octubre 05, 2009

¿Ahorro? (Primera de dos partes)

Arturo Damm Arnal
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

El gobierno federal se ha cansado, sobre todo a través de los medios electrónicos de comunicación, de informarnos que el año entrante realizará ahorros extraordinarios, para lo cual tomará medidas que van desde la eliminación de privilegios de los funcionarios gubernamentales hasta la desaparición de secretarías de Estado, todo lo cual suena bien, en primer lugar, por lo que el ahorro significa en términos de progreso económico.

El progreso económico consiste en la capacidad para producir más y mejores bienes y servicios, lo cual depende de las inversiones, que a su vez dependen del ahorro: los recursos para invertir surgen del ahorro, de tal manera que el primer paso hacia el progreso económico es el ahorro, razón por la cual, aparentemente, hay que aplaudir la intención del gobierno de realizar ahorros extraordinarios, y escribo aparentemente porque, bien vistas las cosas, nada justifica el ahorro gubernamental.

Que el gobierno ahorre supone que el recaudador obliga al contribuyente a entregarle parte del producto de su trabajo, una fracción del cual los gobernantes utilizan no para ofrecer bienes y servicios a los ciudadanos sino para prestárselo a alguien más a cambio de los intereses que ese alguien le pagará, situación ante la que el contribuyente debe reclamar, ya que la parte de sus impuestos que se ha destinado al ahorro del gobierno no lo beneficia de ninguna manera y ello hace del cobro de esos impuestos un robo con todas las de la ley.

El análisis anterior supone que lo que el gobierno llama ahorro es realmente ahorro, entendido como una inversión financiera, es decir, como el préstamo de dinero que se hace a cambio del interés que se recibe. El gobierno, al hablar del ahorro extraordinario que pretende realizar el año entrante, ¿se refiere realmente al ahorro, es decir, a una inversión financiera hecha con dinero de los contribuyentes? Si la respuesta es afirmativa, entonces los contribuyentes debemos oponernos, ya que no se vale que el gobierno haga negocio con aquella parte del producto de nuestro trabajo que nos obligó a entregarle y que invierte financieramente.

Al hablar del ahorro extraordinario que pretende realizar en 2010, ¿el gobierno se refiere realmente al ahorro entendido como inversión financiera? No. Entonces, ¿a qué se refiere? A un menor gasto, en determinadas partidas del presupuesto, con el fin de aumentar los recursos canalizados a otros rubros del gasto, como lo es el destinado al combate a la pobreza, algo muy distinto al tan cacareado ahorro: gastar menos en A, para gastar más en B, no es más que una reasignación de gasto, pero de ninguna manera un ahorro, ahorro que, cuando del gobierno se trata, hace del cobro de impuestos destinados a tal fin una expoliación legal, una violación al derecho de propiedad de los contribuyentes sobre sus ingresos, clara muestra del Estado de chueco, que es la antítesis del Estado de Derecho.

Hay que distinguir entre gastar menos porque el ingreso se ha reducido y, suponiendo que el ingreso se mantiene constante, ahorrar más. Son cosas distintas.

Continuará.

La estrategia de Obama

Andrés Oppenheimer
El Informe Oppenheimer
Reforma

Funcionarios estadounidenses han desdeñado desde hace tiempo advertencias de sectores conservadores de que el Presidente venezolano, Hugo Chávez, representa una amenaza para Estados Unidos. Pero ahora que Chávez dice abiertamente que está trabajando en un programa nuclear conjunto con Irán, muchos se preguntan si la percepción estadounidense cambiará.

Le hice esta pregunta en una poco común entrevista al asesor de asuntos latinoamericanos del Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca, Dan Restrepo. El alto funcionario estuvo en Miami la semana pasada para participar en la Conferencia de las Américas organizada por The Miami Herald, el Banco Mundial y la Universidad Internacional de la Florida.

Antes de abordar el tema de la cooperación nuclear venezolana-iraní y la crisis de Honduras, le pregunté -en términos generales- si el Gobierno del Presidente Obama comparte la percepción tradicional de que Chávez es más un estorbo que una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos.

