia. La desesperación de estos actores políticos empieza a hacerse evidente, especialmente cuando la prensa especializada da cuenta de las presiones institucionales e individuales que ejerce el gobierno local para lograr ocultar sus severos fracasos, imputándole a otros sus fallas.

Además, el hecho de que Sodi sea capaz de frustrar los proyectos del jefe del GDF revela otro factor. Al ganar la delegación, demuestra mayor fortaleza y capacidad de permanencia que el propio GDF. El 2012 se muestra como un rostro presente y, a la par de la derrota del PRD en Miguel Hidalgo, ha anunciado, sin pretenderlo, el inicio de la confronta que se cristalizará dentro de tres años.

Este asunto se va a resolver en el Tribunal Electoral federal, y no en el del DF, por la simple razón de que es un conflicto premonitorio al 2012. De ahí la rudeza de la confrontación en este caso. Pero no lo duden: Sodi gobernará la delegación Miguel Hidalgo hasta el 2012.

Tres errores de imagen política

Víctor Gordoa
Excélsior

El eterno divorcio entre el ser y el parecer, factor que significará la pérdida de la credibilidad o la significación de un gran engaño.

La política y los negocios son dos de los nuevos campos de trabajo fértiles que han surgido a raíz del advenimiento de la era de la imagen, que por si no se ha percatado ya llegó, ya está aquí. Fue hasta que ambos giros se dieron cuenta de que el diseño estratégico de imagen pública alcanzaba todo el terreno de la percepción y que al final del proceso se constituía en un valor agregado que podía significar la diferencia entre ser elegido o rechazado, cuando los dos decidieron invertir en él. Cuando en un terreno altamente competitivo se enfrentan dos contendientes similares, trátese de empresas, productos, gobernantes o candidatos políticos, es un hecho que resultará ganador aquel que goce de mejor imagen pública. Sin embargo y pese a que el cuidado de la imagen ya se convirtió en un deber para lograr mejores resultados, los protagonistas de las historias siguen cometiendo errores. ¿Quiere saber cuáles? Siga leyendo.

Olvidarse de la esencia…

El eterno divorcio entre el ser y el parecer, factor que significará la pérdida de la credibilidad (cuando se es y no se parece) o la significación de un gran engaño (cuando se parece y no se es), lo que nos lleva a la conclusión de que se tiene que ser y después parecer para poder ser aceptados, aunque por lo visto esto tan lógico no se logra en la vida política mexicana cuando existen patéticos casos en los que ni se es ni se parece ser, lo que todavía es peor. Tomemos por caso el de Juanito, un franelero sin la menor preparación para ser político a quien un líder “moral” lo impone como candidato al gobierno de un territorio tan importante como Iztapalapa, con la condición de que al ganar la elección aunque pareciera, después no fuera delegado. Lo que nunca se imaginaron es que el usurpador sacaría a relucir su verdadera esencia y amenazaría con quedarse en el puesto de gobierno. Este error de imagen pública deja a AMLO, al PRD y al PT muy mal parados ante quienes hicieron de comparsas, ya sea con su apoyo político interno o del externo a través del voto comprometido.

Incoherencia…

Todo proceso comunicativo incluye una parte verbal, lo que decimos con palabras, y otra no verbal, lo que decimos sin palabras, elemento éste que modifica lo verbal y del que depende 93% de la eficiencia de comunicación. Para que te crean y puedas obtener una respuesta conductual positiva de tu grupo objetivo, debes ser coherente entre ambos niveles de comunicación, pero algo tan evidente y lógico tampoco se lleva al cabo en el diario acontecer nacional y constituye otro de los errores más frecuentes que cometen sus protagonistas. Pongamos por caso el ejemplo del PRI. Está muy claro que el tricolor viene de regreso con gran fuerza y que tiene una gran probabilidad de colocarse nuevamente en la Presidencia dentro de tres años, sin embargo, insiste en decirnos verbalmente que hay un nuevo PRI, que el partido está renovándose, que está cambiando, propuesta que nadie cree, independientemente de que la intención exista o no, y esto se da debido a la incoherencia entre lo verbal y lo no verbal. Nadie cree que exista un nuevo PRI cuando sus líderes son los mismos políticos de antes, cuando el discurso político es el mismo, cuando las prácticas políticas son las mismas. Sin embargo, ahora que su poder se ha acrecentado, los priistas tienen la gran oportunidad de demostrarle a Juan Pueblo que sus intereses están por encima de los del partido, de tal manera que con una nueva conducta política saquen adelante, gracias a ellos, las reformas que México necesita. ¿La aprovecharán?

Ignorar los sentimientos...

Las decisiones al través de la imagen pública se toman mayoritariamente basadas en sentimientos, no en pensamientos. La respuestas conductuales de la gente se deben a la emoción, no a la razón, por eso Fox llegó a la Presidencia hace nueve años con las esperanzas, desperdicios y consecuencias que todos conocemos. Hoy el gobierno panista sucesor está analizando aumentar los impuestos a todos aquellos que ya están cautivos y que cumplen con su obligación, ignorando lo que van a sentir después del severísimo año que han vivido. Esto sucede cuando las denuncias de derroche presupuestal gubernamental están a la orden del día y cuando existen denuncias públicas de una gran base de gente e instituciones que inequitativamente no pagan impuestos. La medida será increíblemente impopular porque provocará gran enojo, decepción e indignación y pondrá las bases del deseo de cambio para 2012. No cabe duda que los errores de imagen pública cuestan. ¿No lo cree usted?