septiembre 29, 2009

La batalla por Honduras tiene eco en los medios

Elisabeth Malkin y Marc Lacey
New York Times News Service
Sentido Común

Tegucigalpa, Honduras, 28 de septiembre – “Las mentiras de Manuel Zelaya” entona una voz seria a medida que una imagen de Zelaya, el depuesto presidente de Honduras, aparece en pantalla. Entonces se escucha el repiqueteo de una caja registradora, al tiempo que surgen fotos del sombrero vaquero de Zelaya, de sus caballos, de su avión privado y de él en Times Square, el conocido distrito de Manhattan, en Nueva York.

Mientras fue presidente, Zelaya adquirió joyas, pagó viajes y mantuvo a sus caballos con dinero que robó del banco central y de Hacienda, de acuerdo a la campaña publicitaria en televisión producida por el gobierno de facto. Los encabezados de varios diarios aparecen en el televisor para, supuestamente, demostrar la veracidad de las acusaciones.

El anuncio, y otros parecidos, son ya algo común en la televisión y la radio hondureña, donde la dura batalla que divide hoy al país centroamericano se despliega con recriminaciones de todo tipo, sin importar si están basadas en hechos.

El regreso de Zelaya a Honduras ha aumentado el volumen de la guerra en los medios y en la que el gobierno parece tener la voz más sonora, pero en la que Zelaya es también un hábil e igualmente resbaladizo combatiente.

“Zelaya tiene un plan terrorista”, dice otro anuncio gubernamental, en el que se acusa al depuesto presidente de usar la embajada brasileña, donde se ha refugiado, como su centro de comando general. La frase sigue a la advertencia de que “grupos extranjeros y aviones militares” han logrado penetrar el territorio hondureño.

Los anuncios del gobierno son el ejemplo extremo de las acusaciones mutuas que a diario tienen que digerir los hondureños vía las señales de televisión y radio.

Aún antes de que Zelaya fuera depuesto el 28 de junio, la televisión y los diarios, controlados por un puñado de hombres de negocios, eran sus rivales. Además de la televisión estatal, el gobierno de Roberto Micheletti, el presidente interino, tiene muchos vehículos para desacreditar, sino es que hasta denigrar, a Zelaya.

El miércoles de la semana pasada, por ejemplo, la televisión gubernamental reportó, sin ofrecer la fuente, que Brasil prometió reinstalar a Zelaya a cambio de un asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Pero Zelaya tiene sus propios aliados en los medios, notablemente la estación Radio Globo, que transmite las 24 horas del día y que repite sus propios rumores e imprecisiones. Zelaya llama con frecuencia a esa estación, desde donde lanza sus propias teorías infundadas como el que comandos israelitas han sido contratados para matarlo o de que está siendo envenenado con gas o radiación y que Micheletti se apresta a invadir la embajada brasileña.

“Nadie en Honduras te dice 100% la verdad”, dijo Alejandro Villatoro, el propietario de Radio Globo y un legislador aliado de Zelaya. Agregó que los reportes de represión de la policía y de los soldados, que ha brindado comúnmente su estación, no forman parte de los reportes de la prensa pro-gubernamental.

El gobierno tiene claramente la ventaja, dijo, indicando que él y sus reporteros fueron brevemente arrestados el día del golpe de Estado. Esa experiencia le dio mayor determinación para mantener su estación abierta, aún cuando el gobierno frecuentemente obstruye su programación. El hecho más reciente de esto fue la transmisión de cuentos para niños antes de dormir.

Los anunciantes han también dejado de adquirir espacios desde el golpe en la estación, por lo que Villatoro la está financiando con un presupuesto mensual de entre 15,000 y 20,000 dólares.

Los dos bandos argumentan que están contrarrestando las mentiras del otro. “Nuestra misión es decirle a la gente la verdad”, dijo un asesor de medios del gobierno y quien pidió no ser identificado dado que no está autorizado a hablar en nombre del gobierno. “Están lanzando una campaña de desinformación”.

