noviembre 18, 2009

'Pláticas de familia' por Paco Calderón

Méxicorrupto

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

México sí tuvo un crecimiento, el Estado mexicano puede congratularse —cosa que dudamos mucho— del aumento en la corrupción que tuvimos en el último año, según lo informó el Índice de Percepción de la Corrupción 2009, que realiza Transparencia Internacional, organización no gubernamental que mide este fenómeno que también puede traducirse como la forma en que opera un país. ¡Auch!

La lista la encabezan países en caos total, Somalia y Afganistán, de ahí que se entienda y, tal vez, en cierto grado, se justifique. Nosotros estamos en el lugar 72 al 89. La lista pone en el número uno al más transparente, en este caso, Nueva Zelanda, de las 180 naciones evaluadas.

De América Latina, nos ubicamos en sexto, abajo de Venezuela, Paraguay, Ecuador, Nicaragua y Argentina; pero por encima de El Salvador, Guatemala y Panamá. Ayer, al leer esta nota, pensé —con su debido post en Twitter—: ¿eso significa que estamos en Guatepeor?, haciendo referencia al juego de palabras conocido por todos, lejos, pues, de alguna referencia o comparación de los dos países. Mea culpa. Guatemala no tiene la culpa de nuestra corrupción que, lamentablemente, tantos años nos ha costado.

Pero, ¿qué marca la diferencia entre el primero y el último lugares? Para Transparencia Internacional, en voz de Huguette Labelle, su presidenta, los países mejor ubicados en la lista, es decir, los menos corruptos, son ejemplos clarísimos de estabilidad política y de instituciones públicas que funcionan a todos los niveles.

Más claras no pueden estar las razones para el lugar que ocupamos. Las instituciones son nuestro talón de Aquiles. Secretarías que no sabemos para qué sirven como no sea para consumir presupuesto, gobernadores que llegan a ese nivel con la mira puesta en cómo beneficiar a sus empresas familiares, partidos políticos que sólo son capaces de llegar a acuerdos rápidos si se habla de su presupuesto.

También caemos en cuenta si hablamos de que nos costó 70 años desarrollar una democracia medianamente aceptable, elecciones limpias que no han dejado de ser controversia, hablando en términos reales y no espurios, por supuesto. Sindicatos convertidos en esferas que se pensaba impenetrables. Autoridades a todos los niveles, que usan el poder para beneficio de grupos específicos, legales o no. Ya nos sabemos historias de nexos por aquí y por allá. El poder malentendido y la mente tan vulnerable a cualquier forma de manipulación posible. Tan humanos todos. Tan de la forma equivocada.

Y, bueno, si hablamos de lo que como sociedad hacemos para contribuir a hacer más gordo este nudo gordiano —que ojalá fuera igual de sencillo zafar—, mas también de lo que de manera particular hacemos porque la vida es más fácil si nos saltamos algunos pasos o pasamos por encima de la ley.

Porque pocas veces nos damos cuenta de que estas listas nos evidencian frente al resto. Así es como nos ven; así es como estamos representados en el mundo. Y aquí la culpa la compartimos entre los que están al frente y quienes los pusimos ahí.

Ubre del gobierno

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"El gobierno no es el médico; es la enfermedad". H.S. Ferns

Ya es oficial. El gobierno federal gastará el año que viene 3 billones 176 mil millones de pesos, lo cual equivale a 29,682 pesos por cada uno de los 107 millones de hombres, mujeres y niños del país. Tenemos razón los ciudadanos en sentirnos insatisfechos. Estamos lejos de recibir del Estado servicios congruentes con esta cantidad.

La razón es que buena parte del gasto se va a la burocracia y sólo beneficia a quienes viven de la ubre del gobierno. En el 2010 este gasto se está concentrando además en entidades, como el estado de México, donde el PRI busca comprar apoyos políticos.

Si bien los diputados modificaron solamente 96,600 millones de pesos del presupuesto, lo cual equivale a apenas un 3 por ciento del presupuesto total, se las agenciaron para dar aumentos muy importantes a algunas dependencias. Éste es el caso de la Secretaría de Turismo, a la que se le aprobó un gasto 31 por ciento superior al que pidió el gobierno. Los diputados parecieran haber aprovechado el dinero de los contribuyentes para mandar un mensaje político al presidente Calderón, quien ha pedido al Congreso que elimine esa Secretaría.

