septiembre 25, 2009

¿Qué va a pasar en Honduras?

Andrés Oppenheimer
El Informe Oppenheimer
Reforma

En medios diplomáticos internacionales se están manejando tres desenlaces posibles de la peculiar crisis política de Honduras, un país con dos Presidentes -uno de ellos de facto, y el otro sin poder pero con reconocimiento externo- desde el retorno al país del destituido Presidente Manuel Zelaya.

El resultado final dependerá en última instancia de que Zelaya, quien se refugió en la Embajada brasilera de la capital hondureña, consiga suficiente apoyo en las calles como para que el país se vuelva ingobernable, y provoque una intervención de las Naciones Unidas que logre reinstalarlo en el poder.

"Finalmente, todo va a depender de cuál de los dos Presidentes tenga más peones", dijo un bien situado Embajador latinoamericano, empleando una metáfora ajedrecística. "Si hay grandes tumultos callejeros y muertes, es más probable que Estados Unidos y los países latinoamericanos aumenten la presión para que Zelaya sea repuesto en el cargo''.

Estos son los principales escenarios que se vislumbran en Honduras:

Escenario 1: "Caos, seguido de intervención de la ONU''. Los partidarios de Zelaya se lanzan a las calles, provocando una represión aún mayor por parte del Gobierno de facto del Presidente Roberto Micheletti. Hay muertos y heridos. El Presidente venezolano, Hugo Chávez, alega que se está cometiendo un "genocidio" del pueblo hondureño.

El Gobierno Micheletti decide sacar a Zelaya por la fuerza de la Embajada brasilera y arrestarlo, invocando un fallo de la Suprema Corte que ordena el arresto de Zelaya desde antes de que este fuera destituido el 28 de junio, por la violación de leyes constitucionales que le impedían presentarse para una reelección.

Además de cortar el suministro de agua y electricidad a la Embajada brasilera, el Gobierno de Micheletti fuerza a Zelaya a abandonar el edificio bombardeándolo con música de rock heavy metal, como lo hizo Estados Unidos cuando el ex dictador panameño Manuel A. Noriega se refugió en la Embajada del Vaticano en Panamá en 1990.

Brasil pide al Consejo de Seguridad de la ONU que intervenga en la crisis hondureña. A diferencia de la Organización de Estados Americanos (OEA), la ONU puede enviar tropas de paz a un país cuando el Consejo de Seguridad determina que existe riesgo de violencia regional. Tal como ocurrió en el caso de Haití en 1994, cuando el Consejo de Seguridad envió una fuerza multinacional para restablecer en el poder al destituido Presidente Jean-Bertrand Aristide, las tropas de paz de la ONU aterrizan en Honduras para restablecer a Zelaya en el poder y supervisar el proceso electoral.

Escenario 2: "Caos pasajero, seguido de elecciones''. Zelaya permanece refugiado en la Embajada brasilera y el Gobierno de Micheletti logra restablecer el orden. Después de algunos días agitados, las cosas vuelven a la normalidad, y la crisis hondureña empieza a esfumarse de los titulares.

Washington y los países latinoamericanos empiezan a evaluar la posibilidad de aceptar los resultados de las elecciones del 29 de noviembre convocadas por el Gobierno de Micheletti.

Varios países empiezan a argumentar que la mayoría de las actuales democracias latinoamericanas nacieron de elecciones convocadas por dictaduras. Además, alegan que el golpe de Honduras no fue un golpe militar tradicional, porque sus líderes en ningún momento pretendieron quedarse en el poder.

"Puede consolidarse la idea de que estamos frente a un nuevo tipo de golpe, un golpe correctivo, que no pretende una permanencia en el poder por años sino bloquear una acción presidencial [ilegal] y relanzar el juego democrático a los pocos meses'', me dijo Dante Caputo, ex Canciller y actual asesor especial del Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza.