"Sí", dijo Restrepo. "El Presidente lo ha dicho. Él no ve a Venezuela como un reto a la seguridad nacional de Estados Unidos. No hay una guerra fría. No hay una guerra caliente. Esos días han pasado. Tenemos que mirar a la actualidad, y ver cómo podemos trabajar constructivamente con los países que tienen interés en trabajar con nosotros. Quizás no son todos, pero la gran mayoría de los pueblos y los países de Latinoamérica tiene interés (en hacerlo)".

Durante una reciente visita a Irán -la octava desde que asumió la presidencia-, Chávez dijo que está trabajando con Irán para crear una "Aldea nuclear" en Venezuela, que según dijo, producirá energía nuclear con fines pacíficos. El fiscal general del distrito de Nueva York, Robert Morgenthau, afirmó días después que Irán estaría tratando de usar a Venezuela para "construir y almacenar" armas de destrucción masiva.

¿Ustedes ven la cooperación nuclear entre Irán y Venezuela como una amenaza, o no?, le pregunté a Restrepo.

"Mira, nosotros esperamos que todos los países de las Américas respeten las reglas internacionales y su responsabilidad internacional con respecto a lo nuclear", respondió Restrepo.

¿Hay peligro de que Latinoamérica se convierta en una zona de armas nucleares?, pregunté. El vicepresidente de Brasil José Alencar señaló recientemente que ese país, como potencia emergente, debería tener derecho a la posesión de armas nucleares. Los tratados regionales vigentes establecen que Latinoamérica es una zona libre de armas nucleares.

"Creo que fue un funcionario brasileño quien dijo eso, y que otros dijeron otras cosas", respondió Restrepo. "Y la Constitución brasileña lo prohíbe. Pero, otra vez, la respuesta es la misma: nosotros pensamos que los países del mundo tienen que cumplir con sus responsabilidades bajo los marcos legales que existen sobre los temas nucleares".

Cambiando de tema, le pregunté si el Gobierno de Obama considera que la destitución del ex Presidente hondureño Manuel Zelaya el 28 de junio fue un golpe de Estado. Algunos congresistas en Estados Unidos argumentan que Zelaya fue depuesto legalmente, con una orden de arresto emanada de la Corte Suprema, por haber violado la Constitución en su afán de reelegirse.

"El Presidente de Estados Unidos ha sido muy claro en esto: fue un golpe", respondió Restrepo. "Y como dijo el Presidente (de Costa Rica) Óscar Arias, un golpe es un golpe, llámenlo como lo llamen... Lo que tenemos que hacer es seguir trabajando para superar este momento, reconociendo que hubo hechos que nos trajeron al 28 de junio, y que se tienen que solucionar esos problemas también".

Mi opinión: el Gobierno de Obama está siendo coherente con su promesa de campaña de evitar caer en las provocaciones de Chávez. Como me dijo en una oportunidad un colaborador de Obama: "La vida de Chávez se hace más complicada cuando nosotros no nos comportamos como un 'gringo' tradicional'".

Y Obama espera que, evitando enfrentamientos públicos con Chávez, Estados Unidos ganará la buena voluntad de países moderados de Latinoamérica, y su apoyo para futuras iniciativas estadounidenses.

La estrategia de Obama de tratar de reconquistar la confianza de la región es buena, sobre todo después de ocho años de políticas unilaterales del Gobierno de George W. Bush en Iraq y otros países, que produjeron un antiamericanismo generalizado en Latinoamérica. Pero si Venezuela y sus países amigos siguen cercenando las libertades democráticas -tal como lo ha hecho Chávez al cerrar cadenas de televisión y radio independientes-, y desconociendo el resultado de las urnas en las últimas elecciones al despojar de su presupuesto al Alcalde opositor de Caracas, Obama debería empezar a usar su capital político para exigir la defensa colectiva de la democracia en todos los países, y no sólo en Honduras.

Recuperar la confianza está muy bien, siempre que uno no se olvide para qué la está recuperando.