También los diputados elevaron en 31 por ciento el presupuesto de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. No es que vean con buenos ojos al secretario Juan Molinar Horcasitas, sino que quieren el dinero para la construcción de carreteras en sus estados. Poco importa que en muchos casos estas carreteras no sean las más necesarias o no cuenten con proyectos ejecutivos o con derechos de vía. En algunos casos, como el de la autopista de Cuernavaca, lo único que hace el gobierno es repavimentar lo que ya está bien asfaltado para gastar el dinero que se le asigna.

Se nos dice que éste es un presupuesto austero. La verdad es que se trata del tercero mayor de toda la historia. Lo rebasan solamente el de 3.5 billones de 2008, el mejor año de la bonanza petrolera y en el que hubo un gasto especial de 321 mil millones de pesos para el cambio del sistema de pensiones del ISSSTE, y el de 3.19 billones de 2009. La austeridad no se ve por ningún lado.

Quienes tienen poder e influencia son quienes se quedan con más dinero. Las universidades, y especialmente la UNAM, lograron un aumento bastante importante de 9,331 millones de pesos sobre lo que les presupuestó el gobierno. La educación básica recibió 3,955 millones de pesos adicionales mientras que la educación media superior debió conformarse con 750 millones. Es evidente que los rectores universitarios tienen mayor poder político que los directores de escuelas primarias, secundarias o preparatorias.

La Secretaría de Agricultura y la de Reforma Agraria tuvieron incrementos de 21 y 18 por ciento. No es que las dependencias estén haciendo bien su labor. De hecho, Reforma Agraria es una de las dependencias que el gobierno quiere desaparecer. Pero la Confederación Nacional Campesina (CNC) del PRI presionó para lograr mayores subsidios al campo. Los obtuvo no porque realmente beneficien a los campesinos -ahí están los pobres resultados de Procampo- sino porque es la manera en que la CNC compra votos.

Mucho dinero se está transfiriendo también a estados y municipios. La transparencia sobre estos gastos, sin embargo, es virtualmente nula.

El saqueo se ha consumado. El gobierno consiguió su ansiado aumento de impuestos y los diputados han repartido el botín. Pero es falso que se esté combatiendo la pobreza o que se busque generar una mayor actividad económica. El propósito es simplemente alimentar la ubre del gobierno.

Corrupción

Es cierto que mide la percepción y no la corrupción propiamente dicha, que es mucho más difícil de evaluar, pero debe preocuparnos que en el índice de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional hayamos caído 17 lugares entre 2008 y 2009. Ahora estamos en el puesto 89, por debajo de países como El Salvador, Suazilandia o Burkina Faso.

Einstein y nuestros diputados

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Julio Cortázar imaginó un “reloj-alcachofa” —en oposición a los habituales relojes de pared— que funcionaba de una manera muy simple: cada vez que trascurría una hora le arrancabas una hoja y así te enterabas del paso del tiempo. Al final, quedaba nada más el corazón de la alcachofa y te lo comías.

Yo lo que quiero, sin embargo, es un “reloj legislativo”. Éste lo inventaron los señores diputados de la Cámara bajísima. Es menos apetecible que el del escritor argentino pero, miren ustedes, mucho más práctico: en cuanto se te atora un asunto, agarras y detienes el tal reloj y entonces el tiempo queda suspendido en una especie de limbo extraño donde los plazos no se cumplen y los vencimientos no llegan. Por ejemplo, debes hacer algo, digamos, antes del 15 de noviembre y resulta que la fecha ya la tienes encima. Pues, tan sencillo: detienes el reloj legislativo y sanseacabó. Te tomas así todo tu tiempo y llevas las cosas a tu aire. Se lo digo yo a ustedes, no hay prodigio parecido en el mundo real. Este artilugio, encima, es una innovación propia de nuestros legisladores. Deberían de patentarla antes de que se le ocurra a alguien más.