Escenario 3: "Un Gobierno de unidad nacional''. Micheletti y Zelaya empiezan a negociar un Gobierno de coalición con alguna representación de Zelaya en el poder, para darle a todo el mundo una salida elegante, sin perder imagen. El nuevo Gobierno, basado en los acuerdos de San José propuestos por el Presidente costarricense, Oscar Arias, supervisa las elecciones de noviembre.

Mi opinión: Como soy un optimista por naturaleza, creo que veremos algo cercano al tercer escenario. Tal vez urgido por la amenaza de una intervención de la ONU, el Gobierno de Micheletti probablemente se vea forzado a aceptar un diálogo tendiente a garantizar el reconocimiento internacional de las elecciones de noviembre. Y si eso no ocurre, lo más probable es que el nuevo Gobierno electo convoque a nuevas elecciones -bajo supervisión internacional- para lograr que se levanten las sanciones económicas contra Honduras.

En cualquiera de ambos casos, como suele ocurrir, lo más probable es que se llegue a una solución negociada, y que los protagonistas de esta crisis pasen al olvido. Ninguno de los dos Presidentes brilla por su sabiduría, ni por su carisma. Me sorprendería mucho que dentro de algunos años podamos recordar los nombres de Zelaya y Micheletti, y eso es lo mejor que puede ocurrir.

LyFC: una sangría que se debe parar

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Hace unos días se paralizó todo el sur de la Ciudad de México porque unos mil integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas, encabezados por su líder, Martín Esparza, exigían la “toma de nota” de la Secretaría del Trabajo para que Esparza fuera ratificado en esa posición, luego de unas controvertidas elecciones sindicales. Cerraron durante horas el Periférico y las autoridades capitalinas, a pesar de que está penalizado bloquear vías primarias, no hicieron nada por desalojarlos. En los últimos días, se han repetido esas marchas y bloqueos. Pero no habrá toma de nota porque, como publicó el periódico La Razón ayer, la elección estuvo plagada de irregularidades: votaron los muertos, hubo electores que lo hicieron más de una vez y por Esparza votaron hasta personas que no son miembros del sindicato. Pero el tema va más allá.

En el SME saben que la empresa en la que trabajan está a punto de quebrar: Luz y Fuerza del Centro no puede seguir existiendo en las actuales condiciones y, en muy buena medida, ello es consecuencia directa de un sindicato voraz que desde siempre ha impedido su consolidación. No deja de ser extraño que el sindicato diga que la ineficiencia de la empresa se debe a que no cuenta con recursos suficientes cuando este año el subsidio a la LyFC alcanzó los 40 mil millones de pesos. Y estamos hablando de una empresa monopólica, que genera, distribuye y comercializa la energía en la Ciudad de México y todo el centro del país.

Luz y Fuerza del Centro está quebrada desde que la nacionalizó, en los 60, el gobierno de Adolfo López Mateos, cuando se asumió, además, un pasivo de 78 millones de dólares de los de aquella época. Ya en 1974, el gobierno de Luis Echeverría había decidido su liquidación y la fusión en una empresa con la CFE. La idea no prosperó por las presiones sindicales y, hoy, la LyFC es, simplemente, la empresa, incluidas públicas y privadas, más deficitaria del país, pero la que goza del mejor contrato colectivo.

Este año se le transfirieron unos 40 mil millones de pesos, o sea que pierde cerca de 100 millones de pesos diarios. Los números son contundentes: vende unos 35 mil millones de pesos en energía al año, compra una cantidad similar, en realidad unos dos mil millones de pesos más de lo que genera, paga unos 30 mil millones de pesos en salarios y prestaciones y recibió este año unos 40 mil millones más, para compensar las pérdidas. Con esos tres mil 500 millones de dólares anuales que se transfieren a fondo perdido a Luz y Fuerza se podrían edificar millones de viviendas, miles de escuelas, cientos de hospitales. Se podrían construir plantas modernas para abastecer de energía adecuadamente al centro del país. No sucede así y hoy la empresa gasta en salarios más de 55% de lo que recauda. El pasivo que generan 22 mil pensionados por 40 mil trabajadores activos es de unos 85 mil millones de pesos cuando todos los activos de la empresa apenas si superan los 120 mil millones. Además, si trabajara con base en los parámetros de la Comisión Federal de Electricidad, se requerirían solamente nueve mil de los 40 mil trabajadores activos.