La competencia en materia de acusaciones también se da cuando ambos lados discuten el origen de la crisis. De acuerdo a un análisis legal que preparó Law Library of Congreso en Estados Unidos, tanto Zelaya, como quienes los removieron, violaron aparentemente la ley.

En el caso de Zelaya, el mandatario hizo caso omiso de una sentencia de la Suprema Corte que le ordenó detener su intención de realizar una encuesta para determinar si se convocaba a una asamblea para modificar la Constitución. Eventualmente, el procurador de Honduras envió a la Suprema Corte un expediente en el que acusaba a Zelaya de traición y abuso de autoridad, entre otros cargos. Eso llevó a la emisión de una orden de arresto que se llevó a cabo el 28 de junio.

Sin embargo, Zelaya no fue formalmente arrestado cuando los soldados tomaron su casa. En cambio, los militares lo detuvieron, lo llevaron a un aeropuerto y lo expulsaron a Costa Rica, aún cuando la Constitución de Honduras dice que ningún ciudadano puede ser entregado a autoridades extranjeras.

Los militares han dicho que decidieron exiliar a Zelaya del país para reducir la posibilidad de que su detención provocara actos de violencia. Después de haber defendido en un inicio la decisión, miembros del gobierno de facto ya la consideran como un error.

Norma C. Gutierrez, una abogada especializada en asuntos legales internacionales y quien preparó el análisis para abogados estadounidenses el mes pasado, criticó a ambos lados. Su conclusión final: El caso contra Zelaya estaba sustentado en la Constitución y otras leyes. Su remoción del país, no.

Promesas rotas

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"Haces campaña en poesía. Gobiernas en prosa". Mario Cuomo

Estuve este viernes pasado en Tepatitlán, en Los Altos de Jalisco, una región agrícola productiva y pujante. Varios empresarios se quejaron de que el presidente Felipe Calderón ha olvidado una promesa de campaña muy concreta: traer una línea de ferrocarril directa desde Aguascalientes para permitir una mayor rapidez y facilidad en la salida de productos. No es ésta la primera promesa de campaña olvidada por algún político o por el presidente Calderón. En los últimos días he recibido varios correos electrónicos con fotografías de carteles de la campaña de Calderón en los que éste prometía eliminar la tenencia vehicular. Las posibilidades de que la propuesta llegue a cumplirse son muy endebles.

Uno puede entender, por supuesto, que las circunstancias del país cambien: que un proyecto de ferrocarril que se consideraba prioritario en una campaña electoral no lo sea ya cuando el candidato ha asumido el poder o que el impuesto que se consideraba inaceptable en campaña demuestre su utilidad en la Presidencia. Pero el cambio en las posiciones del Presidente ha sido tan fuerte que hay que preguntarse si sus promesas de campaña fueron un simple engaño cuyo objetivo era simplemente llegar al poder.

El candidato Calderón no prometió gastar cientos de miles de millones de pesos en un contaminante e injusto subsidio a la gasolina. Tampoco propuso aumentar impuestos de manera generalizada con el fin de elevar el gasto del gobierno. Entiendo que lo apretado de la elección del 2006, y las protestas postelectorales de Andrés Manuel López Obrador llevaron al mandatario a tratar de rebasar al perredista por la izquierda. Pero en lo que no ha pensado el Presidente es que la razón por la que 15 millones de mexicanos votaron por él es precisamente porque prometió un México de menores impuestos, más inversión y mayor generación de empleos.

Las posiciones de Calderón como Presidente han sido exactamente opuestas a las promesas que hizo. En el 2007 llevó a cabo una "reforma fiscal" que se limitó a la introducción de nuevos impuestos, el IETU y el impuesto a los depósitos en efectivo. Esta reforma fracasó y ahora el gobierno regresa con una iniciativa para un alza generalizada de impuestos.

En su intento por rebasar por la izquierda a López Obrador, el Presidente no sólo ha olvidado sus promesas de campaña sino la propia sensatez económica. Prefiere no darse cuenta de que la mejor manera de combatir la pobreza no es repartir dádivas sino generar inversión y empleos. La nueva alza de impuestos, sin embargo, disminuirá la inversión y la generación de empleos. Calderón no quiere recordar que la razón por la que fue electo Presidente fue precisamente porque prometió actuar de manera opuesta a lo que está haciendo.