He aquí, señoras y señores, que el universo ha cambiado y que ya no es aquella entelequia de relatividades difusas concebida por Albert Einstein sino, para efectos prácticos, una materia muchísimo más flexible. No hablemos ya de ignorar olímpicamente los preceptos que ordena doña Constitución —entre otros, el de tener listo el Presupuesto antes de que suenen las doce campanadas del 15 de noviembre de un año cualquiera—porque esto, lo del reloj legislativo, sobrepasa, con mucho, los reducidos ámbitos de lo doméstico y se refiere al tiempo en sí, o sea, que alcanza una dimensión cósmica, por así decirlo. Nadie, hasta ahora, había logrado detener el paso de los segundos y demorar el presente para acomodarlo a sus caprichosas veleidades. Benditos diputados: son unos auténticos magos y no nos habíamos dado cuenta.

La consagración de los gobernadores

Denise Maerker
Atando Cabos
El Universal

El presupuesto no miente. El poder se traduce en recursos y en una relativa libertad para gastarlo. Siempre ha sido así, aquí y en todas partes. Dos ejemplos de cómo se modificó el presupuesto que envió Hacienda a la cámara son elocuentes: Marcelo Ebrard pedía 3 mil 600 millones de pesos para el proyecto de la Línea 12 del Metro, le dieron mil; a Enrique Peña Nieto la Secretaría de Hacienda le había aprobado 660 millones de pesos para cuatro proyectos carreteros, los diputados acabaron dándole mil 575 millones para un total de 14 proyectos.

Durante décadas el poder definir en qué, cuánto y cómo se gastaba el dinero público estuvo exclusivamente en manos del presidente. Ser gobernador fue durante muchos años lo mismo que estar encargado de un despacho del que el presidente lo podía remover en cualquier momento. Por eso las gubernaturas se dejaban fácil y alegremente para venir al gabinete a estar más cerca del verdadero poder. La rebelión empezó en 1994 cuando Zedillo le quiso quitar a Madrazo la gubernatura de Tabasco a cambio de una secretaría y éste no aceptó. Se rebeló y no pasó nada. Después, la derrota del PRI en las presidenciales del 2000 dejó a los gobernadores de ese partido huérfanos y libres. En esos mismos años el PAN, por convicción y pragmatismo, empujó una cada vez mayor descentralización del gasto. Los gobernadores tenían mayor autonomía política y más dinero. Y les gustó. Pronto entendieron que su poder local se podía traducir en influencia nacional y empezaron a colocar a su gente como candidatos para diputados federales.

Hace nueve años que se viene dando este desplazamiento del poder, pero en legislaturas anteriores gobernadores como Montiel no se atrevieron a usar ese nuevo poder plenamente. Hoy no sólo gobiernan sus estados y ponen diputados sino que se liberan de cualquier obstáculo que pretenda limitarlos. En este presupuesto, para “no entorpecer” el ejercicio de recursos por parte de los estados, los diputados eliminaron todas las facultades que tenía la Federación para “suspender la ministración de los recursos por incumplimientos en la aplicación de los mismos o por falta de entrega de información relativa al avance de los programas”. Es la auténtica consagración del poder de los gobernadores.

Ahora le toca a la sociedad encontrar mecanismos para contenerlos. La exitosa lucha que se dio para establecer controles y transparentar el gasto del gobierno federal se tiene que dar en cada uno de los estados. ¡Que el reino de los gobernadores sea sólo una etapa en el camino de un país plena y genuinamente democrático y no el punto de llegada de una transición fallida!

Posner y el prejuicio

Arturo Damm Arnal
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

El juez Richard A. Posner, uno de los principales representantes y autoridades del Análisis Económico del Derecho, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago, ha publicado su último libro, cuyo título es A failure of capitalism, Un fracaso del capitalismo, en el cual nos presenta su visión del actual problema económico, que él califica como "la mayor crisis económica desde la Gran Depresión de los años treinta…".

