octubre 12, 2009

La mosca y la telaraña

Jesús Silva-Herzog Márquez
Reforma

Pocos materiales tan duros como el filamento que producen las arañas. Su tela, han comprobado los científicos, es más resistente que el acero. Lo que a los ojos del hombre resulta casi imperceptible, apenas una geometría de agua y moco, es una red impenetrable y dura. Los insectos que quedan atrapados por las telarañas no tienen otro futuro que ser almuerzo. Algo parecido podría decirse del ámbito político. Nada tan poderoso como el tejido de los mitos. Nada tan resistente como la superstición, el tabú, la ideología. Hecha de aire, de recuerdos, de palabras sagradas, de expectativas, la ideología apresa la política: sujeta su imaginación y ablanda su voluntad. Una compacta red de símbolos puede más que el muro de los hechos. Define los contornos de lo posible y así demarca los alcances de la política.

Felipe Calderón ha sido una mosca solemne atrapada por una trama de mitos. En tono grave acató el veredicto de sus antecesores y las doctrinas de sus adversarios. Nada de lo importante era realizable: había que consolarse con la política de la irrelevancia. Nos dijo, en plan de predicador del realismo que ese era el continente de la política: acatar la tiranía de lo posible. Así celebró la magra reforma energética como una medida para defender la "soberanía energética"; así elogió una reforma electoral en la que no cree como una contribución a la democracia. La decisión de liquidar la compañía de Luz y Fuerza implica una afortunada ruptura con las telarañas que han atado a su gobierno y a los anteriores. El Presidente finalmente se decidió a enfrentar intereses poderosos, bien pertrechados políticamente y con notable capacidad movilizadora. En buena hora lo ha hecho: el país necesita un gobierno dispuesto a dar batallas y enfrentar intereses poderosos, no simplemente gestionar los términos del rapto nacional.

El Presidente ha encontrado en las últimas horas una determinación que, durante su gobierno, sólo se ha asomado en la lucha contra el narcotráfico y que se recuerda de sus ya lejanos días como candidato. Ha elegido una buena batalla porque se dirige en contra de una empresa que simboliza los peores manejos de la administración pública. La compañía era, efectivamente, insostenible. De mantener las cosas, los contribuyentes de todo el país -no solamente aquellos que padecían su mal servicio- tendrían que pagar cada vez más dinero a su sostenimiento. Cada día tendrían que desviarse recursos para las grandes prioridades nacionales, destinándose a una cazuela sin fondo. La magnitud del desfalco es realmente extraordinaria: este año el subsidio a la compañía equivale prácticamente al presupuesto del programa Oportunidades y al doble del presupuesto de la Universidad Nacional.

El decreto del Ejecutivo federal inaugura una línea de argumentación que debe derivar en el desarrollo de la decisión, en la formulación de una auténtica política reformista. El funcionamiento de la empresa "no resulta conveniente desde el punto de vista de la economía nacional y del interés público", se dice en el decreto de liquidación. La política del gobierno federal coloca en primer plano lo que debe ser prioridad: la tutela del interés general. Se trata de un acto de manumisión frente los poderes captores que usan al Estado en beneficio de sus clientelas. El gobierno rompe de esa manera la telaraña de intimidaciones que había atrapado a sus predecesores; se sacude de los impedimentos imaginarios para liquidar una compañía que lo había convertido en rehén. La determinación del presidente Calderón es encomiable. No lo es por ser ostentación de valentía. La política del arrojo suele tener mirada corta e impulsos de vanidad. En este caso, se trata de una audacia comprometida con el futuro. Por onerosa que la liquidación resulte en el corto plazo, por ruidosa que sea la protesta, por estridentes que sean las críticas, el gobierno ha puesto en primer lugar el interés público.

La decisión parece, sobre todo, un llamado a la profundización del arrojo. Encarar con inteligencia el cúmulo de intereses que detienen el avance del país debe ser la ruta a seguir en el tiempo que le queda a esta administración. Emplear al máximo el poder del Ejecutivo para profundizar esta veta de acción. La empresa de energía que ha sido liquidada no es la única muestra de los abusos pertrechados en las transacciones políticas y arraigados en el temor a desatar el conflicto. Desde hoy podemos medir a Felipe Calderón con el rasero de una buena decisión. Que su futuro esté a la altura de esta resolución: que sea guardián del interés público y no el cuidador de los acomodos del pasado.

¿Qué se propone uno con la filosofía? Se preguntó Wittgenstein en algún lugar. "Enseñarle a la mosca a escapar del frasco", respondió. La política, podría decirse, se propone lo mismo. Aparece la política cuando la mosca se atreve a escapar de la telaraña.

¡Se fue la luz...!

Sabino Bastidas Colinas
Tribuna
El País

"¡Se fue la luz!" es una expresión que se escucha cada vez con mayor frecuencia en la ciudad de México. ¿La causa? Los recurrentes apagones en el suministro de energía eléctrica, por la ineficacia y obsolescencia de una compañía del Estado, responsable de prestar el servicio en el centro del país.

Bien, pues esta frase, y un severo conflicto sindical interno, motivaron finalmente al Presidente de México, Felipe Calderón a emitir un duro y decisivo decreto para emprender la liquidación de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, la noche del sábado 10 de octubre, mientras la mayoría de los mexicanos estaban ocupados en los festejos por la clasificación definitiva de la selección nacional de fútbol al mundial Sudáfrica 2010, tras una contundente victoria contra El Salvador.

El decreto de liquidación de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro es una decisión muy fuerte, que enfrentará por varios días al Gobierno del Presidente Calderón con el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), uno de los sindicatos más beligerantes del viejo régimen, y probablemente con varios actores de la izquierda y el movimiento sindical del país.