Este domingo 27 de septiembre Angela Merkel fue reelecta como canciller de Alemania por los electores de su país. El Partido Social Demócrata tuvo una caída muy importante mientras que el Partido Liberal Democrático avanzó de tal manera que podrá formar gobierno con los partidos democratacristianos que encabeza Merkel. El éxito de los democratacristianos y los liberales es producto de sus promesas de recortar impuestos.

Los electores alemanes saben que los políticos que han elegido tienen el deber de cumplir con sus promesas de campaña. En México, nuestros políticos piensan que los ciudadanos no tenemos memoria: que no nos acordaremos de que un candidato prometió generar empleos invirtiendo en infraestructura y reduciendo impuestos y que ahora sólo busca elevar los impuestos.

Legitimidad en Honduras

Hasta ahora Roberto Micheletti, presidente de facto de Honduras, podía reclamar cierto grado de legitimidad pese al rechazo internacional debido a que el golpe contra Manuel Zelaya fue ordenado por la Suprema Corte y avalado por el Congreso. Al decretar ahora un estado de excepción y censurar a los medios favorables a Zelaya, sin embargo, Micheletti pierde cualquier legitimidad.

"Juanito", la parodia terminó

Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
El Universal

Juanito, la parodia cómica de Andrés Manuel López Obrador, se acabó; lo aplastó la política. El personaje popular que había ridiculizado al tabasqueño y que ponía en entredicho a toda la izquierda mexicana finalmente se quebró. A cambio de unos cuantos cargos públicos y espantado por la maquinaria del poder que le echaron encima, terminó él ridiculizado y humillado.

Termina así uno de los pasajes más folclóricos y penosos de la política mexicana contemporánea; un episodio que si bien se había vuelto divertido y hasta entretenido para las grandes audiencias mediáticas, pudo haber terminado en un auténtico problema de seguridad y de gobernabilidad en la delegación más poblada de la capital del país.

A partir de hoy Juanito será algo casi anecdótico; a menos que algún partido lo rescate y lo vuelva a postular a un cargo público, quedará como un simpático personaje que, parodiando la rebeldía de su líder, logró poner en jaque al PRD y a López Obrador.

Al final tuvo que entrar Marcelo Ebrard y, con todo el poder de la jefatura de Gobierno, lo “convenció” de que se hiciera a un lado —por las buenas o por las malas—, evitó un problema mayor de gobernación en Iztapalapa y, de paso, Ebrard le sacó las castañas del fuego a Andrés Manuel.

La parodia de AMLO que a muchos divirtió y entretuvo también sirvió para exhibir los peores defectos del líder más importante de la izquierda mexicana. Porque al final Juanito no era sino una imitación, una parodia de su admirado líder. Si él decía “voy a vivir en la delegación”, era lo mismo que aquel “voy a vivir en Palacio Nacional” de AMLO en campaña; si Juanito decía “el pueblo me quiere, el pueblo me eligió y yo le hago caso al pueblo”, era lo mismo que escuchar que “el pueblo no se equivoca y yo hago lo que me diga el pueblo”. Nadie había desnudado a López Obrador como Juanito, con sus propias palabras y sus mismas estrategias.

Cuentan que recién pasado aquel mitin en el que le había tomado protesta a Juanito, Alberto Anaya le llamó a Andrés Manuel para advertirle: “Yo lo conozco, dile que te firme el compromiso de renuncia ante notario”. La respuesta de AMLO fue entre ingenua, de confianza y de menosprecio: “No, no te preocupes, Juanito es del pueblo y va a cumplir su palabra”.

Después, cuando Juanito se rebeló y comenzó la parodia, Andrés Manuel ya no supo manejarlo; a cuanta petición hizo Rafael Acosta, de cargos, de posiciones, de recursos presupuestales a cambio de ceder el cargo, AMLO le contestó que no. Y así creo el problema y el monstruo que lo rebasó. Hasta que ayer llegó Marcelo y con sus artes de negociación —entre posiciones y amagos de poder— acabó con el problema y con la leyenda de Juanito y su parodia.

