noviembre 17, 2009

Gates: Apple is a 'force in doing good things'

Chris Matyszczyk
Cnet News

I want to be a force for good. Doesn't everyone?

Which is why I was delighted to be moved by the words of Microsoft's Bill Gates during a CNBC TV special in which he and Warren Buffett discussed the meaning of life. Or something similar.

Asked by an audience member what he thought of Steve Jobs and Apple, Gates began with an insouciant smile.

Then he tossed garlands of roses and pearls of praise at the Apple co-founder.














He said: "He's done a fantastic job."

Which was charming in itself. But he continued to describe how Jobs saved Apple: "He brought in a team, he brought in inspiration about great products and design that's made Apple back into being an incredible force in doing good things."

So, from now on, everyone who happens to be a fanperson of either brand should seek out one of his or her supposed mortal enemies, hold hands with them and see if, together, they cannot try to be a force for good things too.

'Presupuesto 2010' por Paco Calderón

Calderón, el opositor

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Chocan el Presidente y dueños del dinero
El pleito, porque los empresarios se rajaron


Buena parte de la “opinocracia” entendió el reclamo presidencial contra los empresarios mexicanos —primero porque no pagan impuestos y luego porque tiraron la propuesta de IVA generalizado—, como resultado de un ataque hepático de Felipe Calderón.

Y tienen razón quienes argumentan que Felipe Calderón es un político de “mecha corta” y que muestra episodios de enojo extremo, como el ocurrido recientemente cuando Fernando Gómez Mont habría respondido a Calderón con un sonoro “¡a mí no me gritas, porque te dejo tu despacho!”. Pero también es cierto que detrás de la escaramuza entre empresarios y Ejecutivo hay mucho más que bilis o caprichos.

Pocos saben, por ejemplo, que en la iniciativa de Ley de Ingresos que envió Calderón al Congreso buena parte de los grandes empresarios del país aplaudieron la propuesta de 2% a la pobreza, que en el fondo no era otra cosa que abrir la puerta al IVA generalizado. Más aún, originalmente esa propuesta surgió de la iniciativa privada, lo mismo que la desaparición de tres secretarías que hoy salvó el Congreso.

Pocos saben que el gobierno federal se comprometió a asumir los costos de empujar ese impuesto de 2% de IVA general, a cambio de que los grandes capitanes de empresa se comprometieran a aceptar los cambios propuestos —en la misma reforma—, a la llamada consolidación fiscal; que no era otra cosa que obligar a las grandes empresas a pagar lo justo.

Pocos saben que cuando la Ley de Ingresos de la Federación salió de Los Pinos iba acompañada del respaldo de los grandes empresarios y con ello de buena parte de gobernadores del PRI. Sin embargo, por alguna razón fuera del alcance del sector público, los grandes sectores empresariales recularon de lo negociado por sus dirigencias y, con ello, todo se vino abajo. ¿Por qué recularon los empresarios? Porque sólo aceptan los privilegios, no las responsabilidades.

Cuando los grandes grupos empresariales dejaron “sin piso” el 2% a la pobreza se abrió el espacio para la Ley de la Capilaridad —esa que dice que en política no hay vacíos—, y presurosos los gobernadores del PRI se metieron por esa rendija y reclamaron para los gobiernos estatales —de lo perdido, lo que aparezca—, por lo menos la mitad de ese ingreso; lo que luego se tradujo en el incremento de 1% al IVA.

Así, el gobierno de Felipe Calderón quedó exhibido como incapaz de conseguir grandes acuerdos y quedó atrapado con los dedos en la puerta por un PRI que parece sólo cachar “las maduras”. Pero como en política nada es gratis, pasar de 15 a 16% del IVA significó un compromiso del partido tricolor con el gobierno federal. Es decir, que los azules y los tricolores empujarán una reforma fiscal que incluya el IVA generalizado y, sobre todo, acotar la llamada consolidación fiscal.

Pero una pregunta inquieta a toda la clase política mexicana, sobre todo porque los grandes capitales serán determinantes en la sucesión presidencial. ¿Será posible una reforma fiscal que obligue a pagar a las grandes empresas? La interrogante obliga porque los grandes evasores son, al mismo tiempo, los grandes financieros de los candidatos presidenciales, sean del PRI, PAN o PRD. Por eso la duda. ¿Quién será el valiente de enfrentarlos?

Pero aún no queda claro por qué la andanada del presidente Felipe Calderón contra los grandes empresarios.