Pero LyFC hasta hoy parece ser intocable. Casi siempre por compromisos políticos del sindicato: así, el SME, en 1988, decidió apoyar a Carlos Salinas de Gortari a cambio del compromiso de éste de no liquidar la empresa y, en 2006, al lopezobradorismo. Y se ha temido un movimiento con el argumento de que se está “privatizando” la energía. Pero hoy la empresa, como tal, se ha convertido en un lastre insostenible para las finanzas públicas de un país que no termina de salir de la crisis.

La solución es liquidar, comprar, como se dice, el contrato colectivo de trabajo, liquidarla y fusionarla con la Comisión Federal de Electricidad, cuyos números, tarifas y servicios son notablemente mejores, al tiempo que esos miles de millones de dólares que ahora se entregan para cubrir el déficit de LyFC se destinan a mejorar la infraestructura energética del país. ¿Quién puede oponerse?

Luz y Fuerza del Centro no puede seguir en las actuales condiciones, consecuencia de un sindicato voraz.

Iztapalapa, ese botín

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

A posteriori creo en todo; hasta en el destino. Florestán

Cuando López Obrador fue informado de la cancelación de la candidatura de su incondicional Clara Brugada, a jefa delegacional en Iztapalapa, iluminado por un rayito de esperanza, otro, resolvió la crisis: Juanito.

Tenía claro que no podía perder esa fuente inagotable de dinero, votos y organizaciones de ese pueblo bueno que aporta quórum y financiamiento.

Sabía que Iztapalapa, solo, tiene el padrón electoral número 19 del país, con un millón 551 mil 784 ciudadanos, por encima de Tabasco, Morelos, Yucatán, Querétaro, Durango, Zacatecas, Quintana Roo, Tlaxcala, Aguascalientes, Nayarit, Campeche, Colima y Baja California Sur, apenas por debajo de Sinaloa, Coahuila, Sonora, Hidalgo y San Luis Potosí.

En 2006, esta reserva le dio al PRD 577 mil votos, más que los que ese partido logró en Baja California Sur, Aguascalientes, Campeche, Yucatán, Colima y Durango juntos; por sí sola, en ese mismo proceso electoral de hace tres años, el PRD tuvo más votos en Iztapalapa que en 26 estados y sólo seis entidades le dieron más que esa delegación: Michoacán, Puebla, Veracruz, Puebla y el Estado de México. El Distrito Federal, sin Iztapalapa, no estaría en esta lista.

Iztapalapa, además de los ocho distritos electorales locales, tiene seis federales, los mismos que suman Baja California Sur, Campeche y Colima, que tienen dos cada uno; uno a uno, más que Nayarit, Aguascalientes, Quintana Roo y Tlaxcala, con tres; Durango, Querétaro y Zacatecas con cuatro, y Yucatán y Morelos con cinco.

Su presupuesto ronda los cuatro mil millones de pesos, superior a lo que dispone la mayoría de las capitales de los estados, más sus incalculables ingresos negros por permisos, licencias y giros negros.

Cuando le doy estas cifras queda claro por qué la pugna es por Iztapalapa y por qué López Obrador no está dispuesto a dejarla ir.

