noviembre 11, 2009

We'd rather go naked than wear fur

www.peta.org

"Preferimos ir desnudos que vestir pieles"



Operación camarón

Germán Dehesa
german@plazadelangel.com.mx
Gaceta del Ángel
Reforma

Hoy es martes 10 de noviembre de 2009. Lo primero que se me ocurre es felicitar a los meshicas (y a los meshicos) que, cayendo y levantando como émulos de aquel Pedro Infante que cantaba: "¡Ábreme la puerta que me ando cayendo!; de ventanas y paderes me he venido deteniendo..." ("Con un polvo y otro polvo" de Rubén Méndez y Rubén Fuentes) hemos podido llegar, con una creatividad y una audacia que dejan al plomito de Indiana Jones en calidad de larva de ajolote, hasta estas ignotas y gélidas alturas del mes de noviembre, el mes de las dos Juana Inés, mi hijita la bostoniana y la monja jerónima, principio y oriente de mi amor por las mujeres inteligentes de México (brutas, absténganse).

Aquí estamos en este martes en una ciudad que es un islote de hielo rodeado de inundaciones por todos lados. Ateridos y todo, los capitalinos han dedicado este martes a anunciar el Apocalipsis en versión electrificada pues supuestamente mañana miércoles, los del SME y muchos sindicatos simpatizantes han decidido paralizar la Ciudad de México desde muy temprana hora y esto, según muchas señoras, puede marcar el principio del fin del mundo. En la Capital de la República reina el pánico. Mi tía Amparo si estuviera viva, ya hubiera llenado dos clósets de Pan Bimbo y de garrafones de Electropura de ésos que estaban cerrados con una tapa y un valioso alambrito que, según mis primas, si juntabas dos mil de éstos, salvabas a un niño en China, por donde se viene a averiguar que fueron mis primas las causantes de la brutal explosión demográfica en el lejano país.

Yo, que soy liebre ya muy lampareada, no comparto este clima de pánico masivo y prefiero aguardar los acontecimientos de mañana. Dudo de que pase algo peor que lo que ya ha pasado este año. Traicionados como hemos sido por los senadores que nos cancelaron el doble puente de la semana próxima cuando ya todos teníamos en mente varias obras maestras de la ingeniería calendárica que es un saber que heredamos de los mayas, les propongo que dejemos de imaginar diluvios que vienen y pensemos seriamente en ser útiles a nuestro prójimo. En vista de los desastres que azotan las tierras tabasqueñas y veracruzanas nos veríamos muy mal si no acudiéramos en su ayuda. He platicado con representantes de ambos gobiernos y han aceptado de muy buen modo que nos coordinemos con ellos en este operativo que, en honor al Príncipe de Holanda Tobi I, he bautizado como "Operación Camarón". El teléfono para recibir más información es el 5611 6513. La mera mera petatera se llama Gaby Sáenz quien les informará puntualmente de 10 a 14:00 hrs. Recuerden lo que decía Luis Rius: "No se puede vivir como si la belleza no existiera" y si algo distingue a nuestro trópico es precisamente la belleza.

Y hablando de eso y para sacudirnos la morriña, el notable músico y cantor mexicano Ernesto el Canalla Anaya presenta esta noche de miércoles en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, su disco "Huapangueando". Ahí nos veremos a las 20:30 hrs. Vayan bañaditos, ¿qué les cuesta?. Aikir.

Para acabar pronto: desde aquí solicitamos al asambleísta del PRD Héctor Guijosa que reconozca a esa criatura. Total, si no le gusta, la vende.


¿QUÉ TAL DURMIÓ? MDCLXVI (1666)

MONTIEL.

Cualquier correspondencia con esta columna que viene en cubitos, favor de dirigirla a dehesagerman@gmail.com (D.R.)

¿Por qué no marchan en sábado o domingo?

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Todas las grandes, verdaderamente grandes marchas de los últimos años en la Ciudad de México han sido en sábado o domingo. Las dos contra la criminalidad, junio de 2004 y agosto de 2008. Las dos contra el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, agosto de 2004 y abril de 2005. Y las cuatro del propio López Obrador contra el supuesto fraude electoral: 8, 16, 23 y 30 de julio de 2006.