Resulta que cuando “murió” el 2% a la pobreza —como lo calificó el diputado panista Ramírez Acuña—, el presidente Calderón decidió seguir una ruta de alto riesgo, pero de doble filo. Apostar por la imagen de un presidente con bandera de opositor. Es decir, desde su jerarquía de jefe del Ejecutivo federal —con todo lo que eso significa—, enarbolar las banderas contra los grandes monopolios, los formidables evasores y los capitanes de empresa privilegiados. ¿Y para qué esa estrategia?

El objetivo es doble: primero exhibir desde la casa presidencial a los poderes fácticos que —según el presidente— obstaculizan los cambios que reclama el Estado y, segundo, ablandar a esos poderes. Nadie sabe si esa estrategia resultará gananciosa con el tiempo; tampoco si se llevará a cabo la esperada reforma fiscal de fondo y si en el PRI y el PAN habrá un valiente capaz de someter a los poderes fácticos. Por lo pronto, hasta hoy se ve a Felipe Calderón como un presidente berrinchudo, colérico, vengativo y hasta enojón.

Pero pocos han reparado en los efectos que podría tener un “presidente opositor”. Sí, dicen los sabios del oficio político que Felipe Calderón ya está en campaña. Que intenta salvar la imagen de los azules.

EN EL CAMINO

Murió El Apá, al que mató la perversidad del poder en el gobierno del Distrito Federal. Y en una de esas también cae el procurador del DF. Al tiempo.

Venta de plazas en el SME

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Martín Esparza dice que es falso que 27 mil 407 ex trabajadores de Luz y Fuerza (de un total de 44 mil 514) hayan sido liquidados, y la Secretaría del Trabajo afirma que la cifra es “auditable”.

Si el gobierno miente, han de ser más de 17 mil 107 los que no han cobrado, pero no todos por la resistencia del SME al decreto de extinción, sino porque… no recuperarían lo que pagaron por la plaza.

De acuerdo con denuncias levantadas, el ex secretario particular de Esparza, José Heriberto Marroquín Castillo, vendía los puestos en sumas que iban de 80 mil a 200 mil pesos (el negocio prosperó tanto que Marroquín tiene hoy la Notaría 9 de Tulancingo).

Aun con la reelección de Esparza en litigio, entre junio y agosto de este año ingresaron 312 nuevos trabajadores (sindicalizados y de confianza) a Luz y Fuerza, pero en los cuatro años anteriores la nómina se infló con ¡cinco mil 215 nuevas plazas!

Cualquiera que sea la cifra de ex trabajadores que no cobraron ya su liquidación, ¿a muchos no les costeaba ceder, ni siquiera contando el bono extra?

'Wild'

Federico Reyes Heroles
Reforma

De entrada hay un problema. La traducción no es del todo precisa. Wild y wilderness remiten a un estado primigenio, intocado, salvaje. Pero en español lo salvaje advierte del peligro, señala un ámbito que pertenece a las bestias, a lo brutal de lo cual nos queremos alejar. Nadie debe santificar a las bestias. Quizá por ello se ha recurrido a la expresión tierras silvestres. Pero eso que en español pudiera provocar temor en inglés merece reverencia. ¿Cuándo surgió el movimiento? ¿Quién es el autor intelectual del concepto? Difícil rastrearlo, aunque por supuesto están los pioneros naturales con frecuencia pertenecientes a etnias y comunidades con vínculos tan estrechos a sus tierras que simplemente no pueden imaginar su vida sin ese referente, lo wild.

Caminamos al filo del abismo. Para muchas etnias ese estado de la naturaleza intocada, sin mancha o mácula provocada por la presencia humana, siempre trasformadora y casi siempre destructora, ese estado inicial es algo sagrado. Quien lo altera atenta contra las divinidades. El peligro de esta ruta es que se puede caer en una versión religiosa de lo wild. Al final del día toda religión se sustenta en dogmas y el dogma es la negación de la razón. Pero entonces, cómo explicar racionalmente que el ser humano debe mantener intocados vastos territorios que en realidad son pequeñas esquinas de una vida que hoy está arrinconada y a punto de desaparecer. La aproximación debe ser secular, no puede exigir la filiación a ningún dogma. La premisa es sencilla: debemos conservar intactas zonas de nuestro único planeta, zonas en las que el ser humano debe respetar la flora, la fauna, el entorno.