Retales

1. ¿JUANOTE? Pasado el cuento Rafael Acosta, éste volverá a su dimensión anterior de Juanito, de la que lo sacaron para arrojarlo a la vida pública. El lunes, Acosta se reúne con Marcelo Ebrard en sus oficinas del Zócalo, el jueves protestará el cargo y tomará posesión. Luego renunciará, y a otra cosa;

2. RELEVO. En la Asamblea Legislativa, el grupo lopezobradorista carece de los votos necesarios para sacar adelante a Clara Brugada como jefa delegacional, si la propone Ebrard, quien los podría tener para otro candidato, una vez rechazada aquélla; y

3. PLACET. El gobierno británico aún tramita el beneplácito para que Eduardo Medina Mora sea el nuevo embajador de México en Londres. El trámite lleva de seis a ocho semanas, plazo dentro del cual se encuentra, y al final será la reina Isabel II la que lo apruebe. A más tardar en diciembre Medina Mora estará en la capital de ese imperio.

Nos vemos el martes, pero en privado.

Liderazgo e inteligencia

Ana María Salazar
salazaropina@aol.com
Analista política
El Universal

Mucho se ha especulado acerca de si el liderazgo está intrínsecamente ligado a la inteligencia. Probablemente haya quien piense que ser inteligente es un requisito indispensable para ser un buen líder, y quizá tenga razón. Pero la capacidad de un líder, a fin de cuentas, no se define por su inteligencia, y aunque es una herramienta básica, la disciplina y el propio interés se suman a ella como factores indisolubles.

Podríamos buscar ejemplos de personas extremadamente inteligentes, muy brillantes, que fueron muy malos líderes. Una persona muy inteligente y que pretende saberlo todo,es muy probable que caiga en la soberbia. Fernando Savater dice: “La soberbia no es sólo el mayor pecado según la sagradas escrituras, sino la raíz misma del pecado. Por lo tanto, de ella misma viene la mayor debilidad. No se trata del orgullo de lo que tú eres, sino del menosprecio de lo que es el otro, el no reconocer a los semejantes”.

Los líderes soberbios por lo regular terminan siendo malos dirigentes pues no buscan asesoría en ninguna de las áreas y desembocan en el fracaso, porque finalmente sabemos que nadie, absolutamente nadie, puede saberlo todo ni ser experto en todos los temas. Por el contrario, encontramos ejemplos de personas que no tienen una inteligencia extrema y que ni siquiera son brillantes, pero que poseen otras cualidades tal vez más importantes para un líder, como la capacidad de empatía, el control emocional, el poder seleccionar un buen equipo de trabajo y, sobre todo, la conciencia de sus propias limitaciones. Esto se aprende a través del tiempo y de la preparación.

Muchas personas tratan de ligar el tema de la inteligencia con su capacidad de liderazgo, pero yo diría que, por el contrario, más que ligado a la inteligencia lo está a la disciplina, a la capacidad de reconocer que el liderazgo es un proceso de aprendizaje que dura toda la vida.

Y ya que hablamos de inteligencia, es muy importante saber lo que esta palabra significa en toda su extensión. Un hombre inteligente no solamente es quien sabe mucho o está muy bien preparado. Quien pretenda ser líder y llegar a ser considerado como tal debe ser en extremo inteligente pero emocional y sobre todo socialmente. Daniel Goleman, autor del libro Inteligencia social, explica que los seres humanos somos seres sociales por naturaleza, y que la inteligencia social también se puede desarrollar e incluso hay que trabajar en ello.

Un líder que no es socialmente inteligente es muy difícil que logre ejercer un liderazgo efectivo. Un líder socialmente ignorante actuará a partir de su instinto sin pensar en las consecuencias. Nunca analizará los efectos de sus actuaciones ante el público y jamás le preocupará su desarrollo con la gente; por lo tanto, sus decisiones afectarán no sólo la imagen que de él percibe el pueblo, sino incluso los resultados en el momento de buscar consensos o de resolver problemas.

Por el contrario, un líder inteligente siempre estará preocupado por su aspecto social más que por su imagen de líder. Buscará mejorar su desenvolvimiento frente a sus semejantes, esto es, hará uso de un lenguaje adecuado, tanto verbal como no verbal. Un líder inteligente logrará una mejor empatía con su equipo y con sus electores en tanto llegue a entender la importancia de su comportamiento social.