La Compañía de Luz y Fuerza del Centro era la empresa estatal responsable de abastecer de energía eléctrica al centro del país. Su cobertura corresponde al 1.04% del territorio nacional, que sin embargo concentra un poco más el 30% del PIB. Corresponde a todo el Distrito Federal, a 82 municipios del vecino Estado de México, a 45 Municipios de Hidalgo, dos de municipio de Morelos y tres del Estado de Puebla.

La decisión se toma con el consenso social de que la empresa del Estado era obsoleta e ineficaz, en buena medida porque se encontraba prácticamente capturada por un sindicato muy fuerte, que había ganado constantemente poder, prerrogativas y privilegios absurdos, hasta llevar a la quiebra de la empresa que, hasta hoy, vivió prácticamente del subsidio del gobierno.

Los habitantes de la ciudad de México, un área metropolitana de más de 20 millones de personas, padecemos un pésimo servicio de energía eléctrica: apagones constantes, casi por cualquier causa, irregularidad en el voltaje que, por supuesto, lastiman frecuentemente aparatos eléctricos, cobros indebidos en los recibos de luz, postes viejos con riesgo de caerse, postes y materiales de reparación abandonados en calles y camellones, lentitud en el servicio de quejas y reparaciones, y burocracia y malos tratos en las oficinas de servicios y atención al cliente de la compañía de luz de la ciudad.

La ciudad está llena de "diablitos". Así llamamos a los cables e instalaciones ilegales, que se utilizan para robarse la luz. Hay estimaciones oficiales que hablan de que más o menos el 30% de la luz de la ciudad se pierde por robo o por ineficiencias en el suministro, cuando la media en el resto del país es inferior al 10%, cifra que por demás, resulta muy alta en comparación con los parámetros de países desarrollados.

Según declaraciones del último director de la Compañía de Luz de la ciudad, más de 750.000 viviendas en el Distrito Federal se roban continuamente la luz. Lo más curioso es que, en muchas ocasiones, quienes instalan los famosos "diablitos" son los propios trabajadores de la Compañía de Luz, mediante el pago de propinas y sobornos.

No podemos abandonar este apretado diagnóstico sin apuntar el tema del paisaje urbano de la ciudad, que está plagado de enredadas redes aéreas de cables, instalaciones y transformadores, que en algunas zonas se cruzan como verdaderas telas de araña, creando esculturas involuntarias, que sin duda harían la delicia de Calder, Giacometti, Miró o Jackson Pollock.

La empresa le costó al gobierno mexicano en 2003, 21.000 millones de pesos (unos 1.050 millones de euros), dicha cifra se duplicó en 2008 al costarle 42.316 millones de pesos (unos 2.100 millones de euros). De seguir esa tendencia, el gobierno se vería en la necesidad de aportar, en 2012, unos 66.000 millones de pesos (algo así como 3.300 millones de euros). La situación era económicamente insostenible.

La Compañía de Luz y Fuerza del Centro, que sólo prestaba el servicio en el centro del país, contaba hasta hoy con cerca de 45.000 trabajadores en activo, cuando hay expertos que sostienen que puede funcionar con unos 15.000 trabajadores. Además de que la empresa soporta, con gasto corriente, una nómina de 22.000 pensionados y jubilados, para los que no existen, ni se hicieron nunca, las reservas técnicas en un adecuado sistema de pensiones.

Era una empresa plagada de absurdos de improductividad, falta de competitividad y abuso. Ecos del México autoritario y populista, que la democracia no atina y no termina por desterrar.

Daremos algunos ejemplos, en el entendido de que lo que a continuación describiremos es parte de la realidad, aunque usted no lo crea...

Los trabajadores de la empresa tenían hasta el 10 de octubre, un contrato colectivo de trabajo con una rígida cláusula que prohibía la multifuncionalidad ¿Qué es eso? Que no podían realizar dos funciones distintas. Si un trabajador es chofer, no podía detener una escalera. Eso generaba que mientras un camión de reparaciones en el resto del país llevaba en promedio dos personas, uno en la ciudad de México debía llevar de siete a nueve personas. Además, de que claro, si no llega el chofer, el camión con todos los demás trabajadores no podía salir a trabajar.

Otro ejemplo, el sindicato había conquistado una especie de autarquía. Hasta su liquidación, en la empresa laboraban algo así como 10.000 trabajadores que no trabajaban propiamente en funciones de luz, sino que se dedican a tareas diferentes como, elaborar su propia ropa, los bordados de sus uniformes, incluso algunos muebles, que la empresa se veía obligada a comprar al sindicato.

Dos más, los trabajadores y sus familias no pagan la luz que consumen porque es una de sus prestaciones, y los trabajadores tenían la posibilidad de obtener un permiso anual, con goce de sueldo, de hasta diez meses. Sí leyó usted bien, de hasta diez meses.

Esta realidad creó una mafia sindical con mucho dinero y poder, que hasta la fecha apoyó y patrocinó los más variados grupos y movimientos. El SME se caracterizó por ser un sindicato de abusos y dispendios.

Para no ir mas lejos, la semana pasada, en plena crisis, el líder del sindicato inauguró un gimnasio con tres niveles de estacionamiento, con una cancha de básquetbol con duela importada de China y certificada por la NBA de EU, que costó 103 millones de pesos (unos 5.125.000 euros)

Era realmente una empresa kafkiana, que evoca las peores épocas de las industrias soviéticas o las viejas empresas de Europa del Este. Es como si la viéramos en una televisión en blanco y negro.

Bien, pues este amasijo de improductividad entró en crisis hace unos días. Un conflicto electoral interno, por una cerrada votación entre dos planillas, una encabezada por el actual líder Martín Esparza y la otra por su Tesorero Alejandro Muñoz, ocasionó que el Secretario del Trabajo, Javier Lozano Alarcón, le negara al sindicato el registro y la personalidad jurídica, y con ello se detonara un conflicto que recién inició movilizaciones el viernes de la semana pasada.