Lo primero que llama la atención es el título del libro, en primer lugar el uso del artículo indeterminado un, en vez del artículo determinado el. Para Posner la crisis es el resultado de un fracaso del capitalismo, no de el fracaso del capitalismo. El uso del artículo indeterminado en lugar del determinado ¿sugiere alguna duda de Posner, misma que no le permitió escribir el artículo determinado el sustituyéndolo por el indeterminado un? Hay que preguntarle a Posner.

En segundo lugar, relacionado con el título del libro, llama la atención el prejuicio, es decir, la opinión previa, desfavorable, acerca de algo que se conoce mal, en este caso el capitalismo, al que Posner señala como la causa de la crisis económica, lo cual no puede ser más que el resultado, o de la mala fe, o de la ignorancia. En el caso de Posner, ¿de qué se trata: mala fe, ignorancia?

Si por capitalismo entendemos la forma de organización económica basada en la libertad individual para trabajar, emprender, invertir, producir, ahorrar, comerciar y consumir, y en la propiedad privada sobre los ingresos, el patrimonio y los medios de producción, con el único límite del respeto a los derechos de los demás, y si aceptamos que la causa de la crisis es el irresponsable manejo de la política monetaria de parte de la Reservad Federal, el banco central estadunidense, entonces la causa de la crisis no es el capitalismo sino los abusos del banco central, mismo que es, sobre todo en la actualidad, la antítesis del capitalismo, es decir, de la libertad individual y de la propiedad privada.

¿Qué mayor antítesis de la libertad individual y la propiedad privada puede haber que el sistema monetario basado en el dinero fiduciario, sin valor intrínseco, ofrecido monopólicamente por una entidad estatal, el banco central, e impuesto por ley, es decir: por la fuerza, como único dinero de curso legal, sistema monetario que es el producto más acabado de los bancos centrales, mismo que les permite emitir dinero de manera ilimitada?

Quien afirma, tal y como lo sugiere el título del libro de Posner, que la causa de la crisis es el capitalismo, no tiene idea de lo que está hablando (y soy consciente de que estoy hablando ¡de Posner!), y a ellos les recomiendo la lectura de dos libros que explican de la A a la Z las causas de la crisis: Meltdown, de Thomas E. Wood y Financial fiasco: how America's infatuation with home ownership and easy money created the economic crisis, de Johan Norberg, imposibles de conseguir en librerías mexicanas pero fáciles de comprar en Amazon

El México de Felipe y Margarita

Armando Román Zozaya
armando.roman@anahuac.mx
Excélsior

¿Cómo no temerle a la policía cuando algunos de sus integrantes colaboran con el crimen organizado?

Hace unos días, la señora Margarita Zavala, primera dama del país, comentó que la impunidad es producto del temor de los ciudadanos a denunciar. También hace unos días, el esposo de la señora Zavala, es decir, el presidente Calderón, declaró que hay que acabar con los monopolios, pues dañan la competitividad. Valen algunos comentarios.

La apreciación de doña Margarita es correcta, pero superficial. Si la gente tiene miedo de denunciar, hay que preguntarnos qué causa este temor, pues ahí radicaría la respuesta última a la impunidad y no en dicho miedo en sí mismo. No hay vuelta de hoja: efectivamente, los ciudadanos no denunciamos porque tenemos miedo a los delincuentes —represalias, venganzas, etcétera—, pero ese miedo es producto de otro temor: el que le tenemos a la autoridad misma, el cual es consecuencia de que no confiamos en quienes nos “protegen”. ¿Cómo no temerle a la policía cuando algunos de sus integrantes colaboran con el crimen organizado? ¿Cómo no dudar de los ministerios públicos cuando es bien sabido que algunos de ellos prefieren mordidas en vez de hacer consignaciones? ¿Cómo confiar en los jueces cuando sabemos que son sobornables o, en su defecto, se dejan intimidar por los criminales? El punto es que no hay certeza de que la autoridad esté de nuestro lado y no del de la delincuencia: ¿es sorprendente que haya mucho miedo y muy pocas denuncias? No dejemos que nos echen toda la culpa de la impunidad que reina en nuestro país: sí tenemos que denunciar, sin embargo también es necesario que la autoridad reconozca que no es fiable y debe trabajar al respecto. Si no lo hace, no tiene, precisamente, autoridad —de ningún tipo— para exigirnos que denunciemos incluso si está claro que es nuestra obligación y deber cívicos. No entender esto implica no comprender lo grave que es la situación de México en el terreno de la seguridad pública y la impartición de justicia.