Usar el poder para realizar el bien sabiamente requiere fortaleza y valentía pero también un claro discernimiento entre el bien y el mal. Para ello, se toman en cuenta la educación, la ética y los preceptos morales del individuo. Sin embargo, para algunos los conceptos de bien y mal no son universales o presentan ambigüedades.

James Hunter, en La clave de la paradoja, afirma que “los seres humanos tienen una capacidad para el bien y el mal. Sin embargo, la tendencia hacia la mala conducta es el estado más natural y debe controlarse. Las intenciones y las acciones se muestran en la voluntad de hacer lo correcto. Esta voluntad de hacer lo correcto se debe cultivar y desarrollar cuidadosamente para no convertirnos en uno de los muchos seres maliciosos que han vagado por el mundo”.

A fin de cuentas, un buen liderazgo es simple y sencillamente el ejercicio correcto del poder, la búsqueda de las decisiones correctas. Dick Morris, reconocido y controversial consultor de la Casa Blanca y autor de El nuevo príncipe, explica: “El arte del liderazgo es mantener un impulso lo suficientemente adelantado como para controlar los acontecimientos y mover la política pública sin perder el apoyo público”.

Matar el internet

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"La visión del gobierno de la economía puede resumirse en unas breves frases: si se mueve, cóbrale impuestos; si se sigue moviendo, regúlalo; si deja de moverse, subsídialo". Ronald Reagan

Preocupan los nuevos y mayores impuestos que está promoviendo el gobierno de la República, pero quizá el más dañino de todos es el de las telecomunicaciones. Parece un intento típico de matar a la gallina de los huevos de oro.

Las telecomunicaciones son uno de los pocos sectores de la economía que está creciendo en estos tiempos difíciles, pero el gobierno quiere matarlo a golpe de impuestos. El nuevo gravamen especial de 4 por ciento a las telecomunicaciones, sumado al 15 por ciento de IVA y al nuevo impuesto de 2 por ciento al consumo, sumaría más de 21 por ciento piramidado. Parecería que el propósito es acabar con la telefonía, la telefonía celular, la televisión de paga y el internet.

Otros países han hecho esfuerzos por lograr una mayor difusión, a mejor precio, de las telecomunicaciones. Una de las razones del éxito económico de Corea del sur en las últimas décadas, el cual contrasta con el patético estancamiento de México, ha sido el apoyo, incluso con subsidios, al internet de alta velocidad.

Conversaba ayer con el doctor Sam Pitroda, presidente de la Comisión del Conocimiento de la India, quien participa en la Semana de la Ciencia y la Innovación del gobierno de la Ciudad de México. Me decía que, por supuesto, todos los países deben buscar las formas más adecuadas de cobrar impuestos, los cuales son indispensables para mantener los servicios gubernamentales; pero advertía que "los gobiernos deben hacer todo lo posible para que el internet sea accesible, lo más barato posible. El internet constituye la nueva autopista de la información".

Así como se ha justificado que los gobiernos construyan carreteras con fondos públicos, debido a que éstas generan desarrollo económico, hoy algunos países han empleado recursos gubernamentales para la construcción de las nuevas autopistas de la información. El internet, la telefonía y la televisión por satélite o cable son esas carreteras. Quizá en un país como México sea difícil encontrar los fondos para que el gobierno las subsidie, pero tenemos la suerte de contar con empresas privadas que han estado dispuestas a invertir en ellas. Lo único que debemos pedir al gobierno ahora es que por lo menos no estorbe.

Los países de Asia han escogido con frecuencia sectores estratégicos de sus economías para impulsarlos y permitir así una mayor competitividad. El gobierno de México hace constantemente lo contrario: golpea a las actividades ganadoras y subsidia las perdedoras. Sólo así puede explicarse que, mientras impone nuevos impuestos a la telefonía celular y al internet, exenta a la telefonía fija rural. Esto no sólo complica el sistema fiscal y promueve la corrupción sino que manifiesta una filosofía perversa de preservar la pobreza, la cual sólo se explica porque los políticos mexicanos viven de explotar a los pobres.