La sombra de Maquío

José Antonio Crespo
Horizonte político
Excélsior

El pasado jueves se cumplieron 20 años de que Manuel Clouthier, Maquío, perdiera la vida en un accidente automovilístico. Evidentemente, cuando un personaje político de primer nivel fallece en condiciones anómalas, surge de inmediato la sospecha de que esa muerte haya podido ser inducida. Desde luego, las figuras públicas pueden y suelen ser víctimas de accidentes genuinos, pero tampoco es descabellado suponer que, en ciertas condiciones, puedan ser objeto de atentados disfrazados de contingencia. En el caso de Clouthier, en un primer momento no había motivos para suponer que el régimen vigente quisiera deshacerse de él; el peligroso, el latoso, el radical, era, en todo caso, Cuauhtémoc Cárdenas, quien no sólo abrió un boquete en el PRI —que jamás habría de cerrarse— sino que escatimó verosímilmente el triunfo a Carlos Salinas de Gortari. Clouthier, es cierto, también cuestionó la legitimidad del triunfo de Salinas, pero no se adjudicó la victoria, sino que pedía la anulación por no ser posible saber con certeza cómo habían votado los electores.

Pero resulta que Clouthier también representaba una piedra en el zapato del gobierno, y de una parte del PAN que deseaba establecer una alianza político-económica con Salinas (Diego Fernández de Cevallos y Carlos Castillo Peraza), pues el ex candidato presidencial deseaba cerrar filas con el PRD, no ideológicamente, sino estratégicamente, para presionar al PRI a un cambio profundo en materia democrática. Clouthier propuso, por ejemplo, un magno acto bipartidista PAN-PRD en el Zócalo, un día antes de los comicios de 1989 en Baja California y Michoacán. La dirigencia panista lo impidió. Salinas requería para legitimarse en los hechos una reforma electoral, discutida en 1989, que debería contar con aval del PAN, pero que al mismo tiempo preservara la hegemonía priista en el Congreso. Por lo cual, la reforma daba pasos atrás en lo que tocaba a la representación legislativa: el PRI podría obtener más diputados con menos votos, fórmula inaceptable para el PRD. El PAN había hecho un acuerdo con el PRD para no avalar tal regresión. Sin embargo, se divulgó que el PAN sí aceptaría esa fórmula. Dos semanas después, murió Clouthier. Y dos semanas después de ese hecho, el PAN confirmó su pacto con el PRI. La explicación del viraje la dio Juan Miguel Alcántara, entonces negociador del PAN en el Congreso: “La advertencia del PRI al PAN fue clara y tajante: hay acuerdo o continúan los ‘huizaches’… Uno debe entender que hay momentos en los que se debe negociar con los hampones” (19/X/89).

A Clouthier no le convenció ese argumento (que, en efecto, era absurdo). Allegados y parientes señalaban, tras su muerte, que Maquío no avalaría la reforma electoral y que amenazaba con desacreditarla públicamente. Laura Clouthier, hija del líder panista, declaró, sobre la reforma de 1989: “Definitivamente, esto no es lo que hubiera querido mi padre, porque no se trata de una reforma democrática” (16/X/89).

El día del accidente, me llamó la atención que la dirigencia del PAN descartó la tesis del atentado, cuando el peritaje oficial se dio a conocer hasta tres días después. ¿No era más sensato esperar los resultados del peritaje antes de pronunciarse? Pero la familia Clouthier no quedó conforme con esa versión y encargó otro peritaje a un despacho estadunidense, que le aseguró que no, que no había sido accidente. Por eso mismo Vicente Fox, pupilo político del Maquío —“mi padrino y el mejor ejemplo a seguir”— no quedó convencido de la muerte accidental de su mentor: “Estos cabrones lo mataron… Creo que nunca me quitaré la duda de que se trató de un crimen” (A Los Pinos, 1999). Pero la duda se esfumó durante su paso por el poder, pues al referirse a ese episodio en 2007, ya sólo escribió: “Los técnicos no encontraron prueba que confirme la teoría del asesinato; el análisis de la escena del crimen indicó que el camionero simplemente se había desviado hacia el tráfico que venía en sentido contrario” (La revolución de la esperanza, 2007). En su momento, Fox respaldó la posición de Clouthier: una alianza estratégica con el PRD para empujar la democracia. En cambio, condenaba la de Fernández de Cevallos: aliarse al PRI para respaldar el modelo económico vigente, relegando por ende la democratización. Ya en el poder, Fox cambió de chaqueta.

Allegados y parientes señalaban, tras su muerte, que no avalaría la reforma electoral.