Con respecto a lo comentado por el señor presidente Calderón, quisiéramos apuntar que estamos de acuerdo en que hay que acabar con los monopolios y, así, mejorar el rendimiento de nuestra economía. Pero los monopolios que dañan a México van más allá de lo económico. De hecho, uno de los más perjudiciales es el que ejercen los partidos políticos sobre los canales de acceso al poder y a la toma de decisiones colectivas. De la misma forma, otro que es muy nocivo es el que está en manos del SNTE, agrupación que tiene influencia desmedida sobre la educación que reciben nuestros niños, los métodos de enseñanza de los maestros, la asignación de plazas, las evaluaciones a los docentes, etcétera. Así, si el Presidente anhela que nuestro país no sufra monopolios, tendrá que trabajar, no sólo con relación a la economía, sino que, además, deberá buscar que los partidos políticos no sean los únicos que puedan postular candidatos a puestos de elección popular. Asimismo, tratará de redefinir el papel del SNTE en el sector educación. Si Felipe Calderón pasa estos dos casos por alto, habrá demostrado que, diga lo que diga, su deseo de liberar a México de yugos monopólicos no es genuino, cosa que sería una lástima: hace falta.

Los 'destos'

Sergio Aguayo Quezada
Reforma

Mientras México sigue deshilachándose y se buscan soluciones con urgencia, el PRD capitalino nos obsequia un entretenido sainete.

En balance, la alternancia ha servido para modernizar el autoritarismo. Si antes mandaba un presidente, ahora a la democracia la manejan unos cuantos poderes fácticos que se hacen trizas, con ferocidad y sin normas, para encabezar el saqueo a la patria y la explotación de quienes vivimos en ella. Mientras se desgreñan, los representantes de estos poderes gritan frases elocuentes sobre su amor por México y su compromiso con los principios. Entretanto, la sociedad flota en un espeso potaje hecho de irritación, miedo a la inseguridad y carestía.

El 5 de noviembre Marcelo Ebrard visitó El Colegio de México como parte del ciclo "¿A dónde va la izquierda?". Una de sus tesis fue que la izquierda puede sacar del pantano a las mayorías porque, en comparación con los otros partidos, tiene menos complicidades con los intereses creados. Esto requiere, agregó, un mayor nivel de coordinación entre las izquierdas de donde surja un acuerdo en la forma de seleccionar a un candidato de unidad para las presidenciales del 2012. El razonamiento completo de Ebrard es más elaborado y coherente, pero contrastemos esta idea con un enredo costumbrista:

-"Reconoce a tu hijo", increpa la mujer al diputado capitalino mientras le entrega una canasta con huevos, "para que [aprendas a ser] hombre".

-"¡Estás loca!, ¡estás enferma!", le responde descompuesto quien recibe los "destos".

La mujer es Emelia Hernández; el varón, el diputado Héctor Guijosa. En un primer momento parece otro episodio de paternidad irresponsable; en México abundan las mujeres abandonadas que, como escribiera el bardo Julio Sesto, "amaron creyendo ser también amadas, y van por la vida llorando un cariño, recordando un hombre y arrastrando un niño".

El sainete es un refinado ejemplo de degradación política. Un número considerable de perredistas ya no debaten, como en el pasado, sobre la disyuntiva entre reforma o revolución, las crisis del capitalismo o la relación partido-sindicato. Los agarrones son por la operación, las posiciones y los presupuestos.

Eduardo y Emelia Hernández tenían mucho tiempo haciendo "trabajo político" en la Delegación Magdalena Contreras de la capital. Después se incorporó Héctor, quien fue delegado entre el 2006 y el 2009 y correspondió con trabajos bien pagados para los dos hermanos. También se hizo amante de Emelia y de ahí nació la criatura de la discordia. Emelia se contagió de ambición e intentó suceder a Héctor, pero no pudo y en su lugar entró el hermano, Eduardo, quien la mantuvo en la nómina e invitó a Guadalupe, otra hermana. En medio de la gritería se acusaron de corrupción por otorgamiento de licencias de construcción y por el desvío de 25 millones de pesos.

