septiembre 21, 2009

No hay pan, comamos pastel

Denise Maerker
Atando Cabos
El Universal

Cuenta la leyenda que cuando Maria Antonieta, esposa de Luís XVI, rey de Francia, escuchó a lo lejos la desesperación de unos parisinos que gritaban que no tenían pan para comer, ella habría comentado airada: ¡pues qué coman pastel! Los historiadores coinciden en que el hecho en sí nunca ocurrió, pero era uno de los muchos rumores que corrían entre los franceses en los meses previos a la revolución. A Maria Antonieta la odiaban por extranjera y fatua, y ese rumor sintetizaba bien la acusación de que en la Corte se vivía en un ambiente tan alejado de la realidad del pueblo que un comentario así era posible.

Aquí está pasando algo parecido, y no es leyenda. Felipe Calderón piensa gastarse 2 mil millones de pesos en una grandiosa fiesta para conmemorar el bicentenario. Justo ahora, mientras nos debatimos todos con la crisis económica, muchos en el desempleo y otros con el temor de perderlo, en un ambiente viciado por los rebrotes de la influenza, los muertos del narco, la sorpresa y la zozobra de ver aparecer a fanáticos religiosos perturbando el cotidiano. Justo ahora, cuando nos piden más dinero porque dicen que el que tienen no les alcanza para que el Estado funcione, el Presidente cavila —dicen que tiene dudas— si desembolsa 60 millones de dólares para la ceremonia del bicentenario y otros mil millones de pesos para la publicidad del evento.

Los organizadores llevan tres semanas esperando que les den el sí definitivo y la jefa de la oficina de la presidencia, Patricia Flores, les da largas. Pero el proyecto ya esta listo y trabajado. A Calderón le gustó mucho la ceremonia inaugural de los juegos olímpicos de Beijing —la que usaron los chinos para mandar el mensaje al mundo de que ellos son la nueva gran potencia— y ordenó que buscaran y contrataran a los mismos productores para que se hicieran cargo de la fiesta del 2010. ¿Y qué estaría diciéndole al mundo el gobierno mexicano si hace algo de esas dimensiones? ¿Que somos una potencia? No. ¿Que es un país con rumbo? No. ¿Que no saben bien a bien que festejar? Sí. Pero sobre todo dejaría de manifiesto que cuando no hay pan, ellos nos piden que comamos pastel.

No hace falta hacer la lista de en qué se podría gastar ese dineral, las posibilidades abundan. Y Calderón lo sabe. En la lista de diez puntos de su informe dijo: “como un legado del bicentenario México debe y puede alcanzar durante esta administración la cobertura universal de salud”. Esa sí que sería una forma de festejar.