Vodevil

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Aveces quisiera usar este espacio sólo para reproducir artículos de colegas. La semana pasada, al menos dos: el retrato numérico que hizo Joaquín López-Dóriga de la delegación de Iztapalapa y el de Ciro Gómez Leyva sobre los histrionismos de algunos diputados en el Congreso:

El retrato de Joaquín:

Iztapalapa tiene el padrón electoral número 19 del país, con un millón 551 mil 784 ciudadanos [...] En 2006, esta reserva le dio al PRD 577 mil votos, más que los que ese partido logró en 26 estados [...] Su presupuesto ronda los cuatro mil millones de pesos, superior a lo que dispone la mayoría de las capitales de los estados, más sus incalculables ingresos por permisos, licencias y giros negros[...] Queda claro por qué la pugna es por Iztapalapa y por qué López Obrador no está dispuesto a dejarla ir. (“Iztapalapa, ese botín”, en MILENIO, 25/9/09)

El retrato de Ciro:

Hay mucho de estupidez en este teatro. Mucha desvergüenza [...] Qué fácil es aventar piedras. Políticos que no se hacen cargo de sus biografías, no se hacen cargo de nada. [...] Qué decir de la sombra de Porfirio Muñoz Ledo [...], de la nueva diva del vodevil político, Gerardo Fernández Noroña [...] de los cacofónicos panistas, incapaces de ir más allá del tartamudeo de lugares comunes. O de Jaime Cárdenas que le pregunta a García Luna, ¡oh!, si protege o ha protegido a Los Zetas o a los Beltrán Leyva. Brillante diputado. (“El pene de Noroña, la policía de Navarrete”, en MILENIO 25/9/09)

Agrego a estas joyas la de Leo Zuckerman:

¡Vaya show! San Lázaro convertido en una especie de Arena Coliseo. Legisladores mentando madres para gozo de los medios y del público espectador [...] Cuando aparece un diputado formal, que habla de cosas serias, los periodistas ni siquiera prenden sus grabadoras. Se mueren de aburrimiento. Pero de pronto, el legislador escandaloso se dirige a la tribuna. Cámaras y micrófonos se prenden. Los periodistas se espabilan [...] En la radio, un conductor manda la trasmisión en vivo a San Lázaro. El reportero informa de la lucha que se está dando en la arena, perdón, en el Salón de Plenos de la Cámara de Diputados. Se escucha a uno de los “exóticos” insultando al secretario [...] Del otro lado, el público observa. A la estación llega una cantidad enorme de llamadas telefónicas y correos electrónicos. Los índices de audiencia están por las nubes. La política de vodevil es popular. (“Medios y público, culpables”, en Excélsior, 28/9/09)

Hay una manera de parar el vodevil: no premiarlo en los medios.

Otra vez a mitad de la tabla

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Hace unos días, el Foro Económico Mundial publicó su estudio anual que mide la competitividad de 133 países. México permaneció en el lugar número 60, igual que en 2008. Llevamos muchos años en medio de la tabla. Parece que estamos condenados a una competitividad mediocre.

Estados Unidos, nuestro principal socio económico, aparece en el segundo sitio del estudio. Dos países con los que competimos directamente para atraer inversión extranjera siguen en ascenso. Me refiero a China que se encuentra en el lugar 29 y la India en el 49.

En cuanto a la región de América Latina, la estrella sigue siendo Chile en el sitio 30. Es la economía más competitiva de la región. Le sigue Costa Rica en el 55. Pero la gran noticia de este año es que Brasil finalmente rebasó a México para situarse en el lugar 56. A diferencia de nosotros, los brasileños llevan tres años en franco ascenso.

Mientras tanto, la economía mexicana está estática en medio de la tabla. Si nuestro país no tiene capacidad de ascender, de competir en la economía global, no resulta atractivo invertir en él; y sin inversión, no hay generación de empleos.