El punto central por supuesto no era el conflicto laboral interno del sindicato. El tema de fondo era la improductividad y lo costoso de la empresa.

El Presidente Calderón, a unas semanas de iniciar la segunda mitad de su administración, y debilitado después de una gran derrota electoral en la elecciones del pasado 2 de julio, enfrentaba la necesidad de tomar decisiones muy delicadas.

La crisis económica y presupuestal en México obligan al gobierno a emprender recortes y ajustes que impiden sostener el ritmo de subsidios y la improductividad de la empresa estatal que suministra la energía eléctrica en el centro del país.

La opinión estaba dividida. Había quienes creían que estaban dadas las condiciones y que este es el mejor momento para tomar la decisión de liquidar la empresa, liquidar a los trabajadores y empezar con una empresa nueva, saneada y con un nuevo sindicato y con nuevas reglas de productividad. Y por otro lado, había quienes consideraban que se trataba de un mal momento y que sería irresponsable emprender una decisión de este tipo, que seguramente generaría movilizaciones y conflictos sociales, en un entorno marcado por el incremento de la pobreza en el país y por los altos índices de desempleo, que han creado un clima de desencanto y de enojo social.

Finalmente el Presidente Calderón optó por tomar la decisión. Era una decisión analizada, esperada y muy anunciada. Absolutamente congruente con el discurso que, con motivo del tercer informe de gobierno, pronunció el Ejecutivo 2 de septiembre pasado, cuando dijo: "Ante la disyuntiva de administrar lo logrado y de seguir con el impulso propio de la inercia, o asumir cambios profundos en las instituciones de la vida nacional, claramente me inclino por un cambio sustancial de las mismas, con todos los riesgos y con todos los costos que implica."

La decisión tomada es clave para el gobierno de Calderón, para la democracia y para el Estado.

El nudo de la transición mexicana está centrado en la crítica de que los gobiernos de la democracia no se atreven a enfrentar y desmantelar los enclaves autoritarios del viejo régimen, que se defienden y resisten a desaparecer, y que los gobiernos de la alternancia se limitan simplemente a tolerarlos y administrarlos.

Calderón da un giro muy importante con esta decisión. Se enfrenta finalmente a los intereses duros del pasado.

La decisión de Calderón se antoja compleja. Seguramente vendrán días de enfrentamientos, presiones y movilizaciones. La mañana del domingo 11 amanecieron tomadas por efectivos de la policía federal, 113 instalaciones de la compañía de luz y en la asamblea del SME celebrada en el centro de la ciudad el último líder del SME anunció las primeras acciones de resistencia.

Es un momento de prueba para Calderón y para la democracia. Lo cierto es que, una vez tomada la decisión, el Presidente, no puede darse el lujo de titubear, negociar y de dar marcha atrás, porque en ese momento se acaba políticamente su gobierno, con un gran daño a la autoridad y a la legitimidad de la democracia.

Margaret Thatcher recuerda un momento similar en sus memorias Los años de Downing Street, en las que recordando el 10 de octubre de 1980 señala:

"El paro superaba los dos millones y seguía aumentando; teníamos por delante una recesión de creciente profundidad; la inflación era mucho más alta que la heredada, aunque estaba comenzando a bajar; y estábamos terminando un verano de filtraciones y desavenencias. El gobierno estaba preocupado y yo también. Nuestra estrategia era la adecuada pero el precio de aplicarla estaba siendo demasiado alto, y la comprensión de lo que estábamos llevando a cabo era tan limitada que teníamos grandes dificultades electorales. Pero estaba profundamente convencida de una cosa: no existía la posibilidad de lograr ese fundamental cambio de la actitud imprescindible para sacar a Gran Bretaña de su deterioro, si la gente estaba dispuesta a cambiar el curso de los acontecimientos mediante presiones. Para aclarar ese aspecto apelé a unas líneas de Ronnie Millar: Para quienes esperan sin aliento la expresión "viraje en U", tan sobada por la prensa, sólo me cabe decirles una cosa: "Viren ustedes si les apetece. La Dama no es partidaria de los virajes."

Para Felipe Calderón tampoco existe viraje en U. El Presidente se juega su sexenio. Hoy enfrenta una gran oportunidad y por supuesto un grave riesgo.

Seguramente otros enclaves autoritarios se sentirán amenazados y habrá resistencias, pero es tiempo de que la democracia y las leyes, sustituyan al autoritarismo y a los arreglos informales.

Calderón tomó una decisión difícil, que además era indispensable, porque, al terminar de escribir este artículo, se lo ruego, créame: ¡Se fue la luz!

¿Y entonces?

Germán Dehesa
german@plazadelangel.com.mx
Gaceta del Ángel
Reforma

Pues no sé. Habría que ser muy tonto, o muy mentiroso, o poseer una de esas ideologías blindadas que nos permiten pontificar sobre lo que ignoramos y analizar acuciosamente lo que no entendemos, para pronunciarnos tajantemente sobre lo que ocurrió en la noche del sábado 10 de octubre en las instalaciones de Luz y Fuerza del Centro. Ya Andrés Manuel y Fernández Noroña, su hijo tonto, han dicho lo que opina la acomodaticia y primitiva izquierda mexicana; ya dijeron que es "una canallada" y ya sacaron a relucir el nombre del chaparro maligno Carlos Salinas de Gortari. Me imagino que habrá marchas, plantones, sindicatos de solidaridad automática y todo lo que se estila en estas situaciones.