Esta saga contrerense hierve con conflictos de interés, uso de la alcoba para llegar el poder y, sobre todo, confusión entre lo público y lo privado. También hay simulación porque los protagonistas forman parte de la corriente perredista Unidad y ¡Renovación! (signos de admiración añadidos), encabezada por Armando Quintero, actual secretario de Transportes y Vialidad de la capital.

Hasta el momento, la única reacción del PRD capitalino ha sido juntar a los rijosos para que se entiendan, porque su agarrón ya está "golpeando" a la delegación y al partido. Tanta tibieza pone al PRD en el mismo nivel que las otras formaciones políticas. Ignoro qué tan representativo es este incidente, pero de la respuesta depende la capacidad de la izquierda institucional de encabezar la emancipación social de los poderes fácticos.

El PRD también tiene una franja que reconoce la urgencia de modificar sus prácticas internas, para lo cual acepta errores como su alejamiento de los "movimientos y organizaciones sociales". En la opinión del Congreso Nacional de agosto del 2007, ése fue uno de los factores por los cuales perdió la elección presidencial del 2006.

Esta corriente considera urgente crear un gran movimiento unitario entre las izquierdas. Después del retroceso de la izquierda partidista en la elección federal del 2009, ésta ha multiplicado sus esfuerzos por relacionarse con la sociedad organizada, un acercamiento importante porque, con todo y sus limitaciones y contradicciones, las izquierdas sociales se han mantenido razonablemente indemnes frente a la corrupción y son una reserva ética para renovar la izquierda partidista.

El PRD tendrá que regenerarse si aspira a preservar lo que tiene y a convertirse en una alternativa para el futuro. Si va en serio su propósito de enmienda, le harán falta muchos "destos", ingeniosa alegoría del mexicanísimo "Santos", el personaje cumbre de los entrañables Jis y Trino. ¿Sabrán dónde ponerlos?

www.sergioaguayo.org

La información sobre el vodevil de los huevos está basada en las notas de Rafael Cabrera, Ernesto Osorio, Alejandro Ramos e Iván Sosa en Reforma y de Ella Grajeda en El Universal.

El club de los ¿millonarios?

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Antes de pagar impuestos, el presidente Felipe Calderón ganará 4 millones 013 mil 103 pesos en 2010. Después de impuestos, su ingreso será de 2 millones 950 mil pesos. Si ese total se divide entre 12, su percepción mensual será de 245 mil 782 pesos. Más gastos, staff, etcétera. ¿Es poco, es mucho?

El máximo mensual (a partir de aquí, todas las cantidades son netas) al que podrán aspirar Agustín Carstens, Fernando Gómez Mont o Genaro García Luna es de 149 mil 820 pesos. Están muy castigados, sin duda. La presidenta del Tribunal Electoral, María del Carmen Alanís, por ejemplo, se embolsará 365 mil (más gastos, staff, etcétera). Es la reina. Debajo de ella quedan (números cerrados):

Guillermo Ortiz Mayagoitia, presidente de la Suprema Corte de Justicia: 246 mil pesos mensuales.

Alfredo Elías Ayub, director de la Comisión Federal de Electricidad: 245 mil.

Arturo González de Aragón, o quien sea el próximo auditor superior de la Federación: 245 mil.

Leonardo Valdés, presidente del IFE: 244 mil.

Raúl Plascencia, presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos: 244 mil.

Juan José Suárez Coppel, director de Pemex: 230 mil.

Manlio Fabio Beltrones, Carlos Navarrete, Gustavo Madero y los otros 125 senadores: 168 mil.

Francisco Rojas, Josefina Vázquez Mota, Alejandro Encinas, Gerardo Fernández Noroña y los otros 496 diputados federales: 80 mil, más casi 160 mil de apoyo legislativo.

¿Es poco, es mucho?