En el reporte del Índice Global de Competitividad se desmenuzan las fortalezas y debilidades competitivas de cada nación. En el caso de México, el estudio demuestra que la competitividad está basada en el tamaño de su mercado interno (uno de los más grandes del mundo por el tamaño de la población), así como en la dimensión del mercado externo por la gran cantidad de transacciones comerciales que realiza nuestra economía. Otra fortaleza mexicana es la baja deuda gubernamental debido a la existencia de un déficit público controlado. Resulta importantísimo este resultado en un momento en que se está discutiendo la posibilidad de incrementar el déficit público por la caída en los ingresos petroleros del gobierno. De ser aprobado un incremento de esta variable, se estaría minando una de las fortalezas competitivas del país.

Muchas son las debilidades de nuestra competitividad mediocre. Para empezar, México se encuentra en el lugar número 129, de 133 naciones, en presencia de la delincuencia organizada. En este rubro sí que estamos en el fondo de la tabla. Y, por supuesto, esta variable afecta la competitividad del país. Otras debilidades son: los elevados costos empresariales por el crimen y la violencia, la poca confianza que existe en los servicios policiales, la pesada carga regulatoria del gobierno, el desvío de los recursos públicos (léase corrupción), la presencia de un mercado laboral inflexible, los altos costos de la política agropecuaria, la mala eficacia en los consejos directivos de las empresas y la bajísima calidad educativa, particularmente en la educación de matemáticas y ciencias.

El estudio debe tomarse muy en serio. Muchas empresas globales así lo hacen. Con él en la mano, deciden sus flujos de inversión anuales. Esto implica que países como China, India, Chile o Brasil tendrán prioridad sobre México.

Aunque lo repitamos cada año, hay que volver a decirlo: urge que México se vuelva más competitivo. Empezando por cuidar sus fortalezas. Una de ellas, el tamaño de su mercado, no depende de nadie. En cambio, elevar el déficit público sí tendría un efecto negativo en la de por sí competitividad mediocre. En cuanto a las debilidades, pues el gobierno está atorado. Las famosas reformas estructurales —que ya hasta aburren— no salen. Y mientras no salgan, pues México seguirá en medio de la tabla. Viéndose el ombligo mientras otras naciones nos rebasan. ¿Hasta cuándo cambiaremos la página?

Muchas son las debilidades de nuestra competitividad mediocre.

Futurismo

Federico Reyes Heroles
Reforma

Será acaso que la falta de democracia durante décadas elevó indebidamente nuestro margen de tolerancia. Pudiera ser también la poca exigencia de los mexicanos hacia sus políticos provocada por los bajos niveles de escolaridad o la escasa participación ciudadana o el presidencialismo. Explicaciones hay, pero el hecho concreto es que la política nos está costando demasiado.

Nos cuesta no sólo por los muchos dineros institucionales que se tienen que canalizar a los 32 institutos electorales estatales más el federal; a ello hay que sumar el presupuesto de los 32 tribunales locales más el federal con sus salas regionales. El gasto de las decenas de millones de spots que se transmiten en tiempos de Estado y que, para todo fin práctico, tienen un valor económico, que no ha sido contabilizado. El dinero que se destina a los partidos políticos es muchísimo y en ocasiones no sabemos a dónde va a dar. Lo peor es el resultado: una percepción ciudadana de una terrible falta de eficacia de los legisladores en particular. Pero no todos los costos los registra el presupuesto. Hay otros costos aun mayores. Quizá el más grave sea el costo de la politiquería que alude a situaciones futuras sin ningún sustento, el perverso futurismo.

En el 2009 la prensa está ya repleta de cálculos simplones sobre el 2012. Que si el PRI se encuentra demasiado bien posicionado como para correr el riesgo de aprobar una reforma fiscal que sea impopular. Que si el PAN no cuenta con figuras fuertes. Que si el PRD podría resurgir de sus cenizas y un largo etcétera. El hecho concreto es que ese futurismo pretende justificar que no se tomen las decisiones necesarias para impulsar al país a una nueva etapa del crecimiento. Las decisiones importantes se posponen y se posponen argumentando un "costo político" que nadie quiere pagar. Pero ¿de verdad existe tal "costo político"? Cualquier reforma importante, por ejemplo una modificación constitucional, tendría que ser aprobada por los dos partidos mayoritarios, el PRI y el PAN, en ese orden. ¿Cómo cobraría el ciudadano ese "costo político"? ¿Acaso votando por el PRD? La tesis es insostenible. La mayoría de los panistas, allí están las cifras, nunca votaría por el PRD y sólo un grupo pequeño de los priistas lo haría. Las mayorías en este país se conforman ya por ciudadanos de centro que no militan en los partidos y que están dispuestos a cambiar su voto. Todo depende entonces de lo que ese ciudadano, que no responde a los gremios, sienta como efecto de una medida.