Algo sobre el SME

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

El Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) de la compañía de Luz y Fuerza del Centro (LFC) puede tener hoy un día decisivo en su ruta de colisión con el gobierno.

Reclama el reconocimiento de unas elecciones internas, que el gobierno le niega. Ha amenazado con irse al paro, que a su vez puede conducir a la requisa.

LFC no tiene una empresa enfrente con cual compararla: es un monopolio. Pero tiene una empresa al lado, la Comisión Federal de Electricidad (CFE), con la cual la ha comparado en su sitio de internet la Secretaría de Energía.

Algunos datos sobre el particular que conviene tener presentes son los que siguen:

LFC distribuye energía eléctrica al Distrito Federal, a 83 municipios del Estado de México, a 45 de Hidalgo, a dos de Morelos y a tres de Puebla. CFE abastece al resto del país.

LFC recibe un subsidio anual de más de 35 mil millones de pesos (2007). La CFE recibe menos del doble, aunque atiende tres veces más población (75 por ciento de los usuarios, contra 25 por ciento de LFC).

LFC tiene deudas equivalentes a 23 veces su valor como empresa. CFE debe lo que vale. Un trabajador de LFC produce 751 megawatts por año. Un trabajador de la CFE, 2 mil 400 megawatts. Un usuario de LFC puede esperar 3.5 apagones por año, de 120 minutos cada uno. Un usuario de la CFE tendrá 2.4 apagones de 100 minutos cada uno.

En el año de 2006, LFC tenía 40 mil trabajadores en activo y 23 mil jubilados. Dentro de diez años el número de jubilados será igual al de trabajadores en activo: 40 mil trabajadores y 40 mil jubilados. Los trabajadores de LFC se jubilan con sueldo y prestaciones completas, las cuales van subiendo conforme suben las de los trabajadores en activo.

El sindicato de la CFE, el SUTERM, tiene 80 mil trabajadores, el doble que el SME, pero no recibe el doble en cuotas sindicales, sino 225 millones al año por 160 millones del SME.

La razón es que el SME cobra como cuota el 3 por ciento del salario de sus agremiados, mientras el SUTERM sólo el 2 por ciento.

Un albañil, un cajero, un carpintero, un chofer, un pintor o un plomero, ganan unos 4 mil pesos en casi todos lados. En LFC gana 10 mil el albañil, 16 mil el cajero, 8 mil el carpintero, 10 mil el chofer y 8 mil el pintor o el plomero.

Pocos sindicatos en el mundo conseguirán tanto para sus miembros como ha conseguido el SME, y habría que celebrarlo si no se tratara de una empresa quebrada que el resto de la sociedad soporta y paga.

(Todas las cifras mencionadas, salvo indicación en contrario, vienen del extraordinario diagnóstico libro de César Hernández: La reforma cautiva (Cidac, 2007).

Advertencia global

Karla Barclay
karla.barclay@gmail.com
Investigadora ambiental
El Universal

La semana pasada el doctor Richard Betts, titular de Impactos Climáticos en el Met Office Hadley Centre del Servicio Meteorológico Nacional del gobierno británico, presentó en la Universidad de Oxford un nuevo estudio científico sobre el calentamiento global. (http://www.metoffice.gov.uk/climatechange/)

Al momento en que se reúnen en Bangkok los negociadores internacionales para formular las propuestas para implementar una solución global sobre el cambio climático de cara a la conferencia de Copenhague prevista para diciembre, este informe revela que la temperatura global puede aumentar por encima de los 4ºC en el curso de los próximos 50 años. Una cifra que supera cualquiera de las previsiones hechas anteriormente por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

Además, esos 4ºC son sólo una estimación del promedio de la temperatura mundial: según el informe, temperaturas muy superiores se observarán en algunas zonas del mundo. El estudio insiste sobre la probabilidad de que habrá zonas donde el calentamiento supere los 10ºC, trayendo eventos extremos que sin lugar a dudas pondrán en entredicho todo nuestro modelo de desarrollo, la seguridad alimentaria, la disponibilidad de agua y la salud.

