septiembre 23, 2009

Impuestos y desigualdad

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Quien tenga la correcta impresión de que las sociedades europeas son las más igualitarias del mundo encontrará en la gráfica adjunta la razón: los Estados de los países europeos redistribuyen la riqueza a través del cobro de impuestos y las transferencias de esos dineros a la sociedad.

La gráfica que reproduzco fue elaborada por la OECD y publicada en su informe “Perspectivas económicas de América Latina 2009” (p. 130).

Antes del cobro de impuestos y de las transferencias a la sociedad que hace el Estado, la desigualdad es parecida en países como Argentina, Brasil, México, Alemania, Francia y España. Es lo que muestran los cuadros pequeñitos de la gráfica.

Después del cobro de impuestos y de las transferencias del Estado, la desigualdad desciende notoriamente en Alemania, Francia y España. Pero se mantiene básicamente igual en Brasil, Argentina o México.

Los primeros países cobran impuestos y distribuyen la riqueza. Nuestros países, no. Cobran poco y distribuyen poco.

Creo que es un cuadro pedagógico de ver en estos días de discusión sobre impuestos para la pobreza.

El paquete fiscal y la credibilidad

Armando Román Zozaya
armando.roman@anahuac.mx
Excélsior

Ahora resulta que el boquete presupuestal debe ser cubierto por los ciudadanos y, si no, seremos culpables si México se desploma.

Según el presidente Calderón, de no aprobarse su paquete fiscal, no habrá vacunas contra la influenza A H1N1. Además, condenaremos a “una generación de mexicanos al hambre”. ¿De veras será esto atribuible a la ciudadanía? Y es que ahora resulta que el boquete presupuestal debe ser cubierto por los ciudadanos y, si no lo hacemos, será responsabilidad nuestra que México se desplome. Muy bien: ni modo. Lo que no está claro es que, en los hechos, la ciudadanía sea la responsable de lo ocurrido; nosotros no fuimos quienes minimizamos la crisis que comenzó en Estados Unidos. Tampoco somos nosotros quienes no hemos sabido concretar las reformas de fondo que el país requiere, por ejemplo, la energética y la fiscal, cuestión que ha resultado en que nuestras autoridades no cuentan con ingresos tributarios suficientes y en que el petróleo se acaba, lo cual significa que, ahora que sería útil hacerlo, no nos podemos endeudar: hacia el futuro, no tenemos con qué pagar. Lo enfatizamos: no tenemos con qué pagar porque en México no se recauda lo suficiente y el petróleo se está agotando. ¿Esto es culpa de la ciudadanía o de quienes no saben o no pueden cobrar impuestos? ¿Es responsabilidad de todos los mexicanos o de quienes, ante un escenario más que previsible en el terreno petrolero, no han querido, no han podido o no han sabido cómo remediar la situación? ¿Es culpa nuestra o de quienes se dedican a despilfarrar los recursos del país?

Es increíble que, en recesión, y después de que se nos ha dicho hasta el cansancio que nuestras finanzas públicas están “sanas,” no nos podamos endeudar, lo que evitaría que, en el corto plazo, haya más impuestos, los cuales provocarán que nuestra economía, ya de por sí en el suelo, cargue una pesada losa. Y todo porque nuestras autoridades no saben lograr acuerdos positivos para el país. Así, que no nos echen la culpa: la responsabilidad es de quienes nos gobiernan y de quienes constituyen la oposición. Son ellos quienes no han hecho lo suficiente por fortalecer nuestra competitividad, situación que nos ayudaría a hacer frente a crisis como la actual. Por ejemplo, es la clase política la que tolera empresas paraestatales sumamente dañinas, sindicatos que sólo ven por sí mismos, un sistema educativo patético y una vergonzosa falta de Estado de derecho. Nosotros padecemos esto, lo denunciamos, exigimos cambios, etcétera; ellos, los políticos, hacen poco al respecto.

Señor Presidente y señores de la clase política: el debate fiscal no es nada más técnico, es también sobre credibilidad. Si quieren nuestro apoyo, se lo daremos; sí somos solidarios, aunque ustedes piensen lo contrario, pero ¡trabajen más y mejor! Asimismo, ¡garanticen que lo que acuerden será beneficioso para el país y se hará realmente como nos lo dicen! Además, ya basta de prácticas que resultan en costos para México, en todos los sentidos, y en que muy pocos ciudadanos le crean a la autoridad. Si quieren más impuestos, necesitamos confiar en ustedes. Eso se logra trabajando en serio: ¡por ahí empiecen!