octubre 04, 2009

Mercedes Sosa

Hay amplio temor a la vacuna A/H1N1

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

Una encuesta realizada del 14 al 20 de septiembre por la Escuela de Salud Pública de Harvard, muestra que sólo un 40 por ciento de los adultos están “absolutamente seguros” de vacunarse contra la influenza A/H1N1, y un 51 por ciento de los padres tienen esa misma certeza de vacunar a sus hijos. Los principales motivos expresados por quienes no se vacunarán o dudan en hacerlo son: 1) Les preocupan más los efectos secundarios de la vacuna que el virus mismo; 2) no creen estar en riesgo de enfermar seriamente; 3) creen que, en caso de enfermar, conseguirán medicamento para tratar la infección.

Los absolutamente seguros de no vacunar a sus hijos mostraron temores similares: 1) Les preocupan los efectos secundarios de la vacuna; 2) creen que sus hijos podrían enfermar a causa de la vacuna misma; 3) no creen que las autoridades de salud provean información correcta acerca de la seguridad de la vacuna.

Sin embargo, un 60 por ciento de estos padres que temen más la vacuna que la influenza cambiaría de opinión si hubiera enfermos o muertos por ese virus en su propia comunidad. “Estos hallazgos sugieren que las autoridades de salud necesitan prepararse para una ola en la demanda de vacuna si la epidemia se vuelve severa”, dice Robert Blendon, de la institución mencionada. Por ese motivo, “hay todavía mucha incertidumbre acerca de qué personas buscarán la vacuna, y si las autoridades de salud desean alentar a un mayor número de personas para que se vacunen este otoño, deberán responder estas preocupaciones en las próximas semanas”.

Sólo una fracción reducida de la población, el 18 por ciento, piensa que la vacuna contra H1N1 es muy segura, tanto que la emplearían en niños de seis meses a dos años. Ese número baja al 13 por ciento si el caso es vacunar mujeres embarazadas.

La preocupación ha crecido desde que se midió en junio, cuando casi un 60 por ciento creía que habría una fuerte epidemia en otoño e invierno. Ahora es un 76 por ciento, tres cuartas partes de la población.

Las autoridades mexicanas deberían estar realizando sondeos de opinión similares.

Contacto: Todd Datz, tdatz@hsph.harvard.edu.

ENERGÍA SOLAR PARA LAS MASAS

En un día de julio, con un calorón de cuarenta grados en el campus bañado de sol de la Universidad de Arizona, el estudiante de doctorado Dio Placencia se pregunta: Si el sol es gratis, limpio y aquí lo tenemos, ¿por qué no lo usamos? Placencia se ha propuesto crear celdas solares orgánicas y flexibles capaces de proporcionar energía a un auto. Por lo pronto, dice: Tengo un pequeño panel que llevo en mi mochila y así cargo mi teléfono celular caminando a la escuela.

En una región como Arizona, caracterizada por su abundancia de sol, otros instrumentos como laptops y reproductores MP3 podrían cargarse como el celular de Placencia. “En alguna parte, en algún laboratorio, hay alguien imaginando cómo capturar luz solar”, dice Leslie P. Tolbert, vicepresidente de la Universidad.

El director del grupo de investigación, Neal R. Armstrong, un día se preguntó cuánto carbón quemamos para cargar baterías de litio en instrumentos portátiles. Hizo cálculos muy conservadores y dijo a su clase: “Ustedes queman cien gramos de carbón por carga de batería, y generan un cuarto de kilo de CO2 por carga, por batería, por día…” La clase se movió inquieta.

“Espanta cuando comienzas a hacer cálculos y a pensar en el número de aparatos electrónicos que tú y yo hemos añadido a nuestras vidas en la última década y que yo recargo, normalmente, una vez por noche…”

En abril, el Departamento de Energía (DOE) de Estados Unidos anunció que invertiría en el Centro de Investigación de Armstrong, uno de los 46 centros de investigación en fronteras de energía. La misión de estos centros, que recibirán entre dos y cinco millones de dólares al año durante cinco años, es dirigir el actual conocimiento científico a la energía limpia y la seguridad nacional en energía. Unos 25 millones de pesos… la décima parte de lo que se embolsará este año la familia González Torres, propietaria del gigantesco negocio llamado Partido Verde Ecologista. Armstrong lo gastará en producir rollos de un plástico flexible y ligero que cargue aparatos electrónicos con luz solar, el Niño Verde le dará la gran vida en la Riviera a sus cuates invitados a giras en yate bañadas en champaña: al fin tiene 273 millones en año sin elecciones, pero muchas, muchas juergas por correrse.

El material creado por Armstrong para obtener electricidad tiene diez milésimas del grueso de un cabello humano. Pero su propósito final es lograr una pintura, “un spray azul que rocías en una superficie y con eso obtendrás electricidad”.