En África, por ejemplo, el aumento de la temperatura podría alcanzar 10ºC, lo que significaría grandes sequías y temperaturas no aptas para la vida humana. Algunas otras zonas del globo llegarán a los 7ºC, disminuyendo en al menos 20% las lluvias extendiendo así las zonas áridas, condicionando el suministro de agua potable para muchas poblaciones y en el mismo sentido poniendo en riesgo la seguridad alimentaria de grandes concentraciones de población, mientras se incrementará el riesgo de pandemias y enfermedades.

Según los modelos más sofisticados, las afectaciones por la reducción de lluvias se ubicarán principalmente en el este y sur de África, América Central, el Mediterráneo y partes costeras de Australia. En contraste, lugares como India se verán afectados por el incremento desmedido de las precipitaciones y otros fenómenos extremos provocando desastres por inundaciones o tsunamis, así como pérdida de infraestructura y estabilidad sanitaria.

Estamos frente a una avalancha en ciernes. El Ártico podría conocer una elevación de hasta 15ºC, lo que ocasionaría el derretimiento del hielo, provocando mayor absorción de las radiaciones solares, sobrecalentando aún más la superficie terrestre. El deshielo del permafrost (suelo helado) siberiano y ártico liberaría el metano acumulado en la tierra por efecto de la milenaria descomposición vegetal y animal, un gas cuyo efecto invernadero es 21 veces más potente que el dióxido de carbono, aumentando exponencialmente su concentración en la atmósfera. Se estima que se podría generar así un efecto de umbral, poniendo el fenómeno del calentamiento global completamente fuera de control.

No obstante, aún tenemos la oportunidad de disminuir los efectos de lo inevitable si reducimos de manera radical nuestras emisiones de gases a efecto invernadero. Por ello esas cifras, alarmantes pero reales, deben considerarse como una global warning (advertencia global) sobre los terribles efectos que puede ocasionar el global warming (calentamiento global).

Si hoy los casi 7 mil millones de personas en el mundo adquirieran el modo de vida promedio de un mexicano, necesitaríamos casi cinco planetas para poder satisfacer esas necesidades, mientras que para satisfacer la demanda de consumo de un estadounidense promedio se necesitarían 10 planetas. Actualmente hay 300 millones de personas en China que podrían adquirir los medios de vida de un mexicano de clase media. Del mismo modo, son al menos 150 millones de personas en India que tienen ese potencial. Sumados, estamos hablando de casi 2 veces la población de Estados Unidos. Pero no existen cuatro, ni mucho menos nueve planetas más para satisfacer nuestras necesidades insaciables. Este es el único que tenemos.

Si bien la temperatura aumentará al menos 2ºC, debemos hacer todo por evitar que supere ese límite, puesto que a estas alturas, no se trata solamente del compromiso con las generaciones futuras, sino con nosotros mismos. Copenhague es la oportunidad para los países de establecer compromisos vinculantes en la lucha contra el cambio climático. Pero eso sólo representa una base política, teórica y legal, para la acción. Es urgente que como ciudadanos cambiemos nuestra forma de consumo a una mucho más baja en carbono. Esta es nuestra única oportunidad de ser parte de la solución.

Para enfrentar ese problema, tenemos que cambiar nuestra forma de vida, a una más limpia y menos contaminante. Pase lo que pase, esos sacrificios se tendrán que hacer. Se pueden conceder hoy de manera voluntaria y controlada, o se impondrán en 20 años cuando ya no tendremos los medios de sostener nuestros niveles de vida.

Bajo advertencia no hay engaño.

Bajar el switch

Denise Dresser
Reforma

Llueve y se va la luz. Sopla el viento y se va la luz. Se cae un árbol y se va la luz. Hay un pleito entre el sindicato y el gobierno y se va la luz. Pero eso sí, a pesar del servicio errático, la cuenta de Luz y Fuerza del Centro siempre llega de manera puntual y con cobros inexplicables. La empresa emplea a 44 mil personas aunque podría operar con 8 mil 500. Las transferencias y los subsidios gubernamentales para mantenerla funcionando equivalen a dos veces el presupuesto del programa Oportunidades y a 157 por ciento del presupuesto de la UNAM. Síntomas de un arreglo político insostenible, de una relación corporativa cada vez más costosa, de un acuerdo que mantiene privilegios sindicales ordeñando las ubres estatales. Un pacto fundacional que nadie ha querido tocar por la inestabilidad política que el Sindicato Mexicano de Electricistas amenaza con producir. Pues adelante. Convoquemos a su dirigente -Martín Esparza- a marchar, a bloquear, a chantajear y a justificar los privilegios que defiende.