Si un ciudadano está enojado con un gravamen aprobado por el PRI y el PAN y decidiera votar por una tercera opción, el PRD, tendría que estar dispuesto a sacrificar su voto por la Presidencia. Con el 80% de la votación todo indica que sólo el PRI y el PAN están hoy en posibilidades de ganar la Presidencia. Todo lo demás es especulación pura. Un PRD en el sótano, dividido y sin un candidato fuerte, no parece una opción viable. Ése es el costo de los cacicazgos y las payasadas sin fin. El ciudadano ya habló al respecto el 5 de julio. Entre los dos partidos más fuertes hoy es imposible hacer pronósticos serios, de ahí lo absurdo de posponer decisiones.

En el 2000 Ernesto Zedillo gozaba de una amplia aprobación y la economía crecía al 7%. En enero de ese año el candidato del PRI llevaba una ventaja de más de 10 puntos porcentuales. ¡Y ganó el PAN con Vicente Fox, a quien tres años antes casi nadie conocía! Hace seis años todo mundo hablaba de Creel, de López Obrador y de Montiel. A Felipe Calderón lo conocía algo así como el 6% de la población: ¿quién es el Presidente hoy? Ese desconocido de entonces. En el 2009 es imposible hacer cálculos fundados sobre el 2012. Mucha agua habrá de correr todavía. Por eso quienes invocan ese futuro para no tomar decisiones son, en primer lugar, unos ignorantes, en segundo, unos comodines y miedosos que quizá tampoco tomarían una decisión así tuvieran la victoria en la mano.

El futurismo está paralizando a México. La decisión sobre quién gobernará este país a partir del 2012 se tomará en ese año. Tenemos dos años muy buenos para tomar las medidas, dolorosas algunas, que el país requiere. Demos a la política el espacio que merece pero no más. En el 2010 y en el 2011 los señores legisladores se deberían abocar a solucionar los problemas nodales: fiscal, laboral, seguridad, energía. Llegue quien llegue en el 12 más vale que las finanzas públicas sean solventes y que México esté creciendo. Que el país esté mejor en el 12 no imposibilita que la oposición pueda conquistar la Presidencia, de nuevo la buena herencia de Zedillo y el triunfo de Fox. Si las medidas se posponen quien llegue encontrará los actuales problemas pero agravados.

Qué tanto se puede avanzar en dos años. Mucho sería mi respuesta. El crédito se lo llevaría la política mexicana, crédito que buena falta le hace. Mucho, sobre todo si condenamos el inútil futurismo y primero se piensa en México. A trabajar.

Ganó Andrés Manuel

Carlos Loret de Mola
Historias de un reportero
El Universal

“Está loco. En serio está loco”. Después de haber mandado tantear el agua para saber frente a quién estaría sentado ayer, Marcelo Ebrard recibió este diagnóstico de sus colaboradores sobre Rafael Acosta Ángeles, Juanito.

El PRD, que domina la geografía política del DF, había ya tomado la decisión: Juanito no gobernaría Iztapalapa. En eso se pusieron de acuerdo Pejes, Chuchos, Marcelos, Bejaranos, todas las otras corrientes y hasta PT y Convergencia. Y tocó al jefe de Gobierno disuadirlo de tomar posesión. El intento fue “por las buenas”, bajo dos argumentos:

El primero, una encuesta reciente que marca que 45% de los habitantes de Iztapalapa considera que Clara Brugada debe gobernarles y no Juanito; en tal contexto, Rafael Acosta, de suyo inexperto en las lides de la gobernación, enfrentaría un cerco tal que volvería inviable su gestión. Él no tiene grupo, corriente, facción, ni nada que lo respalde, mientras sus agraviados adversarios controlan la fuerza de movilización política más potente de la capital del país.