Alguien podría pensar que se trata de conservacionismo, de esa afortunada corriente de pensamiento que ha logrado sacudir al mundo mostrando los horrores de la destrucción y las terribles consecuencias de la pérdida de biomasa y biodiversidad. Pero no, para los defensores de lo wild el conservacionismo sigue pensando a la naturaleza en función de su propio beneficio. Si perdemos biodiversidad cancelamos pistas de investigación genética que nos pueden llevar a nuevos medicamentos por ejemplo. Todo eso está muy bien, pero hay algo más y no tiene que ver con un frío cálculo de las repercusiones de nuestro infinito afán destructivo. Lo wild merece otra lectura, una en la cual el contenido es más cercano a los principios y la vida espiritual. Como punto de partida hay que aceptar que esa vida no nos pertenece. Es al revés, nosotros pertenecemos a ella aunque por momentos lo olvidemos.

Acercarse a la wilderness es entonces un acto de búsqueda y no de conservación de una reserva que nos interesa preservar por lo que de ella desconocemos. Todo defensor de lo wild es un conservacionista por principio, pero la invitación busca que el conservacionismo asuma lo wild como parte esencial de su trabajo. La vida que está en esos territorios nos abre la puerta a nuestros propios orígenes. Si desaparece nosotros desaparecemos con ella. Nuestra identidad original proviene de esa condición. Destruirla es, en algún sentido, destruirnos. Es tanto como destruir los cimientos o mejor aún los planos de la edificación cultural que llamamos civilización. Pero ahí sólo comienza el argumento de lo wild como parte esencial de nuestras vidas, hay mucho más. Qué decir de la estética, sí porque eso que para algunos colinda con la brutalidad tiene una estética propia e infinita.

Estos son los trazos de una discusión en curso que lleva décadas y que formalmente se plasma en un movimiento internacional de defensa de lo wild, de la vida silvestre. Jirafas, jaguares, hipopótamos, quetzales, osos blancos, lobos mexicanos o bisontes, lo que sea, son el bello desfile de las expresiones más visibles de ese mundo. Pero el movimiento wild agrega en ese desfile a una especie más, el ser humano. Si acabamos con los otros acabamos con nosotros mismos.

En días pasados México tuvo el privilegio de ser el escenario de la novena edición del Congreso Mundial de Tierras Silvestres. Privilegio pero también responsabilidad porque nuestro país tiene, en lo que a biodiversidad se trata, un enorme banco genético qué cuidar. José Sarukhán, Exequiel Ezcurra y muchos científicos mexicanos han entregado su vida a esa causa. El espíritu y la fibra de la reunión corrieron a cargo de ese gran fotógrafo y conservacionista que es Patricio Robles Gil. Wild 9 llegó a refrendar un compromiso que se plasmó en acuerdos. Las autoridades, incluido el propio presidente Calderón, signaron de manera simbólica la causa. Las Áreas Naturales Protegidas son un excelente punto de partida. Pero ahora viene el reto mayor, como lo señalara José Sarukhán: sin cambio de hábitos se logrará poco. Si queremos estar en la vanguardia lo primero que deberemos cambiar es la actitud de los mexicanos hacia el entorno. En nosotros está el problema y la solución. Bienvenido el espíritu wild.

La regla D’Hondt

Marcelino Perelló
bruixa@prodigy.net.mx
Excélsior

Más de uno afirma que los plurinominales son deshonestos, oportunistas y transas encaramados, que sólo obedecen las consignas de los mandamás de su banda o de su partido.

En mi entrega de la semana pasada escribí de la pertinencia de suprimir la figura del diputado —o del senador— por mayoría y hacer de todos los legisladores plurinominales. Un número considerable de los comentarios de los lectores, en la página de internet donde apareció el texto, resulta desconcertante.

Más de uno afirma que los plurinominales son deshonestos, oportunistas y transas encaramados, que sólo obedecen las consignas de los mandamás de su banda o de su partido, en el mejor de los casos. La cosa tiene su chiste. Es como si los diputados de mayoría, esos sí, anduvieran con un lirio en la mano, fueran castos como una doncella impúber e incorruptibles. Como si ellos no obedecieran las órdenes de nadie y se debieran exclusivamente a sus electores. Curiosa concepción.