Y luego tenemos mexicanos furibundos contra los gringos que se enriquecen cada día sorbiendo “Las venas abiertas de América Latina”: una sandez para confortar asnos.

Contacto: Johnny Cruz: cruzj@email.arizona.edu

Qué vergüenza ser mexicano

Alvaro Cueva
alvarocueva@milenio.com
Ojo por ojo
Milenio

Cuando supe que Juanito se rajaba y que iba a cumplir lo que originalmente le había prometido a Andrés Manuel López Obrador, también me imaginé lo peor.

Y lo peor no es que Marcelo Ebrard lo haya amenazado de muerte, con mostrarle al mundo videos comprometedores ni nada de eso.

Lo peor es que Juanito, Clara Brugada, El Peje, o quien quiera que vaya a gobernar esa delegación del Distrito Federal, no vaya a hacer nada por esa gente.

Una vez más nos quedamos a nivel de partido de futbol, de pelea de estrellitas del corazón. Muy bueno el chisme, ¿pero y lo demás?

¿Cuánto apuesta a que en las próximas semanas nadie va a hablar de que Iztapalapa se convirtió en un municipio como Garza García en Nuevo León?

¿Cuánto a que, salvo los detalles de color, los medios ni se van a acordar de esos millones de hombres y mujeres que no tienen agua, que viven en la peor de las inseguridades y que, ¡Oh, sí! ¡Quieren mucho a sus políticos!, pero que carecen de los más elementales servicios?

Cuando vi la toma de protesta de los delegados electos de la capital del país, me sentí igual o peor que cuando miro cualquier emisión de Hoy o Los protagonistas.

¡Puro circo! Como con Yatana, como con El Muñeco, como con la Selección.

No sé usted, pero yo sí me convierto en fiera cuando, por ejemplo, observo a los políticos a los que les pago con mis impuestos atacarse de la risa, como muchachitos drogados, mientras sacan carteles para fregarse a un delegado al que, por supuesto, jamás van a dejar trabajar.

Yo sí me enfurezco cuando veo que la clase política está más preocupada por tener el máximo control posible de las cámaras, las delegaciones y los estados, en lugar de hacer su trabajo.

Y me pongo peor cuando compruebo, con las cosas que veo en los medios, que no saben ni cómo elegir un candidato, ni cómo administrar un presupuesto ni cómo llevarnos a una vida mejor.

Ah, pero eso sí, saben cobrar mucho y a tiempo, tienen fuero para hacer lo que gusten y manden, y tienen el cinismo de decir las peores barbaridades ante las cámaras y micrófonos sin que nadie amenace con multarlos, con correrlos o con meterlos inmediatamente a la cárcel como a Jacinta, como a usted o como a mí.

Le voy a hacer una confesión: cuando me enteré de lo que Felipe Calderón quiere hacer con las Afore, fui a la institución a la que llevo años abonándole una mensualidad para mi retiro y cancelé mi cuenta.

No me interesan los detalles ni si se aprueba o no, yo no llevo décadas sacrificándome mes a mes para que, por culpa de Felipe Calderón, cuando llegue a los 65 años, me salgan con el viejo truco de que no hay nada en mi cuenta, de que me va a faltar lana o de que los intereses que me habían prometido no me los van a poder cumplir.

Igual, no he estado ahorrando lo poquito que he podido para que el Presidente se lo gaste en frijoles para los pobres o en salmón para los diputados.

Ése no era el plan cuando empezamos a hablar de Afore en los años 90. Ésa no era la idea cuando las autoridades nos obligaron a hacerle el negocio a los bancos por manejar estos servicios.

Ah, pero déjeme le cuento. ¿Sabe lo que me dijeron cuando fui a cancelar mi ahorro? Que con mucho gusto me lo daban días después de iniciar el trámite, pero que Hacienda se iba a quedar con 20 por ciento de todo lo que tuviera.

¿Cómo ve? Encima de que me obligaron a ahorrar a base de engaños y de que estoy retirando mi dinero para impedir que lo usen en algo para lo que no quiero que se use, le tengo que regalar la quinta parte de mi patrimonio a un gobierno que no me responde.

¿No es como una invitación a la violencia? ¿Por qué le quitan su dinero a los ahorradores y no a los que se roban la luz en la calles?

¿Por qué amenazan con quitarle su patrimonio a la gente cumplida y no a los asesinos, a los secuestradores y a tantas personas sucias que jamás le han dado un peso a Hacienda?

Por eso, cuando supe que la tercermundista Río de Janeiro le ganó a las avanzadas Chicago, Tokio y Madrid la sede de los Juegos Olímpicos de 2016, me encerré a llorar en mi camioneta.

Lloré de impotencia por vivir en este país y no en Brasil, como algunos de mis más queridos amigos. Lloré de arrepentimiento por no haberme ido con ellos. Lloré porque ya no puedo más. Yo sí quiero progresar. ¿Usted no?