El segundo, y más poderoso, que no hay modo de garantizarle la seguridad, pues podrá realizarse un operativo para que llegue a la Asamblea Legislativa a tomar protesta, juntarse granaderos para que se instale en su oficina, montarse guardias policiacas para que nadie lo asalte ahí, pero siempre habrá un día después (un fin de semana, un feriado, un año siguiente, incluso cuando termine sus tres años si se quiere) en el que los vengativos estarán esperándolo para cobrarse que no cumplió con su palabra.

Y ahí Juanito dobló las manos. Se esfumó el bravucón de barrio y salió una especie de priísta genético que renunció hasta por “motivos de salud”. A una licencia de 59 días deberá sucederle otra de un mes, para juntar 90 y que proceda su salida definitiva.

El Plan B, si Juanito no comprendía, era su destitución, ordenada por la ALDF, basada en el artículo 108 del Estatuto de Gobierno del DF (equivalente a la Constitución que tienen los estados) en cualquiera de las fracciones III o VII. La primera habla de “incurrir en omisiones que afecten gravemente el funcionamiento de la administración pública del DF o el orden público” y la segunda de “actos que afecten de manera grave las relaciones de la delegación con el jefe del GDF”.

Al final, está por suceder, paso a paso, lo que Andrés Manuel López Obrador gritó, instruyó, ordenó el 16 de junio cuando en una misma noche hizo de Juanito un alguien al intentar hacerlo un nadie. ¿Lo demás? Lo demás lo terminaron operando, así lo delineó el tabasqueño hace 104 días, Juanito, Clara Brugada, Ebrard y los perredistas en la Asamblea Legislativa.

SACIAMORBOS En esta, que se apunta como la “Semana de la gobernabilidad” en el DF, ya se desactivó uno de los focos rojos, el de Juanito. Faltan, con riesgo de derivar en violencia, la marcha conmemorativa del 2 de octubre el jueves y las movilizaciones del SME mientras no den la “toma de nota” a su líder.

¿Te gustó tu probadita de dictadura, Juanes?

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Circuló por la Internet, dicen, una grabación o un video donde Juanes aparece muy cabreado, y a punto de cancelar su actuación en el “concierto por la paz”, porque algún esbirro del régimen de los hermanos Castro lo había estado vigilando. Pues ¿qué te esperabas, Juanes, si te fuiste a meter a un lugar donde gobierna un dictador? ¿Creías que por tu linda cara y tu fama personal te ibas a librar de las incomodidades —pocas, a decir verdad, nada en comparación a lo que sufren los ciudadanos de a pie cuando se les ocurre ponerse respondones en vez de agachar la cabecita y rendir a papá Fidel la infinita pleitesía del siervo, la adoración del vasallo y el indigno sometimiento del individuo sin derechos ni libertades individuales— que los sátrapas paranoicos imponen al resto de los mortales?

¿No te has enterado, Juanes, que en Cuba no se mueve nadie sin que el tirano lo sepa y que no ocurre absolutamente ningún acontecimiento sin el previo consentimiento del mandamás? ¿Ya entendiste, luego del tal concierto, la diferencia abismal entre la tiranía y la democracia? ¿Te gustó, Juanes, la probadita que te dieron de tenebrosa persecución o quieres volver, ya en plan menos gallito y como un simple hijo de vecino, para que te receten, ahora sí, un revolcón de verdad por poco que se te ocurra decir algo que ellos no quieren que digas o frecuentar a personas que ellos no quieren que frecuentes?