Subir los impuestos en una economía en recesión es el peor error que puede cometer un gobierno. Pero golpear al único sector de la economía que está creciendo y encarecer las nuevas autopistas del conocimiento es una estupidez que va más allá de la usual, incluso para los políticos mexicanos. El presidente Calderón parece estar comprometido con un proyecto para hundir a la nación mexicana más que nunca en la pobreza. Sólo así puede explicarse este intento de matar el internet.

Impuestos populares

Primero el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, y después el de Gobernación, Fernando Gómez Mont, dijeron que la enorme mayoría de los mexicanos están de acuerdo con los nuevos impuestos. Sólo "algunos" se oponen. Cuando dimos esta nota en mi programa de radio recibimos cientos de llamadas en contra de los impuestos. Sería bueno que el gobierno publicara esa encuesta que supuestamente dice lo contrario.

Claves para entender a México

Francisco Martín Moreno
fmartinmoreno@yahoo.com
Excélsior

El tal Juanito, quien escribe su nombre con faltas de ortografía, traiciona a sus operadores políticos y se dispone a gobernar la delegación cuando nadie votó en realidad por él, sino por la señora Brugada, quien ahora ya no trabajará a su lado ni siquiera en el área de limpieza.

Esteban Cervantes Barrera, el héroe del Metro Balderas.

¿Desea usted entender a nuestro país? ¿Sí..? Pues entonces explíquese “el caso Juanito.” Me refiero al delegado electo de Iztapalapa en el Distrito Federal. De llegar a ganar las elecciones, tal como aconteció, dicho sujeto se comprometió públicamente a entregar el cargo a una persona eliminada de la contienda electoral por una decisión judicial. Es decir, la comunidad votaría por el tal Juanito, a sabiendas de que él no gobernaría, sino que lo haría una tal Clara Brugada. El Tribunal Electoral fue burlado, sus sentencias evadidas. El jefe de Gobierno se exhibió como un títere, cuyos hilos tira López Obrador. La Asamblea del DF ratificaría el nombramiento de una delegada que había sido descalificada. ¿Y las instituciones? La Asamblea y el Tribunal se convierten entonces en meras carpas, en las que el payaso principal lo es el “jefe de Gobierno…”

Pero sucede que el tal Juanito, quien escribe su nombre con faltas de ortografía, traiciona a sus operadores políticos y se dispone a gobernar la delegación cuando nadie votó en realidad por él, sino por la señora Brugada, quien ahora ya no trabajará a su lado ni siquiera en el área de limpieza. Nada. El electorado alegará: votamos por Juanito legalmente aunque nuestra intención consistía en que él no fuera el delegado. Cantinflas diría que este es un problema de falta de ignorancia, porque se vota por quien no va a ser para que quien llegue a ser no sea para que al final de cuentas sí sea… ¡Horror! Si ya le entendió al “asunto Juanito” entonces la ventaja es enorme, porque si la delegación más desastrosa de la capital de la República se desestabiliza, rompería el equilibrio del DF, con lo cual el conflicto llegaría a convertirse, como bien apunta Pabo Hiriart, en un problema de seguridad nacional. Juanito ya no es una broma.

¿Más claves? Estudiemos el caso del Sindicato de Mineros que fue desfalcado con más de 50 millones de dólares por su propio líder Napoleón Gómez Urrutia, el mismo que se vio en la necesidad de fugarse del país para internarse en Canadá, en donde se siente a salvo de las diversas órdenes de aprehensión libradas en su contra por diversos delitos cometidos en nuestro país. Sin embargo, sus agremiados, a pesar del gigantesco fraude cometido en su contra, los desfalcados y los burlados, todavía exigen el desistimiento y la reinstalación de quien los desfalcó y burló o, de lo contrario, intentarán paralizar a la industria acerera, fundamental en el desarrollo del país. ¡Ay!, Cantinflas…