Por su parte, la derecha ya anunció que está de plácemes y con ánimo de Te Deum y se deshace en alabanzas al Presidente Calderón que "ahora sí, se fajó los pantalones", por no hablar del suavecito Kid Lozano, digno sucesor de aquel Don Arsenio Farell del que cuentan que llegaba a las reuniones de gabinete golpeando con el puño derecho la palma de su mano izquierda mientras decía: ¿a quién hay que madrear?. Esta derecha que es tan primitiva como nuestra izquierda pero que cuenta con los recursos de la IP y con la bendición de la jerarquía católica, no tendría demasiado empacho en ver a Calderón como dictador ilustrado.

Entre estas dos formas de la abdicación del pensamiento, estamos nosotros los de a pata que resultamos desconfiables para ambos extremos de nuestro espectro ideológico. De hecho, la primera molestia que provocamos es la que surge de no tener una ideología e inclinarnos siempre por la posibilidad de tener ideas sin más que nos permitan formarnos un criterio propio con respecto a la realidad y su tornadiza condición.

Así las cosas, me preguntan qué opino acerca de la actuación del gobierno frente al SME. Mi respuesta automática es que ya era tiempo de rectificar la dudosa calidad de la prestación de un servicio de primera importancia. Del mismo modo, ya era tiempo de que el erario taponara esa interminable fuga de divisas que presuponía mantener a un sindicato de una ineficiencia ejemplar. Digo esto y al hacerlo manifiesto mi total apoyo al Presidente de la República (aunque no sé para qué podría servirle), pero le advierto que esto todavía no termina y que la perinola sigue en movimiento. Como decimos cuando nos hacen alguna perrería: esto no se va a quedar así; la piedra ya cayó en el centro del lago y ahora tendremos que ver la formación de los círculos concéntricos que seguramente movilizarán a muchos sectores de nuestra ciudadanía. Aquí es donde el Presidente Calderón habrá de mostrarse ponderado porque sobrarán las provocaciones y las radicalizaciones. El deber de Calderón es mirar siempre por el bien público, mantener la comunicación con la ciudadanía y encontrar siempre caminos para el diálogo y la negociación. Una cosa es verse obligado a un acto de fuerza y otra muy distinta es crear un Estado de fuerza. La libertad y la democracia estarán en juego. Le pido, Señor Presidente, que actúe con grandeza, que no ceda a la tentación de la fuerza y que no festine el enfrentamiento de los mexicanos. Todos queremos que en verdad vuelva la luz.

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MDCXLIV (1644)
MONTIEL.

Cualquier correspondencia con esta columna con los cables pelones, favor de dirigirla a dehesagerman@gmail.com (D.R.)

Tenemos Luz, Fuerza y Presidente

Carlos Mota
motacarlos100@gmail.com
Cubículo Estratégico
Milenio

Tenemos Presidente. Que nadie lo dude. El segundo tiempo del partido que juega Felipe Calderón —los tres años restantes del sexenio— inició el sábado a las 11 de la noche, cuando la Policía Federal tomó las instalaciones de Luz y Fuerza del Centro, previo al anuncio de su liquidación.

Escribí aquí el 10 de septiembre —bajo el título “Terminó la fiesta para Luz y Fuerza del Centro”—, que “Calderón será implacable con ésta, la que seguramente es la peor organización dentro de la administración pública, con los niveles de insatisfacción más elevados y una falta de productividad colosal”. Supe que así sería luego de una reunión en Los Pinos, en la que el Presidente presentó su paquete económico; reunión en la que las cejas y el tono más alto los elevó cuando habló no de impuestos, sino de esta empresa.

El gobierno está jugando el juego del capitalismo, y lo está haciendo bien. En cualquier organización empresarial, si las cosas no funcionan, los accionistas tienen el derecho de bajar la cortina. Going out of business; Everything must go. Se acabó.

La acción tomada por el Presidente tiene al menos tres implicaciones críticas.

Primera. El Ejecutivo está de vuelta. Cuando todo indicaba que la voz cantante la llevaban los partidos en el Congreso, esta liquidación devuelve la esperanza de que el Poder Ejecutivo aún tiene sentido, por lo menos para meter en cintura todo lo que destrozaron los gobiernos corporativistas del pasado. Calderón actuó quirúrgicamente, liquidando y cuidando a los trabajadores —a pesar de las pataletas del SME.

Segunda. Llegó la “hora Thatcher”. Que se cuiden otros sindicatos. El país no avanzará a una nueva era económica si no se despoja de vicios perennes que los sindicatos caciquiles habían arrojado como herencia. Empezó el fin de esa era.

Tercero. Las implicaciones políticas tendrán un efecto de onda expansiva. La oposición no tendrá materia prima para criticar, toda vez que los temores “privatizadores” quedan sin sustento en el decreto, y que la liquidación es la decisión más razonable a la luz de la ineficiencia descomunal e histórica de esta empresa.

Como ciudadanos, debemos un agradecimiento y una felicitación al presidente Felipe Calderón.

Una empresa, un sindicato, un tabú

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

La administración de Calderón tomó la noche del sábado la decisión política más importante del sexenio al decidir liquidar Luz y Fuerza del Centro y ejecutar así lo que se había aprobado desde diciembre de 1974, en el gobierno de Luis Echeverría, y que durante 35 años, una y otra vez, se había postergado por consideraciones políticas y electorales. Rompió, también, con el tabú de que este tipo de empresas y sindicatos no podían ser tocados. Vendrán, sin duda, días complejos en esta historia, pero por lo menos el sábado se demostró que no había problema alguno en tomar las instalaciones, hacer que las mismas siguieran funcionando y establecer con claridad un plan de liquidación para los trabajadores.