¿Puedes imaginar, Juanes, lo que es la vida cotidiana de los cubanos si a ti, que eres personaje de relumbrón, se permitieron colocarte a un espía para seguirte los pasos? ¿Y sabes, Juanes, que con tu concierto te pusiste de lado de los opresores y le diste la espalda a los perseguidos? Porque en Cuba, Juanes, no hay conciertos “normales”. Todo es político. Todo gira en torno a la una “Revolución” tan obligatoria como asfixiante. Y esa Revolución, a su vez, sirve de gran pretexto al más odioso ejercicio del poder personal. ¿Estás satisfecho, Juanes, o te quedó por ahí la sombra de una duda?

República bananera

Francisco Garfias
www.elarsenal.net
Arsenal
Excélsior

Que no le cuenten. La aprobación del “IVA disfrazado” —el impuesto de 2% para “combatir pobreza” que propone el gobierno federal— está en manos de los gobernadores del PRI. Ellos son los que pueden “apretar” a los diputados de sus entidades para que acepten o rechacen el incremento, de 15 a 17%, al regresivo impuesto al consumo.

El gravamen se aplicaría en forma generalizada, salvo en alimentos y medicinas. La “bancada” del tricolor, en la que se sientan Peña Nieto, Fidel Herrera, Ulises Ruiz y compañía, a través de “sus diputados”, tramposamente llamados “representantes populares”, ya rechazó eliminar la tasa cero en estos dos rubros.

El daño de esa postura es menor. De los 74 mil millones de pesos que, se estima, recaudará el año próximo el “impuesto contra la pobreza”, sólo entre 14 mil y 16 mil millones provendrían de alimentos y medicinas.

Un muy importante legislador del PRI, quien pidió no ser citado, desnudó el papel que juegan los gobernadores en las negociaciones. “De otro modo no hay manera de que pase”, admitió la fuente.

La SHCP le colgó al impuesto un atractivo anzuelo que despertó la codicia de algunos mandatarios, muy urgidos de recursos. De los 60 mil millones de pesos que se recauden con el polémico impuesto, 23 mil millones de pesos irían directo a la “buchaca” de los gobernadores. ¿División de poderes? ¡Ajá!

n Lo reiteramos: Juanito es el emblema de la pobreza política que vivimos. El “delegado electo” en Iztapalapa, a quien veíamos el lunes enseñando músculo en la primera plana de periódicos nacionales, adelantó ayer que solicitará licencia por 59 días, debido a que ya le dieron dos “infartos”.

En un nuevo capítulo de esta lamentable historieta, propia de una república bananera, el petista hizo el “impactante” anuncio, después de salir del “consultorio” que tiene Marcelo Ebrard en el Ayuntamiento. Conforme al guión original, establecido por el jefe de Gobierno del DF en entrevistas radiofónicas, Juanito nombrará a Clara Brugada directora de Gobierno. La obradorista quedaría como encargada hasta que la Asamblea la ratifique.

En el gabinete de Marcelo, sin embargo, hay quien duda que Brugada se quede definitivamente. Ya se maneja una “tercera opción” que, nos aseguran, aceptan tirios y troyanos: el ex diputado federal Javier González Garza. ¿Será?

n De un momento a otro, la cancillería dará a conocer que Julián Ventura es el nuevo subsecretario para América del Norte. Sustituirá en el cargo a Carlos Rico, quien se retira voluntariamente del cargo, por motivos estrictamente personales. Ventura es actualmente jefe de cancillería en la embajada de México en Washington y su designación es considerada en los medios diplomáticos como un reconocimiento a su trabajo.

n Arreció la guerra entre los grupos involucrados en la sucesión del ombudsman capitalino. Al correo del reportero llegó un mensaje en el que se acusa a Emilio Álvarez Icaza de andar “desesperado” por la competencia que enfrenta su carta fuerte: Patricia Colchero.

El mensaje, firmado por Lilia Medina, quien dejó un número celular que no responde, dice que el ombudsman saliente solicitó el lunes una “cita urgente” a los asambleístas de la Comisión de DH, para apuntalar a su candidata. La invitación al citado encuentro, sin embargo, la firma David Razí, presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la ALDF.

En la CDHDF sospechan que los correos contra Álvarez Icaza los envían partidarios de Édgar Cortez, delfín del Peje. “La Comisión no interviene, ni intervendrá, en el proceso de sucesión”, aseveran.