¿Otra clave? El gobierno está quebrado. Las finanzas públicas arrojan un faltante de 300 mil millones de pesos para el ejercicio 2010. En lugar de eliminar valientemente algunos subsidios como el de la gasolina, el de Luz y Fuerza, suprimir representaciones del gobierno federal en el interior del país, derogar algunos regímenes especiales, recortar el número de diputados y senadores, cancelar plazas burocráticas, reducir las aportaciones a partidos políticos y al TEPJF y al IFE, entre otros tantísimos rubros más, pues no, en lugar de ir por la inmolación política más que prometida, el gobierno se propone un incremento tributario en plena crisis económica que ya arroja un total de dos millones de mexicanos o más, sin empleo. Quien no tiene ni para comer ahora tendrá que pagar más impuestos al consumo, que aunque es el camino idóneo, no es, ni mucho menos, la ocasión adecuada.

La ciudadanía se queja de la corrupción de la autoridad y es quien la corrompe; la asociación inteligente, similar a la que existe en muchos países, con empresas petroleras extranjeras, nos podría significar el exitoso rescate de millones de mexicanos sepultados en la miseria y, sin embargo, preferimos una nueva convulsión social antes que reformar la Constitución; los cuerpos policiacos dedicados a la erradicación de los secuestros, están integrados, en buena parte, por los propios secuestradores; la Secretaría de Turismo, la industria que podría aportar más del doble de las divisas captadas por el petróleo y las remesas, es degradada con una torpeza que raya en la obnubilación. ¿Ejemplo? Los ingresos por turismo en España alcanzaron los 70 mil millones de dólares. En Francia la cifra se remontó a 65 mil millones en 2008, mientras que en México se desaparece a la Secretaría de Turismo, cuando, de estar bien conducida, podría representar nuestra salvación.

Es fácil entender a México, ¿no..?

Mentada mata debate

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

La propuesta que hizo ayer el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, para que desaparezcan las ¡dos mil 22! desconfiables policías municipales del país y se conforme una sola y calificada en cada una de las 32 entidades fue opacada por la sarta de injurias, insultos y calumnias diputadiles.

¿Se apagó la neurona del ex echeverrista, ex dirigente del PRI y del PRD, ex candidato a la Presidencia por el alcahuete (y extinto) Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, ex admirador y ex colaborador de Vicente Fox y redivivo petista Porfirio Muñoz Ledo?

¿Para comportarse como porro, calumniar y ofender se le dio fuero y se le financia con dinero público a Gerardo Fernández Noroña? ¿Para que prodiguen su estulticia se les paga al petista Jaime Cárdenas o a los becarios “de izquierda” que se disfrazaron de deudos de la guerra entre pandillas de narcotraficantes?

La náusea que provoca esta pedestre camada legislativa impone tomar vacaciones.

Régimen y corrupción

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

Discutimos hoy nuestros problemas como si fuesen nuevos, como si por generación espontánea hubiesen aparecido, como si todo nos viniera de fuera, importado por los desclasados, los traidores, los malos mexicanos. Pura imaginación: hoy cosechamos lo que hemos sembrado, nada más, nada menos.

El régimen de la Revolución Mexicana se construyó sobre una base corporativa, consistente en sindicatos creados desde el mismo grupo ganador de la guerra civil, en centrales agrarias (campesinas) hechas por ellos mismos, en empresarios asociados con ellos y en intelectuales dedicados a cantarles loas y reescribir la historia en su beneficio. Sostener a esos grupos era costoso, pero de eso dependía la supervivencia del régimen, de forma que toda la estructura económica de este país se construyó con ese objetivo. Nunca para crecer, ni para terminar con la pobreza, ni para alcanzar la justicia social, como tantas veces se dijo en el transcurso del siglo. Todas y cada una de las decisiones tomadas en México desde 1935 en adelante tuvieron como objetivo primordial la supervivencia de ese régimen corporativo.

