Analista político
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Excélsior
Los Cuerpos Combatientes son una estructura de choque ligada al Estado dentro de las fábricas.
Los sindicatos independientes del control gubernamental en Venezuela se oponen a las recientes medidas militaristas del gobierno de Chávez en materia laboral. A través de un acto del Ejecutivo, Chávez modificó la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Bolivariana, el 21 de octubre recién pasado, y dio nuevas funciones a las llamadas Milicias Bolivarianas. Les otorga responsabilidades para detectar posibles sabotajes, desórdenes o amenazas que supuestamente pondrían en peligro a la nación bolivariana. Lo significativo de este decreto es que las Milicias Bolivarianas son una estructura popular, a través de la cual sus integrantes espían al pueblo y reportan sus “hallazgos” a las autoridades, para “lo conducente”. Es decir, se crea una estructura de espionaje dentro del pueblo.Pero, junto con estas nuevas funciones de las Milicias Bolivarianas, se crea una nueva estructura militar-popular: los Cuerpos Combatientes. Estos Cuerpos operarán dentro de las fábricas, empresas y en todos los lugares de trabajo, con el propósito de detectar actividades subversivas que pudieran atentar contra el buen funcionamiento de la empresa. Por ejemplo, una huelga o una protesta contra políticas de las autoridades de una empresa. Recientemente, Chávez declaró a los trabajadores electricistas saboteadores, pues amenazaban con estallar una huelga nacional, por las políticas de la empresa estatal que los trabajadores consideraban contrarias a sus intereses.
En empresas estatales como PDVSA (la petrolera venezolana), la empresa eléctrica y la acerera SIDOR, entre otras, contingentes de trabajadores muchos de ellos de confianza llegan al trabajo uniformados en verde olivo, realizan prácticas y ejercicios militares en los espacios de las empresas, laboran con sus uniformes puestos y se dedican a integrar listas de posibles saboteadores o “alteradores del orden” de entre sus compañeros de trabajo. De esta forma, su función principal es asegurar la integridad y operatividad de las empresas, identificando a la organización sindical (especialmente aquella cuya dirección es independiente de las agrupaciones oficialistas) como un blanco a espiar cuidadosamente.
Los Cuerpos Combatientes son una estructura de choque ligada al Estado dentro de las fábricas, cuya función será, finalmente, impedir la expresión libre de los sindicatos y restringir o coartar completamente el derecho a la huelga e impedir la expresión de la protesta obrera. La mayoría de los trabajadores rechazan estas formas de control.
El sistema político venezolano se asemeja, cada vez más, a las propuestas y forma de organización del fascismo propuesto por Benito Mussolini en Italia, desde los años treinta. La oferta fascista de diseñar la economía, para satisfacer necesidades populares cuando la crisis económica genera más y más indigencia, sólo se resuelve con la imposición de un modelo político de control autoritario en toda la estructura de poder, desde abajo hasta arriba. El constatar la presencia de “trabajadores militarizados” dentro de los lugares de trabajo no sólo habla de la militarización de la sociedad venezolana en general, sino también de los instrumentos de control sobre la sociedad misma, aspirando al absurdo último: la uniformidad de pensamiento. Expresa, además, los mecanismos a través de los cuales el autoritarismo se mueve dentro de los circuitos capilares de la sociedad hasta apoderarse completamente de ella.

Victorias pírricas, vanidades infladas. Las negociaciones de la Ley de Ingresos fueron un desfile de pequeñeces. Que si el Senado no pudo frente a los diputados. Que si fulano perdió frente a no sé quién, que si los diputados del estado de México se resistieron a no sabemos qué. La última escena no tiene desperdicio: los líderes del PRI afirmando que gracias a ellos no hubo aumento de impuestos. ¡Pero si lo que necesita México es un Estado más fuerte, más fuerte en lo fiscal y por ende en muchos otros ramos! Una auténtica feria de desfiguros. Algo queda claro: los legisladores no quieren asumir una responsabilidad de Estado. Va desde abajo.
Por las posiciones que ya han expresado legisladores del PRI sobre el presupuesto, más que un instrumento de redistribución del ingreso hacia proyectos prioritarios, programas sociales y sectores necesitados, se configura un agandalle de recursos para los gobernadores priístas, con miras a las elecciones de 2010. Algo muy delicado porque el margen de redistribución del presupuesto, si mucho, llega a 10%. Veremos cómo termina este segundo capítulo de la política económica del Presidente, porque la Ley de Ingresos ha dejado honda insatisfacción.
Desde hace meses se discute públicamente la posibilidad, para algunos la necesidad, de reducir el número de curules en ambas cámaras legislativas. La idea de quienes sostienen tal iniciativa es la de ahorrar dinero en el gasto público.
El mundo ha cambiado de forma alucinante. Es más, ha cambiado para bien a pesar de las jeremiadas de muchos de nosotros. En mis tiempos, les cuento, me tocó ver desfilar al Ejército en las calles de San Luís Potosí. El supremo Gobierno, rotundamente contrario a que el doctor Salvador Nava fuera el primer mandatario estatal de oposición en este país, quiso lanzar así una advertencia a los ciudadanos: o el PRI sigue en el poder o los destripamos a ustedes a bayonetazos. Tómate esa. Y pensar que, hoy día, recibo correos de lectores que afirman, sin pestañear, que Felipe Calderón es “un fascista”.
Hace 20 años colapsó el muro de Berlín y, con él, pieza a pieza cayó la maquinaria del sistema social soviético, que había sido exportado con calzador a otros países. Fue el fin de gobiernos que, con la bandera y pretexto del socialismo, habían instaurado regímenes policiacos que ahogaban todas las libertades y no cumplían con la promesa de bienestar hecha a sus ciudadanos.