La mejor demostración de la crisis que vivía LyFC es que la liquidación de la empresa y de todos sus trabajadores equivale a un tercio de lo que se entregó este año de subsidio para el gasto corriente de la misma: 42 mil millones recibió Luz y Fuerza de subsidio y la liquidación de su contrato colectivo costará 16 mil millones, más otros cuatro mil millones que destinarán al pago de compensaciones adicionales para sus trabajadores. Sus pensionados y jubilados no tendrán, como se anunció, ninguna modificación en sus percepciones y en su régimen de retiro, pese a la liquidación de la empresa.

Es un tema político clave porque el Ejecutivo logró ejercer sus atribuciones y liquidar una empresa que resultaba inviable y onerosa para el conjunto del país, incluidas las dos terceras partes de los mexicanos que no recibían servicio de ella pero si tenían que pagar fiscalmente sus rezagos. Una empresa que prestaba un pésimo servicio, cada día más desfasado de las necesidades del país y las de la Ciudad de México. Un servicio caro, mucho más caro que el de la CFE y menos eficiente en todos los sentidos. Se acaba con un sindicato que aprovechó todas las coyunturas políticas y la complacencia de las distintas administraciones, desde la nacionalización de LyFC en 1960, hasta el día de ayer, para construir un contrato colectivo leonino que fue el que en última instancia terminó catalizando la quiebra de la empresa. Con una dirigencia sindical, además, que tras un discurso supuestamente de izquierda cayó en los mismos abusos y excesos de las corrientes más criticadas del movimiento obrero oficial.

La decisión del sábado en la noche impone también al gobierno una norma de acción para el futuro: tendrán que revisarse los números y la actuación de otras instancias públicas y tomar medidas en ese sentido. No todo lo que administra o impulsa el Estado debe tener números negros, pero no puede existir un despilfarro tan notable como el que se vivía en LyFC. Y eso incluye unos sindicatos cuyos recursos y prácticas casi nunca son transparentados. Y allí existe una demanda ciudadana inocultable para que se avance en ese sentido.

Como existe esa misma demanda para que, también, los partidos políticos transparenten sus recursos, sobre todo los que reciben del erario. De la misma forma que los dirigentes del SME reclaman ahora que les regresen “su” empresa, aunque dilapiden recursos y se la hayan literalmente acabado con sus excesos, ahora los dirigentes de los partidos, en particular del PRD, pero también del PRI, están indignados porque el líder del PAN, César Nava, tuvo la osadía de presentar una iniciativa de ley que recorta 50% sus ingresos federales y 100% los locales. En 2010, que no es año electoral federal, los partidos recibirán la friolera de seis mil millones de pesos entre recursos de la Federación y de los estados. Con el recorte planteado, su presupuesto estaría en unos dos mil millones de pesos, una cantidad nada despreciable, pero que según el presidente nacional del PRD, Jesús Ortega, es “demagógica y electorera”, y exige que no se recorte el presupuesto partidario, mientras que, olvidando que tiene en sus filas al diputado prófugo Julio César Godoy, dice que con esa reducción de recursos entrará en los partidos dinero del narcotráfico.

¿Para qué quieren los partidos seis mil millones de pesos al año y el doble cuando es electoral?, ¿cómo pueden exigir que se recorten gastos en todos los ámbitos y ellos no están dispuestos a sacrificar ni un centavo?, ¿con qué cara pueden explicárselo a la sociedad? No será fácil, pero esperemos que la liquidación de LyFC sea el primer paso para dejar de derrochar el dinero que no tenemos.

Sus pensionados y jubilados no tendrán ninguna modificación en sus percepciones y en su régimen de retiro, pese a la liquidación.

LyFC, décadas en liquidación, corrupción, ineficiencia y amago político

Víctor Sánchez Baños
Poder y Dinero
La crónica de hoy

Cuando todo el mundo está loco, ser cuerdo es una locura.
Paul Samuelson
(1915-?), economista estadunidense.

Lo que no hizo la corrupción ancestral del Sindicato Mexicano de Electricistas lo logró la crisis económica que vive el país. En la época de bonanza el sindicalismo corrupto actuó al lado de la estructura de poder, fundamentalmente aliado a partidos políticos.

Felipe Calderón tomó la decisión de liquidar (esperemos que ahora sí definitivamente) a Luz y Fuerza del Centro. La falta de decisión política de varias administraciones presidenciales creó un monstruo sindical que impidió la negociación para el bien de la empresa y sus trabajadores.

Enquistado en el poder, Martín Esparza jugó políticamente con grupos que creyó serían sus fortalezas. Al final de cuentas fueron su debacle. Así jugó con el Peje y lo financió durante la campaña presidencial y en los recorridos que hacía el político tabasqueño por todo el país y para mantener su “politburó” con prestaciones y dinero. Otro pesado aparato burocrático que manteníamos con nuestros impuestos canalizados al SME.

El Sindicato Mexicano de Electricistas es de las más viejas y poderosas organizaciones del país. Nació en 1914 y hoy es titular del contrato de LyFC que distribuye electricidad al centro del país.

En la administración de Adolfo López Mateos el gobierno compró a todas estas pequeñas compañías el 27 de septiembre de 1960, por lo que nace la Comisión Federal de Electricidad. Aunque también compró la CLyFC, quedó intacto el contrato colectivo con el Sindicato Mexicano de Electricistas, que es distinto al sindicato nacional que tiene el contrato con la Comisión Federal de Electricidad. Así se mantuvieron cotos de poder debido a que era un sindicato charro ligado al gobierno en turno.

El SME y Esparza, con su arrogancia, prepotencia y corrupción, movido por su ambición de poder y dinero cometió un evidente y absurdo fraude en las elecciones sindicales. Así estaremos viendo que un sindicato con 95 años termine.