Pero, además, la cuestión en la que me adentré es meramente técnica, no ética y de ninguna manera tiene que ver con la honradez o las tracalerías de los electos. Se refiere exclusivamente a los mecanismos electoral y de representación idóneos, de manera que la composición de las cámaras refleje de la manera más exacta posible la división de opiniones de los votantes y el peso específico de cada una de ellas.

Ya puse en evidencia, al menos para quien quiso leerlo bien y entenderlo, que tal equilibrio no se puede lograr a través de los electos por mayoría relativa. Que tal sistema puede dar lugar a verdaderas enormidades. Enormidad como la que rige actualmente y según la cual los candidatos a presidente perdedores quedan en la inopia, fuera de cualquier cargo de representación. Es evidente que Andrés Manuel López Obrador, por el que se pronunció 49% de los sufragistas, debería tener voz parlamentaria. Digo.

Afirmé que la adopción de la figura plurinominal durante el sexenio de José López Portillo y de su secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, pretendió aliviar esa anomalía de representatividad, pero mantuvieron en paralelo los diputados de mayoría y generaron un desgarriate sin nombre, con sus restos mayores y menores, que ningún ciudadano ilustrado podrá nunca desentrañar. El número de diputados de cada partido es un misterio al que debe uno simplemente someterse.

Existen procedimientos mucho más simples, modernos y exactos, que permiten a cualquier interesado establecer el número de curules que corresponden a cada partido.

Uno de ellos, por el que yo me inclino, debido a su sencillez y precisión, es la regla D’Hondt, creada hace ya un siglo por un matemático belga homónimo, y que está vigente en al menos una veintena de países.

El problema reside, ya lo sabe usted, riguroso lector, en que los diputados no se pueden partir. Es una lástima, pero no se puede. En cambio, los porcentajes de votación sí admiten decimales. La cuestión es, entonces, cómo pasar de estos últimos a los primeros de la manera más justa y razonable posible.

Suponga que hay tres curules en juego y un partido obtiene 50% de los votos. ¿Cuántas le corresponden? He ahí la dificultad. Dificultad que D’Hondt resuelve de manera elegante y correcta.

El formato de la sección Editorial no admite tablas, de manera que deberé explicárselo sin esa herramienta fundamental. Creo que la mejor manera de hacerlo es mediante un ejemplo. Si quiere seguir y entender el método a carta cabal, usted sí dibuje una tabla. Cada renglón corresponde a uno de los partidos en liza, y es preciso hacer una tabla para cada sección electoral, que yo creo que deberían ser los estados de la República.

Hagámoslo con sólo cuatro partidos en Oaxaca: RIP, NAP, DRP y el Rosa; y digamos que hay doce curules en juego. Nuestra tabla tendrá, pues, cuatro renglones, uno para cada partido; y el número de columnas necesario. La primera columna será el total de votos obtenido por cada formación; la segunda, la mitad de ese total; la tercera, la tercera parte del total; la cuarta, la cuarta parte, y así hasta donde sea necesario.

Digamos que hay un millón 200 mil votos emitidos. El RIP obtiene 430 mil, el NAP 210 mil, el DRP 380 mil y, el Rosa, 180 mil. Vamos a dividir las cifras por mil, para ahorrar el espacio de los ceros. En la primera fila pongamos el DRP (puede ser cualquiera) y cada una de sus columnas quedará así: en la primera 380, en la segunda 190 (la mitad), en la tercera 126, (la tercera parte aproximada; si dos cifras se acercan demasiado, habrá que incluir decimales), en la cuarta 95, en la quinta 76, etcétera.

La segunda línea que sea del Rosa y quedará así: 180, 90, 60, 45, 36, etcétera. La tercera, del RIP: 430, 215, 143, 107, 86, etcétera. Finalmente, la cuarta línea, del NAP: 210, 105, 70, 52, 42, etcétera.

Lo que sigue no puede ser más sencillo. Puesto que deben repartirse doce curules, basta escoger las doce cifras mayores de toda la tabla, que en este caso son, del DRP, la primera columna, la segunda, la tercera y la cuarta; del Rosa, la primera y la segunda; del RIP, las primeras cuatro y, del NAP, las dos primeras. Así, la distribución de curules queda como sigue: el DRP 4, el Rosa 2, el RIP 4 y el NAP 2.

Si me hizo usted caso y dibujó la tabla, lo verá todo mucho más claro. Aunque quien debe verlo claro en primer lugar son nuestros altos funcionarios y los legisladores y, en particular, mi buen amigo Leonardo Valdés Zurita.