Ah, el privilegio de gozar con un contrato colectivo que otorga el ascenso con base en la antigüedad, sin tomar en cuenta el desempeño o la capacitación. El privilegio de que un trabajador no tenga que ponerse al corriente aunque se haya ausentado del trabajo. El privilegio de que el tiempo de traslado y viajes por "asuntos sindicales" se compute como trabajo efectivo. El privilegio de que las causales de despido por pérdida de confianza no puedan ser aplicadas al personal sindicalizado. El privilegio de recibir, en especie o en efectivo, el equivalente a 350 K.W.H. por mes. El privilegio de manejar de manera discrecional las cuotas sindicales. Estos beneficios y tantos más. Premios otorgados al margen de la productividad; recompensas que han ido minando la competitividad. Ejemplos de un sindicato que promovió la ineficiencia y de un gobierno que la permitió.

Creando así una compañía quebrada y un sindicato beligerante; una empresa que se come recursos públicos y una cúpula sindical que se ha enriquecido con ellos; un gobierno que quiere cobrar más impuestos para ayudar a los pobres, pero continúa financiando a paraestatales que los expolian. Carretadas de dinero público año tras año para "préstamos de habitación", "becas escolares", "desarrollo de facultades artísticas", "reubicación de plazas laborales", "primas vacacionales" y "delfinoterapia" para atender a sus enfermos. La opacidad disfrazada de autonomía sindical. La discrecionalidad encubierta con el discurso de los derechos adquiridos.

Por ello hay que retar a Martín Esparza a que cumpla con su palabra; a que encabece una movilización frente a Los Pinos si no le dan su "toma de nota", a que se vaya a la huelga, a que sus seguidores cierren filas para defender el derecho a la ineficiencia. Porque entonces todos los que hemos pagado el precio de sus privilegios denunciaremos lo que él y sus acólitos han tratado de ocultar. Las irregularidades que su elección evidenció. Las tarifas elevadas que la ineficiencia de la empresa obliga a los consumidores más pobres a pagar. Las deficiencias en el servicio que los ciudadanos hemos tenido que soportar. Una empresa que ha creado más de 4 mil plazas en los últimos cinco años a pesar de no necesitarlas.

Mientras Martín Esparza reclama lo que le quieren quitar, nosotros reclamaremos lo que tenemos derecho a saber: ¿Por qué sindicatos como el SME no declaran las aportaciones gubernamentales recibidas? ¿Por qué no aclaran sus finanzas, sobre todo cuando provienen de nuestros impuestos? ¿Por qué su patrimonio permanece como un secreto cuando está financiado con fondos públicos? ¿Por qué a Luz y Fuerza este año se le transfirieron 40 mil millones de pesos cuando pierde 100 millones de pesos diarios? ¿Por qué los partidos apoyan las demandas de trabajadores sindicalizados, pero ignoran los agravios de ciudadanos exprimidos? ¿Por qué el gobierno le sigue apostando a la alianza con los grupos corporativos, en vez de construir mayorías con los votos ciudadanos? ¿Por qué no, en lugar de votar un punto de acuerdo para que la Secretaría del Trabajo respete la "autonomía sindical", el Congreso legisla para ayudar a los millones de mexicanos víctimas de Luz y Fuerza del Centro?

Al país le urge que alguien -en el gobierno- se pare del lado de los ciudadanos, en vez de marchar al lado de los electricistas. Le urge que alguien -desde la sociedad- promueva derechos en lugar de proteger prebendas. Le urge que alguien -en los partidos- esté dispuesto a enfrentar intereses organizados para así desatar el crecimiento económico anhelado. México sólo prosperará cuando sea capaz de desterrar los derechos adquiridos y los privilegios establecidos, tanto en el sector empresarial como en el mundo sindical. Ello requeriría colocar la eficiencia por encima de los compromisos políticos. Implicaría defender a los consumidores por encima de los cotos corporativos. Entrañaría, en el caso específico de Martín Esparza y LyF del Centro, desplegar la audacia suficiente para bajarles el switch.