PODEROSOS CABALLEROS.- Como muestra de la demagogia presupuestal: durante 2009 la Semarnat, así como sus órganos desconcentrados, crearon más de mil nuevas plazas de base para sus oficinas centrales y delegaciones en los 31 estados de la República. La verdad, en pleno año de crisis económica mundial el gobierno federal también ensanchó su aparato burocrático en Conagua, de José Luege; Profepa, Conanp y Luz y Fuerza. En esta última, en los últimos tres años su nómina se encareció en mil 617 millones de pesos; de 41 mil 49 empleados en 2006, en 2008 eran ya 44 mil 508. Y no han cumplido los acuerdos de productividad.*** La venganza pierde objetividad. Ahora los diputados del PRD en la ALDF presentaron una denuncia en contra de Miguel Ángel Toscano, de la Cofepris, ante la PGR y exigieron que renuncie por omitir información sobre los monitoreos de agua potable en tres delegaciones del DF. Todo por denunciar que en delegaciones perredistas sus “gobernados” toman agua con despojos fecales.*** Una buena noticia para José Ángel Córdoba Villalobos: contará en enero con centro de reacción inmediata para atender emergencias infecciosas como la influenza A/H1N1. Estará ubicado en Veracruz y atenderá a Centroamérica y el Caribe.

sanchezb@metropipe.net y vsanchezb@gmail.com

Liquidación de LyFC. Se atrevió Calderón

Maricarmen Cortés
Desde el piso de remates
El Universal

Finalmente el presidente Felipe Calderón se atrevió a liquidar LyFC, una empresa que debió haber sido cerrada desde hace décadas porque está técnicamente quebrada, ofrece un servicio costoso e ineficiente y recibe subsidios por 42 mil millones de pesos anuales

La decisión de liquidar Luz y Fuerza del centro (LyFC) se tomó desde que el secretario del Trabajo, Javier Lozano, negó la toma de nota a Martín Esparza como dirigente del Sindicato Mexicano de Electricistas, aprovechando la coyuntura única de la división interna del SME y la obstinación de Esparza de mantenerse en el cargo a pesar de las múltiples irregularidades en su reelección.
Quien tendrá un papel clave es Alfredo Elías Ayub, director general de la CFE, quien tiene el difícil reto de garantizar la calidad del servicio. Elías Ayub descarta que se registren problemas técnicos porque los equipos de las zonas donde opera LyFC son similares a los de Guadalajara, por lo que refuta las acusaciones del SME en el sentido de que se presentarán fallas técnicas porque el personal de la CFE sí cuenta con la experiencia y capacitación.

La liquidación de Luz y Fuerza del Centro demostró una excelente coordinación por parte de las secretarías de Gobernación, Seguridad Pública, Energía, Hacienda y del Trabajo, donde se cuidaron todas las aristas, desde la toma quirúrgica de las instalaciones, hasta los aspectos jurídicos, económicos y laborales de la liquidación.

Se garantiza así que no se afectará a los jubilados actuales, que seguirán cobrando su pensión vitalicia y se otorgará una indemnización por encima de lo que marca la ley a los trabajadores en activo que en promedio recibirán 2.5 años de su actual salario integrado y se abre incluso la oportunidad para que muchos sean recontratados con el mismo esquema de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). El costo de la liquidación podría ascender a 20 mil millones de pesos con un ahorro muy importante para las finanzas públicas, porque las transferencias se habían incrementado a 42 mil millones de pesos anuales, lo que resultaba ya insostenible en la crisis financiera actual.

El sector privado cerrará filas en apoyo del presidente Calderón, mientras que el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, garantiza que se respetará el derecho de libre manifestación del SME que ahora sí afirma que se unificará para tratar de dar marcha atrás a una decisión que ya es irreversible: la liquidación de la empresa.

CFC FLEXIBILIZA LICITACIÓN DE ESPECTRO

Después de analizar la nueva propuesta de la Cofetel sobre la subasta de espectro radioeléctrico, el pleno de la Comisión Federal de Competencia, que preside Eduardo Pérez Motta, aprobó el jueves pasado modificar su resolución sobre la licitación del espectro radioeléctrico en las bandas 800, 1700 y 1900 MHz.

Es una buena noticia porque hay que recordar que en 2005 el espectro no se pudo licitar por las diferencias entre la CFC y la SCT, y que desde entonces está pendiente de ser subastado, y desde luego se espera que ahora sí la SCT publique las bases de licitación de este espectro que es básico para que las concesionarias telefónicas puedan ampliar sus servicios de valor agregado e internet.

En su opinión original la CFC recomendó un cap o tope parejo de 80 MHz para las tres bandas, mientras que la Cofetel propuso un tope de 70 MHz para la bandas 800 y 1700 y de 90 MHz para la de 1900, y tras analizar la contrapropuesta de la Cofetel, el pleno de la CFC acepta los topes diferenciados para las bandas, siempre y cuando se mantenga sin cambio el que ninguna empresa tenga después de la licitación más de 80 MHz. Esto implica que las grandes empresas de telefonía móvil: Telcel, Telefónica y Unefon-Iusacell, no podrán tener más de 80 MHz, y como en promedio tienen 55 MHz de espectro, tendrán que decidir si van por 20 MHz de una sola banda o 10 de cada una.

Desde luego las tres concesionarias quieren más espectro y consideran que 10 MHz no les permitirá atender a sus usuarios con los nuevos servicios de tercer y cuarta generación, por lo que se descarta que pudieran presentarse amparos que retrasarían la asignación de espectro. El otro cambio importante en la opinión de la CFC se refiere a la propuesta de la Cofetel de licitar un bloque de 40 MHz que no se licitaría a nivel regional sino nacional, a lo que se oponía la CFC. Sin embargo, la CFC cedió y permitirá ahora no uno sino dos bloques nacionales de 30 MHz cada uno, en el que desde luego no podrá participar ninguna de las grandes empresas, pero sí las nuevas concesionarias de cable o nuevos participantes del mercado que podrán así competir. Desde luego el objetivo de la CFC es precisamente fomentar una mayor competencia.