Cuando hoy se quejan de la corrupción imperante en México no queda más que sorprenderse. ¿Qué esperaban? La construcción de un régimen premoderno, como lo fue el de la Revolución, implica características que, desde la visión moderna, son corruptas, pero que desde la premodernidad son simples requisitos indispensables. Para los ganadores de la guerra civil, era inimaginable no cobrar sus servicios a la patria desde el gobierno. Por eso todos los ganadores se convirtieron en flamantes empresarios, asociados con antiguos ricos o financiados con los dineros del erario. El primer millón de pesos que perdió el Banco de Crédito Agrícola fue en un crédito al ex presidente Obregón, que nunca pagó. Baste como ejemplo.

El patrimonialismo, es decir, la concepción del gobierno como un patrimonio de quien se encuentra en él, fue normal en los tiempos previos a la modernidad, en todas partes. Desde nuestra perspectiva actual, es corrupción. Y no se agota en los viejos métodos de simplemente tomar el dinero público, robo vil, sino que se institucionaliza en la utilización de todas las herramientas del Estado para sostener al grupo que, con las armas, había alcanzado un poder que sólo dejaría frente a otras armas, como claramente dijo el hombre que encarnaba al régimen: Fidel Velázquez.

Digo que todas las decisiones que se tomaron tenían como objetivo la preservación del régimen, y no el crecimiento del país o la derrota de la pobreza. Esto significa que todas las instituciones creadas por el régimen de la Revolución han tenido como objetivo primordial el mantenimiento de ese régimen corporativo, así de manera tangencial hayan podido ofrecer algún beneficio al país. Por eso no debería sorprender a nadie que Pemex, más que ser un pilar del desarrollo, sea una fuente de corrupción e incompetencia, lo mismo que las empresas eléctricas. No debería sorprender a nadie que el IMSS esté quebrado, puesto que así lo estuvo desde su misma fundación. No debería sorprender a nadie que los jóvenes mexicanos sean convertidos en inútiles mediante un sistema educativo construido precisamente para eso: para reproducir al régimen mediante el autoritarismo en el salón de clases y la repetición como mecanismo destructor de toda creatividad y pensamiento crítico.

¿Que el gobierno gasta mal? Claro, si sobra la mitad de los trabajadores de Pemex y toda Luz y Fuerza del Centro; si con lo que nos cuesta el sistema educativo deberíamos tener el nivel de Europa mediterránea, y nuestras universidades públicas deberían producir más que las españolas; si con lo que invertimos en el campo debería ser imposible que hubiese pobres en él. Pero estos malos gastos no lo son, vistos desde la premodernidad, y por eso tantos mexicanos, dañados por ese sistema educativo, creyentes en los mitos revolucionarios, siguen y seguirán defendiendo a ese Estado patrimonialista, corrupto y corruptor, pero nacionalista revolucionario.

Los problemas del México actual son resultado de un régimen político construido para controlar a una nación de perpetuos adolescentes, a quienes se les extraían rentas para financiar con ellas a los grupos corporativos. Cuando estas rentas fueron insuficientes, se apeló a la deuda externa, y después al petróleo. Durante todo ese tiempo, el daño al país fue creciendo, hasta llevarnos al borde de la destrucción del Estado, que es en donde estamos hoy.

Todos (nadie) son responsables de lo que ha pasado. Porque todos soportaron a ese régimen por décadas, y porque todos celebraron las grandes victorias de la Revolución Mexicana, y lo siguen haciendo. Se niegan a entender que se ha tratado de un gran engaño, que sólo puede enfrentarse aceptándolo como tal. Fuimos engañados durante el siglo XX y nos mantuvimos en la perpetua adolescencia, derrochando las pocas riquezas de este país.

Necesitamos responsabilizarnos, actuar como ciudadanos, hacernos cargo de nuestras obligaciones. Necesitamos destruir esa Revolución Mexicana que nos tiene derrotados al interior de nuestras mentes, para alcanzar la victoria fuera de ella: un país del que podamos sentirnos orgullosos.