Eran movimientos nutridos, seguros de sí mismos. Lo último que necesitaban era molestar a los ciudadanos. El grupo del SME de Martín Esparza, en cambio, desquiciará hoy la vida cotidiana de millones de personas con el insolente argumento de que “su causa” lo justifica.

Al bloquear calles y avenidas, el SME coloca la “lucha sindical” por encima de un joven que perderá una cita de trabajo porque Insurgentes estará cerrado. Al defender la “soberanía eléctrica”, Esparza y sus huestes se sienten superiores a una mujer que no podrá llegar a la sesión de quimioterapia. Afirmar que “nuestra lucha bien vale un sacrificio de los ciudadanos”, es un insulto al prójimo. Autoritarismo vil.

No está por demás recordar que, en el mejor de los casos, el SME (y no todos son esparcistas) es hoy una agrupación de 21 mil personas, que mañana podrían ser 20 mil y el fin de semana 18, 16, 14 mil… Y que en un miércoles se mueven por la superficie del Valle de México siete, nueve millones que no se han mostrado precisamente entusiasmados con los “compas electricistas”.

De ahí la pregunta de por qué no protestan en fin de semana. Quizá porque si, como dice la propaganda en su contra, al SME jamás le interesó dar buen servicio, qué carajos le importará maltratar “unas horas” a esos que, hasta hace un mes, eran sus usuarios.

Forzados usuarios.

Siguiendo el libreto, no falla

Arturo Damm Arnal
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

No falla, sobre todo con la clientela presupuestaria del Cona(sub)culta, el Consejo Nacional para el Subsidio a la Cultura y las Artes. No fallan, siguen el libreto al pie de la letra, lo cual quiere decir que, cada vez que arremeto, como lo hice en el último Pesos y Contrapesos, contra el subsidio a la producción de arte y cultura, independientemente de cuál sea su manifestación (en el último Pesos y Contrapesos fue el cine y el Im(sub)cine, el Instituto Mexicano para el Subsidio de la Cinematografía), surgen los creadores que me tildan de bárbaro insensible por oponerme a la cultura y a las artes, cosa que no es cierta, ya que a lo que me opongo es al subsidio a la cultura y a las artes, ¡algo muy distinto!, al menos que consideren, ¡como buenas clientelas presupuestarias que son!, que subsidio a la cultura y a las artes es sinónimo de cultura y arte.

Aclaro, y quienes me conocen no me dejarán mentir: soy cinéfilo de hueso colorado, y como tal estoy dispuesto a financiar la producción de las películas que valoro. ¿Cómo? Pagando el boleto en taquilla, pago que realizo voluntariamente, lo cual les indica a todos los involucrados en la producción de películas que valoro lo que me ofrecen, lo cual debe llenarlos de orgullo: me fueron útiles.

Sin embargo, como contribuyente me niego a que el gobierno me obligue a entregarle parte del producto de mi trabajo para que, a su vez, se lo dé, por la vía del subsidio, a todos los involucrados en la producción de películas. Me niego, como deberíamos de negarnos todos los contribuyentes, a que me obliguen a subsidiar, como contribuyente, lo que como consumidor me niego a financiar libremente, comenzando por la producción de películas, que es el asunto que hoy me ocupa, asunto que, como objeto de subsidio, no es el único, sino uno entre muchos.

¿Cómo calificaría usted a un productor de cine que, por la fuerza, digamos a punta de pistola, le quitara a usted parte del producto de su trabajo para subsidiar la filmación de su película? Y una vez calificado como ladrón (¿o no?), ¿dígame usted cómo califica al gobierno que, por la fuerza, bajo amenaza de sanción de no acceder a sus deseos, le quita a usted parte del producto de su trabajo para, por la vía del Im(sub)cine, subsidiar la producción de películas?

El Cona(sub)culta y el Im(sub)cine son una de las muestras de que, como lo señaló Bastiat, el gobierno es la gran ficción por la cual todo el mundo pretende vivir a costa de todo el mundo, lo cual resulta imposible (por eso lo de gran ficción), ya que solamente unos (por ejemplo: los cineastas) son capaces de vivir a costa de otros (por ejemplo: los contribuyentes), unos que, por formar parte de cierta clientela presupuestaria, reciben recursos, otros que, por no formar parte de ella, aportan, ¡obligados!, dichos recursos. ¿Qué tenemos? Expoliados y expoliadores; delincuentes y víctimas; recaudadores y contribuyentes