Detallito lingüístico... Presidente o presidenta? - Aprendamos español

(Me llegó por e-mail)

¿Presidente o presidenta?
En español existen los participios activos como derivados verbales:
El participio activo del verbo atacar, es atacante.
El de sufrir, es sufriente.
El de cantar, es cantante.
El de existir, existente.

¿Cuál es el participio activo del verbo ser?
El participio activo del verbo ser, es "ente".
El que es, es el ente.
Tiene entidad.
Por esta razón, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se le agrega la terminación 'ente'.

Por lo tanto, la persona que preside, se le dice presidente, no presidenta, independiente de su género.
Se dice capilla ardiente, no ardienta.
Se dice estudiante, no estudianta.
Se dice adolescente, no adolescenta.
Se dice paciente, no pacienta.
Se dice comerciante, no comercianta

La Sra. Cristina Fernández de Kirchner no sólo hace un mal uso del lenguaje por motivos ideológicos, sino por ignorancia de la gramática de la lengua española. Y ahora en Venezuela, con el decadente Socialismo. Un mal ejemplo sería:
La pacienta era una estudianta adolescenta sufrienta, representanta e integranta independienta de las cantantas y también atacanta, y la velaron en la capilla ardienta ahí existenta.

Qué mal suena ahora Presidenta, no?
Es siempre bueno aprender de qué y cómo estamos hablando.

Caso contrario en Chile, donde lo aplican bien: la Sra. Bachelet es presidente.

Pasemos el mensaje a todos nuestros conocidos latinoamericanos, con la esperanza de que llegue a la Casa Rosada y a Miraflores, para que esos ignorantes e iletrados hagan buen uso del idioma.

Atentamente,

W.Molina, Licenciado en Castellano y Literatura (y no en Castellana y Literaturo)

Calderón ordena el cierre y liquidación de Luz y Fuerza del Centro, el servicio lo prestará CFE

11 de octubre (Sentido Común) – El presidente Felipe Calderón, ante la pobre administración e ineficacia de la empresa eléctrica estatal, Luz y Fuerza del Centro, ordenó su cierre y liquidación para permitir la reestructuración del servicio eléctrico en el centro del país y poner fin, al mismo tiempo, al uso de recursos públicos para sostener una compañía con un pobre historial de servicio y con fuertes pérdidas económicas.

La medida forma parte de las propuestas de cambios a fondo que anunció el presidente durante el mensaje que dio a principios de septiembre con motivo de su tercer informe de gobierno. En ese discurso, Calderón advirtió que tomaría diversas acciones para mejorar la industria energética del país.

Con el cierre de Luz y Fuerza del Centro, la empresa que hasta ahora prestaba el servicio eléctrico en la capital del país y en algunos estados y poblaciones circunvecinas, Calderón deja en claro que su gobierno busca poner fin a empresas mal administradas y en las que sus trabajadores sindicalizados gozan de privilegios superiores a los del resto de los trabajadores en México y, peor aún, con cargo al erario nacional.

“Luz y Fuerza del Centro enfrentaba una situación financiera insostenible, que requería de una transferencia cada vez mayor de recursos con cargo a todos los mexicanos”, dijo Fernando Gómez Mont, secretario de Gobernación, durante una conferencia de prensa en la que explicó la decisión del gobierno de Calderón por cerrar y liquidar a la empresa eléctrica estatal. “La extinción de Luz y Fuerza del Centro traerá importantes beneficios, no sólo porque permitirá que los recursos públicos empleados hasta ahora para subsidiar al organismo, se canalicen a prioridades sociales; sino también porque un servicio eléctrico con mayor capacidad y de mejor calidad, contribuirá a impulsar el crecimiento, la competitividad y el empleo en la zona centro del país”.

Mientras el gobierno reestructura el servicio eléctrico en el centro del país, Calderón encomendó a la otra empresa eléctrica estatal, Comisión Federal de Electricidad (CFE), la responsabilidad de prestar el servicio eléctrico en el centro del país con las instalaciones de Luz y Fuerza.

El anuncio estuvo además acompañado de la toma de esas instalaciones por miembros de la policía federal el sábado por la noche para evitar que el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) impidiera la decisión gubernamental de liquidar la compañía.

El sindicato de Luz y Fuerza es una de las agrupaciones sindicales más combativas y que ha ganado fuertes concesiones a lo largo de las últimas décadas.

Esas concesiones si bien fueron en su momento victorias laborales para el gremio, hoy representan un pesado lastre para la empresa y forman parte de las razones por las que el gobierno decidió liquidar la empresa e indemnizar a sus trabajadores.

“Las condiciones establecidas en el contrato laboral impedían la operación eficaz de la empresa, a través de una co-administración con el sindicato que fue deteriorando la operación del organismo”, dijo Gómez Mont. “Prácticamente todas las decisiones de Luz y Fuerza del Centro tenían que tomarse en función de las demandas del sindicato y no de los intereses de los usuarios a quienes debían servir. Eso mermó severamente su productividad”.

El sindicato obviamente rechazó que el contrato laboral fuera la causa de los problemas financieros que enfrentaba Luz y Fuerza o incluso que su situación financiera fuera “insostenible”.

Así, los riesgos obviamente de la medida del presidente Calderón son que los trabajadores sindicalizados de Luz y Fuerza del Centro busquen, mediante marchas y protestas, detener el proceso de liquidación de su fuente laboral u ocasionar problemas al gobierno por decidir poner fin a la fuente laboral de cerca de 44,000 trabajadores sindicalizados.

Para contrarrestar esa posibilidad, el presidente ofreció a los trabajadores sindicalizados una indemnización mejor a lo que las leyes laborales señalan y el secretario del Trabajo, Javier Lozano, mencionó que era probable que en el futuro muchos de los trabajadores de la extinta Luz y Fuerza fueran recontratados para dar el servicio eléctrico en el centro del país.

“La instrucción que tenemos. . . es brindar un menú de opciones a quienes por razón misma de esta causa de fuerza mayor terminarán sus relaciones individuales de trabajo con el extinto organismo Luz y Fuerza del Centro para que puedan, por un lado, contar con orientación, apoyo especializado para el uso de su indemnización y cursos de capacitación para adecuadamente poder invertir esos recursos en negocios propios”, dijo Lozano, agregando que “sí está prevista la contratación de una cantidad no determinada aún de trabajadores, y buscar que sea el máximo posible. . . para efectos de que de manera directa o indirecta puedan aprovechar su experiencia, su capacidad, su talento, lo que hayan acumulado a lo largo de estos años en la prestación del servicio de suministro de energía eléctrica en la zona centro del país”.

Una ventaja con la que cuenta Calderón frente a la probable rebeldía del SME es el enorme descrédito que tiene esa agrupación frente a los usuarios del servicio eléctrico en el centro del país.

Los millones de clientes de Luz y Fuerza han constatado a lo largo de las últimas décadas el mal servicio que ofrece la compañía y su sindicato, además de que la población está conciente de los múltiples privilegios que hasta ahora han gozado los miembros del Sindicato Mexicano de Electricistas, como el no pagar la luz en sus hogares o el poder jubilarse con prestaciones que difícilmente tiene otro trabajador en el país.

Así, el mejor aliado que tiene Calderón en la decisión de cerrar Luz y Fuerza y liquidar a los trabajadores sindicalizados es la pobre reputación que antecede al propio organismo laboral.

“Por fin terminaron con estos pillos, ya basta de mantenerlos. . . se les dio la oportunidad de ofrecer un servicio de calidad a todos nosotros y ¿qué fue lo que hicieron? Pues nada”, escribió un lector del periódico El Universal en un foro sobre la decisión de cerrar Luz y Fuerza. “Ya era hora, bien por Felipe Calderón, aunque tenga un costo político, no importa los grandes cambios los verán nuestros hijos y nietos. Ahora no le afloje Señor Presidente vamos por los que faltan”.

Muchos contribuyentes están así concientes que Luz y Fuerza del Centro y su sindicato representaban un boquete para las finanzas públicas y un uso inadecuado de los recursos públicos.

“Tan sólo en 2009, el subsidio al organismo es equiparable a casi la totalidad del presupuesto anual del Programa Oportunidades, el principal programa de combate a la pobreza y que beneficia a más de 25 millones de mexicanos; o dos veces el presupuesto de la Universidad Nacional Autónoma de México, que conforma una comunidad de más de 350,000 personas”, dijo Gómez Mont. “De seguir así las cosas, durante esta administración hubiera sido necesario transferir al organismo más de 300,000 millones de pesos. Esto equivale a lo que se requeriría para construir un millón doscientas mil viviendas de interés social”.

Claro que el sindicato y sus trabajadores no están solos. Cuentan con algunos aliados en otros sindicatos y con el respaldo del Partido de la Revolución Democrática, la tercera fuerza política en el Congreso.

“Queremos expresar nuestra solidaridad y todo nuestro apoyo al SME, en la defensa, ya no solamente de su autonomía y libertad sindical, sino en la defensa de su fuente y materia de trabajo”, dijo el diputado perredista, Alejandro Encinas, coordinador de la bancada de ese partido en la Cámara de Diputados, en una conferencia de prensa. Hay una “campaña de descrédito a los trabajadores, a quienes se quiere atribuir la ineficiencia en el funcionamiento de la empresa, sin considerar la responsabilidad de los funcionarios y el largo proceso de des-inversión y descapitalización de que ha sido objeto esta empresa a lo largo de distintas décadas”.

El gobierno aceptó que parte de los problemas de la empresa provenían de malas decisiones que tomó en el pasado, pero aclaró que muchas de esas decisiones estaban vinculadas a las presiones que ejercía el sindicato y que a la larga contribuyeron a su deterioro financiero.

“En la Comisión Federal de Electricidad hay un trabajador de distribución por cada 627 usuarios. En cambio, en Luz y Fuerza del Centro había un trabajador de distribución por sólo 291 usuarios”, dijo Gómez Mont.

El sindicato, desde el punto de vista del gobierno, obstruyó además en el pasado los diversos esfuerzos que intentó realizar la empresa por corregir su precaria situación.

“Antes de tomar esta decisión, el gobierno federal realizó numerosos esfuerzos para elevar la productividad y mejorar el servicio que brinda este organismo a través de acuerdos y convenios con el sindicato, sin haber logrado avances”, dijo.

El líder de los trabajadores electricistas, Martín Esparza, dijo, durante un mitin en el monumento a la Revolución, que luchará por detener el cierre de la empresa –una medida que desde su punto de vista tiene el fin último de privatizar la industria eléctrica estatal y es contra la autonomía sindical en México. Aseveraciones que rechazó Gómez Mont.

“Esta medida no implica la privatización del servicio eléctrico. La prestación de dicho servicio seguirá a cargo del Estado, como lo ordena la Constitución y la ley en la materia”, dijo el secretario de Gobernación. “Ésta es una medida para preservar el uso responsable de los recursos fiscales de todos los mexicanos; no es una medida contra el sindicalismo”.